En Halloween los elefantes son rosas

El camino hasta Manhattan fue para Saya largo y angustioso; se podría decir que hasta tortuoso. Tenía esa latente sensación que le decía: "Hoy no debí levantarme de la cama".

Entró muy difícilmente al auto, gracias a la enorme peluca que cargaba en la cabeza, y dentro del vehiculo debía mantenerla ligeramente inclinada a un lado para que la peluca no chocara con el techo y se le desacomodara. En más de una ocasión se llevó los dedos a los ojos, incomoda por la sensación de "pegado" que tenía en los parpados, gracias a las pestañas postizas. Diva tuvo que decirle que dejara de hacer eso si no quería llegar a la fiesta con todo el maquillaje corrido y las pestañas a medio despegar.

Claro, era muy fácil olvidarse de ello cuando te contemplas en el espejo, maravillada con la magia del maquillaje… y otra cosa es aguantarlo toda la noche. Sentía la cara tiesa con esa plasta incomoda de maquillaje blanco en su nariz, mejillas y frente, y cada que parpadeaba volvía a sentir la incomodidad de las pestañas, sin contar, que la peluca era un poco pesada. No estaba acostumbrada a usar tanto maquillaje. Gracias al cielo, para cuando acordó, ya estaban en Nueva York y las luces vivaces de la ciudad la golpeaban de lleno en la cara, haciéndola despertar, e incluso, emocionarse.


—Mao, ya estuvimos en dos antros, ¿Podemos irnos ya?— preguntó un muy cansado Kai, quien, con desgano, jugaba con la gorra de policía. No era muy tarde pero apenas habían estado en dos discotecas, e iban en camino de la tercera.

—Deja de quejarte, Kai— exclamó Mao —Sólo será este y quizás un par más— aseguró la chica dándole indicaciones a David, quien en esta ocasión estaba de chofer, debido a que Kai manejaba terriblemente mal y Mao era una histérica en el trafico y temía por el auto o una infracción que los hiciera perder tiempo, además, si cualquier cosa sucedía lo mejor es que él estuviera cerca.

—No estuvimos más de una hora en los otros dos— reclamó Kai, suspirando.

—¡No aguantas nada!— argumentó divertida su exnovia. A decir verdad, a pesar de estar buscando a Saya, se estaba divirtiendo como no lo hacia hace mucho, y quería dar rienda suelta a sus ganas de fiesta, sin embargo, aunque Kai no lo creyera, se había mantenido alerta, con la esperanza de encontrar a Saya.

—¡Ah, mira! Ese parece estar muy bien— dijo Mao apuntando a una disco llamada Pink Elephant. A leguas se notaba que la fiesta en ese lugar estaba buena, pues la gente no paraba de llegar, y a primera vista, el lugar era bastante exclusivo, pues los cadeneros les daban el paso a pocas personas. Más que nada, le negaban el paso a los hombres que no venían acompañados de mujeres, o quienes no vinieran disfrazados.

—¿Ahí? ¿Nos dejaran entrar? — preguntó Kai preocupado, al ver que a muchos les negaban la entrada.

—Vienes conmigo. Yo lo arreglo— dijo Mao despreocupadamente mientras David estacionaba el auto. En cuanto se detuvo, Mao salió a toda prisa —¡Apúrate, Kai!— lo apresuró la ansiosa muchacha. Su exnovio no tuvo de otra, y con un gruñido de fastidio, también salió del auto.


—¡Mira, mira! ¡Ahí!— gritó de pronto Diva, casi abalanzándose sobre el chofer, quien apenas pudo mantener el control del volante mientras la chica saltaba en el asiento trasero como una niña llegando al parque de diversiones.

Al igual que Kai y Mao un rato antes, llegaron al mismo antro, por suerte… o desgracia. Saya al ver el lugar se sintió ligeramente intimidada. Nunca había entrado a uno de esos lugares, y por alguna razón se sentía extraña, disfrazada, como si fuera la única chica usando un extravagante traje y estuviera apunto de hacer el ridículo, aunque en realidad todo el que llegaba estaba escondido bajo un traje o una mascara.

El chofer se estacionó, y Diva enseguida salió del auto jalando a Saya, a quien se le dificulto la salida gracias a la peluca. Solomon bajó del auto, seguido de Hagi, quien al igual que Saya también se sentía fuera de lugar y como un tonto disfrazado así.

Tal vez por mala suerte o cosas del destino, en el momento en que el grupo salió del auto, David estaba distraído hablando por teléfono con Lewis avisando que todo iba bien y tranquilo, sin percatarse de nada ni nadie. Un error fatal para cualquier militar de su nivel.

Cuando estuvieron fuera, Diva no pudo evitar gritar de emoción y apresurase a la entrada, jalando a su hermana del brazo. Solomon y Hagi fueron detrás de ellas, al tiempo que varios presentes se les quedaban viendo a Solomon gracias a su elaborado disfraz, aunque este, lejos de incomodarse, caminaba muy orgulloso como si realmente fuera un héroe del medievo que llega victorioso de la guerra.

En cuanto llegaron a la entrada, el cadenero no los hizo esperar y los llamó para que entraran. Diva saltó emocionada, conciente de que su disfraz y el de su hermana habían surtido el efecto deseado de una entrada rápida, aunque la gente formada atrás de ellos protestaron y abuchearon al cadenero, quien los miro inquisidoramente y los hizo callar; una clara amenaza de que si seguían así, menos los dejaría pasar.

Diva, Saya y Solomon entraron, y por ultimo Hagi, pero en cuanto este trató de seguirlos, el guardia le negó la entrada poniendo frente a él la cadera.

—Tú no entras— le dijo con indiferencia y voz grave.

—¿Por qué? Vengo con ellos— protestó Hagi, quien en lugar de quedarse callado y serio, no pudo evitar mostrar algo de enfado con discretos ademanes y la boca ligeramente torcida.

—No damos entrada a uniformados— contestó escuetamente el guardia, mientras le daba la entrada a una pareja disfrazados de piratas.

—¿Qué? Es un disfraz— argumentó Hagi cruzándose de brazos, considerando todo eso ridículo. ¡Sólo se estaba burlando de él! Sinceramente, tenía una tremendas ganas de estallar y arrancarle la cabeza, pero hacia todo lo posible por mantenerse lo más calmado posible y quizás, conseguir entrar. Primero muerto antes que dejar que Saya se metiera sola a ese lugar atiborrado de alcohol con la demente de su hermana y el aprovechado de Solomon.

—¡Él viene con nosotros!— exclamó Diva al cadenero, divertida por la situación. El cadenero la miró, y esta le sonrío con dulzura, así que suavizándose un poco gracias a la chica, finalmente le dio el pase al caballero, no sin que antes Hagi le lanzara una mirada inquisidora.

Saya casi se va de espaldas cuando el sonido de la música se metió en sus oídos, arremetiendo como una ametralladora. No pudo evitar taparse los oídos, mientras observaba el lugar.

Era simplemente enorme. En el centro de la disco había una extensa pista de baile a reventar de gente; a los lados varias mesas albergaban a varios grupos de jóvenes y al fondo había una barra, la cual estaba rodeada por un par de escaleras que formaban un semicírculo, que subían hacia otra pista de baile en el segundo piso, un poco más pequeña, pero igualmente atiborrada de gente como la de abajo. Arriba también había otra barra y el techo se alzaba mucho más arriba de este, dándole el bizarro aspecto de una mansión desvirtuada. El lugar estaba adornado acorde a la fecha. Los estereotipados conceptos y adornos de Halloween inundaban el lugar. Había murciélagos mecánicos que colgaban del techo y sobrevolaban el lugar con ojos rojos que se prendían y apagaban, mientras las alas mecánicas simulaban su vuelo. Un DJ experimentaba un sin fin de mezclas y sonidos en un balcón al fondo, iluminado con estrambóticas luces neón. Los pasadores de las escaleras estaban adornados con telarañas falsas, arañas de plástico y demás bichos. En las barras había calabazas de Jack-o'-Lantern en cada esquina, mientras el cantinero servia bebidas apresuradamente.

Las luces del lugar se prendían y apagaban iluminando caóticamente a los bailarines con destellos naranjas, rojos, morados y verdes, y algunas luces especiales proyectaban rayos multicolor, haciendo que el efecto de la iluminación diera cierta sensación de mareo para los más sensibles. El DJ se encargaba de dirigir a todo oído presente, un estridente ritmo electrónico, algo parecido a miles de pies dando pisotones en el suelo y cadenas arremetiendo contra una pared de hierro. Esta vez, siendo el día que era, el DJ se había tomado la libertad de agregar un sonido más oscuro a sus recurrentes mezclas, añadiéndole toques de industrial y EBM, que estaban siendo muy bien recibidos por los asistentes que con desenfreno, bailaban.

Este lugar, lejos de parecer una simple fiesta, parecía una satírica reunión donde todo tipo de personajes extravagantes y monstruos se lucían. Saya alcanzo a ver a más de una chica vestida de hada, muchos dráculas y vampiros, y las más atrevidas usaban provocativos disfraces de enfermera o vestidos típicos alemanes, desvirtuados hacia cortas faldas, amplios escotes, corsés y tacones altos. Había brujas, piratas (un Jack Sparrow pasó junto a ella, increíblemente bien caracterizado) y hasta un hombre lobo.

—¡Vamos a bailar!— exclamó Diva jalando a su hermana y bajando estrepitosamente del balcón de entrada. Solomon y Hagi se quedaron ahí, hasta que finalmente el rubio se encogió de hombros y se decidió a bajar las escaleras.

—¿No piensas venir?— le preguntó a Hagi antes de pisar el tercer escalón. El aludido no dijo nada, y Solomon sólo murmuro un "aguafiestas" y finalmente bajó, desapareciendo entre el tumulto.


Tuvo que pasar un rato para que Hagi se decidiera a salir del rincón donde se había quedado plantado, y bajar hacia ese espantoso caos. Aunque tuvo que pasar en medio de la pista de baile y hubo más de un empujón que casi lo saca de quicio, finalmente llegó a la barra, lugar que en ese momento era similar a un paraíso; realmente no era de los que bailaran en una fiesta o se alocaran, y tener un asiento, y relativa calma a su alrededor, lo hacia sentir que recuperaba su propio espacio.

El cantinero hacia rato que le había preguntado que quería, pero Hagi se limito a pedir un vaso de agua. Tampoco era de los que gustaran beber bebidas exóticas como las que se estaban ofreciendo ese día, y si llegaba a tomar, muy de vez en cuando, sino es que casi nunca, siempre era licor y esa noche no se sentía con ánimos. De vez en vez miraba hacia la pista de baile, e inevitablemente se encontraba con Saya; era casi imposible no verla cuando su peluca sobresalía por encima de todas las cabezas. Algunas veces, entre el tumulto, lograba ver como su ama, aunque de manera un poco torpe, trataba de bailar al ritmo de la música, siempre guiada por Diva con complicidad, quien se desenvolvía bastante bien, y la menor de vez en cuando se reía de Saya cuando esta, en más de una ocasión, estuvo apunto de dar un traspié gracias a los tacones y la cantidad de gente apretujada que bailaba.

Hagi se preguntó que clase de loco podía divertirse en esas condiciones, y el ataque epiléptico que algunos presentes parecían estar sufriendo hacia que le costara trabajo creer que actualmente a eso se le llamase "bailar". Si le habían parecido extraños y rayando en lo ridículo los pasos de baile populares de los años 70's y 80's, aquello no eran nada comparado con lo de ahora.

Aburrido, agobiado entre tanta gente, suspiró y no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás. Bueno… al menos parecía que Saya se divertía pues la chica no podía evitar reír después de dar algún paso en falso. De pronto, una joven disfrazada de hada se acerco a la barra para pedir una bebida, y las alas colgadas a sus hombros lo golpearon en la espalda y le revolvieron el cabello.

—¡Uy! Disculpe… padre— dijo la chica aguantándose la risa al ver el atuendo de Hagi. Este no mostró gesto alguno, aunque se arrepintió una vez más de haberse dejado convencer de usar ese disfraz. La joven entonces pidió un "brain damage" y cuando el cantinero se lo trajo y dispuesta a irse, al ver la seriedad del hombre disfrazado de cura, no pudo evitar decirle un comentario más, aunque con mejor intención que el anterior.

—Por cierto, se te ve bien— lo halagó la chica con una sonrisa mientras se alejaba con la bebida en mano.

—"Que llevaditos son los jóvenes de ahora"— no pudo evitar pensar el caballero.

Entonces, un rato después, ya demasiado aburrido, puesto que no estaba dispuesto a bailar, y en lugares como esos era bailar, tomar, o simplemente morir, se decidió por pedir la misma bebida que había pedido la chica vestida de hada. El cantinero atendió el pedido y al cabo de unos momentos le trajo una bebida color ámbar, con una especie de menjurje viscoso de color ámbar que bailaba entre el licor de durazno, similar al aspecto de un pequeño cerebro licuado.

—¿Qué es esto?— susurró Hagi mirando con algo de asco la extraña bebida y sobretodo la cosa esa que estaba dentro. Torció la boca antes de probarlo, pero, ya lo había pedido así que ni que, y se llevó la bebida a la boca. Contrario al extraño aspecto que tenía, la bebida sabía muy bien.

Lo que no sabía es que esa bebida sería lo único bueno de esa noche.


Aunque estaban en el mismo lugar y jamás se llevaron bien, y siendo dos hombres totalmente opuestos, sin saberlo, en ese momento compartían más cosas en común de lo que creían, pues ambos estaban igualmente abrumados entre la neblina falsa que se expandía por el suelo y las brillantes luces de la disco. Kai no había visto a Hagi, pero, al igual que él, estaba sumamente harto.

Desde que el joven pelirrojo llegó, dedicó su tiempo a buscar entre la gente a alguien que se pareciera a Diva o Saya, pero con todo el mundo disfrazado y las mujeres con toneladas de maquillaje, y algunas incluso usando maquillaje de fantasía o portando mascaras, era una tarea imposible, agregando que la oscuridad y las luces centellantes no ayudaban a su vista, provocando que los ojos del chico ya estuvieran un poco cansados y que de vez en cuando se cerraran tratando de recuperarse del mar de destellos. En el primer piso, Kai intentaba ver algo, rodeando al tumulto de bailarines, mientras que en el segundo piso la enfermera Mao, al menos por esa noche, bailaba junto a un joven desconocido, aunque incluso dentro de todo eso, la chica procuraba echar un ojo a su alrededor buscando a alguien que se pareciera a Saya o Diva, pero hasta ahora, nada de nada. Incluso, en algún momento del baile el chico le preguntó a Mao que a quien buscaba.

Kai, después de haber dado dos vueltas por el enorme lugar y sin atreverse a adentrarse a la pista de baile, finalmente se cansó y subió al segundo piso, convencido de que ahí tendría una mejor vista del lugar. Para cuando llegó, el DJ había cambiado de música y Mao finalmente dejó de bailar, en parte porque el chico que la había invitado no era muy buen bailarín, y porque los zapatos la estaban matando.

—¿Viste algo?— preguntó la chica acercándose a Kai en cuanto lo vio.

—No. Nada. Dudo mucho que estén aquí. Si salieron, podrían estar en cualquier lugar de Nueva York. Esta ciudad es demasiado grande— respondió Kai recargándose en el barandal.

—Yo tampoco vi nada—

—Dudo que pudieras ver algo mientras bailabas con ese tipo— refutó el joven levantando una ceja.

—¡Oye! Aunque no lo creas también estoy interesada en encontrar a Saya. Tal vez esto de buscar en los antros en la noche de Halloween no sea buena idea pero, algo había que intentar— se defendió la chica —Además el tipo ese bailaba pésimo. ¡Me piso tres veces!— agregó indignada.

Hubo una larga pausa, y mientras, Mao se le quedo viendo a Kai fijamente, quien parecía estar demasiado distraído como para poder escucharla, y con algo parecido a un gesto de angustia en el rostro. No sabía el por qué, pero desde que Mao le propuso que buscaran en las discos de Nueva York especialmente esa noche, tuvo el presentimiento de que algo malo sucedería. Nunca fue un chico especialmente receptivo o con un "sexto sentido" que le facilitara esas cosas inexplicables que uno llega a sentir, pero lo atribuía a que iba a ser una pérdida de tiempo, pues encontrar a Saya en unos cuantos lugares en una noche, era prácticamente imposible.

—¿Qué pasa?— preguntó Mao confundida, acercándose a su exnovio, preocupada por su actitud —Si quieres podemos irnos ya y buscamos en otro lugar— le propuso comprensivamente.

—No. Esperemos un rato más a ver que pasa. Si no encontramos nada vamos a algún otro sitio— dijo, aunque de manera bastante desanimada, cosa que preocupó todavía más a Mao.

—Esta bien… ¡Pero intenta al menos intenta divertirte!— exclamó la joven tratando de animarlo, dándole una palmadita en el hombro para después alejarse.


El tiempo en la fiesta pasó terriblemente lento, pero en realidad no tenían ni una hora de haber llegado. La música seguía sonando pero había llegado cierto momento de la noche en el cual la gente parecía haberse calmado. Muchos dejaron de bailar, pidieron un trago y se dedicaron a caminar de aquí para allá acompañados con algún amigo o con alguien recién conocido. Muchos aprovecharon para pedir una botana en el bar y recargar energías. La barra de la planta baja, donde Hagi estaba, se descongestiono poco a poco. El cantinero y su ayudante de vez en cuando atendían algún pedido rápido. No muchos se quedaban bebiendo en la barra, la mayoría se iban a las mesas y sillones situadas a los lados de la disco.

—Dame otra de estas— pidió Hagi cuando el cantinero pasó delante de él. Este atendió el pedido y momentos después le entrego otro brain damage. Hagi, aburrido, bebió el primero sorbo con desgano, pero la risa del cantinero desvío su atención.

—Por eso no voy a la iglesia— comentó con una risilla mientras limpiaba un vaso y apuntaba al disfraz de Hagi. Este le clavó la mirada, definitivamente arrepentido de haberse dejado convencer. En cierto momento, Hagi vio una mesa que recién era desocupada por un grupo de gente, y en seguida se dirigió a ella. Pensó que tal vez así se podría despegar de sus acompañantes. No estaba de humor para celebrar, pero desde ahí podría ver a Saya, y mas que nada, vigilar a Solomon.

Pero el gusto le duró poco ya que minutos después unas conocidas risas desviaron de nuevo su atención. Diva, Saya y Solomon se acercaron a la mesa, sorteando a la gente. Diva venía riéndose del infortunio de una chica que en la pista de baile se había tropezado y había caído de nalgas al suelo, empapándose toda con su propia bebida.

—Creo que estaba borracha— dijo entre risas la ojiazul —¡Y tú te estabas tropezando a cada rato!— le comentó a su hermana, quien también reía.

—Es que nunca había bailado— se excusó Saya, ya con la vergüenza dejada de lado.

—Oye Hagi, no te vimos en la pista— le comentó Solomon dándole una palmada en la espalda. El aludido lo miró de reojo, extrañado por tal gesto de familiaridad.

—Yo no bailo— contestó el caballero seriamente.

—Se supone que eres la pareja de Saya— comentó Diva con burla —¿Qué es eso?— preguntó de pronto, mostrando un profundo gesto de asco al ver la bebida de Hagi.

—Algo de… un cerebro— fue la escueta pero inconsistente respuesta de Hagi. Incluso se sorprendió a si mismo al tartamudear. Ahora que lo recordaba… no había hablado con Diva en varios días. La chica últimamente había dejado la costumbre de ir a visitarlo por las noches. Las cosas entre ella y él parecían volver a la "normalidad"… sin embargo, cuando las cosas parecían marchar bien, es cuando más se debía desconfiar del destino.

—Pues se ve asqueroso— agregó Diva torciendo la boca —Como sea, voy a la barra— avisó encaminándose hacia dicho lugar, antes de que Solomon la llamara.

—No van a venderte nada, Diva— le advirtió, debido a que la chica, ciertamente no parecía tener de veintiún años.

—Ay, claro que sí. Si me dejaron entrar también me venderán alcohol— dijo despreocupadamente, perdiéndose poco a poco entre la gente, pero bien sabía Diva que si la habían dejado entrar, había sido por pura suerte y conveniencia.

Igualmente, Solomon sabía que Diva no iba por ninguna bebida.

—Saya— la llamó Solomon, con una sonrisa —¿Quieres seguir bailando?— le preguntó con una sonrisa encantadora. La chica desvío un poco la mirada, indecisa. Hagi fulminó a Solomon con la mirada, pero este lo ignoró. Si Hagi fuera un hombre más atrevido, habría tomado la opción de levantarse y decirle a Saya que bailara con él, y a Solomon no le hubiera quedado de otra más que hacerse a un lado puesto que esa noche Hagi era la pareja de Saya, sin embargo, no se levantó ni se atrevió a pronunciar palabra. Se limitó a sentir como se quemaba por dentro de la envidia… porque sí, en cierta forma, envidiaba la naturalidad de Solomon.

—Este…— balbuceó Saya, llevándose una mano a la nuca, incomoda. ¿Cómo se le ocurría pedirle que bailasen juntos cuando Hagi estaba ahí presente? Es decir, no es que hubiera algo serio entre ellos, pero aun así su caballero era muy celoso, y no se llevaba precisamente bien con el rubio. A veces le sorprendía lo descarado que Solomon podía llegar a ser.

—Vamos, Saya. Estamos de fiesta. ¡Diviértete! Además, no es la primera vez que bailamos— la trató de convencer Solomon, y Hagi estuvo apunto de preguntar que era eso de que "habían bailado antes", pero como era propio de él, se mantuvo callado. Aun así Saya se quedó indecisa, sin saber que responder. Miró a Hagi, como disculpándose con la mirada y finalmente aceptó. Se dirigieron a la pista de baile, sorteando a la gente que se les atravesaba. Saya no se dio cuenta, pero no muy lejos Diva procuró estirar el cuello para alcanzar a ver que sucedía, y cuando vio que Solomon y Saya caminaban a la pista, corrió hacia el baño entre risas traviesas.

Por otro lado, Hagi se quedó ahí sentando, observando como su ama y el caballero ya habían desaparecido entre la gente y probablemente ya estaban bailando. Estuvo apunto de romper el vaso de vidrio que tenía en la mano, y sólo se detuvo al escuchar al vidrio crujir, sin destrozarse aun. Dejó el vaso en la mesa, se levantó furioso, y se dirigió al baño.


Prácticamente estuvo apunto de tirar la puerta del baño cuando entró. Los hombres que se encontraban "desahogándose" en los orinales estuvieron apunto de perder "el tino" al escuchar el portazo. Hagi se acercó rápidamente a los lavabos, abrió la llave y se echo una abundante cantidad de agua en el rostro. Lo hizo un par de veces, tratando de calmarse, mientras sentía como el acaloramiento de la ira disminuía con cada gota, sin embargo el sonido de la música que se colaba en el baño comenzaba a darle dolor de cabeza. ¡Esa noche se estaba volviendo infame! Pero se contuvo, respirando entrecortadamente, pudriéndose de celos y lamentándose por no ser más impulsivo y siempre quedarse callado; tuvo que recargar los brazos sobre el lavabo antes de perder el control y romper el espejo en un intento de desahogarse. La sola idea de Saya con Solomon, bailando felizmente y divirtiéndose como enanos, le enfermaba.


Una chica, aparentemente tímida, salió del baño a escondidas, mirando de un lado a otro antes de abrir por completo la puerta. Iba vestida de la novia de Frankenstein, y tuvo que acomodarse un par de veces la peluca, que hace apenas unos momentos había comenzado a usar. Cuando notó que no había ningún conocido cerca, salió apresuradamente de ahí. Se escondió detrás de la escalera, y le robó el celular a una distraída joven, tan rápidamente que la chica ni cuenta se dio que le habían metido mano en el bolso.

La ladrona rápidamente marcó un número, se llevó el auricular al oído, esperando que contestaran. Después del segundo timbre comenzó a impacientarse.


Solomon y Saya llevaban un rato bailando animadamente. La joven apenas había aprendido a bailar, gracias a su hermana, pero ya se movía decentemente, aunque procuraba no ser demasiado atrevida con los movimientos, a pesar de que las demás bailarinas del lugar bailaban provocativamente con sus parejas, pero además, ese no era su estilo y se sentiría demasiado rara e incomoda imitando dichos movimientos y más con Solomon.

De pronto el rubio se detuvo, se disculpó con Saya por la interrupción y removió el disfraz, como buscando algo, hasta que encontró su celular que vibraba, y el tono del móvil apenas y se escuchaba, opacado bajo la música del DJ. Solomon, disimulando, rápidamente se llevó el auricular al oído. Solamente escucho un "es hora", y colgaron. Después él lo hizo.

Un golpe nervioso se le incrusto en el pecho y el estomago. Era la misma sensación que experimentas cuando frenas estrepitosamente antes de chocar con otro auto. Dudó un momento de lo que haría después. Miró a los ojos Saya, ligeramente arrepentido, preguntándose si eso podría dañarla; definitivamente sí, pero era necesario.

—¿Qué pasa?— preguntó Saya.

—Nada. Este maldito trabajo no me deja en paz. Tengo que atender algo. Discúlpame, ahora vuelvo— dijo Solomon, alejándose de ella y perdiéndose entre el mar de gente. Cuando Saya se encontró sola, ahí parada en medio de los demás, se sintió como una tonta. Imaginó que a Solomon le habría surgido algún problema en su trabajo, y como no quería quedarse ahí parada como idiota, decidió por mejor ir al bar, pues no quería enfrentarse a Hagi, quien seguramente seguiría en la mesa, quizás muy enojado. Estar con él y su eterno silencio sería aun más incomodo que de costumbre.


En lugar de atender una supuesta llamada del trabajo, como le dijo Solomon a Saya, este se alejó fuera de la pista, hacia donde estaba la escalera izquierda. Cerca de ahí se encontró con… Saya, aparentemente. El cambio de apariencia sin duda había tenido éxito. Él nunca lo había intentado, pero Diva sí, y lo hacia con tal rapidez y eficacia que Solomon por un momento se preguntó si la chica ataviada con el vaporoso vestido blanco, la peluca negra, y el maquillaje pálido y cargado de sombras negras, era la verdadera Saya disfrazada con su traje de Halloween, o Diva transformada.

—¿Diva?— preguntó este acercándose a la joven, temeroso de que en realidad fuera Saya.

—¡Claro que soy Diva!— respondió la joven —¿Qué te parece? ¿Es bueno, no?— presumió dando una vuelta para que su caballero pudiese admirar a que grado de perfección podía transformar su apariencia y robar la de otro.

—Vaya, por un momento me pregunté si era la verdadera Saya— confesó el caballero aliviado de saber que la que en realidad estaba frente a él, era Diva.

—Pues entonces todo resultará bien— contestó la chica —¿Cómo quedamos, no?— dijo subiendo un par de escaleras, pero Solomon no la siguió. Al contrario, se quedó parado al pie de ella, preguntándose si lo que estaba apunto de hacer estaba bien.

—¿¡Que esperas! ¡Rápido! Hagi esta en el baño; en cualquier momento aparece. No perdamos tiempo— lo apresuró la joven. Solomon se limitó a asentir con la cabeza y subió con ella al segundo piso.

Por mucho que lo intentara, parecía no poder salir del círculo vicioso en el que Diva encerraba a los demás. Por un momento pensó que la noche de brujas era real, y que ella, Diva, era una de ellas, dispuesta a aprovechar la noche para hacer uso de sus mejores hechizos.

"Pobre Saya… si supiera que en realidad, esta noche, ella era la desvalida princesa en apuros; solamente que sin caballero que pudiera salvarla de la bruja."


¡Hola! Disculpen la tardanza, con la universidad y el calor que ha hecho me era imposible siquiera pensar en corregir el capitulo, pero ahora estoy de vacaciones, ya compramos un abanico y estoy mejor que nunca para escribir, además estoy de muy buen humor. En la universidad me va de maravilla, en casi todas mis materias tengo calificaciones de nueve para arriba (por primera vez en mi vida soy algo parecido a una "nerd"), aunque seguro que tendré que estudiar para pasar bioquímica.

En fin, dejando de lado mi vida personal, en cuanto al capitulo pues en realidad no tengo muchas cosas que aclarar, sólo que la bebida "brain damage" significa "daño cerebral". Tiene un feo aspecto, pero en realidad sabe muy bien. También, creo que en cuanto a ortografía he mejorado bastante. Ahora sé como usar los guiones largos, que son los que correctamente se usan para los diálogos, y también en donde van los acentos dependiendo de la acción y demás, todo esto gracias a lectores que han tenido la amabilidad de corregirme y hacerme ver mis errores, y la verdad estoy muy orgullosa de mi avance (espero que se note) y de paso, muchas gracias.

En cuanto al termino "antro", significa "cueva, caverna o gruta" y quizás exista un poco de confusión con la gente de otros países que están leyendo esto, especialmente españoles, pues tengo entendido que en España el termino "antro" se usa de manera despectiva para referirse a una disco o bar de mala muerte, sin embargo aquí en México dicho termino lo usamos para referirnos a todo tipo de bares o discos, desde los de "perdición" hasta las más exclusivos o de moda. También, es común que en muchos lugares (incluido mi país) cuando se va a una disco, sobre todo en los lugares caros o de moda, sólo dejan entrar a "gente guapa", dependiendo de su apariencia, y en raras ocasiones dejan entrar a hombres que no vengan acompañados de mujeres, y a estas, usualmente las dejan pasar sin mucho problema, algunas veces ni siquiera te cobran cover, sobretodo cuando son los días de "ladies' night".

Por cierto, el "Pink Elephant" sí existe. Es una disco de Nueva York, muy bonita por cierto, y se parece mucho a la idea del que intente retratar en este capitulo, obviamente un tanto modificada para que se adecue a como se llevara a cabo la trama los siguientes capítulos, en los cuales habrá mucho movimiento. En fin, doy todas estas explicaciones porque no quiero que me tachen de que sólo me fijo en la apariencia o esas cosas, sólo intento hacer lo más realista posible el como se manejan estas cosas basándome en lo que he visto (porque la verdad, yo no voy mucho de antro. No me gustan, prefiero los bares).

En fin, creo que es todo lo que tengo que decir, espero no haberlos aburrido. Por ultimo, como siempre les doy las gracias a todos mis lectores y cualquier review será bien recibido.

Me despido

Agatha Romaniev