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Una serie de puntos para unir
Capítulo 2 – Harry: Mi nueva vida
He estado pensando tanto en mi vida en las últimas horas, como nunca antes. Siempre me resultó difícil pensar sobre mi vida, es mucho más fácil limitarse a vivirla sin pensar demasiado. Hermione diría, y yo probablemente me mostraría de acuerdo, que si uno piensa demasiado en las cosas, en los por qué y en los y qué si, termina por volverse loco. Por supuesto, no creo que ahora me haría un comentario como ése, sospecho que a partir de ahora ya no me hará comentarios de ningún tipo. Verán, sucede que ayer me cagué la vida muy seriamente.
Relacionado con eso, pero en rubro aparte, está también la cuestión de que los que solían llamarse mis amigos me han abandonado por completo. Es cierto, cometí un error, pero ¿quién no mete la pata de vez en cuando? Pero siendo personas —estoy pensando en dos en particular— que han arriesgado la vida conmigo y por mí, uno esperaría que se mostraran más comprensivos y que brindaran más apoyo aunque hubiera cosas que no llegaran a entender o cosas que desaprobaran. Por lo visto no ha sido así.
Y heme aquí ahora transitando el largo trecho hasta la clase de Adivinación caminando a unos pocos pasos detrás de la persona que odié siempre y que creía que odiaría siempre, y heme aquí decía, considerando las posibilidades que la susodicha persona parece estar abriéndome. Creo que él es la clave de mi nueva vida, de mi nuevo futuro. Pero me parece que me estoy adelantando demasiado. Volvamos al momento que me cambió la vida por completo. Anoche.
Había quedado con mi novio, Michael Corner de encontrarnos detrás del invernadero 3, nuestro lugar habitual. Recuerdo las oleadas de calores que me venían mientras me desplazaba por los corredores del castillo oculto bajo mi manto de invisibilidad. Ya la tenía parada en anticipación de este particular encuentro con Mike, habíamos convenido que progresaríamos "al siguiente nivel". La primera vez que íbamos a tener sexo con todas las letras. Mike y yo hemos estado juntos desde la mitad del período pasado, lo conocí más de cerca cuando empezó a salir con Ginny, empezamos jugando un poco con besos y caricias de cuando en cuando —experimentando como quien dice— nada significativo y no muy seguido, cada dos o tres semanas. Y no fue sino hasta varios meses después que por primera vez alcanzamos el orgasmo explorándonos uno al otro. Recuerdo la vez, al final del período pasado, que Ginny le contó llorando a Hermione que iba a romper con Mike porque siempre estaba distraído y no parecía mostrar interés en ella, ni física ni sexualmente. Me dio mucha vergüenza y me sentí muy culpable porque era consciente de que su relación se había arruinado por mi culpa.
Después de eso, —ahora que lo pienso— creo que subconscientemente busqué repararle de alguna forma el daño que le había hecho y empecé a pasar mucho tiempo con ella, a brindarle mucha atención; y cuando quise acordar estábamos en una relación que me obligaba doblemente, por ella y por los lazos que me unen a Ron y su familia. Fue también a final del período pasado que Mike se me acercó un día y me declaró —en términos que no dejaban resquicio de duda— lo mucho que me deseaba, lo dijo de una forma que me produjo estremecimientos de placer. Era demasiado tentador para negarme, mi cuerpo lo deseaba con un ansia extrema, arrolladora, colosal, que no tenía ni punto de comparación con el deseo más bien moderado que me inspiraba Ginny. Mi deseo ardiente clamaba satisfacción y sabía que sólo la alcanzaría con él, fue así que empecé a hacer algo de lo que nunca me hubiese creído capaz, empecé a engañarla… varias veces, muchas veces… tantas que terminó por transformarse en algo "normal" … retorcida, pervertida normalidad cabría considerarla.
Anoche me descubrió con él. Por suerte para mí nos descubrió al principio, no habíamos empezado a sacarnos la ropa… nos vio besándonos. No sé si significó mucha diferencia, eso sólo bastó, sus hermanos tienen mucha influencia y han puesto a toda la Casa de Gryffindor en mi contra, todos me rechazan o me ignoran. Pensé, en un primer momento, que podría tratarse de algo pasajero, que una vez superado el shock inicial las cosas volverían a ser como antes. Pero ya no creo que vaya a ser así, lo que pasó con Fred y George durante el desayuno… Los mellizos siempre me han resultado agradables, su natural jovial y divertido le levantan el ánimo a cualquiera incluso en los momentos más difíciles… ni siquiera los Slytherin pueden resistirse del todo al encanto de esos dos. Por eso cuando Fred me empezó a acariciar la pierna no pude evitar una reacción positiva y luego se sumaron las manos de George y el estímulo táctil combinado me hizo estremecer. Duró apenas un momento, hasta que Fred se inclinó aproximándose y me susurró que yo era un "mariconcito divino", que se sentía tentado de darme la oportunidad de demostrarles cuán bueno era mamando vergas y que era una verdadera lástima que fuese además un "puto reventado", con toda seguridad plagado y portador de indecibles enfermedades.
No me quedé para escuchar qué más me iban a decir. Al menos ahora ya sé lo que puedo esperar de ellos.
Igual seguía teniendo esperanzas de que mi relación con Ron y Hermione podía salvarse a pesar de que me habían ignorado olímpicamente durante el desayuno. Mi amistad con Ron ha sido algo inestable, con altibajos, sabía que iba a pasar bastante tiempo antes de que pudiéramos recomponer vínculos. Me imaginaba que Hermione me expresaría claramente su decepción y desaprobación, pero nunca se me hubiera pasado por la cabeza que me abandonaría.
Mucho me equivocaba.
Logré alcanzarla durante un breve momento antes de la clase de Pociones, fue un intercambio de palabras muy breve pero contundente. Me dejó en claro que ya no somos más amigos.
—Esta vez fuiste demasiado lejos, Harry. Otras veces que te enemistaste con Ron me puse de tu lado, pero no esta vez. Tendrías que haberlo pensado antes, tendrías que haber anticipado que te iba a costar muy caro. —fue lo que me dijo y se marchó sin más.
Su tono no había sido ni frío ni enojado, me lo dijo con tristeza. Su relación romántica con Ron empezó a florecer hace poco y naturalmente no quiere ponerla en peligro, ni siquiera por uno de sus mejores amigos.
Me pregunté si alguna vez querría volver a ser mi amiga otra vez. Me pregunté también si yo querría volver a ser amigo de ella.
Mi situación de soledad se me hizo muy patente cuando Snape nos dijo que nos dividiéramos en grupos de dos para la poción que debíamos preparar. Me dejaron desamparado y obligado a hacer pareja con un Slytherin, algo que nunca antes había ocurrido.
Miré alrededor y finalmente mis ojos se cruzaron con los de Draco Malfoy, mi Némesis en la escuela, era el único que no tenía compañero.
Mierda.
Hubiera preferido que me fulminara un rayo antes de tener que formar pareja con Malfoy. Por un momento pensé que ése era el peor día de mi vida, pero me di cuenta enseguida de que estaba equivocado. En mi vida he tenido muchos días muchísimo peores.
Mi vida da asco.
Me hizo una seña para que me le acercara y dado que no me quedaba alternativa tuve que avenirme. Junté mis cosas y crucé el aula arrastrando los pies mostrando mi renuencia. Evité deliberadamente mirar a nadie incluso cuando todos se dieron vuelta para mirarme tras el chirrido horrible que hizo la silla cuando la corrí para sentarme.
Con el rabillo del ojo pude ver que Malfoy estaba mirando a Snape, quien tenía una mueca de suficiencia en los labios, seguramente estaba disfrutando perversamente que hubiera caído en desgracia frente a los míos y que me viera compelido a formar un grupo con Malfoy. Yo mismo tuve que reconocer lo bajo que había caído. Aunque no por mi gusto, la Casa de Gryffindor había hecho de mí su "Niño Dorado" —algo que Malfoy y otros Slytherins se encargaban asiduamente de recordarme— y ahora había pasado a ser nadie para ellos. Snape debía de estar regocijándose y disfrutando cada segundo, el muy hijo de puta, lo fusilé con una mirada de furia que no le arrancó ni una mueca.
Era muy consciente de la presencia de Malfoy; esperaba que me descerrajara una descarga de batería de comentarios "gay", sabía que estaba enterado de lo que había pasado, al igual que toda la escuela. Ginny se había encargado de que así fuera. Todo el día había oído muchos "puto" velados por supuestas toses mientras caminaba por los pasillos.
Me pregunté como estaría llevándola Mike. ¿Igual que yo? ¿Burlas y ridículo? Me pregunté si me daría apoyo o si decidiría darme vuelta la cara como todos los demás. Por el momento no lo sabía.
Me senté a la mayor distancia posible de Malfoy. Estaba tenso por el estrés que me provocaba la incertidumbre sobre mi futuro. Bueno, incierto parcialmente. Con amigos o sin ellos todavía estaba destinado a enfrentarme con el psicópata de Voldemort. Amigos o no amigos se seguía esperando de mí que luchara por su libertad, y posiblemente que muriera por su libertad. Imbéciles ingratos. Por mucho que me hubiese gustado mandarlos a todos al carajo y ver cómo se las arreglaban para enfrentar a Voldemort sin mí, sabía que nunca haría una cosa así. Y todavía quiero vengarme por la muerte de mis padres. Mi propósito sigue siendo enfrentarlo, pelear contra él, matarlo… sólo que ahora me va a tocar hacerlo solo.
Dejé caer los hombros, ¿acaso me sería posible enfrentar a Voldemort solo y salir victorioso? ¿Acaso no era eso mi mayor ventaja sobre él? ¿Mis amigos, mi familia, mi capacidad de amar y de ser amado? ¿Y ahora cómo había quedado? Privado de amor y solo… quedaba igualado a Voldemort… ¡estaba condenado a fracasar!
—Tratemos de no demorar, quiero terminar lo más pronto posible. —mascullé para que nos pusiéramos a trabajar cuanto antes en la poción… el Filtro de los Muertos Vivientes. Se me cruzó por la cabeza en ese momento si ésa sería la misma poción que había tomado Julieta para fingir su propia muerte… lástima que terminara saliéndole tan mal.
—¿Cómo es que el orgullo máximo de Gryffindor vino a terminar de compañero mío? —preguntó Malfoy, no logró disimular del todo el tono divertido, él sabía muy bien la respuesta, toda la puta escuela la sabía.
La pregunta me hizo revivir todo una vez más y me invadió otra oleada de tristeza. Seguía queriendo a mis amigos. Los iba a extrañar terriblemente. Una parte de mí sabía que me lo tenía merecido, otra parte seguía convencida de que los amigos deben seguir siendo amigos sin importar lo que pase.
—¡Andá a cagar, Malfoy! —repliqué.
¡Cómo si fuera asunto suyo! Me jugaba a que quería todos los detalles para después retransmitirles dramáticamente todo a sus compañeros en la sala común de Slytherin, para hacerlos reír a costa mía.
Alzó las manos en gesto de capitulación. —Me lastiman tus palabras, Potter, yo sólo trataba de ser amistoso. —respondió.
Si claro; si hasta te voy a creer y todo.
Me volví a mirarlo para replicarle, lo que visto en perspectiva ahora quizá fue mi primer error. Con la experiencia he llegado a convencerme de que Malfoy es un idiota. Puede burlarse y abusarse de uno con una destreza que nunca he visto antes en nadie, ni siquiera en Dudley, pero es además y fundamentalmente un mocoso quejoso y caprichoso que no dice más que mentiras. No obstante su lenguaje corporal lo delata, como si encendiera un gran cartel centellante de luces de neón con la frase: "¿No ves que estoy mintiendo? ¿O acaso no te das cuenta?"
Pero en ese momento no me pareció que estuviera mintiendo, creí ver en él sincera comprensión, no lástima o algo así, parecía que entendía lo miserable y terriblemente mal que me sentía. Parecía un absurdo, un total despropósito… ¡Malfoy mostrando empatía!
La revelación me había tomado desprevenido pero lo disimulé bien. Revoleé los ojos. Malfoy no estaba señalándome con el dedo riéndose, ni me estaba pateando al verme caído, pero igual no iba a cometer la estupidez de abrirle mi corazón por la simple razón de que no tenía a nadie más con quien desahogarme. Ni siquiera él esperaría que actuara así. —En realidad no es asunto tuyo, —repliqué— pero estoy más que seguro de que sabés muy bien lo que está pasando conmigo. No te hagas el que no sabés, Malfoy, no te sale bien.
—No es que me haga el que no sé, Potter. —dijo— ¿O acaso creés que no tengo nada mejor que hacer que estar pendiente en todo momento de las interacciones sociales del gran Harry Potter?
Y con eso había dejado en claro lo que pensaba de mí. Me hubiera echado a reír de no haberme sentido tan fastidiado. Me hubiera reído de que Malfoy, de quien hubiera esperado más, encajara perfectamente en el grupo de idiotas que leían mi historia, veían mis fotos y concluían con eso que me conocían. Todos estaban convencidos de que me regodeaba en la fama que ellos mismos me atribuían y en la atención que ponían en mí. Creían que me empapaba y me bañaba en eso, que estaba obsesionado conmigo mismo así como ellos estaban obsesionados conmigo. Idiotas, todos ellos. Los únicos que realmente me conocían me habían arrojado a un lado como a un diario de la semana anterior. Me hacían sentir que no valía nada.
—Si esas cosas no te importan y no vivís pendiente de ellas, ¿por qué preguntás?
Boludo, pensé con desdén. Casi sonrió. Casi dejó traslucir lo impresionado que lo había dejado mi réplica.
—Fue mera observación lo que suscitó la pregunta, los Gryffindors te dieron vuelta la cara y se desentendieron dejándote a merced de los lobos, por ponerlo de alguna manera. —declaró con una expresión que le confería en cierta forma aspecto de lobo.
Debía de estar equivocado con seguridad, pero por un momento tuve la impresión de que estaba flirteando conmigo. Sentí como burbujas en el estómago porque me di cuenta en ese instante que estaba realmente disfrutando de esa conversación con Malfoy. ¿Me gustaba que flirteara conmigo? Claro que no. Pero decidí seguirle el juego.
—Y puesto de esa manera, ¿debería presumir que vos sos el lobo?
—Naturalmente. —dijo e hizo una especie de reverencia como si formalmente se estuviera presentando en ese instante. Si bien nos conocíamos desde hacía años creo que ésa era la primera conversación "normal" que manteníamos. —¿O acaso no es así como vos me ves? —agregó con petulancia.
Humm… ¿Era así? Quizá no. Lo seguro era que me divertía la conversación. La estaba pasando bien con Malfoy. Había sido un día de mierda, para que negarlo, y era Draco Malfoy, nada menos, el que estaba allí conmigo levantándome el ánimo. Me dije que de ahí en más cualquier cosa era posible y dejé la cautela de lado. —Quizá podría llegar a verte de otro modo. —contesté y aparté la mirada. No quise ver su reacción a mis palabras. Estaba seguro de que él sabía que yo era gay y que sabía además que estaba flirteando con él. Aunque ni yo mismo sabía por qué lo estaba haciendo.
Creo que debo de haberlo dejado anonadado con mis palabras porque no respondió de inmediato. Me dio tiempo para pensar sobre él y en por qué estaba yo haciendo lo que estaba haciendo. Yo todavía seguía con Mike. Y no estaba seguro de que pudiera llegar a tolerar una relación con Malfoy. Quiero decir… Malfoy es atractivo —bueno, está bien… muy atractivo… una apostura celestial para ser sincero… es divino— pero si bien para mí la apariencia es importante, también busco personalidad en la persona que quiero a mi lado, necesito conocerla y me tiene que gustar su modo de ser. A ver… yo podría hacerme la paja mirando fotos de Malfoy, podría incluso llegar a arreglarme con él con el sólo propósito de fastidiar a Ron… y si bien esa prospectiva me resultaría por demás de atrayente… era cierto también que me acarrearía un montón de problemas.
Ya con más cinismo, empecé a considerar otra faceta positiva de Malfoy, su proximidad a Voldemort. Era evidente que iba a necesitar un nuevo plan para vencerlo. Me había quedado solo, sin amigos que me apoyaran, necesitaba un plan distinto. Quizá Malfoy mismo no estaba todavía inserto en el círculo de Voldemort, pero su padre sí que lo estaba. Visto desde esa perspectiva Draco Malfoy empezaba a brillar resplandeciente con un nuevo gran valor, podía utilizarlo para llegar a Voldemort. Todavía no sabía cómo iba a hacer para sacarle provecho a eso pero me abría alternativas muy interesantes.
—Pero yo soy el lobo, Potter. No te olvides. —me recordó.
Sí, es cierto. Es el lobo y me conviene no olvidarme. Es preciso que me maneje con mucha prudencia.
Ya había decidido a esa altura que iba a entablar una relación con Malfoy, cualesquiera pudieran llegar a ser las consecuencias e iba a observar atentamente cómo se irían desarrollando los eventos. Se podría decir que estaba decidido a establecer vínculos con él.
Todo indicaba que se abría un nuevo capítulo sobremanera interesante en las crónicas de Harry Potter.
Malfoy había ido al depósito del fondo a buscar los ingredientes y Snape lo había seguido y había cerrado la puerta tras de sí. Me pregunté de qué estarían hablando.
—¿Qué quería? —le pregunté cuando volvió, me sorprendió un poco lo natural que me había salido la pregunta, había sido como si le hubiera preguntado algo a Ron, como si Malfoy fuera un amigo que no tuviera razón para ocultarme nada.
—Sólo quería asegurarse de que te martirizara lo suficiente para hacerte sentir miserable todo el día. —me contestó medio en broma. Pero sonaba como algo que Snape bien podría haber dicho.
—¿Ése es tu plan? —pregunté como al pasar.
Se encogió de hombros sin comprometerse.
—Porque si ése es tu plan la verdad es que no estás haciendo muy buen trabajo. —agregué alzando una comisura intencionada.
Me miró sorprendido, ni yo mismo sabía qué estaba tratando de hacer. Al parecer mi idea original de "establecer una relación con Malfoy" de la naturaleza que fuera, estaba transformándose por su cuenta y sin mi consentimiento en "seducir a Malfoy". Me di cuenta de que no saber bien lo que estaba haciendo podría resultar muy peligroso, iba a tener que manejarme con más prudencia.
—Algo que me dijo me resultó bastante raro. —dijo con cautela como si quisiera que yo le confirmara algo, era sorprendente que fuera a confiarme siquiera parte del diálogo con el profesor— Me dijo que vos no eras completamente Gryffindor… ¿qué me habrá querido decir?
No pude evitar la risa. Me reí por Snape que sabía que hubiese podido estar en su Casa pero también por Malfoy y su primer atisbo sobre lo compleja que es mi vida. Me pregunté si llegaría a darse cuenta de la importancia de ese instante, estaba a punto de enterarse de algo que se contradecía con la imagen que tenía de mí: el famoso Niño Dorado, superficial y ávido de atención.
—Si hay alguien que puede saberlo… es él. —comenté misteriosamente.
—¿Saber qué?
¡Oh, sí! Malfoy me iba siguiendo como un cachorrito ansioso de información. Sentía curiosidad sobre mí y sobre esa extraña interacción que se estaba estableciendo entre los dos.
No sé mucho sobre flirteos o tácticas románticas. Pero una vez había oído a Parvati aconsejándole a Hermione que se hiciera la difícil para atraer a Ron. En ese momento me reí para mis adentros, Ron es de los que no se enteran de nada, ese tipo de tácticas no funcionan con él. Pero con Malfoy… hacerse el difícil podía resultar. Quería que tuviera que cazarme. Era preciso que pensara que cualquier amistad que surgiera entre nosotros había sido idea suya, que él había sido el artífice y que yo no ocultaba ningún solapado propósito ulterior. Yo no soy bueno para mentir, por fortuna para mí, Malfoy tampoco. Pero así y todo tenía que manejarme con mucho cuidado.
Bajé los ojos fingiendo estar nervioso, como si se tratara de una información demasiado jugosa que me mostraba reticente a darle a conocer. Por desgracia Malfoy me dio vuelta el tablero, no me lo esperaba.
—Oh, está bien, Potter. No es necesario que me cuentes nada, seguramente se trata de algo muy personal.
Mierda. Eso no era lo que yo quería. Quería que me rogara que le contara. Quería que él supiera que habíamos estado cerca de ser compañeros de dormitorio. Sabía que quedaría impresionado al saber de mis cualidades de Slytherin. Desdibujaría el estereotipo de Gryffindor en el que me tenía encasillado. Equilibraría el campo de juego.
—En cierta forma es algo personal, —dije simulando renuencia, aunque sabía que de poco serviría, iba a sentirse muy satisfecho pensando que había ganado ese round. Y en cierto modo creo que lo había ganado, sólo que no en la forma que el creía— pero no creo que tenga nada de malo que vos lo sepas, supongo. ¿Te acordás del día de la distribución en Casas?
Apenas pronuncié la pregunta me di cuenta de lo estúpida que sonaba, me sonrojé avergonzado. ¡Si serás boludo, Harry! Por supuesto que se acordaría del primer día.
Extrañamente él se limitó a asentir sin hacer ningún comentario socarrón.
—Perdón, obviamente te acordarás del primer día. Fue una pregunta estúpida… —admití—Bueno, yo casi fui asignado en Slytherin.
Pareció muy asombrado, la reacción que yo esperaba. —¿Casi? ¿Cómo es eso de que casi fuiste asignado en otra Casa? El sombrero sabe siempre y exactamente dónde tiene que ponerte. —aseveró con determinación como si no pudiera haber otra manera posible puesto que así era como él lo había experimentado.
Encogí apenas los hombros. —Yo sólo te cuento lo que me pasó a mí. El sombrero me dijo que yo podía llegar a ser un gran mago y que Slytherin podía ayudarme a hacer realidad esa grandeza. Le dije que no, que prefería estar en otra Casa, primero trató de convencerme para que cambiara de opinión, finalmente me puso en Gryffindor.
Pareció escandalizarse. —Pero es ridículo, Potter. ¿Por qué no le hiciste caso a lo que te decía el sombrero? Podrías haber arruinado tu vida entera.
¡Oh, Malfoy! Siempre tan tremendista, deberías pulir esa faceta tuya porque es signo de inmadurez.
—No creo que haya arruinado mi vida. —dije, si bien en ese momento me hubiera gustado estar en Slytherin, los Gryffindors son demasiados celosos en cuestiones de lealtad; si hubiese estado en Slytherin lo que había hecho me habría ganado el desprecio de algunos, pero no de todos— Al menos no hasta ayer. —agregué con una mueca dirigiendo la mirada a mis "amigos" Gryffindors.
—¿Qué fue lo que hiciste? —me preguntó.
Reaccioné por instinto y con brusquedad. —¿Vos pensás que se trata de algo que yo hice? —me arrepentí de inmediato, no quería que volviéramos a la agresividad tradicional entre nosotros, quería congraciarme con él.
—Se me ocurre lo más plausible, viendo que todos están enojados con vos y que vos parecés sentirte culpable. —respondió con naturalidad y una sonrisa genuina.
Me sorprendía una vez más y no alcancé a disimularlo, las siguientes palabras me salieron balbuceadas. —Bueno, esta vez sí fui yo, generalmente no es así.
Se rió apenas. —¿Voy a verme obligado a preguntártelo de nuevo? ¿Tendré finalmente que recurrir a alguna de las chismosas de Slytherin para enterarme de lo reprobable de tu mal comportamiento?
Realmente me desconcertaba. ¿Cómo hacer para procesar a este Malfoy totalmente distinto, encantador, que tenía frente a mí? ¿Cómo podía ser dos personas tan distintas? Sonaron campanas de alarma en mi cabeza, quizá era mejor para el engaño de lo que yo creía.
¿Debía decírselo? ¿Y por qué no? Ya lo sabía la escuela entera.
Suspiré. —Engañé a Ginny.
—¿Y eso es todo? —dijo como si no tuviera tanta importancia. Confirmó mis presunciones de que si hubiese estado en Slytherin no estaría en la pésima situación que me encontraba. Por otro lado era preocupante que se mostrara tan indiferente ante la infidelidad, otra razón para andarme con mucho cuidado con él, podría romperme el corazón.
—¿Y te parece poco? —dije sin disimular mi perplejidad ante su actitud despreocupada en relación al engaño.
—¿Que justifique que todos los de tu Casa se te pongan en contra? Hasta los Slytherin somos más leales que eso. ¿Acaso vos no sos el ícono de los Gryffindors?
¿Leales? Ellos son leales. Pero no conmigo. Respiré hondo buscando una forma de poder explicárselo. Él en realidad no entendía, ni a mí ni a mi vida. —Soy su héroe cuando les conviene, la mayor parte del tiempo no soy más que un fenómeno anormal que comparte la sala común.
—¿Te parece que serviría de algo que yo hablara con ellos? —ofreció.
Sabía que nunca lo haría, decidí ponerlo en evidencia.
—¿Lo harías? ¡Sí, dale! —dije con la más inocente de mis sonrisas; hizo una mueca, no se esperaba que le aceptara la oferta, me eche a reír —Era una broma. Serviría de poco, tanto como si los dejara que me cogieran entre todos.
Era consciente de lo crudo del comentario pero quería presionarlo para que empezara a contemplarme bajo una luz totalmente distinta. Dio resultado, se le cayó el cuchillo que sostenía en la mano, perfecto, la expresión de su rostro era exactamente la que yo quería ver.
—Perdón, no te había contado la otra parte. Están también enojados así porque engañé a Ginny con un chico. —lo dije con tono distraído dando a entender que no era algo a lo que le diera importancia y que esperaba que tampoco la tuviera para él.
—No tenía la menor idea. —dijo, sonó sincero.
—Nadie sabía, excepto Mike. —admití.
Mike. Maldición. Había pensado muy poco en él durante el día. Me pregunté otra vez cómo la iría llevando, si se habría encontrado con el mismo rechazo que me había tocado a mí. Pero no eran iguales las circunstancias. Mike tiene una familia; que se preocuparían mucho si se enteraban, sobre todo su padre. Mike había sido inflexible respecto de que debíamos mantener nuestra relación secreta.
—¿Mike?
—Michael Corner, mi novio. —dije con tono despreocupado, como forma de instarlo a la aceptación— O al menos lo era hasta que se destapó todo. Ahora ya no estoy seguro.
Era cierto, por lo que sabía hasta el momento. Era posible que Mike negara todo y mantuviera un perfil bajo hasta que pasara el temblor. No podía imaginármelo a mi lado declarando conmigo públicamente el amor que nos profesábamos. No era el tipo de persona que haría algo así.
—No sé qué decir, Potter. Yo creía que conocía a todos los chicos gay de Hogwarts. Pero lo cierto es nunca había sospechado de Corner ni de vos. —lo dijo como sugiriendo que conocía íntimamente a todos los chicos gay de la escuela.
—¿Me… me estás diciendo que vos sos gay? —pregunté balbuceando, me había dejado perplejo una vez más.
Sonrió como confirmando mis palabras. ¿Malfoy era gay! Y no sólo gay sino que además parecía hacer honor a la fama de libertino que tenía. Y de repente noté la forma en que me miraba… arrogante y… predatoria; y de pronto todo parecía encajar, "el famoso Harry Potter", ¿qué mejor trofeo para agregar a su colección?, para alardear después delante de todos. ¡Que el Cielo me asista si se llega enterar de que todavía soy virgen!
Iba a tener que hacer la siguiente movida con extremo cuidado.
Sonreí ampliamente. —Bueno, veo que tenemos en común más de lo que yo había pensado. —musité.
—Es posible. —dijo sonriéndome como si ya me tuviera desnudo en su cama.
No todavía, Malfoy. No todavía.
Hacia el final de la clase ya era evidente que quería agregarme a su probablemente larga lista de conquistas. Se hacía el distraído tocando mi mano mientras revolvíamos juntos. Y llegó a susurrarme muy bajito: —¿Vos confiás en mí? —cuando me llevó la mano para cambiar el sentido del giro. Completamos esa etapa de preparación de manera excepcional, gracias a él por supuesto y él lo sabía, alardeó ante todos y ante mí mostrando su orgullo sin reparos.
Y heme aquí ahora, siguiendo a Malfoy a la clase de Adivinación. Aturdido por todo lo ocurrido en las últimas horas, las decisiones muy significativas que he tomado, sin saber muy bien qué es lo que estoy haciendo y adónde pueden terminar llevándome. Tengo mucho en qué pensar pero no demasiado tiempo.
Sigo a Malfoy hasta la torre, formamos un grupo de dos para hacer una lectura básica de las hojas de té. Trelawney alega que se trata de algo más complejo que lo que vimos en tercer año, puras excusas, no hay mayor diferencia, lo cierto es que se le agotaron los temas nuevos.
Malfoy y yo bebemos el té e intercambiamos las tazas para intentar una lectura. Siento como una daga invisible que me traspasa el corazón, si lo de anoche no hubiese pasado estaría haciendo esto mismo con Ron, estaríamos bromeando todo el tiempo pronosticándonos mutuamente la muerte de decenas de formas distintas, una más truculenta que la otra.
Observo el poso de la taza de Malfoy tratando de discernir los extraños significados de las formas borrosas. De repente, Trelawney se nos aproxima y le quita a Malfoy mi taza de las manos. Me mira con esa expresión triste que parece estarme diciendo siempre "vas a morir pronto" y luego baja la vista a la taza. Me preparo para oírle decir lo habitual: el grim. Ella siempre ve al perro demoníaco.
—Interesante… —dice, lo cual es una novedad— Esto semeja el lazo del ahorcado pendiendo de un árbol, es el símbolo de Judas y de la traición… pero hay también una paloma en vuelo, imagen del amor… y un anillo que se asocia a la longevidad o a la eternidad. Todo indica que lo aguarda un futuro muy turbulento, señor Potter.
Me quedo boquiabierto, es claro que éste es un día de sorpresas. Incluso el rostro de Malfoy adquiere una expresión de desconcierto.
—Lea la mía. —le pide Malfoy, está pensando lo mismo que yo, que las predicciones que me ha hecho no han sonado ridículas como es lo habitual en ella.
Ella toma la taza de mis manos y la alza. —Bien, señor Malfoy, tiene Ud. aquí un fénix, que por lo general simboliza una nueva vida… a veces puede indicar un nuevo amor, a veces un bebé… con menos frecuencia puede indicar un cambio muy significativo en la vida presente, si uno crea un cambio muy profundo en la vida es como si adquiriera una nueva. Menciono esto último porque también hay una libélula símbolo de cambio y de madurez. Todo indica que va a madurar mucho en los próximos meses, señor Malfoy.
Levanto las cejas con incredulidad. ¿Malfoy madurando? Sí, claro. Me gustaría verlo.
¿Pero acaso no he descubierto hoy mismo en él signos de que está madurando?
No sé bien lo que está pasando. Pero algo me dice que tanto a Malfoy como a mí nos espera un futuro incierto y complicado.
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