Una serie de puntos para unir
Capítulo 4 – Harry: Mal día
Malfoy pestañeó varias veces tras oír la predicción, pero era claro que la consideraba una sarta de disparates, ¿y quién no?, teniendo en cuenta que los ojos que sondeaban el futuro eran los de Trelawney.
—¿Está segura? —apuntó burlón— No le parece que podría ser el Grim o alguna de esas otras tonterías habituales.
Reí, Malfoy debía de haber oído ya otras predicciones de Trelawney sobre mí. En realidad me sorprendía un poco que cursara Adivinación, uno hubiera supuesto que se consideraría demasiado bueno como para perder el tiempo con una materia como ésa. Pero por otro lado yo no lo conocía tanto.
En contraste con la poca importancia que le dio Malfoy a la lectura de las hojas de té, a mí me afectó bastante. No sabía bien cómo tomar las palabras de Trelawney. En general, lo que ella dijera solía tomarlo con mucho escepticismo; esta vez, sin embargo, no estaba tan seguro. En tercer año había sido testigo de una de sus profecías genuinas, había entrado en trance y después no se acordaba lo que había dicho. Hoy, en cambio, había estado completamente lúcida, pero igual lo que había dicho me había sonado genuino.
¿Judas? ¿Traición? Bueno, no se necesitaba videncia para eso, bastaba un poco de observación. Mis amigos y mi Casa —gente que alguna vez había considerado como familia— todos me habían traicionado y abandonado. No digo que lo que yo hice sea aceptable, ni que no tengan derecho a estar enojados, pero, ¿hacerme a un lado como a un trapo? Eso es demasiado extremo, realmente me sentía traicionado.
¿Se trataba de una predicción auténtica de Trelawney? Ella podía haberse enterado de los rumores o podía haberlo deducido al verme hoy. Heme aquí, el Emblema Dorado de Gryffindor —según me llama Malfoy— sentado junto a un Slytherin —y hasta podríamos decir el Emblema Dorado de Slytherin— cuando hay alrededor un montón de Gryffindors con los que hubiera podido sentarme.
¿Amor y longevidad? ¡Eso sí que sonaba desmesurado! Nadie pensaría en longevidad al verme. Puedo adivinarlo cuando me miran, se están preguntando siempre cuánto más voy a vivir, ¡hasta yo mismo me pregunto cuánto más voy a vivir!
Se podría pensar que se lo había inventado, pero Trelawney —según mi experiencia— carece totalmente de imaginación, siempre que "veía" mi futuro veía al Grim y una muerte precoz. En realidad, todos me auguraban una muerte temprana. Ella y todos sabían que algún día yo, un chico de dieciséis años, habría de enfrentarme con el mago más poderoso de la época. ¿Entonces por qué me había predicho una vida larga? No tenía sentido.
Amor. Mi otra preocupación. ¿Amor? De sólo pensarlo me pongo nervioso. Soy una persona muy emocional, siento las cosas con mucha intensidad, es por eso que a veces tiendo a los desbordes. Cuando soy amigo de alguien, lo soy hasta las últimas consecuencias: lealtad incondicional, fe total, completa confianza. Y es por eso que el abandono me lastima tan hondamente. Y lo mismo cuando odio, odio con pasión. Y es por eso que esta… interacción con Malfoy me resulta tan extraña. Y si alguna vez se me concediera el don del amor… amaría a mi pareja sinceramente, con todo mi ser y hasta mi último aliento. Pero enamorarme es algo que no puedo permitirme, estoy predestinado a una vida corta, la conciencia me dicta que no puedo hacerle eso a la persona que me ame, condenarla a una viudez prematura quiero decir.
—Qué loca, ¿no? —la voz de Malfoy me arrancó sin ceremonias de mis pensamientos, volví de golpe a la realidad, seguía en clase de Adivinación sentado a su lado.
—¿Cómo? —pregunté todavía distraído. Hizo una seña con la cabeza hacia la profesora que ahora estaba con Lavender augurándole un Príncipe Azul y una boda en junio.
Instantáneamente me sentí mejor. La profesora estaba como una cabra y todas sus predicciones eran infundios.
—Totalmente chiflada. —dije riendo.
—No alcanzo a explicarme cómo es que le permiten seguir trabajando acá. Me quejé al respecto varias veces ante mi padre, pero siempre me responde que Dumbledore se muestra inflexible cuando se lo plantean, no quiere saber nada de que se vaya. —comentó con pomposidad.
¡Qué pelotudo engreído! Me exasperaba tanto que todo su mundo —que para él era todo el mundo— girara alrededor de la familia Malfoy y en particular de su padre, Lord Malfoy. ¡Ridículo! Lord Malfoy, el mismo que se arrodilla a los pies de un lunático. El preclaro Lord Malfoy que le lustra los zapatos al monstruo que se acobarda ante mi mera existencia. ¡Me causa taaaanta impresión! A veces me gustaría poder infundirle en la cabeza algo de sentido común para que se dé cuenta de que su padre no es más que un farsante.
Traté de contener la ira y creo que, en mayor medida, lo logré. Aborrecía que tuviera tal talento para hacerme poner furioso y aborrecía aun más, si cabe, que se complaciera al lograrlo. Esta vez no le iba a dar tal satisfacción.
—¿Siempre corrés a quejarte a papito cuando hay algo que no te gusta? —pregunté con tono calmo aunque no pude eliminar del todo la aspereza.
—Mi padre y yo somos muy unidos. —contestó simplemente— Uno no debe juzgar lo que no entiende.
Sentí como si me hubiera dado un puñetazo. Como todas las veces que me refregaba el hecho de que él tenía padres y yo no. Pero peor porque en ese momento ni siquiera podía consolarme pensando que al menos tenía a mis amigos, Ron y Hermione.
¡Como si tu padre fuera algo digno de envidiar, Malfoy!, pensé, ¡No es más que un mortífago!
Me invadió una nueva oleada de ira, pero no pude controlarla como antes. Así y todo, era muy consciente de que todavía estábamos en clase y traté de no llamar demasiado la atención de los otros. —Es un mortífago según tengo entendido. —me limité a decirle.
No esperaba ninguna respuesta reveladora. Sólo quería que él supiera que yo sabía. Por eso me dejó perplejo cuando replicó abiertamente: —Mi padre siempre ha hecho lo necesario para mantenernos seguros. Tomó la única decisión sensata, unirse al lado más poderoso. —había sabido elegir muy bien las palabras, pero el significado era claro. Su padre era un mortífago y para él no era algo reprochable, todo lo contrario. Además me había dicho indirectamente que él creía que yo iba a fracasar.
—Siempre hay más de una opción, Malfoy. —dije con voz queda. Malfoy parecía saber tan poco de la vida… y sabía tan poco de la muerte. Quería decirle que había cosas que eran más importantes que la propia vida y cosas peores que la muerte… pero no lo hice, la importancia que le atribuía a su padre y la que se atribuía a sí mismo no le permitía ver más allá, y lo que Lucius determinaba era el Evangelio.
Revoleó los ojos y me dolió pensar que no estaba haciendo nada para apartarlo de un sendero que lo conduciría a su propia destrucción. —No quiero sonar ofensivo, Potter, pero vos mejor que nadie deberías saber lo que habría significado haber tomado una decisión distinta. —dijo.
¡Ay! Otra puñalada a mis padres. ¿Realmente estaba convencido de que yo estaría mejor en su situación? ¿Un hijo de la oscuridad que todavía tenía a sus padres? Mis padres ya había elegido mucho antes de que yo naciera… pero después de que nací y con la profecía… no les quedaba sino una opción. Era yo o Voldemort.
—Sinceramente, Potter, ¿en ninguna oportunidad, al menos por un instante, lamentaste la decisión que tomaron tus padres? Si hubieran hecho lo mismo que mi padre estarían vivos y con vos. —insistió.
Malfoy debería aprender que a veces es mejor callarse. ¿Pensaría que porque le conté de Mike, también estaba dispuesto a una charla sobre mis padres, una charla que pulsara las fibras más sensibles? ¿Cómo si ya se considerara mi amigo y pudiera, por lo tanto, hablar conmigo de cualquier tema?
Pero por otro lado, ¿acaso no es eso lo que vos querés, Harry?, me pregunté. Apenas una hora antes había decidido tratar de cultivar una relación con Malfoy para ver adónde nos podría llevar, para ver si de alguna forma eso me podía ayudar contra Voldemort. Y la oportunidad se me presentaba de revelarle una cruda verdad al Slytherin… que quizá le suscitara comprensión. Decidí aprovecharla.
—Voldemort me habría matado. —dije con más frialdad de la que había sido mi intención, detestaba que hablara de mis padres— La decisión no pasaba por unirse a él o no hacerlo. La decisión era morir o dejar que me matara. ¿Cómo podría lamentarlo siquiera por un segundo? Entregaron la vida para que yo pudiera vivir.
Pareció perplejo al oír la nueva información, quizá había conseguido en él el efecto que había estado buscando. —¿El Señor Oscuro quería matarte? —preguntó muy confundido. ¿Cuál era la lógica de que un Señor Oscuro tan "importante" como Voldemort estuviera empeñado en matar a un bebé? Ninguna, si uno desconocía la profecía. Pero esa información no tenía intención de dársela. Eso se lo había contado a unos pocos y selectos, gente en la que confiaba… o en la que alguna vez había confiado…
Decidí redirigir la conversación hacia él, tratando de hacerle entender. —¿Qué habría hecho tu padre si Voldemort le hubiera planteado ese dilema? ¿Te habría salvado a vos o a sí mismo y a tu madre? —pregunté.
—Dos vidas son más valiosas que una. —respondió de inmediato, como un robot programado, como el perro de Pavlov, como alguien al que le han lavado el cerebro y le han insertado nuevas ideas machándoselas constantemente.
Sentí arcadas al oírselo decir.
Pobre Malfoy. Parecía que él también tenía ganas de vomitar. Me dio pena. ¿Acaso los padres no deberían amar más a sus hijos que a sí mismos? ¿No forma eso parte del instinto de la procreación?
—Me parece demasiada frialdad la de tus padres—dije en voz muy baja. Me di cuenta entonces de que lo que había dicho lo iba a hacer sentir peor y automáticamente estiré una mano consoladora. Me la apartó con brusquedad.
—No te creas que una conversación civilizada te da el derecho de juzgar mi vida, Potter. Guardate tus elevados y nobles sentimientos. —me espetó recordándome con quién estaba hablando.
Me amonesté a mí mismo por haberlo olvidado por un instante. Iba a tener que andar con más cuidado con él, Malfoy podría hacerme mucho daño, tenía que ser muy prudente.
La clase terminó en ese momento, Malfoy ya estaba a mitad de camino hacia la puerta.
—¿Venís a refregarme una vez más tu superioridad, Potter? —dijo con voz neutra pero se lo veía herido. No sé porque lo había seguido. Mi mente había entrado momentáneamente en cortocircuito y para cuando quise acordar… ahí estaba en el baño parado frente a él.
Hice una mueca. Él sabía que ya me sentía mal, quería hacerme sentir peor. Felicitaciones, Malfoy, estás haciendo muy buen trabajo. No estaba dispuesto a pedirle disculpas, sin embargo. Había ciertas duras realidades que era preciso que enfrentara si es que iba a ganármelo para mi lado, para ponerlo de alguna forma. Sentí una nueva ola de culpa al pensar que si llegaba a ganármelo iba a tener que usarlo para hacer caer a Voldemort y a sus seguidores… incluyendo a su padre.
—Oíme, Malfoy… —empecé a decir, haciendo a un lado la culpa y con la intención de reparar la tregua frágil que tácitamente habíamos establecido, no quería que se malograra, era una ventana que me permitiría llegar a Voldemort.
Antes de que pudiera empezar con mi parlamento sobre "mejor dejemos el tema de los padres de lado", me agarró las muñecas y me empujó bruscamente contra la pared. Me inmovilizó las manos por encima de la cabeza y se inclinó sobre mí, muy próximo. No opuse resistencia. No quería oponérsela.
—No, oíme vos. —susurró airado— No voy a tolerar vapuleos, Potter. Traté de mostrarme amable con vos, traté de mostrarme comprensivo, puse todo de mi parte para dejar de lado rencores y vos me retribuís con ofensa.
Percibí en los labios el cosquilleo cálido de su aliento y de repente me sentí muy vulnerable; no era que pensara que iba a hacerme daño, lo que me preocupaba era que yo podría querer que "me hiciera daño"… un daño que podía resultar de lo más placentero. Sentí su pierna frotándome la bragueta y el brillo malicioso en sus ojos me decía que lo estaba haciendo a propósito.
Se tornaba más atrevido, ya no se trataba de flirteo sugestivo… Malfoy iba en serio. Ya no estaba preocupado de perder la ventana a Voldemort, ahora me preocupaba el hecho de que podía perder la virginidad ahí mismo en el baño… con Draco Malfoy.
El corazón me latía a mil y jadeaba, era la única forma de seguir respirando. Sabía bien que no me convenía ceder a mis deseos y entregarme a Malfoy para que me hiciera lo que se le antojara… aunque ansiaba dejarme llevar por las sensaciones, ansiaba perderme en la delicia del placer aunque más no fuera por un momento… si bien sabía que lo único que él quería era tenerme para después poder tacharme de su lista "gente que todavía no me cogí".
—Estoy teniendo un muy mal día, Malfoy, eso es todo. —suspiré.
—Todos tenemos días malos, Potter. Eso no te da el derecho de ser cruel. —dijo con todo descaro.
¿Yo soy el cruel? ¡Ésa si que es buena! No pude evitarlo, tenía que reírme. ¡Lo que hay que oír!
—No fue crueldad. —repliqué— Hablé con sinceridad. Y fuiste vos el que sacó el tema de nuestros padres.
—Está visto que no podemos mantener una simple conversación. —susurró, ya no parecía enojado sino más bien decepcionado— ¿Dónde nos ubica eso entonces? —preguntó inclinándose sugestivamente aun más próximo.
Por un segundo pensé que iba a besarme, pero no me moví… ni me resistí. Yo sabía que si me besaba lo más probable era que le respondiera al beso. Me le entregaría entero. Me sentía tan quebrado. Si bien mi intención era tratar de olvidarme de mis amigos… tratar de superarlo… no podía… los seguía queriendo… y quería ver si Malfoy podía darme un momento de paz, para olvidarme de todos mis problemas en un orgasmo vibrante y arrebatador.
No me besó. Se quedó allí, cerniéndose sobre mí… me pareció que esperaba que fuera yo el que lo besara. Eso hubiera sido ir demasiado lejos. Estaba dispuesto a aceptar todo, pasivamente, pero no a tomar el rol activo.
Fue en ese instante que noté que la puerta del baño se abría y tomé total consciencia de la sugestiva posición en la que nos encontrábamos. Estupendo. Más rumores para agregar a la colección de los que ya circulaban sobre mí. Harry Potter está con Ginny Weasley, Michael Corner Y Draco Malfoy. ¿Con quién más se está encamando el Gryffindor más depravado?
Y luego le vi el rostro al recién llegado. Se me escapó un grito contenido. Era Mike. ¡Mierda! Me habían sorprendido una vez más. ¿Haciendo qué?... ni yo lo sabía.
Debería haberme retorcido un poco, mostrar como que trataba de liberarme del agarre de Malfoy, pero estaba como paralizado debajo de él. ¡No otra vez! Primero Ginny me descubre con Mike y ahora —no habían pasado ni veinticuatro horas— Mike me pesca con Malfoy.
Quería gritarle que no era lo que parecía, que no lo estaba engañando. Pero la lengua parecía habérseme pegado al paladar.
—¿Qué es esto, Harry? —preguntó Mike, sonaba herido, como si pensara que yo no era otra cosa que un infiel vil y rastrero.
Malfoy miró hacia la puerta y luego volvió a girar la cabeza hacia mí. No parecía para nada contento con la intrusión. —Siento curiosidad por saber hasta dónde nos llevará esto. —me susurró seductor al oído— Me intrigás, Potter.
Sentí como si las entrañas se me transformaran en gelatina, ¡Merlín, Malfoy rebosaba sex appeal!
Malfoy me soltó y marchó hacia la puerta. —Ya sabés donde encontrarme. —me dijo antes de salir, dejándome solo y desamparado con un Mike muy cabreado.
No sabía qué decirle, no podía decirle la verdad… que estaba intentando seducirme y que antes de que él entrara yo había estado peligrosamente cerca de rendírmele… Malfoy era una amenaza sexual suelta en Hogwarts… si se le antojaba podía arrebatarle el novio a cualquiera… o la novia, al parecer Malfoy no hacía diferencia entre uno u otra.
—Hola. —saludé a Mike con cautela.
—¿Eso es todo lo que se te ocurre decirme? —preguntó con incredulidad y desdén, se suponía que él fuera el amante, el otro, no el engañado.
—No sé qué decirte. Se debe de haber visto como… muy mal. Pero no pasó nada, de verdad.
—¿Ah no? ¿Eso fue lo mismo que le dijiste a Ginny? —preguntó con acritud.
—¡Por Dios, no, Mike! —había sido un golpe por debajo del cinturón— ¡Detesto a Malfoy! ¡Y él me detesta! ¡Y se aprovecha para darme con todo ahora que se enteró que soy gay!
—Sí, no hacía falta que lo dijeras, pude verlo.
Ahí me di cuenta que no había elegido bien la formulación de la excusa.
—¡No fue eso lo que quise decir! Se comportó como un pelotudo, dijo cosas para humillarme, que el gran Harry Potter resultó maricón y así, y que quería asegurarse de que yo supiera que él lo sabía.
—Todos saben, Harry. —dijo Mike con voz más calma.
—Ya sé. —dije suspirando— Y todos saben de vos también. No me gusta que se haya sabido así.
—Sí, a mi papá no le gustó nada. —fue su turno de suspirar.
Era lo que me había temido. Me había dicho que su padre era homofóbico.
—Si hubiera sido con cualquier otro que no fueras vos, me habría repudiado. —confesó.
—¿En serio? —dije ahogando una exclamación. Nunca hubiera imaginado que podría terminar siendo tan grave.
—Primero me dijo de todo por haberle salido maricón y después agregó, "¿Así que con Harry Potter, eh?" y ahí terminó todo. —Mike se encogió de hombros— Yo creía que iba a ser mucho peor.
Sonreí. —Eso quiere decir que nosotros…
—No si Malfoy te sigue acorralando contra la pared de los baños. —interrumpió Mike, serio pero con un atisbo de sonrisa.
—Eso no va a ser un problema. —caminé hasta él, lo agarré de la toga y lo atraje contra mí. Lo besé. Con suavidad al principio, no estaba seguro todavía de que no siguiera enojado… y tampoco quería que pensara que estaba compensándolo porque me sentía culpable. Aunque en realidad, algo de eso había.
Mike sonrió, aparentemente satisfecho. —Parecía que quería matarme con la mirada cuando entré. ¿Estás seguro de que no tenía intenciones de cogerte contra los azulejos?
Me reí, tratando de no parecer nervioso. Estaba totalmente seguro de que había sido precisamente así. Revoleé los ojos. —¡Pero, por favor! ¡Como si yo lo hubiera dejado! ¡Es un condenado Slytherin, por Merlín! Además… vos sos tan delicioso… —definitivamente estaba sobrecompensando.
—¿Ah sí? —dijo Mike provocativo y muy sexy— ¿Lo decís en serio?— ¡Oh Dios! ¡Se me estaba parando! ¡Y que ni se les ocurra criticarme! ¡Con dieciséis años basta que Mike estornude para que se me pare!
—Mmhum. —fue como me salió el "sí", amortiguado dentro de su boca y trabado en mi lengua que ya jugueteaba con la suya.
—Quizá yo debería cogerte contra los azulejos. —ronroneó cuando separó la boca de la mía.
Yo la tenía parada al máximo, él apretó sus caderas contra mí para hacerme saber que estaba al tanto del detalle. —Mmm… —gemí de placer al tiempo que le reclamaba otro beso. Mi cuerpo estaba reaccionando en todos los aspectos de la manera adecuada, pero por alguna razón no me calentaba tanto como otras veces… la entrepierna en llamas y la verga durísima, eso sí… pero faltaban las mariposas en la panza y las oleadas de calor… Me negaba a admitir que Malfoy tuviera algo que ver con eso… Era un mal día, ésa era la razón.
—¡Mierda! Perdón… —alguien había entrado y había salido de inmediato al vernos. ¡Me habían sorprendido otra vez! En cuanto a privacidad, ése definitivamente no era el mejor lugar.
Tenía ganas de arrancarle la ropa… pero hice un puchero y le dije: —Quizá sea mejor que nos vayamos de acá.
—Probablemente tenés razón. —concedió con un suspiro decepcionado.
Mike y yo decidimos no hacer ostentación de nuestra relación delante de nadie. A como estaban las cosas ya teníamos que manejar escándalo más que suficiente. Y entrar en el Gran Salón brincando tomaditos de la mano no hubiera hecho sino empeorar todo. Al menos ése era el plan por el momento.
Me senté solo durante el desayuno a la mañana siguiente. En la Torre de Gryffindor todos seguían ignorándome excepto por algunas sonrisas tímidas que me dirigía Neville a veces, era poco pero para mí marcaban un mundo de diferencia. Por lo menos ya no me hostigaban… ser invisible e ignorado por completo no era algo nuevo para mí tras haber vivido años con los Dursleys y podía sobrellevarlo relativamente bien. Pasaba los días aceptablemente tranquilo. Creo que el cese del hostigamiento había sido obra de Hermione, seguramente se había encargado de "conminarlos" a todos para que me dejaran en paz. Era un gesto simpático de parte de ella, pero seguía evitando mirarme.
Esa mañana durante el desayuno noté que Malfoy me dirigía miradas ocasionales. Nuestros ojos se cruzaron en varios momentos, me pareció percibir que lo complacía que yo me hubiese dado cuenta. Las mariposas en el estómago parecieron despertárseme de pensar que él estaba prestándome atención, pero de algún modo también era irritante. No sé si lo que me molestaba era que Mike podía darse cuenta del intercambio o si era que yo, de una manera un poco retorcida, lo estaba disfrutando.
Disgustado conmigo mismo y para que Mike no se diera cuenta de lo que estaba pasando, me levanté a mitad del desayuno y fui a buscar los libros para las clases de ese día. Bajaba de la torre de Gryffindor de camino al aula de Transfiguración, iba muy distraído pensando en la cuestión Malfoy y de pronto me choqué de lleno con otro alumno que venía en dirección contraria. Tropecé, se me cayeron los libros y se desparramaron por el suelo, maldije por lo bajo, tenía la impresión de que me habían chocado a propósito.
Me sorprendió comprobar que era Malfoy, estaba parado a mi lado sonriéndome.
—¡Jesús, Malfoy! —bufé exagerando mi descontento y luego dejé escapar un largo suspiro mirando los libros caídos. Estaba esperando que se riera o que me hiciera comentarios desdeñosos mientras me miraba juntarlos.
—Perdón, Harry. —dijo con tono despreocupado y una sonrisa, parecía contento consigo mismo— A ver, dejame que te ayude. —se agachó y empezó a recoger los útiles.
Me quedé observándolo pero no me moví para colaborar. Malfoy no haría una cosa así por nadie, ni siquiera por sus amigos, y sin embargo ahí estaba recogiéndome los libros.
Se incorporó. —Acá tenés. —me dijo entregándomelos.
—Eh… gracias. —respondí con torpeza y cautela. Volvió a sonreír y partió por el corredor caminando con su elegancia habitual dejándome totalmente perplejo; no se me había pasado inadvertido que me había llamado Harry.
No lo vi durante el resto del día excepto en las comidas, no me miró ni una vez. Me pregunté que se proponía, tenía la impresión de que estaba jugando conmigo y que algo tramaba.
Mi deseo seguía siendo entablar una relación con él —aunque más no fuera para obtener una vía hacia Voldemort— y no sabía cómo iba a lograrlo mientras estuviera saliendo con Mike. Naturalmente, Mike no estaba precisamente fascinado con Malfoy y no quería que ni me le acercara… y ni hablar de que le dirigiera la palabra o de que me mostrara amistoso. Pero iba a tener que encontrar alguna forma, derrotar a Voldemort era más importante que mi noviazgo con Mike. De lo que yo estaba seguro era que de no haber tenido un novio que actuara de elemento disuasivo, yo habría caído atrapado en las redes de Malfoy de inmediato y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba pasando.
Durante la cena del dia siguiente me encontré mirando constantemente a la mesa de Slytherin para poder capturarle siquiera por un instante los ojos, me amonesté mentalmente y decidí concentrarme en el plato de comida. Más tarde, cuando volvía de la biblioteca hacia los dormitorios lo vi acercarse por el pasillo, caminando hacia mí con su característico andar altanero.
—Hola. —me saludó. Sentí un ligerísimo estremecimiento en todo el cuerpo, rogaba que no se hubiese notado.
—Hola. —respondí, no se me ocurría qué más decir.
—Te siguen tratando como a un paria, por lo que veo. —dijo provocándome con humor.
Traté de sonreír, pero lo cierto era que no me acostumbraba a estar solo, extrañaba a mis amigos. —Oh bueno, supongo que ya estoy resignado. —dije con tono forzado.
—¿Seguro? —preguntó levantando una ceja escéptica.
—No. —admití con tristeza— Pero no hay nada que pueda hacer para solucionarlo.
—Podrías unírteme en Slytherin. —bromeó, era claro que intentaba levantarme el ánimo— ¿O acaso no es ahí donde realmente te corresponde estar?
—¡Oh sí! Mike estaría encantado con eso. —apunté con una risa forzada.
—Así que sigue habiendo un Mike, al parecer.
—Así es, sigue habiendo un Mike. —dije alzando apenas una comisura, le escruté el rostro buscando algún signo de descontento pero lo único que pude detectar fue moderada curiosidad.
—Interesante. —musitó— ¿Cómo tomó el incidente del baño?
—¡Oh! Estaba que no cabía en sí del gusto. —respondí sarcástico.
Soltó una risa franca. Era agradable verlo y oírlo reír. Creo que era la primera vez que lo oía reír, auténticamente quiero decir. Risitas, risas burlonas, sí… montones… pero una risa genuina, nunca hasta ese momento.
—Quiere que me mantenga lejos de vos. —le confesé, quería ver como reaccionaba a eso.
—¿Así que dijo eso? —preguntó sonriendo, la información le había caído divertida. Típico de Malfoy y su habitual arrogancia, no consideraba a Mike una amenaza. Estaba convencido de que él podía hacer todo lo que quisiera; si su deseo era acercarse a mí no iba a ser Mike quien se lo impidiera. Para Draco Malfoy no había obstáculo que fuera insuperable.
—No tan explícitamente, pero sí. —contesté con sinceridad. Pero sin sonreír, yo no lo encontraba divertido.
—¿Y vos vas a hacerle caso? —preguntó serio y quizá con un dejo de preocupación luego de oír mi reacción. Lo cierto era que los deseos de Mike eran importantes para mí y los iba a tener en cuenta. Pero Mike no podía imponerme nada que yo no quisiera.
—Yo soy el que establezco mis propias reglas, Malfoy. —dije con tono dramático, sé que a Malfoy le encanta dramatizar todo. Y marché hacia la torre de Gryffindor sin demorarme un segundo más antes de que pudiera replicar.
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