Drama Esporádico
-¿Esa no fue Diva?- inquirió Saya, dirigiendo su vista a la puerta cuando el grito al fin ceso. Sin decir nada más, la chica se levanto y salio corriendo de la habitación, seguida de Hagi, en dirección al cuarto de su hermana para averiguar el por qué de tremendo grito.
Sin esperar nada bueno, cuando llegaron vieron a Solomon y Nathan quienes estaban ya en la habitación. Saya irrumpió en el cuarto con Hagi detrás, y vio a su hermana recostada sobre la cama con el rostro endurecido de dolor y gimiendo débilmente por lo mismo. También vio la sangre regada por el piso, al igual que las piernas de Diva y su entrepierna, mientras esta se retorcía en la cama.
-¿Qué paso aquí?- pregunto la joven sin poder ocultar la impresión de la escena. Nathan no le presto atención, ya que este se mantenía a un lado de la joven posando suavemente su mano en la frente de ella, que ardía en fiebre. Solomon se acerco a Saya consternado aun.
-No lo sabemos exactamente- contesto Solomon en voz baja –Pero ella dice que esta teniendo un aborto- le susurro, conciente de que esto podía dañar mucho a Diva, y por supuesto a Saya, ya que esos bebés que tenia Diva dentro de ella, habían sido concebidos por la violación del joven hermano de Saya. Antes de que ella pudiera decir cualquier cosa, Amshel apareció en la habitación.
-¿Qué son esos gritos?- pregunto entrando agresivamente, empujando en el acto a Hagi quien obstruía la puerta -¡¿Qué demonios…?!- exclamo el hombre confundido al ver a su ama tendida en la cama y cubierta de sangre.
-No lo sabemos- dijo Nathan separándose de Diva, la cual estaba absorta de las presencias en su habitación. Le parecían fantasmas lejanos que no era capaz de reconocer, solo se concentraba en el dolor que le estaba partiendo el cuerpo, rogando por no arrepentirse en ese instante y preferir morirse que soportar el dolor.
-Dice que esta abortando- añadió Nathan mientras Diva volvía a retorcerse.
-Maldita sea…- susurro molesto Amshel, acercándose a la joven. Los planes de concebir a las nuevas reinas se podían ir abajo si no hacia algo rápido, así que puso manos a la obra. No podía darse el lujo de echar a perder tantos años de planeamiento por perder tiempo y seria un desperdicio descomunal dejar que las bebés murieran o tuvieran algún tipo de complicación. Quizás hasta tendría que hacerlas nacer ya mismo, aunque era una opción sumamente arriesgada, siendo las criaturas tan prematuras. –Solomon, lleva las herramientas para operar al quirófano. Tal vez tengamos que operar a Diva- ordeno Amshel cargando a la joven en brazos, que seguía gimiendo de dolor sin darse cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor.
Saya y Hagi se hicieron a un lado cuando Amshel paso junto a ellos cargando a la joven, el cual se dirigía a una habitación acondicionada como quirófano, donde Amshel trabajaba una buena parte de su tiempo experimentando con diversas cosas con respecto a toda su investigación. Solomon salio rápidamente de la habitación para preparar lo que su hermano había ordenado.
Habían pasado ya dos horas desde que llevaron a Diva a operar. Saya se había quedado en la habitación de su hermana, ofreciéndose a limpiarla, ya que esta había quedado con innumerables manchas de sangre en el piso y la sabanas desechas y empapadas en el mismo liquido, al igual que el baño. Era como si hubiesen matado brutalmente a alguien en ese lugar, pero Saya reprimió esos maltrechos pensamientos producto de su imaginación y se puso a trabajar, más como una distracción a todo lo que había y estaba pasando que como una buena acción, ó… quien sabe.
-Tal vez murieron…- pensó sumamente confundida. No sabia si sentir tristeza, nostalgia… Por que después de todo, eran sus sobrinas, y las hijas de… su hermano, que había sido violado por Diva. No sabía si sentir enojo, empática… solo sabía que ahora entendía por qué se había portado de tan extraña forma cuando esa noche le había llegado el periodo. El por qué había dicho y perjurado que estaba abortando, cuando en realidad solo estaba sintiendo lo que estaba sintiendo su hermana en ese momento. Siempre se había mostrado escéptica a lo que Hagi le había dicho unas horas atrás, sobre eso de que los gemelos podían tener algún tipo de conexión telepática o algo por el estilo, pero con esos últimos acontecimientos, se volvió una ferviente creyente.
Después de un rato termino de limpiarlo todo. Limpio el piso hasta dejarlo reluciente y cambio las sabanas. Limpio el desastre del baño y dejo todo como nuevo, como si nada hubiera pasado. No estaba exhausta, solo confundida y algo adolorida en el vientre por los constantes cólicos que a duras penas trataba de ignorar. Le hacia falta intoxicarse con algún analgésico o algo así para sobrellevar ese molesto y agudo dolor constante.
Suspirando, se sentó en la cama, y miro hacia el buró, donde yacía una cajetilla a medio terminar de Marlboros rojos. Tomo la cajita y saco uno de los cigarros… seguramente a ella no le molestaría, así que tomando un encendedor del mismo lugar, prendió el cigarrillo.
De inmediato comenzó a toser… parece que ella no estaba hecha para ser una fumadora, pero no lo apago y se aguanto las contracciones de su garganta y pecho quienes exigían por medio de tosidos que dejara el humo fuera de su organismo, pero no hizo caso, ya se acostumbraría, además, según dicen, la nicotina tiene efectos relajantes en el cuerpo humano… Solo que ella no era humana y no estaba segura de si eso surtiría efecto en ella, pero ¿Qué importaba? Toda su vida había fingido ser una humana, entonces ¿Qué tenia de malo hacerlo ahora?
Se levanto y camino un poco por la habitación aun con el cigarro en la mano, fumando a pequeños intervalos de tiempo.
¿Ahora que iba a hacer? Se pregunto.
Había estado dándole vueltas a un asunto verdaderamente delicado los últimos dos días, y más al reflexionar sobre todo lo que había pasado en las últimas semanas…
Había estado pensando en regresar al Escudo Rojo… pero, ¿Con que cara? ¿Y con que cara iba a decirle a su hermana que la abandonaba… de nuevo? Y más con esta nueva situación que se había atravesado.
-Dios…- susurro, ahora sí, cansada. Los propósitos de su vida se habían venido abajo, transformados en celos, rabia, sangre, y cigarrillos… patético. ¿Cómo había permitido eso? Debió haberse dejado caer un piano en la cabeza antes de decirle sí a su hermana y a su descabellada proposición de unírsele.
Sí, se arrepentía de haberse ido con Diva, de haber abandona todo por lo que antes había luchado, y de abandonarse a si misma. ¿Por qué no hubo nadie que le dijera lo que estaba haciendo?
No, claro que se lo habían dicho, y se lo habían advertido. Kai, su hermano, lo hizo hasta el cansancio, pero ella siempre lo había dejado con la palabra en la boca.
¿Por qué rayos había dejado volverse loca cinco minutos? ¿Por qué no pensó antes? Es mas… se preguntaba si siquiera estaba pensando en lo que estaba haciendo, en aquel momento en que llamo a Diva para que fuera por ella a Central Park.
Siguió caminando por la habitación, buscando alguna parte que le hubiese faltado por limpiar, pero todo estaba reluciente… ojala pudiese limpiar su cabeza de la misma forma que lo había hecho con el piso, pero es mas fácil decirlo que hacerlo. La cabeza no es un piso blanco que se pueda limpiar con un poco de agua y un trapeador.
Así, caminando, termino en el enorme closet de su hermana y el cigarro a medio terminar. El único lugar que se había mantenido intacto de la sangre… esa sangre de muerte, que anunciaba la posible perdida de las bebés de su hermana.
¿Por qué, según ella, nadie le dijo que no abandonara… a los humanos? ¿Cómo rayos fue que termino por decidirse?
-"No pienses nada. Simplemente recuerda que el día en que acabes con todos los quirópteros, siempre quedara uno y esa serás tú."-
-"Y por los que tanto luchaste para proteger te lo agradecerán matándote. No se si quieras seguir desperdiciando tu vida por proteger a una especia que no vale la pena, y que no valen tu dolor."-
-"¿Quieres parecer humana? Entonces rompe tu promesa, ellos acostumbran hacerlo."-
Saya se detuvo en seco, y la respuesta a sus múltiples preguntas llego como una bala disparada a su cráneo. Tan certera como la lógica mas pura y la elocuencia mas audaz.
Esas fueron las palabras que derramaron la gota del vaso. Las palabras que según ella, la hicieron reflexionar sobre toda su vida, sobre esa guerra que ella misma había declarado hace casi dos siglos y su insaciable búsqueda de venganza, creyéndose la imposible salvadora de la raza humana que ella tanto apreciaba… fueron las palabras de Hagi.
¿Por qué… Hagi no la detuvo? ¿Quién mejor que él para conocer su dolor? ¿Por qué le permitió dejarse morir tan fácilmente? ¿Por qué la dejo caer en el abismo de su irracionalismo?
No podía decir tampoco que eran palabras falsas. Ella sabía que si mataba a su hermana, todo acabaría para ella y para su caballero y para todo quiróptero sobre la tierra que pudiera quedar (aunque esa era la idea). Así debía de ser. Fue por eso que hizo esa promesa con Hagi hace tanto tiempo… pero… ¿Realmente deseaba morir cuando todo terminara? ¿A manos de los humanos o de Hagi? O tal vez estaba equivocando las nuevas preguntas… ¿De verdad había estado luchando por la raza humana, o por ella misma y su venganza personal?
Tal vez, tenia la sospecha, aunque era algo realmente idiota creer que solo se trataba de una sospecha, de que su caballero jamás tuvo intenciones de matarla, pero él había aceptado cumplir una falsa promesa por su eterna devoción a ella, pero eso era, una promesa a medias y eso no lo convierte en un juramento. Una cosa era decir lo que se iba a hacer, y otra muy distinta era llevarlo a cabo.
-Hagi…- susurro, casi como si le estuviera reclamando, sin embargo no podía echarle la culpa. Ella lo había obligado a hacer esa promesa, y para él, lo sabía, el que le mintiera era, de una extraña forma y muy a su modo, una forma de decirle… lo que sea que quisiera decirle… pero eso era lo de menos y siempre había sido lo de menos.
Ella era responsable de sus actos, y Hagi tampoco la había obligado ni la había llevado de las orejas con Diva. Él simplemente le había hecho ver la verdad de todo de una buena vez, detrás de su eterna utopia de ser la salvadora de una raza que siempre la había rechazado en algún momento, pero que sin embargo anhelaba con todas sus fuerzas poder ser parte de ella, maldita sea. Pero Hagi no tenia la culpa de sus decisiones… pero, absorta en sus pensamientos, de pronto choco con un par de objetos tirados en el suelo del closet.
Se quito el cigarro de la boca y bajo la mirada al objeto que casi la hace caer.
-… y Diva…- murmuro, pronunciando el nombre entre aires de traición.
Un par de zapatos de charol. De tacón de aguja, blanco y negro eran los colores, de diseñador por supuesto, y se hallaban tirados a sus pies. Se arrodillo y tomo uno de ellos, y fue entonces cuando recordó haberlos visto en otro lugar, no hace mucho tiempo.
-Hagi y Diva…- pronuncio, sin saber como interpretar el sonido de su propia voz. Observo con cuidado uno de los zapatos en sus manos y miro la etiquita dentro, donde se leía "Yves Saint Laurent".
Ahora que lo recordaba, ¿Por qué un zapato de mujer estaba tirado en el cuarto de Hagi? Zapato el cual había sido pateado hacia debajo de la cama por su caballero, tratando de que ella no se diera cuenta.
La pregunta correcta, ahora era… ¿Qué hacia un zapato de Diva tirado en el cuarto de Hagi? El diseño del calzado era exclusivo e inolvidable por la extravagante elegancia del mismo, propio de Yves, así que era inconfundible e irrefutable saber que se trataba del mismo zapato que su caballero había tratado de esconder.
Ya sabría lo que estaba pasando… así que, tomando una drástica decisión, tomo el par y los llevo consigo a su habitación.
Otra hora más había pasado, y los últimos cuarenta minutos Saya se había quedado sentada junto a Hagi afuera de la habitación donde estaban operando a Diva. En todo ese tiempo no habían recibido noticias, solo sabía, por parte de Nathan, que Solomon había anestesiado a Diva (puesto que en algún tiempo fue medico y científico) y Amshel la estaba operando, tratando de detener la hemorragia de la cual aun no se sabía bien a bien el origen.
Saya se encogió en su asiento… se sentía como la vez en que llevaron de emergencia a su padre al hospital después de que el quiróptero atacara Omoro… Su padre… Algún día tendría que ir a su tumba y pedirle perdón sinceramente, pero ahora ni siquiera sabía con certeza si volvería a Okinawa algún día, como meses antes había planeado con su hermano, antes de recordar la promesa. Era chistoso, curioso e irónico a la vez, el hecho de que al decirle que sí a su hermana, debió haber pensado en su futuro y en lo que seria de su vida. Era inmundamente absurdo y a la vez chistoso cuestionarse si podría volver a Okinawa, o se quedaría en Nueva York, o quien sabe que carajo pasaría con ella. No, no pensó nada de esas cosas, y se sintió finalmente como una idiota.
Después de un par de minutos, Saya noto como Hagi revolvía algo en su saco con discreción, y de ahí saco una cajetilla de cigarros. Nathan y Saya se le quedaron viendo incrédulos cuando este se llevo un cigarrillo a la boca y lo prendió; Hagi, dándose cuenta de eso, extendió un poco la cajetilla, en señal de que si deseaban uno, ya que se le habían quedado viendo fijamente y por un momento había olvidado sus modales.
-¿Fumas?- pregunto Nathan incrédulo desde su asiento.
-A veces- fue la escueta respuesta del caballero.
Saya entonces recordó lo de los zapatos… hubiera querido preguntarle en ese momento que había pasado ese día y que hacia uno de los pares ahí, pero Nathan estaba enfrente y bueno… No seria lo mas discreto que digamos. No estaba celosa ni nada… claro que no, tal vez todo tenia una explicación coherente… ojala, por que si no, definitivamente no sabía lo que era capaz de hacer por una traición de ese tamaño, pero bah, sintió que exageraba, seguramente todo tenia su explicación y ella estaba exagerando.
Saya lo miraba sin que él se diera cuenta, o al menos eso era lo que ella creía, mientras veía como se consumía el cigarro en la boca de Hagi. Hubiera querido también plantearle la idea de volver con el Escudo Rojo, pero estaba tan confundida que no tenia idea ni siquiera del por qué o la base de esa idea, hasta que un indicio de respuesta, un remedo de ella, le llego de improvisto.
¿Estaría Hagi preocupado? ¿Preocupado por Diva, y por eso estaba fumando? ¿O solo estaba fumando por que si?
Fue entonces cuando Solomon salio de la habitación, envuelto en un traje delgado de color celeste, con algunas manchas de sangre en el abdomen, un tapabocas, y unos guantes, originalmente blancos, que ahora estaban repletos de sangre.
Respirando profundamente, se quito el tapabocas, y en ese momento Saya y Nathan se levantaron.
-¿Qué sucedió?- pregunto la muchacha acercándose al rubio. Este, por su parte, guardo silencio unos segundos, antes de contestarle.
-Tuvimos que operarla y sacarle a los bebés, pero los capullos estaban rotos- dijo, haciendo una pausa –Las bebés ya estaban muertas- contesto seriamente haciendo énfasis en lo ultimo. Hagi volteo de inmediato, al escuchar las últimas palabras. Saya se quedo parada como tonta y Nathan se desplomo en su asiento, pensando en como reaccionaria Diva cuando se enterara de la noticia.
Saya se quedo en el mismo lugar. Miro un momento a Solomon, quien se mostraba un poco triste, un tanto en shock, para después mirar a Nathan, quien estaba por demás consternado y tenso, y después mirar a Hagi, quien se mantenía serio, distraído, pero no del todo indiferente. No podía irse, no ahora. Su hermana seguramente estaría destrozada por la noticia de la muerte de sus bebés. Ella sabía que tenia tantas ilusiones de ser madre, que había llegado al grado de atacar el barco del Escudo Rojo y violar a su hermano… pero… aun así, no podía dejarla, aun después de todo lo que le había hecho a ella y a su familia. Una fuerte serie de enseñanzas morales la limitaban por mucho que no supiera que sentir, si felicidad, nostalgia, enojo, tristeza. Sus emociones simplemente no sabían que transmitirle, estaban atoradas en alguna parte de su cerebro sin atreverse a moverse, inútiles, cobardes e inservibles… y en ese momento llego a tal grado, que se dio cuenta de que ya no podía sentir nada en ese momento.
Sin embargo, no podía dejar a su hermana, no ahora. Las estúpidas cursilerías morales la estaban limitando, y estaba perdiendo el rumbo de cualquier propósito que pudiera tener antes y después.
Tal vez, nunca tuvo realmente un propósito, ni cuando juro venganza, ni cuando se unió a su hermana… tal vez, los lazos sanguíneos que las unían, eran demasiado ácidos, tanto, que la estaban corroyendo, como si el veneno se hubiera instalado en sus sentimientos, y estos, hubieran desaparecido ya en medio de la corrosión.
Ya no era nada. Ya no era nadie. Ya no podía sentir nada… fue tan absurdo todo eso, que ya fuera por la muerte de las bebés, por las estupideces que estaba haciendo, por sus mil y un ideas y preguntas sobre lo que había hecho y sobre regresar, sobre su traición y su venganza, sobre su lucha, sobre los zapatos, sobre su nada, todo, absolutamente todo era tan carente de elocuencia, lógica alguna y tan extremadamente absurdo, que un par de lagrimas rodaron por su cara en ese momento.
¡Hola! ¿Cómo están? Disculpen la tardanza, ya saben, nada lo justifica pero he estado ocupada con conciertos, ensayos y demás, (¡Por que toque en el Festival de Cervantino!), además de que cabo de atravesar una pequeña "crisis del escritor" y un fuerte golpe de distimia.
Como sea, con respecto al capitulo, me quise centrar en Saya, con respecto a las recientes ideas de regresar al Escudo Rojo. Sí, la chica tiene deseos de regresar por que después de todas las malas cosas que han pasado en tan poco tiempo estando al lado de su hermana, cayo en la cuenta de que la cago. Se fue con Diva, sin pensarlo bien, un tanto impulsada por Hagi y su enojo, y ahora se ha dado cuenta de que su futuro al lado de Diva es incierto y eso no era lo que tenia en sus planes, y con respecto a que Saya "ya no siente nada" es que esta tan confundida, que sus sentimientos estan como atorados, y ha optado por no sentir nada para facilitarse la situación. Con respecto a Diva, sí, perdió a las bebés, pero no nada más por que si, todo tiene su razón y lo verán muy pronto. Puede que algunos vayan a sorprenderse mucho por las razones que daré a conocer sobre este asunto de Diva, y tal vez hasta crean que la chica ha perdido la razón, pero ya verán, todo esta planeado y calculado.
Debo admitir, que escribir a Hagi fumando aun me sorprende un poco incluso a mí. No debería, casi todo el mundo fuma, o lo ha hecho, o lo hace esporádicamente, y no se, Hagi tiene pinta de ello. Debo decir que escribir a Saya fumando es aun mas raro para mi, pero es solo una muestra de cómo se ha dejado influenciar tan fácilmente por su hermana y su tipo de vida, y sobre como terminara todo el asunto gracias a ello.
Creo también que el capitulo me quedo algo rápido, y siento que me falto describir mejor los sentimientos de Saya, pero pues, la idea era dejarlo un tanto confuso, caótico, ir de una cosa a otra sin saber que esta pasando con exactitud, no se si lo logre, ustedes me dirán.
Gracias como siempre a los que dedican un tiempo a leer este fic y dejar un review, a los que lo ponen en favoritos o en alerta, y a los que han tenido la paciencia de leer hasta aquí y esperar algunas de mis demoras. ¡Muchas gracias!
Me despido
Agatha Romaniev
