Mártir
-Un día de estos, Saya te va a terminar abandonando- le advirtió Diva, con una socarrona sonrisa y las manos a la cadera, en un gesto de superioridad, como si se tratase de una adivina que cruelmente muestra el peor destino a sus incautos clientes, sólo que una adivina ofreciendo sus servicios mágicos, hubiera esperado una expresión de angustia o preocupación de parte de los infortunados, pero con alguien como Hagi era una perdida de tiempo esperar ver un gesto como ese en su pétreo rostro.
Hagi había pasado la noche recostado, se sentía cansado y con ganas de dormir, más no podía, y tratando de recordar como se sentía el dormir paso la noche entera sobre la cama con los ojos cerrados hasta que amaneció. Fue temprano, en la mañana, que escucho a alguien abrir la puerta de su cuarto, y creyendo que era Saya, quien finalmente había salido de su alcoba, abrió los ojos de golpe y se irguió de inmediato, pero para su decepción, sólo se trataba de Diva.
Ella se había limitado a ponerse delante de la cama, con una discreta sonrisa, que decía que apenas y se aguantaba lo que estaba por decir, y simplemente dijo: "un día de estos, Saya te va a terminar abandonando."
Hagi, ni parpadeo. La miro fijamente, sin sentimiento alguno en la mirada, sin fiarse de ella, pero tampoco descartando del todo la posibilidad, y se limito a levantarse de la cama y caminar a la ventana. Abrió ligeramente la cortina, como esperando comprobar que de verdad era de día. Cuando el sol choco con su rostro se pregunto que hacia ahí la hermana de Saya. Generalmente sólo lo visitaba en la noche, ya muy tarde, y de hecho últimamente ya casi no lo hacia, y el caballero, en vano había creído que los acosos de Diva habían cesado. Quizás se había cansado de tratar de seducirlo, pero descarto la idea al ver que ella estaba ahí nuevamente, con su fatal predicción.
-¿No es muy temprano?- susurro Hagi cerrando la cortina, irritado de ver el sol, dejando el cuarto en una especie de penumbra que apenas era iluminada por la luz tenue que se filtraba entre las telas.
-Son como las ocho- contesto Diva –No dormí en toda la noche. Estuve con Saya- dijo mientras se estiraba fastidiada la piel del rostro, con cansancio –Llevaba días encerrada desde que se encontró con esa chica. Creí que ya se había muerto- comento burlona.
-No me ha dejado entrar a su cuarto- dijo Hagi con la seriedad de siempre.
-Vaya, a ti no te dejo pasar pero a mi sí…- comento Diva, aunque Hagi no supo si lo hizo a manera de burla, o como una simple observación. Se reservo el pensar el trasfondo de la frase, además, con Diva nunca se sabía y era casi imposible sacar una conclusión lo suficientemente clara de sus verdaderas intenciones.
-¿Ella esta bien?- pregunto Hagi. Diva en ese momento casi se le salen los ojos. A decir verdad no esperaba que el caballero contestara, o que preguntara por su hermana mayor.
-Supongo- contesto la joven encogiéndose de hombros –Dijo que quería regresar con el Escudo Rojo- añadió, esto último, con algo de enojo, y fue entonces que comenzó a caminar alrededor de la habitación, como un buitre acechando desde el cielo a la presa muerta.
-¿Sabes, Hagi? La estas perdiendo. No volvió con el Escudo Rojo porque no pudo encontrarlos…- el caballero entonces la miro, casi con miedo. No esperaba que Diva supiera eso y la verdad no sabía como iba a reaccionar ante las acciones de Saya. Podía considerarlo una traición.
-Sí, ella me lo contó… Pero, si sigue así, va a terminar saliendo de aquí en busca de su hermano- hizo una larga pausa –Ese no era el trato- añadió, mirando amenazante a Hagi.
-Tú y yo no hicimos ningún trato. Convencí a Saya de dejar el Escudo Rojo, eso era todo. Tú te encargarías de portarte como… su hermana- dijo algo indeciso, sin saber que palabra usar con exactitud para explicar el "trato" que tenía con Diva y que se había pactado hace semanas.
-Y eso hago- se defendió la muchacha.
-No. Todo este tiempo has tratado de seducirme y jugando. Dudo que así se comporten las hermanas- argumento el caballero mirándola fríamente.
-No pretendas venir a darme clases de moral- respondió secamente la muchacha –Tú eres el menos indicado para hacer eso- añadió, mientras Hagi la miraba contrariado.
-Sí, y no me mires así. Tampoco es muy bueno de tu parte, el hecho de haber alejado a Saya de las únicas personas que la apoyaban, sólo para tu conveniencia- argumento, con una sonrisa triunfal en el rostro. Estaba tan segura de su victoria, que hasta fingió verse las uñas con aires de superioridad, con el único propósito de hacer rabiar a Hagi. A decir verdad estaba algo aburrida, y necesitaba desquitarse con alguien, y que mejor que un reto como lo era Hagi.
-Lo hice para que no te matara, y después no tener que cumplir mi promesa de matarla- se defendió el caballero, y aunque estaba furioso, estaba haciendo un gran esfuerzo por no mostrarlo. Después de todo ese era el único propósito de Diva, al menos por el momento.
-No es verdad, y lo sabes- le dijo, ahora mirándolo a los ojos –Lo hiciste para alejarla de Kai y tenerla para ti solo, y estabas tan desesperado que hasta preferiste que estuviera cerca de Solomon, que de su tonto hermano- Hagi hizo ademán de hablar, pero se quedo con la boca entreabierta y las palabras atascadas en la garganta. La gente casi nunca se daba cuenta de lo que sentía o lo que pensaba, el hecho de que alguien lo adivinara, lo dejaba fuera de la jugada, pues ante una situación como esa no sabía como reaccionar, y tratándose de Diva, la cosa se complicaba.
Hubo un largo silencio, que sólo fue interrumpido por una risa ahogada por parte de Diva, triunfal y venenosa.
-¿Sabes Hagi? Te voy a decir algo, o más bien, es una advertencia. No importa cuanto lo intentes, Saya terminara por alejarse de ti. El solo verte le causa culpa y remordimiento- hizo una pausa, pensando en sus siguientes palabras –Saya jamás te podría entender a ti, o a mí. Te lo digo, sólo piensa en ella y sus propósitos. Es aun más egoísta que yo. ¿O tú que crees? ¿Crees que pensó en ti cuando te hizo prometer que la matarías, sin pensar un sólo momento en lo que sentías, o al menos preguntarte?- Hagi desvío la mirada. Ya había sido suficiente plática y además, iba perdiendo vergonzosamente. Lo mejor que podía hacer ahora era optar por el silencio. Si no hay nada bueno que decir, es mejor quedarse callado, pensó el caballero.
-Piensa en ello, y después me llamas- fue lo último que le dijo Diva, mientras salía de la habitación.
-Llevas mucho tiempo sin ensayar, Diva- la reprendió Nathan con los brazos cruzados y ciertamente decepcionado por la falta de constancia de Diva, mientras caminaba hacia la estructura de columnas que tiempo atrás había sido un kiosco, en medio del jardín, donde Diva estaba dando vueltas despreocupadamente.
-¡Nathan!- exclamo con pereza la joven, balanceándose por las columnas –¡He cantado esa canción durante siglos!- argumento, dándole la vuelta a una columna, pasando sus manos por las enredaderas de rosas azules.
Desde uno de los ventanales, Hagi observaba el jardín, abriendo apenas una de las cortinas, asomándose muy discretamente, con temor de que alguien notara su presencia en la ventana. Podía oír la conversación de Nathan y Diva si agudizaba el oído, sin embargo, no le quitaba la vista a la joven, quien actuaba como siempre, como si nada pasara. No había pasado ni media hora desde que discutiera con Diva, y ahora ella se comportaba como si nada. Por un momento se pregunto si estaba actuando, o si realmente ya se había olvidado del asunto. A veces creía que parecía una niña a la cual le jalan el cabello, hace berrinche, y después se olvida del asunto, y más aun, al verla dando vueltas por las columnas balanceándose con los brazos, mientras Nathan prácticamente la correteaba para que ensayara.
-¡Ay, Nathan!- se quejo Diva, cuando el rubio finalmente la alcanzo y la tomo suavemente del brazo, alejándola de las columnas que usaba la joven como medio de escape. Diva llevaba días sin ensayar, y aunque tuviera una excelente voz y un talento innato, Nathan, como su guía artístico, no podía dejar que se oxidara por algo tan simple como la falta practica.
Mientras, en la habitación de Hagi, la puerta de pronto se abrió, y el caballero, alarmado, rápidamente se alejo de la ventana disimulando. Era Saya. Después de tres o cuatro días, finalmente la veía. No pudo evitar sentir alegría, pero no lo mostró.
-Hola- fue lo único que dijo la joven, pero, a diferencia de lo que Hagi esperaba (una Saya deprimida y con la voz quebrada debido a los recientes acontecimientos), se encontró con una Saya que había entrado al cuarto con lo que parecía una inyección de fuerza y energía, e incluso con algo de intriga. Su rostro estaba hecho piedra, pero no podía dejar de percibirse en el un dejo de reclamo, o irritabilidad. La verdad es que su caballero no sabía como interpretar su mirada. Era decidida, como antes, como cuando se encontraba frente a frente con un quiróptero y espada en mano, dispuesta a luchar, pero aquellas miradas tenían razón de ser, esta vez, al parecer no había ninguna, o al menos Hagi no sabía cual era.
Por un momento pensó que Saya le diría que se regresaban los dos al Escudo Rojo, o que en ese mismo instante pensaba luchar con Diva y acabar el asunto de una vez, sin embargo esas opciones se disiparon para el caballero cuando este, escucho un sonido que ya había oído en alguna parte. Eran unos tacones chocando contra el piso.
Al principio eso extraño a Hagi. Saya no acostumbraba usar tacones altos, mas bien usaba botas, o si quería estar cómoda, balerinas. A la única que había visto usar tacones altos era a Diva…
¡Claro! ¡Diva! Pensó el caballero. Un horrible presentimiento lo invadió. Pensó que quizás era Diva disfrazada de Saya, pero eso era imposible, porque ahora mismo Diva estaba en el jardín con Nathan.
Hagi, a pesar de tener ese horroroso presentimiento y sin saber que esperar, se armo de valor, y disimulando finalmente pregunto -¿Cómo estas?- Saya se encogió de hombros, con una indiferencia disimulada, como acostumbran hacer las mujeres… cuando están enojadas.
-Bien- fue lo único que Saya respondió, tajante. Camino lentamente hacia su caballero, aun con su mirada entre indiferente y determinada. Parecía un animal al acecho. El sonido de los tacones chocando con el piso era lo único que se atrevía a hacer ruido en la habitación. Hagi por unos momentos tuvo miedo de respirar. Algo iba mal, definitivamente.
-Hagi- dijo de pronto Saya, atrayendo aun más la atención de su caballero -¿Te gustan mis zapatos?- pregunto, pero esta vez su voz no pudo evitar mostrar un dejo de acusador reclamo.
A Hagi se le cayó el mundo cuando volteo hacia abajo, y vio esos… ¡malditos zapatos! ¡¿Estaban endemoniados o que carajo? No pudo evitar preguntarse. Eran los zapatos de Diva, los mismo que, tal y como la Cenicienta, uno de ellos lo había dejado caer en su habitación, aquella vez en que se vio forzado a esconder a Diva debajo de la cama como si se tratara de un sucio secreto… aunque, si lo pensaba bien, todo lo relacionado con Diva era un sucio secreto, desde su nacimiento, hasta estos días.
-Supongo que no los habías notado. Así son los hombres- comento Saya encogiéndose de hombros con resignación –Estos zapatos no son míos. Son de Diva- añadió, pero esta vez su voz adquirió un fuerte tono hostil no dejaba lugar a dudas. Hagi entonces estuvo seguro de que Saya sabía lo que había pasado aquel día. Lo peor de todo era que él ni siquiera había hecho algo malo, pero en situaciones así el espacio para malas interpretaciones era infinito… sobretodo tratándose de una mujer.
Por ahora, Hagi no dijo nada. Se quedo callado y el rostro petrificado como siempre, pensando que quizás si se hacia el tonto podría librarse de ese problema.
-Los habrás visto en otra parte, ¿no?- comento Saya, comenzando a perder la paciencia ante el silencio de Hagi. Saya no sabia si interpretarlo como, si estuviera escondiéndole algo, o realmente no supiera de que estaba hablando, pero algo le decía, llámenlo sexto sentido o instinto femenino, que aquí había gato encerrado.
-En realidad no- contesto Hagi finalmente. Fue entonces que la indiferencia en el rostro de Saya se desvaneció, en un estallido de furia impaciente… y eso que aun ni empezaba.
-¡No me mientas!- vocifero Saya. Hagi tuvo unas ganas tremendas de dar un paso atrás, pero se había quedado completamente en shock a pesar de que hacia todo lo posible porque no se le notara. Saya jamás le había reclamado nada. La había visto temblando de rabia, sin control alguno y hecha un desastre emocional (y por consiguiente, causando un desastre a su alrededor) pero esta vez Saya no había perdido el control, esta vez estaba en sus cinco sentidos, y algo le decía a Hagi que en ese estado las mujeres podían ser aun más peligrosas.
Por otro lado, el eco de su voz parecía haberse propagado por la habitación, pero no era eso exactamente lo que se escuchaba, si uno ponía atención. El ligero y tenue sonido que alcanzaba a oírse era la voz de Diva, quien había comenzado a cantar ante la insistencia de su caballero.
Ante esto, Saya camino a la ventana estrepitosamente, furiosa, como si la hiciera rabiar que alguien estuviera interrumpiéndola. Cuando llego a ella, abrió las cortinas de par en par. Vio a su hermana en el jardín, acompañada de Nathan, cantando. Aun se escuchaba el suave eco de la voz que llegaba hasta el cuarto, aunque Saya no sabía si era su voz la que se escuchaba en el lugar, o en su cabeza.
Saya no lo supo, pero su hermana se regocijaba cantando después de tanto tiempo. Era liberador, y la joven se pregunto "¿Cuándo resistirás?", pugnando por una respuesta.
-Y ahora ella esta cantando- susurro Saya, mientras una sensación, no sabía cual exactamente, se le arremolinaba en el pecho, haciéndola sentir pesada y mareada, pero a pesar de eso, y en cierta forma impulsada por esa sensación, siguió hablando.
-¿De que se trata, Hagi?- pregunto Saya, volteándose hacia él -¿Por qué estaba un zapato de mi hermana en tu habitación?- cuando Hagi se vio finalmente confrontado, no puedo evitar desviar la mirada. Quizás si le aclaraba las cosas (omitiendo algunos detalles por supuesto) Saya entendería que no estaba pasando nada ni con su hermana, y mucho menos con él.
-Puedo explicarlo- trato de defenderse el caballero, pero Saya, indignada por la respuesta tan gastada, y además de todo, casi como el principio de una confesión vergonzosa, estallo nuevamente.
-¿Qué estas haciendo con Diva?- Pregunto agolpadamente -De alguna forma tuvieron que llegar estos zapatos a tu cuarto… a menos que seas travesti- añadió, en realidad, sin fundamento, pero algo le decía que para que un hombre confesara, había que poner en duda su masculinidad, aunque Saya no estaba segura si ese truco funcionaria con alguien tan paciente como su caballero. Ante lo ultimo, Hagi definitivamente estaba dispuesto a aclarar las cosas, y quizás si lo hacia Diva dejaría de molestarlo, aunque en realidad podía resultar peor. La verdad no sabía que era más ofensivo; que Saya creyera que era travesti, o confesar que en un par de ocasiones había hablado con Diva y que ese día, efectivamente ella había estado en su habitación.
En el jardín, la voz de Diva iba en aumento conforme las notas de la canción. Comenzó a entonar las notas más altas, lentamente, con esplendor. Nathan noto que esta vez ella estaba cantando más fuerte, a diferencia de otras ocasiones, incluso en algunas que lo hacia con algo de flojera. Era como si quisiera que todos a kilómetros de distancia la pudieran escuchar. El caballero sonrío sádicamente, mirando hacia la ventana del cuarto de Hagi. Algo le decía que estaba sucediendo algo muy interesante ahí, pero siempre le había gustado el suspenso, y decidió esperar.
En el cuarto, Saya arrojo con fuerza el sillón, dejándolo tirado en el suelo. Ya no sabia a que recurrir para hacer hablar a Hagi, y ahora sólo quería descargar su enojo. El caballero noto que la ira de su ama iba en aumento, y no parecía que fuera a detenerse. En cualquier momento podía repetirse lo de Vietnam… y eso, no era nada bueno. Hagi entonces no supo si tratar de calmar a Saya (aunque fuera a la fuerza) o salir corriendo de ahí como alma que lleva el diablo.
Diva no ayudaba en nada. Al contrario. La voz de Diva seguía filtrándose en la habitación, agregando a su voz más esplendor y un dejo de discreto sadismo que hacia más majestuosa la interpretación de la pieza. Se acercaba a casi el final de la canción, donde entonaba las notas más altas. Diva estaba ansiosa por llegar al clímax de la pieza. Su hermana se volvería loca.
Mientras la menor se regocijaba como si se tratase de una inocente travesura infantil, y sin medir las consecuencias, los ojos de Saya se tornaron rojos y una expresión demente se iba apoderando de su rostro, poniendo en jaque a Hagi. Diva, en su mente, se pregunto de nuevo, cuanto resistiría su hermana, pero apenas termino de formular la pregunta cuando recibió respuesta, y no podía esperar una mejor.
Saya primero gruño, como si lo último de humanidad persistiera en intentar luchar contra su verdadera naturaleza, pero después se vio vencida, acompañada de un grito de ira inhumano. Cerro los ojos como si le hubieran arrojado acido, mientras estos se tornaban de un rojo que se asemejaban a la sobrecogedora imagen de dos círculos de lava ardiente. Ante esta señal, Hagi finalmente tomo las riendas del asunto. No podía dejar que Saya perdiera el control nuevamente, así que corrió hacia ella, la tomo fuertemente de los brazos, mientras decía su nombre tratando de hacerla entrar en razón como alguna vez lo había logrado Kai.
Pensó que había tenido éxito. Saya dejo de gritar en seco. Su respiración era cortada, como si le costara mucho trabajo respirar. Dejo caer su cabeza. Hagi aflojo un poco el agarre para no lastimarla, ya que parecía que finalmente la joven había entrado un poco en razón, pero cuan equivocado estaba, pensó, cuando Saya levanto la cabeza. Tenía una mirada desencajada, de esas que no sabes que esperar de ellas. Sólo había una cosa que estaba carcomiendo a Saya. La indignación y los celos. Quien sabe lo que estuviera planeando, o haciendo Diva, pero Saya no lo permitiría, mucho menos si se trataba de su caballero. Si había algo que últimamente odiaba con todas sus fuerzas, eran las mentiras. Ni siquiera era la misma Saya la que pensaba, o sentía eso, era una especie de instinto receloso y posesivo, rasgos que la misma Saya apenas comenzaba a experimentar.
De pronto, Saya escucho un zumbido retumbando en sus oídos, como si le hubiera explotado una bomba sobre la cabeza y se le hubieran reventado los tímpanos, y conforme pasaron los segundos solamente podía escuchar lejanamente "¿Saya? ¿Estas bien?". Era su caballero, y por alguna razón, algo que ni siquiera pensó, y mucho menos podía controlar, algo tan fuerte como el instinto de comer, se apodero de Saya. Hagi no tuvo ni tiempo de reaccionar o pensar algo cuando su ama lo empujo con una fuerza descomunal a la cama, pero en lugar de caer en el colchón, Hagi choco contra una de las esquinas de la cama, cayendo al piso. Se golpeo la cabeza y apenas pudo exclamar un tenue "Auch" mientras hacia ademán de levantarse, pero la misma Saya se lo impidió, arrojándose sobre él y enseñando los colmillos como un león apunto de encajar su imponente dentadura en el cuello de un antílope agazapado.
-¡Diva!- exclamo Nathan con aire fatalista y el rostro contraído, como si hubiera visto un fantasma. Diva se detuvo súbitamente al notar su error y tuvo que dar una gran bocanada de aire, sin creérselo. -¿Qué paso ahí?- pregunto el rubio mientras se levantaba de la silla y se acercaba a la chica, que seguía confundida por lo que acababa de pasar.
Diva había desafinado en la última y más alta nota, casi terminando la canción. La joven simplemente no había logrado llegar al tono, y en lugar de eso se escucho una especie de "gallo", como si una inexperta estuviera tratando de llegar a fuerzas a la nota forzando la garganta.
-¿Qué?- murmuro ella confundida, como si la hubieran golpeado y eso la hubiera hecho desafinar.
-Desafinaste, en la última nota. No la pudiste alcanzar- le comento el rubio, con la ceja levantada.
-¡Ya lo se!- respondió ella irritada, pero también avergonzada. La razón era simple. No sabía que estaba pasando exactamente allá arriba, pero algo no había salido como ella lo esperaba, desconcentrándola y arruinándole su interpretación.
-¿Por qué? Nunca te había escuchado desafinar así. Tú misma dijiste que habías practicado esa canción por siglos- le recordó el rubio con una sonrisa. Diva no supo si Nathan sabía algo de lo que estaba pasando, o simplemente le estaba diciendo "te dije que si no ensayabas, terminarías oxidándote".
-¡Ash! ¡Déjame!- contesto ella empujándolo, apartándolo bruscamente de su camino, corriendo hacia la casa. Tenía que saber que estaba pasando, y algo le decía que no iba a gustarle
-Diva, las cosas no siempre saldrán como tú quieres- susurro Nathan negando con la cabeza, mientras veía a Diva meterse en la mansión a toda prisa.
Saya ni siquiera lo pensó, sólo lo hizo, era casi como si no fuera Saya, sino otra persona. Por otro lado, Hagi sí lo pensó. Pensó apenas en lo que estaba pasando cuando Saya le mordió el cuello y succiono su sangre. Pensó que las cosas terminarían ahí cuando ella saciara su sed, aunque temía que terminara dejándolo medio muerto como aquella vez, pero se dio cuenta de que tan equivocado estaba cuando noto que las cosas estaban lejos de terminar. Saya de pronto dejo de morder a Hagi. Se separo de él, con los labios manchados de sangre, y sin siquiera pensarlo, con impulsividad, sus dos manos tomaron el saco de Hagi y lo rompieron de par en par. El característico sonido de la ropa desgarrada fue lo que hizo a Hagi saber lo que estaba pasando en realidad con su ama. No era sólo el hambre o la furia instintos propios de los animales, en este caso los quirópteros, también había otros instintos básicos.
¿Podría estar sucediendo? ¿Realmente Saya se había dejado llevar por el ímpetu y el instinto, así de simple? Tenía que ser así, de otra forma no encontraba el pobre caballero otra respuesta y Saya estaba lejos de ser así de impulsiva y desfachatada. Fuera de eso, Saya trataba de quitarle la camisa, fue que entonces Hagi finalmente reacciono… por así decirlo, porque ni él sabia que hacer. ¿Debía hacerse tonto y dejarse querer? ¿O detener a Saya? después de todo ella no estaba ahora mismo en sus cabales y eso seria estar aprovechándose de la situación, además, cuando la joven recobrara la razón, seguramente tendría una tremenda resaca moral.
-¡Saya! ¡Contrólate!- exclamo Hagi sujetando a Saya de los brazos, haciendo que esta se detuviera por unos segundos, aunque forcejeaba con vehemencia. El caballero se vio obligado a agarrarla más fuerte y mirarla fijamente a los ojos, los cuales parecían hervir. Hagi se pregunto de donde había sacado la voluntad de mirarla directamente a los ojos en ese estado.
-No querrás hacer algo de lo que después te arrepientas- le dijo, tratando de hacerla entrar en razón. Saya se detuvo un momento, giro un poco la cabeza, confundida, como si fuera un animal al cual le estuvieran hablando inútilmente. El caballero por un momento pensó que finalmente la chica había entrado en sus cabales, pero pasaron unos segundos de tensa tranquilidad, cuando Saya de pronto logro soltarse, al agarrar a Hagi desprevenido. Se volvió a arrojar sobre él con fuerza, y finalmente le rompió la camisa y varios botones saltaron desprendidos de la ropa, y esa fue la gota que derramo el vaso. Hagi en cualquier otra ocasión hubiera estado dispuesto a… seguir (no tenía caso hacerse tonto), pero en esta ocasión Saya no estaba en sus cinco sentidos, y no sabía como podía llegar a reaccionar (y ciertamente no estaba dispuesto a arriesgarse… o arriesgar otras cosas) así que tomo fuerza, agarro a Saya de los brazos nuevamente y la aparto de él. La chica se quedo un momento contrariada y con los ojos bien abiertos, como si se preguntara que estaba pasando, o porque su caballero reaccionaba de esa manera, aunque en realidad no estaba pensando en nada, pero, en su ultimo acto de impulsividad, y quizás, como si fuera un destello de humanidad, o de alguna cosa reprimida por mucho tiempo, Saya, forcejeando, se soltó y se acerco rápidamente a su caballero, no como una fiera salvaje, como lo había estado haciendo, sino que mas bien, lo que hizo fue besarlo.
Hagi se sintió como un tonto niño de quince años al que besan por primera vez. Fue tan rápido e inesperado, que se quedo unos segundos con los ojos abiertos y los labios estáticos. Saya ni siquiera lo noto, mientras, con las manos libres, aprisionaba el rostro y cuello de su caballero, profundizando el beso. Hagi pensó que quizás Saya había recuperado la razón, aunque la verdad lo dudaba, pero viendo que no parecía estar totalmente desquiciada en ese preciso momento, apenas estuvo apunto de corresponder, cuando un fuerte ruido se escucho, proveniente de la puerta, acompañado de una exclamación de asombro y burla.
-¡Maldición! ¿Por qué siempre que los encuentro juntos, están haciendo alguna cochinada?- dijo la inoportuna, tremendamente inoportuna intrusa, con una burla divertida.
-"Ahora si te mato Diva"- pensó Hagi.
Por otro lado, al escuchar la voz de su hermana, fue como si en un segundo hubiera recuperado toda razón. Saya abrió los ojos, y se encontró frente a frente con los ojos de su caballero, sus labios unidos y el sabor de la sangre en su boca. ¡¿Cuándo demonios había hecho eso? Se pregunto la joven, reaccionando y empujando a Hagi, como si el hubiese empezado. Cayo de espaldas al suelo, apenas deteniéndose con los codos.
-¿Diva?- murmuro Saya aun confundida, mientras Hagi se levantaba e inútilmente intentaba arreglarse la ropa destrozada. Diva, ansiosa por saber que había pasado, entro al cuarto y se acerco al par. Inmediatamente noto el saco y la camisa rotas de Hagi, y comenzó a reír, mientras Hagi trataba de ignorarla y le tendía la mano a Saya para que se levantara. La pobre aun estaba tremendamente confundida.
-Mira nada mas como lo dejaste…- comento Diva, tomándose la libertad de agarrar una tira de ropa desgarrada que colgaba del saco, mientras soltaba risillas.
-¿Qué… que haces aquí?- tartamudeo Saya con los brazos cruzados, y con unas tremendas ganas de meter la cabeza en la tierra. No sabía bien que había sucedido, lo recordaba, pero era difícil recordar algo con seguridad cuando se pierde el control, así que no sabía si todo lo que había ocurrido había sido por su culpa, aunque las ropas de Hagi eran prueba suficiente de que él no se había hecho eso.
-Sólo te estaba buscando. Pensé que estarías aquí, pero nunca imagine que estuvieras a punto de acostarte con tu caballero- explico la joven soltando las palabras como si nada, aunque con la intención de incomodar a su hermana y verle la cara de vergüenza que ponía, y no fue decepcionada pues Saya estaba roja hasta las orejas
-¡¿Qué? ¡No!- exclamo avergonzada la mayor. ¡No estaba apunto de acostarse con Hagi! Pensó… bueno, tal vez sí, momentos antes, no lo sabía exactamente y se sentía extraña ¡Pero eso no venia al caso! Se dijo la chica, tratando de consolarse en medio de esa situación tan embarazosa. Ni siquiera se atrevía a ver a Hagi a la cara.
-Tan tranquila y dulce que te ves. Eres una salvaje, pobre Hagi- volvió a comentar la joven riendo, inspeccionando indiscretamente la ropa rota del caballero.
-¡Demonios Diva, es suficiente!- exclamo Saya ruborizándose más, si eso era posible, y caminado hacia ella dispuesta a irse y sacarla de ahí, y sobretodo, quería alejarse de Hagi. Estaba tan apenada que no podía dejar de ver el suelo cada tres segundos -¡Y no estaba tratando de… hacer eso!- se excuso irritada, algo que ni siquiera ella se creía, porque la verdad, ni ella sabía que había intentado hacer.
-¿Acostarte con tu caballero?- pregunto la ojiazul, haciéndose tonta -¿Qué tiene de malo? Yo lo hago todo el tiempo- argumento despreocupadamente. No es que fuera verdad, después de saber que sus caballeros no podían dejarla embarazada, perdía todo deseo de mantener relaciones sexuales con ellos, pero a Solomon, siendo su caballero favorito, y al cerdo de Amshel, tenía que darles ciertos privilegios. Pero prefería mentir, sólo para ver la cara que su hermana mayor ponía. No podía evitar pensar que su hermana parecía una mojigata reprimida.
-¡Diva! ¡No quiero escuchar tus… cosas!- vocifero apenada la joven, y un tanto confundida por la falta de vergüenza de su hermana, aunque a veces, ciertamente le envidiaba por eso. Parecía que se divertía todo el tiempo con todo, pero su hermana menor, buena, no era el mejor ejemplo a seguir.
-Vámonos ya- dijo Saya empujando a su hermana fuera de la habitación y cerrando la puerta. Hagi se quedo ahí, parado, y alcanzo a escuchar a lo lejos como Diva decía reprochaba diciendo "¿Por qué estas tan molesta? ¿Qué dije?"
Hagi respiro, suspiro y miro al techo como si fuera un mártir. De pronto se sintió mareado, y apenas lograba asimilar todo lo que había sucedido -¿Qué hice yo para estar en medio de un par de locas?- murmuro, como si tratara de hablar con una fuerza incontrolable y divina que lo manejaba como si fuera una simple pieza en un tablero de ajedrez que el desconocía, sólo para diversión de algún ser superior.
Aun se preguntaba que demonios había pasado, mientras se quitaba el desgarrado saco y la camisa. ¿Cómo carajo había pasado de un ataque de histeria de Saya, a un arranque de esos, por parte de ella? ¿Y después la peculiar charla entre las gemelas? Quien sabe. Por un momento pensó que esa fuerza superior se trataba de Diva, quien jugaba con Saya y él cómo si no fueran más que títeres a su merced.
Finalmente volví. Me disculpo por la tardanza, no tienen idea de la cantidad de problemas que he tenido en mi casa, además me era imposible escribir por varios días cuando mi padre se queda el día entero viendo la televisión en mi cuarto.
Bueno, espero les haya gustado el capitulo, y espero que no haya estado medio fuera de lugar las escenas de Hagi y Saya. Espero poder publicar más seguido, al menos hasta Halloween ya que el capitulo que se sitúa en ese día quiero publicarlo el día de la celebración, aunque no estoy segura si podré porque por esos días andaré en un encuentro de música en Hermosillo, aunque eso todavía esta por verse si se hace o no.
Por cierto, quiero dar gracias a Eylillythiapor haberme ayudado con unas sugerencias de cómo terminar el capitulo. Siendo honesta repetí una escena del capitulo anterior en este y cuando me di cuenta me quede como "¡¿Y ahora que chingados voy a hacer?". Prácticamente tuve que rescribir el capitulo entero porque además el borrador de la escena entre Hagi y Saya me pareció que no estaba del todo bien y hasta medio cursi u OoC, así que tuve que volverlo a escribir todo.
¡Y casi lo olvidaba! No se que chingados sea esa estructura de columnas que se ve en el jardín de la casa de Nathan donde a Diva le gusta jugar. Podría pasar por algo parecido a un kiosco, pero no tiene techo ni escaleras (aquí en México casi todos los kioscos son así), así que lo deje así. Si alguien podría decirme que es, se lo agradecería.
Y tambien, gracias por los reviews, estoy a un paso de los 300. Nunca pensé que llegaría a tener tantos.
Me despido
Agatha Romaniev
