Corrosión

-Había estado pensando en algo…- Saya se encontraba frente a él, sentada sobre su cama, intranquila, visiblemente incomoda, moviendo y golpeando de vez en cuando las rodillas entre si, en la habitación de ella. Él, parado frente a ella, firme como una estaca y al contrario de ella, tranquilo como siempre, estaba esperando lo que tuviera que decirle… Saya estuvo a punto de vomitar todo lo de los zapatos, olvidarse de su falsa introversión y levantarse y reclamarle que carajo hacían los zapatos de Diva en su habitación, pero no se atrevió y respiro profundamente.

-Tú… bueno, quiero decir –comenzó a tartamudear la joven –Había estado pensando últimamente en… regresar… regresar al Escudo Rojo- Hagi abrió un poco los ojos, en señal de sorpresa y casi se le cae la mandíbula hasta el suelo, pero logro mantener la boca cerrada a pesar del asombro. No se esperaba algo como eso, aunque a decir verdad, sí lo esperaba, en algún tiempo, pero no en ese momento ni en ese preciso instante, mucho menos con lo que acaba de suceder con Diva y su aborto.

-¿Estas segura?- pregunto el caballero, como tomando en cuenta lo que parecía ser una proposición. Si ella decidía regresar, entonces estaba perdido. Volvería a lidiar con Kai, con el eterno y acrecentado sufrimiento de Saya y… ah, que mas daba, Saya seguía igual desde que habían llegado con Diva, pero no estaba seguro y comenzaba a arrepentirse de haber empujado a Saya a unirse a Diva solo por su cobardía… así que…

-Solo era una idea, pero ahora con esto de Diva… yo, no puedo dejarla- dijo Saya, mirándolo fijamente, como diciéndole "Ni lo pienses" –Hagamos de cuenta que yo nunca te dije esto, ¿Si?- pidió de pronto, parándose y saliendo de la habitación en silencio, sus pasos apenas se escuchaban y le aviso en un quedo susurro que iría a ver a su hermana para ver como estaba.


Cuando llego a la habitación de su hermana, sólo se quedo un momento. Ella estaba dormida y conectada a una intravenosa con sangre, respirando pausadamente sobre la cama. Solomon le había dicho que aun no despertada desde la operación del día anterior, pero que sus heridas ya habían sanado y que ahora solo necesitaba descansar.

Salio de la habitación… antes de no poder controlar sus ansias de matarla y acabar con todo de una vez.


Un día más paso, y después, como siempre la noche había caído sobre la ciudad, como era natural, y fue entonces, después de que Saya lo evitara todo el día y se encerrara en su habitación, que fue a la alcoba de Diva, con una extraña ansia que le presionaba el pecho y le producía cosquillas como hormigas que se le subía hasta la cabeza. Adrenalina, esa era la palabra para describir aquella sensación, y ciertamente se sentía bien. Siempre que veía a Diva, la adrenalina se le iba hasta el cielo, y la verdad ya comenzaba a temer a ello.

Escucho que tocaban su puerta quedamente, y con un gesto de sorpresa, se quito el cigarro de la boca y lo apago rápidamente en el cenicero, el cual escondió en un cajón del buró al lado de su cama.

-Adelante- dijo Diva, con voz queda y débil, al tiempo que se acomodaba en la cama, recostada de nuevo. Hagi entro a la habitación lentamente y en silencio, no sin antes echar un vistazo de que nadie estuviera alrededor, mientras Diva volteaba a verlo con un gesto débil de sorpresa.

-Hagi- dijo esta, con rostro cansado, mientras el caballero se acercaba a la cama –Que tierno… has venido a verme- dijo con la voz quebrada, extendiendo sobre la cama su brazo derecho, aun conectado a una intravenosa con sangre.

Hagi la observo unos momentos antes de decir cualquier cosa. La escena hubiera causado pena y quizás hasta lastima a cualquiera. La joven estaba tendida en la cama, con un pijama holgado color celeste. Su cabello enmarañado por toda la almohada y cayéndole sin cuidado sobre los hombros y el pecho, el flequillo despeinado sobre su frente, arriba de sus cejas arqueadas. La mirada ahora azul, era opaca, confundida y adolorida, el gesto triste y tenia la tez de un pálido cadavérico y alarmante, todo, junto a una vara de metal de la cual colgada una bolsa de sangre que se conectaba con el brazo de la joven pasándole el rojo liquido con lentitud.

-Esto es tan desesperado…- susurro Hagi seriamente, mientras Diva hacia una mueca de confusión ante las palabras escuchadas.

-¿De que hablas?- pregunto esta sin entender el comentario ladeando la cabeza.

-Deja de fingir, Diva. No puedes mentirle a un mentiroso- le aseguro con un tono casi cruel, que no era propio de él, al menos no usual.

-Hag…- dijo Diva, pero de inmediato fue interrumpida por el caballero.

-Puedes engañar a los demás, pero no a mí. Ambos tenemos la misma manera de mentir- sentencio, desviando su mirada hacia el buró, donde yacía una cajetilla de cigarrillos Marlboro, con unos cuantos cigarrillos sobresaliendo de este. Diva miro hacia el mismo lado que el caballero, con un pequeño tic nervioso al llevarse la mano hacia la nuca… Ese Hagi no era idiota. Se había dado cuenta de todo su teatro sin problema alguno, como si siempre lo hubiera sabido, pues, después de todo, él era el productor de la obra y ella la protagonista, aunque él aun no se diera cuenta, además había olvidado esconder los cigarros a la vista. Que estúpida, se regaño Diva.

La joven refunfuño molesta, mientras sacaba del cajón el cenicero que había guardado con anterioridad –Esta bien, me descubriste- dijo rolando los ojos –No eres nada tonto… eso me queda claro. Que lastima- añadió con una sonrisa amarga –Ahora, se buen niño y dame un cigarro- pidió mirando al caballero, haciendo que su voz adoptara una tono infantil y caprichoso.

Hagi lo dudo un momento. No tenía porque seguir las órdenes de alguien que no era su ama, pero, realmente no podía dejar de sentir curiosidad por saber que tipo de cosas pasaban por la mente de la polémica Diva. Llegar a tales extremos, idear planes que serian la envidia de más de un estafador, publicista, abogado o asesino. Tan calculadora y fría, y a la vez, encantadora como una princesita tiernamente mimada…Quien sabe, tal vez podría aprender un poco de ella, así que tomo la caja de cigarros y saco uno, que extendió a la joven quien de inmediato lo tomo, mientras Hagi acercaba un encendedor para prenderlo, y después se tomo la libertad de prender uno para él.

-¿Fue así como las abortaste?- pregunto moviendo un poco en el aire, el cigarro entre sus dedos -¿Fumando?- añadió con repulsión.

-El embarazo quiróptero no es tan diferente al humano. Los bebes también necesitan oxigeno, y bueno, has leído las advertencias de las cajetillas, ¿No?- pregunto con sorna, con el cigarro entre los labios y una cínica sonrisa. Los cambios de humor y expresión de esa joven eran impresionantes.

-¿Cómo pudiste… matar a tus hijas?- pregunto Hagi, con una mueca descolocada que se trago, sustituyéndola por una impávida. No todos los días se veía a una joven que abortaba a propósito a base de fumar y arrebatarle el vital oxigeno a dos fetos dentro de su cuerpo.

-Yo no las mate- se defendió la joven, quitándose el cigarro de la boca con brusquedad –Estas bebes serian un fracaso. Un error. Me equivoque con Riku, él era demasiado joven. Las niñas serian débiles y probablemente morirían al poco tiempo. Una madre se da cuenta de esas cosas. Dudo que lo entiendas- argumento con seguridad, sacándole a Hagi una mueca de extrañeza. No, claro que no lo podría entenderlo nunca. El embarazo es exclusivo de las mujeres, pero la acción, era incomprensible.

-Solo me ahorre todo eso. Pero claro, no podía abortar de manera tan obvia, fue por eso que hice todo ese teatro- corroboro la joven fríamente.

-¿Como lo haces?- pregunto Hagi con voz plana, atrayendo la atención de Diva, que lo miro confundida sin entender su pregunta.

-¿Como hago que?- pregunto ella desconcertada por la interrogante aparentemente sin caso ni asunto en la conversación.

-Para engañar de esa manera a todos y seguir… como si nada, sin remordimiento- finalizo. Diva sin duda, era de las personas mas atroces que haya conocido, se dijo Hagi. Capaz de matar, de herir, de manipular, de engañar, incluso, de matar a sus propias hijas, y seguir con una personalidad encantadoramente cruel y una sonrisa de oreja a oreja; tenia que admitir, que la joven tenia una táctica de guerra esplendorosa, que muchos dictadores, conquistadores y reyes hubiese matado por ella y envidiado, como él lo hacia en ese momento. Era como si ella no sintiera remordimiento alguno, a diferencia de él, que la culpa siempre lo acompañaba.

-¿Por qué me lo preguntas?- dijo la joven dando otra calada de humo -¿Acaso quieres engañar a alguien?- pregunto, mirándolo con complicidad, haciéndole ver a Hagi, un propósito que ni él mismo había visto en su interior, arrancándole la venda de sus ojos con una mirada, con una media sonrisa… con un cinismo encantador.

-Me aburre esta charla- respondió secamente el caballero, mientras estampaba el cigarro en el cenicero, al tiempo que salía de la habitación de Diva.

-Tú también… has sido engañado, Hagi- murmuro la joven cuando se encontró sola, y después, se arranco bruscamente la intravenosa, tomo la bolsa de sangre que comenzaba a dejar un rastro en el piso, y lo acerco a su boca, bebiendo con desesperación.

El remordimiento ya comenzaba a calarle los huesos y el alma, y le daba un hambre atroz.


-Así que ya despertaste- dijo con suavidad Saya, entrando a la habitación de su hermana y cerrando lentamente la puerta, encontrándosela sentada en la cama, cubierta con sabanas y aun en pijama.

-Saya, has venido a verme- dijo Diva, y no pudo evitar reírse a sus adentros cuando recibió a Hagi de la misma forma, con las mismas palabras y el mismo tono de voz.

-Quería ver como estabas- respondió la joven acercándose a la cama.

-Pues… como debería estar- respondió con voz apagada.

-Diva, yo… siento lo que sucedió- dijo Saya dolida, por lo que estaba pasando su hermana, que se veía reflejado en su cadavérica palidez, su cabello opaco y desarreglado, sus pestañas ahora cortas, como si hubieran minimizado su tamaño, y caídas. Sus ojos cansados y cristalinos, irritados y con un ligero tono rojo alrededor de las pupilas, ojerosa, pensó Saya, de tanto llorar.

De pronto Diva parecía que adoptaría una mueca para empezar a llorar, pero se mordió los labios resecos, y se llevo ambas manos en un tic desesperado, mientras respiraba pesadamente.

-Estaré bien- aseguro, sollozando profundamente, agarrando la cantidad de aire que más pudiera -Pensé que estarías feliz- añadio tallándose los ojos, dejando alredor de ellos una marca rojiza aun más visible.

-Por supuesto que no. No soy capaz de eso- contesto Saya ofendida.

-Sí… lo creí por que… después de todo, tuve que matar a Riku para embarazarme- le recordó la joven, tomando agallas y mirando decididamente a su hermana, esperando cualquier reacción de su parte, la cual ya tenia estudiada, practicada frente al espejo, medida de forma casi matemática. Desde que le propinara una bofetada, que su hermana se volviera un mar de lagrimas, que le gritara a los cuatro vientos treinta mil insultos, que fuera en busca de su espada para matarla, e incluso, que se echara la culpa por todo lo que había pasado… conociéndola…

Pero falto una, en medio de lo que ella creía, era un estudio medido al detalle y perfecto, digno del crimen perfecto, pero no esperaba que, la única respuesta de su hermana, fuera el simple y vano silencio. Sentía que su hermana cada día se parecía más a Hagi.

Diva no pudo evitar desconcertarse… su rostro mostraba un gesto incomodo que esperaba escuchar cualquier cosa, para poder así proseguir, pero la reciente mudes de su hermana no ayudaba mucho, y cuando estuvo a punto de decir algo, su hermana le gano.

-Habrás matado a mi hermano… pero esas eran sus hijas. Eran dos vidas que merecían una oportunidad- refuto Saya… Diva no sabia que decir. Su hermana tenía razón, y ella las había matado. El sentimiento de arrepentimiento le dio un tremendo sopor y el hambre volvio.

Había matado a sus propias hijas por una ambición, por una intriga, por una avaricia, un capricho… y además de todo, no sabía como reaccionar frente a sus palabras. Por un momento se sintió fatal, nefasta. Había cometido un pecado, en realidad, imperdonable en su propio mundo de pecados. En ese momento, no pudo evitarlo más…

-Saya…- dijo Diva suavemente, sin fuerza, sollozando y balbuceando como una niña pequeña, abalanzándose a su hermana buscando abrazarla.

Era la primera vez que se abrazaban, y Saya, por su parte, jamás se hubiera imaginado que su hermana sería la que tomara la iniciativa, así que un poco incomoda y consternada, le correspondió el gesto rodeándola con sus brazos, mientras su hermana recargaba su mentón en su hombro.

Por otra parte, Diva era lo único que podía hacer, pensó mientras abrazaba a su hermana con fuerza. Las palabras de su hermana no se las hubiera imaginado ni en un millón de años, y abrazarla, en ese caso, era lo único y lo mejor que podía hacer.

Tenia que admitir que su hermana era muy calida. Transmitía esa reconfortante sensación de suavidad y calma con su tacto a pesar de que, sabia muy bien, ella seguía guardándole coraje y rencor, y mucho, sin embargo, no podía evitar sentirla acida, como si la estuviera corroyendo con el tacto al mismo tiempo que lo sentía calido y reconfortante.

De pronto, Saya la aparto de ella con una agresividad brutal, propia de un hombre, para después halar su cabello fuertemente, obligándola a hacer la cabeza hacia atrás, para ver a ver su hermana a los ojos, confundida por la agresiva acción.

-No soy estúpida, Diva… Si crees que puedes engañarme- le advirtió Saya, mirándola con un desprecio corrosivo en sus ojos que jamás había visto ni en sus peores momentos, aun más atemorizante que sus arranques de rabia en Vietnam o en la guerra, o cuando luchaba contra quirópteros en ese transe asesino en el cual se adentraba.

Diva se paralizo

La ojiazul tartamudeo tratando de decir algo, cualquier cosa, pero le era imposible. Su hermana le soltó el cabello con desprecio y le tomo el rostro con ambas manos, con fuerza, apretando sus mejillas y mandíbula, acercándola a su rostro con el odio inyectado en sus pupilas, un odio que casi la atravesaba.

-Te recuerdo que yo soy la hermana mayor- le dijo, esbozando una cínica sonrisa, mostrando sus caninos, afilados y crecidos, como un perro rabioso y enojado listo para pelear contra otro perro, desbordante de adrenalina y furia.

Diva cerró los ojos con fuerza por un momento, y se dio cuenta de que su hermana aun la abrazaba… así como todo el rato que lo había hecho. Frunció el entrecejo confundida por la… ¿Visión? ¿Había sido una visión? Por que se había sentido bastante real e incluso, la mirada malévola de su hermana la había asustado tremendamente, pero cayo en la cuenta de que solo lo había imaginado, y así, sus labios resecos mostraron una sonrisa venenosa y unos ojos descolocados, como una desquiciada, casi como si esa visión le hubiera causado un enfermizo placer.

Saya pensó entonces, absorta de la oculta mirada de su hermana tras ella, que no podía dejarla sola en ese momento. Había considerado decirle antes, al visitarla ese día, que se iba de nuevo con el Escudo Rojo y que la guerra entre las dos seguiría tal como antes hasta que una de las dos muriera, o ambas, pero… simplemente se había acobardado al verla y no había podido decir ni media palabra sobre eso. No podía dejar a su hermana en ese estado, o se volvería más loca de culpa de lo que ya estaba, y ella, bueno, ella seguiría igual de loca, estuviera con quien estuviera, así que daba lo mismo, siempre quedaría estancada en el mismo punto entre lo sano y lo completamente enfermo.

Entonces, Saya, oculta de los ojos de su hermana, sonrío como una demente en plena crisis. Había aprendido a usar, un poco solamente, pues aun era una principiante, a manejar ciertos puntos de la mente, desconocidos hasta ahora para ella y su naturaleza de quiróptero, aunque aun le faltaba practicar, pues había dejado a su hermana con la duda y en el momento más emocionante. Hubiera querido fantasear con matarla con la nitidez con la que siempre lo había imaginado, y sentir esa sensación de satisfacción y dulce masoquismo que la obligaba a seguir pelando contra su propia sangre.

-"Te recuerdo que yo soy la hermana mayor… Diva"- pensó Saya, mostrando en sus ojos unas orbes que irradiaban una imaginativa aura negativa y maldita, como de demonio, sin que Diva se diera cuenta de nada mas que de lo que ella había creído, eran tontas ilusiones, sin tener idea de que eran manipuladas por la persona que ella menos esperaba.

Entonces, ambas se volvieron acido, sin darse cuenta de que su interior se quemaba y hervía en asquerosas burbujas de carne y sangre dentro de ellas, pensando que todo era la culpa de la otra y disfrutando con ello casi como si fuera un orgasmo.


¡Hola! Como siempre, lamento la tardanza, he estado ocupada y mucho, y el capitulo ya lo tenia hecho pero hacia falta pulirlo un poco más.

Como verán, el aborto de Diva fue planeado por ella. Ustedes pensaran "¡Tu estas loca Agatha, Diva quería ser madre, nunca hubiera sido capaz de matar a sus hijas, eso es un OoC tremendo!" Yo también temí que lo fuera, pero lo analice un poco y creo que como se desarrollo la situación es aceptable para poner este acontecimiento. Además, siempre tuve la idea de que Riku era muy joven como para ayudar a procrear unas bebes saludables, y según yo, Diva se dio cuenta de ello, y conciente de lo mismo, decidió mejor provocarse un aborto a base de fumar, por ello en capítulos anteriores se le veía seguido con un cigarro aunque antes no fumara (nunca se le vio en el anime ni el manga fumando, y tampoco tenia pinta de ello) pero bueno, es un fic, y me gustaría aun así que me dieran su opinión sobre que les pareció lo del aborto y la situación de Diva frente a ello.

Como muchos ya se imaginaran, Diva quiere procrear unas bebes saludables, y adivinen con quien... Además, Hagi se ha convertido en un capricho para ella, y eso si, sabemos que cuando Diva se encapricha, se encapricha enserio y es capaz de hacer cualquier cosa, pero en el capitulo le di su buena sentada de culpa por haber matado a sus hijas, después de escuchar las palabras de su hermana. Les recuerdo que en este fic reina la intriga y la guerra silenciosa.

Con respecto a Hagi, este se dio cuenta de todo el teatro de Diva y por eso se porto de esa manera con ella. A veces pienso que Hagi esta un poco OoC al hablar "tanto" relativamente con Diva, pero según yo… si hay razones para que la personalidad del personaje cambie un poco debido a como se desarrolla una u otra situación, el OoC es aceptable mientras sea decente y razonable, así que creo que esta bien, pero aun así, de nueva cuenta quisiera saber que piensan ustedes, sean elogios o criticas.

Con Saya, bueno, obviamente hizo que Diva alucinara con que era asesinada por ella, pues ya se ha dado cuenta de que Diva ha desarrollado una inusual habilidad para controlar por momentos las mentes de otras personas y hacerlos ver o escuchar cosas a su antojo, y ahora ella lo esta aprendiendo y lo ha probado por primera vez con su hermana, fantaseando con matarla, solo para explicar lo de la visión de Diva. Además, se sabe que el personaje del vampiro posee ciertas habilidades mentales, y eso incluye controlar las mentes de otras personas, y me imagino que con los quirópteros seria el mismo caso.

Bueno, creo que no hay nada más que aclarar sobre el capitulo. Ha sido muy difícil para mi decidirme a escribir algo tan delicado como lo del aborto planeado con esa intriga y teatro y que quede decente y aceptable, así que de verdad me gustaría escuchar su opinión. Gracias también a los que me han dejado reviews, que ya sobrepasan por mucho los doscientos, y también a los que han puesto en favoritos y alertas a la historia así como a mí.

Me despido

Agatha Romaniev