Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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Competir en Los Juegos del Hambre era un destino al que nadie quería enfrentarse, pero en el que ellos se habían visto involucrados por una mala jugada del destino. Solo uno podía ser el vencedor. Solo uno podía salir con vida. Y lo que sentían hacia el otro no hacía fácil la elección.

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Día 21

Prompt: Los Juegos del Hambre

Género: Adventure/Drama

Palabras: 981

Rating: K

Propuesta de: HoeLittleDuck


A salvo


Elsa contempló la expresión crispada de Hans a la vez que continuaba vendando la herida que se mostraba en su hombro. Su corazón se había encogido al comprobar lo profunda que era y en contra de la frialdad que se había acostumbrado a portar para encubrir sus sentimientos, estaba a punto de estallar de desesperación. Maldita fuera la hora en la que se habían visto envueltos en esa absurda competencia. Malditos fueran "Los Juegos del Hambre".

—No deberías estar haciendo esto—la voz entrecortada del pelirrojo la sacó de sus pensamientos.

Sus ojos verdes la observaban con reproche.

—Deberías haberme dejado desangrar allá afuera o que alguien me encontrara para ponerle fin a esto de una buena vez—un gemido de dolor interrumpió momentáneamente el diálogo del muchacho—. Habría sido más fácil que esto. Eres una estúpida, Elsa.

—¡¿Así me agradeces el que te haya salvado la vida?!—le espetó ella, incrédula ante sus palabras.

Odiaba de sobremanera la actitud arrogante del joven, aun en las situaciones difíciles.

—¿Mi vida? ¿Qué hay de tu vida?—repuso él entre dientes, ignorando la punzada de dolor que se acrecentaba en su lesión—¿Qué hay de tu maldita vida, Elsa? ¡La que yo salvé para que te demoraras en ayudarme inútilmente! No quiero ser una maldita carga—bruscamente quitó las manos de la muchacha de sus vendajes—, se suponía que huyeras. Conmigo no tienes ninguna posibilidad de sobrevivir.

La rubia lo miró con odio ante su pesimismo e ingratitud. Era cierto que Hans se había interpuesto cuando uno de los otros competidores había tratado de herirla. Protegiéndola con su cuerpo en vez de asesinarla, como se supone que debería hacer.

Pero ella no era ningún monstruo como para atreverse a dejarlo a su suerte. Ni siquiera estando tan cerca del final.

—Todavía estás a tiempo de ganar esto—prosiguió el cobrizo, recostándose precariamente contra la pared de la cueva en la que se habían refugiado—, sal de aquí. Olvídate de tu nobleza y mata a esos bastardos. Tú tienes que ganar.

—¿Por qué te importa tanto que gane?—le preguntó Elsa con seriedad—No deberías preocuparte por mí.

Aquello no era una reprimenda, sino honesta curiosidad. Desde que habían comenzado esos juegos infernales, ella no había dejado de preguntarse el porqué de la actitud protectora de su compañero de distrito. Al principio creyó que se trataba de solidaridad, por el simple hecho de provenir del mismo sitio.

Pero ver que estaba dispuesto a dejarse morir para concederle la posibilidad de salir victoriosa, la había dejado pasmada.

—Tú no lo entiendes—dijo Hans con voz irónica—. Ni a mis hermanos, ni a mi madre les importaría si yo muriera. Siempre dijeron que tú serías la ganadora en los juegos—sus orbes esmeraldas se posaron vehementemente en las celestes de ella—. Y yo también lo creo así.

Algo se removió en el pecho de Elsa. No podía lidiar con todos los sentimientos que surgían en ella cada vez que su testarudo compañero la miraba de esa forma. Consternación, molestia, esperanza, frustración… y algo muy cálido que hacía que sus latidos se volvieran más fuertes.

Sin querer rememoró el día en que se habían visto por primera vez.

Ella era tan solo una niña, en busca de comida para alimentar a su hermana pequeña. Arendelle era un distrito muy pobre y ambas vivían junto con su madre en la zona más marginada del mismo. Ella no se encontraba en condiciones para cuidar de Anna, deprimida como estaba.

Observando en los alrededores con desesperanza, sus pasos la habían conducido hasta las afueras de una panadería. Un niño de cabellos pelirrojos había salido cargando un par de hogazas de pan en sus manos.

La mirada anhelante de Elsa debió haberlo conmovido puesto que apenas se dio cuenta de su presencia, él se detuvo para observarla, dubitativo.

Un grito se escuchó desde el interior del local del que había salido, llamándolo.

El chico había mirado unos segundos más hacia la pálida chiquilla de cabellos platinados, dejando los panes en el suelo y dando media vuelta para volver a entrar. Desde entonces, ninguno de los dos había podido olvidarse del otro.

—Estás pensando en aquella vez—dijo Hans débilmente—. Creo que jamás podrá olvidárseme. La manera en la que me mirabas… desde entonces que empecé a sentir curiosidad por ti. Y con el tiempo no pude sacarte de mi cabeza.

La platinada se sentó a su lado, tomando entre sus manos su arco y sus flechas.

—No puedo vivir en un mundo en el que tú no estés, Elsa—la aludida lo miró con sorpresa—. No quiero vivir en un mundo en el que tú no estés. No podría soportarlo. Por eso prefiero morir.

Intempestivamente, la mano gruesa del pelirrojo se dirigió hasta su mentón para acercarla a él. Elsa no opuso resistencia cuando sus labios se colocaron sobre los de ella, moviéndose de manera hambrienta. Le correspondió con ansia, comprendiendo que ya no podía negar su amor por él.

Estaba tan enamorada como Hans lo estaba de ella.

Y si ambos tenían que morir en ese juego infernal lo aceptaría. Pero no sin haber luchado hasta el final.

—No te dejaré solo—le dijo, una vez que se hubo separado de él con la respiración entrecortada—, saldremos de esta. Juntos.

—Solo uno puede ganar—repuso él sonriendo de lado, tristemente.

Elsa negó con la cabeza. Aún era demasiado temprano para pensar en esa posibilidad. Primero tenían que asegurarse de sobrevivir y ya no quedaban en las afueras muchos participantes.

Quiso creer que todo estaba a punto de terminar.

Con su arma en mano y atenta a cualquier ruido que proviniera del exterior, la joven se acurrucó contra el pecho de Hans, dejando que este la rodeara con el brazo que estaba bajo su hombro sano.

Hasta entonces estarían a salvo.


Nota de autor:

No sé nada de Los Juegos de Hambre. Solo he visto la primera película y nada más. Nunca me llamó la atención. Pero la propuesta de la querida Hoe era demasiado interesante, así que traté de poner tanto de ese universo en esta viñeta como me fue posible. Debo admitir que Elsa y la protagonista de LJDH pueden ser muy parecidas, o al menos eso pienso yo. Ya sabrán ustedes a lo que me refiero. ;)

Entonces, ¿qué les pareció?

F: Jajajaja, tanto Weselton gritando como la parejita llena de comida son hilarantes. xD

rose: Hubiera sido genial, pero no creo que nadie se atreva a arrojarle comida a un subdirector que puede expulsarlos en cualquier momento. LOL

Helsa fan: Que lindo que disfrutaras de la viñeta de ayer. Espero que esta también te guste. :3

Una cosa que se me pasó comentarles ayer por las prisas. En un comentario, se mencionaba que a veces los apodos de Hans (copo de nieve, Su Majestad, etc.) se volvían como muy forzados o repetitivos, y yo no me había puesto a pensar en eso. D: Siempre me gustó ponerlos porque formaba parte de su personalidad fastidiosa y a la vez me parecía algo tierno. xD Creo que es un detalle en el que podría estarme excediendo sin darme cuenta y la verdad es que agradecería su honesta opinión. Así que, ¿qué piensan ustedes de eso? ¿Les molesta, les gusta, les da igual? :3

¡Pasen un bello día!