Persecución
Saya estaba inusualmente cansada ese día. Lo atribuyo a su alimentación, que últimamente iba muy mal, en lugar de espantarse más de lo necesario, auto imponiéndose un estado de paranoia creyendo que en cualquier momento caería dormida mágicamente, como si se tratara de una princesa maldecida por un hechizo, aunque esa seguía siendo una opción demasiado viable (excluyendo el cuento de hadas, claro). Conciente de que tenía que hacer cualquier cosa para distraerse, pero sin ánimos de ver a nadie, prefirió alejarse un momento de todos los que habitaban en la casa, así que decidió dar una pequeña caminata por la aun inexplorada y enorme mansión donde desde hace varias semanas vivía con su hermana.
En un momento dado, se dio cuenta de que se había perdido completamente. Se encontraba en un pasillo muy extenso en el tercer piso, con puertas en cada lado. Casi se sentía como Alicia en el País de las Maravillas, sin saber a donde ir para salir de ahí. Ni siquiera se dio cuenta del momento en el cual llego a ese piso. Se vio tentada a llamar a su hermana para preguntarle donde demonios estaba, pero desistió al imaginar las incontables burlas y bromas que le haría, y la verdad no estaba de ánimos para eso, así que en lugar de amargarse, decidió seguir con su tarea de distracción que hasta el momento no iba tan bien como a ella le habría gustado, y mirando las puertas a su alrededor, abrió una de ellas al azar.
Se encontró con una habitación no muy grande. La verdad parecía que desde hace mucho tiempo nadie entraba, a juzgar por la ligera capa de polvo que cubría los muebles. El tercer piso era el menos decorado, y parecía no ser muy visitado por los habitantes, y en alguna ocasión Diva le había comentado que era en el tercer piso donde Amshel hacia todas sus cosas. Saya recordó eso y prefirió mejor entrar y cerrar la puerta del cuarto. No fuera a ser que se topara con él.
Cuando se quedo dentro, se dedico a observar el lugar. Parecía un poco deteriorado y la decoración no iba a juego con las demás habitaciones, era como si el cuarto se hubiera congelado en el tiempo. Parecía que no era un lugar de mucha importancia y a juzgar por las cosas que estaban ahí, casi parecía una habitación de tiliches, aunque extrañamente ordenada.
Saya vio al fondo un escritorio ancho de madera, que era iluminado por una enorme ventana que daba vista al jardín. De hecho, ahora que se daba cuenta, la habitación no tenía foco, la única iluminación que había ahí era la de la luz natural que entraba por la ventana, pero eso no fue lo que mas llamo su atención, si no el montón de fotografías enmarcadas que se encontraban sobre el escritorio.
Camino hacia el y noto que eran más marcos de los creía. Algunos estaban de pie, otros estaban encimados. Primero observo una extraña fotografía, muy vieja. Se sorprendió mucho al ver en la fotografía a Solomon y Karl, vestidos con ropas como de otra epoca (además, en el marco estaba grabada la fecha en la que fue tomada "1920.11.8") y en medio de ellos, en el centro de la foto, se encontraba una mujer sentada con un vestido de aquellos tiempos, con el cabello recogido y un sombrero que dejaba caer sobre su rostro un velo que lo cubría completamente. Saya no pudo ver quien era la mujer de la foto, pero por pura lógica supuso que era Diva. La foto dejo de atraer su atención cuando vio otra a su lado.
Saya tomo entre sus manos la siguiente foto y vio que había sido tomada en el 4 de Junio de 1943, y en ella se podía ver a Amshel, a Karl, a otro hombre de mediana edad vestido como militar, y a Solomon, vestido de igual forma, pero lo que más la confundió fue que los dos últimos no estaban vestidos como un militar común y corriente. Pudo ver los pequeños emblemas en sus ropas, de un águila acompañados de la cruz esvástica, propia del partido Nazi durante la Segunda Guerra mundial.
A decir verdad le sorprendió mucho. Sabía que los Goldsmith habían estado involucrados con Alemania durante esos tiempos y que habían hecho experimentos en dicho país, pero le impresiono que Solomon estuviera vestido como nazi. Sin duda, él no parecía, o al menos nunca noto, que fuera simpatizante de las ideas nazistas, y la verdad dudaba que lo fuera, así que supuso que sólo era algún tipo de pantalla o alguna conveniencia o trato, sin duda, producto de Amshel.
Saya por alguna razón recordó aquel escándalo que creo el Príncipe Harry cuando fue fotografiado disfrazado como nazi unos días antes de que la Reina Isabel II celebrara los 60 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Cuantas cosas pasaban en el mundo, ya fueran irrelevantes o no, y ella no se daba cuenta… no podía evitar lamentarlo. Quien sabe de cuantas cosas se estaría perdiendo, y apenas y sabía algo de historia universal. Frente a cualquier estudiante normal de preparatoria Saya quedaría como una ignorante.
-¡Vaya! Ya no recordaba esa foto- exclamo Solomon, apareciendo detrás de Saya. La joven abrió los ojos desmesuradamente y del susto dejo caer el marco que cayo sobre el escritorio, tirando otros marcos a su lado, aunque el vidrio que protegía la imagen no se rompió.
-¡Solomon!- exclamo Saya volteándose y viendo al caballero detrás de ella, con una sonrisa –¿Qué haces aquí?- pregunto confundida, ya que, según ella, había cerrado la habitación al entrar. ¿Cómo es posible que él se metiera sin que ella se diera cuenta?
-Perdón por asustarte- se disculpo Solomon acompañando sus palabras con una sonrisa aun más calida –Y discúlpame, pero te estaba siguiendo- argumento encogiéndose de hombros, aunque realmente no estaba avergonzado ni arrepentido. Saya sabía bien que él estaba enamorado de ella y su actitud casi acosadora no era nada nuevo, aunque claro, a nadie le gusta que lo estén siguiendo...
-Ah, eso… esta bien- contesto Saya haciendo un ademán con la mano, indicando que no había problema.
-A todo esto, ¿que haces aquí sola? Casi nadie viene por aquí- inquirió Solomon mirando a su alrededor, dándose cuenta también de que el cuarto no tenía foco.
-De eso ya me di cuenta- contesto Saya pasando su dedo por la superficie del escritorio y observando el polvo que se había acumulado en la yema de su dedo –Estaba aburrida así que me puse a pasear por ahí… pero me perdí- respondió desviando un poco la mirada al notar que con la ultima frase se había sonrojado. Se sentía medio tonta al haberse perdido en una simple casa, aunque, hacia muchísimo tiempo que no vivía en una mansión.
Solomon río por lo bajo. La torpeza de Saya era adorable.
-Veo que encontraste también las viejas fotos "familiares"- observo Solomon con algo de sarcasmo y acercándose al escritorio, tomando entre sus manos la foto donde aparecía Karl, Diva y él.
-¿Ella… es Diva?-
-Sí, así es- contesto el caballero despreocupadamente –En aquel tiempo Diva se dejo llevar por la superstición de que al tomarte una foto te roban un pedazo de alma, así que exigió salir en la fotografía con un velo que le cubriera el rostro- explico Solomon, quien después agarro la foto que momentos antes Saya había dejado caer.
-Dios, en esta foto estoy hecho un desastre- comento Solomon al verse con cara larga, según él.
-En esa foto… ¿Por qué estas vestido así? No sabia que habías estado con el régimen nazi- pregunto la joven con curiosidad, recargándose en el escritorio.
-Cosas de Amshel- explico brevemente –Durante la Segunda Guerra Mundial al proyecto le convenía estar del lado del que en ese momento tuviera mayor poder en Europa, así que hizo un par de tratos con los alemanes y yo tuve que jugar a ser nazi un tiempo, además era el que mejor se acoplaba al papel, aunque fuera holandés… pero no te confundas, no soy nazi, ni racista, ni nada de esos disparates- explico Solomon antes de que Saya llegara a malinterpretarlo. A decir verdad, para él, después de convertirse en caballero, las guerras de los humanos por el color de piel, la religión y la xenofobia le parecían de lo más trivial y aburrido. La única diferencia que existía para él, era, que todos los demás eran humanos, y él un quiróptero.
-¿Eres holandés?- pregunto Saya interesada.
-Si. Nací en Ámstedam-
-Oh, ya veo-
-Y a todo esto… ¿Hagi de donde es?- pregunto Solomon levantando una ceja, haciendo que Saya levantara las suyas y abriera los ojos.
-¿Hagi? ¿Y por qué lo preguntas? Creí que te caía mal-
-¡Y claro que me cae mal! Pero bueno, es sólo por curiosidad. ¿Es ruso, de casualidad?-
-¿Ruso? No- hizo una pausa, como pensando lo que respondería -… Creo que es de Rumania-
-¿Crees?- inquirió Solomon con una media sonrisa y levantando una ceja.
-Digo, es decir, es rumano- corrigió Saya apenada y moviendo las manos estrepitosamente. Era increíble, y debería de darle vergüenza, pensó la joven. Su caballero, durante más de un siglo, quien le había salvado la vida innumerables veces, muchas de ellas poniendo en riesgo su integridad física (literalmente, poniendo su cuerpo entre ella y el golpe) y que no estuviera segura de donde había nacido…
… bueno, tampoco era algo que él le comentara seguido, salvo cuando le pregunto en el Zoológico, siendo Hagi un niño, y Saya no estaba segura de recordarlo con seguridad.
-¿Te pongo nerviosa?- pregunto Solomon con un tono pícaro, acercándose a Saya, casi acorralándola contra el escritorio y mirándola directamente a los ojos, con una sonrisa coqueta en los labios.
-¿Qué? No- contesto atropelladamente la joven, aunque ahora en esa posición sí estaba un poco nerviosa y más cuando Solomon la miraba con esos ojitos pispiretos… seguramente lo hacia apropósito, pero mientras trataba frenéticamente de pensar en algo para quitarse a Solomon de encima sin parecer descortés, de pronto sus ojos se desviaron a la foto donde salía Solomon y que este sostenía en su mano, y ubico al miliar nazi que los acompañaba en la imagen.
-¡Por cierto!- exclamo de pronto Saya, haciendo que Solomon se sobresaltara por el grito -¿Quién es él? Me parece conocido… pero no sé de donde- murmuro Saya apuntando a la imagen y ladeando al cabeza al encontrar familiar al hombre, aunque no podía recordar de donde exactamente por mucho que se estrujaba el cerebro en ese momento.
-Ah…- susurro Solomon, desilusionado -¿Él?... Era Martin Bormann-
-¡Claro! ¡Ya decía yo! Vi su foto en la escuela, en la clase de historia universal- comento Saya tronando los dedos triunfante, además, le había quitado la inspiración a Solomon.
-También era caballero de Diva- agrego Solomon con una sonrisita, como si se estuviera vengando del intento de Saya de rechazarlo.
-¡¿Qué? ¿Y donde esta?- pregunto la joven, después de todo, según ella había conocido (o mas bien, había peleado) con todos los caballeros de Diva… exceptuando al rubio.
-Tuve que matarlo- contesto Solomon con indiferencia. Saya abrió los ojos sorprendida. A veces era impresionante el grado de indiferencia que podían tener los caballeros de su hermana entre si, como para matarse entre ellos. No estaba segura, pero al menos tenía la certeza de que Hagi nunca se atrevería a hacer eso…
"Saya, de pronto se dio cuenta de que vivía entre asesinos. Fueran quirópteros o no, cargaban con el hecho de haber terminado con una vida… al igual que ella."
Inesperadamente, como si de una película de terror se tratara, la manija de la puerta comenzó a moverse de un lado a otro, indicando que alguien detrás de ella estaba tratando de abrirla. Saya miro hacia ella y sin ponerle atención a Solomon, camino hacia ahí… Vaya, Solomon le había puesto llave. Que aprovechado, pensó Saya mientras retiraba el seguro y abría.
La visión de la persona que se encontraba al otro lado, la dejó perpleja, y en cualquier momento espero a que se desatara una pelea a muerte.
-Hagi- susurro Saya al encontrarse con su caballero, quien la miraba serio, como siempre. Saya no pudo evitar morderse el labio inferior preocupada por lo que, seguramente, Hagi estaba pensando. Una puerta cerrada, dentro, Solomon y ella, no era una buena combinación y mucho menos a sabiendas de que Hagi podía llegar a ser muy celoso con su ama, aunque este no lo exteriorizara demasiado. Esas cosas simplemente se sienten.
De pronto, Hagi miro a Solomon con una clara mirada de enojo, a lo cual Solomon simplemente sonrío burlón. Si seguía así, las cosas resultarían como él lo esperaba, incluso, quizás hasta superando sus expectativas.
-Hagi, no es lo que…- comenzó a balbucear Saya tratando de explicar las cosas, pero fue interrumpida por el rubio.
-Saya, no te preocupes- le dijo con una sonrisa. –Yo me encargo, sólo déjanos a solas- pidió amablemente. Ante esto, Saya se quedo con una gran duda. Si Solomon pretendía explicarle a Hagi lo que en realidad estaba sucediendo, bueno, en realidad no confiaba mucho en él, como aquella vez en que Solomon la secuestro, Hagi llego y el caballero de su hermana le dijo al suyo que ella iba a ser su novia (como si ya le hubiera dicho que sí), pero al menos la reconfortaba el saber que Hagi no era un ingenuo que se dejara llevar por chismes, así que dándose cuenta de que sobraba ahí, opto por mejor hacer lo que Solomon le dijo y retirarse.
-¡Hey, no me mires así!- exclamo Solomon con una de sus molestas y horrendas sonrisas (segun Hagi), mientras levantaba las manos en señal de paz –No estaba haciéndole nada. Sólo le mostraba unas fotos que encontró- ante la explicación, Hagi levanto una ceja, aun desconfiado, aunque en realidad, no tenía razones para oponerse a la explicación del rubio. Saya no era tan fácil de convencer (eso él lo tenía mas que claro) y dudaba que Saya se dejara arrastrar por Solomon así como así.
-Adem…- iba a añadir Solomon, pero lo interrumpió Hagi.
-No me importa. No quiero que te le acerques- contesto tajante y al fin, perdiendo los estribos de una manera… medianamente controlada, y casi cortes, que hizo que a Solomon le hirviera la sangre.
-¿Disculpa? ¿Y de cuando acá decides sobre ella?- refuto. Hagi se mantuvo en silencio, en parte, porque así era él, por otra parte… porque no tenía manera de contestar lo dicho por su rival. Después de todo él no era nada "más" de Saya salvo su caballero, no era su novio ni nada por el estilo, y aunque últimamente habían tenido muchos más encuentros cercanos que en casi toda su vida como humano y caballero juntas, aun seguían sin ser nada.
-¿Sabes que? Me voy, esta charla me aburre- contesto Solomon bufando un poco y dándole la espalda a Hagi, pero se detuvo unos segundos después -¿Sabes…? Me sorprende que celes tanto a Saya cuando la engañas con Diva. No me parece justo- dijo sin mirarlo, pero mostrando una sonrisa triunfante al aire.
-Yo no la estoy engañando- respondió de inmediato Hagi.
-No. Lo sé, pero, lo harás Hagi. Créeme, lo harás- concluyo Solomon retomando su camino.
-"¡Quien demonios se cree, ese estúpido idiota! ¡Ese mal nacido!"- venia vociferando Hagi mentalmente y hecha una furia mientras caminaba rápidamente por un pasillo del segundo piso –"¡Yo no soy un traidor como él!"- se decía de forma casi desesperada mientras se detenía frente a una puerta y la abría estrepitosamente. Había estado buscando el salón donde estaba el bar de la mansión. No acostumbraba tomar, pero estaba de tan mal humor (¡pero tanto!) que un trago no le caería nada mal. Podía aparentar ser muy serio y que nada lo afectaba, pero aunque fuera así, el era como cualquier otro humano u hombre (bueno, eso estaba a discusión…), que también se enoja y se enfurece y que de vez en cuando necesita un respiro, así que a grandes zancadas camino hacia el minibar (comprobando antes que nadie estuviera cerca) y se adentro en la barra buscando algo que le apeteciera.
La verdad, tenían una gran variedad de licores, whisky, vodka, brandy, tequila, ron, pero en ese momento Hagi no tenía ni idea de por cual decidirse, así que tomo una botella al azar, la cual resulto ser whisky. Rápidamente busco un pequeño vaso y lo lleno, llevándose el liquido a la boca y tomándoselo de un sólo trago.
-Eres un alcohólico- dijo una voz divertida, a unos pasos de distancia. Hagi casi escupe el whisky y se vio forzado a toser un poco mientras el alcohol le quemaba la garganta y el estomago. Volteo a ver de quien se trataba, aunque ya lo sabía, y se encontró a Diva sentada sobre la mesa de billar, jugando con las bolas. No dijo nada, pero se pregunto a que hora había llegado la joven, ya que según él, al entrar no había nadie. A veces le daba la impresión de que Diva era una bruja capaz de teletransportarse o algo así. Quien sabe que otros poderes de quiróptero podría tener…
-¿Qué haces aquí?- pregunto finalmente, retomando su semblante calmado y alejando la botella de licor. Con Diva tan cerca, eso podía resultar peligroso.
-Nada- respondió ella, sonriéndole –Sólo jugaba- dijo mientras trataba de hacer un malabar con tres pelotas.
-¿Por qué siempre te encuentro a donde sea que vaya?- pregunto mientras se servia más whisky, pero recordó que estaba con Diva y desistió de la idea, temeroso de que pudiera subírsele a la cabeza y terminar haciendo una tontería de la cual seguro se arrepentiría.
-Porque te estoy acosando- respondió Diva riendo por lo bajo mientras seguía con sus malabares con torpeza. Fue por eso que en determinado momento agrego una cuarta bola, las cuales no pudo dominar con sus manos, y una de ellas cayó al suelo rodando por el mismo hasta ir a dar a los pies de Hagi, mientras este pensaba en el alto grado de descaro de Diva.
-¡Ash!- bufo la joven cuando se dio cuenta de que en sus manos sólo estaban tres bolas, así que gruñendo, se puso de pie y camino hacia donde había quedado la bola de billar, la levanto y la dejo sobre la barra, después miro hacia la botella de whisky con falsa distracción.
-¿Te vas a tomar eso?- pregunto cogiendo la botella y tomando directamente de ella varios tragos. La dejo caer pesadamente sobre la barra mientras se agarraba el cuello, gimiendo y con una mueca graciosa, apretando los labios y arrugando la nariz –Que fuerte…- dijo segundos después, y antes de que el ardor se le pasara, volvió a tomar otro trago.
-Deberías tomar mas lento- le aconsejo Hagi.
-¡Ay, no pasa nada!- aseguro la joven con una gran sonrisa, mientras se sentaba en las elevadas sillas que acompañaban la barra. Hagi siguió su ejemplo, sentándose en la silla de al lado pero procurando guardar distancia. Se sirvió un poco de whisky y lo tomo con lentitud, mientras Diva prácticamente devoraba la botella con muchas ganas. Hagi de pronto se encontró recordando aquella ocasión en que lo encontró en el bar (el mismo donde hallo a Saya borracha) y pactaron el trato. Por un momento se sintió algo culpable de haber manipulado de esa manera a Saya… pero, lo había hecho por su propio bien, aunque no lo pareciera.
-¿Solomon te esta molestando?- pregunto Diva mientras jugaba con la botella, sacando a Hagi de sus pensamientos, pero este no respondió.
-Ya veo…- susurro la joven después de un largo silencio –Vaya…- dijo después, como si de pronto se hubiera dado cuenta de algo.
-A ti no te molesta Solomon, en realidad- ante esto, Hagi volteo a verla confundido y espero a que prosiguiera, a ver que otra incoherencia le decía, aunque seguramente seria algo que lo fastidiaría –Dejando de lado tus celos…- al escuchar eso, Hagi no pudo evitar torcer la boca ligeramente –Lo que pasa es que te molesta el hecho de que él pudiera decirle a Saya lo que tú no has podido decirle en cien años- exclamo triunfante mientras chasqueaba los dedos.
"Curioso. Ambas tienen la costumbre de chasquear los dedos cuando descubren algo…"
Por otro lado, Hagi no respondió nada y se limito a levantarse, dispuesto a irse. No estaba dispuesto a escuchar las cosas que Diva pudiera decirle, en un claro intento de manipularlo, seducirlo, o lo que sea que la joven reina estuviera buscando, así que se dio la vuelta, pero en ese momento Diva lo agarro del brazo.
-¡No, no te vayas!- le pidió caprichosamente mientras lo sostenía fuertemente del brazo –Esta bien, ya no digo nada… Dios, pero que sensible- murmuro lo ultimo. Hagi lo pensó un poco, y algo suplicante en los ojos de Diva lo obligo a quedarse. Tal vez era compasión o algo así, por lo tanto volvió a sentarse y termino su trago, mientras Diva se adueñaba de la botella.
Después de una hora, Diva había acabado con la botella entera de whisky y la mitad de una botella de vodka, sin contar que había tomado cinco vasos de tequila de un jalon, y para ese momento ya estaba en un deplorable estado a pesar de que Hagi le dijo que no tomara tanto e incluso trato de alejar las botellas de sus manos, pero ella, obviamente, no le hizo caso.
Diva se reía a carcajada limpia, como una loca. Su cabeza tambaleaba un poco y los movimientos de sus brazos la hacían parecer alguien muy torpe o lenta. Estaba ya despeinada y cuando hablaba (según ella) sólo salían de su boca monosílabos que apenas se entendían. En realidad, parecía estar hablando sola, pero eso no fue todo, al cabo de unos minutos, a Diva le entraron unas tremendas ganas de comenzar a contar unos chistes que había escuchado en la televisión, y de algo no había duda… si Diva intentara ser comediante, se moriría de hambre, ya que la joven de tan borracha, se reía a mitad de los cortos chistes, los cuales parecía que mas bien se contaba a si misma, y Hagi no hacia mucho esfuerzo en tratar de entender lo que decía ya que prácticamente era una tarea imposible, pues Diva decía las palabras atropelladamente y de manera muy torpe, cambiando una letra por otra o pronunciándolas mal, para al final terminar carcajeándose ella sola.
-¡Oh! Re-recordé otro, sí… Este…- y la ultima silaba la alargo como tratando de acordarse de lo que iba a decir -¡Ah, si! Hashi, dime, ¿Cuál es la diferecencia entre un esposo y un amante?- e hizo una pausa muy larga, ya que había olvidado la respuesta por momento -¡Ah, si! ¡Treinta minutos!- termino de hablar torpemente, y sus carcajadas volvieron a sonar, mientras miraba a Hagi descolocada.
-¡Ay, ríete! No seas amargado- le dijo golpeándole débilmente el hombro, como si fueran amigos de toda la vida.
-¿Cómo lo puedes saber? Nunca te has casado- hablo Hagi después de largos minutos en silencio, sin apartar de él su pétreo semblante.
-¡Oh, Dios mío! ¡Hagi!... ¿Acaso me estas insenuando que quieres casarte conmigo?- le pregunto la joven conciente y divertida de su descares, haciendo una mueca exagerada de sorpresa, sin percatarse de cómo hablaba, pues según ella, estaba hablando de lo más normal.
-…No-
-Ya se que no es nada formal pero podemas escapararnos y… este… ¡ah, ir a que nos casen! ¿Qué te parece?- exclamo la joven.
-No gracias- respondió el caballero con seriedad, una seriedad que le estaba costando un poco de trabajo mantener, ya que ver a Diva en ese estado le causaba algo de gracia, y aunque no se atrevía a aceptarlo, era casi adorable.
De pronto, todo ese tonto y torpe encanto se desvaneció, pues el rostro de Diva se puso más pálido de lo normal, su gesto se torno angustiado y se calmo un poco, como la calma que hay antes de una tormenta, y su cuerpo comenzó a temblar ligeramente mientras un par de arcadas se apoderaban de el y ponía cara de asco.
-¿Diva?- la llamo Hagi por la extraña reacción de la joven, y cuando cayo en la cuenta de lo que estaba apunto de pasar, no tuvo tiempo de nada más, sólo hacer una pregunta a medias -¿Vas a…?- y entonces fue muy tarde.
La última arcada se apodero de la garganta de Diva. Ella sintió como algo entre liquido y viscoso viajaba violentamente por su esófago hasta su boca y se vio forzada inclinarse…
y vomito… sobre Hagi.
-¡Dios!- fue lo único que pudo exclamar el pobre caballero cuando la joven inclino su cabeza y el vomito, con un fuerte olor a alcohol, salio por la boca de Diva disparado entre arcadas y escalofríos en el cuerpo de la joven y finalmente cayo sobre sus piernas, ensuciando su saco y pantalón. Hagi de inmediato se levanto asqueado y cubierto de vomito, mientras Diva aun inclinaba la cabeza sacando lo que quedaba de vomito, el cual caía al suelo.
- "¿Por qué a mi?"- se lamento Hagi mientras trababa de quitarse de encima el vomito que pudiera. Diva tuvo que recargarse sobre la barra, temblando. Le dolía la garganta horriblemente, ya que se había lastimado por el esfuerzo y no podía parar de toser, además tenia escalofríos y las manos le temblaban sin control. Se sentía terriblemente mareada y débil, y sus piernas no tenían ni el más mínimo gramo de fuerza.
-¿Por qué siempre me toca lidiar con las borrachas?- murmuro el hombre pacientemente, recordando la ocasión en que saco cargando a una borracha Saya de un bar de mala muerte.
"Bueno, se acabo la fiesta."
-Diva, creo que deberías ir a dormir- le dijo Hagi acercándose a ella. Diva sólo respondió con un débil gemido de cansancio. Hagi cerro los ojos y suspiro resignado, mientras la ayudaba a levantarse de la silla –Te llevare a tu cuarto- le dijo en voz baja mientras la ayudaba a pararse, pero fue en vano ya que la joven, al poner el primer pie en el suelo, se tambaleo y tuvo que ser sostenida por Hagi, quien se resigno nuevamente y se decidió por mejor llevarla en brazos.
Sin duda, hacer eso no era lo mas apropiado si alguien los veía, y les podía traer miles de problemas, pero no era un caballero sólo de nombre, y no podía dejarla en ese estado ahí tirada, ademas, no había pasado nada, y el que nada debe, nada teme, así que la cargo en brazos, y noto que Diva pesaba casi lo mismo que Saya.
Mientras caminaba hacia la habitación, no pudo evitar verle el rostro. Aunque mantenía los ojos cerrados y tenía vomito en el cabello, no podía evitar que la joven le recordara a Saya (sin el vomito).
-¿Qué demonios?- Solomon, quien iba casualmente caminando por ahí, se topo con ellos, y cual fue su sorpresa al encontrar a su ama en los brazos del caballero de su amada, y estuvo apunto de ir corriendo con Saya y "acusarlo", pero después noto que había vomito escurriendo en la ropa de Hagi y en el cabello de Diva… bien, eso lo explicaba todo. Hagi si que tenía fuerza de voluntad, pensó el rubio. No cualquiera era capaz de cambiarle el juego a Diva. Hagi era más difícil de vencer de lo que había creído.
-¿Qué paso?- pregunto Solomon acercándose. Hagi por un momento se preocupo al pensar en lo que podía pasar, pero noto que el caballero no había malinterpretado nada, así que se calmo.
-Esta ebria- contesto Hagi, y contrario a lo que esperaba escuchar, Solomon comenzó a carcajearse. De alguna forma su risa se parecía a la de Diva.
-¡Y te vomito encima!- exclamo el desgraciado mientras se carcajeaba, hasta que después de unos segundos, recupero el aliento y la compostura.
-Los siento… ¿Sabes? Te entiendo. Cuando Diva estaba en los primeros meses de embarazo, dos veces me vomito encima, y una vez a James- ante lo ultimo, Solomon no pudo evitar reírse al recordar la cara que puso el caballero y como Nathan se burlo de él.
-Dámela, yo me encargo. Le daré una ducha fría y un café para que se le baje la borrachera- se ofreció mientras Hagi le pasaba con cuidado a la joven que apenas y se movía. Cuando la tuvo en brazos, se dio la vuelta, pero antes de irse, volteo a ver a Hagi.
-Ah, Hagi, por cierto…- dijo, llamando la atención del caballero, quien lo miro –No te preocupes, no le diré nada a Saya- el aludido no respondió nada, después de todo no tenía nada que decir. Si le decía a Saya o no, no era su problema, después de todo él no había hecho nada de lo que pudiera arrepentirse, sin embargo, tampoco se confiaba (por lo que decir un "gracias" quedaba descartado) pues Hagi, él, mejor que nadie, sabía muy bien los trastornos y graves consecuencias que podía traer el estar enamorado de la misma chica de la cual otro hombre también lo estaba.
-Diva, que bárbara, mira como estas- la reprendía Solomon mientras la metía con cuidado a una bañera, pero Diva seguía respondiendo con gemidos, como si quisiera que no la molestaran. La metió de golpe bajo el chorro de agua fría, empapándola en un segundo y por consiguiente también mojándose él, pero no le importo.
-¡Maldición! ¡¿Qué demonios te pasa?- exclamo enérgicamente la joven mientras se llevaba ambas manos a la cara para evitar que le entrara agua a los ojos, confundida por encontrarse de pronto empapada.
-Estas borrachísima. ¿Cuánto estuviste tomando?- le pregunto Solomon mientras retiraba el vomito del cabello de Diva con las manos y el agua.
-No tanto- murmuro -Sólo tome algo de whisky y vodka- respondió apenas, pero una mirada firme de Solomon la hizo confesar la verdad –Esta bien… y algo de tequila- contesto finalmente mientras la cabeza comenzaba a darle vueltas.
-Ay Diva… no quiero saber la cruda que vas a tener mañana- le advirtió el rubio negando con la cabeza, y a decir verdad, compadeciéndola. Pocas veces se había emborrachado tanto como para tener una cruda al día siguiente, pero las ocasiones en que tuvo que pasar por semejante martirio, si era sincero, deseaba estar muerto, y siempre juraba no volver a hacerlo. No comprendía como había gente que era capaz de emborracharse cada fin de semana y pasar por eso todas las semanas.
Pasaron unos segundos más y Diva ya se había calmado, e ignorando la horrible tortura que le esperaba, se mantuvo quieta, hasta que rompió en un caprichoso llanto y se abalanzo sobre Solomon.
-¿Qué pasa?- pregunto el rubio confundido mientras la joven se aferraba a él con fuerza.
-Todo me salio mal… no pude seducirlo- se reprocho la muchacha mientras sollozaba ligeramente.
-Bueno, ¿Qué esperabas? La cosa era que él se emborrachara, no tú… además, vomitarle encima a tu presa no es la mejor manera de atraerlo-
-¿Qué? ¿Le vomite encima?- pregunto la joven levantando la cabeza, recordando muy vagamente haberlo hecho, pero cuando se dio cuenta de que lo que decía Solomon era verdad, no pudo evitar refunfuñar molesta.
-Mierda. Me lleva la…- dijo, pero no pudo terminar pues nuevamente comenzó a sentir un montón de arcadas en su cuerpo, las cuales la obligaron a retorcerse y volver a vomitar… esta vez, encima de Solomon.
-¡No! ¡Es la tercera vez, por Dios!- exclamo el caballero contemplando su mala suerte mezclada entre jugos gástricos.
Hoy es Día de Muertos, y mi idea era adelantar capítulos para que en este Halloween que acaba de pasar, publicar el capitulo que acontecía en dicha fecha, pero me pasaron tantas cosas que no quería ni pensar en ponerme frente a la computadora a escribir, afortunadamente este capitulo lo tenía casi listo y sólo hacia falta pulirlo un poco.
Bueno, creo que ya estoy más calmada desde la última vez que publique. Antes mencione que me tomaría un descanso, aunque este será el ultimo capitulo que publique hasta al menos el próximo mes, pues este mismo mes me espera una pesada y larga mudanza, y ya es definitivo, aunque después de estas últimas dos semanas ya no estoy tan estresada y siento un gran alivio. La razón es porque mi padrastro finalmente murió. Murió en el hospital el 17 de octubre, por una intoxicación del hígado por el cáncer hepático. Nunca había visto morir a alguien, ni había estado tan cerca de un cadáver. La última vez que vi uno fue a mi padre biológico dentro del ataúd. No pude evitar recordar la palidez que adoptan las personas en cuanto mueren. Es como si, al momento de morir, se encogieran, pero muy poco, y los labios inmediatamente toman el mismo tono que el resto de la piel, aunque mi padrastro estaba tan intoxicado por el hígado que estaba amarillo y yo recuerdo a mi padre gris.
A decir verdad no se que pensar, o sentir. Una parte de mi estaba esperando con ansias su muerte, pues así muchos problemas de mi vida se arreglarían, y se están arreglando, y por otra parte me siento extraña. Ayer pensé "chingado, se me atoro la computadora, voy a decirle a mi papá que me ayude al rato" y recuerdo que ya esta muerto.
Debo confesar que me porte sumamente cruel y que conocí una parte de mi personalidad aun más truculenta ante el hecho de desear fervientemente la muerte de alguien que estuvo tantos años conmigo y que me trato igual que una hija. Supongo que estaba enojada con él por enfermarse, pues eso vino a traer el triple de problemas de los que ya tenia, y no lo podía perdonarlo por eso, pero ahora, simplemente estoy… tranquila. Creo que no me siento culpable de sentirme liberada de otro padre enfermo, y ese sentimiento al mismo tiempo me llena de angustia, porque no sé si sentir eso esta bien o mal. Aun recuerdo que mientras lo veía morir, me sentía extraña, con ganas de llorar pero al mismo tiempo sin poder hacerlo, además ahí estaba la ex pareja de mi padrastro, una vieja de lo más vulgar que apenas nos conoció a mi madre y a mí y ya nos odia y preferí mantener mi temple. Pero cuando fui a avisarle al doctor que ya había muerto, apenas podía hablar y estaba en medio de un patético intento de llanto que me negaba a mostrar o reflexionar si era real o no. En esos momentos me pregunte "¿Agatha sentiría esto? ¿Estaría riéndose o fingiendo pena, como la hipócrita que es? ¿Reaccionaria hipócritamente o con cinismo? ¿Estaré fingiendo yo, o no? ¿Y si Agatha en realidad no es ningún "alter ego" y en realidad soy yo, sólo con otro nombre? ¿Entonces, a como es ella y la he concebido, en que me convierte eso?" Sonara dramático, pero eso fue lo que pensé. Cosa rara que me pusiera a pensar en Agatha Romaniev (o yo) en ese momento, y en este instante no se si la que escribe es ella o yo, Agatha… y sinceramente cualquiera de las dos ya me tiene confundida.
La razón por la cual cuento esto es porque, ya le tengo algo de confianza a ustedes, mis lectores, y desde que comencé a escribir este fanfic hace poco más de dos años he ido contando un poco de mi vida en las notas finales, además, no lo tenía contemplado, pero después de la manera tal cruel en la que trate a mi padrastro en su enfermedad, lo menos que puedo hacer es dedicarle este capitulo a él.
Así que, este capitulo se lo dedico a Valdemar, quien murió el 17 de octubre del 2010 a la edad de 54 años. Prácticamente mi segundo padre, que me crío durante toda mi adolescencia y quizás, mejor padre que el que me engendro. Si no hubiera sido por él probablemente no habría avanzado tanto en mi educación musical, ni habría conocido todas las cosas que conocí y que mi padre jamás me habría enseñado por miedo a su familia e ignorancia. Mi padrastro sabía que escribía, pero jamás le hable concretamente de que escribía fanfics. Yo siempre decía "sólo historias" y siempre quiso leer algo mío, pero jamás se lo permití, así que este capitulo se lo dedico a él y en Día de Muertos. Seguramente hubiera detestado que se lo dedicara en Halloween.
No soy muy buena con estas cosas, así que no tengo palabras amables o bonitas, sólo mi sinceridad que a veces puede resultar algo acida, así que, mejor ahí muere. Con respecto al capitulo. Martin Bromann fue un líder nazi, secretario personal de Hitler entre otras cosas, y según he leído, en las fotos que aparecen en el capitulo 12, donde esta Amshel, Solomon, y Karl, el militar que sale ahí es Bromann, y se dice que habría sido caballero de Diva, y que fue asesinado a manos de Solomon por ordenes de Amshel. En esa misma foto Solomon aparece vestido de nazi, aunque seguramente fue cosa de Amshel, pues dudo mucho que, por muy rubio que sea, le interesen tonterías como los ideales del nazismo. También decidí mencionar que era holandés por pura idea de mi madre. Ella dice que así se lo imagina y la verdad yo también. Las palabras mal escritas y en cursiva de los diálogos de Diva son intentos de cómo hablaría una persona borracha. Lo siento, hace más de un año que no me emborracho y no recuerdo como hablan, pero lo intente. Supongo que tendré que sacrificarme con un par de copas para corregir el capitulo verdad…
Antes de irme quiero también darle muchísimas gracias a todos ustedes, pues hace unos días alcance 300 reviews. Jamás pensé que llegaría a tener tantos, a pesar de que últimamente el fandom de Blood+ esta bastante muerto (como que últimamente la "muerte" me persigue…). Así que muchas, muchas gracias, y espero siga siendo de su agrado mi historia.
Me despido
Agatha Romaniev
