Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

.

Y de pronto la vio allí, de pie con aquella actitud defensiva y un aspecto mucho más bello que el que había mostrado hasta entonces, haciendo uso de todas sus capacidades. La envidia que Hans sentía hacia la Reina de las Nieves fue reemplazada por una súbita atracción, que no hacía sino incrementarse al verla tan peligrosa y decidida. Y él, no podía negar que desde siempre le habían fascinado el poder y el peligro.

.

Día 8

Prompt: Pelea de espadas y hielo en el castillo en la montaña

Género: Adventure, romance

Palabras: 928

Rating: K+

Propuesta de: Anielha


Cambio de perspectiva


El príncipe había ordenado con claridad que ningún daño debía ocurrirle a la reina, sin tener idea de las oscuras intenciones que guardaban los guardias de Weselton. Eso lo había estropeado todo. Tenía la esperanza de convencerla de volver a Arendelle por las buenas, evitando que se saliera de control otra vez. Cierto era que quería quitarla del camino para quedarse con su corona, pero él era inteligente y sabía que debía actuar con más cautela sino quería terminar transformado en una réplica de hielo de sí mismo.

Componiendo una expresión falsa y compasiva en sus ojos verdes, Hans miró hacia la joven que había adoptado una posición defensiva, insistiendo en que permanecieran alejados de ella.

Odiaba a Elsa. No era más que una chiquilla temerosa que corría ante la primera señal de peligro. Una niña jugando a ser reina. Era tan injusto que alguien como ella tuviera el poder que a él le había sido negado desde su nacimiento, al nacer último de su estirpe. Bien merecido se tendría que le arrebatara su reino.

Los guardias se aproximaron amenazantes y ella extendió una de sus manos. Agudos estiletes de hielo surgieron del suelo de la habitación, creando una barrera entre ella y sus visitantes.

—¡Apártense de mí!—gritó furiosa y la expresión peligrosa que adoptó su semblante llamó su atención poderosamente.

Este era un rostro que no tenía nada que ver con la reservada monarca que apenas y hablaba en el baile de su coronación, ni con la muchacha asustada que había revelado un don extraordinario antes de huir a la montaña.

La decisión que adornaba sus facciones era la de una mujer valiente y fuerte, dispuesta a enfrentarlo junto con toda la escolta que le acompañaba.

Y por alguna razón, eso no le disgustaba.

Por breves segundos, su mirada esmeralda se detuvo a apreciar realmente el aspecto de Elsa. Ya desde que la viera siendo coronada no le había pasado desapercibido que era una criatura hermosa, aunque más fría que las jóvenes de su edad. Pero en ese instante le parecía que la estaba observando bajo una nueva luz.

Nunca se había percatado de lo azules que eran sus ojos y en especial cuando tenían ese destello de oscura determinación. El vestido de hielo que se había creado permitía apreciar con más definición la grácil silueta de su cuerpo, que resultaba muy sensual y la manera en que llevaba su cabello platinado le sentaba mucho mejor que aquel recatado moño que había lucido en su celebración. La luz dorada que había envuelto la habitación parecía hacer resplandecer la pálida piel de la gobernante.

Ese breve momento de contemplación fue como una revelación para Hans, que de pronto sintió algo en su pecho. Una sensación que no había experimentado jamás y que provocaba que no quisiera dejar de mirar a la Reina de las Nieves.

¿Por qué no se había dado cuenta con anterioridad de lo bella que era? Parecía como si todo su poder hubiera descubierto también el atractivo que guardaba dentro de sí.

Los soldados de Weselton desenvainaron sus espadas y caminaron con cautela hacia ella, esperando rodearla y evadiendo los fragmentos de hielo que continuaron brotando a su paso. Supo que tenía que hacer algo para impedir que la hirieran, preocupándose por esa posibilidad más de lo que debería en realidad.

Elsa lanzó otra ráfaga helada en dirección a sus atacantes conforme retrocedía hasta el balcón. Uno de ellos le gritó que se diera por vencida, cosa que no parecía dispuesta a hacer.

El sonido del hielo chocando contra las espadas inundó el habitáculo entero.

—¡Reina Elsa!—gritó él, provocando que la aludida desviara sus orbes celestes hacia los suyos.

Aquello le quitó la respiración. Verla de pie allí, con sus cabellos ligeramente alborotados, emanando toda esa frialdad y dispuesta a acabar con ellos si la situación lo demandaba, era no menos que majestuoso.

A Hans le parecía inconcebible que un ser de apariencia tan frágil y bella, pudiera encerrar dentro de sí un poder tan letal. Inconcebible y maravilloso.

Su mente sopesó momentáneamente la posibilidad de estar al lado de Elsa. De ver ese fascinante don más de cerca, con el que era capaz de crear tanta belleza y a la vez, tanta destrucción. De reinar a su lado.

Ella era un monstruo, igual que él. Ocultando su naturaleza real ante el mundo para evitar ser juzgada. Escondiendo sus verdaderas capacidades y la oscuridad que guardaba dentro de sí. Una oscuridad que lejos de asustarle comenzaba a agradarle.

Cuando esos pozos profundos y cerúleos se cruzaron con los de él, supo en su interior que estaba perdido.

—¡No sea el monstruo que todos creen que es!—exclamó, sintiéndose hipócrita y haciendo que Elsa modificara su gesto amenazador por uno de asombro.

Debía admitir que le agradaba más verla firme y tratando de defenderse, con ese semblante de fiereza en sus rasgos. Pero una vez más debía guardar las apariencias, para que las cosas no fueran a mayores.

Captó por el rabillo del ojo como uno de los guardias sacaba su ballesta.

—¡No!

La flecha salió disparada directo a la joven y Hans alzó su propia espada, logrando desviar su trayectoria hacia arriba. El enorme candelabro del hielo se soltó, precipitándose hasta el suelo.

Demasiado tarde, Elsa se percató de lo que estaba por suceder y el estrepito de los cristales fragmentándose hizo eco en las paredes del palacio. Ella se desvaneció. Antes de sumirse en la inconsciencia, vio frente a sí un par de ojos esmeraldas.

Todo se volvió oscuro.


Nota de autor:

Otra petición de estilo canon por parte de Anielha, aunque con una perspectiva un poquito AU. Les confesaré que me gustan más los AU que cualquier canon, pero bueno, a veces hay que recordar las raíces de los personajes y todo eso. Con esta petición, Ani quería ver como a nuestro pelirrojo favorito empezaba a gustarle la Reina de las Nieves por su peligrosidad, durante esa escena de batalla en su castillo de hielo. Una posibilidad que me encantó, porque me agrada ver que cuando prácticamente todos la temen, él comienza a sentirse atraído precisamente por su poder, que incluso le atemoriza a Elsa.

La verdad no sé si logré expresar todo eso con la viñeta de hoy, pero hice lo que mi inspiración me dictaba. Espero que lo hayan disfrutado. :3

F: Gracias por tus siempre acertados comentarios. ;)

Bueno copos, prepárense porque mañana se viene otra cosita rating M, cortesía de la querida JDayC. Nuestros queridos Helsa se van a poner en plan íntimo de nuevo. e.e

¡Frozen Fan fuera! ;D