Una serie de puntos para unir

Capítulo 3 – Draco: Todo que ganar

No veía la hora de que terminara la clase de Adivinación, tenía la piel de gallina y erizados los pelos de la nuca por lo inquietante de la lectura de las hojas de té que Trelawney había hecho. Siempre parecía más divertido cuando les hacía la lectura a otros, pero no me gustaba para nada que la vieja estrafalaria leyera mi futuro, por más desacertadas que sus predicciones pudieran ser. Podía sentir los ojos de Potter clavados en mí como si observara un espectáculo de feria. Era casi insoportable…

Traté de mantenerme calmo, burlándome indirectamente de las palabras de la profesora —si es que a alguien como ella se le puede dar el título de profesora— recuperé la taza e hice de cuenta que la estudiaba con atención. —¿Está segura? No le parece que podría ser el Grim o alguna de esas otras tonterías habituales.

Potter graznó de risa, bueno… por lo menos estaba distrayéndolo de lo que había pasado antes. Mi lectura no era tan grave. Claramente apuntaba a mi nueva vida a la diestra de Voldemort después de graduarme, predecía que tendría éxito entregándole a Potter en bandeja al Señor Oscuro y el regocijo en la gloria que obtendría como recompensa.

La libélula no era más que una coincidencia. Probablemente todos los alumnos tenían una en sus tazas. Todos estábamos madurando. Incluso una vidente muggle de ínfima categoría podía hacer una predicción tan vaga como ésa.

Charlatana.

Me preocupaba mucho más lo que le había predicho a Potter. Y Potter la había escuchado tragándose sus palabras con avidez y deleite como si fueran una tarta de membrillo casera. Lo último que yo quería era que le dieran siquiera la más mínima pista de lo que tenía planeado para él. ¡La soga del ahorcado! ¡Ni que fuera a propósito! ¡Era como si le proclamara toda la información! ¿Por qué, ya que estaba, no se lo había dicho directamente? ¡Oh, Harry querido! Parece que las hojas han formado una imagen de Draco Malfoy blandiendo un puñal. Oh… y esto aquí parece indicar que te lo clava por la espalda… Quizá te convendría mantenerte lo más lejos posible de él… Si parece mentira…

Y más aun… ¿la paloma y el anillo? ¿De dónde salía toda esa basura? Potter no iba a tener tiempo de conocer el verdadero amor. Tenía los días contados… salvo que…

¿Estaría Potter enamorado de Corner? Si era así… arrebatárselo me iba a resultar mucho más difícil de lo que había supuesto en un principio. Iba a tener que afilar al máximo mis recursos y mis tácticas.

Trelawney nos dejó y se desplazó hacia otro grupo. Decidí que era indispensable obtener más información sobre ese don nadie, Michael Corner, con el que Potter se había estado viendo. Alcé los ojos, Potter seguía con la mirada fija en el fondo de la taza y se mordía apenas el labio inferior.

Por un segundo pensé en cómo se sentiría si fuera yo el que mordiera ese labio en medio de un beso ardiente. Aparté la imagen de inmediato. No podía permitir que fuera mi pito el que hiciera los planes y el que se encargara de llevarlos a cabo. Aunque si las cosas salían como yo quería, iba a gozar de deliciosos beneficios adicionales más allá y por encima de la recompensa que me depararía la complacencia del Señor Oscuro por los servicios prestados.

Cogerme a Potter sería parte de la retribución por mis planes ingeniosos y por el trabajo arduo empeñado para realizarlos. Creo que dadas las circunstancias, ni siquiera mi padre lo juzgaría de mal gusto o censurable. Es lo que me corresponde. Merezco poder regocijarme por mis logros a plena luz del día y no verme obligado a agachar la cabeza a la sombra de los que me rodean. El primer escalón sería borrar a Potter, de allí en más el cielo sería el límite… llegaría, incluso, a superar a mi padre.

—Qué loca, ¿no? —dije para llamarle la atención, no me convenía que Potter siguiera rumiando sobre las predicciones.

Alzó la vista de la taza y frunció el ceño con desconcierto. —¿Cómo? —preguntó, no había estado prestándome atención.

Hice un gesto hacia Trelawney que ese momento le estaba pronosticando a Lavender Brown un amante gallardo y una boda para el próximo verano.

Potter rió y asintió. —Totalmente chiflada.

—No alcanzo a explicarme cómo es que le permiten seguir trabajando acá. Me quejé al respecto varias veces ante mi padre, pero siempre me responde que Dumbledore se muestra inflexible cuando se lo plantean, no quiere saber nada de que se vaya. —comenté como si pensara en voz alta. Me esperaba que reaccionara de manera hostil por haber mencionado a mi padre.

Reaccionó, pero no exactamente del modo que había presumido. —¿Siempre corrés a quejarte a papito cuando hay algo que no te gusta? —preguntó. Había sonado grosero y hostil pero creí adivinar también una pizca de curiosidad en el tono.

—Mi padre y yo somos muy unidos. —contesté con tono neutro— Uno no debe juzgar lo que no entiende.

Se le dibujó una mueca de fastidio en la cara, luego sus rasgos se distendieron. —Es un mortífago según tengo entendido. —tuve que contenerme para no reírme y para no espetarle: "yo también".

Mi padre es un mortífago, naturalmente; todo sangrepura sensato se ha sumado a las filas de Voldemort. Desde siempre ha sido claro quién es el que va a ganar. ¿A quién se le ocurre que un chico podría vencer al más poderoso mago de la época? Un chico flacucho como éste, que sólo conoce los hechizos que le han enseñado en la escuela, ¿cómo podría suponerse que llegara a ser capaz de matar a un mago tan oscuro a quien ni la muerte misma puede vencer? Ridículo.

Pero Potter difícilmente entendería esas razones. —Mi padre siempre ha hecho lo necesario para mantenernos seguros. Tomó la única decisión sensata, unirse al lado más poderoso. —repliqué sin confirmar ni negar que mi padre fuera un mortífago. Yo sabía que Potter se había enfrentado con mi padre por lo menos en una batalla, pero lo que yo sabía no era algo que tuviera que informarle.

—Siempre hay más de una opción, Malfoy. —me contestó. Creí que iba sermonearme sobre el bien y el mal pero no dijo nada más y tuve la impresión de que daba la discusión de la cuestión por terminada.

Revoleé los ojos y posé la taza en el platito. —No quiero sonar ofensivo, Potter, pero vos mejor que nadie deberías saber lo que habría significado tomar una decisión distinta. —siempre le he tenido lástima a Potter por la muerte de sus padres. Es una terrible injusticia que los hijos sufran el castigo por los errores de los padres. Una verdadera pena. A veces pienso en lo que me hubiera ocurrido si mi padre hubiera optado igual que los Potter.

Probablemente estaría muerto y enterrado, junto a mi padre y a mi madre, considerados héroes por haberle hecho frente a alguien más poderoso. ¿De que vale ser héroe si uno está muerto?

Con todos sus defectos, nadie es perfecto, yo amo a mis padres. Y prefiero que estén vivos, incluso si eso implica sometimiento a los antojos de un mago oscuro enajenado.

Era evidente que Potter no lo veía así, por un momento pensé que me iba a increpar con algo del tipo: "no hables de mis padres", siguió mirándome en silencio.

—Sinceramente, Potter, ¿en ninguna oportunidad, al menos por un instante, lamentaste la decisión que tomaron tus padres? Si hubieran hecho lo mismo que mi padre estarían vivos y con vos.

—Voldemort me habría matado. —dijo con voz fría— La decisión no pasaba por unirse a él o no hacerlo. La decisión era morir o dejar que me matara. ¿Cómo podría lamentarlo siquiera por un segundo? Entregaron la vida para que yo pudiera vivir.

No sabía cómo responder a eso. —¿El Señor Oscuro quería matarte? —pregunté. Yo siempre había creído que la vendetta del Señor Oscuro contra Potter se había originado después de que casi había muerto, no antes.

No contestó directamente, con la mirada esmeralda fija en mí preguntó: —¿Qué habría hecho tu padre si Voldemort le hubiera planteado ese dilema? ¿Te habría salvado a vos o a sí mismo y a tu madre?

—Dos vidas son más valiosas que una. —respondí automáticamente y me dieron arcadas. La lógica Malfoy establece que uno se sacrifica sólo si de esa forma puede salvar a más de uno de la estirpe. Mi padre me habría entregado a Voldemort, mi madre habría protestado pero al final siempre se hace lo que quiere mi padre. Siempre es así. Habrían engendrado otro heredero y ya.

Me miró con pena, me dieron ganas de pegarle un puñetazo en la cara presuntuosa. ¿Cómo tenía el descaro de mirarme con lastima? Yo tengo padres. Yo tengo riquezas… y poder y un lugar privilegiado en las hordas de los mortífagos. Tengo un arsenal de poderosos artefactos y de hechizos oscuros a mi disposición. Yo tengo un futuro. ¿Qué es lo que tiene Potter? Nada.

—Me parece demasiada frialdad la de tus padres—estiró una mano consoladora, se la aparté con brusquedad. Al diablo las consecuencias, no iba a permitirle que me tuviera ni un gramo de lástima por más Niño Que Sobrevivió que fuera.

—No te creas que una conversación civilizada te da el derecho de juzgar mi vida, Potter. Guardate tus elevados y nobles sentimientos. —dije tratando de contener la ira que amenazaba con desbordárseme.

Trelawney dio por terminada la clase en ese momento y nos autorizó a retirarnos. Salí disparado del aula y bajé corriendo la escalera caracol; me metí en el baño que se encuentra al pie.

No sabía bien por qué había perdido el control y me temía que hubiera arruinado todo el asunto de Potter. Un nuevo fracaso. Arruino todo lo que toco. Empecé a caminar de un lado al otro tratando de decidir cuál sería mi siguiente movida. Sentí que se abría la puerta, giré de inmediato con la varita en alto… era Potter.

Bajé la varita y sonreí para mis adentros. No lo había espantado después de todo, más aun, había venido a buscarme… evidentemente estaba muy interesado en mí.

—¿Venís a refregarme una vez más tu superioridad, Potter? — dije apartándome un poco demostrándole indiferencia, pero me sentía realmente herido y creo que eso en parte se me notaba.

Hizo una mueca. Me hubiera gustado que se disculpara, pero era demasiado pedir. Seguramente el consentido Niño Dorado de Gryffindor nunca se rebajaría a pedir perdón.

—Oíme, Malfoy… —empezó a decir pero no pudo seguir, marché hacia él, le agarré las muñecas y lo aplasté contra la pared.

—No, oíme vos. —le susurré airado— No voy a tolerar vapuleos, Potter. Traté de mostrarme amable con vos, traté de mostrarme comprensivo, puse todo de mi parte para dejar de lado rencores y vos me retribuís con ofensa.

Podía sentir su pulso acelerado en las yemas de los dedos, lo tenía fijado con los brazos en alto en una posición que era dominante y sugestiva a la vez. Le apreté un muslo entre las piernas y lo deslizaba frotándole apenas la bragueta, los jadeos que le arrancaban mis movimientos eran deleitables.

Lograr que Potter se enamorara de mí sería la más resonante de las victorias. Ya podía sentir su aliento en mi lengua, ya podía sentir su cuerpo retorciéndose debajo del mío, ya podía sentirle el corazón latiendo desbocado por mí.

¿Estaba nervioso? Quizá. Pero con Corner debía de haber ido un poco más allá que cuerpos apretados. ¿Estaba excitado? Era innegable que me deseaba… ¿y quién no?... pero yo sabía que no se me entregaría tan fácilmente. Yo era el enemigo, y el rechazo de sus amigos no cambiaba eso. Y años de aborrecimiento no se olvidan de un día para el otro, y Potter no era de los que se dejaban llevar por la desesperación. Potter también tenía una intención oculta… no era sexo lo que buscaba… o al menos no solamente sexo.

—Estoy teniendo un muy mal día, Malfoy, eso es todo. —dijo, pero se quedó quieto sin oponer ningún tipo de resistencia.

—Todos tenemos días malos, Potter. Eso no te da el derecho de ser cruel. —escupí.

Respondió con una risa áspera que yo ya me esperaba. Yo lo había provocado. Era mi culpa que se hubiese pasado de la raya… y yo se lo había permitido… por mala preparación… Si hubiera conocido más a mi enemigo no le hubiera dado la oportunidad de superarme con dialéctica. Y el problema era ése… que no conocía lo suficiente a Potter y tenía que llenar los agujeros con especulaciones o con lo que se murmuraba en los corrillos chismosos.

Me habían bastado unas pocas horas juntos para darme cuenta de lo complejo que era, de lo compleja que era su vida y de lo erradas que estaban muchas de las ideas que de él tenía. Tenía que compartir más tiempo con él para conocerlo a fondo, eso me facilitaría las cosas al final cuando lo hiciera caer. Bastaba ver lo fácil que les había resultado a Granger y al Weasel quebrarle el corazón.

Tenía que lograr mayor intimidad. Tenía que meterme en su mente, meterme en su corazón… y por supuesto en su cuerpo. Mi traición al final lo devastaría, lo destrozaría por completo.

—No fue crueldad. —replicó— Hablé con sinceridad. Y fuiste vos el que sacó el tema de nuestros padres.

—Está visto que no podemos mantener una simple conversación. —susurré con expresión decepcionada— ¿Dónde nos ubica eso entonces? —pregunté inclinándome al máximo, tan próximo. Me surgió un violento impulso de besarlo, de partirle la boca, de dejarlo sin aliento. Pero me contuve, todavía no estaba listo. Seguí abrevando de esa tensión entre nosotros, que venía prolongándose desde hacía años… como una cinchada eterna.

Las gemas de sus ojos estaban clavadas en los míos, pero no podía discernir lo que estaba pensando. Era algo que necesitaba. Necesitaba poder leerlo como a un libro, lo necesitaba para hacerlo caer al final. Escruté la profundidad oscura de sus ojos buscando respuestas a mis preguntas… pero vano fue mi intento.

De pronto Potter contuvo una exclamación, pensé por un segundo que había dejado escapar alguna palabra involuntaria que me había delatado, no había sido así por suerte. Me volví sobre mi hombro hacia el foco que apuntaba la mirada de Potter.

Alguien nos observaba desde la puerta, boquiabierto.

—¿Qué es esto, Harry? —preguntó el intruso de cabellos oscuros que había interrumpido nuestro momento íntimo. No conozco a muchos Ravenclaws pero deduje, dado que era más o menos atractivo, que lo había llamado Harry y que seguía dirigiéndole la palabra, debía de tratarse de Michael Corner.

Hice todo un show de mirarlo entrecerrando los ojos y luego volviéndolos posesivo hacia Potter antes de soltarle las muñecas. Pero no me aparté de él, por el contrario me incliné y le susurré al oído: —Siento curiosidad por saber hasta dónde nos llevará esto. —usé ese tono grave de voz que hubiese hecho derretir a cualquiera con menos entereza que Potter— Me intrigás, Potter.

Me separé entonces y con la mano le hice un gesto a Corner indicándole que Potter volvía a ser todo suyo. Algo de lo que yo había hecho o dicho debía de haber surtido algún efecto intenso porque Potter ni siquiera miró a su novio, sus ojos me siguieron todo el trayecto hasta la puerta. —Ya sabés donde encontrarme. —le dije por último por encima del hombro y salí.

Aguanté hasta haber bajado al siguiente piso y exploté en carcajadas. Lo desorbitado de los ojos de Potter ante la desfachatada proximidad física era casi demasiado, no pude contenerme más.

Era un riesgo dejarlo solo con Corner durante esta etapa temprana, el Ravenclaw podía estar birlándome la virginidad de Potter en ese preciso momento, si bien lo dudaba. Era inevitable que en algún momento se quedara a solas con su otro pretendiente mucho menos meritorio que yo, era mejor que fuera ahora cuando todavía tenía en la oreja el aliento de mis palabras. Así y todo, volví a preguntarme cuán lejos habrían llegado entre ellos. Potter había sido muy impreciso al respecto, era algo que no me gustaba. ¿Ya habían recorrido todo el camino? ¿Potter ya se le había abierto de piernas y le había entregado el corazón a ese insignificante Ravenclaw?

Me estaba poniendo lívido ante la imagen, por suerte en ese momento surgió una oportuna distracción.

—¿Qué es lo que está pasando entre vos y Potter? —preguntó Pansy que en ese momento me había alcanzado y se había puesto a caminar a mi lado. —Entiendo lo de Pociones, prácticamente te viste obligado a trabajar con él pero… ¿en Adivinación también?

Revoleé los ojos. Nadie mejor que Pansy, Slytherin inferior si las hay, para apresurarse a sacar conclusiones de cosas que ni siquiera empezaba a entender. —Formé grupo con él adrede. —no iba a tomarme el trabajo de explicarle detalladamente mi asombroso talento para el engaño a alguien que no tenía la capacidad suficiente para apreciar la notable destreza desplegada para tal fin.

—¿Pero para qué? —preguntó levantando la nariz, ese gesto tan poco atractivo y tan característico de ella. Por lo menos Potter lucía adorable cuando mostraba su desagrado ante algo.

—Porque, mi querida Pansy, tengo todas las intenciones de cogérmelo. —le dije y era la verdad, al menos por lo que a ella le concernía. No podía hacerle saber de mi plan a nadie porque terminaría arruinándose todo. Y no venía mal recordarle que yo iba también detrás de otros que no eran ella. Para que no se volviera demasiado apegada.

Rompió en escandalosas carcajadas y me dio un golpe en el brazo. —Esa sí que estuvo buena. —graznó.

Me limité a bajar la vista al punto de mi brazo donde me había golpeado y puse una expresión que le demostrara lo disgustado que estaba por su acción. Cesó de reír al instante. —No se trata de una broma, Parkinson.

Y no lo era. No estaba seguro de cuándo lo había decidido, pero en algún momento había tomado consciencia cierta de que no iba a entregarlo hasta que no le hubiera sacado todo el provecho para mí. Habría sido un gran desperdicio que toda esa tensión creciente durante años entre nosotros quedara sin resolución dejándome insatisfecho, sólo porque tenía que llevárselo a Voldemort para que lo matara. Yo era el que estaba haciendo el trabajo. Yo era el que corría los riesgos. Me merecía el premio; y el premio que yo quería era a Potter en mi cama.

Yo obtendría primero lo que quería y luego se lo pasaría a Voldemort para que hiciera con él lo que quisiera.

—¿Pero por qué diablos este capricho de cogerte a Potter? —preguntó la muy ignara— ¿Para qué ir tras él cuando tenés un montón que estarían más que felices de complacerte?

—¿Un montón como vos? —pregunté entrecerrando los ojos.

—Naturalmente. Vos sabés que yo por vos haría cualquier cosa. —se regaló guiñándome un ojo.

Gruñí y sacudí la cabeza. —A ver si lo entendés de una vez, Pansy. Ya conozco muy bien lo que tenés para ofrecer y sinceramente no es para tanto.

Tensó la mandíbula y me fusiló con la mirada. —Sos un pelotudo, Draco Malfoy. No sé para qué me tomo tantas molestias. —bufó ofendida y enfiló a grandes pasos hacia la sala común dejándome atrás.

—¡Yo tampoco! —le grité con una breve carcajada y partí luego en dirección opuesta.

Tenía que retirar un paquete. Mi padre había estado mandándome cosas a través de Snape durante años y al parecer había algo que me estaba esperando. A veces se trataba sólo de cartas pero que contenían alguna información secreta que hubiese sido imprudente mandar con lechuza; a veces era un artefacto oscuro que mi padre no quería que encontraran en la Mansión en caso de una requisa ministerial; y a veces era simplemente un regalo para mí. Camino al lechucero, me preguntaba de qué se trataría esta vez.

De todas las torres de Hogwarts, la Oeste era la segunda en altura. No había ventanas desde la mitad hasta la punta, allí sí había troneras para permitir el ingreso y la salida de las lechuzas. Yo no iba hasta la cúspide —el lechucero propiamente dicho— en ese momento, sino un tramo de escaleras más abajo.

En el descanso había una puerta que siempre estaba cerrada. Pero cualquiera que hubiese entrado sólo habría visto un depósito de utensilios de limpieza. Usé un encantamiento sencillo para abrir y entré en la oscura habitación. Fui hasta la pared del fondo que era de madera y que estaba cubierta por un gran tapiz con la imagen de un árbol que sacudía sus ramas agitado por una brisa inexistente.

—Stinson. —llamé, una cara bronceada se asomó de detrás del tronco del árbol— Vengo por mi paquete.

El enano, que de uno de ellos se trataba, arrugó apenas la frente y caminó alrededor del tronco hasta ubicarse en primer plano. Vestía una casaca rústica marrón, que parecía hecha de corteza de árbol, y un birrete cónico cuya punta doblada le caía sobre un hombro. Tenía una barba gris poblada y áspera, nariz bulbosa y ojos negros pequeños y brillantes.

—Contesta a mis preguntas y tendrás tu premio. —dijo, tuve que contenerme para no revolear los ojos. En una ocasión había fastidiado al enano y estuve durante meses sin poder retirar nada de lo que mi padre enviaba.

Asentí sonriendo. Evidentemente ése era su único entretenimiento, mucho dudo que Snape se prestase a estos jueguitos. Hice una nota mental para preguntarle cómo se las arreglaba con el exasperante enano.

—¿Qué es lo más precioso para ti?

—Ésa no es el tipo de pregunta habitual, Stinson. —dije frunciendo el ceño. Generalmente me preguntaba cosas triviales como: "¿Cómo está el tiempo? o ¿De qué color son mis zapatos?"; los días que estaba de mal humor generalmente era una pregunta de Historia de la magia. —¿Cómo sabrías si te estoy diciendo la verdad?

—Stinson siempre sabe. Contesta la pregunta. —replicó golpeando el suelo con un pie.

Tras unos segundos de reflexión respondí. —Yo mismo.

Sonrió asintiendo. —Sí, eso es verdad. ¿Estás listo para la siguiente?

Suspiré resignado y asentí. Carraspeó. —¿Cuál es la velocidad de vuelo de una golondrina africana sin carga? (*)

—¿Cómo? —balbuceé perplejo.

—Sólo bromeaba, chaval. Creo que por hoy es suficiente. —soltó un corta risa burlona, chasqueó los dedos y el tapiz se enrolló hacia arriba revelando una grieta en la pared.

Tomé el pequeño paquete que estaba envuelto de manera simple con papel madera y cordel. —Gracias, Stinson. —dije y salí. Me guardé el paquete en un bolsillo y marché todo el camino directo a los subsuelos y a la sala común de Slytherin.

Ignoré las miradas hostiles del grupo de chicas que estaban en un rincón reunidas alrededor de Pansy escuchando su relato. No me importaba en lo más mínimo que divulgara mis intenciones con respecto al Gran Harry Potter.

Era gracioso que a Potter lo fastidiase tanto su fama. Era evidente que no le gustaba ser constantemente el centro de atención; no obstante tengo la impresión de que exagera un poco, pero es claro que no lo disfruta… en cambio yo, sí que lo disfrutaría. No hay duda de que no le gustaba que sólo lo tuvieran en cuenta por la cicatriz y lo que ella implicaba. Por mi parte, estoy empezando a darme cuenta de que como persona es mucho más complejo. Tengo que conocerlo mucho más profundamente, "conoce a tu enemigo". Así me iba a resultar más fácil entregárselo al Señor Oscuro.

Pero lo primero era ganarme sus afectos. Las cosas no estaban saliendo del todo de acuerdo al plan, pero el plan tampoco había fracasado. Podía sentir la atracción de Potter por mí, pero eso no bastaba. Estaba todavía lejos de la irrefrenable y ardiente pasión. Y estaba el riesgo de Corner. Si Corner llegaba a convencerlo de que lo amaba… me bloquearía los avances. Pero dudaba que llegara a ser así, a pesar de la discusión que habíamos tenido, Potter seguía interesado. Difícilmente el insulso Ravenclaw iba poder contra eso.

Fui a mi dormitorio y me encerré en mi cama corriendo las cortinas. Abrí el paquete, había una pequeña caja de terciopelo y dentro de ella un anillo.

Era un anillo que mi padre había llevado puesto siempre desde que tengo memoria. Me pregunté por un segundo si se trataría del mismo anillo o si sería una réplica. Banda de plata y una gema de ágata negra con el emblema de los Malfoy. Podía sentir la magia que irradiaba la alhaja.

Una nota acompañaba al anillo.

Draco:

El Ministerio se ha enterado de que este tesoro familiar es un artefacto oscuro. Me informaron que van a allanar la Mansión para requisarlo, no lo van a encontrar. Quedatelo hijo, igualmente iba a ser tuyo luego de que te graduaras.

Asegurate de llevarlo siempre puesto. Porta encantamientos protectores poderosísimos.

Sirve además como medio de transportación. Te traerá a la Mansión desde dondequiera que estés, incluso desde Hogwarts. Para activarlo, sólo hace falta hacerlo girar sobre tu dedo y pronunciar la fórmula Illic est haud locus amo domus.

Un cordial saludo, hijo.

Lucius.

Podía llegar a resultarme muy útil. Me lo calcé en el dedo medio de la mano derecha y sonreí, pude percibir la magia protectora envolviéndome como un lienzo blanco. Poco a poco las posesiones de los Malfoy pasarían a mí. Me invadió una extraña sensación, algún día, quizá no muy lejano, reemplazaría a mi padre como cabeza de la familia. Esperaba poder desempeñar esa función con honor. Un honor que, por lo menos en parte, obtendría gracias a la sangre de Potter.

Fui a tomar una ducha, bajo el chorro caliente sentí como si todos mis pesares fueran desprendiéndose arrastrados por el agua. Mis propósitos se consolidaron. Era como si mi padre hubiese intuido mis planes y el anillo en mi dedo era como una señal de aprobación, una especie de bendición.

Mientras me secaba demoré la vista un instante en la marca verde oscuro en mi antebrazo, una serpiente y una calavera, como tatuaje dejaba bastante que desear, pero no había sido yo el que lo había elegido.

Me pregunté lo que pensaría Potter si la viera, le daría un ataque con toda seguridad. No podía permitir que la descubriera, significaría el fracaso del plan.

Mi padre me había proporcionado un ungüento cosmético que permitía ocultarla, hasta ahora no lo había usado nunca, no era necesario, todos los Slytherin ya sabían que la tenía. Pero con Potter iba a tener que utilizarlo.

Para que el plan diera resultado tenía que enamorarse de mí. Y eso nunca ocurriría si se enteraba de lo que yo era. Harry Potter nunca podría amar a un mortífago.

Me unté el líquido oleoso y observé como la Marca iba desapareciendo, absorbiéndose en la piel blanca. Segundos después no quedaba ningún rastro.

Fui a acostarme sintiéndome muy satisfecho. Fantasías de un Potter desnudo poblarían mis sueños y al día siguiente reemprendería mis esfuerzos para lograr hacerlas realidad.

oOo

(*) Hace referencia a una línea de diálogo de la película "Santo Grial" de los Monty Python.

.com/watch?v=_7iXw9zZrLo&feature=related

Hacia el final de la secuencia se registra el siguiente diálogo:

Guardián del puente: Je, je, je… ¿Cuál es vuestro nombre?
Rey Arturo: Arturo, rey de la Gran Bretaña.

Guardián del puente: ¿Cuál es vuestra misión?

Rey Arturo: Hallar el Santo Grial.
Guardián del puente: ¿Cuál es la velocidad de vuelo de una golondrina sin carga?
Rey Arturo: ¿De una golondrina africana o de una europea?

Guardián del puente: ¿Eh…? ¿Cómo…? Eso es algo que no sé…
[es arrojado al volcán]
Guardián del puente: ¡Aaaauuuuuu!
Sir Vedebere: ¿Cómo es que sabéis tanto de golondrinas?
Rey Arturo: Veréis, son cosas que uno tiene que saber cuando se es rey.