¡Jaque Mate!
Dos días después, David había encontrado un departamento decente y muy bien ubicado en la zona de Manhattan, cuidando siempre que la renta del piso no fuera exageradamente cara como las de otros edificios del mismo distrito. Por los demás, no hubo queja alguna, incluso Lewis y Julia alabaron la buena opción que había tomado esta vez David al elegir ese lugar, y por parte de Mao, su único requisito era que contara con un aire acondicionado decente y que funcionara (y si tenía más de un baño, ¡mejor!).
La mañana parecía tan tranquila y despejada, que sorprendió a todo habitante de la Gran Manzana, y dejo un buen sabor de boca en todos los que habían comenzado con el pie izquierdo, incluyendo a Diva, aunque esta en realidad, aun no se diera cuenta de que ese día, no seria el mejor de su vida aunque así ella lo programara.
Diva abrió las ventanas de par en par y dejo entrar la brisa fresca de la mañana dentro de su habitación, con una sonrisa de oreja a oreja. Había pasado una noche simplemente maravillosa. Había dormido como un bebé, aunque sí que había tenido un sueño bastante raro, incluso algo perturbador hasta para una persona como ella.
En el sueño, por unos segundos parecía ser perseguida por las calles de Londres por un tiranosaurio igualito a los de las películas de Jurassic Park, correteándola y haciendo temblar las calles con su enorme peso clavándose en el suelo y rugiendo ensordecedoramente. En el sueño, y después de una larga carrera, Diva había llegado al puente de Westminster, pero ni se había puesto a admirar los sitios que atraían a turistas de todo el mundo, como el Big Beng o el Palacio de Westminster, si no que lo primero que hizo fue arrojarse al río Támesis para escapar del enorme reptil que la perseguía dispuesto a hacerla su cena.
Cuando cayo al río de oscuras y turbias aguas, se encontró con su hermana, solo que ella, en lugar de tener piernas, tenía una larga cola de pescado de un verde brillante y azul eléctrico, un par de conchas en los senos y un tridente en la mano derecha, como si fuera una sirena guerrera de alguna película de bajo presupuesto. Por alguna extraña razón no podía ir a la superficie y se hundió hasta el fondo de las aguas, para que después Saya la agarrara fuertemente tratando de ahogarla dentro del río. Diva recordaba haberle dado un puñetazo en el rostro y en la primera oportunidad nado hacia la superficie, donde fue rescatada por un oficial vestido con pantalones negros y camisa verde fosforescente, el típico uniforme de policía londinense. La había sacado del agua y también le había dado respiración boca a boca. Cuando creyó despertar dentro del sueño y con la vista borrosa, tosiendo agua y retorciéndose en el suelo mientras expulsaba el agua de sus pulmones, vio entonces que, el policía, en realidad era Hagi, y detrás de él había un montón de ambulancias, policías, prensa tomando fotos y video, espectadores y mirones morbosos, y entonces alguien grito desde el fondo de la muchedumbre "¡Suicidio!" y de la supuesta ambulancia, salieron un par de hombres de blanco que la habían tomado a la fuerza, sujetándola con una camisa de fuerza que le fue imposible de arrancarse por mucho que forcejeo y pataleo, mientras la subían al vehiculo que la llevaría, seguro al manicomio, con un expediente donde se leyera "intento de suicidio". En medio del alboroto Diva grito al oficial que la había salvado, que no la dejara sola.
-"¡Hagi! ¡Yo no quise suicidarme! ¡Fue Saya y sus dinosaurios! ¡Vestida de sirena trato de ahogarme en el río!"- grito con desesperación en el sueño, dirigiéndose al oficial que la miro extrañado unos momentos.
-"Pero señorita, yo no me llamo Hagi, mi nombre es Solomon"- aseguro el supuesto oficial, quitándose el rostro, como si fuera una mascara de efectos especiales exageradamente elaborada. Incluso sus ojos pasaron del azul metálico propio de los ojos de Hagi, al verde primavera de los ojos de Solomon, dejando ver la cara del caballero con una sonrisa endemoniadamente serena y sus ligeros rizos rubios cayéndole con gracia sobre la frente, como siempre, y mientras Diva era metida contra su voluntad dentro del camión, gritando mil y un maldiciones a todo y todos, más contra Solomon y su hermana, vociferando y acusándolos de traidores a los dos, en su expediente se añadía la palabra "Trastorno esquizofrénico" y Saya se despedía de ella coquetamente saliendo a la superficie y meneando su cola de sirena.
Diva tuvo que mover bruscamente la cabeza para volver a la realidad. ¡Que sueño tan desagradable! Vocifero mientras se daba media vuelta y tomaba un cepillo para desenredar su cabello.
Mientras se peinaba, Diva comenzó a cavilar en el significado de dicho sueño, bueno, más bien, pesadilla. No era de las personas que tuvieran pesadillas a menudo, y tampoco creía en esas cosas del destino, los sueños y el zodiaco, en si todo lo que tuviera que ver con el esoterismo. Jamás supo de qué trataban y jamás le intereso. A pesar de parecer un poco distraída y que no se daba cuenta de nada a su alrededor, sí sabia que la vida solo eran una serie de circunstancias que se daban con otra serie de acontecimientos que podían hacer o no la diferencia entre una cosa u otra por una sola persona, por una sola acción o por una fracción de segundo, pero que al final de cuentas y por mas que los humanos lo intentaran, era algo que no se podía controlar, y mucho menos predecir por mucho que lo juraran los charlatanes que se nombraban clarividentes y adivinos.
Aun así decidió abrir un poco su mente y criterio a nuevas posibilidades desconocidas. Primero, supuso que lo de los dinosaurios, había sido producto de las frases tan raras que su hermana había pronunciado dos días antes sobre dinosaurios, de las cuales no recibió explicación lógica por parte de ella. Lo de correr por Londres… bueno, supuso que había sido porque había estado un par de veces en la capital británica, pero, en todo caso, siempre había preferido ciudades con un aire desenfadado e inusualmente francés como Nueva Orleáns. Londres era un lugar demasiado nublado para su gusto. Pero como sea… lo que sí dejo a Diva pensando fue que, al aventarse al río Támesis, se encontrara con su hermana, la cual además de todo, tenia apariencia de sirena, ¡y que además! Había tratado de matarla ahogándola…
Pensó entonces… ¿Saya estará planeando algo en mi contra? No seria la primera vez, pero Saya no era demasiado buena fingiendo demencia y cortesía, al igual que ella, y le parecía casi imposible que Saya estuviera en esos momentos en su contra o algo parecido sin haberse dado cuenta… eso realmente la dejo desconcertada, aparte, ¿Qué rayos tienen que ver las sirenas? Y recordó entonces la película animada "La Sirenita" de Disney, donde la bruja malvada roba la voz de la sirena Ariel para hacer que el príncipe Erick se enamore de ella, y Diva se cuestiono… quien era la bruja y quien era la sirena en su propio cuento, o si ambas eran ambos personajes, o ¿ambas creían ser tal personaje y al final eran el otro?
-Ash…- mascullo Diva dejando en su lugar el cepillo y arrojándose a la cama, sin poder dejar de darle vueltas al sueño. Encima de todo, y más raro que cualquier otra cosa, era que en el sueño, era rescatada por Hagi vestido de policía londinense. Imaginarse a Hagi vestido así era… simplemente demasiado extraño (Es decir, ¿Quién se lo imaginaria con una camisa verde fosforescente? si siempre parecía andar de luto). Diva era incapaz de expresar con palabras lo insólito que le había parecido eso, pero sin duda lo peor de toda esa pesadilla, era cuando era inmovilizada por una camisa de fuerza y todos gritaban que había tratado de suicidarse al arrojarse al río, para al final, ser llevada a la fuerza a un manicomio, y que al pedir ayuda a Hagi tratando de defenderse y afirmando que todo era un plan de Saya, el supuesto Hagi, terminara siendo en realidad Solomon… y después, la diagnosticaron con esquizofrenia.
-"Vaya sueñito…"- pensó con sarcasmo la joven, y se pregunto entonces, que tenía que ver Solomon. Su delirio de persecución se disparo en un dos por tres y se irguió automáticamente, como si hubiera encontrado la pista principal de un crimen que la llevara al perpetrador de una vez.
¿Será que Saya y Solomon… están planeando algo juntos, usando a Hagi como anzuelo? ¿O los tres estarán de acuerdo? ¿O Será que en realidad ahora no esta pasando nada y se supone que pasara hasta después? ¿Y si es así, cuando? ¿Y por qué? Y se pregunto entonces si la camisa de fuerza simbolizaba algo así como un amarre o un freno a sus impulsos y caprichos, por parte de su hermana y Solomon. Después de todo, el objetivo de Saya durante la guerra, había sido detener la serie de masacres que eran ocasionadas por su culpa.
-"Tal vez Solomon se este tirando ya a Saya…"- pensó Diva riendo ante la idea tan ridícula y a la vez cursi. Tal vez quieran vivir felices y necesitan deshacerse de ella usando a Hagi... Su risa se desvaneció como por arte de magia. Lo último no le gusto para nada.
Diva se revolvió el cabello confundida, quedando despeinado y enmarañado de nuevo, por el sin fin de preguntas y la notoria escasees de respuestas, y pensó en una y mil posibilidades que se podrían estar suscitando, o bien, podrían suceder en un tiempo próximo. Su teoría del "destino de las circunstancia" se fue al carajo en ese momento y no le ayudaba en nada a pensar con claridad y encontrar remotamente una respuesta viable, y tal vez en esos casos, después de todo era mejor recurrir a cosas como el tarot, la adivinación, los clarividentes y los sueños premonitorios, en lugar de tratarse de irse por el margen de la lógica (en el cual además no era muy buena que digamos).
Después de todo, no estaba exagerando en preocuparse. Al final de cuentas la única afectada en esa pesadilla era ella.
Pobre Ariel, y pobre príncipe Erick…
-Necesito un café- murmuro Diva mientras se ponía con desgano una ligera bata blanca encima de su pijama.
La verdad no esperaba encontrarse con nadie en la mesa del jardín, pensó Diva al salir de la puerta trasera de la mansión con una taza de café en mano, despeinada y el cabello apenas agarrado en una descuidada media cola, y en un pijama vaporoso y blanco a pesar de que Amshel constantemente le exigía que se cambiara de ropa en cuanto despertara, pero él no se encontraba en la mansión, había salido desde las ocho y ya eran las nueve, y se podía dar el lujo de andar desnuda si se le daba la gana.
-Buenos días Diva- saludo Solomon con una típica sonrisa mañanera, y ante el nombre pronunciado, Saya y Hagi, quienes se encontraban sentados frente al rubio, voltearon a ver a la joven que se acercaba con cara medio adormilada y gruñona, en pijama y con un café, arrastrando los pies descalzos por el pasto verde y fresco.
La cara de Diva se torno en un gesto aun mas gruñón al ver a los tres sentados tomando café como si fuera una esplendida mañana de otoño.
-…Buenos días- contesto Diva con voz raposa después de una pausa, sentándose junto a Solomon, y quedando frente a Hagi.
Saya y Hagi devolvieron el saludo con voz queda y algo dudosa, como si la presencia de Diva hubiera tensado aun mas la situación, que ya de por si lo estaba con la presencia de Solomon y sus tontos, desesperados y mas que obvios elogios (según Hagi) que le mandaba a Saya diciéndole lo linda que se veía recién levantada.
Hagi, inconcientemente y como si quisiera que la tierra se lo tragara sin razón alguna para sentirse avergonzado, no pudo evitar sacar una cajetilla de cigarros y fumarse uno, mientras Diva lo seguía escrupulosamente con la mirada. Hagi por cortesía ofreció a los presentes, y Solomon, obviamente, lo rechazo, adjudicando que traía los suyos al tiempo que los sacaba, por otra parte, Diva aprovecho y sí tomo uno de los cigarros de Hagi, y Saya, al ver la acción, no dijo ni pío, y se limito a tomar un gran sorbo de su café de un jalon.
-¿Empezaras a fumar desde temprano?- pregunto Solomon a la joven mientras le prendía el cigarro.
-Si, ¿Por?- pregunto desinteresadamente la joven y con la misma cara de pocos amigos.
-Diva, creo que tienes problemas con la nicotina- argumento el rubio con aire preocupado, pensando en el sin fin de ceniceros que se encontraban por toda la casa repletos con cadáveres de cigarrillos Marlboro. Se había dado cuenta de que, desde que su hermana había llegado a vivir con ellos, Diva fumaba más, pero muchísimo más que antes. Es mas, antes, apenas fumaba un cigarrillo esporádicamente.
-Bueno, realmente no importa, no es que me vaya a morir por eso- dijo dando una profunda bocanada de humo –Después de todo la sangre de Saya es lo único que puede matarme- afirmo la ojiazul con aires de desprecio, mirando a su hermana, imaginándosela con una cola de pescado y un par de conchas cubriéndole los senos mientras le picaba el brazo con un tridente. Saya, absorta de ello pero escuchando la conversación, no pudo evitar tomar uno de los cigarros de Hagi con manos temblorosas, cosa que nadie paso desapercibido, mucho menos Diva.
-Bueno, es que todos están fumando- se excuso Saya fingiendo despreocupación con gran maestría al centrar de un momento a otro su pulso. Cuando la situación se ponía más tensa, era cuando más se debía guardar la calma, acostumbraba decirle Hagi en los tiempos en que vivían en el Zoológico y cruzaban de pérdida más de diez palabras por hora… Vaya tiempos de comunicación.
-¿Cómo dormiste Saya?- pregunto Diva a su hermana con algo de ironía y levantando la ceja, pero la joven de ojos marrones se quedo por un momento paralizada frente a todos, que para ese momento ya la estaban viendo, cuando por pura inercia, se llevo el cigarro a la boca y succiono el humo sin ahogarse. ¡Wow! Al fin había aprendido a fumar.
-Pues… bien- contesto ella un poco confundida. Diva no acostumbraba preguntar ese tipo de cosas, lo cual le extrañaba aun más a ella y a los demás.
-¿Tienes algo en mente? ¿Algo que pienses hacer próximamente?- pregunto con desden, causando miradas confusas en todos los presentes y el desconcierto de su hermana. Las razones por las cuales Diva preguntaba eso, eran simples, aunque todos las ignoraran, pues después de todo no podían meterse en su cabeza e indagar en su cerebro. Diva había venido con ganas de pelea, o tal vez, no precisamente de pelea, pero si de un duelo de advertencia, de que nada ni nadie, podía hacer algo en su contra y salir victorioso. Si había algo que ella no podía hacer, era olvidar y perdonar, y si Solomon y sobretodo Saya estaban tramando algo contra ella, no dudaría ni un segundo en mandar a Amshel a matarlos a los dos, incluso era capaz de matarlos con sus propias manos si era preciso.
-No en especial- titubeo Saya con serenidad y sin entender el por qué de las preguntas, poniéndose cada vez un poco más nerviosa por la manera en la que su hermana la miraba.
-¿Estas de mal humor o qué Diva?- pregunto Solomon al darse cuenta de las intenciones de su ama de joder.
-No, carajo, no. Solo que he tenido pesadillas y estoy nerviosa- contesto agolpadamente mientras tomaba de su café y tomaba un nuevo cigarro al acabársele el primero y se levantaba, dando vueltas por el jardín y moviéndose inusualmente nerviosa.
La mañana paso sin mas percances ni conclusiones de pleitos por parte de Diva, hasta que ella, aun muy nerviosa y perturbada, se quedo encerrada en su habitación jugando una partida de ajedrez con el oso de peluche Teddy, al cual le había arrancado la cabeza semanas atrás, solo que ahora tenia la cabeza remendada, un poco ladeada a la izquierda y con un ojo colgando apenas detenido por un torcido y frágil hilo blanco.
Después de un largo rato Diva pensó que Teddy, no era muy animado que digamos, y siempre terminaba ganándole en el ajedrez con sólo unos cuantos movimientos simples.
-Eres muy malo jugando al ajedrez, Teddy- dijo Diva mirando al oso del otro lado del tablero, inmóvil sobre el piso. Diva refunfuño tremendamente aburrida.
Hagi miro hacia el reloj lentamente, como si no quisiera cerciorarse sobre la hora, sin embargo su vista finalmente se poso en las manijas y se dio cuenta que eran casi las cuatro de la tarde con quince minutos, quizás dieciséis o diecisiete. Se sintió pésimo e infinitamente patético cuando noto que el día avanzaba con una lentitud sobrehumana que se antojaba eterna, y que además, mientras los minutos y las horas pasaban mientras estaba encerrado en su habitación tratando de concentrarse, aun así era incapaz de agregar una mísera nota más en la partitura a medio terminar que descansaba entre sus manos.
Arrojo el lápiz a un lado bufando un poco, y frustrado miro hacia su propia composición. Lo primero que pensó, era que debería romperla y quemarla o arrojarla por el escusado y olvidarse de una vez de esa pesadilla de compases, rayas y círculos negros que se hacían llamar música. A veces le daba la impresión de que se estaba tomando un tiempo exagerado (años, para ser precisos) para terminar una obra que en ocasiones, le parecía una mierda cuando la releía.
Estuvo a punto de tomar nuevamente el lápiz y tachar de extremo a extremo toda la hoja, y así hubiera sido cuando lo detuvo un par de golpes en la puerta. Miro un momento a la puerta cerrada, y después a la partitura, y pensó entonces que tal vez y su composición no era tan mala después de todo, y quien sabe, tal vez sea cosa del destino que justo en ese momento, alguien lo estuviera llamando, y probablemente ese alguien, era Saya, así que no la hizo esperar y abrió la puerta, pero en cuanto vio de quien se trataba…
-"Al carajo el destino"- pensó Hagi al ver frente a él a Diva con una de esas sonrisas que avisaban que algo tramaba… y definitivamente no podía ser nada bueno.
-¡Hola Hagi! ¿Cómo te va?- pregunto Diva animadamente, pero no causo ni el mas mínimo cambio en el gesto de Hagi, al igual que no le saco ni una sola palabra ni siquiera por cortesía.
-¡Ay Hagi!, ¿No me digas que aun sigues enojado por lo del zapato?- replico la ojiazul entrando a la habitación, al tiempo que el caballero cerraba la puerta con llave, como precaución.
-No me enoje. Más bien, lo que hiciste fue una tontería de tu parte para molestar- contesto el caballero con seriedad.
-¡Carajo!, que yo no fui- se defendió ella enérgicamente volteando a verlo.
-¿Entonces quien?- pregunto un Hagi extremadamente escéptico mientras se cruzaba de brazos.
-No lo se… tal vez Saya-
-¿Saya?- y levanto una ceja sin creérselo.
-Sí, Saya. Pensé que eras más inteligente, pero no se si te habrás dado cuenta, de que Saya no es quien dice ser, al igual que tú- alego Diva con una sonrisa perversa en sus labios recién pintados de rosa pálido, y después enseño los colmillos con malicia y algo de coquetería.
-No empieces- le advirtió Hagi con tranquilidad, cansado de los juegos de Diva mientras a esta le daba la espalda cansado de sus cosas, pero contrario a lo que Hagi esperaba por reacción de Diva, sucedió todo lo contrario. Ella se acerco a él guiando su camino en sigilosos pasos como un gato detrás de un ratón, y cuando estuvo más que cerca de él, puso una mano sobre su cuello y otra sobre su pecho, sin embargo Hagi se mantuvo impasible ante el gesto.
-Si quisiera, podría matarte en este momento- dijo Diva serpenteando sus palabras como si se tratara de un súcubo,apretando su mano alrededor del cuello de Hagi con una fuerza ligera pero firme.
-¿Enserio? ¿Y por qué no lo haces de una vez?- la reto él, y contrario a la respuesta que Diva esperaba, furiosa por la extraña forma de responder de Hagi, siempre tan complicada y a medias, en un abrir y cerrar de ojos su gesto se torno iracundo y con un grito de guerra lo arrojo con una fuerza brutal hacia la cama, y luego se acerco a él tan rápida como una cobra para después comenzar a desabrocharle furiosamente el saco.
Estaba harta, de ser rechazada por él. Es decir… Nadie en su vida la había rechazado, ¿Quién carajo se creía Hagi?
Hagi tardo un momento en reaccionar. Se había quedado como flotando en el limbo, sin darse cuenta aun que rayos había pasado, producto de la fuerza con la que fue arrojado, que provoco que su mente se desorientara unos segundos, y para cuando recobro la razón, tenia a Diva encima de él tratando de quitarle el saco como si fuera una autentica ninfomana. Cuando se dio cuenta de esto, recupero por completo los estribos, y usando toda su fuerza, tomo desprevenida a Diva volteándose y haciendo que ella quedara debajo él, al tiempo que la sostenía fuertemente por las muñecas, clavándolas sobre el colchón para contrarrestar la fuerza con la que Diva forcejeaba.
-¡Es suficiente Diva!- grito Hagi mientras ella pataleaba debajo de él tratando de soltarse, y Hagi sintió como si estuviera tratando de domar a un agresivo animal salvaje sin herramienta alguna.
-¡Suéltame Hagi! ¡Suéltame, maldita sea!- ordeno colérica la ojiazul pataleando sin control y tratando de moverse hacia donde pudiera mientras Hagi trataba de no perder el control sobre ella, pues, sabía perfectamente que si la hacia enfadar más, Diva podía matarlo en la primera oportunidad donde se distrajera, y esa no era precisamente la opción que prefería.
-Escúchame bien- ordeno con dureza Hagi, acercándose al rostro de la joven y mirándola directamente a los ojos –Deja de comportarte como una ninfomana y contrólate, o no te soltare. Ahora, que si quieres matarme, adelante, inténtalo y te meterás en muchos problemas con Saya y estoy seguro de que esta vez sí te matara, y te advierto que si sigues con este maldito juego no tendré compasión alguna hacia ti- le dijo Hagi tomando entonces, las riendas definitivamente al mirar con tal dureza a los ojos de Diva, que esta simplemente quedo desarmada en un dos por tres ante el radical cambio de actitud del siempre aparente serio caballero, pero supuso que era lo más normal… después de todo, lo había estado fastidiando hasta sacarlo de sus casillas, y aunque él no se diera cuenta, al descontrolarse de esa manera, estaba aceptando jugar el juego de Diva.
Bien dicen que, el que se enoja, pierde.
-¡Hagi, me has dejado perpleja!… jamás imagine que usarías a Saya como escudo- comento ella con una sonrisa burlona, casi malvada, pero lasciva solo como ella podía hacerlo.
-Te lo advierto Diva, a mi puedes fastidiarme todo lo que quieras, pero con Saya no te metas- contesto él clavando su mirada ahora colérica a la burlona y perversa de Diva. Cualquiera que los hubiera visto habría jurado que los ojos de ambos soltaban chispas con solo mirarse uno al otro.
-Y eso es precisamente lo que pienso hacer- y después de lo dicho, ahora con Hagi un poco distraído, logro soltarse de su agarre bruscamente y en cuanto tuvo las manos libres, con ambas tomo el rostro de Hagi con fuerza, casi aplastando su mandíbula, y este, sin tiempo de reaccionar, en una fracción de segundo lo obligo a besarla, pero el gesto no duro mucho tiempo pues Hagi en lugar de responder al beso, se controlo y mantuvo los labios inmóviles tratando de quitarse de encima las manos de Diva que, ¡vaya!, si que tenia fuerza.
-Ya deja de hacer esto- exclamo en cuanto se libero, mientras la alejaba de él tomándola fuertemente de los brazos y con el dorso de la mano se limpiaba la boca, como si eso pudiera desaparecer el hecho de que, finalmente, Diva lo había besado. Se podría decir que después de tanto autocontrol y esfuerzo, finalmente había traicionado a Saya con su hermana. ¡Perfecto! Una razón más para añadirle peso a su eterna culpabilidad, pensó Hagi con ironía.
-¿Dejar que?- pregunto esta con ademán de no entender mientras se llevaba ambas manos a la cadera cuando lo obligo a soltarla –Lo único que quiero es que nos acostemos- añadió con aire caprichoso, despreocupado y extremadamente liberal, igualito a ella de pies a cabeza, y las palabras de Diva hicieron que Hagi la mirara desconcertado, no por lo liberal, lo caprichosa que pudiera ser, ni mucho menos por el acto que ella se empeñaba a hacer con él (incluso cuando parecía querer violarlo), si no que estaba desconcertado por el hecho de saber quien era ella y quien era él, cosa que parecía tener a Diva sin cuidado. Era genuino, no había duda alguna, Diva de verdad no se daba cuenta de nada, y mucho menos le importaba.
-Diva, si no te has dado cuenta, soy el caballero de tu hermana- le hizo ver Hagi tomando un poco de paciencia, enfatizando en su voz toda la posible expresividad que podía darle al hecho del que hablaba.
-¿Y eso que? Por si no lo sabes, tú no puedes reproducirte con Saya, así que obviamente, eso te convierte en mi novio, al igual que mis caballeros, son los novios de Saya. Que te entre en la cabeza- refuto Diva apuntando con su dedo la cabeza de él como si fuera un niño.
-Eso no me importa. Yo no soy ni seré nada tuyo- replico Hagi con determinación.
-Ah, ¿Enserio? A mi me parece, Hagi, que lo que pasa aquí es que estas tan idiotizado con la tonta de mi hermana, que no te das cuenta de las cosas que ella sabe, y mientras la esperas como idiota, dejas la oportunidad que te estoy dando y que Saya jamás podrá darte- dijo Diva acercándose a él, usando la tonalidad y volumen exactos, en las palabras exactas, para provocar al fin, la reacción deseada… la de la duda de preguntarse, ¿Qué le podía dar ella, que Saya no podía?
-¿De que hablas?- murmuró Hagi confundido, sin saber que al hacer esa pregunta, había aceptado sin darse cuenta, jugar en el juego de Diva, moviendo su primera y ultima pieza, la cual de inmediato fue tragada por su rival, y con la desventaja de no saber de que lado del tablero estaba, si con las piezas negras, o las piezas blancas.
-De una vida- contesto Diva, haciendo al fin, jaque mate contra el rey contrario y sus soldados, todos, secuestrados.
¡Jaque mate! Fue lo único que Diva pudo pensar en ese instante.
Ay no se porque pero me ha gustado mucho este capitulo. Creo que porque al fin Diva logro besar a Hagi, aunque no salio como muchos esperaban seguramente. Aun es muy pronto como para que él se deje llevar tan fácilmente, siento que si hago eso quedara un poco OoC. Hagi no respondería apasionadamente a un beso forzado de Diva así nada más, es lo que creo yo.
Bueno, con lo del sueño puede sonar medio raro o que no tiene nada que ver, pero es un adelanto por asi decirlo del delirio de persecución que tiene Diva y que cree que Solomon va a intentar hacerle daño, lo cual no es asi, pero ella cree que asi es, y por ello, tomara ciertas medidas mas adelante.
Por cierto aun se me hace medio raro poner a Saya fumando, pero es como una idea de la influencia que su hermana esta teniendo sobre ella sin que se de cuenta, y con lo de Hagi fumando, también es algo así. Mucha gente fuma más cuando esta nerviosa o ansiosa. Es como un indicio de que Hagi finalmente esta perdiendo el control sobre su siempre flemático semblante, y él ni en cuenta. Espero haberme explicado bien, aunque creo que no fue así.
Como sea, no tengo nada más que agregar, pero como siempre le doy las gracias a los que me han dejado reviews, ¡ya casi 250! al igual a los que esperan tanto tiempo para leer un nuevo capitulo y aun así me dejan review.
Me despido
Agatha Romaniev
