Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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En la intimidad se permitían hacer de todo, por más peculiar o inesperado que resultara. Fue por ello que aquel fetiche también tuvo que ser complacido. Al fin y al cabo, ¿para que iban a ponerse límites si se trataba de hacer el momento inolvidable?

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Día 27

Prompt: Fetiche secreto

Género: Romance

Palabras: 957

Rating: M

Propuesta de: Almar-chan


Guantes de seda


Cuando se trataba de sexo, Hans tenía claro que valía la pena dejarse llevar por aquello que le gustaba y le causaba placer, por más extraño que pudiera parecer. Contrario a las apariencias que emanaban de su apariencia reservada y fría, Elsa nunca se había negado a acceder a sus demandas, complaciendo cada una de ellas en la intimidad. La última no había sido la excepción.

Ahora la tenía encima de él, sentada a horcajadas sobre su vientre, completamente desnuda y con los rubios y pálidos cabellos descendiendo en torno a sus hombros y a sus blancos pechos. Lo único que la cubría eran unos delicados guantes que casi le llegaban hasta los codos.

Al principio, la muchacha se había extrañado al saber sobre aquel extraño fetiche que él tenía, impresionándose y deleitándose incluso con la manera en la que el pelirrojo se estremecía cada vez que lo acariciaba con sus manos enguantadas. Aquella prenda ciertamente no se encontraba entre sus favoritas, pero ahora tenía una bonita colección de la misma junto a su ropa interior; la cual Hans se había encargado de incrementar con guantes de todo tipo. De látex, de encaje, de cuero y algodón… los que estaba usando en esos instantes eran de seda azul y tenían un bonito diseño en los bordes y sobre el dorso de la mano.

Apenas los hubo visto en una costosa boutique del centro de la ciudad, el joven había pensado que se trataría del tipo de accesorio que bien podría haber usado una reina.

Y eso era precisamente lo que Elsa representaba para él.

Despacio, los dedos envueltos en seda de la rubia se deslizaron desde sus pectorales hasta debajo de su ombligo. Ella se movió ligeramente hacia atrás para poder delinear delicadamente la línea de vello rojizo que marcaba el comienzo de su pelvis. El cobrizo se sentía a punto de explotar. Sentir su palpitante erección al lado de uno de los suaves muslos de la platinada y como sus pequeñas palmas lo recorrían, le estaban haciendo perder la cordura lentamente.

—¿Está cómodo, Alteza?—preguntó ella curvando hacia arriba una de las comisuras de sus labios y atreviéndose a molestarlo de la misma manera en que él solía hacerlo.

Cuando tenían intimidad, Elsa se permitía ser más atrevida de lo que se mostraba en público hasta llamándolo por aquel curioso sobrenombre que solo reservaba para momentos especiales.

Hans dejó escapar un gemido gutural cuando una de sus manos fue hasta sus genitales. Los movimientos de su amante eran refinados pero muy peligrosos.

Justo como ella.

—Tócame, Elsa—le exigió con un jadeo entrecortado—. Dios… tócame de una maldita vez.

Obedeciendo la orden, la aludida aferró su miembro entre sus palmas y él se sintió desfallecer al ser consciente de la seda en torno a su erección. Los dedos de su reina se movieron de manera diestra a lo largo de su longitud, arrancándole gemidos llenos de deseo y haciendo que echara su cabeza hacia atrás por el placer.

—Se ve muy tenso, Su Alteza. Quizá debería parar un momento… —dijo ella con toda intención, disminuyendo tentativamente la caricia de sus dedos.

—No te atrevas a detenerte—musitó Hans entre dientes—… no te atrevas…

La risa melodiosa y el frote de los finos dedos de la chica recuperando su velocidad anterior, aliviaron su momentánea inquietud.

Enseguida alcanzó a ver como Elsa cambiaba de posición para inclinarse sobre su masculinidad, tocando la punta con su lengua y enviando una corriente eléctrica que se movió a lo largo de su columna vertebral. Nada lo excitaba más que darse cuenta de que detrás de esa fachada inocente y virginal que tenía su novia, había una mujer sensual y apasionada que no temía hacer de todo en la cama.

La caricia húmeda de la ojiazul le incitó un cosquilleo en su virilidad, antes de que la boca femenina se apoderara por completo de ella. Los labios rojos succionaban y masajeaban a conciencia su erección, a tal grado que Hans apretó las sábanas entre sus manos y se esforzó por retardar la explosión que amenazaba con salir de sí.

Su pequeña princesa sabía muy bien lo que hacía. Le había enseñado a la perfección.

—Voy a correrme… —murmuró con la voz ahogada, a causa del temblor placentero de su cuerpo—. V-voy… a… co-rrer-er-me…

Comprendiendo lo que quería decir, Elsa se incorporó con una sonrisa maliciosa y un brillo apasionado en sus ojos celestes. No tardó en volver a su posición inicial, esta vez sentándose encima de su miembro y dejando que este volviera a introducirse en su sexo, como tantas otras veces.

Se había acostumbrado a lo delicioso que era sentirlo dentro de ella.

Ambos se menearon en sincronía, buscando acrecentar aquel contacto íntimo. El pelirrojo llevo sus manos hasta los pechos blancos y turgentes de la chica, acunando la carne suave debajo de sus dedos, apretando un pezón erguido con el pulgar…

Las embestidas del cobrizo aumentaron su ritmo, volviéndose cada vez más duras y haciendo gritar a la dueña de sus pensamientos al tiempo que se balanceaba sobre él. Hans la tomó de las caderas para sostenerla, consciente de la proximidad del clímax con cada una de sus penetraciones.

Un espasmo de satisfacción se hizo presente junto con el orgasmo.

Apenas salió de ella, Elsa se recostó encima de su pecho y Hans la rodeó fuertemente con sus brazos, disfrutando del tacto de su piel nívea y desnuda contra la suya, embriagándose con la fragancia de lilas que tan bien conocía.

Recorrió con un dedo el guante de seda que cubría uno de los brazos de la albina que reposaba sobre su abdomen, mientras ella se iba quedando dormida.

Como le gustaban esos guantes.


Nota de autor:

Acaban de leer lo que es, posiblemente, el penúltimo lemmon de esta colección y con el título más obvio del mundo. En serio no se me dan bien los títulos. D:

Digo posiblemente el penúltimo porque aun no decido si el de mañana será rating M o no. Supongo que ya lo decidiré más tarde. Curioso que me rompí la cabeza para pensar en algún fetiche que pudiera incluir en esta viñeta, sin terminar escribiendo algo depravado. xD Luego pensé en los famosos guantes, una prenda que ya sabemos que siempre ha supuesto restricciones para nuestro querido copo de nieve, así que creí que sería buena idea convertirlo en algo más sexual, para que ya no le incomodaran... y bueno, según Google eso de usar guantes en la intimidad si es un fetiche. x3 De que cosas se entera una, jejejeje.

Uy, estos picarones no paran. Y pensar que la viñeta de ayer fue tan inocente. u.u

Me gusta que para variar sea Elsa la que pueda molestar un poco al pelirrojo, ¿no piensan lo mismo? xD ¿O qué les pareció esta viñeta? Siento que es mucho más atrevida que los otros momentitos M que se han visto dentro del reto. Espero que no lo sientan exagerado ni nada. D:

F: Jejejeje, gracias copo de nieve. Sí fue muy lindo el capítulo anterior. n.n

¡Frozen Fan fuera!

PD: Ya les dejé en mi perfil el fanart que les mencionaba ayer. :P