Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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Por culpa de un castigo habían terminado fregando platos en la cafetería escolar. Pero los malentendidos no habían hecho más que comenzar. Mirando a su rival al lado de ella, Elsa no pudo sino maldecir su suerte y a Hans al haber acabado con su paciencia. Y aunque sus modales eran perfectos la mayoría del tiempo, la reina de hielo había explotado y cuando eso sucedía, nada bueno se podía esperar.

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Día 20

Prompt: Guerra de comida

Género: Humor

Palabras: 933

Rating: K+

Propuesta de: Aurora Auror


Castigo inoportuno


Elsa le lanzó por enésima vez una mirada fulminante al pelirrojo que lavaba platos junto a ella y volvió a su tarea de secarlos, en tanto él se los pasaba devolviéndole el gesto con el mismo odio. Hans bufó enfadado, conteniendo las ganas que tenía de estrangular a la dueña de los hermosos ojos azules que tanto lo hacían suspirar desde el quinto grado.

Misma que para su desgracia, también era la persona que más conseguía sacarlo de quicio con la detestable costumbre que tenía de competir con él y ese muro de frialdad que la rodeaba.

—Todo esto es tu culpa, Westergaard—espetó la rubia rompiendo con el prolongado silencio en que yacían sumergidos, desde por lo menos hacía media hora.

Ambos se encontraban en las cocinas de la escuela, cumpliendo con el castigo impuesto por el subdirector después de que otra de sus habituales peleas hubiera terminado por hacerles estallar en gritos en medio de la biblioteca, donde incluso Hans había tirado los libros de un estante entero, ofuscado como estaba.

A esas alturas tenían suerte de que no los hubieran expulsado.

En cambio, tenían que quedarse después de clases para limpiar el enorme montón de trastos y cubiertos sucios que habían quedado después del último almuerzo de la cafetería.

—Para una discusión se necesitan dos, idiota. Y tú no te quedaste atrás el día de hoy.

—¡Tú empezaste, imbécil!

—Y tú lo continuaste, pequeña sabandija. ¡Así que no me jodas más!—Elsa abrió ligeramente la boca, indignada ante lo que acababa de escuchar.

Estaba harta del trato de ese tipo. Casi desde siempre había tenido que soportar su constante acoso, pero aquella vez había ido demasiado lejos.

Ni siquiera sabía que era lo que había hecho esa vez para despertar las ganas de fastidiar de su odioso compañero de clases. Un instante se encontraba en la biblioteca, hablando con ese amable chico que iba con ella en asignatura de ciencias, (Jack, si mal no recordaba su nombre) y al siguiente tenía a su némesis encima de ella, diciéndole cosas de lo más desagradables. La rubia no dejaba de preguntarse porque era su víctima.

—¡Eres un estúpido, Westergaard!

El aludido se volteó tan solo para hacerle un gesto grosero con la mano, que la hizo apretar los dientes. Había sido suficiente de aquello.

Soltando uno de los vasos que estaba secando, la muchacha se acercó hasta las ollas en donde yacía la comida que había sobrado aquella tarde, tras haber alimentado a los estudiantes. Dejando de lado todo su raciocinio y su habitual comportamiento tranquilo, Elsa tomo un puñado de espaguetis con la mano y tal y como solía hacer en invierno cuando arrojaba bolas de nieve con su hermana, lo lanzó directo hacia la nuca de su acompañante.

—¡Pero que carajos…!—apenas sintió el impacto de algo blando contra su cabeza, Hans se llevó la mano hacia dicha parte y se enfureció al verla manchada de salsa. Sus ojos verdes se posaron incrédulos y amenazadores sobre la chica—¡¿Acabas de atacarme con espagueti?!

Por toda respuesta, la platinada le hizo con sus dedos la misma señal ofensiva que él le había dado hace un momento.

El pelirrojo dejó lo que estaba haciendo y se dirigió hacia ella, dispuesto a hacerle pagar.

—¡No te atrevas, Westergaard!

Haciendo caso omiso de su exclamación, él se puso al lado de otra de las cacerolas con comida y sin previo aviso Elsa se vio cubierta de puré de patatas. Fue lo único necesario para desatar lo que pronto se convirtió en una batalla furiosa para ambos.

Restos de alimento volaban por los aires, manchando el piso y las paredes de la cocina, yendo a parar a sus ropas y caras. La ojiazul contuvo un grito de frustración cuando descubrió su habitualmente inmaculada trenza francesa, toda desarreglada y llena de salsa. ¿Cómo demonios habían llegado a eso?

Con gran dolor tomó un poco del pudín de chocolate que tenía cerca. Era casi un sacrilegio desperdiciar un postre tan delicioso como ese, pero con algo tenía que continuar defendiéndose.

—¿Quién diría que la señorita perfecta podía olvidarse tan rápido de sus modales? Has resultado ser toda una salvajita, copo de nieve—habló Hans con resentimiento, mientras trataba de quitarse de encima otra mancha de espagueti.

—¡Ya me tienes harta!—Elsa se aproximó hacia el muchacho en un par de zancadas y bruscamente le estampó el pudín en la cara.

El joven le sujetó las muñecas para apartarla de su rostro, a esas alturas completamente cubierto de chocolate. Ella podría haberse echado a reír de no estar tan enojada.

El aspecto de ambos, de hecho, era bastante risible con sus ropas completamente manchadas, los cabellos revueltos y sobras de comida resbalando incluso por sus cabezas. En pocas palabras un completo desastre y ni hablar del estado de las cocinas a esas alturas.

—¡Eres una idiota!

—¡Cretino maldito!

—¡¿Qué demonios ha sucedido aquí?!—la voz enfurecida del coordinador los hizo callarse abruptamente y mirar hacia el umbral de la estancia, con una expresión de terror.

El neurótico subdirector del colegio yacía allí con las mejillas rojas del enfado, las manos crispadas en puños a ambos lados de su enjuto cuerpo y el peluquín mal puesto. Weselton era un auténtico dolor de cabeza para los estudiantes y en ese instante parecía a punto de sufrir un ataque.

—¡Ustedes!—siseó con furia contenida—Suspensión… una semana… llamar a sus padres… —aunque le costaba trabajo concluir sus amenazas debido al enojo, era fácil comprender que la situación se había trastocado por completo.

No hacía falta aclarar que estaban jodidos.


Nota de autor:

Jajajajajaja, ¡Weselton rules! xD Tenía que incluir al viejecito, es tan divertido hacerlo enojar y con su forma de ser, sí lo imagino como un fastidio para los pobres jóvenes. ¿A qué es adorable? LOL

Gracias a Aurora Auror por darme un prompt tan divertido. No tenía ni idea de lo que iba a hacer, pero al final fue divertido hacer que mi pareja favorita se atacara con todo y terminaran sucios de comida. Espero que ustedes también hayan disfrutado del enfrentamiento. :3

F: Sí, la verdad es que en la viñeta anterior estuvo bien salirme del cliché de la boda. :3 Me alegra que lo disfrutaras. ;)

Helsa fan: Hans robándose a la novia era algo que necesitábamos ver. *w* Claro que siempre me acuerdo de ti, eres de mis lectoras más fieles. De verdad espero que todo vaya mejor en tu vida, no te desanimes, copo de nieve. ;3

¡Que el espíritu del Helsa los acompañe!