Solomon plays Caprice No. 24

Cuando Diva sintió el aliento gélido del caballero sobre su rostro… pensó que por hoy, incluso para alguien como ella, era más que suficiente.

-¡Quítate imbécil!- le grito, sacando fuerza al reaccionar y caer en la cuenta de lo que estaba pasando realmente, sin juegos ni bromas, y se soltó del agarre del caballero, al cual de inmediato empujo lejos de ella, mientras le gritaba sin pudor un par de insultos más, sobre lo atrevido y estúpido que era. Hagi se quedo parado mirando con indiferencia a la joven, haciendo oídos sordos a los insultos, mientras Diva trataba de disimular el sonrojo que se había apoderado de sus mejillas y que al mismo tiempo, lo miraba con rabia.

-¡No vuelvas a hacer eso idiota! ¡No me gusta que me tomen a la fuerza!- le reclamo la joven y justo después de lo dicho, se acerco a él y le propino una fuerte bofetada, que si no hubiera sido porque era un quiróptero, le hubiera arrancado la cabeza a cualquier otro ser normal, y aun así, Hagi siguió mirando con indiferencia a la joven, sin tocarse la mejilla, que se había enrojecido instantáneamente por el golpe. La miraba con eterna indiferencia, para que se diera cuenta de una vez por todas, que no estaba para sus jueguitos y que él si hablaba, siempre, en serio. No era del tipo de persona que se tomaba las cosas demasiado a la ligera, y ya era hora de que ella se diera cuenta y midiera sus palabras.

Diva lo miro un momento mas, sumamente molesta, dándose cuenta del mensaje que él le mandaba, y con el mismo enfado, salio de la habitación sin decir mas, precipitándose y sin importarle que alguien la viera al salir, haciendo tocar sonoramente sus tacones con cada paso.

En cuanto Hagi se quedo solo, no pudo evitar hacer una mueca de dolor que se había aguantado hasta ese momento por dignidad, y llevarse una de sus manos a la parte de la cara golpeada, sintiendo como se intensificaba el ardor sobre su piel.

-Caray, tiene la mano pesada- murmuro acompañando la frase con un ligero "auch", para después, hacer una larga pausa y perder su vista en la pared que se levantaba del otro lado de su habitación, sin quitar la mano de la mejilla golpeada-… ¿Qué iba a hacer?- se encontró preguntándose en voz baja, confundido por sus reacciones, ligeramente manipuladas por su conciente y dominadas por el subconsciente, mucho mas poderoso.


Saya no pudo evitar irse corriendo hasta su cuarto y echarse en la cama, mientras ahogaba un grito entre los cojines. No sabía si era de emoción, aunque más bien, era de una ridícula e infantil vergüenza mezclada con un dejo de satisfacción.

-Hagi…- susurro, tocando sus labios que aun temblaban, y comenzó a reír nerviosamente, sintiéndose después de unos segundos como una idiota.

Hagi la había besado… creyó entonces que jamás había tenido una experiencia así de intensa, ni siquiera cuando la adrenalina se apoderaba de su cuerpo al momento de una pelea, y recordó las sensaciones que le recorrieron el cuerpo cuando recordó el beso, tan desconocidas, tanto, que no tenia ni idea hasta ahora, de que pudiera sentir algo así. No pudo evitar cerrar los ojos, tratando de recordar con más nitidez el acontecimiento. No sabia porque lo hacia, pero supuso que era lo que se tenia que hacer después de algo como eso. Eso era lo que veía en las películas y en las historias de amor que pasaban en la televisión, y en las que alguna vez había leído, en alguna novela rosa y cursi.

Dios, todavía era una niña.

No sabia que pensar ahora de su caballero. Siempre tuvo la sospecha, incluso alguna vez Mao se lo había hecho ver, de que Hagi sentía algo por ella, mas allá de una relación de amo y sirviente, pero en ese entonces no tenia tiempo de andar pensando en esas cosas ni andar analizando las palabras o acciones de Hagi para darse cuenta de algo que, en ese momento, ella consideraba banal y fuera de lugar en el contexto en el cual su vida había evolucionado. De todos modos, el caballero era tan callado y reservado, que realmente no tenia idea de que podía estar pasando por su cabeza a cada momento.

Si, sabia que el le tenia un enorme cariño, desde niño, y que la quería, que incluso el daría su vida por ella sin siquiera pensarlo, pero nunca supo interpretar o simplemente no le interesaba interpretar eso, y se conformaba con pensar que solo era un instinto de caballero o quizás, solo quizás, de amigo, pues los recuerdos de una amistad tan lejana le parecía algo tan de antaño que le costaba siquiera asimilar que había vivido tal cosa, y ahora solo quedaban presentes y pasados cercanos de servicio fiel y ahora, un beso que de pronto le parecía estar sobrevalorando.

Pero ese beso había cambiado su percepción de todo, y aun así, parecía que no le interesaba interpretar sus propias emociones. Aun no tenía tiempo para eso. Era demasiado absurdo y carente de elocuencia como para molestarse en hacerlo.

Tal vez solo la había besado por un simple impulso. Después de todo Hagi era un hombre… y todos los hombres, cada uno de ellos, ven a una linda chica en falda y se vuelven unos completos idiotas, y estaba totalmente conciente de que Hagi, de una u otra forma, no estaba absorto a ello, por mas serio que fuera. Tal vez había sido solo un impulso, puro y simple, tal vez para hacerla sentir mejor… pero no, en ese caso, Hagi era un idiota, porque no la estaba haciendo sentir mejor ni tantito y en su lugar, solo le sacaba una infinidad de dudas, preguntas e ideas que no venían al caso. Pero aun así dudaba que ese fuera el caso. Hagi siempre había cuidado sus palabras y sus acciones con ella, y no haría algo como eso solo porque si, lo cual irremediablemente le daban la posibilidad de pensar que tal vez si, Mao tenia razón en aquel entonces su caballero tal vez si sentía algo por ella, algo mas profundo que un instinto de caballero, una amistad, cariño u obligación, o tal vez simplemente no quería hacerla sentir ni bien ni mal, simplemente quizás, solo había querido besarla.

También consideraba la posibilidad de pensar que… Hagi había estado con otras mujeres. Era obvio, y totalmente comprensible. Porque aunque fuera su caballero, no tenia porque privarse de ese… tipo de cosas. Su fidelidad en realidad se reducía a una relación de ama y sirviente, y Hagi tenia todo el derecho de estar con otras mujeres mientras no perdiera el rumbo de su verdadero… ¿Trabajo? Además, tantos años en que ella pasaba dormida y él viajando por el mundo, que seguramente conocía como era el sexo particular y regional de cada mujer, de cada país el cual había pisado a lo largo de los años, además, no era ciega ni podía negarlo, y en realidad nunca lo había hecho, simplemente no le había prestado la suficiente atención femenina.

Hagi era muy atractivo, siempre lo había sido, incluso de niño robaba la mirada de muchas jóvenes, de todas las edades, ya fuera porque a las mayores se les hacia increíblemente tierno y angelical, con ese toque de rebeldía que llamaba tanto la atención, mientras que las mas jóvenes esperaban verlo convertido en un guapo muchacho en algunos años, lo cual era obvio; estaba destinado a ser un joven increíblemente apuesto. Poseía facciones privilegiadas y en realidad era muy bello, con un equilibro de formas angelicales y a la vez masculinas, como la cara de un ángel que, mas que divino, le daba la impresión de una u otra forma y sin explicación alguna, de parecerse mas a un ángel caído, como alguna escultura de Lucifer. De cierta forma sus facciones le daban ese aire enigmático e imposible que había desarrollado con los años, que seguramente las mujeres se le habrían echado encima, y ella dudaba mucho que él no hubiera aceptado tales propuestas.

También tenía la certeza de que los hombres son más… pues urgidos de compañía. Para ellos es mas difícil controlar sus impulsos sexuales pues así es su naturaleza y lo tenia mas que comprobado, y quien sabe, tal vez lo mejor era pensar que ella tal vez era un nombre más en la lista personal de su caballero, en lugar de ponerse a indagar en cosas mas complejas relacionadas con ese sentimiento universal que vuelve loco a todo el mundo… todo era tan absurdo, que no sabia que pensar, lo que si sabia, era que tenia que salir de su habitación, ahora, o si no perdería la cabeza en cualquier momento.

Caminar un poco siempre le había ayudado cuando estaba confundida. Quien sabe, se concentraba más, y ese, era el momento indicado para hacerlo, y concentrarse en otra cosa que no fuera ese beso y su reciente intuición y natural vista femenina, recién descubierta.

Camino un largo tramo desde que salio de su habitación, hasta que se topo con la puerta entreabierta del salón de música, el que Diva le había mostrado días atrás, y sin poder evitarlo, entro en el. A veces recordaba que alguna vez ella supo tocar un difícil instrumento, poco común y bello, aclamado y adorado por muchos.

El piano, seguía ahí, reluciente, precioso y elegante, sin polvo, pero ella sabía que nadie lo había tocado. Cuando alguien no se acerca a aun instrumento tiempo después se nota en él, porque el instrumento se torna triste y abandonado. Tuvo lastima del piano, mientras se preguntaba quien dentro de esa casa, además de su caballero, sabia tocar el piano. Alguien tenía que saberlo, sino, no lo tendrían ahí solo como adorno. Los Goldsmith eran una familia de abolengo, no tendrían cosas como esas de adorno solo para verse mas adinerados, como lo hacen los llamados "nuevos ricos" y sus libros comprados por metros, coleccionando polvo en algún librero olvidado.

Desvió su mirada, topándose con el arpa, en el mismo lugar de siempre, con su imponente tamaño y brillante dorado, también aguardado a su dueña… su hermana.

Y el violín, también, sobre una mesita refugiado dentro del estuche que se mantenía con la tapa abierta. El violín era de Solomon… le parecía que le había dicho Diva, y sin razón, le recordó a Hagi. En aspecto el violín y el chelo eran iguales, pero el sonido era claramente diferente, aunque los ignorantes acostumbraran confundirlos solo por la forma.

Su caballero… el que la había besado un rato atrás. Hace tiempo que no lo escuchaba tocar… tendría que reprenderlo en algún momento porque si dejaba de practicar iría perdiendo agilidad en el instrumento que ella le había enseñado, y que ahora no recordaba si quiera como colocarlo correctamente entre sus piernas, ni la altura exacta de la pica que se necesitaba. No podía recordar la posición ni los tonos. No recordaba como tomar el arco adecuadamente ni cual era la fuerza necesaria para cada forte, o para cada piano o para cada mezzoforte. Mucho menos recordaba la técnica, los arpegios o siquiera las sencillas escalas básicas. Era como si de pronto hubiese olvidado todo lo relacionado con el Zoológico. Los tiempos habían cambiado de pronto y ya no usaba apretadísimos corsés ni esos metros y metros de tela de hermosos vestidos. Ya casi no podía recordar el porque ese lugar se había quemado y la culpa de quien había sido.

Los tiempos habían cambiado, y con ellos, ella también lo había hecho.

Sacudió un poco su cabeza, y tomo con cuidado el violín, y lo observo un rato mirándolo de arriba hacia abajo. La pulcra y brillante madera veteada que lo hacia ver mucho mas hermoso y enigmático. Debía ser un violín carísimo, y además, estaba precioso el trabajo plasmado en el instrumento de cuerda. Toda una obra maestra de algún laudero, al igual que el chelo de Hagi, el cual era una obra excepcional y carísima. Quien sabe donde lo conseguiría, pues con el cual había aprendido a tocar, se había quemado junto con su antiguo hogar.

-Y ahora… ¿Que es lo que le pasa a ese tonto?- se pregunto Saya recorriendo el salón de música.

-¡Hey!… ¿Por qué me dices tonto?- Saya dio un brinco de sorpresa al escuchar detrás de ella la voz de Solomon. ¿¡Solomon estaba ahí!? ¿¡Como no lo había visto!? Además… estaba pensando en voz alta. Eso era algo que nunca le pasaba. Supuso que el beso la había perturbado (obviamente) y aun así le costaba creer que un simple beso pudiera trastornarla tanto. Se sintió como una novata quinceañera, aunque aparentemente con un año más de edad y debajo de su aparente juventud, décadas de vida, que la verdad no le estaba sirviendo de nada ante situaciones como esas.

-¡Q-Que!- tartamudeo Saya girando su cuerpo, encontrándose de frente con Solomon.

-Tranquilízate… si que eres asustadiza- comento él dirigiéndole una calida sonrisa que inevitablemente, la calmo. Solomon lo sabía, por eso siempre le sonreía de esa forma.

-Con lo de tonto, no me refería a ti- dijo avergonzada, disculpándose, no fuera a ser que el caballero la malinterpretara, además, ya estaba lo suficientemente muerta de la vergüenza.

-No te preocupes- dijo ampliando su sonrisa –Yo se que Hagi es un tonto- bromeo acompañando el chiste con una ligera risa.

-Disculpa… estaba pensando en voz alta- se excuso ella sin sonrojo alguno como comúnmente seria. No era algo como para avergonzarse tanto, un simple error humano; aunque no fuera humana, también tenia el derecho de equivocarse, ¿no?.

-¿Paso algo?- pregunto Solomon adoptando un sensual tono de voz el cual Saya no paso desapercibido, y lo miro confundida, sin entender del todo la pregunta y tratando de ignorar el reciente tono –Con Hagi… tu nunca piensas en voz alta- añadió el rubio, haciendo que la joven abriera los ojos sorprendida. ¿Cómo demonios sabía eso?

-No te pongas así- le pidió él al ver su cara -Solo supuse que no eras de las que piensan en voz alta como Diva- dijo riendo –No se leer la mente ni nada por el estilo. No te preocupes- explico tratando de desaparecer el gesto desencajado que había adoptado la joven, y después, Solomon se le quedo viendo un largo rato provocando que Saya comenzara a ponerse nerviosa. A veces le daba pena que la miraran fijamente. Sentía que podían leer sus gestos o su cabeza como si fuera un libro abierto.

-Ah, este… ¿Es tuyo, verdad?- dijo balbuceando, extendiendo si mirada al violín que había dejado en su respectivo estuche. Solomon volteo hacia el mismo lugar, y se acerco a dicho objeto para después tomar el instrumento entre sus manos. Saya no había notado que el rubio llevaba el arco en la otra mano.

-Entonces… ¿Sabes tocar el violín?- pregunto Saya, aliviada por haber encontrado un tema de conversación. Seria muy vergonzoso quedarse ahí parada como tonta y callada, mientras era observada por él. Aunque en realidad… así se habían conocido, en aquel baile en la escuela. Él se le había quedado viendo mientras ella estaba parada contra la pared como tonta pensando en comer otro bocadillo de la fiesta, y con la certeza de que aquel asediado hombre recién llegado y que se encontraba frente a ella ahora, no era el fantasma de la escuela… pero como sea.

-No lo se… dímelo tú- dijo añadiendo una pulcra seducción a su voz y una divertida sonrisa. Saya pudo notarlo, él no era tonto. Otra vez… estaba tratando de engatusarla, pero no estaba de humor para que otro hombre tratara de besarla en el mismo día. Solomon absorto de eso, tomo el violín en posición sobre su hombro, y sin más, comenzó a tocar el Capricho Número 24 de Nicolo Paganini. Saya se sentó en el sillón, observando y escuchando al caballero tocar.

En realidad… y le dio un poco de risa pensar en ello, y recordar que su hermana le había dicho que Solomon tocaba horrible. Y es que en realidad no afinaba muy bien, y sus dedos no era tan ágiles como para atreverse a tocar una obra tan compleja como lo eran las de Paganini. De vez en cuando las notas sonaban un poco raras y algo chillantes al aplicar mal la fuerza del arco sobre ellas. Un error común de los violinistas novatos. Y le quedaba más que claro que Solomon no era ni de chiste Jascha Heifetz, Maxim Vengerov o Philippe Quint.

En definitiva, Solomon no tenía las manos para la música como las de Hagi.

-Ah… creo que es suficiente martirio para tus odios, ¿no?- comento sonriendo, restándole importancia a su pobre forma de tocar, deteniéndose a mitad de la pieza.

-No afinas muy bien- le hizo ver Saya.

-No. La verdad, solo me tomo algún tiempo para tocar el violín. Una ilusión de mi madre por verme convertido en un músico, pero termine de científico. Aun así es un buen método de relajación en lugar de tomar prozac…- dijo suspirando al recordar la cara de su madre al decirle que lo que a él le gustaba realmente, era la medicina -Pero entonces, ¿Si sabes de música?- pregunto sentándose a un lado de ella con el violín entre manos.

-Pues claro- contesto Saya orgullosa, aunque ya no recordara como tocar el chelo, el sonido perfecto de las notas aun se guardaban intactas en su cabeza, y podía decir a ciencia cierta si alguien estaba desafinando o no -¿Quién crees que le enseño a tocar el chelo a Hagi?-

-¡Así que fuiste tú!- exclamo Solomon fingiendo sorpresa, solo para no detener la conversación que de pronto se había creado. Por supuesto que sabía que Saya había sido la maestra de ese tipejo que no merecía ni ver el rostro de una joven tan bella como ella, mucho menos compartir sus conocimientos, pero bueno...

-Si. Pero con el tiempo me supero- explico torciendo un poco la boca al recordar el momento en que se dio cuenta de que, irrefutablemente, su alumno la había superado por mucho a pesar de que ella en se entonces, tenia treinta años más de experiencia que él.

-Eso significa que fuiste buena maestra- la halago –entonces, obviamente sabes tocar el chelo-

-Ya no. ha pasado tanto tiempo que ya lo olvide- dijo un poco decepcionada. El violonchelo había sido una buena terapia para sus interrogantes inocentes que jamás habían sido respondidas antes del incendio. A veces lo extrañaba, y solo le quedaba escuchar a su pupilo aliviarla con sus manos, que manipulaban el instrumento como las manos de un ángel.

-Cosas así no se olvidan, Saya- aseguro el rubio queriéndose dar aires de filosofo –Y dime… ¿Qué otros instrumentos sabe tocar tu caballero?- la pregunta sorprendió a Saya, sin duda. ¿Por qué le preguntaba cosas de Hagi? Después de todo, ella sabía que no lo podía ver ni en pintura y viceversa.

-Pues… el piano- contesto ella con inseguridad. No estaba segura si Hagi seguía practicando con ese instrumento, solo sabia que también le había enseñado a tocarlo y que aunque no era su fuerte, lo tocaba con una limpieza y un tacto excepcional, pero después y durante todo ese tiempo, no sabia si él había aprendido otro. Ahora que lo pensaba detenidamente, había muchas cosas de su caballero que ella no sabía. Se sintió como una traidora.

-Ja… todo un músico- dijo Solomon con sorna, soltando un suspiro al aire que atrajo la atención de Saya -No te conviene, Saya. Los músicos siempre han tenido mala fama- ella lo miro confundida, fingiendo no entenderle, aunque sabia por donde iban los desdeñosos comentarios de Solomon –Soñadores… pobres, atormentados, frustrados, mujeriegos, solitarios… y todas esas cosas que tienen los bohemios- afirmo Solomon con toda la intención de provocar una agresiva respuesta.

-Eso es solo un estereotipo- argumento ella, ligeramente molesta. Si, le molestaba que tratara de catalogar a personas que podían tocar con tanta maestría, y más si eran palabras venenosas dirigidas a su caballero. Después de todo, la reina siempre debe defender a sus soldados.

-Tal vez. Pero Hagi concuerda con esas características, ¿No te parece?- dijo Solomon –No tiene ni donde caerse muerto- comento con un tono pedante y egocéntrico, cosa que irrito a Saya. Aunque tuviera razón y Hagi en realidad fuera un músico callejero y de eso viviera, eso era algo que jamás le había importado, y sabia que si su caballero se lo propusiera, podría ser aceptado en las mejores orquestas del mundo e incluso gozar de fama mundial. Es mas, si se atreviera, el New York Times lo consideraría el próximo Mstislav Rostropóvich, y hasta ganaría el doble o el triple de dinero que ese egocéntrico de Solomon, así que no tenia derecho alguno de expresarse de esa forma de Hagi.

-No te permito que hables así de él- exigió colérica –No tendrá dinero ni esas cosas, no será rico ni un gran empresario como tú- dijo al tiempo que se levantaba de su asiento –Pero no es un traidor como tú lo eres- exclamo al final, casi descontrolada e iracunda. Ese tipo de características mencionadas por Solomon no encajaban ni por accidente en la personalidad y actitud de su caballero y se sentía en el deber de defenderlo ante una calumnia de ese tamaño.

-¿Estas segura?- pregunto este siseando las palabras con misterio, imperturbable antes las palabras de su amada, y sin el menor cuidado, tomo por los hombros a la joven y la obligo a sentarse en el sillón nuevamente.

-¿De que hablas? Estoy segura… y además ¡Suéltame!- exigió tratando de liberarse del agarre de Solomon, que la había acorralado contra el respaldo del sofá. Si bien no le estaba haciendo daño, no era una situación que le fuera muy cómoda, y al igual que Diva, si había algo que la molestaba, era que la jalonearan y la tomaran a la fuerza.

-Te diré algo importante…- le anuncio susurrándole al oído. Saya se estremeció, sintiendo su calido aliento en su oreja, esperando lo que fuera que le dijera Solomon, antes de que su paciencia se agotara.

-Diva sabe tocar el arpa… y muy bien. Además… hoy trae unos zapatos de Yves Saint Laurent- susurro serpenteando las palabras con una lengua de víbora peor que la de viejas envidiosas, de esas que critican hasta más no poder y se la viven inventando chismes. Solomon sonrió maquiavélicamente después de lo dicho, y con lentitud planto un delicado beso en la comisura de los labios de la joven, que le puso la piel de gallina a ella, y entonces la soltó.

-¿Qué? ¿Y eso que tiene que ver?- pregunto mirando de reojo el arpa, que parecía brillar aun más con los rayos del sol del mediodía que se colaban por los ventanales. Lo de los zapatos lo ignoraría, porque después de todo no lo terminaba de entender y lo de ese casto beso si bien la enojaba, no lo demostraría, además no había sido la gran cosa. Ese egocéntrico hombre no la haría como a él se le diera la gana.

-No lo se. Eso es algo que tú tienes que entender- dijo mientras sacaba de uno de los bolsillos de su saco un paquete dorado de cigarrillos, de Benson & Hedges. Prefería cigarros que puros, porque en alguien de su edad aparentemente de veintiséis años, realmente se vería ridículo con un puro en mano, por mucho dinero que se cargara.

Extendió la cajetilla abierta hacia la joven, preguntando con el gesto si gustaba uno. Saya no lo pensó dos veces y tomo el cigarro en sus manos. Solomon acerco un encendedor plateado, encendiéndolo, como lo dictaba las normas de etiqueta. Saya recordó las palabras de su hermana sobre como fumar, pero en cuanto trago el humo tratando de seguir las instrucciones, el picor amargo de esa esencia a tabaco la obligo a toser en seco.

-No sabes fumar, ¿Verdad?- le comento él, dando una calada a su propio cigarrillo. Casi le daba risa, puesto que esos baratos cigarros, a comparaciones de los holandeses o los árabes, eran como un suave caramelo insípido, pero el sabor no dejaba de gustarle aunque fueran tan baratos.

-Estoy aprendiendo- explico, sintiéndose como la típica adolescente que ya se cree mayor solo porque dizque fuma.

Pero ella ya era mayor después de todo. ¿Cuántos años tenia? iba para los dos siglos de vida, aunque en realidad su mente fuera la de una perpetua adolescente de dieciséis o diecisiete años. Sin embargo sabía usar tacones, sabia fumar –según ella-, ya sabia de diseñadores y marcas y estaba aprendiendo a besar, pronto aprendería a manejar y tambien a follar. Ya era una mujer, pensó con sarcasmo la joven, mientras esbozaba una sonrisa amarga dándose cuenta del involuntario y penúltimo pensamiento.

-Así que esta mañana te dieron tu primer beso de amor- dijo Solomon expulsando el humo grisáceo de su boca. Saya casi se ahoga de nuevo. ¿Cómo carajo lo sabía?

-No me veas así- pidió él, sorbiendo el humo del cigarro, interpretando la muda pregunta de ella –Yo soy como Diva, y lo se todo- dijo después de una pausa, con aires de superioridad.

-Así que aquí estabas- la voz ronca y grave de Amshel retumbo en la habitación, sobresaltando a Saya. Amshel se acerco a Solomon con un duro gesto en el rostro, claramente molesto por sabrá Dios que.

-No se si recuerdes que tienes una agenda muy ocupada- le recordó como si de verdad fuera un hermano reprendiendo a su alocado hermano menor, sorprendiéndolo tratando de conquistar jovencitas –Ya vas tarde a la junta y yo no pienso excusar tu impuntualidad, que además, últimamente se te ha hecho una costumbre. No te pienso corretear por ahí como si fueras un niño, pero no tienes tiempo para estas cosas- dijo mirando de reojo y con desprecio a Saya, que seguía sentada en el sillón con el cigarro entre sus dedos. Sus piernas se tensaron cuando los afilados ojos azules del hombre la miraron fijamente.

-Está bien, está bien. No te enojes- contesto el rubio despreocupadamente. Ah… si no era Van Argiano, era Hagi o de plano Amshel, todos ahí vueltos locos como animales machos luchando por la única hembra… le daba risa, pensó mientras salía de la habitación no sin antes despedirse rápidamente de Saya, y después, cuando ella y el fortuito intruso se quedaron solos, Amshel miro a Saya de pronto, mientras esta se levantaba también dispuesta a irse pues ya no tenia nada que hacer ahí, y su mente ya estaba lo suficientemente despejada, pero antes de poder dar un paso afuera, el caballero la tomo bruscamente de una de las muñecas y la atrajo hacia él con fuerza.

Saya tembló, entre molesta por el jaloneo y asustada por quien era el que la estaba tratando así, y de nuevo, recordando, no pudo resistirse por más que trato, y no opuso fuerza al agarre de Amshel. No podía dejar de temblar e inevitablemente le echaba la culpa a eso, y antes de que pudiera reclamar para que la soltara mientras tomaba fuerza, Amshel hablo.

-Y tú… ni se te ocurra decirle algo a Diva sobre nuestros encuentros- le advirtió Amshel atrayéndola más hacia él. Saya lo miro sin entenderle una palabra. Supuso que la advertencia o amenaza se trataba sobre lo que había pasado en la cocina el otro día, e incluso para ella, no era para tanto, y mucho menos se le podía llamar "encuentro". No podía ser que Amshel, alguien como él y de su calaña, se estuviera portando como un niño de doce años. Ni si quiera ella era así. Incluso se podía tomar como un acto de agresividad en aquel entonces, como cuando la había tomado a la fuerza en el concierto en la base militar de Carolina del Norte. El agarre había sido el mismo, la misma agresividad y brusquedad, solo que las manos buscaron diferentes caminos.

-Ja… ¿De que estas hablando?- pregunto ella, como si se tratara de una cruel amante -¿Qué encuentros?- dijo exigiendo una explicación, irguiendo mas su nuevo papel el cual ni siquiera ella se dio cuenta que adoptaba cuando Amshel estaba cerca de ella, sin embargo, la respuesta la dejaría muda y prácticamente por los suelos sin argumento ni retórica.

-Los que vendrán- contesto él clavando su mirada, afilada y fría como la hoja de un cuchillo sobre sus ojos marrones, jóvenes y tiernos que desistieron de su breve rol, retomándose inexpertos y asustadizos.

Saya sintió como sus pezones se endurecían bajo el sostén, marcándose sin vergüenza en su blusa, que aunque fuera Roberto Cavalli, no dejaba de ver la creciente excitación que le habían provocado esas palabras, y el centro de su cuerpo se humedeció con la idea, que no se atrevía a concebir por completo en su cabeza y que en realidad, aun no comprendía. Todo era un instinto natura del cual aun no se percataba que poseía, como todos.

Amshel noto todo ello con medidas al detalle, pero no venia al caso mencionarlas, ya habría tiempo para ello, así que la soltó esbozando una maquiavélica sonrisa y se retiro de la habitación haciendo resonar sus pasos por el piso. Saya se quedo ahí, en medio de los instrumentos que habían sido afortunadamente, los únicos testigos de eso, y ella, sin entender porque su cuerpo no le daba explicaciones de sus sucios actos... El cigarro se consumió mucho mas rápido de lo que esperaba, como si los minutos hubieran pasado demasiado rápidos, quemándole los dedos, y con una mueca de dolor soltó el cigarro que cayo al piso aun encendido.

Su cuerpo también se quemaba. Estaba dejando atrás, sin darse cuenta, a si misma. Se estaba quemando, y ahora habían desaparecido los extintores.


¡Hola! Bueno, aquí esta el nuevo capitulo, y espero que les haya gustado. Como pueden ver, a Diva no le gusto nada que Hagi la tomara así, pero era necesario para que se diera cuenta de que él no esta jugando, y creo que es una razón suficiente para excusar el ligero cambio de personalidad que sufre Hagi de vez en cuando Diva lo exaspera, pero tengan paciencia, falta mas o menos un poco para que haya mas acercamiento en los dos. También, como se vio en este capitulo, Solomon otra vez ha vuelto al juego, y de cierta forma, también Amshel, que ya andaba desaparecido.

Y muchas gracias a Darkpat, que me dijo que si quería explicar bien lo de los besos y esas cosas, solo recordara alguna experiencia, y así lo hice; los pensamientos de Saya sobre lo que paso con Hagi, son exactamente los mismos que yo alguna vez tuve, aun así me costara un poco de trabajo explicar esas cosas con un sentido de amor, pues nunca he besado con amor, pero dejando eso de lado, me pareció que quedaba con este caso, ya que siento que Saya solo por un beso no se va a aventar a los brazos de Hagi como si nada, tiene que pensar en las cosas y negarlo por un tiempo.

Pronto sabrán que tiene que ver que Diva toque el arpa al igual que lo de su embarazo, que vaya sorpresa se llevaran, entre otras cosas que han ido apareciendo en los capítulos, y ya no se preocupen más, falta para desaparecerme como lo he ido comentando. Mi viaje se ha atrasado pero si estaré mas ocupada, pues resulta que me mandaran a la Ciudad de México a tocar y tengo que estudiar mucho si no quiero hacer el ridículo, así que tal vez de pronto pueda tardar en actualizar, pero tengan por seguro que terminare esta historia, y creo que serán como ochenta capítulos o no se, espero me tengan paciencia.

Sin más que comentar, gracias a todos lo que me han mandado reviews, este fic ya tiene casi doscientos, y no seria si no fuera por ustedes, que siempre me hacen el día al leer sus reviews.

Me despido

Agatha Romaniev