¡Auxilio!

Estaba mal. Estaba muy mal todo eso. Se sentía pésima y con ganas de aventarse del puente Brooklyn. El encontrarse con Min, la forma tan infantil y a la vez tan fría en la que Diva se comporto con ella, las preguntas desesperadas de su vieja amiga, la hicieron retomar una vez más sus confusas interrogativas albergadas en su mente, dormidas desde hace poco tiempo, expectantes, a su cordura y razón.

Min iba a convertirse en comida para quirópteros dentro de poco. Ella lo sabía. Amshel seguía con sus planes y los productos Goldshmith seguían en venta en cualquier refrigerador de supermercado, junto con ese gen o lo que fuera que los podía transformar en bestias, y para el concierto de Diva no faltaba demasiado. Quizás no estaba a la vuelta de la esquina, pero ella sabía que los días pasaban deprisa, y el concierto llegaría tarde o temprano, aunque la misma Diva hubiera decidido aplazarlo, según le dijo alguna vez.

Ella había jurado que impediría eso, pero no, ahí estaba con su peor enemiga, de compras, como si nada hubiera pasado y traicionándose a si misma. Era patética. Dejarse manipular tan fácilmente por su hermana y sus encantadoras sonrisas de "yo no rompo ni un plato". ¿Cómo se le ocurrió irse con ella? ¿Cómo siquiera pudo tomar en cuenta la posibilidad? Y peor aun era que ahora estaba ahí con ella.

Tal vez no en ese instante, pero lo estaba. Diva era como su sombra y la veía en cada espejo, cada vez que se reflejaba su rostro. A veces odiaba el parecido, e incluso hubo momentos en los que pensó en decolorarse el cabello para que este quedara lo mas rubio posible, operarse la nariz ¡O alguna estupidez! ¡Pero que la hiciera verse diferente a ella! que hubiera algo que las distanciara como gemelas y familia.

Saya ahora estaba en un vagón del subterráneo, sentada a un lado de la ventanilla. El vagón iba lleno. Era el medio día en Nueva York y muchos estaban saliendo de la escuela y algunos otros iban a trabajar.

La aglomeración de gente no la hacia sentirse mejor. De vez en cuando miraba a su alrededor, a la chica sentada junto a ella, la cabeza del señor enfrente, a la muchacha que iba de pie a un lado de la que estaba a su lado. Todos ellos inmersos en sus propias vidas y problemas diarios, inocentes, quizás, y seguramente no eran las mejores personas del mundo, pero eran personas, humanos que sentían y vivían, y ella estaba ahí como cómplice de una desgraciada que se cree la reina del mundo y sus secuaces que juegan a ser Dios, como si las personas a su alrededor fueran simples juguetes desechables, hasta cierto punto un tanto inservibles. Ella lo estaba permitiendo. Saya no lo soporto más y se llevo una mano a la cara, agobiada. Todas las personas a su alrededor dentro de poco serian quirópteros, o comida para ellos. Daba lo mismo, ninguna de las dos opciones era la mejor. Quien sabe si sería mejor perder toda humanidad y ser la bestia, o conservarla y ser la presa.

Se sintió en medio de una encrucijada y deseo cualquiera de las dos cosas. Nunca se había sentido tan terriblemente agobiada por ser las dos cosas al mismo tiempo.

Un quiróptero, una bestia por dentro, adormilada, esperando cualquier disparador para ser despertada como si se tratara de otra personalidad, y todo eso escondido bajo el disfraz de una humana, con una naturaleza dividida entre los valores de la humanidad enseñados a lo largo de su vida y sus sentimientos, y la bestia irracional y caótica que en realidad era ella.

Siempre se había traicionado a si misma. La cara de humana no era más que eso, una cara, un disfraz de piel muy bien hecho, pero no era humana y nunca lo sería. Tampoco poseía sentimientos lo suficientemente humanos, al menos así lo pensaba algunas veces y siempre se quedaba sin respuesta, pensando que no tenía derecho a tenerlos; sólo eran principios enseñados a lo largo de muchos años que habían logrado incrustarse en su memoria, conciente y subconsciente, limitando y marcándole una moral falsa de su propia naturaleza.

No, no era humana, pero entonces ¿Por qué se sentía como una?

Saya, cansada de su pelea interna y su choque de emociones, se quito la mano que se sostenía su frente como si la cabeza en cualquier momento se le fuera a desprender del cuerpo, y miro hacia la ventanilla, y vio el reflejo borroso y semitransparente de su rostro en el cristal mientras la oscuridad de las paredes del túnel pasaban rápidamente frente a sus ojos.

Pero ella no era la del relejo. Ahí había un rostro iracundo, de facciones descolocadas, maniáticas y perdidas en su propio frenesí sangriento. De cierta forma su miraba mostraba una indiferencia furiosa, algo extraño, y sus mejillas y frente estaban salpicadas de la infaltable sangre fresca.

Saya, asustada, se alejo de su propio reflejo, llevándose una mano a la boca tratando de ahogar un grito de sorpresa y asco.

-¿Estas bien?- le pregunto la muchacha a su lado, tocándole levemente el hombro. Saya se sobresalto aun más y la miro como si hubiera visto un fantasma, cosa que confundió un poco a la chica, quien se pregunto sobre la cordura de ella. Saya de pronto sintió que todo se detenía, y volteo hacia la ventanilla, como tratando de encontrarse de nuevo con esa bestia que le había robado el rostro, pero no vio nada más que su cara asustada y sus ojos bien abiertos, mientras detrás de la ventanilla se podía apreciar como llegaban a su destino.

Saya, sin responder, se levanto de inmediato y salio rápidamente del vagón, empujando a algunas personas a su alrededor que la miraron con hostilidad. Cuando salio, se quedo parada entre las columnas que sostenían la construcción del metro de Nueva York, tratando de calmarse mientras los demás seguían su camino.

-Bien… ya estas aquí. Has lo que tengas que hacer- se dijo Saya mientras se cercioraba de haber llegado al lugar correcto de la ciudad. Estaba en Queens, el mismo lugar donde había estado viviendo con Kai y el Escudo Rojo, quienes la verían muy pronto.


-¿Por qué no te vas y buscas por tu cuenta?- espeto Hagi a Solomon, haciendo lo posible por no echarse sobre él y destrozarlo, mientras que, disimulando calma, volteo hacia su rival, harto ya de su presencia. Está bien, Nueva York es una ciudad enorme y tardaría un poco en encontrar a Saya (y más con lo escurridiza que podía resultar la joven) y un poco de ayuda no le vendría nada mal. Estaba conciente de que Solomon no lastimaría a Saya, pero una cosa era permitirle que le ayudara a encontrarla, y otra cosa que la buscaran juntos.

-¡Hey! Tranquilo. ¿Por qué la agresión? Relájate- dijo Solomon levantando las manos en señal de paz -Sólo quiero encontrar a Saya tanto como tú- le explico, sonriendo de oreja a oreja… Hagi no pudo evitar entrecerrar los ojos, fastidiado. A veces la actitud de Solomon, hacia que Hagi lo imaginaba con el cabello largo, una cinta alrededor de su cabeza, ropa holgada y colorida, haciendo el símbolo de paz. Era desesperante lo pacifico que podía resultar ser Solomon… al menos cuando él perdía el control ante su presencia, evidenciándose irremediablemente.

-Por mi no hay problema, pero no es necesario buscarla juntos- respondió Hagi ya más calmado, prácticamente volviendo a ser el mismo de antes.

-¿Por qué no?- inquirió Solomon sonriendo aun más de forma casi inocente. Se estaba burlando de él, se dijo Hagi, y estaba seguro de que no le gustaba.

-Porque me molesta tu presencia- le espeto con la seriedad y frialdad que lo caracterizaba, mas sin embargo con un deje de desprecio.

-¡Oh, vamos Hagi!- exclamo Solomon haciendo ademanes con la mano, llevándose una de ellas a la frente -¿Que no pasaste el bachillerato? ¡Somos adultos! No hay necesidad de odiarnos mutuamente por competir por Saya- dijo sonriendo. Hagi se le quedo viendo diciéndole claramente con la mirada "¿Enserio, idiota?".

-Está bien, está bien. Exagere un poco- respondió Solomon ante la mirada inquisidora de su rival -Pero por ahora deberíamos de comportarnos como gente civilizada y buscar a Saya. Dos cabezas piensan mejor que una- añadió.

-"¿Tú, con cabeza? No sabía que tuvieras cerebro."- pensó Hagi ante lo ultimo, pero prefirió no decir nada o, como decía Solomon, quedaría tan mal como un niño de quince años peleándose por su novia a la primera provocación.

-Si la buscamos juntos, la encontraremos más fácil. Créeme, Nueva York es una ciudad peligrosa y quien sabe por cuales rumbos anda perdida Saya. Ninguno de los dos quiere que le pase algo, ¿verdad? Así que busquémosla en paz los dos y después podrás pelearte conmigo todo lo que quieras- propuso Solomon calmadamente. Hagi lo pensó unos segundo, desvío la mirada un momento, y al final acepto.

-Esta bien, pero no me hagas perder el tiempo- contesto dándose la vuelta y siguiendo su camino.

-¿Y bien? ¿Por donde empezamos a buscar? Hasta ahora sólo hemos estado caminando sin rumbo- comento Solomon poniéndose a un lado de Hagi, mirándolo.

-No estamos caminando sin rumbo. Creo saber a donde fue Saya- fue la escueta respuesta de Hagi.

-¿Enserio? ¿Y a donde crees que fue, genio? Nueva York es enorme, puede estar en cualquier lugar- ante el sarcasmo, Hagi sonrío un poco, muy poco, pero era una sonrisilla de burla, sin duda, cosa que sorprendió muchísimo al rubio. Hasta ahora, nunca había visto sonreír a Hagi, mucho menos de aquella forma.

-Si realmente conocieras a Saya…- dijo haciendo una pausa –Podrías pensar como ella- aseguro el caballero. Solomon por supuesto que no se quedo atrás ante la burla, la cual tomo como un reto.

-¿Enserio? ¡Vaya!, veo que eres un caballero universal- este ultimo comentario hizo desaparecer la sonrisa de Hagi, quien lo miro confundido –Conoces muy bien a las dos reinas ¿Verdad?- pregunto Solomon esbozando la misma sonrisa de Hagi y riéndose por lo bajo.

-¿De que hablas?- pregunto extrañado, y quizás, un poco temeroso… ¿Sabría Solomon de…?

-Escucha, Hagi. No soy estúpido. ¿Crees que no sabía de tu relación con Diva?- Hagi en ese momento detuvo su caminar en seco, al tiempo que Solomon.

-No se de que hablas- murmuro él. Ahora si que estaba en problemas, no pudo evitar pensar. Si Solomon sabía de las visitas que Diva le hacia en las noches, de vez en cuando, estaba perdido. Estaba seguro de que le diría a Saya y esta, se volvería loca, pero ninguno de los dos jamás le creería que lo único que realmente hacían era conversar, aunque de hecho ella fuera la que hablara.

-Vamos, Hagi. Somos hombres los dos. Se que Diva te visita en las noches, en tu habitación. No se necesita de mucha imaginación para saber lo que hacen- argumento Solomon mirándolo con dureza, inquisidoramente.

-Es horrible que le hagas eso a Saya, ¿Sabes? ¿Qué la engañes con su propia hermana? Y…- pero antes de que Solomon pudiera proseguir con su juicio, Hagi lo interrumpió.

-No tengo porque darte explicaciones, pero no hacemos nada de lo que estas pensando. Ella es la que me visita, yo nunca se lo pedí, sólo lo hace. Pero no me interesa si me crees o no- mintió, y de pronto, se puso frente a frente con Solomon, amenazante -…pero juro que si le dices algo de esto a Saya, no dudare en matarte- le advirtió tomándolo por el cuello del saco, atrayendo la atención de la gente a su alrededor, y algunos cuantos mirones que seguían su camino disimuladamente y trataban de ver lo más posible lo que parecería terminaría en pelea.

-No te pongas así. No le diré nada, eso la destrozaría. Pero eres un idiota si cambias a Saya por Diva- le aseguro con sinceridad, a lo cual Hagi se tranquilizo, y lo soltó.

-Se podría decir lo mismo de ti. Cambiaste a Diva por Saya. No eres un caballero fiel a su ama y no tienes ningún derecho de juzgarme- le escupió las palabras con crueldad, y eso realmente fue un golpe bajo para el rubio, quien aun sentía algo de remordimiento por la traición a su reina, pero tampoco se quedo atrás.

-Hagi, de verdad, ten cuidado con Diva. Hasta cierto grado parece inofensiva, pero es una buena manipuladora y se muy bien lo que esta buscando contigo. No caigas en sus juegos, porque no te dejara salir. Yo aun no puedo salir de ese círculo vicioso- le advirtió Solomon, tan seriamente que hasta Hagi se sorprendió.

-No soy tan idiota como tú- le respondió –Y te dije que no me hicieras perder el tiempo. Estamos buscando a Saya, no hablando de Diva- le dijo mientras seguía caminando hacia donde creía había ido su ama.

-Así se empieza, Hagi, así se empieza. Haciendo una cosa y de pronto te encuentras pensando en Diva- le dijo quedándose parado en su lugar, pero Hagi, a pesar de que lo escucho no le dijo nada y siguió su camino.

En realidad, no podía decir nada, porque Solomon tenía razón sobre lo ultimo, y no tenía argumentos con que defenderse, y hasta temió de si mismo.


Está bien, no es lo que ella hubiera esperado ni en un millón de años, al menos no últimamente. Frente a Saya, estaba la puerta del departamento donde se había estado alojando hace no demasiado tiempo junto a su hermano y el Escudo Rojo. Llevaba, ¿Cuánto…? Diez minutos tocando la puerta, y nadie le abría. Había estado gritando el nombre de su hermano, de David, de Julia, de Mao, pero nada, nadie salía, y en algunas ocasiones había pegado un oído a la puerta para ver si escuchaba movimiento. No podía descartar la idea de que, quizás, después de haberlos abandonado tan abruptamente y sin explicación alguna, ya se hubieran dado cuenta de que era ella y no quisieran abrirle, y aunque era posible, también era muy improbable, pero quien sabe, quizás, sólo habían salido.

Torció la boca decepcionada y sus cejas se arquearon en un gesto de tristeza. Al fin había decidido regresar con el Escudo Rojo, bueno, tal vez no precisamente en ese instante, pero al fin se había armado de valor para ir a verlos y discutir unas cuantas cosas, disculparse por supuesto, y ver sus siguientes opciones, pero tenía la impresión de que si los veía nuevamente, irremediablemente volvería con ellos… pero, nada.

Suspiro por enésima vez y volvió a tocar la puerta con insistencia, cuando la puerta del departamento de al lado se abrió. Salio una mujer joven un poco apurada, mirando el reloj con insistencia y acomodándose la bolsa al hombro. Saya por el ruido de la puerta y los pasos de la chica, volteo a verla instintivamente. Se encontró a una joven vestida de manera sencilla, rubia y con una gran bolsa a su lado, y esta, al ver que ella parecía estar buscando a alguien, cuando puso llave a la puerta de su casa, se acerco a Saya.

-Disculpa, ¿Buscas a alguien?- le pregunto, con un acento extraño.

-Eh… Sí. Aquí… estaban viviendo un grupo de personas. ¿Sabe si salieron o…?- pero fue interrumpida por la joven quien negó ligeramente con la cabeza.

-Oh, no. Ellos se fueron hace unas pocas semanas. Supongo que se mudaron porque llevaban muchas cajas y ya no volvieron. Es lo mas seguro que ya se hayan ido- Saya bajo un poco la cabeza al igual que sus hombros, apenas pudo articular un ligero "gracias", y la chica se retiro.

-Se fueron…- susurro la chica al quedarse sola en el lugar, y resignada, sin saber que hacer ni con quien acudir y completamente desolada en ese complejo de apartamentos, y su hermano por ahí sin saber donde. Se dejo caer al suelo, se recargo en la pared y abrazo sus piernas dejando su cabeza quieta sobre sus rodillas.

Todo le parecía tan absurdo y patético que ni siquiera tuvo la valentía de llorar.


-¿Seguro que estará aquí?- pregunto por segunda vez Solomon mientras ambos caballeros llegaban a la calle donde estaba el edifico de departamentos donde se alojaba el Escudo Rojo y a donde creía Hagi, había ido Saya, y con respecto a la pregunta de Solomon, el otro caballero no respondió, cosa que finalmente logro desesperar al paciente rubio.

-Oye, se que eres un hombre de pocas palabras, pero no te haría daño hablar de vez en cuando, ¿Eh?- dijo deteniéndose un momento y cruzando los brazos, pero Hagi siguió su camino sin prestarle atención -¡Hey, oy…! Demonios… como sea- refunfuño Solomon cansado de la actitud asquerosamente callada y flemática de Hagi.

-No se cómo Saya te soporta- soltó el rubio poniéndose a un lado de su acompañante –No hablas, no sonríes, eres frío y tienes una cara de muerto que ni puedes con ella y…- pero fue interrumpido por Hagi, quien ya finalmente se había exasperado por la insistencia del caballero.

-Saya no necesita palabras- contesto escuetamente.

-Ah, Entonces, ¿Qué necesita?- pregunto el rubio, a manera de reto.

-Es aquí- dijo Hagi deteniéndose frente a uno de los tantos edificios para después entrar a el. Solomon lo siguió, subieron las escaleras hasta que llegaron al departamento donde estaba el bando en el que habían estado Saya y él, y lo que vio Solomon, simplemente lo dejo impactado.

Frente a ellos, estaba Saya, sentada sobre el piso y abrazando sus piernas, con la cabeza baja.

-¡Saya!- exclamo Solomon al verla, aun impactado por la manera tan precisa en la que Hagi había acertado con el paradero de Saya. Durante largo rato se imaginaba la cara de Hagi al llegar al lugar y no encontrarla, hasta tenía planeado reírse de él en su cara, pero todo se fue al carajo al verla ahí y no pudo mas que sentirse como un idiota, y al mismo tiempo eternamente agradecido con quien consideraba su peor enemigo, por haberla encontrado.

-Saya- dijo suavemente Hagi, pero sin alejar la frialdad y seriedad de su tono de voz, mientras se acercaba a ella y se inclinaba para quedar a la altura de la chica, quien se mantuvo sentada en el suelo. En ese momento Saya levanto un poco la cabeza y miro a su caballero por un momento antes de desviar la mirada, como si estuviera perdida.

-¿Qué sucedió?- le susurro Hagi, preguntándose si había pasado algo con Kai y los demás al verla.

-Se fueron- respondió la chica sin ánimos, mirando hacia otro lado, como avergonzada –Ni Kai ni los demás están aquí. No se a donde fueron- termino por decir mientras ahogaba inútilmente un sollozo.

-Sa…- trato de decir Hagi, pero en ese momento fue interrumpido por ella, quien lo abrazo de pronto. Hagi correspondió el abrazo mientras ella escondía el rostro en su pecho y lo abrazaba fuertemente. Estaba desconsolada, pero aun así se sentía incapaz de llorar.

-Yo pensaba volver, y ya no están. No se que hacer- murmuro atropelladamente con la cara aun escondida. Solomon sintió como la punzada en su pecho aumentaba, haciéndolo sentir ese conocido, común, enfermizo y universal sentimiento; celos.

Saya sólo reacciono cuando Hagi le hablo. Con él… actúo como si no estuviera ahí. ¿Cómo lo hacia, ese idiota? Era el peor prospecto de hombre que había visto. Un pésimo partido. Era todo lo contrario a lo que las mujeres quieren y buscan, al menos lo que él sabía de eso. Nunca hablaba, nunca decía esas cursilerías que a las mujeres les encanta, no era detallista, ¡y tampoco tenía dinero! Tiene todo el maldito tiempo una cara larga como de muerto, inexpresiva y fría. Está bien, tenía que admitir que Hagi no era feo (aunque jamás en su vida lo diría a nadie) pero, ¿Y la comunicación esa que a ellas les encanta y buscan en cada hombre? ¿O sea, que rayos…? Bah, pensó Solomon aun retorcido de celos, mientras veía como ella se mantenía aun fuertemente aferrada a él.

Todo el tiempo pensó que era un Casanova, un galán de primera que podía hacer caer a sus pies a cualquier mujer que deseara haciendo uso sólo de un par de encantos, pero con Saya era diferente. Era el colmo y una ironía asquerosamente asertiva y fotogénica en su destino de eternidad. Ya lo sabía él… el típico "le gustas a todas, menos a la que te gusta".

Por primera vez no sabía lo que las mujeres querían. Pensó, que quizás no se entienden a si mismas y eso las hacia estar buscando al príncipe azul aun después de dos o tres divorcios y mil noviazgos rotos, pero lo peor de todo, es que no sabía lo que la mujer a la que amaba, quería. No sabía lo que Saya quería, y por alguna razón, tenía la impresión de que Hagi tampoco.


¡Aw! No se por qué pero me gusto mucho este capitulo. Me divertí mucho haciendo la escena de Hagi y Solomon, en ciertas partes me pareció graciosa, aunque creo que a los demás no les parecerá lo mismo.

No tengo mucho que comentar, sólo una cosa, quiero hacer una aclaración.

Por ahí del capitulo 46 o 47, capítulos que a partir de adelante muchos han esperado (me reservo los detalles) los ambientare durante la noche de Halloween. Es una celebración que a mi me encanta (puedo salir con todas mis extravagancias y nadie me vera raro, ¡Hasta la felicitan a una!), yo creo que con la misma intensidad con la cual me gusta el Día de Muertos (mis dos celebraciones favoritas durante tres días seguidos, ¿No es una lindura?), pero bueno a lo que iba. Hay un fanfic más o menos nuevo en el fandom de Blood+ con el cual tuve un pequeño problema hace poco, que esta poniendo esta misma celebración para un acontecimiento de su historia. La cosa es que no quiero que se piense que estoy plagiando la idea o copiándola. Esta parte de Halloween en mi historia es algo que tengo estructurado, con ayuda de mi madre, desde hace cuatro meses, y escrita desde hace dos meses, y bueno no la pienso cambiar por el otro fanfic, pero si quiero que las cosas queden en claro. De hecho hasta le había comentado de esto a Darkpat hace algunas semanas.

Bueno no tengo nada más que agregar, al menos que recuerde, así que gracias por sus reviews, que ya casi llega a los 300 y no se hubiera podido sin mis lectores, que me hacen el día con cada review por muy mal que me vaya.

Me despido

Agatha Romaniev