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Una serie de puntos para unir
Capítulo 5 – Draco: De leones y dragones
Decidí que el mejor curso de acción después del incidente del baño era darle a Potter un poco de espacio. No teníamos clases en común ese día, así que todo lo que pensaba permitirme serían miradas ocasionales desde lejos en el Gran Salón. Estaba ansioso de atraerlo de manera mucho más concreta pero debía manejarme con sensatez, no podía darme el lujo de actuar con descuido. No convenía acelerar las cosas, y aunque Potter se mostraba menos suspicaz de lo que yo había anticipado, seguía siendo una poción muy inestable que podía explotar en cualquier momento. Lo prudente era dejarlo hirviendo con fuego muy bajo por un tiempo, ya llegaría el momento oportuno de reavivar la llama al máximo para hacerlo entrar en ebullición.
Sí, seducir a Potter iba a ser como preparar una poción muy compleja. Un giro de más al revolver y todo podría malograrse. Pero si hacía todo correctamente al final tendría a Potter embotellado, con un tapón bien asegurado para impedirle escapar y así se lo entregaría, directamente en las manos de mi amo.
Un escalofrío me corrió por el cuerpo al pensar en la palabra, amo. Me esforzaba para no utilizarla nunca a menos que me lo exigiera mi padre o el Señor Oscuro mismo. No estoy seguro de por qué, pero el apelativo me altera, me descompone incluso. Soy un Malfoy, no debería tener un amo. Sin embargo, el Señor Oscuro es indudablemente superior a mí, el Señor Oscuro es superior a todos, y entonces… ¿por qué llamarlo de esa forma me resulta tan desagradable?
Atribuirlo a la estricta crianza de los Malfoy y al convencimiento fundado de que somos superiores a todos es la mejor justificación que se me ocurre y pensar así me permite en general calmar esa desagradable sensación en el estómago; fue lo que hice en ese momento.
Aunque tenía planes estrictos para limitar al máximo mis atenciones para con el Gryffindor, el desayuno trajo algunas sorpresas que no me había esperado.
Me complació que el rojo Gryffindor no entrara acompañado de azul Ravenclaw, por cierto esos dos colores no se conjugan bien. Potter entró al Gran Salón solo y permaneció solo todo el tiempo. Había pasado lo mismo la noche anterior para la cena, lo que me llevó a preguntarme si Corner no habría roto con Potter… o viceversa.
Vi a Potter en varias ocasiones, haciéndose el distraído tratando de ubicarme la mirada. Yo por mi parte, no intentaba ocultar que mi interés estaba completamente dedicado a él, que era algo real que no tenía necesidad de fingir. Por fortuna era algo que se correspondía perfectamente también con el papel que estaba desempeñando. Ese juego de ajedrez que había iniciado con Potter. Cada uno de mis pensamientos giraba en torno de la forma en que lo iba a engañar. Iba a conseguir que me fuera cobrando cada vez más afecto, mis palabras iban a estar calculadas sílaba por sílaba para que se correspondieran a la perfección con lo que Potter quería y necesitaba oír en cada momento.
No obstante, las cosas se habían apartado del plan más de lo que me hubiera gustado, y aunque mi intención era no interactuar con él durante un tiempo, cuando lo vi levantarse de repente y salir del Salón sin haber terminado de desayunar, sentí el impulso de seguirlo.
Me pregunté si planearía ir a encontrarse con Corner en secreto o si quizá alguno de su mesa lo había hecho enojar con algún comentario burlón u hostigador. De mala gana tuve que admitir que en alguna oportunidad había sentido envidia de Potter por los amigos que tenía, pero ahora me daba cuenta de que había sido un sentimiento totalmente infundado al ver la forma en que los así llamados "amigos" lo habían abandonado por completo. Me imaginaba que al Niño Dorado no le iba a resultar fácil acostumbrarse al aislamiento al que lo habían condenado. A mí, por mi parte, me habían educado —como a todo heredero de una familia sangrepura— en el concepto de que no había que confiar ni depender de nadie. Yo y nadie más que yo era el que guardaba la llave de la victoria o del fracaso y no debía esperar que nadie me ayudara a conseguir lo que quería. Ya desde edad temprana se me había enseñado que una persona sólo debía considerarse "amiga" cuando podía hacer algo por uno. Hacete con todo lo que puedas y no des nada a cambio, no era precisamente el lema de los Malfoy, pero bien podría haberlo sido.
Estuve dando varias vueltas preguntándome adónde se habría metido hasta que de repente me choqué con él, se le cayeron las cosas que llevaba y se desparramaron por el suelo. Irritado, se pasó una mano por el pelo, se acomodó los lentes y dio un paso atrás. Era claro que se había sorprendido al ver que era yo el que estaba parado a su lado. Nuestros ojos se encontraron, me miraba con disgusto y apretó los labios fastidiado.
—¡Jesús, Malfoy! —empezó a protestar y suspiró contrariado ante el desparramo de libros.
Sonreí tratando de disimular, no quería mostrarme divertido por haberlo hecho tropezar, —no había sido intencional—ni tampoco demasiado malicioso. —Perdón, Harry. —ofrecí de manera inmediata, su nombre de pila y una disculpa de mi parte en una frase tan corta seguramente iban a descolocarlo. Incluso Potter tenía que notar cuán inusitado era eso.
No dijo nada, pero pude sentir su mirada esmeralda taladrándome la espalda cuando me agaché para recoger sus cosas. ¿Se daría cuenta de lo extraordinario que era un gesto así viniendo de mí? Sólo recuerdo una ocasión en la que se me cayeron los libros, fue en tercer año, iba corriendo por el sendero de piedra hacia los invernaderos y tropecé. En esa oportunidad obligué a un chico de primer año muy asustado que pasaba en ese momento a que me los levantara. Y por supuesto, jamás me habría molestado en recogerle los libros a otro, ni siquiera con magia. Era algo inaudito y se dio cuenta, quedó perplejo. La movida improvisada me había resultado perfecta.
—Acá tenés. —dije entregándoselos con inocentes ojos de niño. Se le iluminó el rostro como un árbol de navidad, tuve que contener una risa. Los aceptó con un murmurado —Gracias.
Lo había dejado anonadado; sonreí y partí por el pasillo. Giré en el primer recodo y me metí en un aula vacía para darle rienda suelta a la risa. La expresión de su cara había sido impagable, de haber sabido lo mucho que podía afectarlo con gestos tan nimios los habría implementado como táctica muchos años antes.
Él sabía que en mi caso una acción amable como ésa se apartaba completamente de la norma. En mi mente se repetía una y otra vez la imagen de sus ojos verdes brillantes de asombro. Mi humor cambió por completo cuando bajé la vista y vi que la Marca Oscura asomaba por debajo de la manga, comenzaba a hacerse aparente de nuevo, el efecto del ungüento iba desvaneciéndose. Me bajé la manga y salí disparado hacia los dormitorios de Slytherin.
Menos mal que me había dado cuenta, hubiera sido un desastre si Potter la hubiera visto. Iba a tener que llevar el ungüento siempre encima para un retoque de emergencia cuando fuera necesario. Potter pasaba últimamente mucho tiempo en la biblioteca —solo—. No me resultó difícil evitarlo el resto del día.
Me preocupaba un poco el hecho de que Pansy estuviera contándoles a todos acerca de mis planes para con el Niño Dorado, si seguía así hasta Potter iba a terminar enterándose. Y ni hablar si el rumor llegaba a oídos de mi padre.
Otra cosa que me preocupaba era el anillo. Parecía pesarme enormemente en el dedo y me había suscitado muchas preguntas. Iba camino a la clase de Runas cuando se me ocurrió una idea brillante… como todas mis ideas, por cierto. Pero haría falta esperar hasta después de la cena.
Después de comer fui directo a los dormitorios y le escribí una nota corta pero precisa a mi padre.
Padre:
Gracias por lo generoso de tu regalo. Tengo, no obstante, una pregunta al respecto. Mencionaste que tiene la capacidad de transportar a cualquiera a la Mansión, incluso a través de las defensas de Hogwarts. ¿Serviría para trasladar a dos personas al mismo tiempo? Por ejemplo, ¿si invitara a alguien a pasar el fin de semana en casa?
Draco
No quería revelarle mucho más de mis planes para con Potter, aunque quizá no le parecerían mal si se enterara. Pero no quería que interfiriera de ninguna forma y mucho menos que le informara al Señor Oscuro, no por el momento al menos. Estaba convencido de que mis planes tendrían éxito pero no quería por ahora tener a Voldemort acechando a mis espaldas pendiente como un buitre.
Fui a llevarle la misiva a Snape, él sabría hacérsela llegar discretamente a mi padre. Lo encontré corrigiendo deberes cuando entré, me tuvo esperando unos momentos sin interrumpir su tarea. Tuve que carraspear un par de veces hasta que se dignó a prestarme atención.
—Señor Malfoy, —saludó con frialdad— ¿qué es lo que lo trae por aquí? Faltan pocos minutos para el toque de queda.
—Necesitaría que le hiciera llegar esto a mi padre. —dije depositando la hoja de pergamino plegada sobre el escritorio.
La tomó con un movimiento rápido y se la guardó de inmediato en un bolsillo. Asentí en silencio, giré y enfilé hacia la puerta para retirarme.
—Necesito hablar unas palabras. —me llegó la voz grave y sedosa de tonalidad hipnótica; me detuve al instante y me di vuelta— Me han llegado rumores de tus planes con respecto a Potter.
—¿Y…? —arriesgué cauteloso, no sabía qué había sido lo que había oído pero Snape era un excelente observador y sumamente agudo, bien podría haber deducido todo.
—Y… creo que tus intenciones van más allá, que meterte en los pantalones de Potter no es tu único propósito.
—Es Ud. muy perspicaz. Agradecería que sus especulaciones al respecto no llegaran a los oídos de mi padre o a los del Señor Oscuro. No quisiera ser víctima de su ira en el supuesto caso de que algo saliera mal.
—Si algo saliera mal, terminarías muerto. —entonó con voz helada, me corrió un escalofrío por la espalda.
—No… si no saben nada del asunto. —repliqué.
—El precio sobre tu cabeza por engañar a Potter va a ser alto. Van a ser muchos los interesados en conseguirla, y no precisamente Slytherins, Draco.
—Creo que no entiendo lo que me quiere decir. —dije con sinceridad, parecía que Snape estaba pasando demasiado tiempo con Dumbledore, empezaba a sonar igual que el director.
—¿Pensás acaso que los Gryffindors van a dejar pasar por alto una afrenta como ésa sin reaccionar? Puede que lo aborrezcan en el momento presente, pero siguen siendo leales a lo que Potter representa, tomarán severas represalias contra cualquier hombre —o chico— que sea causa de su caída. —agregó Snape, un centelleo brillante le cruzó los ojos negros.
—¿Qué mejor incentivo para no fracasar? —dije con un tono de valentía que en realidad no tenía.
—Quizá debería ser un incentivo para abortar todo… antes de que sea demasiado tarde.
—Ya es demasiado tarde para retroceder. —estaba convencido de que así era. Ya había clavado mis colmillos demasiado hondo en la suculenta carne de Potter… nada me iba a disuadir de llegar hasta el final, nada iba a impedirme que obtuviera mi recompensa… así estuviera poniendo en peligro mi vida.
Suspiró y sacudió la cabeza. —A estas alturas debería ya saber que de poco vale tratar de argumentar con un Malfoy. Pero quiero que sepas que voy a estar muy feliz cuando, llegado el momento, pueda enrostrarte un: "Te lo había advertido".
—Muy generoso de su parte, de Ud. no esperaría menos. —dije sarcástico— ¿Me puedo retirar?
—Sí, de cómo salvarte el pellejo era lo único que quería discutir. Andá nomás. —hizo una seña distraída con la mano y volvió a su trabajo.
Revoleé los ojos y salí cuanto antes, no fuera que cambiara de opinión y recomenzara a sermonearme.
Se me ocurrió que antes de volver a los dormitorios podía dar unas vueltas para ver en qué andaba mi Gryffindor preferido, sospechaba donde podría estar. Tuve suerte, lo alcancé justo saliendo de la biblioteca.
—Hola. —saludé acercándomele. Parecía nervioso.
—Hola. —respondió con torpeza y sonrojándose un poco.
—Te siguen tratando como a un paria, por lo que veo. —observé en tren de broma. Se encogió de hombros.
—Oh bueno, supongo que ya estoy resignado. —replicó con tono amargo.
—¿Seguro?
Hubo un instante de silencio, movió los pies inquieto. A mí me habían enseñado a controlar mis gestos para disimular casi cualquier emoción, el lenguaje corporal de Potter, por el contrario, era muy revelador.
—No. —concedió finalmente con tristeza— Pero no hay nada que pueda hacer para solucionarlo.
—Podrías unírteme en Slytherin. —sugerí con humor, aunque pensé en ese momento cuánto podría haberme divertido con Potter todos esos años si hubiéramos sido compañeros de dormitorio— ¿O acaso no es ahí donde realmente te corresponde estar?
—¡Oh sí! Mike estaría encantado con eso. —dijo soltando una risa. Los hombros se me tensaron sin mi autorización.
—Así que sigue habiendo un Mike, al parecer. —comenté distraído tratando de disimular la rabia asesina que me inspiraba oírlo mencionar a Corner. Todavía no sabía bien cuán seria era la relación entre ellos y eso me tenía inquieto.
Me miró como escrutándome, quizá mi comentario no le había sonado del todo pertinente. —Así es, sigue habiendo un Mike. —dijo finalmente.
—Interesante. —mentí, lo encontraba sumamente irritante— ¿Cómo tomó el incidente del baño? —deseaba que me dijera que Corner le había rogado que no rompiera con él, no quería ni pensar en la posibilidad de que hubiese sido al revés.
—¡Oh! Estaba que no cabía en sí del gusto. —replicó con tono cargado de sarcasmo.
La imagen de Corner recriminando a Potter después de habernos encontrado en una situación tan comprometedora me hizo reír. Me pregunté cuánto tiempo le habría llevado a Potter para convencer a su novio de que no estaba interesado en mí, algo que obviamente era una mentira.
—Quiere que me mantenga lejos de vos. —soltó de improviso, era en cierta forma una confirmación de lo que había ya imaginado, había evitado la ruptura con Corner mintiéndole.
Me estaba probando. Pero no me preocupó, mi reacción hubiese sido la misma aunque no hubiera estado representando un papel. Alzando la característica comisura lo miré con ojos divertidos— ¿Así que dijo eso?
—No tan explícitamente, pero sí. —lo había dicho con determinación y con tono serio. Me asusté por un momento. ¿Corner lo había conminado a que no tuviera ningún tipo de contacto conmigo? Eso era algo que no podía permitir.
—¿Y vos vas a hacerle caso? —pregunté con una nota de preocupación que traté de disimular al máximo. Pero Potter la había notado porque dibujó una sonrisa imperceptible, me había hecho caer en su trampa.
—Yo soy el que establezco mis propias reglas, Malfoy. —dijo con voz muy suave pero resoluta. Y se marchó sin agregar nada más.
Me dejó perplejo y hubiera quedado boquiabierto también, pero eso es algo que a los Malfoy nos está vedado. El cachorro de león se había atrevido a manipularme, era inaceptable. Igual no pude evitar sonreír, tenía un oponente digno de mí, iba a ser mucho más satisfactorio derribarlo. En otras épocas llegué a considerar a Potter un desperdicio de aire y tiempo, pero no era así, era complejo, multifacético, explosivo… el rival ideal, un desafío perfecto.
—Cierto es que no hubieses estado fuera de lugar en Slytherin. —susurré para mí mismo y enfilé hacia los subsuelos.
Me desperté al día siguiente bañado en sudor y con la erección más dura de la que tuviera memoria. Sólo recordaba retazos de los sueños que había tenido, pero habían estado todos centrados en Potter. Sentía crecer mi impaciencia y sabía que eso no me convenía. Igual, la sensación de tenues labios invisibles recorriéndome entero no hacía sino consolidar mi determinación. Esto era algo que iba a llevar a cabo y mi premio sería el sedoso cuerpo de Potter… debajo del mío. Podía imaginarlo sudoroso y ardiente, gimiendo de gozo con cada acometida. Podía visualizar la vívida claridad de sus ojos verdes al alcanzar el orgasmo, podía oírlo susurrando dulcemente mi nombre.
¿O acaso sería de los que gritan? Quizá me había creado una imagen equivocada y no era un delicado pimpollo sino un felino feroz como el del emblema de su Casa. Quizá era de los que muerden y clavan las garras… y rugiría mi nombre en el éxtasis. No importaba, de una forma o de la otra, sería mío.
Fui a tomar una ducha y bajo el chorro cálido empecé a masturbarme ante imágenes de Potter cabalgándome. Era la fantasía más vívida que me había permitido con Potter hasta ese momento y me dejé llevar completamente… hasta que el sonido de una tos me arrancó del ensueño sobresaltándome.
Me di vuelta. Un Blaise con expresión muy divertida sólo tenía ojos para la verga aferrada en mi mano. —Yo podría ocuparme de eso por vos, si querés. —ofreció con un guiño.
Revoleé los ojos. —Gracias, pero tengo todo bajo control. —murmuré, en tercer año le había permitido que me la chupara de vez en cuando y ahora me acosaba constantemente como si yo fuera el único con pito de Slytherin.
—Bueno… me conformaría con mirar. —susurró lamiéndose los labios, era tan irritante, de golpe me sentía mucho menos excitado, le di la espalda y le ordené que se fuera.
Terminé de ducharme, me vestí y bajé a desayunar. Potter ya estaba sentado a su mesa.
Las imágenes del sueño volvieron a fluir al verlo, mis ojos centellaban de lujuria cuando su mirada se cruzó con la mía. Para mí se había transformado en una especie de juego, ¿cuál era el tiempo más corto posible para hacerlo ruborizar? Le sonreí y él casi que me sonrió a su vez. Me di cuenta entonces que su novio Ravenclaw estaba muy atento observando nuestro intercambio, me dirigió una mueca desdeñosa.
Me reí para mis adentros, me puse de pie, me guardé una manzana en el bolsillo y salí del Gran Salón. Me quedé aguardando. Corner salió un rato después, fui tras él, me puse a caminar a su lado y le pasé un brazo por encima de los hombros.
—Vos y yo tenemos un problema. —le informé directamente.
—¿Ah sí? ¿Y cuál sería? —replicó con tono de odio, pero que trasparentaba también una nota de temor.
—Verás, parece que vos tenés a Potter, por el momento… y hete aquí que yo deseo a Potter. Y creo que no hará falta recordarte que un Malfoy siempre consigue lo que quiere. —dije alzando una comisura.
Trató de desprenderse de mi brazo, pero yo soy más alto y más fuerte que él, no lo logró. —Harry me ama. —dijo Corner como si con eso diera por resuelta la cuestión.
—¿Él te lo dijo? —pregunté— Puedo asegurarte que a mí no me mencionó nada por el estilo.
—¿Y por qué tendría que decirte nada? Harry no te puede ni ver. —graznó con más arrojo de lo que hubiera esperado. Todo indicaba que Corner iba a oponer más resistencia de la que yo había previsto.
—¿Realmente creés que es así? — musité tratando de indicarle con el tono lo disparatado de su afirmación. Que en realidad era cierta, pero también era cierto que Potter se sentía atraído por mí, probablemente más que por el muy poco adecuado novio que caminaba a mi lado. —Bueno… si es así… supongo que no tenés que preocuparte de nada, entonces. —concluí con un guiño, lo solté y marché hacia el aula de Pociones.
Potter llegó sobre la hora, tomó rápidamente asiento a mi lado y me dirigió un atisbo de sonrisa.
—¿Y… cómo has estado? —dije como para iniciar la conversación.
—¿Desde anoche? —preguntó con una sonrisa curiosa— Bien, ¿y vos?
—Mejor que bien, diría. —repliqué recordando los sueños.
—Me alegro por vos. —dijo sarcástico.
Me encogí de hombros y nos pusimos a trabajar en silencio. En un momento levanté la vista y lo encontré mirándome con atención como si yo fuera un libro que estuviera estudiando.
—¿Qué pasa? —pregunté frunciendo el ceño.
—Contame algo.
—¿Contarte qué? —no entendía qué era lo que quería.
—Algo. Cualquier cosa. Pero tiene que ser verdad. —especificó.
Solté una carcajada corta y sacudí la cabeza. —¿Estás insinuando que todo lo que te dije hasta ahora no fue verdad? Creí que me tenías más confianza, Potter.
—¿Debería tenértela? —preguntó y yo volví a reír.
—No soy yo el que debe decidir eso. —le aclaré.
—Entonces contame algo. —repitió, no entendía por qué se mostraba tan insistente de repente, pero decidí darle el gusto… en parte, al menos. Pensé un momento y se me ocurrió el relato perfecto.
—Cuando yo era chico tenía una mascota, era un dragón. Le había puesto Leo de nombre porque tenía escamas doradas que parecían de fuego y una cresta grande llameante que semejaba la melena de un león. Una noche se escapó y se perdió en los bosques de los alrededores. Padre lo encontró muerto unos días después, me dijo que lo habían matado con un arma muggle. —dejé que la tristeza se me reflejara en el rostro— A Padre nunca le había gustado, mucho menos cuando le puse Leo; no me pareció que fuera un nombre que tuviera nada de malo, es una constelación. A veces yo decía que iban a ponerme en Gryffindor porque mi mascota se llamaba Leo y yo quería ser fuerte y valiente como él. Naturalmente, a mi padre no le gustaba para nada que dijera esas cosas. Siempre tuve la sospecha de que había sido mi padre el que lo mató.
—Malfoy… ¡eso es tan triste! —susurró apartando la vista.
—Es la vida, Potter. Vivimos hasta que ya no vivimos más. —dije con tono sombrío tratando de sacarle el mayor jugo posible al relato. En realidad había llegado a derramar un par de lágrimas por mi dragón perdido y por la crueldad de mi padre, pero soy un Malfoy y los Malfoy no lloran.
Estuvimos un rato en silencio después de eso. Potter me dirigía miradas de tanto en tanto. Decidí que podía pedir algo a cambio por la verdad que le había contado. —Entonces, Potter, ¿activo o pasivo? —tuve que contener la risa, se le desorbitaron los ojos y se sonrojó furiosamente. ¡De verdad, se veía deslumbrante cuando se ruborizaba!
—¿Cómo? —preguntó como si esperara que le dijera que me refería a algo trivial como voces gramaticales o algo así.
—Sexo, Potter. —aclaré sin vueltas— Te conté algo personal, ahora es tu turno. ¿Sos activo o pasivo? —todavía tenía que determinar con certeza cuán lejos había llegado con Corner y sorprenderlo con la guardia baja parecía la mejor forma de obtener una respuesta sincera.
—¿Y pensás que voy a decírtelo? —dijo con desdén, pero se puso más colorado, si cabe.
—Claro, ése es el propósito de la pregunta. —repliqué obstinado.
—¿Y por qué no me lo decís vos primero? —me devolvió la pregunta; en general no hubiese admitido ese tipo de treta pero quería ponerlo en situación incómoda y observar su reacción.
—Activo, siempre. —repliqué haciendo deslizar la lengua por el labio inferior —Tu turno.
—¿Y qué si te digo que yo también soy activo? —me increpó desafiante.
—¿Es eso cierto? —pregunté con curiosidad; yo lo preferiría pasivo pero quizá a Corner le gustaba al revés.
Revoleó los ojos y me hizo una especie de puchero desdeñoso que lo único que consiguió fue despertarme ganas de hundirle los dientes en los labios— Bueno, me temo que es algo que nunca vas a averiguar porque ya tengo novio, ¿o ya te olvidaste?
—Me acuerdo… pero si no me equivoco vos ya tenías novio cuando estabas acorralado contra la pared del baño el otro día y no me pareció que te desagradara el avance. —dije recorriéndolo con los ojos de arriba abajo.
Se le reavivó el rubor, pero sus palabras no lo traicionaron como sus mejillas. —Creo que la palabra clave es "acorralado", Malfoy.
Me permití una corta carcajada. —No soy tonto, Potter. Disfrutaste cada segundo. Y te quedaste quieto, sin resistir, como un muñeco en mis manos, me habrías dejado hacerte cualquier cosa que se me antojara.
—¡Claro que no! —protestó apretando los labios.
—¿Estás seguro? —le susurré al oído mientras le iba acariciando la pierna con los dedos. Percibí su estremecimiento como respuesta al contacto. Alzó los ojos buscando al profesor pero Snape estaba ocupado con otra cosa totalmente ajeno a lo que estaba pasando. Le hundí las yemas en la carne del muslo muy cerca de la entrepierna.
Siseó aspirando el aire y bajó los párpados lentamente, corrió una cortina de pestañas negras por encima de los iris verdes.
—¿Corner puede calentarte así? —pregunté sugestivo haciendo que mi voz le ronroneara por todo el cuerpo.
—Mike es muy buen tipo. —declaró esquivando la pregunta.
—Es claro que no se puede decir lo mismo de mí. Pero creo que yo tengo para ofrecer mucho más de lo que podrías obtener nunca con Corner. —mis dedos seguían peligrosamente cerca de su creciente erección.
—¿Cómo qué? —preguntó incisivo, le había brotado una chispa repentina que pareció arrancarlo del trance en el que mis caricias lo habían sumido.
—Yo puedo desafiarte de maneras que él nunca podría. Vos y yo somos tal para cual, Harry. Las dos caras de una misma moneda. La oscuridad y la luz. El frío y el calor. Nuestra pasión va arder más brillante que cualquier llama que puedas concebir. —susurré sin saber de dónde me nacían las palabras, pero sabía que eran la verdad apenas las hube pronunciado.
—Yo no busco desafíos. Yo quiero alguien que me brinde apoyo, que me quiera, que me ame. —dijo con voz queda y luego apartó la cara como si se arrepintiera por haber hablado de más.
—¿Y qué si yo pudiera brindarte también eso? —pregunté alzando las cejas con una expresión que reflejaba la curiosidad que sentía. ¿Iba a hacer falta eso para ganarme a Potter? ¿Amor? ¿Iba a poder simularlo de manera lo suficientemente convincente como para que me creyera y se me uniera? Un Malfoy puede lograr cualquier cosa.
—No podés. —dijo con tono sombrío.
—¿Estás seguro? —inquirí recorriéndole con la mano el flanco hasta la cintura. Él me la apartó.
—Sí, estoy seguro. —respondió con firmeza— Como mucho, vos y yo podríamos llegar a ser amigos. Pero eso es todo.
—Eso no alcanza. —protesté sin poder contenerme.
Revoleó los ojos. El rubor había desaparecido de sus mejillas. Habló con tono serio. —Es eso o nada en absoluto.
Entrecerré los ojos y sacudí levemente la cabeza. Los Malfoy no nos damos por vencidos con facilidad y ni qué decir tiene lo mal que nos caen los ultimátums. Respiré hondo y traté de contener la rabia que me provocaban sus imposiciones, sonreí débilmente y le acomodé una mecha negra por detrás de la oreja. —Si es eso lo que vos querés… —dije con el tono más herido que pude conseguir. Luego me aparté y puse toda mi atención en la poción.
Se quedó mirándome sin decir nada. No expresó ni su acuerdo ni su rechazo. Iba a tener que bastarme por el momento. Mientras no me apartara definitivamente seguía teniendo posibilidades de ganármelo. Cuando la clase terminó, junté mis cosas y le sonreí triste. —Nos vemos más tarde, Harry. —dije y salí sin esperar respuesta; que se tragara un sorbo de su propia medicina.
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