Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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No era tan malo conocer a la novia de su pequeño príncipe, por más que la idea no terminara de convencerla del todo. Aquella jovencita tímida y reservada debía tener algo que llamaba la atención de Hans y lo hacía sonreír de una manera que nunca antes le había visto. Después de todo, había ciertos momentos en la vida que no se podían evitar.

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Día 24

Prompt: Presentando a mi novia

Género: Humor/Romance

Palabras: 983

Rating: K+

Propuesta de: JDayC


Momentos inevitables


—Mamá, ella es Elsa. Mi novia.

Kirstyn Westergaard miró con atención a la joven que su hijo tenía tomada de la mano. Era muy bonita, debía admitirlo. Su piel nívea y su cabello rubio pálido en contraste con sus grandes ojos azules, la hacían digna del más pequeño de sus príncipes. Aunque claro que faltaba ver como era su personalidad. La muchacha bien podía ser una tonta o estar con su adorado Hans solo por interés.

—Es un placer, querida—le dijo esbozando la misma sonrisa arrogante que solía poner el mencionado.

—El gusto es mío, señora—habló la rubia educadamente y sonriendo de forma gentil.

Se encontraban reunidos en la acogedora sala de estar de la familia del pelirrojo, en compañía de tres de los doce hermanos que aun habitaban en casa y con los cuales, Hans ya había hecho las presentaciones correspondientes.

En ese momento, el resto de sus hijos presentes le dirigían miradas embelesadas a Elsa ganándose una expresión asesina del menor. La mujer arqueó una ceja ante esto. Tal parecía que aquella jovencita lograba llamar bastante la atención, a pesar de su apariencia tímida. Con que no fuera una de esas muchachas a las que les gustaba alterar a los hombres…

—Mi esposo llegará en un momento, para que podamos cenar todos juntos—dijo, alejando esos pensamientos prejuiciosos de su cabeza—. Mientras tanto, ¿por qué no me hablas un poco más de ti, querida? ¿Estás estudiando? ¿En qué parte de la ciudad vives? ¿Quiénes son tus padres?

—¡Mamá!—espetó Hans molesto ante tanta interrogación.

—¿Quieres ir a traerme una taza de té, cariño?—repuso la aludida sin mostrar vergüenza alguna. Al fin y al cabo solo se preocupaba por saber con quién salía su principito—Lo dejé haciéndose en la cocina.

Aquella sería la excusa perfecta para mantenerlo ocupado en lo que analizaba con más detalle a su reciente nuera.

Él bufó y se levantó para ir por la bebida. Elsa, lejos de amedrentarse por su interés, se limitó a responderle todas sus preguntas. Su suegra la escuchó atentamente, no sabiendo cómo reaccionar exactamente ante las respuestas. Todo en esa jovencita al parecer era intachable. Estudiaba composición en el Conservatorio de Música, ya que al parecer era un prodigio en el piano, residía en una zona acomodada de la ciudad y no muy lejana a su propio domicilio, y sus padres eran dueños de las empresas farmacéuticas Arendelle, una de las compañías más prestigiosas en Noruega. Todo indicaba que su hijo había hecho una buena elección.

Pero su instinto maternal se negaba a quedar conforme con eso. Algo más tenía que haber que le indicara que ella era la correcta (o no lo era), para su querido Hans.

—¿Y tienes hermanos?—inquirió, optando por saber más sobre su vida personal—Ya sabrás que nosotros somos una familia numerosa.

—Oh sí—la platinada volvió a sonreír—. Tengo dos. Anna es tres años menor que yo y aun va a la escuela. Y Olaf es mi hermanito pequeño. Mis padres lo adoptaron a la edad de cuatro.

De modo que su entorno familiar también parecía marchar bien. En realidad no había ningún pero que pudiera ponerle a esa chiquilla. Kirstyn se removió incómoda.

Un alarido de dolor proveniente de la cocina atrajo la atención de todos. La mujer se levantó presurosa para ir hasta allá, encontrándose con Hans que miraba una quemadura en su mano. De nuevo debía haber estado distraído al tomar la tetera hirviendo.

—Oh Dios mío—musitó preocupada, al observar la zona enrojecida sobre su dorso—. Iré por algo de ungüento.

Rápidamente se fue a buscar el medicamento que usaba en ocasiones como esas. Su experiencia al tener trece hijos le había enseñado que mejor era estar preparada, por lo que poseía un botiquín bien surtido en el baño de invitados. Extrajo del mismo un tubo de crema para las quemaduras y volvió a la cocina.

Pero se detuvo detrás de la puerta entreabierta, al observar la escena del interior.

Elsa estaba junto a su hijo, sosteniéndole la mano afectada entre sus pequeñas palmas y aplicando cuidadosamente un poco de hielo sobre la lesión. Su expresión se mostraba sinceramente preocupada.

—¿Te duele mucho?—le preguntó con dulzura.

—Algo, pero está bien. No es la primera vez que pasa—ante la respuesta, la chica se inclinó suavemente para besar la quemadura, provocando una sonrisa en Hans—. Ahora me siento mejor.

—Debes tener más cuidado—lo regañó ella—, pudo haber sido peor.

El cobrizo se acercó y la beso en la frente, acariciándole con su mano sana el pómulo.

—Estoy bien, Elsa—replicó curvando una de las comisuras de sus labios con engreimiento—. No hace falta que te preocupes tanto por mí. A veces eres peor que mamá.

Ella negó con la cabeza y continuo poniéndole hielo encima.

Afuera, Kirstyn se sonrió satisfecha. Tal vez no hubiera en el mundo una mujer absolutamente perfecta para su pequeño, pero lo que acababa de presenciar le demostraba que esa jovencita de aspecto tranquilo y modales amables, era lo suficientemente buena para él. De hecho, era más que eso. Y ella solo quería lo mejor para Hans.

Suspiró recordando al niño de cabellos pelirrojos que no hace mucho correteaba por el jardín. Siempre había temido que llegara el día en que una novia o esposa lo apartara de su lado. Pero era una fase inevitable de la vida.

Y si Elsa se preocupaba por él y lo hacía sonreír de una forma tan especial, ¿qué le iba a hacer?

Escuchó la voz proveniente de su esposo y como sus otros hijos se acercaban a saludarlo. Él no era tan escrupuloso como ella, de modo que a la joven no le costaría nada de trabajo ganárselo.

Mejor así, pensó, pues ya había superado la más difícil de las pruebas. Convencer a la madre de su amado.


Nota de autor:

Ahhh, las suegras, ese mal inevitable de la vida. xD Hola copos, feliz sábado.

El día de hoy les traje una tierna propuesta de JDayC, quien me dijo hace mucho tiempo que sería gracioso ver a alguno de los dos en aprietos al ser presentado a los padres del otro. Específicamente, Elsa. Y como no hay nada así en el fandom me dije: Vamos a ponerla en apuros. Muajajajaja. La verdad que fue genial escribir como la madre de Hans trataba de poner en jaque a copo de nieve. LOL

F: Fue tenso el final de la viñeta anterior. Si alguien quiere hacer ese oneshot del que hablas, por mí esta bien. Yo tengo ya un montón de cositas pendientes. xD

Ya saben, ¡se portan mal! :P