¿Cómo se declara el acusado?

—Me lo había imaginado tratándose de alguien como tú— dijo Kai, mirando con desprecio a Diva —pero a decir verdad esperaba equivocarme sobre ti, Hagi— añadió, apuntándolo acusadoramente, mientras se acercaba al caballero y a Diva. Aparentemente parecía calmado, observando el triunfo de sus sospechas, pero por dentro estaba que ardía de furia. Podía esperar cualquier cosa de alguien tan vil como Diva, pero ¿Hagi? Kai sabía muy bien que el caballero era demasiado perfecto, que algo debía tener, en algún momento cometería un error, pero… muy en el fondo, deseaba equivocarse. No por él, sino por Saya.

Esto la dejaría destrozada.

—No sé de que hablas— contestó Hagi, recuperando milagrosamente su rostro inexpresivo y, mientras, Diva intentaba aguantarse la risa. No sabía si enojarse porque el hermano de Saya, quien la había rechazado, estaba ahí frente a ella, o reírse de la situación. Aunque no podía evitar pensar que algo tenía que hacer; eso nunca estuvo en el plan, y podía arruinarlo.

—¡Sabia que tenias algo con Diva!— acusó a Hagi una vez más, explotando finalmente -¡Los dos se pusieron de acuerdo para convencer a Saya de irse contigo!— vociferó, esta vez apuntando a Diva, sin medir las consecuencias de sus actos ni palabras. De momento, estaba tan furioso, que había olvidado que no estaba frente a una chica normal a la cual simplemente podía insultar y acusar sin pasar a mayores, sino ante un monstruo con cara de ángel, con una mentalidad inestable y propensa a los impulsos, quien no lo pensaría dos veces para hacerlo callar.

—¡Cállate!— gritó entonces Diva, empujándolo, dándose cuenta de que, si Kai lograba encontrar a su hermana, ésta definitivamente se derrumbaría ante él, como siempre, y terminaría abandonándola. No había invertido tanto tiempo para que ese estúpido niño lo arruinara todo.

—Encontraré a Saya, y le diré toda la verdad. La verdad sobre ti— dijo apuntando a Hagi —y de ti— advirtió mirando amenazador a Diva.

—¿Enserio?— murmuró Diva poniendo ambas manos en la cadera, con una sonrisa perversa. Fue entonces que Kai comenzó a asustarse. El mismo David le había advertido que nunca perdiera los estribos frente a un enemigo, mucho menos contar sus planes; que era un error fatal, pero estaba tan enojado que… bueno, ahora estaba algo asustado, a juzgar por la mirada de Diva. Una mirada como esa, sobretodo viniendo de ella, nunca podía deparar algo bueno.

—¿Y dime…— hizo una pausa, como deseando aumentar la tensión y el dramatismo de la situación —… cómo vas a acusarnos con Saya… estando muerto?— su mirada se oscureció y su voz de pronto adquirió una grave tonalidad. No era una simple amenaza, eso era seguro; no, para Diva, eso ya era un hecho.

La primera reacción de Kai fue darse vuelta rápidamente y huir de ahí, encontrar a Saya y acabar con todo esto. Logró hacerlo, correr unos cuatro pasos, pero cuando acordó una fuerza sobrehumana lo había detenido. Lo obligó a darse la vuelta y miró los ojos de Diva que brillaban con una chispa de malignidad encarnada en un azul álgido y brillante. Sintió como si algo le advirtiera dentro de él que escapara, que hiciera todo lo posible por irse, pero le fue imposible, y lo siguiente que sintió fue un dolor atroz que jamás había experimentado.

Diva no había perdido tiempo y le encajó la mano en el tórax. Nunca había atacado a alguien con tanta fuerza e ímpetu como en ese momento. No lo disfrutaba y tampoco le disgustaba, sólo era algo que tenía que hacer. Sintió como su mano atravesaba con rapidez el cuerpo del muchacho. Su mano quedó empapada de sangre, saliendo por detrás de la espalda del joven, mientras su antebrazo seguía incrustado en el estomago de Kai. Disfrutó como nunca la sensación de la carne y las vísceras desgarradas acariciando su piel. Las costillas rotas, echas añicos, le daban cosquillas. Kai ni siquiera fue capaz de gritar de dolor, pues su alaridos fueron opacados por un viscoso vomito sanguinolento que le escurrió por todo el mentón, cuello y terminó derramándose en su pecho. Sus ojos estaban medio descolocados y su mente era abrumada por el terrible dolor, impidiéndole pensar.

Hagi por un momento se quedó en shock, con los ojos bien abiertos e inmóviles. No esperaba algo como eso, y no sabía que hacer.

—¡¿Que haces?— exclamó, acercándose a Diva, quien aun mantenía su brazo encajado en el tórax de Kai.

—¡No seas estúpido! ¡Te conviene!— le gritó ella, mirándolo. Hagi estuvo apunto de detenerla, pero al escuchar lo ultimo se detuvo en seco. ¿Qué debía hacer? Era el hermano de Saya, ella lo adoraba. Si moría, quedaría destrozada. Lo había visto con la muerte de Riku, pero… si Kai vivía, él estaba perdido. Saya antes le creería cualquier cosa a su hermano que a él, confiaba más en Kai, por mucho que eso le pesara. ¿Debía dejar que Diva lo matara? Una parte de él le decía que la detuviera y llevara a Kai a un hospital inmediatamente, hacer un trato con el chico y reanudar la lucha contra Diva pero… otra parte, una mucho más oscura, pero más sincera, le decía que observara el espectáculo y lo dejara terminar. No había otra opción. La primera no era más que un pretexto para engañarse a si mismo y no cargar con una muerte más en su espalda.

Sí, Kai jamás se prestaría a hacer un trato con él, además… el muchacho era un obstáculo entre Saya y él, desde el principio.

No tuvo más tiempo de pensar pues Diva torció el brazo dentro del cuerpo del chico, revolviendo dentro de él la carne y las vísceras destrozadas. Rápidamente lo sacó, con su mano acompañada de un gran trozo de pulmón machacado. Kai cayó al suelo.

—¡Uy, que asco!— susurró Diva tirando al suelo los pedazos de carne —Se me arruinaron los guantes— se quejó caprichosamente, quitándose el guante empapado en sangre y arrojándolo lejos. La prenda, remojada en sangre, rebotó en la pared, salpicándola y dejando una mancha rojiza en los sucios y viejos ladrillos.

—¿No quieres rematarlo?— le preguntó Diva a Hagi, con una sonrisa. El caballero, impactado aun, la miró con ojos desencajados.

—No me mires así. Yo lo maté, pero tú no hiciste nada para detenerme—

—Per…— iba a defenderse, pero entonces Diva lo interrumpió.

—Cállate— espetó con tranquilidad, pero a la vez con dureza —Sabes bien que esto es lo mejor, por eso no hiciste nada para ayudar a Kai— entonces, se escuchó un gemido que atrajo la atención de ambos. Era Kai, quien de pronto se retorció sobre el suelo, vomitando sangre y luchando por su vida.

—¡Oh, sigue vivo!— exclamó Diva riendo. Fue entonces que se escuchó algo. Eran pasos; pasos de mujer, y a juzgar por el ruido de los tacones rebotando, eran dos las que iban corriendo hacia el lugar.

—¡Viene alguien!— murmuró Diva, alarmada —Tenemos que irnos— dijo acercándose a Hagi mientras miraba hacia arriba, buscando el mejor techo donde esconderse. Cuando lo encontró, miró a Hagi, quien aun seguía como en shock —¡Vámonos!— y fue entonces que Hagi reaccionó, y ambos rápidamente se elevaron hasta llegar al techo, y desde ahí observaron el cuerpo de Kai, desangrándose, rodeado de un enorme charco de sangre. Ahora apenas y se convulsionaba… Diva no había tenido tiempo de rematarlo, pero, le quedaban pocos minutos de vida. Insuficientes como para ser llevado a un hospital.

Kai iba a morir y Diva no podía estar más feliz. Hagi… aunque lo ignoraba, o eso intentaba, también lo estaba, y en cierto sentido, él ya había firmado su propia sentencia de muerte con la sangre de Kai.


Saya y Mao lo primero que hicieron fue recorrer los callejones laterales del edificio. Dieron una vuelta a la manzana, pero no encontraron nada. Entonces Mao recordó que había visto un callejón atrás de la disco, el cual aun no habían inspeccionado, y se dirigieron ahí. Cual fue su enorme sorpresa al encontrar en medio de la oscuridad al mismísimo Kai, pero tirado en el suelo, moribundo y en medio de un charco de sangre que no paraba de crecer.

—¡Kai!— vociferó Saya corriendo hacia su hermano, tirando en el camino la peluca, la cual ya se había quitado momentos antes. Mao se quedó tieza en su lugar, con el rostro horrorizado. Sólo fue hasta segundos después que corrió hacia el cuerpo de su exnovio, sin creer lo que veía. Aunque mostraba todo el tiempo la apariencia de una chica ruda, la sangre le daba cierta incomodidad, mucho más si dicha sangre derramada venía del cuerpo de alguien tan apreciado para ella como lo era Kai.

—Es Saya— susurró Hagi, apunto de lanzarse hacia donde su ama estaba, pero cuando estuvo apunto de saltar Diva lo tacleó tan fuerte como si fuese una jugadora de futbol americano, e incluso fue capaz de derribarlo. Durante el brusco movimiento uno de sus tacones se rompió.

—¡¿Qué haces?— exclamó la joven en voz baja, dándole un manotazo a Hagi.

—Saya… ella…— balbuceó el aun desorientado caballero, pero Diva lo interrumpió.

—¿Y qué si es ella? No puedes bajar— susurró, levantándose, tratando de no caer a causa del zapato dañado —¿Qué crees que va a pensar si bajas, con Kai ahí medio muerto?— le preguntó apretando la quijada —¡No seas estúpido!— Hagi no le hizo demasiado caso, y rápidamente se acercó a la orilla del techo, pero se detuvo antes de siquiera pensar en bajar. Abajo, Saya ya había comenzado a llorar, al igual que Mao.

—¡Kai! ¡Kai!— gritaba Saya, tomando el rostro de su hermano, quien no reaccionaba. Ya había vivido eso dos veces, ¡pero vamos! Tres veces era demasiado para ella. No podía tener tan mala suerte, o mejor dicho, traerles tan mala suerte a las personas que más quería.

—Tenemos que llevarlo a un hospital— dijo Mao sacando rápidamente el celular de su bolso, pero Saya la detuvo. A Kai no le quedaba suficiente tiempo como para esperar que viniera una ambulancia, ser llevado al hospital en pleno fin de semana y noche de fiesta y ser atendido a tiempo, y con sus heridas, no había milagro tecnológico que la medicina humana, incluso la más avanzada, pudiera hacer algo para salvarlo.

—No. Va a morir. No alcanzaría a llegar— dijo Saya entre sollozos, sin poder creer que estuviera aceptando semejante cosa.

—¿Y qué vamos a hacer? ¡¿Dejarlo morir?— explotó Mao, angustiada, restregándose las lagrimas por el rostro, manchándose la cara del maquillaje que ya se había corrido.

—Tengo que… si quiero salvarlo…— por un momento la voz de Saya se quebró -… sólo yo puedo salvar a Kai…— murmuró secándose las lagrimas, balbuceando. No podía creer que esta fuera la tercera vez que tendría que hacer eso. Pareciera que todo el que se acercaba a ella terminaba muerto, o como su caballero.

—¡¿Qué?— exclamó Mao —¡No puedes hacer eso, lo vas a…!— pero entonces Saya, sin escuchar razones, se llevó la mano a la boca y la mordió. Lo hizo con tanta fuerza y estaba tan desesperada que no sintió dolor alguno al atravesar la piel con sus colmillos. La sangre comenzó a manar de la herida rápidamente, casi como si estuviese deseosa de hacer aquello. La bebió y la guardó dentro de su boca, y entonces acercó sus labios a los de Kai.

—¡Lo va a convertir en caballero!— exclamó Hagi alarmado, indeciso de si ir o no, balanceándose ansiosamente por el borde del techo —No puedo permitirlo— Diva entonces se aventó de nuevo hacia él, empujándolo e interponiéndose entre la orilla y el caballero.

—¡No! ¡Ni lo pienses!— le gritó, pero Hagi hizo caso omiso, la pasó de largo y se asomó nuevamente para ver que sucedía. Para ese entonces Saya había terminado de verter su sangre en la boca de Kai, y ya estaba separando sus labios de los de su hermano.

—No puede ser…— susurró Hagi. Se dejó caer en el suelo, de rodillas. Estaba mareado y sentía el estomago revuelto —No puede ser. No puede ser…— murmuraba tapándose la cara con las manos. Era la segunda vez que pasaba por eso. A Riku se lo había perdonado, porque sólo era un niño, pero con Kai, con él era otra cosa totalmente diferente. Se alborotó el cabello desesperado. Tenía una casi incontrolable tentación de ir ahí e impedirlo, matar a Kai antes de que la transformación estuviera completa, pero Diva tenia razón. Si lo hacia estaría perdido.

Mientras tanto, en el suelo, pasaron unos momentos en los cuales Kai seguía inerte. Saya por un momento pensó que quizás había sido demasiado tarde, pero lo mismo había sucedido con Hagi y Riku. Se limitó a decirle a Mao que lo tomara fuertemente del brazo. Esta accedió, sin imaginar lo que pasaría y por qué le pedía eso, pero la respuesta a su interrogante llegó casi de inmediato.

Kai súbitamente abrió los ojos. Parecían platos, y a pesar de tenerlos abiertos daba la impresión de que no veía nada, como si se tratasen de los ojos de un ciego asustado.

—¿Kai…?— susurró Mao, apunto de gritar de alegría al ver que el muchacho estaba vivo, pero el gusto le duró poco pues Kai de pronto vociferó con fuerza, al tiempo que comenzaba a convulsionarse como si le estuviesen haciendo un exorcismo.

—¡¿Tiene un ataque epiléptico?— preguntó asustada Mao, agarrando a Kai del brazo con fuerza, al igual que Saya, pero a pesar de sus esfuerzos Kai seguía moviéndose de un lado a otro, amenazando con golpearlas. Sus manos temblaban y se movían tanto que parecía que en cualquier momento daría la vuelta entera, rompiéndose las muñecas. No dejaba de patalear y gritar como si lo estuviesen apuñalando. Tenía un rictus de dolor y locura, que a Mao la asustó, y casi le dieron ganas de salir corriendo de ahí. Lo primero que le vino a la mente al verlo así era que un demonio lo había poseído, y no estaba tan lejos de la realidad… pues prácticamente, Kai estaba sufriendo la dolorosa transformación de humano a quiróptero.

—¡No dejes de sujetarlo!— gritó Saya al notar que Mao comenzaba a languidecer. Ya había pasado por eso dos veces, sabía de qué se trataba. El ataque epiléptico en cualquier momento cesaría, pero la impresión de ver a alguien tan querido en ese estado por su culpa, siempre la impresionaba demasiado. Sobra decir que la hacia sentir como una vil basura.

—Se esta convirtiendo en caballero— susurró Hagi, mirando como hipnotizado la transformación de Kai. Por mucho tiempo, después de convertirse en caballero, le costó mucho trabajo entender cómo es que había pasado de ser humano a quiróptero, pero no fue hasta que vio la transformación de Riku, que lo entendió, y aun así, fue hasta esa noche, en ese instante, que comprendió el por qué parecía que cada caballero, independientemente de su reina, terminaba por parecer un loco.

El renacimiento de todos los caballeros siempre era algo, quizá, demasiado traumático como para que incluso ellos mismos se dieran cuenta.

De pronto Kai, con un último y el más desgarrador de los gritos, elevó la cabeza tanto que parecía que se iba a romper el cuello, hasta que de pronto dejó de gritar y sus espasmos cesaron en seco. Cayó inerte al suelo, con los ojos cerrados. Mao dejó de agarrarlo del brazo, y dejando salir todo su terror por lo que acababa de presenciar, se dejó caer hacia atrás, tapándose la boca con ambas manos, sollozando.

—¿Esta muerto?— balbuceó la joven. Saya, de pronto, rompió en un desgarrador llanto, cubriéndose el rostro. Tenía una horrible sensación, al igual que cuando le sucedió a Hagi. Sentía que la transformación no había funcionado y ahora Kai estaba muerto… no pudo dejar de sollozar dolosamente hasta que de pronto Mao y ella escucharon un leve quejido.

—¡Es Kai! ¡Esta vivo!— exclamó Mao de felicidad, acercándose al cuerpo de su exnovio. Seguía sin moverse, pero se quejaba en voz muy baja, y era capaz de mover un poco los dedos.

—Hay que llevarlo con David— se apresuró Mao, levantándose y limpiándose las lagrimas esperanzada de saber que Kai estaba vivo. Tenía entendido que, ahora, era diferente. No comprendía hasta que grado, pero prefería verlo vivo como fuera a que estuviera muerto.

—¿El señor David esta aquí?— inquirió Saya con la voz quebrada, mirando a Mao fijamente. La chica pudo notar que Saya tenía un dejo de vergüenza en sus ojos.

—Sí, esta esperándonos en el auto. Ayúdame a cargarlo- le pidió la castaña, levantando la mitad del cuerpo de Kai. Saya accedió de inmediato, se levantó y con ayuda de Mao cargaron el peso muerto del chico, que era bastante. A pesar del tortuoso y desbaratado pavimento y sus zapatos altos, pudieron entre las dos cargarlo y llegar al auto donde David se encontraba.

Cuando Saya y Mao doblaron la esquina con Kai a cuestas, Hagi finalmente dio rienda suelta a su furia. Caminó hasta un sistema de ventilación que estaba sobre el techo y lo pateó con fuerza. Logró doblar el tubo de acero de la estructura que lo detenía, y su hubiese usado más fuerza seguro que lo habría partido en dos. Diva se quedó en su lugar, mirándolo aburrida. Escuchó a Hagi gruñir como un animal y dar zancadas de un lado a otro, desesperado como león enjaulado. Puso los ojos en blanco; odiaba que los hombres se pusieran así de violentos y estúpidos, como cavernícolas. Actuaban como animales desbocados sin otra razón de ser más que la de romper todo a su paso, y al parecer Hagi no era la excepción… bueno, de todos modos por muy serio que aparentara ser, seguía siendo hombre, y todos los hombres, en cierto grado, llegaban a ponerse un poco estúpidos. Ese pensamiento la hizo sonreír con malicia. Finalmente Hagi se había quebrado. Por un momento le pareció increíble la facilidad con la cual un hombre podía romperse en dos y quedar vulnerable, y es ahí donde tenía que aprovechar.

La única debilidad de Hagi era Saya, y ahora la usaba en su contra.

Hagi ahora compartía un peculiar rasgo con el tubo que acaba de patear; ambos estaban doblados, pero Hagi estaba al punto del quiebre para dejar caer sobre si todo su peso. Diva sólo tenía que saltar y patear sobre él para que todo terminara por derrumbarse.

La joven reina se levantó, teniendo cuidado de no caer. Se acercó al tacón tirado en el suelo. Trató de volver a ponerlo en la base de su zapatilla pero no funciono, y terminó por tirarlo muy lejos. Escuchó a alguien quejarse de que algo lo había golpeado, y Diva rió. Después, caminó hacia donde Hagi estaba, quien ya se había dejado caer de rodillas, y de vez en vez daba puñetazos al suelo, abriéndose heridas en los nudillos que segundos después sanaban.

—Creo que nos salió el tiro por la culata— comentó Diva cruzándose de brazos. Hagi entonces se calmó, dejó de gruñir y maldecir en voz baja, y se limitó a sentarse en el suelo. No tenía ganas de levantarse, aun se sentía mareado y un dolor de cabeza como nunca había sufrido comenzaba a atormentarlo.

—Ahora Kai es un caballero de Saya— susurró Hagi, aun sin creérselo —¿Por qué precisamente él?— se lamentó en voz aun más baja. Diva también se sentó en el suelo, sin importarle que se ensuciara. Su disfraz estaba lleno de sangre y tenía un zapato roto, así que, ¿Qué más daba una mancha más?

—Te dije que lo terminaras de matar— le reprochó Diva, quitándose el otro guante también manchado de sangre y arrojándolo lejos. Después, hubo una corriente de aire my ligera que choco con el rostro de Hagi, haciéndolo levantar la cabeza. Entonces notó que Diva otra vez tenía el cabello largo y suelto, como habitualmente lo usaba.

—¿Qué vamos a hacer ahora, Hagi?— preguntó la joven despreocupadamente, pasando sus dedos entre las hebras de su cabello.

—¿A que te refieres?—

—Bueno, ahora Kai es caballero de Saya. Nunca se sabe como van a despertar, si recordaran algo o no…— hizo una pausa, cosa que intrigó más al caballero, aunque ya imaginaba al punto al cual Diva quería llegar —… Nos vio a los dos. Vio como lo ataque, y también vio que tú no hiciste nada para impedirlo— suspiró agotada.

—Puede que… Kai le diga a Saya lo que pasó, y si eso pasa, estamos perdidos— prosiguió la joven.

—¿Estamos? Yo no lo ataqué— se trató de defender Hagi, levantándose y caminando lejos. Diva, al ver que le había echado toda la responsabilidad encima, también se levantó, furiosa.

—¡Precisamente!— le gritó alcanzándolo y dándole un fuerte manotazo en la espalda —No hiciste nada. Eso te convierte en mi cómplice— argumentó. Hagi en ese momento se volteó hacia ella, sin argumentos para defenderse. Diva tenía razón, tanto ella como él tenían la culpa de lo que había pasado, y quizá Hagi hasta más.

—De todas maneras— dijo de pronto Diva —Ahora Saya tiene otro caballero, y además de todo es su amadísimo hermano. ¿Qué vas a hacer? Ahora tienes más competencia, además de Solomon… dudo que vayas a salir del lío en el que te metiste— dijo burlona la chica, pero hizo una pausa ante de seguir. Hagi pensó que saldría con alguna ironía o alguna burla, quizás algún plan, pero lo que escuchó le pareció casi absurdo en esa situación, y si hubiera sido otra, quizá hasta le hubiera dado risa.

—¡Vaya que eres tonto! Además me rompiste mi zapato— dijo mientras caminaba con torpeza.

—Tú sola lo rompiste— susurro Hagi. Ahora nada mas faltaba discutir con Diva por culpa de un zapato, aunque la muchacha no escuchó eso último, por lo tanto no contesto nada. Durante un rato estuvo acomodándose las medias y los ligeros, los cuales habían resultado dañados por el todo el movimiento, y las medias estaba agujeradas en varias secciones. Su vestido estaba lleno de sangre, un zapato roto, los guantes desaparecidos y la boina la había perdido en algún momento. Cuando terminó el recuento de los daños, suspiró cansada, y miró a Hagi, quien estaba a unos metros de distancia, parado, sin hacer nada.

—¿Y qué? ¿Nos vamos a quedar aquí toda la noche?— pregunto Diva acercándose a él, ya muy aburrida de estar sobre ese techo como tonta y sin hacer nada.

—Tal vez deberíamos volver a la mansión— susurró Hagi, sin mucho entusiasmo, pero igualmente tampoco encontraba ya más que hacer, y la idea de que Kai ahora era un caballero no dejaba de darle vueltas la cabeza y ya lo tenía harto.

¡Si tan sólo pudiera dormir! ¡Mataría por un momento de sueño y poder olvidarse de todo y de todos!

—Pues tendrás que cargarme porque no puedo caminar por tu culpa— le reprochó la joven apuntando al zapato dañado. Hagi suspiró resignado. De nueva cuenta, Diva tenía razón, y probablemente si no cumplía su capricho, aunque no fuese su caballero, tendría que enfrentar su furia o sabrá Dios qué cosa haría. Diva era capaz de todo, y en un momento tan crítico como ese, en el cual gracias al incidente con Kai, su fidelidad con Saya corría un gravísimo peligro, decidió mejor hacer caso a la demanda de la chica.

Sin avisar, la tomó en brazos, para sorpresa de Diva, y el caballero se encamino a los Hamptons saltando de techo en techo.


¡Ya era hora de un poco de sangre! Disfruté mucho matando a Kai, no es que me caiga mal el muchacho, pero no es de mis favoritos. ¡No vayan a odiar Hagi y a Diva! La "muerte" de Kai era fundamental para la trama de la historia.

Disculpen la tardanza. Este cuatrimestre en la universidad ha sido insoportable y mis problemas aumentaron. No invertí mucho de mi tiempo libre en escribir, sinceramente terminaba muerta y hasta la madre de estrés.

¡Y puta madre! Estoy escribiendo esto y me voy enterando de la muerte de Amy Winehouse. El mundo se esta quedando sin artistas y sin genios; Einsten murió, Beethoven se quedó sordo y a mi me duele la cabeza…

En fin, aquí digo yo que empezará el verdadero nudo de la historia (me tardé baste, ¿no?). Ahora con Hagi siendo cómplice de Diva por no ayudar a Kai y con este en plena transformación y la tentación de Saya por volver con el Escudo Rojo, las cosas se complicaran ¡y esperen! Que dentro de poco llegará un momento que muchos lectores han esperado, pero les advierto que terminaran un poco confundidos, sino es que odiándome.

Y antes de que se me olvide. Yo, como Agatha Romaniev, al fin me han creado un Facebook (ya era hora de que se me diera un poco más de crédito, ¿no creen?) así que si desean mantenerse en un contacto un poco más personal ( me parece muy impersonal) pueden agregarme con toda libertad. El Facebook lo hice con el propósito de mantenerme más en contacto con mis lectores y con los autores que admiro, además de dar noticias sobre mis proyectos e historias (que por cierto, pronto comenzaré a publicar historias originales).

facebook. com / agatha. romaniev (junten los espacios).

Muchas gracias por leer y por sus comentarios.

Me despido

Agatha Romaniev