Resentimiento
La boca de Hagi no pudo articular respuesta alguna o siquiera alegar algo, pues todo su rostro estaba ocupado en mantener una mueca (discreta) que decía con claridad "¿De que demonios hablas?" hacia Diva, mientras esta mantenía una firme media sonrisa que no la abandonaba, como una muestra de victoria prematura.
Finalmente Hagi materializo su pregunta en palabras, serias, sin expresión en ellas -¿A que te refieres?- murmuro el caballero, confundido aun si sus oídos no lo habían engañado al escuchar esa palabra que hace tiempo lo había abandonado de su cuerpo y que tampoco estaba en su vocabulario, mientras no estuviera el nombre Saya a su lado.
-Así es, una vida. La vida que Saya no te ha podido dar, y que al contrario, te ha arrebatado, porque aunque no lo creas, ella es mucho mas egoísta que yo- afirmo Diva con una sonrisa venenosa en los labios.
-No compares a Saya contigo- espeto con seriedad, ofendido, sin embargo, aunque tratara de darle vueltas, las palabras de Diva habían sido como agujas clavándose en su pecho, y la palabra "vida" de pronto cobro un significado demasiado peligroso, incluso para que él pudiera darse cuenta a tiempo.
-Como sea. ¡Ay eres tan terco, como una mula!- exclamo antes de proseguir –A lo que me refiero es que, en lugar de estar pensando en cumplir los deseos de Saya, deberías pensar en cumplir los tuyos. ¿Qué no tienes deseos? Porque no puedes negar, que mi hermana te robo tu vida. Ella te convirtió en caballero sin siquiera preguntarte, obligándote por cuestión de sangre a ser su esclavo para siempre porque, por mucho que pudieras desearlo, jamás morirás… Y sin muerte, tampoco hay vida- argumento Diva seriamente, casi con diplomacia, provocando en Hagi una serie de torrentes inexplicables de preguntas, cuestiones, escasees de respuestas, y, sus verdades, y emociones hasta ahora desconocidas para él, tales como el desprecio, y no porque nunca en su vida hubiese sentido desprecio hacia alguien, si no que la cuestión aquí era hacia quien lo sentía (sospechaba que hacia Diva, ¿Cómo podía ser tan descaradamente manipuladora y todavía reírse?), y Hagi en ese momento no pudo estar seguro de nada, y prefirió quedarse callado, a falta de argumentos o simples palabras o respuestas. Por ahí se dice que la mejor respuesta es el silencio.
-Jamás me he arrepentido de ser caballero de Saya- respondió Hagi lleno de seguridad, decidiéndose a romper el silencio al que casi siempre se ataba.
-Quieras o no, eres su esclavo… bueno, mas bien, la quieras a ella, o no, y viceversa- dijo caminando hacia la puerta conciente de que por ese día, no habría nada más entre ella y Hagi, mas que la pequeña discusión que ella considero había ganado, aunque la sentía incompleta -¿Pero sabes qué?- dijo volteándose antes de salir -Cuando quieras comenzar a tener tu propia vida y no estar pendiente de la de mi hermana, llámame- concluyo saliendo de la habitación.
Ahora, con Hagi completamente solo (y vulnerable) con su propia mente, tenia demasiadas cosas que pensar... ahora. Vendas que según Diva tenia que quitarse de los ojos, ver a profundidad la realidad de su vida y su propósito, aunque él tenia bien claro que su único propósito en la vida era proteger la de Saya… pero, Diva podía ser mas eficaz de lo que parecía, y es que, engañarse, es lo mas cómodo que puede haber en esta vida, y la venda en los ojos de Hagi cada día iba degradándose, abriéndole mil puertas hacia mil posibilidades diferentes y una infinidad de destinos que él no quería contemplar, pero que tal vez, solo tal vez, recompensarían su vida sin muerte y viceversa, tal y como se lo había dicho Diva.
Una vez más, se negó, preguntándose hasta cuando podría soportarlo.
-¡Ni lo suenes Mao!- vocifero Kai caminando de un lado a otro, abarcando toda la enorme sala del nuevo departamento en Manhattan, al cual se habían mudado con todo el equipo del Escudo Rojo.
-¡Pero Kai!…- alego Mao desilusionada por la negativa respuesta que había recibido de Kai al proponerle salir, aunque fueran dos veces a la semana, a vagar en las noches por los exclusivos clubes nocturnos de la zona, todo bajo el pretexto de buscar a Saya en dichos lugares.
-¡No, no y no! ¿Por qué demonios crees que encontraremos a Saya en lugares como esos?- pregunto Kai viendo de inútil la propuesta, que en realidad le sonaba mas a una cita, y conociendo a Mao, ya sabía como se las gastaba.
-Antes de que Saya se fuera, Diva estuvo matando a hombres jóvenes en exclusivos clubes de esta zona, es posible que regrese y seguramente iría con Saya, existe la posibilidad de que la encontremos- reitero Mao esperando entonces un irrefutable sí por parte de Kai al mencionar las posibilidades de encontrar a su hermana.
Kai se mantuvo pensativo unos segundos antes de contestar, frente a la mirada de los presentes que solo se habían dedicado a ver la discusión la cual en ciertos momentos resultaba bastante graciosa.
-No- contesto Kai cruzándose de brazos provocando así que la poca paciencia que su exnovia tenia, se fuera al carajo.
-¡Rayos Kai! ¡¿Cuando dejaras de ser tan necio?!-
-¡Cuando me muera!- contesto este haciendo énfasis en su terquedad, muy satisfecho y orgulloso -Además, a Saya nunca le gustaron ese tipo de lugares. ¿Por qué habría de ir a uno de ellos?-
-Porque obviamente Diva la llevaría. ¡Despierta!- dijo Mao algo desesperada por el poco sentido de deducción de su exnovio.
-Yo creo que Mao tiene razón- dijo de pronto David dispuesto a dar su opinión sobre el asunto, opinión que Mao le agradecería eternamente pero que para Kai, seria más de una noche de pesadilla -No dudo que Diva tenga la costumbre de ir a lugares como esos, y si tiene a Saya de su lado, probablemente también vaya con ella, quizás hasta acompañadas de Solomon y Hagi, ya que son los caballeros mas jóvenes y que encajarían mejor en lugares como esos…- explico David, pero hizo una pausa recapacitando un momento en su deducción -… Bueno, tal vez Hagi no-
-Yo estoy de acuerdo con David. Si Diva frecuenta los clubes nocturnos de Manhattan, ten por seguro que ira con Saya- opino Lewis.
-A decir verdad Kai, no es una mala idea, ustedes dos podrían ir a los clubes nocturnos buscando a Saya- propuso Julia, pareciéndole una excelente idea pues abarcarían más espacio de la ciudad, además de que podía tratarse de un punto clave para encontrar a Saya, aunque fuera un poco improbable, pero en las condiciones en las que estaban, había que tratar de todo -Además, se podrían divertir- enfatizo Julia con una sonrisa amable, aunque ciertamente estaba preocupada por el tan alto grado de estrés que Kai cargaba desde el abandono de su hermana.
-Julia tiene razón. Ustedes son los más adecuados para andar por esos lugares, nosotros ya no estamos para esas cosas. Además Kai, hazle caso a Mao, debes distraerte, y de paso puede que encuentres a Saya- dijo Lewis con una sonrisa de oreja a oreja, en parte, porque sabía que para Kai, seria un calvario salir con su celosa e histérica exnovia incluso si era para buscar a su hermana.
El pobre de Kai que ahora se sentía asediado y presionado por todos, se quedo un largo momento pensativo después de haber escuchado los argumentos del equipo, que parecían depositar toda su confianza en lo que podría ser un punto más en la búsqueda de Saya.
-¡Esta bien! Iré con Mao a los clubes, ¡pero Mao!...- exclamo Kai apuntando hacia la joven con firmeza -Iremos a buscar, ¡nada más!- reitero el muchacho, a lo cual la chica se abalanzo sobre él, abrazándolo efusivamente y gritando.
-¡Ya Mao! ¡No es necesario el apapacho!- exclamo el joven asfixiado por el acto posesivo, tratando de soltarse del abrazo de oso de la muchacha que gritaba como una loca.
Diva azoto la puerta de su cuarto tras de si. Las ventanas temblaron como si tuvieran miedo de la nueva presencia en la habitación, y cualquiera que la hubiera visto a los ojos en ese momento, hubiera jurado que hasta el mismo diablo podía salir corriendo ante su mirada. La joven gruñía incontrolablemente como un animal salvaje al que se le escapa la presa que con tanto ahínco persiguió, y con las piernas y los brazos tensos al punto de estar temblando, comenzó a dar fuertes pisotones sobre el piso, caprichosamente, antes de comenzar a golpear las paredes con sus puños, para después tratar de rasgarlas, provocando que en el acto dos de sus uñas se separaran completamente de sus dedos, quedando los pedazos incrustados en la pared junto a una larga línea de sangre.
Diva volvió a gritar, como si estuviera poseída por el diablo. No por dolor, ni siquiera se había dado cuenta de sus dedos lastimados, que sangraban desde la carne desgarrada de sus puntas, si no que gritaba de coraje, de puro coraje.
¡¿Quien carajo se creía que era!? Dijo a gritos Diva, arrojando al piso un espejo que se encontraba sobre su tocador, haciendo que este se rompiera en mil pedazos al caer. Volvió a gritar furiosa, colérica, como si se tratara de un grito de guerra y pataleo; golpeo lo primero que tenía enfrente, lo rompió todo y destruyo todo a su paso gritando sumamente encolerizada.
Quería matarlo a él, a su hermana y a todos los que fueran necesarios y hasta más. Pensando eso, prácticamente tiro de un golpe la puerta del baño y entro rompiendo también todo. Desde los grifos hasta los espejos, fue capaz de provocarle fisuras el piso e hizo huecos en las paredes con sus puños descontrolados.
-¡Maldito! ¡Infeliz hijo de puta!- vocifero rompiendo de una segunda patada el grifo del jacuzzi, provocando que chorros de agua cayeran sobre el mueble, llenándose rápidamente. Prácticamente, se arranco la ropa y la dejo hecha jirones sobre el piso repleto de pedazos de espejo que se clavaron en las platas de sus pies, pero no le importo.
Se metió al jacuzzi y se hundió por completo dentro del agua, la cual comenzaba a salirse del mueble blanco y a mojar todo el piso del baño pues, el grifo, estaba ya hecho una lastima convertido ahora en una fuga de agua incontrolable.
-Eres un maldito infeliz- susurro Diva bajo el agua y mirando el techo –"Todos son una mierda"-volvió a pensar mientras su mirada colérica se enmarcaba bajo sus cejas retorcidas por el gesto –"Te lo juro que… te vas a arrepentir"- sentencio admirando su odio con sus ojos insolentes y descolocados de ira y la sádica sonrisa que se dibujo en sus labios, mientras el agua se teñía con unas cuantas líneas rojas retorcidas que emanaban de sus heridas, pero estas ya comenzaban a cerrar, dando paso a una sensación parecida a un orgasmo, alimentada de su resentimiento y furia, que le hacia cosquillas en el pecho, la garganta y la cabeza.
Amshel espero a que las cosas se calmaran. Diva estaba dando rienda suelta a todo su enojo, fuera cual fuera la razón. Los gritos y el ruido de los destrozos de Diva recorrían cada pasillo, rincón y podían traspasar cualquier pared y puerta, colándose a cualquier oído. Por supuesto que cuando pasaba eso, lo mejor, y lo decía por experiencia propia, era dejar que Diva hiciera lo que quisiera. Que destruyera lo que se le diera la gana, que rompiera media casa si quería, hasta que se calmara, pues la verdad, él no estaba dispuesto a correr con la misma suerte que Hagi en la guerra de Vietnam, y solamente Nathan era el que a veces se atrevía a detener los furiosos arranques de Diva, siendo él, el caballero más fuerte de todos aunque aparentara todo lo contrario. Pero parecía que esta vez ni el mismísimo señor Nathan Mahler se atrevía a darse una vuelta por la habitación de Diva al escucharse tremendos berridos. Amshel no pudo evitar pensar que toda la situación se parecía a las escenas de la vieja película de El Exorcista que tanto miedo y terror sembró en sus tiempos, y es que en ese momento Diva era tan escalofriante como lo había sido Saya en Vietnam.
El ruido de pronto ceso, y sentado en frente a su escritorio y un libro abierto por poco menos de la mitad, tomo con toda la tranquilidad del mundo una copa de vino, en la cual vertió un poco del líquido rojizo que después bebió lentamente. Diva seguramente ya había caído al suelo cansada de tremendo zafarrancho, o bien estaba tomando una ducha. Después de un rato iría a evaluar los daños.
Hagi se mantuvo relativamente impávido. La tremenda insinuación de Diva, si bien no era la primera, había sido mucho más agresiva que otras, y quisiera o no, lo habían perturbado, no tanto por el que parecía ser el afán de Diva de acostarse con él, si no por las palabras dichas por la joven, que aun lo tenían dando vueltas.
Se había dado el lujo de pensar en tan ¿rara? conversación, sentado sobre un sofá de su habitación, con su frente recargada sobre su mano, mientras escuchaba el escándalo de su queridísima acosadora. Él mejor que nadie sabía porque tan drástico y peligroso cambio de humor, y es que la verdad, Diva era una muy mala perdedora y él la había rechazado sin más. Algo le decía que no sólo era eso, que había más cosas que habían desembocado en Diva tanta furia, y tenía la extraña sensación de que una de esas cosas recaía de una u otra forma en Saya, aunque al parecer ella no tuviera nada que ver y en realidad, estuviera tomando una siesta de la tarde. Aunque quien sabe, después del escándalo, tal vez ya se había despertado.
Por más que trato, Hagi volvió al mismo punto del cual la ojiazul le había hablado. Sobre Saya, su relativa esclavitud y su vida sin muerte y por supuesto, el robo de la misma.
Le parecía por momentos absurdo. Diva no era tan tonta como aparentaba. Dar a conocer argumentos como esos, hacían que Hagi no supiera que pensar exactamente. Eso de que la vida no es vida si no hay muerte… desde pequeño le habían dicho, asegurado y reiterado que lo único seguro en la vida, era que todos, ¡sin excepción!, morirían tarde o temprano. Para Hagi, la opción de morir era desde hace mucho tiempo incierta. Si bien existía la posibilidad, a manos de alguien igual de fuerte que él, y prácticamente algo casi nulo, le daba la impresión de ser realmente inmortal. Había tenido ya tantos años de vida acumulados que había perdido la cuenta, y después de pasar los ochenta y tantos años de vida durante el siglo pasado, sabrá Dios en que fecha exactamente, todo se había vuelto tremenda y dolorosamente monótono, aburrido y estéril, con solo el violonchelo y su enclaustrada soledad como único refugio. Treinta años de espera por tres de dicha por toda la eternidad a veces lo abrumaba. Después de todo, aunque no fuera humano, aun no podía separarse de sus humanos sentimientos, y bien se sabe que un humano no aguanta demasiado tiempo la soledad, que carcome lentamente.
Hagi recordó que alguna vez alguien, no sabe quien exactamente, tal vez él mismo, le había dicho que no hay mal que dure cien años (y tampoco imbécil que los aguante), y la única y aparente por ahora opción medianamente decente a un mal que ciertamente llevaba años sobre su espalda, era la muerte, indigna por su propia mano.
Diva tenia razón, después de todo, con todo y su mirada malévolamente inocente y su lengua de serpiente, al decir con una mirada traicionera que Saya, le había robado la vida sin siquiera "preguntarle".
¿Acaso se estaba arrepintiendo? Todo lo que antes dijo, sobre que jamás se había arrepentido o sentido resentimiento hacia Saya por convertirlo en un caballero, ¿había sido una mentira que él mismo se había infundido a pesar de la desesperación de pasar los años completamente solo? Bueno, no podía quejarme tampoco. Él mismo había decidió estar solo. No, estaba seguro de lo que sentía, al menos antes lo había estado, y las palabras que antes le había dicho a Saya sobre que no había mejor cosa que ser su caballero, sí, habían sido ciertas, y hasta hace unas horas hubiera respondido lo mismo sin dudar, pero ahora… ahora todo había cambiado, ¿Por qué tan de pronto? Él era quien menos lo sabia, y tenia ganas de buscar en el piso y si era necesario en las manos de Diva, la venda que le había arrebatado de sus ojos y volver a estar seguro de si mismo, cegado.
Tampoco podía decir que toda su vida había sido un sufrimiento digno del mismísimo infierno. Gracias al hecho de que era un caballero, había podido vivir muchísimo más, en lugar de quedarse desangrado y muerto al pie del acantilado a sus escasos veinticinco años, aunque tenia su precio, claro, pero aun así había tenido la oportunidad de estar junto a Saya, relativamente, en sus peleas, en sus buenos, malos y peores momentos, aunque siempre sintiera que vivía al margen de ella y todo el mundo entero.
No podía decir que no había tenido momentos de felicidad junto a Saya, pero… desde que había despertado como caballero, a partir de ese momento en ella no vio más que gestos de angustia y dolor. Lagrimas en medio del desierto helado de Siberia y desquiciantes promesas de devoción y muerte dentro del vagón de algún tren de Europa. Tampoco podía decir que Saya después de descubrir la verdad, había pasado los mejores momentos de su vida junto a él, pues después de todo ello, lo único que le pudo devolver la felicidad fue la ciudad de Okinawa, la familia Miyagusuku y la amnesia.
Pero a veces se reprochaba, y siempre llegaba para arruinarlo, y no podía más que sentirse patéticamente miserable. Sabía muy bien que Saya jamás seria feliz a su lado, eso lo tenia bien claro, y no porque Diva se lo hubiera dicho, eso era algo de lo que se había dado cuenta desde que vio la primera lagrima de Saya correr el Lunes de 1883, al amanecer, con todo el Zoológico destruido de fondo, y no importaba lo mucho que pudiera amarla. Esa mañana Saya y él habían amanecido en el infierno.
Jamás podría ser correspondido en la misma medida, porque sabía que Saya nunca seria plenamente feliz, y mucho menos si él estaba a su lado, y eso, era muchísimo peor que una vida sin muerte, y en ese momento, con las partituras a medio terminar entre sus manos, incompletas como lo era su vida, no pudo desear con tanto fervor a la muerte. Deseo entonces de verdad haber tenido la oportunidad de morir en paz aquel día en que cayo al vacío y evitarse esa nueva verdad que se mostraba ante él con descaro, escupiéndolo y pateándolo en el rostro como si se trataran de un rayo venido de un abismo infernal que lo abofeteaba y lo insultaba entre carcajadas.
-Pobre, mi querido y hermoso Hagi- murmuro una voz afeminadamente grave al oído del caballero, el cual, ni siquiera se inmuto. Estaba demasiado cansado mentalmente como para ponerse a pelear o discutir con ese fastidioso caballero que tanto lo perseguía.
-Siempre tan atormentado- le susurro en el otro oído, siseando cada palabra con malicia, regocijándose. Nathan se puso frente a él con una sonrisa desenfadada y una pose exagerada.
-¿Sabes, Hagi? Yo creo que de todas las ciudades del mundo, Nueva York, es la ciudad donde más encajas- afirmo, cosa que hizo que Hagi lo mirara por fin, aunque sin intención de responder, y a pesar de que sus gestos estaba firmes y fríos, una mirada de curiosidad se había disparado, como diciéndole a Nathan que procediera si quería, en explicar el porque de su suposición.
-Aquí en Nueva York, como en toda gran metrópoli, dura y cruel, cambia a las personas. Las obliga a convertirse en bestias buscando la manera de sobrevivir, algunas veces así sea a costa de los demás y a cualquier precio- dijo haciendo teatrales y exagerados ademanes con las manos, como lo hacia toda mujer, pero sin la misma gracia natural de las féminas.
-Tú, acostumbrado a Europa, de pronto caes en esta gran ciudad y en este hoyo que se hace pasar por una lujosa mansión, y te das cuenta sin querer, de la verdad. Diva también trata de sobrevivir, así sea a costa de los demás, pero tú Hagi… Tú, al no tener una vida, encajas en esta ciudad, porque esta ciudad puede darte una vida, tal vez no la que siempre has esperado, ¡pero vamos!, no puedes ser tan exigente, querido- comento, con una lasciva sonrisa, acercándose y acariciando la mejilla del caballero, quien lo miraba con desprecio, al tiempo que el rubio tomaba su rostro con ambas manos, acercándolo peligrosamente al suyo, mas sin embargo Hagi no se movió.
-Tú sabes que lo quieres, así que es tu turno de hacer lo que quieras, no importa ella, ni siquiera tiene porque enterarse, y así, también nos evitaras otra habitación destruida- murmuro en voz muy baja, justo antes de separarse de Hagi, dispuesto a irse -Por cierto, eso…- dijo apuntando hacia las partituras en las piernas de Hagi -Me parece que es una prueba irrefutable de que ella tiene razón- dijo antes de salir del cuarto.
Hagi se quedo mirando la puerta cerrada, desconcertado, y miro hacia donde Nathan había apuntado, y la sorpresa era tanta, que no pudo dar paso a la felicidad, satisfacción o siquiera incredulidad, y supuso que a eso era a lo que Nathan se refería con que podía tener una vida, pero tal vez no la que él esperaba, aunque, de todas maneras se preguntaba si valía la pena arriesgarse tanto.
-La termine- susurro con la voz casi hecha un hilo, al ver su incompleta composición en la cual había estado trabajando desde años, terminada de arriba para abajo, con cada nota, accidente, cambio, ligado y todo, completo, y ni siquiera se había dado cuenta, y en medio de la tremenda sorpresa, se dio cuenta del verdadero significado de las palabras de Diva y Nathan y sobre la dichosa paradoja de la vida, su vida, y eso lo obligo, como si una extraña fuerza se apoderada de su mano, a escribir en lo alto de la primera hoja de la recién terminada obra, el titulo de la misma… "Diva"
-Te atreves a venir a buscarme, después de tratar de tirarte a mi hermana y fallar- murmuro Diva mordiendo las palabras con fuerza, imaginando que entre sus dientes estaba la cabeza de Amshel. Él la había encontrado en el baño (sin puerta, la cual yacía medio partida en dos sobre el piso) y su ama inmutable ante su llegada, acurrucada dentro del jacuzzi el cual desbordaba a borbotones agua, la cual seguía escapando por la llave rota, y ella, como si nada, a pesar de saber que el piso del baño y de su habitación estaba prácticamente inundado, pero ella estaba concentrada en ver como los mechones de su larguísima cabellera jugueteaban solos, flotando sobre la superficie del agua como los tentáculos de una medusa.
Amshel se acerco al jacuzzi, con una pequeña, muy pequeñísima sonrisita de medio lado, casi imperceptible, pero Diva podía sentirla, y eso solo alimentaba más la cólera que el agua y todas las cosas rotas no pudieron calmar.
-No digas eso Diva- dijo Amshel, hincándose y quedando a la misma altura de la bañera, tratando de verle el rostro a la ojiazul, pero esta se negaba a levantar la cabeza, escondida detrás de un montón de mechones de cabello -Yo no estaba tratando de hacer nada con Saya- se defendió serenamente, pero Diva, profundamente ofendida por el intento de Amshel de burlarse de su inteligencia, reacciono descontroladamente de un segundo a otro, tomando fuertemente a Amshel por el cuello, metiéndolo dentro del agua con una fuerza sumamente poderosa, de un solo movimiento, para ahorcarlo dentro del agua.
-¡No te quieras burlar de mi maldito!- vocifero como el mismo diablo mientras apretaba sus manos alrededor del cuello de Amshel, el cual luchaba por zafarse del agarre de Diva, pues sabía que si no lo hacia ahora, terminaría por matarlo, y la había estado controlando con tanta facilidad y manipulándola de una forma tan sencilla todos esos años, que no permitiría que justo ahora cuando las cosas estaban yendo tan bien con sus planes, ella lo matara así como así… entonces, cuando sintió que Diva estaba apretando más fuerte que nunca su cuello, que el aire cada vez se le iba mas y podía ver a través del agua el clímax de locura en la mirada azul de Diva, guardo la calma y junto la fuerza necesaria para tomar las muñecas de ella y quitar sus manos de su cuello en una lucha de fuerzas casi igual de poderosas. Diva temblaba tratando de mantener el control de la situación y matarlo como se lo tenia merecido, estaba hasta la coronilla de él, pero en medio de ello vio salir del agua la cabeza de Amshel, que la veía con seriedad y dureza, y en medio del salpicadero de agua y la inquietante tranquilidad de Amshel… Diva recordó, cosas que trataba de no recordar.
Recordó su confinamiento en la torre, y sintió que perdía todo control sobre su cabeza y su cuerpo, y su gesto se transformo de uno desencajado, a uno irremediablemente débil y cansado, como si no hubiera comido en días, y se sintió extremadamente frágil y al final, no pudo mas que distraerse de la pelea y Amshel, ahora tomando el control, abofeteo a Diva con tal fuerza que la joven fue a dar al otro extremo de la bañera, y cuando apenas intentaba levantarse, Amshel la halo del cabello bruscamente, obligándola a hincarse sobre el piso de la bañera. En ese momento, volvió a golpearla sin soltarla del cabello. Al segundo golpe Diva ya sangraba, y antes de que Amshel intentara golpearla por tercera vez levantando su temible mano al aire, la joven tomo fuerza y conciencia de la situación y levanto ambas manos que se dirigieron a la cara de Amhsel, quien no alcanzo a darse cuenta, y de un momento a otro Diva encajo sus pulgares en los ojos de Amshel, quien grito al sentir los dedos hundirse con fuerza dentro de las cuencas, y las uñas de la joven rasgando la piel de los parpados y encajándose en los globos oculares, mientras Diva retomaba esa mirada de locura y rabia al sentir la consistencia medio dura y a la vez suave, incitándola a apretar más sus dedos hasta que vio sangrar ambos ojos del caballero, el cual inmediatamente la soltó del cabello y la tomo de los brazos alejándolos de él con fuerza.
-¡Maldita bruja!- vocifero el caballero en su breve ceguera, pero sus ojos no tardaron en curarse a si mismos, reconstruyendo rápidamente los globos oculares dentro de las cuencas y los parpados sangrantes, mientras aun forcejeaba con su ama que trataba de soltarse, cuando en medio de todo y Amshel se recupero casi totalmente, el rostro de ella fue arremetido por un tercer golpe que hizo su cabeza voltearse contra la orilla del mueble de porcelana y golpearse la frente, donde se le abrió una herida que comenzó a sangrar de inmediato dejando a Diva atolondrada, mientras la herida sanaba con algo de lentitud, y Amshel, aprovechando el estado de confusión de la joven, nuevamente halo de su cabello con más fuerza, mientras se llevaba una mano al cinturón del pantalón, apunto de desabrocharlo.
Le daría un buen escarmiento a Diva, por revelarse de forma tan insolente contra él, ¡Él! Quien le había dado todo; pero mientras una sonrisa perversa apenas se formaba en sus retorcidos labios, mirando a la joven que parecía no poder recobrar el conocimiento del todo y con la situación bajos sus manos, sintió la fría y afilada hoja de un arma en su nuca, amenazante contra su piel.
-Suéltala- ordeno Saya con voz serena pero firme, mientras Amshel la veía de reojo sin cambiar su posición, conciente de que la joven blandía su espada contra su nuca y el arma estaba empapada en su sangre, pensó al sentir resbalar unas cuantas gotas sobre su piel.
Amshel soltó lentamente a Diva, la cual se quedo como aventada sobre el agua y con la cabeza baja y sangrante, mientras Saya retiraba lentamente su espada de Amshel, el cual volteo a ver a la joven con encarecida furia y los dientes apretados, todo bajo unos ojos fríos y perversos, aun enrojecidos por el ataque y que aun escurrían sangre, chocando contra el gesto endurecido y la mirada decidida y firme de Saya. Amshel conocía esa mirada. Era la misma que entornada siempre la joven, al momento de decidirse a eliminar a un enemigo sin compasión.
Amshel no dijo nada y se limito a levantarse y salir de la bañera todo empapado y con la cara sangrando, humillado, pero no podía hacer nada, cabía la posibilidad de que de un momento a otro a Diva y Saya las agarraba un folie à deux,y el sabía bien que, frente a tremendo arranque de histeria de ambas reinas, nadie podía sobrevivir, ni siquiera la más fuertes de las criaturas. Una reina quiróptero siempre seria más fuerte que sus caballeros, pero dos, eran el fin.
Saya siguió con la mirada escrupulosa cada paso de Amshel, el cual procuraba fueran lo más tranquilos y serenos, aunque por dentro tuviera todas las ganas del mundo de tomar a ambas del cuello y degollarlas lentamente, sobretodo a Diva, después de revelarse tan insolentemente tratando de matarlo, ¡a el! ¡A su caballero mas fiel y al primero! Diva, siempre tan malagradecida, tan malcriada y caprichosa, con sus nefastos cambios de humor y deseos y su constante comportamiento infantil y mortal, tan dual y terriblemente ingenua y a la vez manipuladora y mentirosa…
… Y Saya. Y ella, Saya, otra extraña aberración de comportamiento, digno de una buena y fuerte medicación para cualquier psiquiatra. Saya, con su cara de niña buena y santa escondiendo a la fatal bestia sedienta de sangre y vísceras que descansa dentro, esperando ver la chispa de furia, desazón y rabia de la joven encenderse, incitándola a desconocerlo todo y matarlo todo, en medio de una simple mirada decisiva y firme y un gesto endurecido y carente de toda calidez y bondad, quizás, mucho más fuerte que Diva, pensó Amshel mirando de reojo a la joven que aun lo seguía con la mirada, viéndolo salir del destrozado baño, haciendo en ese momento que los iris azules y marrones compartieran una descarga de rencor contra la única causa de sus males, cosa que Saya no noto, pero que sí Amshel, y sonrío malignamente mientras salía de la habitación, acomodándose la ropa y el cabello mojado con lo que le quedaba de dignidad al perder humillantemente contra dos jovencitas.
Saya se mantuvo inmóvil, sin mover un solo músculo, pero apretando con fuerza el mango de su espada, la cual estaba dejando escurrir al suelo las ultimas gotas de su sangre que al final, no asesinaron a nadie, pero de pronto un quejido de Diva la saco de su hipnotismo y Saya volteo a verla, y vio como la joven se trataba de incorporar pesadamente, tocándose la frente que ya había terminado de sangrar, aunque aun le dolía y se quejaba.
-Diva- susurro Saya acercándose a donde estaba su hermana, encontrándosela empapada, con el cabello enredado y completamente desnuda, con restos de sangre en la cara.
-¿Que paso con Amshel?- pregunto ayudando a su hermana menor a salir de la bañera, mientras esta recuperaba poco a poco el equilibrio. Saya le coloco encima una toalla para cubrirla.
-Ese gusano infeliz- murmuro colérica, enredando sus manos entre sus cabellos, sumamente molesta por como la había golpeado. Le daban ganas de ir detrás de él y arrancarle la cabeza de cuajo y arrojarla a los perros, pero aun estaba atolondrada por los golpes.
-Escuche el escándalo y supe que eras tú y Amshel- explico Saya, como tratando de explicar el porque había llegado con todo y espada.
-Que tonta eres- le escupió Diva, dejando a su hermana incrédula, después de haberla salvado, "¡Que malagradecida!", pensó. –Debiste haber matado a ese desgraciado- espeto la ojiazul suspirando cansada por la pelea. Diva podía pelear contra Solomon y dejarlo hecho una lastima. Destruir en cinco segundos a un grupo entero de quirópteros o matar a veinte humanos en instantes, pero cuando Amshel tomaba el control de la situación sobre ella, como cuando convivían en la torre del Zoológico, Diva quedaba desarmada y prácticamente con las ganas de defenderse desvanecidas en quien sabe donde, y eso lo sabía ella y no podía hacer nada, cosa que le avergonzaba sobremanera. La hacia sentirse débil, la hacia sentirse igual de miserable que cuando estaba encerrada.
Saya bajo su espada, sin poder salir de su asombro. En la vida hubiera esperado que Diva le reprochara no haber matado a Amshel. Se suponía que Amshel era el caballero más fiel de su hermana, ¿Por qué la golpeaba entonces? Había pensado en lo peor cuando llego y escucho el característico sonido de un cinturón desabrochándose… ¿Acaso iba a…?... mientras pensaba en eso, su hermana menor salio del baño y contemplo el desastre en el cual había convertido su habitación. Las paredes rasgadas y con agujeros. Los postes de la cama quebrados y hechos astillas sobre el colchón, que fue lo único que salio ileso. Las ventanas rotas y los vidrios esparcidos por todo el piso, al igual que los pedazos de espejo y las cosas del tocador (perfumes y demás tonterías). Una puerta partida en dos, un baño roto de arriba a abajo y prácticamente una inundación sobre el piso, que amenazaba con desbordarse debajo la puerta.
-Carajo- susurro Diva mirando en el desastre y caos que había hecho, y no pudo evitar creer que la situación le pareciera absurdamente cómica. Saya salió también del baño, tropezando con algunas cosas tiradas en el suelo y con los zapatos empapados, y de pronto, Diva comenzó a reír a carcajada limpia.
-¿Que?- dijo Saya acercándose a su hermana, confundida por el drástico cambio de humor de la joven –"Ya reventó"- pensó.
-Creo que tendré que regresar a mi vieja alcoba- comento Diva con un deje de emoción en la voz. Le daba risa, ¡mucha risa! Hagi se sentiría como un pedófilo cuando se acostara con ella, en su antigua habitación.
Ahora si tengo que pedir disculpas sinceramente. Me tarde casi más de dos meses, pero sinceramente, me agarro un bloqueo de lo peor. Crisis de escritor, pero de las buenas, no mamadas que me dan de unos cuantos días. Ahora si que no podía ni abrir el documento porque me trastornaba, así que me dedique a descansar, abrumarme con mis problemas existenciales que de vez en cuando me dan, y ver mis viejas películas de Disney (¡Sí! La malvada Agatha Romaniev ADORA Disney).
Como ven el capitulo es un poco más largo que los que normalmente hago, pero era lo menos que podía hacer después de tardar tanto, y en cuanto termine de pulirlo lo publique. Ya aparecieron un poco más de personajes, como Nathan, Amshel y el Escudo Rojo. Con respecto a Hagi y sus problemas existenciales (¡Dios! ¡Cuando los releí hasta yo me abrume!), pensé que era muy exagerado, pero pensándolo bien, con Hagi no sonaría tan raro. Ya ven como es de atormentado, y lo que busco es profundizar en los personajes más de lo que lo hicieron en el anime, además, necesito pretextos para que Hagi caiga, ¿o no? necesita estar presionado y quebrarlo (¡Cosa que me encanta hacerle a los personajes! ¡Es como joderle la vida a alguien a tu antojo omnipotentemente!), por eso tanta presión por parte de Diva, quien le ofrece hacer lo que quiera, algo como tener su propia vida en lugar de estar pendiente a cada segundo de la de Saya, y Nathan, bueno a él le encanta ver las tragedias griegas que se hacen a su alrededor.
Con respecto a Amshel, sí, es un jodido cabrón. Siempre lo vi como un degenerado capaz de lo que sea, y sí, iba a hacer lo que estaban pensando. A mi manera de ver, la agresión sexual es una de las mejores maneras para castigar y someter tanto física como mental y psicológicamente a alguien y manipularlo al antojo, y tomando en cuenta que Amshel se encargo de mantener encerrada a Diva tantos años, no me sorprendería de él, además siempre percibí en Amshel una especie de obsesión posesiva y a la vez sexual hacia Diva.
Bueno, espero que no los haya decepcionado el capitulo después de tanto tiempo. Tratare de seguir el otro fic, aunque con ese estoy todavía más bloqueada.
Gracias por todos sus reviews incluso después de mucho tiempo de no haber publicado.
Me despido.
Agatha Romaniev
