Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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El príncipe había dejado caer su máscara, cegado por la ambición. Prisionera en aquel oscuro calabozo, Elsa comprendió que no era el invierno la mayor de las amenazas en aquel instante. Era el hombre que tenía frente a sí y las oscuras intenciones que mostraba hacia ella. La tenía en sus garras y si no escapaba de él, su corona no sería lo único que perdería para siempre.

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Día 13

Prompt: Beso forzado

Género: Angst

Palabras: 999

Rating: T

Propuesta de: Anielha


A su merced


Elsa intentó luchar una vez más contra los pesados grilletes que sostenían sus manos. Era inútil. Podía sentir el frío saliendo de ellas pero aun así, intuía que le sería muy difícil deshacerse de los hierros que se cerraban en torno a sus muñecas. Si es que lo lograba.

Una risa grave resonó en las paredes de la celda y ella miró con rabia hacia los ojos verdes del hombre que conocía muy bien.

Del amable príncipe que había conquistado a su hermana y ayudado a su reino durante la nevada no quedaba rastro alguno.

El monstruo por fin dejaba caer su máscara.

—No luche en vano, Su Majestad. Esas cadenas no se romperán con su hielo.

—¿Qué es lo que quieres de mí?—preguntó ella con desprecio, observando como Hans se agachaba para estar a su altura, posando una de sus rodillas en el suelo.

La sonrisa torcida que se dibujó en sus labios envió un escalofrío por toda su columna vertebral.

—Creo que tú sabes muy bien que es lo que quiero de ti, Elsa—una de sus manos sujetó su barbilla; la rubia monarca intentó zafarse de su agarre pero él no se lo permitió—. Quiero tu reino—aumentó su cercanía para hablarle al oído—, tu trono—sus dedos se deslizaron para acariciar con suavidad la piel de su mandíbula—. Te quiero a ti.

La joven apretó los dientes y trató de oponer resistencia una vez más, sin éxito.

—Quítame las manos de encima, miserable traidor—espetó con desdén.

—¿Es esa la forma de hablarle a tu futuro esposo, querida mía?—el pelirrojo le acunó la cara con ambas manos, en un ademán posesivo.

Elsa abrió los ojos como platos, horrorizada ante lo que había dicho, negándose a creer en una sola de sus palabras.

Pero la manera en la que Hans le volvió a sonreír anticipo la peor de sus sospechas.

—Nadie desea que sigas reinando, Elsa. La gente quiere tu cabeza—su dedo índice se movió lentamente y en forma horizontal por encima del cuello níveo, erizándole la piel—. Es gracias a mí que sigues con vida.

—¿Por qué?—la muchacha lo observó con recelo.

—Porque no puedo gobernar solo, Elsa. Quiero que estés a mi lado—sus orbes verdes destellaron con enfermiza adoración al contemplarla—. Necesito que estés ahí para complacerme, para darme herederos—la aludida sintió náuseas ante la sugerencia, al tiempo que los pulgares del príncipe acariciaban sus pómulos—. ¿No piensas que es una maravillosa idea?

—Prefiero morir—respondió ella entre dientes.

Una suave carcajada masculina hizo eco dentro del calabozo, antes de que Hans se inclinara encima de ella y atrapara sus labios entre los suyos, tomándola por sorpresa.

El joven la besó de modo dominante, sintiendo al instante el esfuerzo que hacía por rechazarlo. Elsa se debatió en balde, limitada por las pesadas esposas que atrapaban sus manos y los brazos del cobrizo, que la había rodeado en un abrazo opresor. Desesperada, agitó su cabeza tratando de alejarlo de sí sin conseguirlo.

El pelirrojo mordió su labio inferior haciéndole soltar un quejido. A la fuerza, su lengua se adentró en el interior de su boca, rozando la de ella sin reparo y recorriendo su paladar en una caricia húmeda y demandante. Inútilmente, Elsa intentó empujarla con la suya, únicamente consiguiendo incrementar el contacto. Se hallaba incapaz de moverse debajo del agarre de su tiránico acompañante, quien incluso había enterrado una de sus palmas en sus cabellos para impedir con ello que alejara su rostro. Ni siquiera la forma en que atinaba a mover sus piernas esperando lastimarlo para apartarlo de sí estaba dando resultado, pues ya él había adivinado su movimiento y las sostenía con fuerza entre sus rodillas.

Hans rompió el beso bruscamente, observando con satisfacción los labios húmedos e hinchados de su prisionera, antes de bajar la cabeza y morder su cuello con lujuria. Todavía la podía sentir luchando y eso lo excitaba.

Las ganas de tomarla ahí mismo eran enormes pero contra sus propios instintos se contuvo. No quería poseerla en ese oscuro cadalso. Aguardaría a la noche de bodas para someterla a sus deseos. Los grilletes que ahora la restringían iban a serle más útiles de lo que había pensado.

Un temprano sentimiento de victoria se apoderó de él. Aunque había preferido cortejar a la princesa de Arendelle por comodidad, no podía negar que en realidad había quedado prendado de la bella soberana del reino desde que la viera en su coronación. El descubrirla tan poderosa en su palacio de hielo provocó que la deseara con todas sus fuerzas, llevándolo a decidir que sería suya apenas la hubo devuelto al castillo.

Le enfermaba la idea de que otro pudiera hacerse con su mano, incluso cuando parecía obvio que estaba destinada a ser castigada por la desafortunada demostración de sus dones.

Por eso se había jurado desposarla, contrario al desprecio que la chica le tenía y lo que pudiera decir el resto del mundo.

La escuchó gritar y pedir auxilio, percibiendo el miedo en su voz. Sus labios sonrieron contra la piel blanca de su clavícula, antes de succionar sobre un punto sensible.

Nadie además de ellos estaba cerca de la zona de los calabozos.

Temblando, Elsa lo sintió dejar un rastro húmedo en su cuello y en sus hombros; sus dientes y lengua haciendo visibles una serie de marcas encima de su palidez antes de volver a posarse en sus labios, con la misma pasión que antes.

—Eres mía, Elsa—Hans mordisqueó el lóbulo de su oreja, expulsando otra risa maliciosa—. Jamás permitiré que nadie te arrebate de mi lado.

Ella no quería seguir escuchándolo.

—Descansa, amor mío—le dijo el príncipe acariciándole por última vez el rostro, para incorporarse y avanzar hasta la salida de la celda.

Elsa miró cerrarse la puerta detrás de él, dejándola de nuevo en soledad. Necesitaba a como dé lugar escapar de allí, antes de que fuera demasiado tarde.


Nota de autor:

Holiwis. :3 ¿Qué les ha parecido la viñeta de hoy, criaturas? Como siempre, Anielha quiso recordar el lado oscuro del pelirrojo que tanto nos gusta y con este prompt me pidió que lo mostrara como un desquiciado en la famosa escena del calabozo. Yo no podía dejar de cumplir sus órdenes. *risa malvada*

Pobre Elsa, siempre la pongo en aprietos. u.u Ahora díganme, ¿está mal que disfrute tanto escribir y leer este tipo de escenas donde el príncipe la ama de una forma tan enferma? D: Quisiera saber que no soy la única. T-T Ani ya me comentaba en un PM que no le importaba si la escena era un poco subida de tono. Esta fue la primera viñeta que escribí, la tengo desde Diciembre. :P Y sí, desde un principio pensé que Hans mostrara cierto deseo sexual hacia la reina, solo para resaltar esa maldad que emana de él. e.e ¿Qué cosas, no?

¿Ustedes que creen que haya pasado después de esto? ¿Habrá logrado ella escapar? D:

F: ¡Venga lo dark! Ojalá esto te haya gustado. x3

Me voy copos, quizá los vea más tarde por el fandom, quizá. ;)