Y Debussy Abrió el Telón
Sabía que él, no estaba en su habitación. Tenía sus pasos vigilados, lo tenía controlado sin que él lo supiera, o quizás, ya lo sabía y solamente lo estaba dejando pasar por alto. ¿Qué más le daba? De todos modos no le importaba lo que pudiera pensar, sabía que él estaba en el cuarto de música practicando con el piano, pues su sonido inundaba todo el segundo piso, y nadie podía tocar con tanta precisión y profundidad como Hagi. Igualmente quería ir de nuevo a ese lugar, así que, con paso decidido, mientras ataba sus largos cabellos en dos coletas caídas y descuidadas, dándole un aire de falsa ternura, se quito los tacones para que no retumbaran en el piso, e igual que un sigiloso gato, con pasos practicados a lo largo de los años y un extremo cuidado, entro a la habitación de Hagi.
Lo primero que noto al entrar en el lugar, fue el aroma del cigarro, y los restos de humo encerrado, suspendidos en el aire. Lo aspiro. Ese olor estaba mezclado con la fragancia del caballero. No era ninguna colonia de hombre ni nada similar; era su olor natural, algo mucho más fino y varonil que la de cualquier fragancia reconocida. Un aroma único. Supuso que eran feromonas… o algo por el estilo, que la atraía sin remedio alguno.
Bueno… existía el remedio, pero era una medicación estrictamente prohibida para ella.
Camino con lentitud, mirando hacia todos lados. El piso blanco, las paredes de un uniforme y suave color tierra, el techo alto y recto, también blanco. Aburrido. Las puertas gruesas y de madera tallada, oscura, los muebles de igual diseño, pero discretos y… las cosas personales del caballero sobre ellos. Había estado ahí muchas veces, pero jamás se había puesto a ver el lugar con la atención, que ahora, se merecía… parecía aburrido, si, lo era. El mismísimo Solomon se había encargado de asignarle a Hagi, antes de su llegada, la alcoba más aburrida y fea de la mansión, pero hiciera lo que hiciera, el lugar se había impregnado del caballero, recordándole la famosa frase que dice, "No juzgues a un libro solo por la portada".
Todo parecía estar moldeado para él, fuera como fuera el lugar. No era la única que lo decía, David, también lo había dicho, casi en un reclamo de borracho, el cómo podía ir a Rusia, a un barco, y hasta a una zona rural perdida a las afueras de Londres, y tomar el aire a su alrededor y moldearlo a su manera y gusto… era algo… muy interesante. Fue entonces que vio, recargado en un rincón, el enorme estuche de violonchelo. Quería ver una vez más ese instrumento que obsesionaba a Hagi, pero lo pensó un momento antes de acercarse, y decidió dejarlo hasta el final. Mientras tanto, se acercó a la cama, y acarició las sabanas sin usar, tendidas, sin una arruga, pasando las yemas de sus dedos, apenas rozándolas con suavidad. No había razones para que la cama estuviera desacomodada, después de todo Hagi no dormía, y las futuras razones para deshacer las sabanas vendrían después.
Con una sonrisilla ante eso ultimo, camino hacia el cuarto del closet. Lo abrió, y aunque no esperaba encontrar nada lo suficientemente interesante para quedarse viendo ahí por mas tiempo, dentro de el se encontró con una infinidad de trajes. Algunos de diseño Valentino, la mayoría de ellos, y otros de Giorgio Armani y Ralph Lauren.
Se acerco a una de las prendas colgadas, un saco más precisamente. Ese saco que según Solomon, parecía disfraz de algún Drácula moderno.
-¿Cree que estamos en Halloween o que? Ese traje parece de Drácula. No se tiene porque tomar tan a pecho el hecho de ser un vampiro- le había comentado Solomon días atrás, siseando sus palabras, después de ver pasar a Hagi junto a Saya, hirviendo en sus celos junto a un ego herido y un tono desafiante.
-Solomon, idiota- susurro ella tomando el saco entre sus manos. Era Armani. Ni tan perdido estaba Hagi, pensó la joven, y acerco el gabán a su rostro, aspirando el aroma impregnado del caballero. Después lo dejo en su lugar tal y como lo había encontrado. Lo que menos quería era que Hagi se diera cuenta de que alguien había estado hurgando entre sus cosas.
Ahora venia el mejor momento, pensó mientras se acercaba al estuche de chelo y lo abría sin más. Dentro de el encontró el enorme instrumento y un largo y delgado compartimiento en la tapa. Presiono un pequeño botón plateado en forma de rombo y el compartimiento se abrió. Dentro de el descansaba la katana de su hermana dentro de su funda negra. El arma con la que más de una vez trato de matarla, y que en infinitas ocasiones se lleno de la sangre de humanos, de quirópteros, y de la misma Saya, pero nunca de Diva.
Se rió ante la presencia de la espada, tan ridícula e inútil; eso era lo que menor importaba ahora. Esa espada ahora era totalmente inservible, y podía quedarse guardada ahí hasta que se oxidara. Ya no era necesaria.
Quitando su vista del arma, y sin saber por donde empezar exactamente, busco la carpeta negra que Hagi jamás le había dejado ver por mucho que se lo pudiera pedir, (cosa que nunca había hecho, no tenia porque rogarle a nadie) pero sin mucho esfuerzo la encontró dentro de una de las bolsas internas del estuche. Saco de ella las partituras que con tantas ganas quería ver, y se sentó en el suelo mientras miraba dentro de ellas, entre el caos de las demás hojas.
Paso un largo rato mirando, analizando las notas e imaginando el sonido de las mismas. Algunas tachadas, otras rayoneadas y con notas encimadas. Eran un poco difíciles de entender, las líneas de ligados parecían estar retorcidas y los bemoles se confundían con los sostenidos, y se pregunto como rayos se podía entender el mismo, pero, interpretándolas y siguiendo figurando el sonido dentro de su cabeza… era algo realmente… sublime. Se atrevía a decir que una obra a la altura de las suites para chelo de Bach, pero sin titulo e incompleta. Sin duda Hagi había plasmado su ser y su ¿alma? en esas composiciones. Se parecían tanto a él… sublime, sin titulo, e incompleto, pero prodigioso, y sobretodos las cosas, casi imposible de entender. Y es que, por Dios, seria mil veces mas fácil descifrar jeroglíficos egipcios que la letra de Hagi.
Pero ahora no tenía tiempo de esas cosas.
Saco una pluma de tinta negra, y por un lado de la primera hoja de esa obra para chelo que Hagi había hecho, escribió su mensaje con letra cursiva, con la forma robada de una letra ajena.
"Te espero dentro de tres días en el cuarto de música a las ocho de la noche. Saya"
Era lo que se leía en la breve y pequeña nota.
No entendía el por qué del significado de esa nota.
Hagi la releyó por quinta vez, como queriendo encontrar una respuesta o alguna razón lógica entre las palabras, las letras, las formas cursivas y los espacios entre palabra y palabra.
Observaba las curvas de las líneas que formaba el nombre de aquella que lo había citado. ¿Saya?
Quiso ir a su habitación y preguntarle sobre la nota, pero… si lo quería ver en el salón de música a esa hora y en ese día, tenía que ser por algo, ¿No? Alguna cosa que estaba esperando, si no, no habría dejado claro que dentro de tres días en ese lugar. Tal vez era algo que no quería decirle aun. Tal vez se estaba preparando mentalmente, o aun no tenía las agallas en ese momento para decirle lo que fuera que quisiera comunicarle, y bueno, tampoco la presionaría. De todos modos, ¿Qué podía pasar si esperaba tres días para saberlo?
Iban a dar las doce de la noche, y sabía que Diva no llegaría. Tenía el presentimiento asegurado. Se pregunto por qué… y extrañamente sintió como si se estuviera perdiendo de algo muy interesante. Últimamente se había acostumbrado a la familiaridad con la que ella lo trataba. A verla llegar a escondidas a su habitación a determinada hora de la noche. A preparar las respuestas breves e insípidas a sus preguntas irreverentes y sin sentido, pero bueno… no pensaba ir a preguntarle por que no se aparecería esa noche, seguramente estaba con Amshel, o tal vez, finalmente se había cansado de su silencio y ahora prefería quedarse vagando por ahí o simplemente prefería irse a dormir temprano.
Así era mejor, pensó el caballero quitándose el saco, desplomándose en la cama y tomándose las manos cansadas de tanto tocar, que rogaban por una noche entera sin moverse o sus articulaciones comenzarían a protestar enérgicamente.
Pero, aunque Hagi no lo supiera y ni siquiera pudiera sospecharlo, Diva estaba con él, mucho más cerca de lo que creía, escondida, justo debajo de su cama, esta vez, sin zapatos tirados que pudieran delatarla.
Los tres días prometidos habían pasado en un segundo, incluso más rápido que milésimas de segundo. Como un rayo del cual solo logras ver la intensa luz luego de que ya ha desaparecido.
Se miro al espejo una vez más.
Vio su rostro, mas seria que nunca. Con la seriedad que el rostro adopta por sobre cualquier personalidad. Como la que sabe que hará algo que esta prohibido. Que la condena, que la consume en vida y después la consumirá en el infierno. Pero que desea, que no hay arrepentimiento ni duda en ninguna fracción de tiempo o en el gesto. Con ese tipo de seriedad. Con un temple irreconocible, lleno de intriga y decisión.
"The show must go on"
Era curioso como recordaba cosas como esas en momentos como esos. La canción de Queen no tenia nada que ver ahora y no tenia cabida en la situación, pero así era ella. Irreverente y carente de toda elocuencia, al igual que su apariencia, y más, la que se cargaba actualmente, con ese maquillaje impecable. Sus orbes azules saturadas de una sombra negra que cubría sus parpados, difuminándose por sus orillas, dándole un aspecto enigmático, como de pantera. Después de todo el color negro era uno de los favoritos de él.
Sus labios, acreedores a un tono rosado, más neutro y claro, para centrar la atención en sus ojos y la combinación resaltante del azul eléctrico de sus ojos y el negro. Los colores favoritos de él.
El rubor discretamente intenso en sus mejillas sobre su tez pálida de durazno. Como la tez de una muñeca. Como la tez de su hermana, pero esta vez, tenia que superarla, sobre cualquier suavidad en sus pieles que pudieran compartir como gemelas. Y se había propuesto a hacerlo, es más, se exigía hacerlo.
Su cabello, atado en una cola de caballo alta. Justo como Nathan le había dicho que quedaría en armonía con ese atuendo que había estado esperando con ansias ser estrenado.
Se había puesto el vestido negro, largo y de caída suave y elegante, de espalda descubierta, el mismo que había comprado en Chanel pocos días atrás, cuando sucedió todo ese escándalo por su hermana.
Se levanto de su asiento y miro como le quedaban sus atavíos. No tenía palabras para decir como se veía. Realmente estaba hermosa. Como nunca.
Antes de ponerse el collar de perlas que descansaba sobre su respectivo empaque, tomo el frasco del perfume N° 5, y aplico un poco detrás de sus orejas. Otro poco en las muñecas. Unas cuantas gotitas en el pecho, y con eso sería suficiente. Tampoco quería ahogarlo en la fragancia y sabía que a los hombres no les gustaba degustar de un cuello saturado de perfume, por muy caro y francés que fuera.
Al fin, tomo el collar de perlas con detalles en diamantes y lo acomodo de la misma forma que él lo había hecho ese día, sobre su espalda y pecho, resaltando de forma atrevida el atractivo del vestido.
Se miro una vez más al espejo desde todos los ángulos que pudiera y de arriba hacia abajo.
Todo era perfecto. Ella era perfecta, y su belleza enigmática y peligrosa, la hacían ver de una forma tan elegante y a la vez como de femme fatale, que no podía creer que fuera ella. No se veía como una muñeca de porcelana, como Amshel prefería, acostumbrado a las viejas formas del siglo XIX, pero tampoco parecía una joven caprichosa de clase alta que parecía estar de fiesta todo el tiempo.
Acerco su rostro hacia su reflejo en el espejo, masturbando su mirada con una vanidad que nunca habían presenciado sus ojos. Tan intensa y fuerte, que se podría decir que realmente era un pecado.
Bien dicen que el pecado mas grande los humanos, es la vanidad, y por sobre ellos, era aun mas grande y arrogante en las reinas.
De pronto, habían pasado los tres días, también para él, en un segundo, y Hagi, solo había visto a Saya y a Diva un par de veces, ya fuera en la cocina, o en el patio y sin muchas palabras para cruzarse. Todo era demasiado rápido, y los días se pasaban en una fracción de segundo que a la vez, se le hacia eterna, mientras el caballero se refugiaba en sus pensamientos. Parecía ansiar verla en el cuarto de música y saber lo que quería decirle, pero procuraba cuidado. La ansiedad y la curiosidad no era una buena combinación.
Saya… aun se preguntaba porque lo había citado en ese lugar. Quería pensar que para hablar mas claramente de aquel asunto- aunque habían pasado tantas cosas que era difícil saber exactamente de cual de todos los asuntos-. Podía ser, el arranque de histeria, el beso, el zapato… lo de Amshel…
¿Lo de Amshel? ¿No se supone que eso se había olvidado? La verdad no era que le molestaba lo que había pensado el otro día, cuando perdió el control y estuvo apunto de matarlo, claro que solo ciertos tipos de detalles que ocurrieron, como si todo se refugiara en un escondite extravagante, emanando una asquerosa peste.
No era que le molestara tanto que Saya intentara matarlo… porque díganme ¿Qué mujer no ha perdido el control por celos?
Pero aun así, si, prefería mil y un veces que Diva le coquetear lo que quisiera, que le sonriera, o que se riera al ver su reacción, a que Amshel se burlara de él a costa de Saya… eso fue algo que nunca pudo tolerar de ese desgraciado… pero pensándolo bien, no seria demasiado –pero si sucio- tolerar a Diva, y tal vez hasta peor.
Y Saya…
Saya…
Saya y Amshel.
Eso jamás lo soportaría, antes vería a Amshel muerto… o a la misma Saya. Es más, estaba seguro –o quería estar seguro- de que jamás se repetiría el incidente del vaso roto de esa mañana, quería pensar que su dama le había dicho la verdad, ¿Pero Amshel tratando de que ella no se lastimara? ¡Por favor! Podía estar callado en su punto más flemático y ensimismado en su música, pero no era ningún idiota! Y pensó que quizás Saya tenia que comenzar a usar vasos de plástico, así, Amshel ya no se tendría que verse en la necesidad de "ayudarla" claro si ayudar, se trata de tomarla de la cintura y tocarla con sus asquerosas manos.
Decir que su mente era un caos en ese momento era poco, más bien era un caos aun más amargo que el de costumbre. Las ganas de tocar el chelo cuando estaba en ese estado habían desaparecido, su cordura se transformaba en su contraparte, y para variar solo tenia pensamientos contradictorios unos contra otros chocando bruscamente contra su propia forma de ver las cosas. No, si tocaba, el sonido que crearía seria asqueroso y chillante para cualquier oído y no permitiría un golpe como ese a su elevado ego musical. Además, enojado, no se podía tocar música ni por accidente.
¿Enojado? ¿A que hora se había enojado? ¿Y porque demonios se había puesto a pensar en eso tan de pronto, cuando ya todo había pasado y hasta olvidado se creía? ¿O era que él también podía perder el control por sus celos en el momento menos esperado? Después de todo, si había alguien celoso en este mundo, era sin duda, Hagi.
Prefería que Diva le coqueteara lo que quisiera, no que Amshel flirteara con Saya.
Saya era su dama, su ama, su amante, su madre, su vida, su… ¡Lo que fuera! ¡Era suya! Tenia que ser intocable para cualquiera. Aunque él no fuera nada para ella, mas que un simple caballero, al igual que Solomon. Aun así, no permitiría que nadie le hiciera daño, y nada ni nadie podían quitársela, era suya y siempre lo seria, sin embargo quería creer que Saya no permitiría ser compartida.
¿O si?
¿O no?
¿Compartida? Y la palabra le sonó ideal para el titulo de alguna canción cursi de desamor e infidelidad… y era grave, porque el no era así, pero el que sonara cursi, no le quitaba su verdadero significado, ¿Saya podría llegar a eso? Claro que no, no había razón. Ella no era así. Ella no era como su hermana.
No, por supuesto que no… o eso esperaba.
Esperar, si, esperar es lo único que ha estado haciendo en su vida durante el último siglo.
Hagi… Hagi. ¡Hey, Hagi!
Sacudió un poco la cabeza y parpadeo repetidas veces, una voz femenina –y parecida- pero a la vez muy diferente lo llamaba desde hacia rato, ensimismado en sus pensamientos, ignorándola por instantes, pero le fue imposible no darse cuenta de quien era. Aun así decidió ignorarlo. Ya sabía como se las gastaba…
Prefería mil y un veces que Diva le coquetear lo que quisiera.
Hagi… ¿Nunca escuchaste la frase, "cuidado con lo que deseas"?
Y ahí, estaba ella, y se pregunto como había llegado hasta el salón de música sin darse cuenta que sus piernas se movían casi sin su permiso.
Había escuchado algo antes de entrar al salón, el claro sonido de un arpa.
La obra Arabasque para arpa, de Debussy. Una de las obras más famosas para arpa.
La melodía siguió sonando, no se detuvo cuando entro a la habitación.
No pronuncio ni una palabra. Estaba demasiado confundido, y por un momento creyó que su mente le estaba jugando una sucia jugarreta.
Pero hubo algo que pudo reconocer, y que lo confundió aun más. No era locura… pero no tienen idea de cuánto hubiera preferido que se tratara de una demencia.
La joven, sentada con el arpa, la misma que tocaba. Una joven con la que se había familiarizado últimamente. Ella le daba la espalda, mostrando el largo de su elegante cuello y espalda, adornado por un collar de perlas que le había causado días atrás, muchísimos problemas, y que caía sobre la estrecha espalda en una fina tira de perlas y diamantes diminutos. Sabía que la observaban unos ojos confundidos que luchaban por separar la realidad de la fantasía, pero aun así no se detenía en su interpretación, sus manos seguían manipulando la infinidad de cuerdas del instrumento, con tal dulzura, que parecía que se había robado las manos de Nicanor Zabaleta, hasta que él, logro reconocerla por completo, llamándola por su nombre.
-¿Diva?- susurro Hagi desconcertado.
Cuanto hubiese deseado que todo fuera producto de la locura.
Pero ¿Qué nombre recibe la cordura, la locura, y la realidad, cuando estas se juntan?
¡Uf! Siento el retraso. Hace casi un mes que no actualizaba el fic. Lo siento, faltaban los detalles finales, pero también tuve un importante concierto y largos ensayos toda la semana pasada, y cuando estuve apunto de publicar en el fin de semana, una pequeña sabandija se me atravesó en el camino, tratando de buscarme, y ustedes saben que prefiero el anonimato ante las personas que me conocen, y por obvias razones no podía actualizar mientras este grandísimo imbécil estuviera buscándome y metiéndose en mis cosas, a pesar de que le dije que dejara el tema de Agatha en paz. Afortunadamente, ya me deshice de él, y podré seguir actualizando como antes lo hacia.
Y bueno, en el fic, como pueden ver, ha llegado lo que tanto han pedido (y aborrecido, seguro) un acercamiento entre Diva y Hagi, pero tampoco se confíen, saben que me gustan las sorpresas y salirme de lo establecido, y el siguiente capitulo no será como todos lo esperan. Y bueno, también Diva parece estar un poco ansiosa por Hagi, tanto que hasta lo cito haciéndose pasar por Saya e incluso se arreglo para él, pequeñas muestras de alguien que tal vez sufre de un trastorno obsesivo-compulsivo por algo, o alguien, o simplemente el desarrollo de un capricho, como lo prefieran ver. Con Hagi, quería dejar en claro que no se ha olvidado del incidente de Saya con Amshel. Y con respecto al arpa… bueno, siempre pensé que aunque Diva sabía cantar, si ella tocara otro instrumento (porque la voz también es un instrumento) en todo caso, seria el arpa. Además, la canción de Diva siempre tiene como uno de los instrumentos principales al arpa (no me hagan tanto caso, solo soy una estudiante) además, va con su personalidad, pero no por eso dejara de cantar, es solo para enriquecer el fic, supongo.
Y como siempre, gracias a los que me mandan reviews, que ya casi son 200, no me lo esperaba, y no seria si no fuera por ustedes. Enserio muchas gracias, y por cierto, si se comienza a ver OoC o cosas que los personajes no harían, háganme favor de decírmelo, de verdad, y es que no se, a veces siento que dejo a Diva en un papel de muy "zorra", ustedes que creen?
Recuerden que los reviews existen porque son mas específicamente criticas constructivas, que felicitaciones y cumplidos.
Me despido
Agatha Romaniev
