Último
La Navidad había acabado hacía semanas pero Rose aún continuaba con el mapa de Albus, este se lo había estado pidiendo durante todas las vacaciones ya que Scorpius se había ido de Hogwarts para viajar con sus padres a Francia. Su primo había querido permanecer en la escuela al menos sus últimos dos años para disfrutar las fiestas en invierno, Hugo también había querido quedarse y Rose, como buena hermana, tuvo que permanecer en el colegio para vigilar que no hicieran de las suyas.
Albus le pidió en incontables ocasiones el mapa, incluso engatusó a Hugo para que fuera a su habitación a quitárselo, gracias a Merlín las escaleras se transformaron en un inmenso tobogán dejando al pobre Hugo mareado y con un chichón en la cabeza producido por un fuerte golpe con una de las mesas al caer. Después de año nuevo junto con Arthur, su primo se había dedicado a infestar todo el acebo que había en Hogwarts con 'Patrullas de la Noche' al haber aprendiendo a cambiarles el color. El hijo de unos amigos de sus padres, Rogger, que iba a Ravenclaw decía que seguro que era una nueva especie y había intentado capturar algunos para llevárselos a su madre. Si Lily hubiera estado en Hogwarts le hubiera avisado de cuál era la verdadera razón de esos bichos, pues era amiga suya, pero esta había preferido pasar las navidades a salvo en casa de sus padres, una opción bastante sensata.
Pero de esa Navidad lo más extraño era un misterioso regalo que había recibido, no sabía de quien era, sólo ponía que era un miembro de la casa Hufflepuff. Ella conocía bastantes estudiantes de ahí, pero ninguno era tan amigo suyo como para regalarle algo. El misterioso presente era una pequeña cadena de engarces, unidos los unos a los otros a través de pequeñas tiras de algo que simulaba ser plata, típica en bisutería. No se la había puesto, ya que no pensaba aceptar un presente de quien no conocía, además en la caja venía una nota para que se encontrasen a una hora exacta en uno de los corredores de la escuela. Iba a ir a esa cita únicamente para decirle que lo sentía, pero que no podía aceptar aquel presente. Además ese día volvían sus amigos y familiares a Hogwarts, quería verlos, sobre todo a cierto rubio pedante que le había regalado un libro romántico en el que había escrito una corta dedicatoria: "Para la persona más melosa que conozco"
-Lo voy a matar –pensó mientras caminaba apresuradamente por los pasillos.
Tenía la caja con el regalo entre las manos, miró a ambos lados, estaba en la galería sur de Hogwarts, aquel lugar era muy solitario en invierno ya que era el más frío al dar directamente al patio interior, se encontraba bastante cerca de las mazmorras y de las cocinas. Al llegar pudo ver que no era la única persona que visitaba aquel solitario sitio, un joven de aproximadamente su edad habituado con una gruesa bufanda con los colores de Hufflepuff estaba mirando cómo caía la nieve por las ventanas de piedra que daban al patio. Se aclaró la garganta para llamar la atención al muchacho, consiguiéndolo rápidamente haciendo que sorpresivamente se sonrojase poniéndose a mirar a ambos lados del pasillo algo nervioso.
Poseía un bonito pelo de color castaño caoba, sus ojos eran grises plateados, tan claros que parecían brillar ante la poca luz natural que había. Esos ojos la asustaron por unos instantes, eran iguales que los se Scorpius, pero no destellaban de la misma forma, en los de su amigo veía diversión, en estos ahora únicamente podía observar puro nerviosismo. Realmente no sabía cómo actuar, jamás ningún desconocido le había regalado nada, ni menos le había pedido quedar, no es que fuera una chica demasiado popular, aquello siempre lo había sido Victoire. Se acercó dando pasos seguros, no quería parecer atemorizada ni nada, al estar a menos distancia pudo reconocerle mejor, era de su curso, sí ¿cómo se llamaba? Garret, creía que era.
-Creí que no ibas a venir –comentó bajando la cabeza sonrojado.
-Yo… -se quedó pensando lo que tenía que decir, sabía que era, simplemente tenía que encontrar la forma de que las palabras fluyeran- Sólo he venido para –de pronto este alzó la cabeza mirándola directamente a los ojos, eran tan iguales que no supo continuar– para…
-No tienes que decir nada, te he citado yo –se rascó la mejilla nervioso-. Bueno, yo sé que por ahora tú no sales con nadie, es más quería esperar hasta San Valentín –se rió-, pero seguro que para entonces estarás muy solicitada –hizo una pausa-. Quería saber si… bueno, si querrías salir conmigo.
Aquello dejó a Rose parcialmente sin habla ¿le estaba pidiendo qué? No, ella no quería salir con él. Apenas le conocía, ni siquiera recordaba su apellido ¿cómo iba a salir con un completo desconocido? Obviamente tenía que negarse, pero aquellos malditos ojos no dejaban de perseguirla como un gato a un ratón atrapado en un laberinto.
-Eh… -era el único sonido que le salía, no podía mirarle a los ojos, eso estaba claro, así que prefirió desviarlos hacia las ventanas-. Sólo he venido para devolvértelo –tragó saliva adelantando la caja con el collar- no puedo aceptarlo. No es que no me gustes –puntualizó- simplemente no te conozco y además… -¿lo iba a decir? ¿Se atrevería a decirlo en voz alta? – A mí ya hay alguien… -no pudo terminar la frase, se mordió fuertemente el labio, no podía decirlo, no en voz alta, aquello debía permanecer en su cabeza, enterrado profundamente.
-¿Ya hay alguien? –Aquello pareció confundirle e hizo que perdiera todo el nerviosismo que había tenido- ¿Y ese alguien tiene nombre? –Alzó una ceja desconfiado- Sinceramente, no es que te haya visto tener contactos con más gente de lo normal para que te guste alguien –dijo más para él que para la pelirroja.
-¿Me vigilas? –Eso la sorprendió, ¿es que era una especie de acosador?- ¿Cómo que con más gente de lo normal? –no le estaba gustando nada el camino que estaba tomando aquella conversación.
-No te vigilo –negó- simplemente te observo, vamos a al mismo curso –aclaró-. Desde más o menos finales del año pasado me he fijado en ti –sonrió intentando ser encantador-; eres inteligente, simpática, lista, prefecta, posees las mejores calificaciones de nuestro curso, cumples las normas y ayudas a tus primos siempre que puedes –enumeró-. Tus amigos aparte de ellos son ese Malfoy –recordó- no es que tengas muchas amistades más –se encogió de hombros.
-¿Me estas llamando antisocial? –Notaba perfectamente un pequeño tic en su frente, eso se le estaba yendo de las manos-. Mejor toma la cadena, tengo 'amigos' que acaban de llegar y estoy deseando verlos –acentuó la palabra 'amigo' entregándole la caja para darse la vuelta rápidamente, pero el chico le impidió que siguiera agarrándole la muñeca fuertemente-. Tengo prisa –casi rugió en su cara lanzándole una mirada feroz.
-Menos humos, Weasley –pronunció cambiando completamente el tono que había utilizado anteriormente-. No soy de las personas que aceptan un no por respuesta, y menos si esa persona acepta venir a la cita –ella simplemente puso una mueca irónica ladeando la cabeza.
-Te lo tienes muy creído, Gamp –acordándose de su apellido, a eso podía jugar dos. Lo miró directamente a los ojos, esta vez no veía ni una pizca de su amigo en ellos, solo un profundo pozo gris-. Si te he dicho no es que no –puntuó-. Y si ese alguien que dices que no existe tiene nombre es algo que me incumbe sólo a mí -¿Dónde estaba su varita cuando la necesitaba?- Así que suéltame, ahora –dijo con tono amenazante.
-No tan rápido –apretó un poco más la muñeca de la chica consiguiendo lastimarle-. No me das miedo, Weasley. Eres inofensiva -¡lo que faltaba! Nunca aceptaría maldiciones de alumnos en medio del pasillo escolar, pero ese muchacho se lo estaba ganando a pulso. Nadie la infravaloraba- así que mejor esperas un poco y… -¡harta! ¡Aquello la estaba hartando!
-¡Mira me importa una mierda lo que…! –sus palabras fueron repentinamente acalladas por un beso.
La pelirroja abrió mucho los ojos incapaz de creer lo que le estaba pasando ¡aquel cretino Don Nadie la estaba besando! Intentó soltarse de él impulsándose para atrás pero este la había cogido por las muñecas obligándola a permanecer pegado a él. Mantenía la boca completamente cerrada mientras con los ojos miraba al chico que intentaba, en vano, introducir su lengua en su boca. Aquello hizo que su rostro se tornase rojo, pero no sabía si era por la vergüenza de haber sido vencida físicamente o de la ira que estaba bullendo en su interior, optaba por la segunda opción. Entonces, sólo entonces, escuchó una voz que la sacó del recordatorio de la infinidad de maldiciones hirientes pero seguras que había en el mundo mágico. Una voz débil que preguntaba dubitativamente su nombre.
-¿Rose? –Fue lo que se oyó en el pasillo, produciendo bastante eco y haciendo que el Hufflepuff la soltara al darse cuenta que no estaban solos.
Ella abrió los ojos desmesuradamente al darse la vuelta para comprobar que efectivamente sus oídos no le estaban gastando una mala pasada, detrás de ellos y con el uniforme de Ravenclaw ya puesto se encontraba él. No sabía que decir o cómo actuar, sentía aún el enfado por aquel beso que le habían arrebatado sin su consentimiento, pero la mirada gris de Scorpius parecía perforarla de alguna manera, esos ojos grises sí que los conocía muy bien, ahora mismo lucía apagados, casi como si estuvieran tristes. No pudo ni siquiera acercarse a él ya que nada más conectar sus miradas este bajó la cabeza y giró la esquina volviendo sobre sus pasos. Sentía que sus músculos estaban petrificados, no sabía que era aquella mirada pero no le había gustado nada, sentía un cúmulo inmenso de sensaciones diferentes, la ira, los nervios y una horrible sensación de vacío en el estómago.
-Ni siquiera aquí se puede tener algo de intimidad –bufó el Hufflepuff.
Al volver a hablar recordó que existía. Se llevó la mano a su uniforme sacando la varita apuntándole directamente al pecho, su cara estaba completamente roja, sus cabellos alborotados, su respiración irregular y sus ojos azules parecían dos profundos mares agitados por una terrible tempestad.
-Escúchame ahora, y hazlo bien porque no pienso repetírtelo nunca ¿entiendes? –pronunció en un tono bajo y amenazador haciendo que al muchacho se le pusieran los pelos de punta- ¡Jamás! Y recuérdalo ¡Jamás me vuelvas a tocas ni hacer algo parecido! ¡Porque te juro que si lo haces por muy amable o simpática que pueda parecer también soy una Weasley! –Entrecerró ojos- Y a los Weasley nos gustan mucho las bromas… puede que algún día me vaya la mano con una broma y… -inclinó la varita apuntando a la parte baja del abdomen- algo muy preciado acabe desapareciendo –sonrió inocentemente- ¿Ha quedado claro? –el Hufflepuff asintió algo atemorizado.
Sin decir nada más salió corriendo rápidamente por donde se había ido Scorpius, pero no había rastro de él por los pasillos contiguos a esa zona del castillo. Maldijo en voz baja saliendo corriendo hasta el final de la galería, sabía que cuando él quería desaparecer lo hacía muy bien, se conocía bien Hogwarts por culpa del mapa del Merodeador. Necesitaba ayuda para encontrarlo, sino no lo vería hasta el día siguiente, pero tenía que verlo y explicarle aquella extraña situación que había vivido. Quizás Albus sabría donde estaban, para algo era su mejor amigo. Corrió dirigiéndose a la sala común de Gryffindor, subiendo las escaleras de dos en dos, nada más entrar puso ver a su primo tumbado en el sofá con una revista de Quiddicth apoyada en el pecho, mientras que Lily y Hugo jugaban al Snap explosivo. Al ver llegar a Rose a la sala el joven Potter torció un poco el gesto y abrió la boca para decir algo pero la pelirroja fue más rápida que él.
-¿Has visto a Scorpius? –dijo intentando respirar regularmente observando algo ahogada el rostro de confusión de su primo.
-¿A Scorpius? No, para nada. Como no lo haya visto Lily que acaba de llegar –se encogió de hombros y se dispuso a hablar nuevamente -. Por cierto, devuélveme el… -no pudo terminar la frase ya que Rose pasó delante suya sin echarle cuenta para hablar con la pequeña Potter.
-¿Tú le has visto? –la chica que estaba muy concentrada en su juego asintió- ¿Dónde? –preguntó esperanzada.
-En la entrada nada más llegar –recordó- me preguntó si sabía dónde estabas –la miró de reojo-. Le dije que no y luego me vine a la torre –ella sonrió mirando la partida-. Vas a perder –canturreó con burla sacándole la lengua a Hugo.
-Juguemos al ajedrez, a ver quién pierde –la retó este.
-¡No me ignores! –bramó Albus lanzándole un cojín a Rose- ¡Ya ha pasado Navidad! ¡Devuélveme el mapa! –poniéndose casi de pie en el sofá frunciendo el ceño.
-El mapa… -recordó y una media sonrisa apareció en su rostro- ¡Gracias, Al!
Sin más que decir empezó a subir las escaleras hasta el dormitorio de las chicas escuchando las quejas de su primo provenientes de la sala común. Su dormitorio era igual que el de los chicos, pero por el contrario que estos no tenía poster de Quiddicth, sino de bandas de músicas, no olía a sudor, sino a perfume y las paredes estaban decoradas con tonos pastel. Abrió su baúl sacando un ajado pergamino de color amarillento, con las puntas dobladas que parecía inservible. La chica sacó su varita susurrando suavemente: "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas". Tras decirlo, empezaron a aparecer letras que comenzaron a formar nombres de alumnos que pululaban por Hogwarts. Desdobló el mapa buscando por cualquier rincón el nombre de Scorpius Malfoy, no estaba ni en los terrenos, ni en las cocinas, ni en su sala común, ni en la biblioteca… ¿Dónde diablos se habría metido? Se fijó en los pasillos pero en ninguno de ellos estaba el nombre de su amigo, siguió mirando y minutos más tardes lo encontró, un punto solitario oculto en la torre más alta de la escuela.
-La torre de Astronomía –parpadeó volviendo a doblar el mapa deshaciendo el hechizo antes de guardárselo en el uniforme.
Desde su cuarto aún se podían oír los berrinches de Albus, pero estos fueron ignorados cuando una maraña pelirroja atravesó rápidamente la sala común de camino a la torre. Tenía que explicarle a Scorpius que era lo que verdaderamente había pasado, que lo que había visto no era más que un tremendo malentendido, sólo de pensarlo le daban ganas de golpear a aquel Hufflepuff. Se llevó la mano al pecho, el corazón le latía a toda velocidad, no sabía si era por las carreras que se había metido o por los nervios, inspiró intentando tranquilizarse. Scorpius no podía creer verdaderamente que estuviera con ese chico, no debía.
El Ravenclaw siempre la había aconsejado, la entendía, incluso más que Albus que desde quinto se había vuelto casi tan cabezota como James, era buena persona y solía utilizar la irónica siempre que podía. A veces se comportaba de forma extraña, casi misteriosa, cuando le pillaba mirándola después de estar en la Biblioteca, sabía cuando se podía hablar o cuando no, era especial, por eso le gustaba estar con él. Subió a la carrera por las escaleras de la torre de Astronomía, topándose sin querer con la Dama Gris que parecía igual de triste que siempre. Con la respiración aún agitada llegó a la puerta que se encontraba entreabierta, movió un poco esta fijándose en su interior, ahí se encontraba Scorpius, que mantenía la mirada fija en algún punto en el techo de la sala, estaba sentado en los cojines que utilizaban cuando daban clases por las noches.
-Scorpius –dijo la pelirroja intentando llamar la atención del rubio, que desvió la mirada provocando que sus ojos conectasen.
-Rose –pronunció dibujando una sonrisa cansada en su rostro-. Hola –se puso en pie, su tono era triste, lo notaba.
-Verás, yo… -las palabras no le salían, tragó saliva- quería explicarte lo que ocurrió en el pasillo –apretó fuertemente las manos contra el uniforme-. La verdad es que… -no pudo continuar porque la voz de él se adelantó.
-No tienes por qué darme explicaciones, Rose –pronunció lentamente-. No te las estoy pidiendo –ante eso ella se sonrojó un poco, pero entonces recordó unas palabras que la hicieron fruncir el ceño.
-No es que 'tenga' que darte explicaciones, Malfoy –enfatizó su apellido-. Es que 'necesito' dártelas –al parecer se había sorprendido bastante por ese cambio de tono- ¿Puedo continuar? –el chico asintió lentamente, eran las palabras que él le había dicho una vez, no podía negarse a escuchar algo que él mismo le había reprendido anteriormente- Verás, ese Hufflepuff me regaló una cadena por Navidad dejándome una nota para quedar hoy. Fui para devolverse la cadena y ya está, pero empezó a hablar sobre mí, mis costumbres, a quien conocía –enumeró-. Y… me pidió salir –hizo una pausa- yo me negué, ya que no me gusta –un poco de vaho blanco salió de su boca por culpa del frío-. Entonces quise irme, no me dejó –tragó en seco-. Cuando iba a mandarle a la mierda, me beso ¡Y me molestó muchísimo! –Terminó- Supongo que… has malentendido la situación creyendo lo que no es… por eso te has molestado –era la única razón lógica para que se hubiera ido así- por eso… -intentó seguir pero Scorpius la interrumpió.
-La verdad –se sacudió un poco la túnica-, es que no me ha molestado que ese imbécil Hufflepuff te haya besado –negó con la cabeza.
¿Qué era lo que acababa de decir? ¿Qué no le importaba? El alma se le vino a los pies y contrajo sus puños sintiendo la ira bullir en su interior, además se lo estaba diciendo con aquel tono de indiferencia que solía utilizar cuando consideraba algo normal. Se sintió una estúpida por pensar que a Scorpius le llegaría importar verdaderamente que se hubiera besado con un chico.
-Sin embargo… –era un maldito insensible, estaba dispuesta a gritarle que lo entendía, que no importaba, que sólo había ido a aclarar el malentendido –le envidio.
-¿Qué? –Preguntó confusa- ¿Le envidias? –Arrugó entonces el rostro provocando que las pecas de su rostro se multiplicase simplemente por ese gesto- ¿De qué diablos hablas?
-Yo nunca he creído en los primeros momentos –dijo primeros pasos, las primeras palabras –hizo un pequeño gesto con la mano-, esas cosas a mi no me importan ¿sabes? O bueno, nunca me habían importado –puntualizó y la miró-, no creo en los cuentos de hadas –se encogió de hombros-. Pero creo que tú has dado la vuelta a mi concepto de los primeros momentos –pronunció con una sonrisa irónica.
-Sigo sin entender de qué hablas –parpadeó- ¿Primeros momentos? ¿Qué tengo que ver yo con eso? –no entendía lo que Scorpius quería decirle.
-Hace unos meses, sino recuerdo mal, me dijiste que no encontraría el amor ni en una sopa de letras –se rió un poco-. Pero la verdad es que buscando no soy tan malo, soy el buscador de Ravenclaw por algo –en ese instante a Rose le pareció el ego del rubio no podía ser más grande-. Y para encontrar el amor como tú dices, sólo tengo que hacer una cosa –la miró directamente a los ojos-, verte cada día –su rostro estaba algo rojo y pudo notar algo de timidez impropia en él-. Por eso digo que tú has cambiado mi concepto de los primeros momentos.
La boca de Rose se abrió ligeramente sintiendo que toda la sangre de su cuerpo se acumulaba en su rostro. Sus ojos azules miraban a Scorpius como si fuera un desconocido, su corazón iba rápidamente y el vacío de su estómago aumentó, su piel estaba ardiendo. No sabía que decir, ni cómo actuar ¿Se estaba declarando? ¿Así sin más? No podía creerlo, conocía al Ravenclaw, a él jamás le habían interesado las pelirrojas, sin embargo las morenas con ojos claros sí. Como la pesada de Algie con quien había salido Scorpius en quinto, nunca la había soportado eso no era algo desconocido, pero… ¿ella? Era imposible. Se llevó inconscientemente la mano a la boca, no le salían las palabras.
-Pero he estado meditando –desvió un poco la mirada-, por eso no me importa que el imbécil de Hufflepuff te haya besado. Aunque no te niego que estoy algo… -pareció pensar la palabra- celoso –pronunció dando un paso hacia ella-. Yo soy un Ravenclaw, no puedo evitar comerme demasiado la cabeza, como Al suele decir. Proceso los pros y los contras antes de actuar, y en este caso –la señaló a ella-, aunque los pros fueran mayor que los contras no pensaba actuar, aprecio nuestra amistad demasiado –dijo en voz baja negando con la cabeza-. Pero los Hufflepuff además de imbéciles, son como los Gryffindor, impulsivos –al parecer eso le disgustaba un poco-. Por eso he estado meditando sobre los primeros momentos, y he llegado a la conclusión de que si yo pudiera elegir… Siempre querría ser el último –miró fijamente a los ojos de la pelirroja que bajó la cabeza, escondiendo su rostro entre su espeso cabello rizado.
-¿Qué… qué quieres decir con… -las palabras sonaban débiles en sus labios y entrecortadas- eso?
-Ser el primero no siempre quiere decir que seas el único –aclaró-. Después puede venir un segundo, tercero o cuarto. Por eso me gustaría ser el último –dio un pequeño paso hasta ella-, al menos en este caso, si eres el último serás el ganador.
Entonces ella sintió lo que hacía bastante tiempo Scorpius no hacía, la estaba abrazando, sintió su corazón bombear sangre rápidamente y un cúmulo de emociones provocaban que sus ojos empezasen a picar, sintiendo como de un momento a otro iba a ponerse a llorar.
-Por eso –murmuró cerca de su oreja- quiero que me dejes ser el último, sólo eso…
Sus labios temblaron, notaba la respiración del rubio en su hombro, podía ver los cabellos rubios de él a su derecha y aunque tuviera la cabeza escondida pudo notar aquel leve rubor cubriendo sus mejillas. Extendió los brazos que habían permanecido laxos a ambos lados de su cuerpo para colocarlos detrás de su ancha espalda. Enterró el rostro en el hombro del Ravenclaw cerrando los ojos fuertemente sin poder conseguir retener todas las lágrimas que peleaban por salir. Se empezó a reír, sin otro motivo que la felicidad, era imposible, era ridículo, pero ahí se encontraba sollozando como una niña pequeña por algo tan insignificante como ser correspondida después de tanto tiempo.
-Si-siempre –tartamudeó sin control-. Siempre serás el-el úl-último, para mí –se sorbió la nariz notando que la fuerza del abrazo de Scorpius se incrementaba.
Porque el amor no tenía por qué ser primerizo y único, sólo bastaba con ser el último para que fuera para siempre.
Continuará…
Al final no pude resistirme a retocarlo un poco. La prosa que tenía hace años ha mejorado bastante ahora, el capítulo se ha alargado un poco de lo que tenía planeado pero no he cambiado ni la secuencia ni los diálogos, ya me costó bastante escribirlo en su época así que cambiarlos sería cambiar enteramente la esencia de esta historia. Sé que muchos me diréis ¿y el beso? ¿acaba aquí? Pues sí, el Rose Scorpius que tenía planeado acaba aquí, ya lo siguiente es dejar volar la imaginación. Pensé en otro capítulo llamado Recíproco que iba a ser el cierre verdadero final de la historia, pero nunca llegué a acabarlo. Así que lo siento si algunas de vosotras se ha sentido decepcionada, pero me gusta mucho este capítulo y que tiene le mensaje que le quise imbuir. De todas formas queda un último capítulo de Teddy-Victoire ¿qué habrá pasado después de aquel bonito beso? Ya lo veremos.
