Soledad

Saya caminaba junto a ellos por Central Park, ruta que habían tomado como pura perdida de tiempo, pero era un lugar tranquilo, tranquilidad que Saya necesitaba en ese momento como si fuese aire para respirar, pues, la Saya que iba acompañada de los dos caballeros no parecía ser la misma. Era como si se hubiera transformado en un zombie, y su rostro, que parecía estar en shock, si uno se fijaba con suficiente atención, podría darse cuenta de que en realidad era un gesto, de cierta manera, indiferentemente dolido, en un rictus de decepción. No había sonrisa, más que labios planos, ni expresión alguna en el rostro más que la descrita y la mirada pérdida, como si estuviera muy despierta, pero al mismo tiempo muerta de sueño, y no había hablado en largo rato. Ni Solomon y mucho menos Hagi se atrevían a iniciar algún tipo de conversación, sabían que ella, en ese estado, no respondería nada, y era mejor esperar a que ella explicara bien las cosas.

-Quería regresar- dijo de pronto la chica, con la voz apagada y sin dejar de caminar.

-¿Regresar con el Escudo Rojo?- pregunto Solomon sorprendido -¿Por qué?- inquirió apresuradamente. Saya soltó una risilla amarga y finalmente una sonrisa, pero esta era acida. Hagi y Solomon se miraron con confusión. Por segunda vez en un día, estaban en las mismas.

-Porque Diva me trae mala suerte- dijo con la voz llena de ironía, mientras Hagi y Solomon se detenían en seco al escuchar a Saya decir eso, ambos, tremendamente sorprendidos. Hagi nunca había escuchado a Saya hablar con ese tipo de amargura irónica, casi socarrona, ella no era así, y Solomon, mucho menos. Vamos, cualquier persona que la viera y escuchase a primera vista hubiese pensado que una chica como ella era demasiado guapa y "joven" como para odiar tanto y tener tanta amargura en su interior.

-¿Qué?- se detuvo Saya, volteándose hacia ellos, como si nada pasara -¿Se van a quedar ahí, o regresamos?- pregunto mientras se volteaba nuevamente y seguía caminando, mientras los caballeros la alcanzaban.


-¿Viste lo que hizo?- dijo Diva, con dos manos en la cadera y una mirada mas que furiosa, molesta, fastidiada. Hagi hizo caso omiso y entro a su habitación como si nada, medio ignorándola. Había regresado hace no mucho rato a la mansión, con Saya y Solomon. Ella había querido estar sola un rato, y se encerró en su habitación sin más. Ni él ni Solomon hicieron nada para impedirlo, ella necesitaba tiempo, así que cada quien regreso a lo que tuviera que hacer. Hagi se fue a su alcoba y al entrar, se encontró con Diva esperándolo parada en medio del cuarto, como una esposa furiosa que espera a que su marido llegue a mitad de la noche después de la juerga con los amigos, lista para reprenderle.

Hagi por un momento pensó que Diva necesitaba decidirse por algún papel adecuado que interpretar. Ella nunca sería una buena esposa, para variar.

-No me ignores- exigió la joven al ver como el caballero se sentaba tranquilamente en un sillón, con aire cansado -¿¡Viste lo que hizo Saya!- exclamo enérgicamente poniéndose frente a él.

-¿Qué hizo?- Hagi regreso la pregunta sin expresión alguna, mirándola fijamente. Diva por un momento se sintió un poco intimidada por la penetrante mirada, aunque realmente el caballero no lo había hecho con esa intención, así que mejor decidió por voltearse y quejarse a su modo.

-¿Qué no la viste? ¡Se volvió completamente loca! ¡Mi hermana esta desquiciada! Salio corriendo como loca después de encontrarse con esa chica y…-

-¿Desquiciada?- interrumpió el caballero -¿Será de familia?- arremetió con serenidad, y quizás, un ligero toque de sarcasmo, que a decir verdad casi nunca usaba.

-No quieras pasarte de listo- le advirtió Diva apuntándole, amenazante –Además… ¿Quién demonios era ella?- inquirió, refiriéndose a Min. Hagi guardo silencio, sin ganas de contestar, sin saber si realmente eso era tan relevante.

-¿Qué? ¿Vas a quedarte callado?... otra vez- susurro eso ultimo, poniendo los ojos en blanco. Hagi al notar que Diva no se iría sin explicaciones, o un par de palabras de vuelta, se decidió a hablar.

-Ella es Min- dijo de pronto, llamando la atención de Diva -Cuando Saya estuvo en Vietnam, se encubrió como estudiante de en el Liceo de Cinq Flèches. Ahí la conoció y se hicieron amigas. En aquel entonces Saya te estaba buscando y fue ahí donde se encontró con Karl. Cuando Saya peleo contra él, Min la vio irse junto con el Escudo Rojo cubierta de sangre, pero no le dio explicaciones- explico, sin expresión alguna –Es por eso que se puso así- añadió. A Diva casi se le salen los ojos al escuchar a Hagi decir tantas palabras, y estuvo apunto de felicitarlo y aplaudir.

-Ah, ya veo… Eso le pasa por querer matarme- dijo medio riéndose -¿Tú estabas ahí?- pregunto curiosa y con su enojo olvidado. Hagi se limito a asentir con la cabeza.

-¿Qué no era para mujeres?- agrego la joven un poco confundida, preguntándose de que manera pudo el caballero entrar a dicho lugar.

-Me encubrí como jardinero- contesto, conciente de lo que pasaría después, y no fue decepcionado, ya que Diva de inmediato estallo en carcajadas, tal como lo había esperado.

-¿¡De jardinero! ¡Dios, alguien debió haberte tomado una foto!- exclamo Diva mientras se doblaba de la risa y sus ojos comenzaban a humedecerse por el esfuerzo. Hagi no le encontraba nada de gracioso al asunto y se mantuvo igual de impasible que siempre.

-Ay, Hagi, pobre Hagi. Siempre te ponen en segundo lugar- dijo con sorna la chica y encogiéndose de hombros, cuando finalmente termino de reír. Él la miro, sin demostrar que ella, en realidad tenía razón –Saya, el Escudo Rojo, todos te ponen en segundo lugar- repitió sentándose en uno de los respaldos del sillón donde Hagi estaba sentado, apropósito, para quedar cerca de él, cosa que el caballero no paso desapercibida, y ya sospechaba por donde iba el asunto.

-Para Saya, antes que tú, están los humanos, su patética familia falsa, su venganza, y todo lo demás, y al final, estas tú, ya cuando nada puede hacerse. Ni modo- dijo suspirando con burla y falsa lastima -¿No se supone que ustedes están enamorados o algo así? ¿Cómo en las películas?- pregunto con un dejo de repugnancia y agitando las manos con asco, recordando las innumerables historias de amor que presentaban en casi todos los filmes que había visto.

-No- respondió Hagi, cosa que no se esperaba Diva escuchar ni en un millón de años. Antes hubiera creído que él la correría de la habitación antes de responder cualquier cosa, y se sintió ligeramente fuera de la jugada.

-¿Qué? ¿No estas enamorado de ella?- pregunto descolocada, aunque aceptémoslo, para todos los hombres era difícil admitir algo como eso, sobretodo para alguien tan serio como Hagi, aunque realmente no resultaría tan difícil aceptarlo frente a la "cuñada" que trata de seducirte, como forma de defensa, y es por ello que Diva se confundió tanto. Se pregunto si era algún tipo de insinuación para darle ventaja, o si era simplemente la verdad, sin ningún otro tipo de intención escondida.

-No es de tu incumbencia- respondió Hagi tratando de sonar lo mas cordial posible y al mismo tiempo decirle: "No te metas en mis asuntos, que no va a funcionar"… aunque como era de esperarse, no surtió el efecto deseado.

-Creo que estas enamorado de ella. Me pregunto si ella también lo esta de ti. Eso parece pero… es tan… lo que sea- comento la chica haciendo ademanes con la mano sin encontrar palabra alguna que fuera adecuada. Por una parte a veces realmente creía que su hermana estaba enamorada de su caballero, y por otra, le parecía que Saya, al igual que ella, eran incapaces de amar lo suficiente -¿Has considerado otra opción?- pregunto despreocupada, como si no estuviera tratando de llegar a ningún lado realmente, aunque se dejo caer en el sillón, quedando recostada sobre las piernas de él como si fuese una bebé. Hagi no hizo nada por quitarla de encima, y sólo se limito a recurrir a su usual indiferencia.

-Si esta es tu manera de seducirme, Diva, sinceramente no esta funcionando- le advirtió Hagi mientras veía fijamente a la chica, quien sonreía divertida desde abajo.

-Uy, que aburrido- contesto ella –Ya no encuentras manera de defenderte. Sabes que tengo razón, y siempre la tendré. Saya es demasiado egoísta y caprichosa, nunca podría haber nada entre ustedes. Ella esta tan… no se, ensimismada en ella misma, que a veces olvida que existes y que has estado a su lado durante toda la vida. ¿Acaso eso no te duele? ¿No te da coraje?- pregunto mofándose, como si de verdad tratara de comprenderlo aunque la realidad es que intentaba provocarlo, y precisamente, esa fue la gota que derramo el vaso.

-Quítate Diva- exigió Hagi con un inevitable dejo de desprecio, aguantando las ganas de aventarla al suelo, y sólo no lo hacia para no parecer descortés. Ella lo ignoro.

-No voy a hacer lo que tú me digas- respondió caprichosamente la chica entrecerrando los ojos -¿Cuáles son las palabras mágicas?- pregunto riendo por lo bajo y con una enorme sonrisa. Hagi no tuvo otra opción más que darle gusto a su reciente capricho.

-Por favor- murmuro el caballero sin mucho trabajo. Si eso tenía que hacer para quitársela de encima, adelante, además, un por favor no ha hecho nunca daño a nadie. Diva, como por arte de magia, como si realmente esas fuesen palabras mágicas, se levanto, mientras Hagi hacia lo mismo, y sin más, comenzó a deambular un poco por la habitación, desviando la mirada y fingiendo indiferencia, tratando de evitar una nueva jugarreta como la de hace un momento. Diva lo seguía atentamente con la mirada, divertida por poner en apuros al pobre caballero, cuando de pronto este comenzó a desabrocharse el saco, y no pudo suprimir un gesto de sorpresa.

-¡Por Dios! ¡Pero no vayas a tan rápido!- exclamo ella mientras comenzaba a reír después de hacer un intento en vano de contenerse. Hagi la miro discretamente de reojo, para después seguir con su tarea. Solamente se quito el saco, por supuesto. Había sido un día largo, le dolían las manos y los pies de tantas bolsas que cargo y de la larga caminata que hizo por los techos y calles de Nueva York, y el saco desde hace rato le había comenzado a molestar horriblemente. Con cansancio se desfajo la camisa blanca para después dirigirse hacia el baño, donde se soltó el cabello frente al espejo y se mojo el rostro tratando de refrescarse. Mientras mantenía los ojos cerrados empapándose la cara con agua fría de manera casi impulsiva, Diva se había recargado en el marco de la puerta.

-¿Lo sabes, verdad?- pregunto ella, mientras veía como Hagi tomaba una toalla blanca y se secaba la cara. El caballero se pregunto a que venia una pregunta sin interrogante. ¿Saber que cosa?

-Sabes lo que se siente estar solo- agrego la joven materializando la interrogante en palabras más explicitas, y al mismo tiempo respondiendo por él. Hagi no dijo nada, ni siquiera la miro, pero no podía ignorar que ella, de nuevo tenía la razón. Desde que se había convertido en caballero, se sentía solo, porque después de todo, aunque él estuviera al lado de Saya, ella de cierta manera no estaba con él, sino con su venganza y lágrimas, y después con su familia, y nuevamente con la venganza y las lágrimas, y después, con su hermana. No importa que una persona este con alguien más, mientras la otra no lo este con él. No era una buena manera de explicarlo, pero para Hagi eso era la más vil soledad.

Diva en ese momento se acerco a Hagi y en un acto deliberado, despreocupado y descarado, se paro detrás de él. Poso una de sus manos en su hombro y otra en el pecho, en un abrazo extraño… como de reconciliación y dolencia, que en realidad Hagi no supo interpretar. Ambos miraron al espejo por unos cortos segundos, cuando entonces Hagi se dispuso a quitarse a Diva de encima cuando noto que ella aplicaba una fuerza que no era propia de las mujeres humanas, aprisionándolo en el abrazo. Ella lo miro un momento desde abajo, y después lo vio a los ojos através del reflejo del espejo.

-¿No te duele? ¿Estar solo?- pregunto una vez más mientras ambos se mantenían mirando sus reflejos en el espejo. Él sin expresión, ella con una mirada como de femme fatale arrepentida.

-No se de que hablas- contesto Hagi al fin, secándose las manos con la toalla, fingiendo indiferencia.

-Sí sabes de lo que hablo… Hagi, tú y yo estamos solos. Siempre lo hemos estado. Las personas solas siempre se terminan complementando. Es algo así como… una soledad compartida- explico ella en susurros –Saya solo vive para ella. Tal vez tú signifiques algo para mi hermana, pero nunca lo suficiente- dijo mientras subía su mano lentamente por el pecho de Hagi, con una sonrisa venenosa en los labios.

-¿No quieres olvidar por un momento tu mísera existencia?- pregunto ella, y como la sonrisa que tenia en ese momento, su voz también despedía descaradamente un tono de veneno puro y fatal, y eso finalmente termino acabando con la paciencia de Hagi, y con fuerza, la aparto bruscamente de él.

-Creo que la que quiere olvidar su mísera existencia eres tú, Diva- le espeto- Porque sabes que estas sola y no puedes soportarlo. No importa cuantos caballeros tengas a tu disposición- dijo apunto de perder la calma, soltándole la verdad con crudeza a la cara.

-¿Tú que sabes?- le reclamo ella con desprecio, y su gesto simplemente no tenía precio. Su sonrisa de un segundo a otro se había desvanecido.

-Estas desesperada, y no puedes soportarlo- añadió Hagi con una cruel serenidad –Mucho menos ahora, que mataste a tus hijas- espeto, cuando de pronto sintió un golpe un su rostro, agudo y rápido, pero no por eso indoloro. Diva lo había abofeteado con tanta fuerza que él apenas y se había dado cuenta, y su cabeza quedo completamente de lado y el cabello cubriéndole la mitad del rostro.

-No las menciones imbécil- no grito, ni exclamo escandalosamente, pero la intensidad del repudio en su voz era algo que ni la misma Diva había escuchado en si misma antes, y la mano aun tensa en el aire era signo físico de cuanto la mención de sus hijas la había molestado –Que lo hice por ti- añadió furiosa, arrepentida, mas no acongojada. Hagi se sobo un poco la mejilla golpeada, mientras veía como Diva se iba de su habitación sumamente ofendida. Ese había sido un golpe demasiado bajo, y hasta Diva sabía cuando era mejor detenerse, al verse así de expuesta.

-¿No crees que te estas tomando demasiadas molestias por mi?- pregunto con sarcasmo el caballero asomándose desde el baño, mientras veía como ella se iba dando grandes pasos. No podía dejar las cosas así. Era un hombre serio y aparentemente tranquilo, pero no un idiota que se dejara de cualquiera... a menos que fuera Saya.

-Hmp… Ojala Saya hiciera lo mismo, ¿no?- argumento ella con una sonrisa cruel, considerando que no había perdido del todo esa batalla, y que Hagi y ella habían quedado empatados, mientras abría la puerta del cuarto y salía de ahí, cerrándola de un fuerte portazo, como si de esa manera quisiera demostrar la intensidad de su enojo.

Hagi torció la boca después de lo que escucho, y por supuesto, después de quedarse solo. Odiaba que Diva siempre tuviera esa maldita manía de tener la razón, y todo con un dejo de sarcasmo y cinismo casi encantador, que le enfermaba, pero hasta se sintió un poco culpable de mencionar el asunto de las bebés. Por un momento pensó que se había sobrepasado, pero por otro lado, Hagi se excuso pensado que quizás se lo merecía.

-Que maldita eres- pensó para si con amargura y una pesadez en las piernas y el pecho, dirigiéndose a su chelo para destrozarle las cuerdas un rato, aunque al final no tuvo ni ganas de sacarlo del estuche y se quedo la noche entera deambulando por el cuarto.


Fue gracias a Joel que dieron con la tal Min Castle. Al recibir esa información por parte de Okamura, vieron la posibilidad, aunque remota, de tener alguna vaga, muy vaga idea del paradero de Saya. Joel se limito a darles la dirección a Kai, David y Mao (puesto que con esta ultima, Min podría llegar a sentirse más cómoda con una chica de su edad que con un muchacho y un hombre mucho mayor, ya que Joel tenía la impresión de que Min era un poco tímida, pues la había visto un par de veces en algún evento), les dio una cita con la muchacha de antemano, puesto que conocía a la familia, no profundamente, pero la conocía.

Al día siguiente y a buena hora salieron para tratar de sortear el trafico de Nueva York a media mañana y llegar a tiempo a la cita, y un largo rato después, los tres se encontraron en una área de la ciudad, ciertamente muy ostentosa, donde las casas eran grandes, mansiones a decir verdad y sin duda de gente muy acaudalada. Kai se sintió un poco intimidado. Siempre le habían intimidado un poco las personas con mucho dinero. El dinero lo podía hacer todo en el mundo, él ya lo sabía y lo había comprobado miles de veces en unos cortos dos años, además, siempre había sido un muchacho de clase media, con una vida cómoda, algo ajetreada y de vez en cuando con algún apuro, viviendo el día a día sin mayores preocupaciones, hasta que…

-Llegamos- dijo David al llegar a una enorme residencia. Era parecida a las otras; grande, de enormes portones y jardines bien cuidados. Ventanas aquí y allá, donde se podía saber que el lugar contaba con muchas habitaciones y la casa era de un color beige demasiado claro que a Mao no convenció, aunque tenia que admitir que la casa era muy linda. Sin duda soñaría con una como esa cuando, quizás en algún futuro retomo tal vez tuviese una familia, aunque de otro color. Miro un momento a Kai y refunfuño mientras salía del auto. Kai no noto nada y siguió a David junto a Mao hacia un interlocutor negro en la entrada.

Hubo una breve conversación por medio del aparato y David dijo su nombre, quien lo mandaba, y a quien quería ver. El que atendía dijo que la señorita Min los estaba esperando en la sala y los hizo pasar sin más problema.

Ya en la puerta los esperaba un mayordomo que los guío desde las enormes puertas cafés hacia dentro la casa. Cuando entraron se encontraron con un recibidor de colores tierra, con un gran candelabro en el techo, aunque la luz del día se filtraba con facilidad por los ventanales enormes. A su lado había una escalera con un pasamanos torneado de diseño bellísimo pero discreto, pensó Mao al verlo, y en una mesa en el centro descansaba un florero con un cuidado y hermoso arreglo dentro de el. Kai se quedo medio distraído viendo el lugar y por poco choca con la mesa, pero afortunadamente se libró de un aparatoso y vergonzoso accidente.

Enseguida fueron guiados a un salón todavía más grande detrás de una puerta, la biblioteca supuso Kai, pues tres paredes tenían estantes llenos de libros y en el centro unos cuantos sillones y sofás. Los visitantes vieron a una chica sentada en uno de ellos, con semblante serio pero distraído, de cabello claro y lacio, y usaba anteojos. Era la misma chica de la foto.

-¡Hola! Buenos días- saludo la muchacha con una simpática sonrisa mientras se levantaba, al escuchar que el mayordomo le anunciaba que las visitas habían llegado. El trío de visitantes devolvieron los buenos días.

-Siéntense, por favor- invito la muchacha con un ademán delicado a los visitantes, los cuales agradecieron y le tomaron la palabra, sentándose los tres en un enorme sillón adornado con frondosos cojines. Después de ofrecerles algo de tomar, al final los tres pidieron un café casi de manera ansiosa, cosa que David agradeció por sobre todas las cosas. Había pasado semanas tomando el café de Mao y ciertamente su paladar le reclamaba un buen café, decente, que de perdida no estuviera aguado.

-Me dijo Joel Golshmidtque necesitaban hablar conmigo de un asunto muy importante, pero aun no se que se trata- dijo la muchacha dejando una taza de té en la mesa de centro.

-Bueno, necesitamos hacerle algunas preguntas, en unos momentos le diremos de que trata, pero por favor, no se altere y le pido que sea discreta- dijo David, a lo cual la muchacha asintió, confundida por el pedido de que no se alterara.

-Señorita, ¿Usted estuvo estudiando en Vietnam, verdad? Tengo entendido que en el Liceo de Cinq Flèches para Señoritas - comenzó a hablar David con tranquilidad. Min se sorprendió un poco por la información y hasta se asusto ¿Acaso la estaban investigando? ¿Cómo era posible que unos completos desconocidos supieran eso? Le tenía pavor a los secuestros que sufrían algunas personas, sobre todo hijos de personas adineradas como ella, pero si los mandaba Joel, podía estar segura, se dijo tratando de tranquilizarse.

-Sí. De hecho acabo de graduarme, y entrare a la universidad aquí, en Nueva York- respondió la muchacha.

-Ya veo, y dígame, ¿En el Liceo de Cinq Flèches, conoció a una joven llamada Saya Otonashi?- pregunto David. En ese momento el rostro de la joven se transformo en un gesto descolocado, con la mirada petrificada y casi deja caer al suelo la taza de té de la cual iba a beber, para taparse la boca ahogando un sollozo que aun así fue audible para los visitantes.

-¿Saya? ¿La conocen?- pregunto ella guardando la calma al escuchar el nombre de su vieja amiga, y sobretodo al encontrársela tres días antes ¿Seria coincidencia? Se pregunto.

-Así es- dijo Kai –Yo soy su hermano mayor- añadió, aunque David lo miro inquisidoramente al soltar información tan a la ligera, y se pregunto si fue buena idea llevarlo.

-¡¿Su hermano?- exclamo sorprendida la muchacha, a recordar que los primeros días Saya le había hablado de que tenía un hermano mayor, y si mal no recordaba, se llamaba Kai tal como él lo afirmaba, incluso pensó en conocerlo y quizás tener a su primer novio, y de paso a su mejor amiga como cuñada. Aun recordaba como Saya se había ahogado con su emparedado cuando se lo comento.

-Saya esta desaparecida desde hace varias semanas- dijo David, mientras Min arrugaba el entrecejo, como si no supera de lo que estaba hablando.

-¿Desaparecida?-

-Sí. Saya desapareció aquí en Nueva York. Ya que usted era su amiga, en cuanto supimos de su estadía aquí, nos preguntábamos si sabía algo de ella- hablo Mao tomando un sorbo de su café, tratando de disimular su emoción al descubrir que habían acertado con que esa chica conocía a Saya. Aunque por otro lado… sería muy humillante pues había sido Okamura quien lo descubrió y ella todavía se había burlado de él. Ahora tendría que tragarse sus palabras.

-De hecho… sí- contesto quedamente Min, y sus visitantes pudieron notar como un dejo de tristeza se apoderaba del rostro de la joven de un segundo a otro.

-¡Enserio! ¡¿Como?- exclamo Kai esperanzado, aunque David ante este segundo arranque de emoción estaba convencido de que definitivamente había sido mala idea llevar a Kai. La muchacha se sorprendió por la exaltación del joven, y David tuvo que ponerle una mano en el hombro en señal de que se tranquilizara.

-Hace tres días la vi- contesto.

-¿Dónde?- pregunto David de inmediato.

-En la quinta avenida. Ahí estaba ella-

-¿Iba con alguien?- pregunto esta vez Mao.

-De hecho sí- y se apresuro a contestar –Iba con otra joven. Incluso la confundí con Saya. ¡Eran idénticas! Sólo que esta chica tenía el cabello largo y ojos azules, de piel muy clara- los tres pensaron "Diva" inevitablemente -… Creo que ella se llamaba Diva. Dijo que era la gemela de Saya- "Así que aun esta con Diva" pensó Kai preocupado, comenzando a tronarse nerviosamente los dedos ante la idea. Todas estas semanas le había parecido que todo había transcurrido como si fuera nada mas que un sueño o una espera, como cuando Saya desapareció por un año en el mar Mediterráneo y el espero su regreso pacientemente, pero ahora escuchar que su hermana estaba con esa demente, era como si aquel sueño extraño se materializara en su conciente.

-¿Iba con alguien más? Aparte de… esta chica llamada Diva- pregunto Mao dando un sorbo de su café, haciéndose la tonta, como si jamás hubiese escuchado dicho nombre.

-Sí. Iba… bueno, es muy extraño. Estaba con el jardinero de la escuela. Un hombre alto de cabello negro y largo. Comenzó a trabajar en la escuela en cuanto Saya llego, y desapareció cuando ella… se fue- dijo con un dejo nostálgico en la voz, apenas pronunciando lo ultimo –También estaba el hombre con el cual ella bailo la noche de la fiesta, la misma noche en la que se fue. Un hombre rubio- los tres pensaron simultáneamente: "Hagi y Solomon". En definitiva, Saya y su caballero estaban con Diva.

-¿Le dijo algo o hablaron de algo?- pregunto David.

-No mucho… Saya se porto de manera muy extraña. Era como si me estuviera evitando. Al principio me reconoció pero luego… actúo como si nunca me hubiera visto. Se altero un poco cuando su hermana se presento conmigo, y después Saya salio corriendo del lugar y los demás fueron detrás de ella- dijo mientras en sus ojos comenzaban a acumularse algunas lagrimas que se trago, mientras se tapaba la boca tratando de no sollozar al recordar el desplante, el cual aun le afectaba y dolía.

-Cuando estábamos en el Liceo, Saya me comento de usted, Kai- dijo dirigiéndose al muchacho -Dijo que tenia dos hermanos, pero nunca me hablo de una hermana, mucho menos gemela. Cuando me la encontré y la vi con el jardinero, sinceramente pensé que había huido con él. No era raro pensarlo y muchas de mis compañeras creyeron lo mismo, pues muchas sospechaban que mantenía una relación con él, aunque no puedo explicarme que hacia ahí el hombre con el cual bailo aquella noche- añadió la muchacha, aun preguntándose como es que logro huir con ambos, y aunque sonaba descabellada la idea, era lo más lógico que se le ocurría para explicar la presencia de ellos dos.

-¿Sabe sus nombres?- pregunto David, con falsa curiosidad y además en todo caso para estar más seguros de que se trataba de quienes creían, aunque fuera más que obvia la conclusión a la cual se podía llegar; un militar como él estaba entrenado para estar seguro de las situaciones.

-Los nombres de ellos no, sólo el de la chica que se presento como hermana de Saya, Diva- explico Min. Hubo un silencio, y la muchacha finalmente se dispuso a preguntar algo que la había tenido en ascuas durante dos años, hasta que se dio cuenta, así de pronto, como si los recuerdos nítidos de aquella noche hubiesen llegado por medio de un rayo, de quien era el hombre rubio al cual había recibido en su casa. Se le había hecho conocido al principio, sobretodo su voz, pero no sabía de donde, hasta que lo reconoció a mitad de la conversación.

-Pero si usted es…- susurro Min impresionada, inevitablemente apuntando a David –Usted también estaba en el liceo la noche del baile, cuando Saya se fue. Se fue con usted en un auto, y con el jardinero- dijo Min con los ojos bien abiertos.

-Sí, yo estaba ahí- acepto David con seriedad, haciendo que Mao y Kai lo miraran sorprendidos. La confesión los había sacado del hilo de la conversación.

-¿Por qué… se llevo a Saya?- pregunto frunciendo el entrecejo, comenzando a pensar lo peor. Un secuestro, alguna red criminal, ¡Alguna cosa de esas! Aunque sinceramente no estaba segura pues el hombre que se presentaba como David, aunque de semblante serio y gesto duro, no parecía mala persona. -¿Por qué se la llevaron así? ¿Y por qué estaba cubierta de sangre esa noche? ¡Además vi sanar sus heridas, como si nada!- exclamo la muchacha, comenzando a alterarse conforme las preguntas se iban presentando en su cabeza y se materializaban en palabras, desesperada por una respuesta.

-Disculpe, pero no puedo decir nada- contesto David mientras se levantaba y los chicos se le quedaban viendo, confundidos.

-Agradezco que nos haya recibido, ahora tenemos que retirarnos. Vámonos- dijo finalmente a Kai y Mao quienes también se levantaron, indecisos y sin saber que hacer, mientras comenzaban a caminar fuera de la sala después de despedirse rápidamente, pero esta vez Min no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados.

-¡No!- exclamo la joven corriendo hacia ellos, poniéndose enfrente de David de manera retadora -¡Tiene que decirme que pasa con Saya! ¡Es mi amiga!- exigió la chica.

-No puedo decir nada. Pero confórmese con saber que ella esta bien- contesto David fríamente, mientras seguía su camino junto a los dos chicos. Min ya no tuvo la fortaleza de seguir, se les quedo viendo un momento, abrumada, y se dejo caer en uno de los sofás sollozando y revolviéndose el cabello.


-¿No cree que… fue un poco duro con ella?- pregunto Mao dentro del auto, mientras iban de regreso al departamento.

-No. ¿Qué querías que le dijera? ¿Que Saya es un quiróptero? ¿Que le dijera que por eso sanaron sus heridas y estaba cubierta de sangre?- respondió David crudamente, acabando de sortear a un auto que se le había atravesado, absteniéndose de soltar una maldición.

-Pero…- susurro indecisa la chica.

-Pero nada. Deberías saber, a estas alturas, que Saya es ahora un secreto- respondió David con frialdad. Mao refunfuño un poco, se cruzo de brazos y prefirió no discutir, y cuando la joven vio a Kai, quien estaba a punto de reprocharle el adjetivo con el cual se refirió a su hermana, cosa que seguramente terminaría en una fuerte pelea, rápidamente le tomo la mano, diciéndole con la mirada que no dijera nada y sólo se tranquilizara… pero, no funciono, y mientras Kai le reclama a David, quien intentaba ignorarlo, en mas de una ocasión, debido al escándalo, estuvieron apunto de chocar.


Bueno aquí estoy con un nuevo capitulo. Creo que últimamente no tardo tanto en actualizar además, mañana es el partido de México vs España, y si pierde México, como la última vez en el Mundial, quiero de pérdida un review de consuelo.

Creo que, no se si deba aclarar algo, pero con respecto a la escena de Hagi y Diva, desde mi punto de vista creo que ambos están igualmente solos. Es decir, Saya tiene a Kai, a todo el Escudo Rojo apoyándola, toda la vida tuvo un "padre" (Joel) y siempre estuvo rodeada de gente que la quería. Por otro lado, Diva no. Si, podrá tener todos los caballeros que sean, pero en realidad ninguno la quiere como ella quisiera. Por ejemplo Karl estaba obsesionado con Saya y se sentía vacío, un espacio que Diva no podía llegar y lo hizo buscar a Saya, la misma situación con Solomon, lo cual lo hace fijarse en Saya, a pesar de ser el caballero favorito de Diva. Amshel, sin comentarios, se sabe que sólo la utilizaba para sus propósitos. James a mi parecer sí la amaba, pero creo que la veía mas como el sustito de una madre o algo así, y bueno Nathan creo que si la aprecia pero esta más interesado en su faceta artística, y aun me pregunto por qué dejo a Diva morir (después de todo él sabía que la sangre de Diva ya no tenia poder contra la sangre de su hermana, y no le dijo nada, aunque creo que podría ser el típico "sólo la más fuerte sobrevive" o "sólo puede haber una reina"). Como sea, a mi parecer, Diva se siente sola, y con Hagi, bueno igualmente al ser casi ignorado por Saya, cosa que al final de cuentas los une.

Y créanme, la soledad es cabrona. Creo que… puede "enloquecer" de cierta manera a la gente. Esa es una de las cosas que para mí, unen a Diva y a Hagi. Pero bueno no quiero hacerles el cuento largo (ya escribí mucho), así que me retiro.

Me despido

Agatha Romaniev