Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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Como hijo del océano que era, Hans no podía acercarse demasiado a la superficie pues ya había sido advertido que los humanos que habitaban allí, podían ser crueles y peligrosos. Pero desde el momento en que sus ojos se habían posado en la hermosa princesa de ojos azules que miraba hacia las aguas, su corazón quedaría atado a tierra firme de por vida.

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Día 18

Prompt: Tritón rescatado por princesa

Género: Fantasy/Romance

Palabras: 999

Rating: K+

Propuesta de: Anielha


En la tierra y el océano


Como el resto de sus hermanos, Hans había recibido severas advertencias por parte de su padre sobre no acercarse demasiado a la superficie, pues ellos eran hijos del océano y como se alejaran demasiado de las profundidades, corrían el serio peligro de ser heridos o capturados por los hombres que habitaban en la superficie. Estos eran supersticiosos y tenían la errónea creencia de que las criaturas mágicas del mar les traían desgracias, hundiendo embarcaciones y conjurando las más terribles tormentas.

Aquello sin embargo, tan solo era una manera de proteger su mundo, pues los humanos eran avariciosos y no se tentaban el corazón para atentar contra la vida de los seres marinos.

No obstante todo esto, Hans era curioso y por sobretodo arrogante. Fue por eso que aquella tarde no dudo en seguir cerca la embarcación que cruzaba el mar y que pudo divisar, mientras asomaba su cabeza pelirroja fuera de las aguas. Había visto decenas de barcos antes por supuesto, pero algo en este le había llamado poderosamente la atención.

En cuanto sus ojos verdes se habían fijado en la hermosa joven que contemplaba el mar por la balaustrada del navío, no había podido quitarle la vista de encima. Jamás había visto a nadie que fuera tan bella como ella, ya fuera humana o sirena. Su piel blanca como la nieve, sus cabellos platinados y sus orbes azules como las aguas en las que habitaba lo dejaron cautivado.

Imprudentemente nadó más cerca del barco, esperando poder mirarla con más detalle. Tenía su delicada barbilla apoyada en una de sus pálidas manos y una expresión entre anhelante y aburrida en su mirada celeste.

Tan absorto estaba observándola que no se percató de los marineros que se acercaban también al borde de cubierta, advirtiendo su presencia entre exclamaciones de asombro y consternación. No fue sino hasta que escuchó sus gritos que advirtió el grave error que había cometido.

Con enfado, vio como aquellos hombres sacaban sendos arpones y los apuntaban en su dirección. Sus instintos le indicaron a Hans que tendría que nadar rápido para esquivarlos.

El grito proveniente de la muchacha rubia lo distrajo momentáneamente. Con gran sorpresa, el tritón se dio cuenta de cómo ella había corrido hacia los tripulantes, tratando de ordenarles que bajaran sus armas. Se había dado cuenta también de que él estaba allí y no solo eso. Estaba tratando de salvarle la vida.

Uno de los navegantes hizo caso omiso de los ruegos y lanzó su arpón hacia él, rozándole un costado. Hans se sumergió nuevamente, a la vez que la marea arreciaba.

Su padre debía haber sentido que estaba en peligro y había mandado una tormenta para acabar con aquellas personas. El cielo se tornó negro e instantes después, pudo escuchar los alaridos provenientes de la embarcación.

Contrario a su sentido común regresó a la superficie, escuchando con atención.

—¡Salven a la princesa Elsa!—gritaba un hombre entre la tripulación; el que parecía estar a cargo—¡¿Dónde está la princesa?!

En medio de la confusión y las fuertes olas que sacudían el barco, Hans vio caer por la borda el delicado cuerpo de la doncella y supo que era ella a quien se estaba refiriendo el capitán. Rápidamente se impulsó por debajo de la corriente para buscarla. Sus brazos se cerraron en torno al talle de la chica y tiraron de ella hacia la superficie, al tiempo que la tempestad arreciaba furiosa.

El navío comenzó a hundirse. Hans miró a la princesa que sostenía en medio de un abrazo protector. La caída la había dejado inconsciente. Él la apretó fuertemente contra su pecho, en espera de que las aguas volvieran a calmarse.

Ante sus ojos, el barco desapareció completamente, quedando sus restos esparcidos en el océano y silenciadas las voces de auxilio de sus ocupantes.

Aferrando a una temblorosa Elsa hacia sí, nadó hasta la costa más cercana, dejando que la marea volviera a su estado tranquilo. Había sido un naufragio terrible pero la joven estaba con vida.

En cuanto hubo alcanzado tierra firme la tendió con delicadeza en la arena de la playa, cuidando que los rayos del sol; que comenzaba a salir de nuevo, tocaran su pálido rostro. Una de sus manos gruesas le acarició el pómulo mientras que la otra retiraba los mechones húmedos que le cubrían la frente.

Elsa era la única humana que al verlo, no había tratado de atacarlo o sentido aversión hacia él. Su compasión y su encantadora apariencia lo tenían embelesado.

El joven tritón comprendió entonces que estaba enamorado.

Pero el suyo era un amor que no podía ser. Ambos pertenecían a mundos distintos. Él no poseía piernas y ella no podría acompañarlo en las profundidades.

"Oh Elsa", pensó besando la frente de la muchacha, "si tan solo pudieras amarme".

Sus labios descendieron sobre los de la sobreviviente, con ansía contenida. Aprovecharía que aún no recuperaba la consciencia para llevarse ese único recuerdo de su persona.

Unos pasos en la playa lo alertaron y con pesar, se alejó de Elsa para nadar y ocultarse detrás de unas rocas. Desde allí pudo ver como un humano se acercaba, acompañado de una criatura enorme y marrón. Una de esas a las que llamaban perros.

—Hey Sven, ¡mira!—el hombre rubio se acercó alarmado a su princesa—¡Señorita! Señorita, ¿puede oírme?

Lo primero que Elsa vio al abrir sus ojos fue un par de pupilas castañas cerca de ella. Había creído escuchar una voz masculina diciendo su nombre. Sin duda debía tratarse del apuesto muchacho que ahora la observaba. Se ruborizó.

—¿Se encuentra bien?—le preguntó el recién llegado con preocupación.

Débilmente, asintió con la cabeza. No podía apartar la vista de "su salvador".

—No se preocupe, la llevaré a un lugar seguro—Elsa no se quejó cuando la levantó en brazos—. ¡Vamos, Sven!

El animal siguió a su amo cuando este comenzó a caminar en dirección al pueblo que se divisaba desde la costa.

Hans lo vio alejarse y suspiró.


Nota de autor:

Otra vez me desvié del prompt original y mis musas pensaron algo completamente diferente, I'm sorry, pero cuando esas chicas hablan yo no puedo ir en contra de lo que me ordenan. u.u Parece que el tritón terminó salvando a la princesa cuando tenía que ser al revés. Aunque técnicamente, Elsa sí le salvó la vida antes. xD Ani querida, si esto no es lo que esperabas después escribo alguna otra historia pequeña en la que las cosas si ocurran como tú querías. Es que le estuve dando un montón de vueltas a esta idea y bueno... en mi mente siempre el pelirrojo terminaba siendo el héroe. :3 *suspiro*

En fin, ¿qué les pareció? No fue nada original ya que me apegué mucho a la historia de "La Sirenita". Incluso fui mala con Hans e hice que al final, Elsa creyera que había sido otro quien la había salvado, con el consiguiente y erróneo "enamoramiento". u.u Hasta se me antoja escribir que ocurre después pero... ¡tengo ya tantas cosas pendientes con el fandom! x3 Si alguien se anima, la idea es toda suya. ;D

¡Uy, llevamos 18 días ya! Como pasa el tiempo ¡y aun hay sorpresitas que preparar! D:

F: Sí, fue muy tierna la viñeta anterior. Que bien que la hayas disfrutado. n.n

Pasen un bello domingo, panquecitos. e.e