Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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La caza de esa noche había transcurrido con éxito, pero a pesar de ello, Hans no se había imaginado lo que encontraría detrás de la temible y majestuosa figura del lobo blanco que vagaba por la Montaña del Norte.

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Día 28

Prompt: Cazador y lobezna

Género: Supernatural

Palabras: 999

Rating: M

Propuesta de: Anielha


Noche de cacería


Los gruesos pasos del cazador resonaron entre la nevisca conforme se acercaba a la cabaña. Aquel punto en la ladera de la Montaña Norte era un sitio solitario y al que no muchas personas osaban acercarse, no solo por la peligrosidad del paisaje y lo duro del clima. Sino por los aullidos que cada noche de luna llena, llegaban hasta los oídos de los habitantes del pueblo de Arendelle.

La misteriosa aparición que había comenzado desde hacía un año en aquel lugar mantenía a todos ellos en vilo. Se rumoraba que un lobo blanco como la nieve acechaba en medio del monte, a la espera de satisfacer el salvaje llamado de la sangre que lo dominaba.

Bastante tiempo había transcurrido desde que Hans Westergaard dedicara su vida a exterminar criaturas como aquella. Los años le habían dado experiencia y a esas alturas, se había acostumbrado a reconocer a los licántropos y otras criaturas oscuras que alteraban la vida de los humanos.

Por días enteros le había dado caza a la bestia fantasmal que atemorizaba a los arendelleanos. Un roce de la flecha de plata que había disparado de su ballesta había bastado para detener su huida, dejándole inconsciente sobre el suelo nevado.

Pero la luna llena se había ocultado deshaciendo la transformación.

Ver a dicha criatura en su estado animal era ya una experiencia impresionante. Se trataba de un ser majestuoso, cuyos elegantes movimientos y ojos azules resaltaban en medio del paraje desolado. No obstante, nada lo había preparado para lo que vería en aquel instante. Del lobo no quedaba ni rastro por la ausencia de la luz de luna. Sus ojos verdes se habían posado asombrados en la figura pálida y menuda de la joven recién transformada.

Sus cabellos platinados habían quedado esparcidos en torno a su espalda frágil y sus hombros. Tenía rasgos delicados y la tez tan blanquecina, que parecía de porcelana.

Era una lobezna.

Y a juzgar por su aspecto, no tendría más de veinte o veintiún años. Una persona tan joven y bella ocultando una naturaleza tan oscura…

Saliendo de su estupor, el pelirrojo se había apresurado a su lado para tomarla en brazos y envolverla debajo de la gruesa capa de piel que llevaba puesta. La ventisca había aumentado y el cuerpo de la muchacha se sentía pequeño y ligero entre sus manos.

Presurosamente, entró en el cobertizo que habitaba desde que comenzara con su solitaria cacería. Un agradable fuego crepitaba en la chimenea.

Hans recostó a la muchacha cerca de allí, procurando que recibiera tanto calor como fuera posible. La sentía demasiado fría. Busco un par de cobertores y los colocó en torno a ella, intentando ignorar sin éxito las formas desnudas de su delgada silueta.

El vientre plano, las piernas esbeltas, los pechos turgentes coronados por areolas rosadas y el delicado monte de Venus atraían poderosamente su atención. Esa jovencita debía ser la mujer más hermosa que hubiera visto nunca y le perturbaba saber que detrás de su apariencia inocente, se ocultaba una terrible maldición.

Por primera vez, tenía sentimientos contradictorios respecto a su deber y el destino de una de las criaturas a las que se dedicaba a exterminar.

La herida que yacía en uno de los costados de la loba sobresalía en contraste a lo inmaculado de su piel. Buscando distraerse de los súbitos y lascivos pensamientos que lo habían asaltado, Hans se dispuso a curarla.

No podía sino preguntarse porque no la había matado.

Recién terminaba de vendarle la lesión que le había provocado, cuando la lobezna dio muestras de volver en sí. Sus ojos verdes de inmediato alzaron la mirada para encontrarse con un par de orbes del azul más intenso que había visto jamás.

La joven lo observó conmocionada antes de adoptar una máscara de frialdad y soltar un leve gruñido, apretando los dientes al igual que lo haría si estuviera adoptando su forma animal. Su semblante se tornó amenazador. Sin dejarse intimidar, Hans dejó ver el crucifijo de plata que tenía colgado al cuello. Ella retrocedió de inmediato, aferrando uno de los cobertores que tenía encima y encogiéndose en un rincón con algo de esfuerzo, a causa de sus heridas. No dejaba de estar alerta ante sus movimientos.

Él pudo notar la frustración en su expresión al caer en la cuenta de que había sido capturada y no pudo evitar sonreír de manera torcida.

—Es mejor que no hagas esfuerzos—le dijo—. ¿Cuál es tu nombre?—preguntó sin rodeos.

La rubia lo miró fijamente antes de responder en voz baja.

—Elsa.

—Elsa—el cobrizo repitió la palabra disfrutando de como sonaba en sus labios. Era un nombre hermoso, como su dueña.

No podía dejar de observarse en esas pupilas celestes que lo tenían embrujado, a pesar de la fiereza con la que lo taladraban. Todo en esa muchacha era perfecto. Desde su manera sigilosa de moverse hasta sus labios rojos, que pedían ser probados a gritos.

Sin dubitación, Hans se acercó a ella y se inclinó hacia su rostro, presionando su boca contra los labios femeninos en un impulso y llevando una de sus manos hacia su nuca para acercarla a él. La resistencia de la loba se vio afectada por la debilidad que le había provocado la flecha y el saber que tenía su crucifijo tan cerca.

El cazador mordisqueó el labio inferior de Elsa y metió la lengua entre los dientes, acariciando el cielo de su paladar y enredándola con la suya. Un perfume a bosque y a flores silvestres llegó hasta sus fosas nasales, embriagándolo. La idea de tener a aquella criatura para si lo asaltó.

Imaginarse a la jovencita haciéndole compañía en sus noches de soledad, inexplicablemente le llenó de emoción.

Sabía que era incorrecto, pero la deseaba.

—Sabes muy bien—murmuró despegándose de sus labios y enredando sus dedos entre los mechones platinados—. Me parece que me voy a quedar contigo, Elsa—añadió mientras su mirada esmeralda adquiría un brillo codicioso.

Afuera, la tormenta arreció.


Nota de autor:

¡Este fue un prompt tan sensacional! n.n Soy fan incondicional del maravilloso fic "El cortejo del lobo", que Anielha ha escrito para el fandom. Ella fue quien me dio esta sugerencia y de inmediato supe que tenía que escribir una viñeta que fuera tan buena como su bella historia. *w*

Me sugirió dos opciones: la de seguir un poco la línea de "ECDL" y poner al pelirrojo como un licántropo que atrapa a una loba salvaje, (yo habría escrito que la quería para que fuera su pareja o algo así) o bien, un cazador que a último momento decide también dejársela para si mismo. Por eso la manera en que sucedieron las cosas en esta pequeña viñeta de hoy. :)

Al principio me sentí tentada de poner a Hans como un hombre lobo al igual que lo ha hecho ella en su fic, pero al final me atrajo más la idea del cazador, jejejeje. Sería algo diferente y también atractivo imaginar al pelirrojo yendo por allí como una especie de Van Helsing que lucha contra las criaturas de la oscuridad. :3 Aunque como ven, desde el primer instante cayó en los encantos de nuestra pequeña loba blanca, jojojo. ¿Se imaginan que habrá pasado después?

Y bueno pues no hubo lemmon exactamente. D: Pero el viernes tendrán otra dosis. *risa pervertida* (Me está afectando escribir rating M).

Entonces, ¿cuál es tu veredicto Ani? n.n

Ayyyyy, ¡ya solo 2 días y esto se acaba! T-T Siento algo de nostalgia, panquecitos.

F: Gracias por estar al pendiente de cada uno de los días de este reto. ¡A disfrutar los poquitos que nos faltan!

¡Tengan un día genial!