Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.
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En la intimidad, los papeles se invierten y los deseos se expresan de formas que frente a los demás no se atreven a mostrar. El placer da paso a juegos prohibidos en los que solo puede haber un vencedor. Él se transforma en su amo y ella se convierte en su esclava, siempre dispuesta a complacerlo y en espera de recibir su retribución.
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Día 30
Prompt: BDSM
Género: Romance
Palabras: 998
Rating: M
Propuesta de: Aurora Auror
Ser sumisa
Elsa tiró una vez más de las cuerdas que la mantenían sujeta a la cabecera de la cama, comprobando de nuevo lo tensas que estaban. Extrañamente disfrutaba de la situación, a pesar del ligero sentimiento de frustración que le ocasionaba sentirse tan indefensa. Pero eso, sabía bien, era parte del juego.
Un gemido escapó de sus labios al sentir la suave caricia de su acompañante en torno a su muslo. Se arqueó sin poder contenerse, cuando los dedos masculinos se demoraron en un punto cercano a su femineidad.
Aun con la venda que le cubría los ojos, podía ver a la perfección en su mente la sonrisa engreída que debía lucir Hans en aquel momento.
—¿Cómoda, Su Majestad?—preguntó con sarcasmo y ella tenso sus labios en una línea fina.
Fuera de la alcoba, estaba acostumbrada a tener el mando y enfrentar al mundo con un semblante de frialdad que no daba lugar a discusiones. Pero ahí, en la intimidad, su papel se reducía al de una esclava cuyo deber era complacer los deseos de su amo.
Sin quererlo, volvió a estremecerse cuando él rozó su vientre plano y se inclinó sobre ella, para tomar uno de sus pechos entre sus dedos cálidos. El pulgar acarició suavemente el pezón y no pudo contener otro suspiro de placer. La estaba torturando de manera lenta y muy peligrosa.
A continuación sintió la lengua del pelirrojo reemplazando sus yemas y recorriendo la superficie de la areola, provocándole un estremecimiento.
Gimió incontrolablemente cuando la caricia húmeda aumentó y el pecho restante fue masajeado sutilmente por la otra mano masculina. Sus brazos volvieron a tensarse en contra de sus ataduras.
El joven volvió a subir para hablarle al oído con malicia.
—No te estás comportando, Elsa—musitó, acariciándole el lóbulo con su aliento cálido—. Voy a tener que castigarte.
Sabía bien a lo que se refería. Claramente la estaba provocando al observar que, incontrolablemente, se debatía en medio de sus ligaduras ante las reacciones que le inducía con toda intención.
Hans llevó una de sus manos hacia la zona más sensible de su anatomía, deleitándose con la expresión que adquirían los delicados rasgos de la joven por sus acciones.
Bastaba con verla, tan expuesta como estaba a sus querencias, para calentarle la sangre.
Sin prisa, introdujo un dedo en su interior haciendo que volviera a gimotear, tocando el punto exacto que debía manipular para lograr que su cuerpo se curvara y que su piel se erizara. Un segundo dedo se le unió al anterior, aumentando la cadencia del masaje.
Elsa no podía pensar, ni hablar. Solo dejarse llevar ante las sensaciones que experimentaba. De nuevo tiró de las cuerdas, hartándose al tener consciencia de otro dedo acariciando su clítoris y sin poder hacer nada al respecto. Quería tocar a su amante, sentirlo dentro de ella de una vez por todas.
—Termina de una vez—consiguió decir débilmente a la vez que se humedecía.
—¿Qué has dicho?—preguntó él alzando su mano libre para tomarla por la barbilla.
Al instante, ella reparó en que había cometido un pequeño error.
—Por favor—se obligó a decir a sí misma, suspirando.
—¿Por favor, qué?—oprimió con más fuerza ese punto entre sus muslos, ganándose otro gemido al tiempo que deslizaba su lengua sobre una de las blancas mejillas de la muchacha.
—Por favor—repitió la rubia en murmullo—. Amo—agregó con algo de reticencia.
Todavía le costaba pronunciar esa palabra, por mucho que le gustara que jugara con ella.
—La sumisa no le dice al amo lo que debe hacer—la voz de Hans era autoritaria, así como el agarre firme que mantenía en torno a su mandíbula.
Bufó, formando un puchero con sus labios, resignada.
Posesivamente, él la beso mordiendo su labio y recorriendo con la lengua el cielo de su boca y entrelazándola con la suya. Los alientos de ambos se mezclaban, en una batalla por hacerse con la dominación de aquel contacto. A Hans le encantaba que aun en su papel de esclava, no se diera del todo por vencida. Pero en esa partida solo podía haber un ganador. Con esto en mente, acrecentó la velocidad de sus caricias dentro de aquella parte secreta de su cuerpo.
Finalmente, Elsa se sintió explotar ante el movimiento de sus dedos. Su alarido se dejó escuchar por la habitación entera, con gozo.
El cobrizo apartó la mano del interior de su pelvis para llevarla hasta sus labios, retirando todo resto de humedad con su boca. Sus ojos esmeraldas se oscurecieron aún más al observar a su objeto de deseo, con la respiración entrecortada y los pómulos encendidos, en una posición que le resultaba de lo más tentadora.
Torturar de aquella manera a su rebelde copo de nieve hacía que perdiera la noción del tiempo. Su virilidad había despertado con todos y cada uno de sus restrictivos movimientos, y los sonidos satisfactorios que brotaban de su garganta. Había decidido que era suficiente de preámbulos.
Lentamente la penetró, arrancándole un suave alarido. Las paredes de su intimidad se cerraron en torno a su miembro, transmitiéndole una descarga de electricidad que lo recorrió de pies a cabeza. Sin demora, movió sus caderas incitándola a hacer lo mismo, en aras de compensarla por el pequeño sufrimiento con el que la había castigado antes de poseerla por completo.
La embistió una y otra vez, provocando que Elsa le abrazara las caderas con sus largas piernas, curvándose y frotando su intimidad con la suya, queriendo incrementar la cercanía. Sus jadeos entrecortados resonaban contra las paredes de la habitación.
Miró una vez el cuerpo níveo debajo de sí, reluciente y cubierto por una fina capa de sudor. Observó el vientre plano, los pechos firmes y coronados por aureolas rosadas, los labios húmedos y palpitantes en torno a su virilidad. La expresión de placer en los rasgos femeninos al alcanzar el orgasmo.
Le encantaba tener el control. Le encantaba hacerla temblar como nadie más lo hacía y saberla solamente suya.
Nota de autor:
Último lemmon de esta pequeña colección. Lo escribí hace un par de semanas, así que tal vez no quedó tan atrevido como el anterior ¿o ustedes que piensan?
Esa Aurora Auror es una loquilla, creo que este prompt fue el que más me metió en problemas. xD Una cosa es escribir rating M y otra hacerlo ya de plano con BDSM. Les confieso que otra vez tuve que consultar a Don Google para ver como podía abordar el tema, porque tenía la noción de lo que era pero ya saben, una debe investigar a profundidad para hacer una buena escena subida de tono y tenía miedo de que quedara ofensiva. D:
F: Gracias chiquilla, insisto en que la viñeta anterior fue extraña. xD Pero es genial que la disfrutaran.
Helsa fan: Uy pero que confesiones picarona, jajaja. ¿Cómo que soñabas con el chico que te gusta y ahora lo detestas? Eso parece Helsa pero al revés, tú me entiendes. xD
It's friday time!
PD: ¿Creen que ya se haya terminado este reto?
