Atrápame si puedes

-¡Yo soy la hermana mayor, carajo!- grito Saya dentro de su habitación, rompiendo con furia un pequeño papel, el cual arrojo hecho añicos al suelo. Los pedacitos rasgados del papel volaron por el aire antes de terminar de caer frente a sus pies, mientras Saya los miraba atenta, como si los estuviera acusando de un terrible crimen.

"Te espero dentro de tres días en el cuarto de música a las ocho de la noche. Saya"Era lo que se leía en la ahora destruida nota.

¿Haciéndose pasar por ella? ¡¿Pero como se atrevía?! ¡Y además dejarle una nota como esa a su caballero! ¡Nadie se metía con las personas que quería! Y Diva tendría que darse cuenta de ello de una buena vez. Ya había sido suficiente, se dijo Saya más decidida que nunca. Un sentimiento de venganza corrosivo, parecido a lo que sintió cuando decidió luchar contra los quirópteros al salir de Okinawa, aun sin poder recordar nada y sin saber realmente quien era, la invadió haciéndola temblar levemente. Era esa sensación de decirse a uno mismo, con mas fuerza que nunca: "Hasta aquí".

La joven se sentó en el tocador unos escasos segundos, y con gemidos dementes apretó sus manos echas un puño y golpeo con fuerza el tocador de madera, acompañado de un gritillo de frustración desesperado.

¡Estaba tan furiosa! ¡Tan enojada que… que…!

Se levanto y con la precipitación del momento, tiro la silla de espaldas al suelo, la cual cayó con un sonido seco. El solo pensar en lo que pudo haber pasado en la sala de música hace apenas unos días le… le enfermaba. Sentía que iba a vomitar en cualquier momento… pero no, no permitiría que las cosas siguieran así, como si nada y frente a sus ojos, ¡mientras ella se quedaba parada como tonta! Conocía a su hermana y no se necesitaba de mucha deducción para conocer sus sucios juegos y lo que estaba tramando con ellos.

-¿Diva y Hagi?- murmuro la joven con una mano en la barbilla, pensando seriamente en la posibilidad, tratando de ser lo mas objetiva posible –No. Imposible. Es una tontería- se reitero una vez más… hasta que su subconsciente le escupió la verdad en la cara con una sonrisa burlona, y recordó cuando entro al cuarto de Hagi sin que él se diera cuenta y vio todas sus cosas, dispuesta a saber por qué un zapato de su hermana (irrefutablemente de ella) había estado en su cuarto.


Traía un zapato en mano, tomándolo de una cintilla sin cuidado, como queriendo que al caminar se golpeara con cuanto mueble y pared estuviera al alcance hasta quedar un remedo de calzado, pero no, tenia que estar intacto si hacia lo que tenía pensando hacer… o si no su hermana se daría cuenta de que alguien los tomo.

Había tenido la excusa perfecta para sacar a Hagi de su habitación por un largo rato (al menos por tres o cuatro horas). Un rato antes lo había reprendido sobre su falta de práctica, con el argumento de que hace tiempo que no lo escuchaba tocar, y entre risas y bromas infantiles disfrazadas de corderos, lo mando a practicar a la sala de música -"y ojala Diva no este ahí"- pensó la joven dudosa al llevar a cabo su plan, recordando que en esa sala estaba el arpa de su hermana, además de que a veces ensayaba con Nathan en esa habitación, aunque no era lo usual, y de hecho, no la había escuchado cantar desde que había llegado. Sin embargo, gracias al cielo Hagi era un alumno dedicado y si se ponía a practicar, podía estar el día entero con el chelo entre las manos aunque le sangraran los dedos y tuviera los dedos destrozados, así que en tal caso, tenia todo el tiempo del mundo.

Despejando su mente y cerrando los ojos por un momento, respiro profundamente y abrió la habitación de Hagi con cuidado, sin hacer ruido alguno. Antes de entrar miro unos momentos a su alrededor y cuando corroboro que no había nadie, se metió rápidamente, como una delincuente nerviosa llevando a cabo su primer crimen, y cerro la enorme puerta de madera con llave. Se recargo contra ella, y no se reconoció a si misma.

¿Qué rayos hacia ella metiéndose en el cuarto de Hagi? ¿Sacándolo de su habitación para esculcar entre sus cosas? Esa no era ella, era alguien más bien parecido a Diva, pero ahí estaba ella, buscándole tres pies al gato, invadiendo la privacidad de quien menos debería, y que mucho menos se lo merecía. Hagi no era culpable de nada, era su hermana, no Hagi. El jamás.

Exhalo aire fortuitamente cerrado los ojos, cuando un fuerte olor a tabaco entro por sus fosas nasales y Saya, insegura de lo que estaba oliendo, aspiro un par de veces más tratando de convencerse de que el olor era a cigarro.

-¡Demonios Hagi! ¡¿Qué respiras?! ¡¿Aire o humo?!- exclamo la joven haciendo una mueca arrugada desde su nariz, mareada por el concertado olor a tabaco, como una madre que entra al cuarto de su hijo fumador, dispuesta a reprenderlo cuando volviera. Parecía que en lugar de necesitar aire para vivir, su caballero prefería el humo y la esencia del tabaco suspendida en el "aire", si a eso se le podía llamar aire. Más bien eso se parecía mas al horizonte de una enorme ciudad atascada de smog.

-Ahora puedo decir que afortunadamente eres un caballero, o si no ya habrías muerto de cáncer hace mucho tiempo- susurro Saya mirando sobre un buró una cajetilla de cigarros a medio terminar. Desde que había llegado a vivir con su hermana, había conocido un par de facetas de Hagi que ella ni se hubiera imaginado que tenia, como su aparente adicción a la nicotina. Después de todo, antes de llegar, Hagi nunca había fumado frente a ella.

A pesar del fuerte olor, se adentro más al cuarto, con el zapato en mano. Con prisa se dirigió al mismo lugar donde había visto dicho calzado antes de que su caballero tratara de esconderlo debajo de la cama, y lo coloco en el mismo lugar, cercano a una de las esquinas de la cama, como si estuviera recreando la escena del crimen.

Si el zapato era de Diva… entonces su hermana tenia que haber estado ahí, en ese momento, pero ¿Dónde? ¿Acaso Hagi la había escondido? Y en todo caso, si no estaban haciendo nada indebido, ¿Por qué esconderla? La sospecha la estaba matando, haciéndola sentir y aceptar por primera vez, que estaba celosa.

"Ah… claro Saya, hasta ahora te das cuenta de que eres extremadamente celosa ¿Por qué? No te lo preguntes ahora, por favor."

-Bueno, tal vez Hagi simplemente no quería que viera a Diva. Después de todo la vez anterior me había enojado mucho y eso que no estaban haciendo nada malo- se dijo la muchacha sentándose en la cama mas calmada, sin terminar de creerse sus propias suposiciones… pero, ¿Qué pruebas podía tener? Después de todo la única versión fiable que podía tener era la de su caballero, pero en su hermana, aun no podía confiar plenamente, y la verdad, dudaba confiar cien por ciento en ella algún día.

Pero… ¿De verdad se atrevería a encarar a Hagi? ¿Cómo iba a preguntárselo?... "¿Oye Hagi, este zapato es de Diva, que hacia en tu habitación y por que la escondiste? ¿Acaso estaban…?"

No, se dijo de inmediato, quedando la idea descartada. Tal vez y a la que tenia que encarar era a su hermana, pero seguía dudando… quizás no hacia falta encarar a nadie, simplemente dejar que las cosas se dieran, con un pequeño empujoncito de ayuda y una dosis de celos y su adrenalina.

Tal vez y su caballero no tenia la culpa de nada, y la verdad, es que le costaba trabajo dudar de él. Siempre había sido tan fiel y dedicado a ella, pensar siquiera en la posibilidad era una reverenda estupidez. Pensó entonces que estaba siendo muy injusta al dudar de esa forma de Hagi. De la que debía dudar y debía hacerlo, era de su hermana… Ella siempre había sido la culpable de todas sus desgracias, y sabia que si pasaba algo parecido nuevamente, la única culpable, al menos en gran parte, seria su hermana, incluso mas que si misma.

Llego entonces a una conclusión irrefutable y completamente verdadera. La causante de todo, era su hermana, como siempre. Diva siempre había sido la culpable de todo. Sí, ella misma también, pero podía tomarse la libertad de hacerse la victima, y le dejaría bien claro a su hermana, que ella era la hermana mayor, y que como siempre dijo desde que planeo vengarse y matar a Diva… nadie se metía con ella.

Y se lo dejaría mas claro que nunca…

Salio de la habitación con paso decidido, como el segundo antes de atravesar al quiróptero con la espada empapada en su sangre, y con una mirada inexpresiva por lo que iba a hacer, como si fuera una mujer sin escrúpulos ni sentimientos dispuesta a lo que sea, dejo el zapato afuera de la habitación, pegado a la puerta, obstruyéndola.

El propio zapato de Diva se burlaba de ella, con sus cintillas negras arremolinadas en el suelo y el alto tacón prepotente, como su dueña.


Habían pasado mas o menos cuatro horas, y estaba ya un poco cansado y con los dedos latiéndole, con callos más gruesos ahora por la practica de esa tarde, así que cuando considero que ya era suficiente, regreso a su habitación, con la intención de retomar por un rato aquellas partituras que no lo dejaban en paz, pero cuando subió a la planta alta y se acerco a la puerta de su habitación, se llevo una gran sorpresa.

Frente a su puerta, con su presencia odiosa como la de su dueña, estaba el zapato que días atrás le habían causado tantos problemas. La zapatilla de Diva.

¿Qué carajo intentaba ahora Diva? Pensó Hagi con una mueca de desaprobación y desdén. Después de que tratara de seducirlo y además de todo, fingir un aborto, ya no confiaba para nada en ella (aunque jamás lo había hecho) pero ahora eso era el colmo. Venir a dejar su zapatilla en su puerta ¿Qué intentaba lograr? ¿Acosarlo hasta que se acostara con ella? grandisima bazofia ridícula.

Sin mostrar molestia (aunque estaba sumamente molesto en realidad) tomo el zapato con una de sus manos y lo vio de cerca. Sin duda era de Diva. Y sin duda ella lo había dejado ahí. ¡Pero que manera tan infantil de acosarlo! ¿Acaso creía que haciendo eso, él tomaría eso como una "señal" para meterse con ella, o que demonios?

-Diva…- susurro con fastidio el caballero y rolando los ojos, dejando dentro de su habitación el chelo y cerrando después la puerta, aun con el zapato en mano, y camino rápidamente, no sin antes fijarse que nadie estuviera cerca, y fue hacia la habitación de Diva. A veces era desesperante el estar alerta de que nadie te estuviera vigilando, después de todo, Saya y él, vivían en una casa llena de secuaces de la que, hasta pocas semanas atrás, era la mayor rival y fuente de odio de Saya y viceversa.

Toco un par de veces la puerta, y cuando Diva apareció abriéndola, y al verlo, sonrío con burla a pesar de no esperar verlo por ahi, pero su expresión desapareció de inmediato al ver la seriedad, más bien furiosa, con la que el caballero la miraba.

-¿Que pasa?- balbuceo confundida sin entender el porque la miraba así.

-¿Qué pretendes lograr con esto?- le dijo Hagi levantando frente a su vista la zapatilla.

-¿Qué? ¿Qué haces con eso?- pregunto Diva confundida por la situación.

-¿No crees que seria mas adecuado preguntar, el porque la dejaste frente a mi habitación?- argumento el caballero.

-¡¿Qué?! ¿De que hablas? ¡Yo no la deje ahí!- se defendió la chica comenzando a molestarse por la acusación injusta a la que estaba siendo sometida.

-¿Entonces quien? Esto no llego por si solo- argumento Hagi recobrando la calma, retomando su mirada inexpresiva –No se lo que estés tratando de lograr, ni me interesa, y mucho menos me incluyas, pero si quieres acosarme, al menos hazlo discretamente- añadió fríamente, como si realmente no le importara y su presencia y acciones le fueran indiferentes, cosa que fastidio a Diva, pero antes de poder decir algo, Hagi prosiguió.

-¿Tienes idea de lo que pudo haber pasado, si Saya o alguno de tus caballeros veía esta zapatilla frente a mi habitación? Por favor, no seas tan descuidada- pidió el caballero, y le extendió dicho calzado a su dueña, quien lo tomo confundida, sin entender lo que pasaba.

-¡Te digo que yo no fui!- exclamo, cuando vio al caballero darle la espalda dispuesto a irse -¡Te juro que no fui yo!- aseguro nuevamente, tratando de defenderse, y estuvo apunto de llamarlo una vez más, pero desistió al darse cuenta que el caballero no voltearía a verla, y que estaba seguro de que ella había sido la responsable.

Diva cerro de un portazo la puerta, resignada, refunfuñando, y miro una vez más su zapatilla. ¿Cómo rayos había llegado a la puerta de Hagi? Estaba completamente segura que ella no había sido, así que tuvo que haber sido alguien mas, pero… ¿quien?

Corrió hacia su closet, adentrándose en la habitación del mismo, y busco la caja de zapatos donde según ella había guardado el par, tirando detrás los demás hasta que lo encontró. Una caja color blanco y negro donde se leía Yves Saint Laurent en la tapa, en letras negras. Abrió la caja, y se encontró con el otro zapato, pero faltaba uno, el que estaba en su mano.

-Saya…- susurro entrecerrando los ojos. Había encontrado a la culpable de todo ese malentendido… esa… desgraciada. Lo había planeado todo. Seguramente en algún momento encontró los zapatos, tomo uno de ellos y después lo dejo frente a la puerta de Hagi… era más que obvio, lo único que no concordaba con sus conclusiones, es que Saya, según, no había visto ese zapato que se le cayo cuando se escondió debajo de la cama a petición de su caballero… entonces, ¿Cómo supo que eran esos zapatos? Tuvo que haberlo visto…

Sí, era la única explicación. Saya vio el zapato tirado en la habitación de Hagi cuando ella se escondió y lo reconoció. Pero aun así, no le hallaba el sentido. ¿Por qué Saya no dijo nada entonces? Solo se hizo de la vista gorda y no reclamo ni dijo nada, y espero para dejar el mismo zapato frente al cuarto de Hagi, para que así él pudiera tomarla como la culpable y que se enojara con ella, y conociendo al caballero, no le dirigiría la palabra y mucho menos la miraría en días, y muchísimo menos con el asunto de que él sabia que su aborto había sido provocado por ella…

-"¿Por qué los hombres son tan complicados?"- se pregunto la ojiazul. –"Es decir, cuando les dices que vas a tener un hijo salen corriendo espantados, y si les dices que abortaste te toman por una desgraciada asesina"- concluyo, pero dejo de lado sus ironías, y recordó a su hermana y sus sucias tretas… Vaya que Sayita no era la santa que le hacia pensar que era a todo el mundo…

-Perra lista…- susurro Diva mirando su zapato con ojos dementes –Esta bien, hermana… esta bien… Si quieres una guerra, ¡Una maldita guerra tendrás!- vocifero iracunda, y con fuerza, arrojo el zapato a la pared.

Nadie se metía con ella tampoco, se dijo.


¡Hola! Estoy aquí con un nuevo capitulo, y lo prometido es deuda. Ya bastante había estado Saya parada como tonta sin hacer nada mientras Hagi era tentado a caer en la "tentación", y ha decidió poner las cartas en la mesa con una buena intriga, como toda vieja. Les recuerdo que en este fic, Saya y Diva podrán estar juntas, viviendo en la misma casa, pero se la pasan buscando la manera de recriminar a la otra, especialmente Diva. Tan cerca y tan lejos ellas dos.

Como sea, no hay mucho que comentar y creo que el capitulo no quedo tan prometedor después de la espera, pero tengan paciencia por favor, no voy a poner una relación entre Hagi y Diva a lo baboso. Me chocan que las cosas como esas se den con tanta facilidad, y sobretodo si hablamos de parejas Crack y de alguien tan inexpresivo y difícil como lo es Hagi, así que Diva tendrá que batallar mucho para lograr lo que quiere, eso si, espero no estar perdiendo el toque, y si es así, háganmelo saber por favor.

Bueno, sin más que decir, gracias a los que han estado siguiendo la historia y a los que dejan reviews y me animan para que lo siga. No saben cuanto gusto me da recibir un comentario de ustedes, y disculpen la tardanza. Ya tenia listo el capitulo desde hace varios días pero tuve varios conciertos y ensayos muy largos y además en mi casa se apropiaron del Internet.

Y bueno, que se la pasen bien, Feliz Navidad y Año Nuevo, aunque yo sea una autentica Grinch y no le desee felicidad en estas fechas a nadie.

Me despido

Agatha Romaniev