Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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Hans se consideraba un experto manipulador pero parecía que aquella vez, tendría que esforzarse un poco más en su talento para el engaño para despistar a su adorable vecina. Había ciertas situaciones que ameritaban una mentira inofensiva.

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Día 17

Prompt: Mentiras piadosas

Género: Humor

Palabras: 998

Rating: K

Propuesta de: Almar-chan


De ratones y mentiras blancas


Hans odiaba a los niños. Odiaba el ruido que hacían y sus estúpidas caritas sonrientes, que tanto les servían para encubrir sus travesuras y ocultar su fastidiosa naturaleza. Pero lo que más odiaba sin duda, era la manera en que lloraban sabiendo que con eso conseguirían cualquier cosa que quisieran. Consideraba eso como la forma más baja de manipulación. Y vaya que él sabía acerca de manipular. Tenía un don innato para eso y llevaba haciéndolo dieciséis años.

Tal vez necesitaría ponerlo en práctica en aquel momento, ante el apuro en el que se había metido.

Incómodo, observó una vez más a su pequeña vecina de pie frente a él. Su boquita formando un puchero y sus ojos azules conteniendo las lágrimas que pugnaban por salir de ellos. El pelirrojo tragó saliva.

—Tu hermano me dijo que tú habías visto a Olaf—habló ella, dejando ver la preocupación en su voz y cierta esperanza—, dime donde está. Dime—añadió suplicante.

El adolescente se metió las manos a los bolsillos de la chaqueta, mientras pensaba a toda velocidad. En efecto, se había encontrado con la singular mascota de la chiquilla de ocho años durante el día anterior, en uno de los rincones de casa. Al parecer, aquel ratoncito blanco había salido a dar un paseo sin que nadie en el domicilio de junto se diera cuenta. Y Hans, estúpidamente, apenas lo había notado se hizo a la tarea de exterminarlo disgustado ante la idea de que un bicho como ese pudiera estar cerca de sus cosas.

Ahora el susodicho yacía dentro de una bolsa de papel, quizá en algún basurero de la ciudad, después de haber pasado a mejor vida. Nunca se imaginó que sería para tanto. Y menos que se sentiría como un mierda, al comprobar que su dueña lo andaba buscando y lo mucho que parecía quererlo.

Lo peor era que al parecer alguno de sus hermanos lo había delatado a medias.

Maldiciéndolos para sus adentros, se puso de cuclillas para estar a la altura de la niña y listo para usar su tono de voz más convincente. Después de todo, ¿qué tan difícil podía ser engañarla?

—Creo que él te mintió, Elsa—le dijo, poniendo esa sonrisa de lado que tan bien le funcionaba para engatusar a sus maestros en la preparatoria—. No he visto a tu ratón por ninguna parte. Tal vez Olaf escapó de casa porque no le gustaba que lo tuvieran encerrado, ¿no crees?

La pequeña se quedó mirándolo con sorpresa ante sus palabras. Hans se felicitó mentalmente por su astucia… hasta que la vio fruncir el ceño.

—¡Eres un mentiroso!—exclamó acusadora—¡Sí lo viste y no me quieres decir! ¡Mentiroso! ¡Mentiroso!

La expresión satisfecha del cobrizo se desvaneció y enseguida miró hacia los lados, nervioso. Todos sus vecinos se encontraban en casa, pero con el escándalo que estaba empezando a armar Elsa, no le gustaría que se asomaran y pensaran que le estaba haciendo algo. Debía pensar rápidamente.

Repentinamente ella rompió a llorar, ocultando el rostro entre sus manitas y haciendo que su diminuta trenza rubia se moviera con cada sollozo que daba. Hans entró en pánico.

—Eh, oye, cálmate nena—replicó, haciendo ademán de agarrarla por los hombros.

Apenas lo hubo hecho, la aludida levantó la cabeza y lo observó con reproche y una frialdad poco común en una cría de su edad.

—¡Dime donde lo tienes!—chilló demandante y Hans apretó los dientes.

Sabía que le estaba mintiendo. No tenía idea de como pero lo sabía. La mocosa había resultado ser más suspicaz de lo que imaginaba. Componiendo un semblante serio, se inclinó hacia ella como si fuera a decirle algo en secreto, rogando para sus adentros que esta vez sí le creyera.

—Está bien, no quería decirte esto pero… Olaf está… allá arriba—improvisó, señalando su viejo escondite del árbol, que podía vislumbrarse en el jardín trasero desde donde estaban—. Está preparando una sorpresa para ti… ¡una nueva casa!—agregó, sin poder creer él mismo las estupideces que se le ocurrían—Con rampas y una rueda para que pueda correr. Él me lo dijo.

Elsa enarcó una ceja y lo miró con superioridad infantil.

—Los ratones no hablan—replicó con un ligero tonito de sabelotodo. El muchacho se contuvo de rodar los ojos—. Quiero verlo.

La chiquilla comenzó a correr para subir en dirección al árbol que le había indicado y rápidamente, fue tras ella.

—¡Espera, Elsa!—ágilmente la alcanzo hasta ponerse delante de ella y la levantó, tomándola por debajo de sus brazos.

Se sentía muy pequeña y ligera. Su mirada infantil cambio de decidida a confundida al verse separada del suelo y al hacer contacto con sus orbes esmeraldas, un tenue rubor cubrió las blancas mejillas. En contra de su voluntad, Hans se enterneció por eso.

—No puedes ir a verlo ahora—le explicó—. Se trata de una sorpresa, ¿recuerdas? No quieres arruinarla antes de tiempo.

La niña parpadeó un par de veces y al verla de cerca, pudo jurar que se había ruborizado más.

—Pero vuelve esta tarde antes de que se haga de noche… y podrás llevártelo a casa—dijo Hans más confiado.

Aquello le daría tiempo suficiente para ir a la tienda de mascotas y conseguir otro ratón blanco. Por suerte todos esos animales eran iguales. Tendría también que buscar una jaula para el roedor, pero mejor era eso a enfrentarse con el llanto de su vecinita.

Era ridículo que se le partiera el corazón de imaginarla así. ¡Si él detestaba a los niños!

—Vuelve al rato, ¿sí? Y ya no vayas a llorar—dijo a la vez que la bajaba con delicadeza.

La niñita asintió con la cabeza dubitativamente y aun colorada, emprendió la vuelta de camino hacia su hogar. Al llegar a la cerca que separaba ambas casas, miró por encima de su hombro tímidamente y él la despidió con la mano.

Elsa entró corriendo a su vivienda. El pelirrojo suspiró.


Nota de autor:

Ok, hace tiempo que tenía ganas de hacer algo como esto, desde que paseando por tumblr me encontré con algunos fanarts que mostraban a Hans adulto y Elsa de niña; entonces el azúcar se me subió y me dije: debo escribir algo así. *w* Obviamente no hubo nada de romance aquí porque habría sido súper inapropiado (aunque por la reacción de la pequeña rubia, podemos denotar que a ella si le gusta su vecino, jojojojo), pero si lo extrañaron, piensen que cuando ella tenga 18 años y él 26 podrán enamorarse de verdad. :3

En fin, sé que es algo extraño pensarlos de esta manera pero a mí me da ternura. xD La relación se queda en un sentido más platónico y eso es muy interesante. ¿O ustedes que piensan?

F: Dicen que el carnaval sí saca el lado más salvaje de todos. Imagina ver a nuestro copo de nieve de esa manera en una situación como la de la viñeta anterior. xD Sería épico.

¡Frozen Fan fuera! ;)