El Arpa de Diva
-¿Diva?- por un momento, ciertamente la había confundido con Saya, pero ella, con cierto enfado después de darse cuenta del breve lapso de confusión de Hagi, y después de desafinar involuntariamente ante eso, detuvo la vibración de las cuerdas del arpa con ambas manos y volteo a ver al caballero, el cual esperaba, aunque para nada convencido, de que la que estaba ahí, era Saya… pero no…
Era Diva, de eso no podía haber duda, y tratar de hacerla pasar por su hermana era una vil tontería, prácticamente una traición y una ofensa a su ama. Solo Diva podía tener esos intensos e inmensos ojos azules y la piel extremadamente pálida, cosa que en ese momento lo asqueo, al ser algo completamente opuesto a Saya, además, después de darse cuenta del largísimo cabello que se cargaba la muchacha, mientras que el de Saya permanecía corto… y se pregunto que demonios hacia pensando en los "atractivos" de la ojiazul con tanto detalle, y que en un principio, prácticamente lo habían sobrecogido incómodamente al encontrarse con unos ojos azules en vez de unos cafés.
Tuvo que mover ligeramente la cabeza para salir de su auto-hipnotismo, y noto que Diva ya estaba parada frente a él, con una mano en la cadera, como si quisiera ganar espacio con el gesto, y Hagi se pregunto que rayos pretendía lograr cuando observo la vestimenta de la joven. El vestido negro que llevaba, a pesar de lucir impecable sobre su cuerpo, no le daba una sensación agradable, es más, era todo lo contrario. No podía evitar asociarlo con el arranque de furia de Saya y por consiguiente, su casi muerte, y todo por un vestido y un collar de perlas que en ese momento Diva portaba con elegante descaro, casi como una burla.
-Si, soy yo, ¿Creíste que era Saya?- pregunto Diva haciendo una mueca de indignación, como si se tratara de un insulto.
-Por un segundo- contesto apenas el caballero, desviando la mirada de Diva y sentándose con desgano en uno de los sofás de la habitación. La muchacha lo imito, y se sentó junto a él.
-Claro que si. Mi hermana es muy linda, es obvio, cuenta con mi belleza ¿No crees?- comento ella, perdida en su infinita vanidad sin siquiera darse cuenta, aunque no recibió respuesta alguna por parte de Hagi, mas que un muy leve movimiento de cabeza, apoyando su afirmación, pero manteniendo la mirada hacia otro lado, dándole al ambiente un aire tenso y de desconfianza, y la verdad no era para menos, estaba bastante decepcionado y podría decirse que hasta enojado con Diva.
-Aunque tenemos nuestras diferencias… tú sabes, los ojos, el cabello, el color de piel, claro que yo no me veo tan muerta como tú, Hagi- dijo ella sonriendo y haciendo alusión a la descolorida piel del caballero, que daba cierta impresión de pertenecer al de un muerto viviente, y aun más con esa cara seria y fría que siempre se cargaba, y mientras ella seguía sonriendo sin importar el arisco comportamiento de Hagi, subió una de sus piernas sobre la rodilla de él, y el mismo, ante la acción, hizo una mueca –apenas perceptible- de asombro, mas por las palabras que por las acciones tomadas. Era como si una bruja le hubiera leído el pensamiento, al recordar las pequeñas diferencias físicas que separaban a Saya de Diva, pero pensó que solo era su tan curiosa y engañosa imaginación, hecha un caos sin remedio en ese momento.
-No deberías estar aquí- le espeto Hagi seriamente, mirando a su alrededor, mientras Diva parecía darle igual sus palabras, moviendo juguetonamente la punta del tacón sobre la rodilla de él.
-¿Por qué lo dices?- pregunto fingiendo demencia.
-Porque Saya me cito aquí- contesto mientras se quitaba de encima el pie de ella.
-Saya no fue la que te cito- afirmo Diva acercándose al caballero –Fui yo-
-¿Tú?- pregunto Hagi con una clara mezcla falso asombro y sarcasmo en su voz, al darse cuenta al llegar, casi de inmediato, del juego que la ojiazul había armado y en el cual lo había metido sin siquiera preguntarle, o al menos explicarle antes las reglas. Diva asintió a la interrogativa sin importar la ironía.
-¿Que necesidad había de que firmaras como Saya?- pensó entonces, que si Diva fuera más inteligente de lo que aparentaba, se hubiera dado cuenta de que él, hubiera acudido a la cita aunque la nota estuviera firmada por ella misma, pero Diva no contesto, ya que de todos modos, si Hagi fuera lo suficientemente inteligente como ella creía que era, se hubiera dado cuenta de que Saya jamás hubiera dejado una nota citándolo, así que las conclusiones de ambos, apuntaban hacia la misma cosa y terminaban en lo mismo; Hagi sentado en el sofá y Diva a su lado tratando de seducirlo, ataviada con un vestido negro y sobre unos demenciales tacones.
-¿Sabes algo…? Últimamente me he dado cuenta de que eres muy pensativo, supongo que eres de los que no gustan hablar mucho, sobretodo cuando son engañados- dijo la joven despreocupadamente, recargándose en el sofá y cruzando las piernas, haciendo especial énfasis en la ultima palabra. Hagi no paso desapercibido eso, pero se limito a dedicarle una mirada de indiferencia, como si no le importara nada de lo que pudiera decir, y volvió sus ojos al mismo sitio de antes, fuera del alcance de Diva, a lo que la muchacha esbozo una pequeña sonrisa, ya que mientras mas difícil fuera la presa, mejor era su sabor al devorarla, y eso era algo que a ella le encantaba hacer en todos los ámbitos posibles.
-Pensabas en Saya antes de entrar ¿Verdad?... Estas celoso- afirmo juguetonamente con una risilla cruel, sin dejar dudas en su tono de voz y sus palabras - Hagi, eres tan celoso… y aunque lo niegues, también vengativo y rencoroso- dijo incrementando la sonrisa y llevándose el dedo índice a los labios, como si pensara en algo más para provocarle, levantando la mirada hacia el techo con falsos aires de ingenuidad.
Hagi se pregunto, ¿Quien demonios se creía que era? ¿Su psicoanalista? Y aunque Diva pudiera sonar arrogante y pretensiosa, estaba en lo cierto. Hagi quería vengarse por mucho que se lo negara a si mismo. Los sentimientos hostiles de los humanos no estaba descartados de su cuerpo aunque fuera un vampiro, y seguían latentes, esperando la pizca de ardor y furia para comenzar el incendio, como todo humano, sin embargo su subconsciente le gritaba que saciara sus bajos instintos haciendo algo al respecto con lo del supuesto "accidente" del vaso, regresándosela a Saya con la misma moneda, por mucho que la amara, y por lo mismo, con esa arma de doble filo a la que se le llama amor, le repugnaba la idea de pensar que se había dejado tocar por ese libidinoso y degenerado de Amshel, y estaba tan hastiado, tan harto, tan cansado, que no estaba dispuesto a esperar mas –no quería una vez mas- esperar por más tiempo, y la chispa buscaba encontrar el punto exacto de la madera en su cabeza para prender la hoguera. Algo llamado celos.
-¿Qué?- Hagi no pudo ni proferir una palabra más, pues en su boca no cabía más que el asombro mientras miraba a Diva, prácticamente fuera de si. ¿Cómo lo sabía? ¿Ahora leía la mente? ¿Cómo Diva podía saber con tal exactitud, lo que la parte mas oscura de si mismo deseaba hacer? Pero, no era su estilo indagar en las demás personas, así que guardo la calma y su curiosidad, y trato de no formular otra pregunta, conciente de con quien estaba tratando.
-¿Qué como lo se? Hagi, soy Diva, y lo se todo- afirmo ella sonriendo orgullosa, como una adivina sumamente segura de sus poderes mentales en espera de una muy esplendida paga por sus servicios adivinatorios.
-Pero dejemos de lado a mi hermana… mejor, háblame de ti- pidió aun sonriente. Hagi por un instante se sintió dentro de una película sin titulo, sin director, ni camarógrafos, sin asistentes de vestuario ni de sonido, ni de imagen, solo dos actores principales haciendo un guión improvisado, olvidados por los cineastas y tratando de sobrevivir en un duro mundo, haciendo una típica escena, aburrida escena.
-No hay nada que decir- contesto él comenzando a cansarse de esa conversación, si así se le podía llamar, pues Diva no podía ser mas obvia en sus constantes coqueteos y a donde quería llegar.
-Ouch, que seriedad- dijo la joven exagerando un gesto de sorpresa e indignación, pero lejos de ofenderse, recargo su cuerpo en el sofá, inclinándose un poco hacia el lado donde estaba Hagi, y justo como ella quería, la acción llamo la atención del caballero el cual ya estaba alerta esperando cualquier cosa que pudiera pasar… pero después, como no parecía suceder nada, y para sorpresa del mismo Hagi, se formo un silencio terriblemente incomodo, sin contar que Diva no apartaba su vista de él, así que, el caballero sin encontrar razón alguna para quedarse (a no ser que quisiera cumplir el obvio capricho de la jovencita, cosa a la que no se prestaría) se levanto como si nada y sin decir palabra, dispuesto a retirarse, pero ella lo detuvo sin siquiera levantarse, tomándolo del brazo fuertemente. Hagi se paro en seco instintivamente. La fuerza que la joven aplicaba sobre su brazo era brutal y podía jurar que en cualquier momento le molería el hueso del antebrazo, pero el caballero se abstuvo de mostrar alguna clase de gesto o pronunciar alguna palabra o quejido de dolor. Sabía que eso solo alimentaría más esa peculiar perversión sádica de Diva de querer proferir dolor en los demás.
–Diva, suéltame- ordeno Hagi sin moverse ni un poco, mientras Diva levantaba la vista, con una mirada azul tremendamente juguetona y a la vez horrorosamente lunática, proyectando una sofisticada sensualidad que Hagi apenas reconocía en ella, y una chispa de sadismo y placer.
-¿Te duele?- pregunto con una sonrisa torcida, apretando más su mano, y escucho con decoro como se formo una fisura en el hueso de Hagi, grieta que al formarse pareció resonar por la habitación, pero él ni cuenta se dio del dolor y mientras Diva se regocijaba escuchando el eco del hueso lastimado, en su distracción y el placer que este le había provocado poniéndole la piel de gallina, Hagi contraataco soltándose bruscamente y tomando con fuerza el brazo que segundos antes lo mantuvo prácticamente cautivo.
El caballero la acorralo contra el respaldo del sofá con rapidez, y apretó ligeramente las delgadas muñecas de ella, como si quisiera darle un escarmiento definitivo y eficaz de que no se le acercara más (y de paso hacerle lo mismo), pero a diferencia de la reacción que esperaba de su parte (algún gesto de dolor, un intento de matarlo o escucharla proferir alguna maldición), esta acerco su boca a la mano que la tenia agarrada entreabriendo los labios, dejando salir la punta de su lengua, que lamió brevemente los dedos de Hagi, tensos alrededor de su muñeca.
Él sintió el húmedo y suave contacto en su piel y por un momento se quedo casi en shock, permitiendo sin querer que Diva lamiera una vez más su mano, y cuando retomo el control, la soltó casi con asco. Ella hizo caso omiso y casi le da por carcajearse, pero supo contenerse y se levanto y sin darle a Hagi tiempo de reaccionar, tomándolo por los hombros, y lo arrojo con fuerza contra el sofá justo como lo había hecho con ella. Era oficial, eso se había convertido en una peculiar y discreta pelea, una lucha de poderes.
-Eres tan asquerosamente fiel- espeto Diva con repugnancia y extraña sensualidad, sentándose encima del caballero y posando sus manos sobre sus hombros, en una posición insolente y por supuesto, indecente, cosa que incomodo sobremanera a Hagi, no por lo que estaba sucediendo, sino porque estaba sucediendo con la mismísima hermana de su ama.
-¿Eh?- murmuro Hagi con un involuntario gesto de confusión. Lo ultimo que hubiera esperado era escuchar un comentario como ese, pero viniendo de Diva tampoco le parecía tan sorpresivo, pero sintió que la piel se le erizaba cuando la muchacha apretó sus senos contra su pecho, y quiso levantarse en ese instante, pero podía sentir la constante e inhumana fuerza que la joven aplicaba sobre sus hombros, obligándolo a quedarse en su posición, pues sabia que en cualquier descuido, ella tomaría ventaja y fácilmente podría hacerle polvo los omoplatos y la clavícula.
-No son nada. No eres nada para ella- serpenteo las palabras refiriéndose a la relación caballero-ama que compartía Hagi con su hermana, sonriendo y acercando su rostro al de él y dejando que su frío aliento de cobra chocara en su cara como veneno puro –Tú y mi hermana no son nada. ¿Que te impide entonces hacer lo que quieres?- añadió bajando una de sus manos, acariciando lascivamente el largo de la clavícula que sobresalía ligeramente, para después acercar sus dedos al cuello de la camisa con una lentitud que te podía hacer perder la cabeza.
-Mis razones no son de tu incumbencia- respondió él manteniendo su mirada contra la de Diva, que brillaba como un glacial, extasiados ante el ataque casi fiero con el cual, prácticamente había tomado el control total sobre el caballero de su hermana.
-Te dije que quería saber mas sobre ti- le recordó abriendo con lentitud el primer botón de la camisa -Pero eres demasiado serio y desconfiado. Tienen que obligarte a hablar- y mientras decía eso, sus labios se acercaban peligrosamente y con lentitud a los de Hagi, jugando con la distancia como si se tratara de un amenazante cuchillo.
-¿Y te me tienes que echar encima para hacerlo?- espeto él con sarcasmo, tratando de ignorar el hecho de que tenia a Diva, terriblemente cerca.
-Si así lo prefieres, puedes ponerte arriba de mi- refuto ella riendo de forma perversa.
-¿No podrías simplemente ponerte a un lado?- pregunto guardando la calma y sin perder tiempo, conciente de que el control por ahora, era de Diva. Sabía que solo se le podía controlar o atacar cuando estaba distraída, y tratar de contradecirla bruscamente en ese momento era una muerte segura, cosa a la que Hagi no estaba dispuesto a arriesgarse, así que lo mejor que podía hacer, era responder a las preguntas y extrañas frases de la joven con la mayor discreción posible, casi con aires de inocencia.
-No quiero- contesto ella, terminando de desabrochar el primer botón de la camisa -Quiero saber cuales son tus límites y hasta donde eres capaz de llegar- lo reto mientras sus dedos se acercaban danzantes hacia el siguiente botón.
Un conflicto de emociones se le vino encima a Hagi y por un momento le dio la sensación de estar ebrio. Sintió de nuevo sus sienes palpitar frente a la presión de tener a una mujer así de dispuesta solo para él y la frase de "la carne es débil" le taladraba la conciencia y lo obligaba a tragar saliva. Mientras, Diva terminaba de desabrochar el segundo botón y cuando vio que las cosas no surtían el efecto instantáneo que ella esperaba, al menos no como ella quería, supo que tenía que hacer algo más drástico. Hagi se percato cuando Diva se irguió sobre el y con ambas manos, deslizo los tirantes del vestido por sus hombros, muy lentamente, frente a la flemática mirada de él.
Hagi endureció el gesto mientras el escote bajaba muy lentamente, revelando cada vez más. El controló los impulsos que de pronto osaban querer luchar contra él y todas sus promesas de fidelidad, pero algo dentro de si, algo casi desconocido, le gritaba con vehemencia que tomara a la joven como se le diera la gana, cuando finalmente, el escote del vestido se deslizo con ligereza hasta detenerse en la cadera de la joven, mostrando los pechos y el torso desnudo justo frente a la mirada fija e inexpresiva de Hagi.
Pero, como era de esperarse en alguien con tanto autocontrol como él, este ni siquiera se inmuto, o al menos, eso pareció. No puso atención en el cuerpo parcialmente desnudo de Diva, cosa que obviamente ella quería que pasara, pero él se dedico a mantener su mirada constante sobre los ojos de ella, que esperaba impaciente cualquier reacción. Cualquier gesto, cualquier cosa pero…
¡Nada! ¡Nada de nada! Hagi ni siquiera mostró un gesto de sorpresa, de excitación, perversidad o de plano de asco. Estaba total y absolutamente inexpresivo, incapaz de transmitir cualquier tipo de emoción. Vamos, ¡Que ni siquiera se le había parado! Pensaba Diva desconcertada por la carencia de expresión, que parecía solo limitarse a pequeños momentos en los cuales únicamente mostraba enojo o fastidio al ser sacado de sus casillas, pero respecto al deseo sexual y carnal… era como si ni siquiera la viera, incluso, como si tratara de evitar la situación, al menos con ella.
Diva tenía la certeza de que Hagi no era un santo tampoco. Sabía que durante los largos periodos de sueño de Saya, él acostumbraba tener una que otra aventura nocturna con alguna joven y atractiva desconocida, únicamente para saciar sus necesidades como hombre para después desaparecer durante la noche o incluso hasta el amanecer (dependiendo) sin siquiera decir adiós, y Diva sabía que no tendría que haber demasiado problema, o al menos eso era lo que creía. Era prácticamente idéntica a Saya, es mas, podía afirmar que tenían el mismo tamaño de senos, entonces, le costaba entender porque Hagi parecía darle igual tenerla semidesnuda sobre él y obviamente, dispuesta, pero el problema con ella y con Hagi, es que después de todo, ella era hermana y por consiguiente una enemiga (recientemente) indirecta de Saya, su ama.
No importaba que su naturaleza les indicara a ambos estar juntos para procrear, seguía siendo una traición.
Hagi, sin reacción alguna, levanto ambas manos, y cuando Diva creyó que tocaría sus senos, él hizo todo lo contrario. Tomó ambos tirantes del vestido y con delicadeza los subió por sus brazos hasta los hombros, tapando los pechos de la joven.
¡La cara de Diva no tenia precio! El rechazo no podía ser más que obvio. Hagi no deseaba involucrarse con ella de ninguna forma sexual, o al menos eso parecía, pues en realidad una parte del caballero se moría por tirarse a la joven en ese mismo momento, casi en un acto realmente pecaminoso y prohibido, lleno de adrenalina por ser descubierto follando con la hermana de su reina. Tampoco podía negar que sentía la necesidad de cobrarle ciertas cosas a Saya. De regresarle con la misma moneda cosas que al siguiente segundo de concebirlas en su cabeza, le parecieron absurdas, inmaduras y tontas, y desistió de la idea de desquitarse de algo sin importancia como lo de Amshel y el dichoso vaso, cosa que aunque los días habían pasado, seguía rondándole la cabeza, dándole fuertes dolores de cabeza.
De todos modos Saya no merecía una traición de ese tamaño. Bastante había sufrido en su vida como para agregarle una cosa más a su conciencia y él no seria el responsable. Si bien era cierto que no era capaz de hacerla feliz, procuraría al menos no agregar malos sabores de boca a su larga lista de desazones amargos y decepciones. No importaba que tantos deseos tuviera de poseer a la ojiazul, sus deseos de seguirle siendo fiel a Saya y poder presumir del exigente autocontrol por el cual era característico le decían que lo mejor que podía hacer, era rechazar sutilmente a la joven, muy a su manera. Con silencio y una discreta acción.
Diva… simple y sencillamente no tenía palabras para lo que sentía. Estaba más que decepcionada, más que molesta y furiosa, se sentía humillada como nunca. Ella, con su infinito atractivo y belleza, jamás, ¡Jamás!, había sido rechazada por ningún hombre, despertando en todo aquel del sexo opuesto algún grado de deseo, y de pronto de la nada llegaba un caballero (quien por cierto, estaba destinado a ser su novio) y la rechazaba como si nada, y si el creía que eso era todo, estaba muy, pero muy equivocado.
Diva no descansaría hasta hacer caer a Hagi en su telaraña e inyectarlo con su veneno hasta verlo caer a sus pies arrepentido y a la vez extasiado por su gloriosa presencia y porte de reina. Podría ser un caballero, un fiel sirviente, un esclavo dispuesto a todo incluso al sacrificio extremo y a la eternidad sirviendo a su ama sin pedir nada a cambio, pero era y siempre seria un hombre, y la carne, Oh, la carne es tan débil.
-¿Que carajo eres? ¿Un esquizoide?- pregunto frustrada levantándose, comenzando a pensar que él realmente padecía algún trastorno de personalidad, a juzgar por lo que parecía ser la falta de interés en el sexo y las relaciones sociales (cosa que se podía asegurar muy bien con el tremendamente inexpresivo semblante y el constante deseo de permanecer solo y al margen del mundo) aunque parecía que Diva en realidad trataba de echarle la culpa a cualquier cosa que estuviera a la mano, pues no terminaba de aceptar que la habían rechazado, fuera por la razón que fuera, y eso de alguna forma, la hacia sentirse horriblemente vulnerable, pero eso era algo que no estaba dispuesta a mostrar y prefería sustituirlo con enojo e insultos, aprovechando la oportunidad con cualquier cosa que pareciera estar fuera de lugar, (además de la pobre reacción por parte de él ante todo insulto e insinuación). Hagi, ignorando eso, sus ojos se entornaron hacia el arpa que yacía en el centro de la habitación con su imponente forma.
-¿Qué demonios estas mirando?- pregunto Diva enfadada, y como sabia que no recibiría respuesta alguna, dirigió su vista detrás de ella, hacia donde miraba Hagi -Si, toco el arpa. ¿Qué creías? ¿Qué solo sabia cantar?- refunfuño, sin quitar la vista de su arpa, ya que, conciente de que estaba lejos de la vista de él, por alguna razón su gesto en ese momento se ablando torpemente y sus cejas se arquearon hacia arriba, su barbilla temblaba ligeramente y sentía que su garganta se cerraba, pero hizo caso omiso a ello y siguió mirando el arpa. Hagi tampoco quito la vista del instrumento, fijándose entonces en el ángel dorado tallando en la cima del mismo. Alguna vez escucho que el arpa era el instrumento de los ángeles, y pensó entonces que el que dijo eso se retractaría de lo dicho si conociera a Diva. Mientras tanto, ella volteo a verlo de nuevo, con el mismo rostro despreocupado y mimado de siempre, cuando Hagi de pronto la miro con unos ojos tan penetrantes, que la hizo temblar ligeramente.
-Esto jamás paso, Diva… y si llegas a contárselo a Saya… te matare- sentencio Hagi, a lo cual Diva rió cínicamente justo después de escuchar la amenaza.
-No, no te rías… si dices algo de esto, te matare. Juro que te matare Diva- afirmo el caballero interrumpiendo de golpe el ataque de risa de la joven, y ya, al fin dispuesto y sobretodo, libre de irse, camino a la puerta, seguido de la perturbada e iracunda mirada glacial de la joven, mientras él salía de la habitación, cerrando la puerta de un golpe, dejándola sola en el cuarto de música.
Diva apenas recuperaba la respiración y no se dio cuenta cuando había dejado de tomar aire, pero sus ojos se perdieron en un punto invisible frente a ella, sola y con el latido de su corazón acelerado. No puso atención y camino al centro de la habitación, donde yacía su arpa. Se sentó al lado de ella, y se mantuvo un momento más en silencio. Se relamió los labios, ausentes todavía del tacto de los de Hagi, haciéndola sentirse extrañamente culpable, y levanto ambas manos hacia las cuerdas, preparándose para tocar.
Se sintió… en la penumbra, a pesar de toda la luz que la iluminaba, se sintió muerta, exquisitamente muerta y se sonrió a si misma, cínicamente, mientras dos lagrimas resbalaban sutilmente por su rostro, caídas directamente de ambos ojos, fijos en la nada bajo una mirada inexpresiva y peculiarmente dolida, como si no supiera si lloraba de coraje, de tristeza, o simplemente por nada.
No. No lloraba por nada de eso, quería creer que así era. Prefería llorar por su victima, en falso dolor, porque Hagi no escaparía de su traicionero narcótico tan fácil. Él iba a ser el único muerto en el cuento, no ella.
Él seria el que muriera… no ella, se juro a si misma mientras tocaba con fluidez las cuerdas y las notas que componían el Arabesque de Debussy.
Hagi se recargo un momento detrás de la puerta, también había olvidado respirar y se quedo escuchando como el arpa sonaba dentro de la habitación, manipulada a su antojo por las manos de Diva, creando un solitario sonido que por alguna razón, lo hizo sentirme como el ser mas ruin y depravado de la tierra. Así se mantuvo, escuchando atento las notas formando la música bajo los dedos de esa niña, sintiéndose terrible, sintiéndose tan vacío como ella se sentía, embelesado en un sonido que sonaba tan nostálgico, de una oscuridad opaca y muerta tanto como lo era su propia música, y entonces se dio cuenta de que Diva lloraba y no pudo mas que bajar la mirada confundido por el repentino sentir de la joven arpista.
Su mente ahora era un escenario de guerra sin ganador ni perdedor, más que su cuerpo inerte y desangrado en el desmoronado y agrietado suelo de batalla, con un tiro en la sien y una pistola en su mano derecha. Sintió el llanto de Diva parecido, sino es que idéntico al llanto de Saya, y por un breve instante las confundió de nuevo, entre el telar de lagrimas.
"Ella no es Saya", pensó Hagi.
Es Diva. Ella es la que porta la pistola en su mano, pistola con la que le acaba de volar los sesos.
-Un cigarro me revivirá- susurro Hagi, recordando su aspecto cadavérico por naturaleza, que por un momento hasta lo asusto al imaginarse a si mismo tirado en el suelo con un balazo en la sien y los restos de su cerebro embadurnados entre su cabello, mojado en su propia sangre, y mientras los escalofríos lo invadían, saco del saco una cajetilla de cigarros a medio terminar.
Últimamente le había dado por tratar de dejarlo ¿Por qué? Era tonto pensar que un quiróptero podía enfermarse de cáncer o enfisema pulmonar –como se lee en la leyenda de advertencia en el empaque- pero simplemente quiso dejarlo para no darle un "mal ejemplo" a Saya, claro que ahora, los malos ejemplos salían de ella por si solos, al parecer siguiendo fielmente los pasos de su joven hermana.
Un pequeño encendedor en su mano, y la llama salio después de un breve tiempo dormida, y Hagi se llevo un cigarro a la boca, encendiéndolo. Aspiro de inmediato, a veces prefería el humo que el aire. Luego exhalo.
Relájate, todo esta por mejorar.
Le decía con serenidad la misma voz que le exigía tirarse a Diva, pero trato de no hacerle caso. Nunca podía confiar en ella, pensó mirando hacia arriba, mientras daba otra bocanada de humo y repetía el proceso, mirando las figuras grises que se formaba producto del toxico humo y entonces, recordó la película sin director, sin asistentes, sin cámaras y sin titulo, solo con esos dos actores huérfanos y el nombre de la cinta –casi obscena- llego a su mente como un rayo parte con precisión casi quirúrgica el tronco de un enorme y longevo árbol, imposibilitado contra la fuerza brutal y furtiva de la naturaleza.
Diva sonrió.
¡Mil perdones por la tardanza! Me estuve haciendo la tonta con este capitulo pues si estuvo algo tedioso de hacer ya que la única interacción que hay es entre Hagi y Diva, además de que se me atravesó un viaje y no podía corregir los errores ortográficos así que no tenia caso subir el capitulo, además de que estuve de viaje como por dos semanas y el insomnio me mataba (aun) Llevo como dos meses sin dormir a gusto, y sin mis cigarros para cuando escribo, ¡Peor!
Como sea, como leyeron, Hagi no se dejo por Diva, lo cual me pareció de lo más lógico de acuerdo con el personaje, así que para el lemmon, aun falta. Si pongo lemmon de una vez se va a ver muy irreal, pero si, Hagi si sintió deseos de, diciéndolo vulgarmente, follarsela, pero recuerden que es un personaje muy fiel y hará todo lo posible por no traicionar a Saya de esa manera, pero Diva también es terca y persistente y no descansara hasta hacer que Hagi caiga redondito, así que la relación entre Hagi y Diva se tornara en algo así como una lucha de quien se rinde primero, y a partir de este capitulo empieza algo así como una nueva etapa de la historia, donde ahora si, todos se declaran la guerra sin palabras, por medio de mentiras e intrigas (¡Ay que mamon se escucho eso!) y Kai y el Escudo Rojo pondrán manos a la obra después de un ratito de depresión por el abandono de Saya, así que aparecerán mas seguido, al igual que se incrementara la folie à deux entre las gemelas (siempre he pensado que de alguna u otra forma comparten los mismos demonios y traumas desde diferentes puntos de vista, y que eso mismo las mantiene separadas, pero a la vez, necesitan estar juntas, creándoles a ambas al final, algo así como un tipo de delirio o paranoia compartida y de dependencia de la una a la otra).
En si, la siguiente etapa del fic será más agresiva y con más mentiras entre todos, tratando de beneficiarse de una u otra manera a costa de los demás, como si fueran caníbales, un nido de víboras y buitres hambrientos tratando de convertir a los demás en carroña, solo pequeños reflejos de su servidora.
Por cierto, en unos días me cambiare de ciudad temporalmente, así que con la mudanza y eso, probablemente estaré unos días sin computadora, así que no podré escribir y puede que tarde en actualizar, pero no se preocupen, no será tampoco muchísimo tiempo y tengan por seguro que si actualizare.
Sin mas que decir, muchas gracias a los que me han dejado reviews, gracias a ustedes ya sobrepasan los 200, al igual que gracias a los que me felicitan por msn o me preguntan sobre la historia, al igual a los que han seguido el fic hasta casi los treinta capítulos sin cansarse.
Me despido
Agatha Romaniev
