Y bueno, eeeehmmm, lo admito, en este capítulo se me fue bastante la pinza xD Perdonadme u.ú
Aquí os lo dejo xD
Capítulo 13
La final de Pekín y el desmadre de Odaiba (narrado por Cody y T.K.)
Me presento ante todos los que estén leyendo esta historia, ya que hasta el momento no he aparecido casi. Mi nombre es Iori Hida, aunque todo el mundo me llama Cody. Tengo once años para doce en Agosto. Mido un metro cincuenta y cinco centímetros y peso cuarenta kilos y medio. Mi pelo, es castaño oscuro, y mis ojos color verde aceituna. Mi estilo de vestir, es bastante clásico, sin llegar a antiguo. Me considero una persona pacífica y amante de la justicia. Mis aficiones, son el Kendo, principalmente, pero hay algo que lo supera, y es pasar tiempo junto a Armadillomon, mi digimon, y junto a Águeda, mi mejor amiga. Pero no voy a entretenerme más dando explicaciones, y voy a pasar directamente a mi crónica personal de la final del campeonato infantil de Kendo de aquel año y de lo que ocurría en Odaiba entre tanto (T.K. tuvo la amabilidad de relatarlo todo). Espero no haber aburrido a nadie con esta pequeña descripción, era sólo para que tuvieseis una idea de mi persona. Bueno, como veis me estoy volviendo a "enrollar". Voy a empezar ya con mi parte del libro, que luego continuará T.K., y que finalmente volverá a mí.
Yo, Cody Hida, llevaba ya cuatro largos años practicando Kendo, mi abuelo, ante la triste ausencia de mi padre, me enseñaba. No obstante, en ninguno de aquellos periodos de tiempo anteriores tuve la oportunidad de participar en ningún certamen de dicho deporte, debido a mi corta edad. Ahora, para que tengáis un poco más de cultura, os hablaré un poco más del Kendo, ¿sabéis una cosa? Si mi amigo Daisuke lee esto, se hubiese quedado ya roque perdido...Bueno, a lo que iba. El Kendo, es un deporte muy similar al esgrima. Se juega con espadas de bambú, llamadas Kaisho. Es un juego en el que dos personas combaten intentando tocar a la otra con el Kaisho, y a la vez esquivar los golpes del otro combatiente. También se llama esgrima japonesa, y deriva de la antigua lucha con espada. Espero que ahora tengáis claro el concepto de este bello deporte.
El caso, es que aquel año había decidido participar finalmente en un campeonato de esta disciplina deportiva. Mi trayectoria, según las revistas, había sido envidiable en todos los sentidos, aunque a mí no me lo parecía tanto. Más bien, era mi fiel amiga Águeda la que me animaba a seguir. ¡Perdonadme! No os he hablado de ella... Bueno, Águeda es un encanto de chica. Su pelo, es rubio y largo. Cuando el sol pega fuerte en él, parece hasta de oro. Sus ojos, son de un azul oscuro, precioso, y tiene una mirada que transmite decisión y confianza. Mucha confianza. Es un poco más alta que yo, y debido a su gran afición al deporte, está en muy buena forma. Practica, como ya he dicho, diversos deportes, pero su favorito es, sin duda alguna, el baloncesto. Su estilo de vestir, también está ligado al deporte: siempre lleva chándals o similares, y dudo mucho que la podáis ver alguna vez con falda. Es una persona alegre, decidida, confiada (en ella misma y en los demás), impetuosa, fuerte, tanto mental como físicamente, y un tanto malhablada en ocasiones (tendríais que haber visto la cara de mi abuelo cuando Águeda dijo que el té estaba "de p*ta madre"). Ella y yo éramos muy buenos amigos, y me protegía mucho de la gente que se metía conmigo, que no era poca precisamente. La conocí cuando... ¡RIIINGGGGG! ¡Cáspita, el teléfono! Voy a cogerlo...
(...)
Ya está. Bueno ¿por dónde iba? Vaya, siento no acordarme. Me suena que era algo de Águeda, pero tampoco estoy seguro...Bueno, pues seguiré con lo del campeonato. Mi trayectoria envidiable tuvo como fruto mi correspondiente puesto en la final. Combatiría por el premio final contra un chico al que en China (¡la final se disputaba en Pekín!) llamaban el "Káiser" (emperador), pero que no tenía nada que ver con Ken, claro. Tenía algo de miedo, ya que aquel chico era despiadado y, una vez, le...sacó el ojo a un combatiente: ¡con casco incluido! ¡Ah! ¿Qué no he mencionado el casco? ¿Ni nada de la vestimenta? Bueno, ahora mismo no me acuerdo de los nombres de cada cosa…
Joé...digo...cáspita. Se me ha vuelto a ir la olla...digo...cabeza a otro sitio. ¡Ah, sí! En la final, lucharía contra el "Káiser", y a ella, asistirían mi madre, mi abuelo y Águeda, bueno, y nuestros digimons (el suyo es Voltmon, muy simpático ¿o es una hembra?). Dicha final, tendría lugar el día veinticinco de Febrero. El día anterior, a primerísima hora de la mañana, me desperté y me dirigí ipso-facto a hacer los últimos preparativos. Entre tanto, mi madre preparaba el desayuno, y mi abuelo pululaba medio grogui por la casa.
- ¿Has preparado todo, abuelo? – pregunté.
- ¿Eh? Sí, desde lueeeeeeeeeeego. Oye, anda, dame un vaso de fragua.
- ¿?
- Sí, de fragua.
- Querrás decir agua.
- ¿Qué he dicho pues?
- Nada, déjalo. Ahora mismo te traigo el vaso... – comencé a caminar. Al poco cacho de camino, me topé con Armadillomon. Hizo un gran bostezo, y me dijo sonriente:
- ¿Qué hay de dezayuno?
- ¡Siempre pensando en comer! La verdad, entre tú, Agumon y Veemon acabaríais con la despensa...Anda, ven conmigo. Precisamente, me dirigía a la cocina.
- ¡Eztá bien, Cody! – proseguimos nuestro camino, y tomamos un COPIOSO desayuno. Lo malo, fue que mi abuelo, del que me había olvidado ya, irrumpió de repente reclamando su "Fragua" a grito pelao, y dando tumbos. Al final, acabó con la "Fragua" en la cabeza, y se despertó de una maldita vez.
Cuando acabamos de desayunar, comprobamos por última vez que estuviera todo metido, nos montamos en el coche de mi madre, y nos dirigimos a casa de Águeda. Ella, ya estaba sentada en el portal. Iba vestida con un anorak blanco y unos pantalones de chándal negros. En el pelo, llevaba un gorro de invierno, la verdad es que hacía un frío que pelaba. Sonrió, cogió su mochila, y fue hacia el coche ¿había mencionado la preciosa sonrisa que tiene? Bueno, que sí, que abrió la puerta del coche y se sentó a mi lado.
- Hola Cody – dijo – Qué ¿nervioso?
- Un poco... ¿Voltmon? – inquirí, al notar su ausencia.
- No le apetecía venir, y le mandé a tomar por culo – mi madre y mi abuelo, se quedaron lívidos. Yo, me tapé la cara. Águeda, se dio cuenta, y dijo:
- ¡Je, je! Era broma...Por cierto, señores Hida ¿qué tal están?
- Muy bien, Águeda – respondió mi madre.
- ¡Sí! – continuó mi abuelo - ¡Como dirías tú, de p*tísima madre!
- Ah... – dijo ella, un poco avergonzada.
- ¿A qué hora sale el avión? – pregunté.
- A las once en punto – contestó mi madre.
- ¿Y qué hora es ya? - inquirió mi amiga.
- Las punto en nueve – contestó mi abuelo.
- Las nueve en punto... – finalicé yo. A Águeda, parecía divertirle mi abuelo.
Llegamos al aeropuerto a las nueve y media. Misteriosamente, el avión salió a su hora, y todo. En el viaje, de aproximadas cinco horas, nos sirvieron de regalo unas bolsas de patatas fritas, que a mi parecer, tenían de todo menos patatas. Aun así, resultaban agradables al paladar. Cuando llegamos a Pekín, finalmente, lo primero que hicimos fue ir al hotel a dejar todo. Entre tanto, en Odaiba...
(Parte de T.K.)
Hacía escasos minutos que me había conectado al Messenger, desde casa de mi padre, aunque misteriosamente no había ni un alma. Me entretenía navegando por internet en busca de libros escritos por gente de más o menos mi edad, publicados en internet. Curiosamente, cada día había lo menos diez nuevos, algunos de ellos realmente originales. El que iba a comenzar a leer en aquellos momentos, era una novela policíaca, de las que a mí me gustaban. Cuando ya me disponía a leer el prólogo, apareció un mensaje en pantalla que decía:
"Davis el perturbado" está en línea. Pasaron unos escasos segundos, tras los cuales mi amigo Davis me abrió un privado:
Davis el perturbado dice:
Hla, rubiales.
TK dice:
Hola
Davis el perturbado dice:
Q tl?
TK dice:
Bien.
Davis el perturbado dice:
Yo tb. Sta tard ay fiesta n kasa de Yolei.
TK dice:
A son de qué?
Davis el perturbado dice:
A son de que le aptece. Sgún ella xq kiere clebrar x adlantado la victoria d cody.
TK dice:
Ajá. Y si pierde?
Davis el perturbado dice:
Ya, la povre ta loca perdía´.
Davis el perturbado dice:
Weno, ¿vienes al fiestorro o no?
TK dice:
Kienes tamos?
Davis el perturbado dice:
Nsotros dos y Ken.
TK dice:
Y ls mayores?
Davis el perturbado dice:
No xq sólo puedn ir cuatro prsonas contándose ella.
TK dice:
Okis. Hra?
Davis el perturbado dice:
A las 530 en l paruqe.
TK dice:
Bien. T djo, me llama matt.
Davis el perturbado dice:
Ta luego, TIO BUENO.
TK dice:
¿?
Davis el perturbado dice:
JEJEJEJEJJEJJEJJEJEJJEJEJEJJEJEJEJEJEJJEJEJJEJEJEEEEEEEEEEEE
Y cortó la conversación por lo sano. No comprendía a Davis, hacía cada cosa rara...En fin. Fui a la habitación de Matt, que al verme dijo:
- ¿Qué tal estoy, hermano? – iba curiosamente bien peinado, con lo menos siete litros de gomina en el pelo.
- Muy bien, pero ¿por qué te has arreglado tanto?
- Tai y yo hemos quedado con Sorita. ¡JA! Habrá que ver qué pintas lleva él.
- Así que Sora os gusta ¿eh? No me digas que no, te has delatado tú mismo.
- Bueno, está bien. No se te escapa una ¿eh? – me revolvió el pelo – Bueno, enano, me largo. ¿Tú que vas a hacer?
- He quedado con Davis, Ken y Yolei, porque va a hacer una fiestecilla.
- Yolei está siempre montando fiestecillas... ¿por qué es esta vez, T.K.?
- Para celebrar que Cody ha ganado el campeonato de Kendo.
- Pero ¿no era mañana la final?
- Ya, es que lo quiere celebrar por adelantado...Y vosotros ¿qué vais a hacer con Sora?
- Vamos a ir a un bar nuevo... ¡a ponernos como cubas! – lanzó una risotada.
- Bueno, tú puedes, ya eres mayor de edad, pero Tai y Sora aún no han cumplido los dieciocho.
- ¿Te crees que eso les importa a los del bar? Ellos sólo quieren vender. ¡Qué inocente eres, hermanito!
- ¡Deja de tratarme como a un crío! ¡Ya sabes lo mucho que odio eso!
- Pues bien que llorabas cuando me iba, cuando tenías ocho años...
- Pero ahora tengo catorce para quince.
- Has crecido muy rápido, T.K., la verdad...Deja que te haga una pregunta.
- Pregunta lo que quieras, otra cosa es que te responda...
- ¿Has tenido algún lío con Kari?
- No, ¿por qué?
- Curiosidad...pero habrás salido con alguna ¿no?
- No, con ninguna.
- ¿En serio? Caray, no pareces hermano mío...bueno ¿y con quien fue tu primer beso?
- Eh...siento parecer idiota, pero no he besado a nadie...
- ¿A nadie? - negué con la cabeza, mientras me preguntaba ¿por qué se extrañará tanto?
- No, a nadie.
- Joder... eres más crío de lo que pensaba.. dime que al menos te gusta alguien, por favor – parecía desesperado.
- Bueno, sí, eso no lo niego...
- ¡Menos mal...¿y quien es?
- No te lo voy a decir. ¡Siempre preguntas lo mismo!
- Anda, T.K.-... te puedo echar una mano...Yo he admitido que me gusta Sora.
- Mm...está bien...Kari.
- ¡Lo sabía! ¿Y a qué esperas para declararte? ¿Qué tienes que perder?
- Para empezar, está en Estados Unidos, para seguir, primero tengo que hablar con cierta persona de ello.
- ¿Con quien?
- ...
- Bueno, si hay otra persona implicada, lo entiendo...Me tengo que ir, hermanito... – me revolvió el pelo, sonriente y añadió con malicia - ¡No me esperéis despiertos papá y tú!
- Okis, pásatelo bien, y no bebas demasiado.
- Desde lueeeeeeeeeeego.
- Lo digo MUY en serio.
- Crece de una vez, T.K. Adiós... – finalizó, mientras se dirigía a la puerta. Se fue. Entonces, miré mi reloj. Eran ya las cinco menos cuarto, y decidí ir preparándome, ya que me encontraba e casa de mi padre, en Hikarioka, y había un buen trecho hasta Odaiba.
Entre tanto, mi amiga Yolei, estaba sola en casa. Parecía buscar algo...
- ¡Tengo una sed que me muero! Poromon ¿por qué tuviste que acabar con la limonada?
- ¡Yo también tenía sed, Yolei!
- Ay... ¡y encima el supermercado cerrado! ¡Y paso de beber agua del grifo! Voy a mirar en este armario... – abrió el armario, esperando tener más suerte que con los otros ¿veinte? anteriores. En él, había una bonita botella transparente, con un líquido anaranjado dentro, y un melocotón dibujado en la parte frontal. Yolei, pareció alegrarse de repente - ¡Qué bien! Zumo de melocotón...aunque es muy raro: no está en tetra-brick, como los zumos normales...
- Será un nuevo envase.
- Sí, eso mismo pensaba yo...bueno, voy a beberlo... – sacó un vaso, se sentó a la mesa, y se echó todo el vaso de zumo, o al menos eso era lo que ella pensaba que era...Se bebió el contenido del vaso de golpe. Sació su sed...en parte. De repente, se sintió feliz, y dijo:
- ¡Qué rico está esto! Tiene un sabor un poco fuerte, tal vez lleve algún ingrediente nuevo... – (bueno, por si alguien lo dudaba, lo que se había bebido Yolei era un vaso de licor de melocotón) – Lo único, que da más sed...bueno, ya que estoy, me voy a beber lo que queda, después de todo, no es atno, digo, tanot, o sea, tanto. – comenzó a beber el resto de la botella, que en total era de un litro. A medida que lo iba haciendo, se sentía más feliz, y motivada para hacer CUALQUIER cosa. También estaba ligeramente mareada, aunque no le dio importancia alguna. Cuando acabó la botella (a los cinco minutos) sonrió a Poromon con sonrisa demente, y le dijo:
- Jodo, que ico ta esto...tengo que compra maas. ¿Qué hora esssssss?
- Las cinco y cuarto.
- ¡VAAAAAAAMOOOOOOOOSSSSSSSS PUEEEEEEESSSSSSSSSS! ¡HIC! Vaya, ahora tengo jipo. Hay que 'oderse... – dijo, con tono de...borracha, como queréis que os lo explique. Abandonó la casa, tambaleándose, y su digimon la siguió. Tardaron más de lo normal en llegar, dado que Yolei iba dando tumbos a casi cada paso. Nada más llegar, sonrió con la misma sonrisa demente a Ken, el único que ya había llegado, junto a Louise.
- ¡Hooola, Ken! ¡HOoola lOuisewsgaf! Ay, pefdona, Louise. ¡hic! – en aquel momento, Ken dijo:
- Bonita actuación, Yolei, pero es un tema serio, así que deja de actuar.
- ¡Qué atuación ni qué gojones! ¡Yo soy así! – miró de arriba a abajo a Ken y dijo – Leñe, que güeno tas. ¡HIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIC! – se cayó sobre él, casi tirándolo al suelo. A los pocos segundos, se levantó y dijo:
- Perdona, macizorro, o sea, Ken, ejque tengo jipo.
- ¿Hipo? – dijo Ken, comprendiendo ya la situación de su amiga - ¡Lo que tienes tú, es un pedo de aquí a Kyoto!
- ¿Insinúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuas que estoy borracha? ¡Anda ya! Lo único que he bebido, ha sido un litrico de sumo de malacotón.
- ¿UN LITRO? – en aquel momento, aparecieron T.K. y Davis. Ken dijo, sin saludar:
- Chicos, tenemos un problema. – abandonó a Yolei, la cual se agachó y se puso a hablar con Louise, y se dirigió a los demás. Davis, dijo:
- Qué vital parece estar hoy Yolei ¿no?
- ¿Vital? – dijo Ken - ¡Lo que está es borracha!
- ¿BORRACHA? – inquirimos Davis y yo. Nos dirigimos a Yolei, que dijo, alegre:
- Hooooooombreeeee, amiiiigooooos míoooooos, ¡qué feeeeeeeeeeeeeoooooos estáis, 'oñoooooo!
- Jolín, qué pedal lleva encima la pobre – dijo Davis - ¡Yolei! – la chica, miró a Davis y dijo, enfadada:
- ¡No soy Yolei! ¡Ahora soy digimon emperatriz, y Ken, el macizorro, es mi emperador! – se abalanzó sobre Ken, y le besó apasionadamente. Ken quedó paralizado ante aquel impulso de la que había sido su pareja.
- Ay, Yolei... – suspiró Ken al fin – Estás peor de lo que pensaba.
- ¡Que no soy Yolei! ¡Soy digimon emperatriz, cariño!
- ¿Qué hacemos ahora? – inquirió Ken. Yo, recordando alguna vez que le había ocurrido lo mismo a mi hermano, dije:
- Primero, deberíamos ir a su casa para ver que es exactamente lo que ha bebido.
- Está bien. Me parece buena idea – afirmó Ken. Después, se dirigió a Yolei diciendo - ¿Vamos a tu casa?
- ¡Háblame de usted!
- Eh...está bien...estoooo... ¿tendríais la amabilidad de llevarnos hacia vuestro castillo?
- ¡SÍ! Pero con una condición...
- ¿Cuál? – dijo Ken, temiéndose lo peor.
- ¡Me tienes que besar lo mejor que sepas!
- ¿QUÉEEEEEEEEEE? – gritó. Seguidamente, imploró ayuda con la mirada a Davis y a mí. Davis dijo, divertido:
- Nada, nada. A seguirle la corriente, Ken. – Ken, parecía desesperado, yo asentí corroborando así la afirmación de Davis.
- ¡No tenfo to el diaa! – exclamó Yolei.
- Ay... – suspiró mi amigo – Davis, anda, tápale los ojos a Louise...y ya que estás, tápatelos tú también. Para que no puedas dar testimonio de esto.
- Está bieeeeeeen... – dijo, tapándole los ojos a Louise, y cerrándolos él mismo. Ken al fin pareció satisfecho y dispuesto a cumplir lo que Yolei pedía. Lo que nunca supo (y si lee esto se cargará a Davis) fue que Davis sacó una foto de aquel momento.
- ¡Muy bien, Ken! ¡Has estado de 'uta madre!
- Gracias...
- ¡Vamos a mi kasra!
Tras aquella última frase de nuestra ebria amiga, nos dirigimos, ella con visible dificultad, a su casa. Nada más entrar, ella y Ken fueron de estampida a la cocina, donde aún continuaba la botella de licor...vacía.
- ¡Te la has bebido entera! – gritó Ken. Yolei comenzó a llorar.
- ¡Buaaaaaaaaaaa! ¡No me grites! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaa!
- Eh, perdona... – Yolei dejó de llorar súbitamente.
- ¡No ha pasau na de na! ¡Quítate la camiseta! – suplicó. Ken parecía muy atemorizado. Sin dudarlo un momento, salió corriendo de la cocina. Yolei volvió a su llanto.
- ¡BUAAAAAAAAAAAA! ¡KEN NO ME QUIEREEEEEEEEEEEEE! – entre tanto, Ken llegó a donde estábamos Davis y yo. Davis, preguntó:
- ¿Qué le has hecho?
- ¿YO? ¡NADA!
- ¿Entonces por qué llora?
- ¡Porque está loca!
- ¡Yo no estoy loca! – replicó Yolei, que acababa de llegar - ¿Pod qué no me quieres, Ken?
- ¡Yo no he dicho eso!
- ¡BIEEEEEEEEEEEEEEN! ¡KEN ME QUIERE!
- ¿?
- ¡Venga, haz lo que te he disssho!
- ¡NI HABLAR!
- ¡ENTONCES NO ME QUIERES! ¡SÓLO QUIERES A LA PIJA E **** **** DE MAYUMI!
- Yo me largo... – dijo Ken.
- Ni hablar, Ken – dije – Te quedas. Y le vas a seguir la corriente.
Entre tanto, ya se habían hecho las seis y media de la tarde. Sora, Tai y Matt, se sentaban en un banco.
- Qué bazofia – dijo Tai – Todos los bares cerrados por descanso semanal.
- Sí, ya es tener mala suerte – corroboró Matt.
- No es tan mala suerte, fue solo que Tai leyó mal. Era en una semana cuando abrían el bar, no hoy. Por otra parte, mejor.
- ¿Por qué? – preguntó Tai.
- Porque PASO de estar con dos tíos borrachos.
- ¿Pero no te ibas a emborrachar tú también? – inquirió Matt.
- En principio, sí, pero me da miedo lo que pueda ocurrir. Imaginaos: dos chicos y una chica borrachos. Podría, bueno, podríamos, llegar a hacer cosas entre nosotros de las que luego nos arrepentiríamos.
- Te aseguro que yo no, Sora. – dijo Tai.
- ¡Serás guarro! – y le dirigió una mirada asesina.
- ¿Qué hacemos ahora, chicos? – preguntó Matt.
- ¡Ya sé! ¡Tengo porros! ¡Vamos a fumárnoslos!
- Mmm – dijo Matt – Bueno, ¿qué podemos perder?
- Pues yo no pienso hacerlo. – afirmó Sora, con madurez.
- Allá tú – dijo Tai, encendiendo el porro, y ofreciéndole uno a Matt.
- Yo...lo he pensado mejor y...casi que paso.
- ¡COBARDE!
Volvemos a la casa de Yolei. Ken, al final, había cedido a la extraña petición de la chica. Esta, se encontraba sentada en el sofá, cosa que habían conseguido a cambio de contarle chistes lo más graciosos posibles. Pero no Ken. Él, se encontraba en el cuarto de la chica, alejado de ella para que no le siguiese pidiendo cosas raras. De repente, vio algo en la mesa de Yolei.
- Un diario – se dijo – Tal vez diga algo de mí...o tal vez no. ¿Y si echo un vistazo? No, no es buena idea curiosear en sus cosas...Pero hay algo que me impulsa a hacerlo. Está bien, pero sólo un pequeño vistazo... – se levantó, y cogió el diario. Lo abrió por una página al azar, y comenzó a leer.
Viernes seis de febrero:
Definitivamente, todo esto es superior a mis fuerzas. Si no hubiese aparecido Mayumi, todavía podría tener alguna oportunidad, pero ya no. Creo que no voy a poder evitar que ella y Ken salgan, además, tampoco quiero hacerlo, quiero que él sea feliz, aunque yo no lo sea. En fin, de todos modos, supongo que si él es feliz, yo también lo seré, pero ¿por qué demonios no podemos serlo juntos? ¿Por qué?
En aquel momento, Ken oyó un ruido, y cerró el diario instintivamente,. Total que solo era un lápiz que se había caído. Entonces, empezó a pensar...
"Sabía que a Yolei no le hacía mucha gracia lo de que Mayumi volviese a mi vida, pero nunca pensé que fuese para tanto...Y lo peor, es que Mayumi cada día me gusta más...no sé qué hacer, quiero mucho a Yolei, pero Mayumi también me gusta, y no puedo hacerle eso a Yolei, no puedo salir con ella si me gusta otra persona. Por otra parte, ella sufre mucho..." en aquel momento, entré en la habitación:
- Ken, ven, vamos a...¿qué te pasa? – dije, al ver que en su rostro corrían algunas lágrimas.
- Nada, no es nada.
- Ken, sé que no tienes tanta confianza en mí como en Davis, o en Yolei, pero aun así, sé que te pasa algo. Te puedo ayudar, así que dime lo que sea.
- Te agradezco tu ayuda, pero es que no puedo. Hay más gente implicada, y no quiero andar...
- Bueno, si es así, lo entiendo. Yo también tengo un problema ¿sabes? Mi hermano ha intentado ayudarme, pero no puede, puesto que hay más gente implicada. Te comprendo perfectamente – y sonrió.
- Gracias, bueno, T.K., ¿qué era lo que ibas a decirme?
- Que vamos a llamarle a Matt, para que venga a ayudarnos junto a Sora y Tai a hacer algo con la pobre Yolei.
- ¿Cómo está?
- Se ha quedado dormida, o al menos se hace la dormida.
- Está bien, vamos – dije, mientras que ofrecí mi mano a Ken para ayudarle a levantarse. Salimos juntos de la habitación, y volvimos al salón, donde Davis veía la televisión con Louise, y Yolei dormía.
- ¡Hombre, Ken! Mira, creo que ya no corres peligro. Bueno, llamamos a Matt ¿no?
- ¡Claro! – exclamó Ken. Descolgué el auricular, y marqué el número de teléfono en cuestión. Al principio, parecía que no iba a coger, pero después de unos siete u ocho timbres, el nombrado Matt habló. Por su tono, parecía nervioso.
- Matt, hermano – dije - ¿Qué tal?
- Pos hombre...no me pillas en buen momento,
- Lo siento, pero es que tenéis que ayudarnos.
- ¿Qué ocurre, o qué?
- Pues que Yolei ha confundido el zumo de melocotón con el licor, y se a zumbao una botella de litro.
- ¿Y eso es un problema?
- Pos más bien, porque como se despierte, es posible que el pobre Ken acabe en pelotas.
- Bueno, T.K., míralo por el lado bueno. Al menos vosotros no tenéis a alguien besándose con una farola.
- ¿Qué quieres decir?
- Que el bar estaba cerrado, y a Tai se le ocurrió la genial idea de fumarnos un porro, aunque al final sólo lo ha hecho el. Y bueno, luego le apetecía otro, y otro...en fin, que está más fumao que otra cosa.
- ¿TAI FUMAO?
- ¿Te extraña, o qué?
- No, no...¿y Sora? ¿Qué hace?
- Huir de Tai, más que nada, aunque ahora que él piensa que ella es la farola...¿dices que Yolei está borracha?
- Sí. ¿Podéis ayudarnos?
- ¡Claro! NO me lo perdería por nada del mundo. Estaremos allí en cuanto podamos ¿OK?
- Sí, gracias. – y colgué. Me giré a los demás y dije.
- Chicos, sí que van a venir, pero...
- ¿Pero qué? – preguntó Davis.
- Que Tai está fumao.
- ¿Fumao? – inquirieron a la vez Davis y Ken.
- Lo que debe ser eso... – dijo Davis.
- Pobres Tai y Yolei... – añadió Louise.
- ¿También sabes qué es estar fumao? – pregunto Ken.
- ¡Pos como no lo voy a saber, si tú un día te fumaste uno!
- ¿QUÉ? – preguntamos Davis y yo a la vez. Ken se puso rojo:
- ¿Es verdad eso, Ken? – pregunté.
- Sí, lo es – contestó él, tímidamente.
- ¿Qué te llevó a hacer eso? – inquirió Davis.
- No sé, un chico me ofreció al salir de clase, y tuve curiosidad por probarlo.
- ¿Y qué sentiste?
- Sólo era uno, así que casi nada. De todos modos, no me acuerdo de qué pasó.
- Jolín, Ken – dijo Davis – Al final, el único normal en esta casa voy a ser yo.
- ¿Normal tú? – inquirí.
- ¿QUIEEEEEEEEEEEEEEEEEN ESSSNORMAL? – dijo una voz demente: Yolei había despertado.
- Yo me voy a la habitación... – djo Ken.
- ¡DE ESO NADA! ¡EL QUE FENTRA YA NO JALE! ¡LOUISE, CARIÑÍN! – exclamó Yolei, comenzando a abrazar a la pequeña.
- De esta, tu hermana se traumatiza – dijo Davis.
- ¿Qué hago ahora? – añadió Ken,
- ¡¿Qué QUÉ HACVES AHORA? – exclamó Yolei - ¡VE A VESTIRTE ANTES DE QUE NUESTRA HIJA TE TOME POR UN PERVERTIDO!
- ¿Eh? – dijo Ken, sin comprender – Bueno, si insistes... – y se puso la camisa.
- Joé, ahora se piensa que Louise es hija suya y de Ken... – dije.
- ¡Qué habrá estado soñando! – exclamó Davis. Ambos nos comenzamos a reír. De repente, sonó el timbre.
- ¡ABRO YO! – anunció Yolei. Antes de que pudiéramos impedírselo, fue reptando (sí, como lo oís, reptando hasta la puerta) y abrió. Ahí estaban Matt, Sora y Tai, hablando con el timbre.
- ¡Bienvenidos a mi guarida! – saludó Yolei, desde el suelo - Qué altos sois ¿no?
- Bueno, señor interruptor – dijo Tai – encantado de hablar con usted. Hasta otra. – y junto a los demás entró en la casa.
- Hola, hermano – saludé.
- Hola.
- ¿Qué podemos hacer ahora? – preguntó Davis – Tenemos a dos locos en una casa.
- ¿Ha dormido algo? – preguntó Sora.
- Eh...sí – contestó Davis – Se ha echado una siesta.
- ¡JA, JA! ¡OS LO HABÉIS CREÍDO! – exclamó Yolei - ¡Sólo esperaba a que mi marido volviera de su trabajo!
- ¿SU MARIDO? - cuestionaron Matt y Sora.
- Eso es lo que ella piensa – dije encogiéndome de hombros - ¿Pero qué hace Tai? – Todos miraron a Tai. Observaba a Davis, extrañado.
- ¿Quién eres tú? ¿Mi doble, acaso? Aunque eres un poquito raro, te veo todo de colorines... ¡JE, JE JE, Y AHORA ERES NEGRO! – exclamó Tai, tirándose al suelo, y comenzándose a reír. A Davis también le entró la risa. Entre tanto, Yolei le decía a Louise:
- Vamos, hijita, es hora de tu baño diario... ¡KEN, AYÚDAME CON LA CRÍA!
- Esto es un desastre... – dijo Ken, ya desesperado.
- Un segundo ¿ha dicho baño? – inquirió Sora - ¡Ya está! Probablemente si Yolei se baña, se calme.
- Sí, ¿y quien va a ser el valiente que se lo ordene? – preguntó Davis.
- Ken...me encuentro mal – dijo Yolei, ya no tan feliciana.
- ¿Yolei? ¿Qué te ocurre?
- ¡Ahí va! Un oso hormiguero – exclamó Tai, refiriéndose a Yolei. La chica, fue de estampida al baño, y echó una buena vomitona. Ken, fue tras ella, y se encontró el espectáculo.
- ¿Qué me pasa, Ken? Me siento mareada...la bebida mágica, me dio fuerzas, pero ahora...
- No sé si podrás comprenderlo, Yolei, pero no era una bebida mágica precisamente. Era una botella de licor de melocotón.
- ¿Entonces estoy borracha?
- Exacto, me alegro de que lo hayas comprendido... ¿sigues pensando que estamos casados?
- ¿Qué? ¡Puaaaajjjj! – y continuó vomitando - ¿He hecho algo malo?
- Eh...no. No te preocupes.
- Me siento fatal...
- Normal...ahora, será mejor que duermas. Pero esta vez de verdad ¿vale?
- Sí, Ken. ¿Me quieres?
- ¿Eh?
- NO me quieres ¿verdad? Lo noto en tu mirada, por muy borracha que esté.
- Yo no he dicho que no te quiera.
- ¡Entonces, sí!
- Tampoco, Yolei.
- NO te entiendo, Ken... ¡buaaaaaaaaa!
- Deja de llorar, por favor. – suplicó Ken.
- ¡No puedo!
- Anda, ve a dormir.
- Está bien Ken. Lo haré. – salieron del baño, y Ken acompañó a Yolei hasta su dormitorio. La chica se metió en la cama, y se durmió enseguida. Ken, volvió al salón.
- Yolei está dormida. ¿Cómo va Tai?
- Psé, está empeñado en que Louise es un duende – dije.
- ¡Enséñame tu magia! – gritaba Tai.
- Pobre Louise…- suspiró Sora.
- Bueno, chicos – continuó Ken- ¿Qué hacemos con Tai?
- Tú sabrás, Ken – dijo Davis - ¿Qué hiciste tú cuando te fumaste aquel porro?
- ¿Yo? No hice nada, pero mi madre, me metió la cabeza en la ducha.
- ¿Has dicho ducha? – preguntó Tai - ¡Yo tango una alergia tremenda a esos chismes!
- Bueno – dijo Sora – sería buena idea, pero mirad por dónde ya tenemos un problema.
- De eso nada, Sora – contestó Matt – Tai.
- ¿Qué pasa, señor escoba?
- Eh...la señora...ducha, dice que eres un inútil.
- ¿Qué? ¡Va a ver esa asquerosa! – y Tai salió de estampida a buscar el baño. Entre tanto, Ken accionaba el grifo, comprendiendo el plan de Matt,
- ¡Así que aquí estás! ¡Vas a ver, bellaca! – y se metió dentro de la ducha. Cuando salió estaba todo mojado.
- ¡Esa cerda me ha chirriao! Pero conseguí apagarla. ¡Ja! Menudo soy yo.
- ¡Muy bien, Lord Tai! – exclamó Davis.
- ¡Gracias doble mío! ¡Eh, si ya no eres de colorines!
- Voy a buscar una toalla – dijo Ken.
Al poco rato, Ken volvió con la toalla. Secaron a Tai, y tras ello, Tai, Sora y Matt, volvieron a sus respectivas casas. En la casa de los Inoue, sólo quedábamos Ken, Davis y yo.
Llegó la madre de Yolei, y, lógicamente nos preguntó por ella. El contamos lo que le había ocurrido, diciendo que no tenía la culpa de nada. Nos dio las gracias por tratar tan bien a su hija, y nos fuimos.
Louise, por suerte, no acabó demasiado traumatizada.
Tai, por su parte, llegó a su casa con aún algún efecto de los porros, y su madre, se lo encontró hablando con una foto de Kari.
- Tres horas hablando contigo, y pones todo el rato la misma jeta. Hermanita mía, así no ligarás ¡NUNCAAAAAAAA!
Al día siguiente, tanto Yolei como Tai estaban perfectamente, Pero no mi amigo Cody. Aquel día era el de su final de Kendo, y estaba muy nervioso.
(Parte de Cody)
Al día siguiente, amanecí nervioso. Me vestí apresuradamente, y observé el reloj: eran las 9:00 de la mañana. La final, tendría lugar a las doce de la mañana, así que no tenía tanto de qué preocuparme...De todos modos, bajé al restaurante a desayunar. Ahí, estaban ya mi abuelo y mi madre.
- ¡Hola, hijo!
- Hola.
- Aburnaslkmndasn. – dijo mi abuelo.
- ¿Qué? – pregunté. Mi madre se encogió de hombros, y dijo:
- Ya sabes que siempre está igual al levantarse.
- ¡QUIERO UN FASO DE TUFÉEEEEEEEEEEEE! – gritó el anciano. Todos se le quedaron mirando.
- ¿Qué se supone que es eso? – pregunté.
- Café. Voy a pedirle uno – se levantó, y se dirigió a la barra. Entre tanto, apareció Águeda, que se sentó a mi lado. Llevaba un croissant que tenía un aspecto delicioso, y un zumo de naranja.
- ¡Buenos días, Cody! Buenos días, señor Hida.
- QUIERO UN TUFÉ.
- Mi abuelo, que está medio tonto.
- ¡Yo no estoy medio tonto! Y QUIERO MI TUFÉ.
- ¡Tu abuelo es lo mejor! – exclamó Águeda.
- Sí, pero como no se le pase para la final...puede montar el gran escándalo.
- ¿Y qué pretendes, que se esté callado?
- Eh...bueno, suele ser lo normal.
- Qué va. En los partidos de baloncesto, lo normal es que la gente grite sin parar, y que el estadio quede hecho un asco. ¡Y ni te cuento en los de fútbol!
- ¡Pero esto es Kendo! Es un arte marcial seria.
- El serio eres tú.
- Toma, abuelo – dijo mi madre – tu tufé.
- Graciassss.
El desayuno transcurrió sin ningún otro tipo de accidente, aunque mi abuelo estaba extrañamente tranquilo.
Tras el desayuno, estuve entrenando un buen rato. Ya se sabe: el entrenamiento es la base de la perfección. Mi amiga Águeda, estuvo animándome. Entre tanto, mi abuelo pululaba por el hotel sin sentido alguno, y mi madre lo rondaba de cerca, por si armaba algún escándalo.
Finalmente, llegó la hora. A las once y media, Águeda, Armadillomon, mi madre, mi abuelo y yo, cogimos el coche y nos dirigimos al lugar del combate, que estaba plagado de gente. A lo lejos, en el fondo del tatami, veía al "Kaiser", que sonreía con malicia. Finalmente, el árbitro (o como Dios quiera que se llame) señaló el inicio del combate, del primer asalto de tres, más concretamente. Conseguí defenderme de maravilla, y mi rival no pudo conmigo, o al menos no quiso poderme. Salí del tatami, y tanto mi madre, como mi amiga Águeda, me abrazaron, pero mi abuelo seguía sentado, con una extraña sonrisa en su cara.
- ¿Qué le pasa al abuelo? – pregunté.
- No sé hijo, últimamente está muy raro.
- Igual arma alguna buena... – dijo Águeda.
- Esperemos que no – contesté, y volví al tatami.
Como me imaginaba, el segundo asalto fue muy duro. El "Kaiser", no mostró ningún ápice de piedad, y acabó conmigo en pocos segundos. Mi madre, tuvo que sujetar a Águeda, para que no se lo comiese vivo.
- ¡Ese tío es un auténtico cerdo! – exclamó la chica.
- Hey, tranquila. En verdad, no he jugado nada bien en este asalto.
- ¡Como le pille!
- Águeda, tranquila – dijo mi madre – Cody le dará una buena lección ¿verdad, Cody?
- ¡Claro que sí!
Y una vez más, volví al tatami. El combate se puso muy igualado en aquel asalto. De repente, ocurrió algo inesperado (las ganas): mi abuelo, se levantó de su asiento, y comenzó a gritar:
- ¡CODY, TEN MÁS HUEVOS Y CÁRGATE A ESE *********! ¡VENGA, CABEZA, CABEZA, CABEZA, CUERPO! ¡DALE EN DONDE MÁS DUELE! ¡VENGA, JOÉ, QUE SE NOTE QUE ERES MI NIETO! ¡Y SI GANAS, NOS TOMAREMOS UN VASO DE FRAGUA CON UN CARAMELO DE TUFÉ LOS DOS JUNTOS!
- ¡Señor Hida! – exclamó uno de los organizadores del campeonato de Kendo – Tenga la amabilidad de acompañarme a...
- ¡QUE LE ACOMPAÑE SU MADRE! ¡Y MÉTASE SU PORRA POR DONDE LE QUEPA! ¿Pretendía atacar a un pobre anciano? ¡DESCONSIDERADO! ¡MALDITO! ¡ASQUEROSO HIJO DE...
- Señor Hida, tranquilícese. – dijo Águeda, aunque en el fondo deseaba que mi abuelo continuara. Entre tanto, mi rival observaba también a mi abuelo, petrificado, así que aproveché para darle el golpe final. ¡Había ganado! Los jueces, soltaron al abuelo, que comenzó a saltar de júbilo y que...¡ay Dios! Para cuando lo pude ver se había bajado los pantalones, y enseñaba el trasero al "Kaiser" Entre tanto, Águeda se partía de risa, así como mi madre. Me dieron la merecida copa de Kendo, y después echaron a mi abuelo por escándalo público. Al día siguiente, cogimos el avión y volvimos a Odaiba. Ya ahí, fue donde me enteré de lo de Yolei y Tai. Pero me preguntaba igualmente ¿qué haría Kari entre tanto?
