Una serie de puntos para unir

Capítulo 6 Harry: La batalla, pero no la guerra

Sabía que el incidente del baño había fastidiado a Mike más de lo que había dejado ver. No volvió a mencionarlo, pero podía adivinarlo en sus ojos cada vez que Malfoy andaba cerca. Lo miraba cuando estábamos en el mismo recinto —no fijamente sino por momentos— y luego "disimuladamente" me miraba a mí para ver si yo "por casualidad" también tenía los ojos sobre el príncipe de hielo de Slytherin. Eso era lo más difícil para mí porque… bueno… siempre que Malfoy estaba presente… atraía mis ojos como si fuera un imán.

Eso fue lo que pasó al día siguiente durante el desayuno. Malfoy me estaba mirando como si yo fuera un budín de chocolate al que quisiera hincarle el diente y degustar enteramente con la lengua y Mike tenía los ojos clavados en Malfoy mirándolo como si fuera la encarnación del diablo. Todos esos cruces de miradas estaban poniéndome muy nervioso. Sentía que algo estaba por pasar pero no sabía qué, y tampoco sabía a quién de los dos me convenía observar con mayor atención, así que decidí ir alternando la mirada entre ambos.

Me quedé en el Gran Salón esa mañana hasta casi la hora de ir a clase; siempre hacía así, o me iba antes o casi a lo último para no coincidir con los otros Gryffindors —sobre todo con Ron— cuando subía a la torre a buscar los libros. Me demoré más de lo debido y estuve a punto de llegar tarde a la clase de Pociones, entré en el aula sobre la hora y me senté en mi lugar al lado de Malfoy.

—¿Y… cómo has estado? —me preguntó. Esperaba no lucir tan cansado como me sentía. Pero él no hizo ningún comentario sobre eso.

—¿Desde anoche? —pregunté con una sonrisa de sacarina. Si me ponía a pensar en lo pésima que se había vuelto mi vida me entraban ganas de arrojarme al vacío desde lo alto de la Torre de Astronomía; quiero decir, las cosas debían estar muy mal si era la compañía de Malfoy lo que me hacía sentir mejor, ¿no les parece? —Bien, ¿y vos?

—Mejor que bien, diría. —me contestó. Tenía un aire presumido y satisfecho en el rostro como si la noche anterior hubiera echado un polvo. Y probablemente había sido así, no me hubiera sorprendido.

—Me alegro por vos. —dije sin mostrarme impresionado. Por alguna razón, la idea de Malfoy teniendo sexo con alguien no me sentaba bien del todo. No debería importarme, no era asunto mío… y además yo tenía a Mike.

Se limitó a encoger los hombros y se puso a preparar todo para la siguiente etapa de la poción, estuvimos trabajando durante un rato en silencio.

Me pregunté con quién sería que se estaba acostando y si significaría algo especial para él. Probablemente no, me dije, la única persona que significaba algo para Malfoy era Malfoy mismo. Probablemente era Blaise Zabini, siempre anda atrás de Malfoy y es de los que se encaman con cualquiera sin hacer ningún tipo de distinción; incluso he oído que ha seducido a algunos chicos hetero. Recuerdo una noche que llegó a hacerle un avance a Ron, fue durante una fiesta en la Torre de Gryffindor en la que los Slytherin se habían colado como es su costumbre. Ron se había escandalizado y no paró de hablar indignado sobre el asunto durante semanas: fue así que me di cuenta de que nunca podría decirle a mi mejor amigo que era gay, Ron es un homófobo de los peores.

Pero dudo que Malfoy se arriesgue a contagiarse algo de alguien como Zabini. No, si Malfoy había tenido sexo la noche anterior, definitivamente no había sido con ese… con ese depravado de Zabini. No, no podía ser…no…

¿O sí?

A decir verdad, no podría afirmar nada al respecto con certeza. Según algunos rumores, Malfoy era desenfrenado como el que más… pero eso eran sólo rumores… ¿o cuando el río suena…? Bueno, lo cierto es que… si no se tratan sólo de rumores… es también lo suficientemente astuto como para mantenerlo bastante bien tapado. No como Zabini que prácticamente coge con quien sea, donde sea y delante de quien sea. Yo siempre creí que Malfoy es mucho más listo de lo que parece, Hermione solía decir que a veces dejaba escapar accidentalmente algo de información, yo nunca la contradije, pero siempre estuve en desacuerdo con eso. Si bien me negaba a admitirlo, incluso ante mi mismo, siempre tuve la impresión de que Malfoy deja ver abiertamente sólo lo que él quiere que los demás vean.

—¿Qué pasa? —me preguntó frunciendo el ceño y con una extraña emoción en los ojos. Me había pescado mirándolo fijamente. Maldición.

Me seguía preguntando cómo era el verdadero Malfoy. El que se guardaba sólo para él. —Contame algo. —le pedí de improviso con el propósito de aproximarme más a ese Malfoy, para saber cómo era realmente. Estrictamente para que me resultara más útil para vencer a Voldemort, me recordé.

—¿Contarte qué? —preguntó arrugando todavía la frente, pero algo de la tensión en sus facciones había cedido.

—Algo. Cualquier cosa. Pero tiene que ser verdad.

Sacudió levemente la cabeza y se rió. —¿Estás insinuando que todo lo que te dije hasta ahora no fue verdad? Creí que me tenías más confianza, Potter.

—¿Debería tenértela? —repliqué. Malfoy no es famoso precisamente por su sinceridad.

Volvió a reírse. —No soy yo el que debe decidir eso.

—Entonces contame algo. —insistí.

No creí que fuera a darme el gusto, al menos no de la forma que yo quería. Pero me sorprendió contándome una historia de su infancia. Un infundio total, por supuesto. ¿Que estaba convencido de que lo pondrían en Gryffindor porque tenía un dragón de mascota al que le había puesto nombre de león? ¿Quién se tragaría algo así? Yo puedo hablar con las serpientes y no por eso terminé en Slytherin… aunque podría haber…

Creo que es mejor quedarme con mi impresión original: Malfoy es un embustero, un falso de mierda.

Me dolió un poco que no pudiera ser sincero conmigo, ni siquiera por un segundo, incluso cuando podía elegir qué contarme. Podría haberme contado alguna tontería sin importancia pero cierta. Pero no, se había inventado ese disparate sobre el dragón mascota muerto.

—Malfoy… ¡eso es tan triste! —susurré siguiéndole el juego, no quería ponerlo en evidencia por el embuste, habríamos terminado peleando. No podía mirarlo. Yo había sido sincero con él todo el tiempo… bueno, casi todo el tiempo… y él no podía ni siquiera… ¡arjj, era tan exasperante!

—Es la vida, Potter. Vivimos hasta que ya no vivimos más. —dijo encogiéndose de hombros.

Sí, nadie mejor que un futuro mortífago para sostener una actitud tan displicente sobre el valor de la vida. Seguimos trabajando en silencio durante otro rato y de repente me preguntó a boca de jarro. —Entonces, Potter, ¿activo o pasivo?

¡Maldición, me estoy sonrojando! Después del incidente del baño se había vuelto más atrevido, pero sacar el tema del sexo en medio de una clase… era llevar las cosas demasiado lejos, se estaba pasando. Fue entonces que me acordé de que yo había estado discurriendo sobre la vida sexual de Malfoy apenas unos momentos antes.

—¿Cómo? —pregunté haciéndome el que no había entendido.

—Sexo, Potter. —dijo con franqueza, como si expresara tácitamente que sabía que yo estaba intentando esquivar la cuestión y que no estaba dispuesto a permitírmelo. Te conté algo personal, ahora es tu turno. ¿Sos activo o pasivo?

¡Como si eso fuera asunto suyo! Él ni siquiera me había contado algo cierto. —¿Y pensás que voy a decírtelo? —repliqué, y me ruboricé todavía más porque en ese momento me vino a la mente que quizá algún día podría llegar a ser asunto suyo; ¿estaba tratando de averiguar si éramos compatibles?

—Claro, ése es el propósito de la pregunta. —insistió.

—¿Y por qué no me lo decís vos primero? —dije tratando de cambiar el centro de la conversación.

—Activo, siempre. —respondió sin vacilar un segundo —Tu turno.

Puede que —técnicamente— siga siendo virgen pero yo sé que soy versátil según suele decirse. Ambas posiciones me resultarían igualmente placenteras. —¿Y qué si te digo que yo también soy activo? —dije para sacármelo de encima, quizá si pensaba que iba a tener que ser pasivo para mí se le apagaría todo ese entusiasmo que demostraba.

—¿Es eso cierto? —preguntó. Pareció sorprenderse. Nadie mejor que Malfoy para hacer presunciones sobre mí así como así sin fundamento cierto. Él cree que sabe todo sobre mí. Si fuera así sabría que a mi me gusta la igualdad en las relaciones, dar y recibir, mitad y mitad.

Revoleé los ojos para darle a entender que sus presunciones y sus preguntas personales me tenían muy sin cuidado. Pretendía que le contestara a sus preguntas y él no era capaz de contarme algo cierto. No veía razón para contestarle. —Bueno, me temo que es algo que nunca vas a averiguar porque ya tengo novio, ¿o te habías olvidado? —le dije, si bien admito que me di cuenta de lo infantil que sonaba.

—Me acuerdo… pero si no me equivoco vos ya tenías novio cuando estabas acorralado contra la pared del baño el otro día y no me pareció que te desagradara el avance. —me dijo con arrogancia.

Se me reavivó el calor en las mejillas. Tenía razón, en ese momento en el baño lo habría dejado hacerme lo que quisiera. Recurrí a la táctica habitual. Negar. Negar. Negar. —Creo que la palabra clave es "acorralado", Malfoy. —dije casi sin inmutarme.

Se me rió en la cara. —No soy tonto, Potter. Disfrutaste cada segundo. Y te quedaste quieto, sin resistir, como un muñeco en mis manos, me habrías dejado hacerte cualquier cosa que se me antojara.

—¡Claro que no! —le espeté, de pronto me dio rabia que Malfoy lo dijera haciéndolo sonar como si yo fuera un mariconcito rogando que se lo cogieran.

—¿Estás seguro? —me susurró en la oreja. Su aliento en el lóbulo combinado con sus dedos diestros que en algún momento habían empezado a acariciarme el muslo me hicieron estremecer. No podía creer que estuviera manoseándome en mitad de una clase. Alcé los ojos buscando a Snape, pero estaba ocupado en otra cosa, no supe decidir si era mejor así o no.

Apretó los dedos y me clavó las uñas en la carne muy cerca de la verga, que se había amotinado y estaba aumentando de tamaño sin mi consentimiento. Nunca hubiera imaginado que el dolor pudiera sentirse tan delicioso. Si sus uñas llegaban a abrir la piel juro que habría perdido el control por completo, menos mal que la tela del pantalón se interponía. Pero tuve que quedarme quieto, mordiéndome la lengua, inhalando el aire con un siseo, conteniéndome, tratando de vencer el impulso de arrancarle las ropas a Malfoy ahí mismo.

—¿Corner puede calentarte así? —preguntó con voz sexy, pero había cometido un error, mencionar a mi novio me hizo volver a la realidad. Permitime un consejo Malfoy, cuando estés tratando de seducir al amante de otra persona, no le recuerdes que está engañando a su pareja: es contraproducente.

—Mike es muy buen tipo. —se lo estaba recordando a Malfoy pero también me lo recordaba a mí mismo.

—Es claro que no se puede decir lo mismo de mí. Pero creo que yo tengo para ofrecer mucho más de lo que podrías obtener nunca con Corner. —afirmó con alarde. Sus dedos me seguían apretando pero ya no me parecían tan agradables… me sentía mal por Mike.

—¿Cómo qué? —pregunté con brusquedad. Sabía que no podía echarle toda la culpa. Él se había vuelto agresivo en su avance pero yo no lo había disuadido ni resistido como debería haberlo hecho. Pero experimentaba una especie de retorcido placer al responsabilizarlo sólo a él.

—Yo puedo desafiarte de maneras que él nunca podría. Vos y yo somos tal para cual, Harry. Las dos caras de una misma moneda. La oscuridad y la luz. El frío y el calor. Nuestra pasión va arder más brillante que cualquier llama que puedas concebir. —su voz era ardiente y si yo no hubiera estado hundido en la helada culpa que sentía habría entrado en llamas también.

—Yo no busco desafíos. Yo quiero alguien que me brinde apoyo, que me quiera, que me ame. —era verdad. Yo quería eso. Lo quería más que nada porque sabía que era algo que podía llegar a no tener nunca.

En los últimos días había llegado a resignarme al hecho de que no sobreviviría a mi enfrentamiento con Voldemort y por ninguna otra razón sino porque no quería sobrevivir. No tendría razón para seguir viviendo una vez que hubiera cumplido con mi destino profetizado. Vencería a Voldemort por mis padres, por Sirius y por todos aquellos a los que seguía queriendo, aunque hubiesen dejado de quererme; pero no abrigaba esperanzas de sobrevivir. Igual no tenía nada por qué vivir.

—¿Y qué si yo pudiera brindarte también eso? —preguntó alzando las cejas, daba el aspecto de quien estuviera haciendo una oferta sincera.

—No podés. —dije con voz muy suave. Nadie puede.

—¿Estás seguro? —dijo aflojando la presión sobre el muslo y desplazando la mano suavemente hacia arriba hasta mi cintura.

—Sí, estoy seguro. —respondí con determinación haciéndole quitar la mano— Como mucho, vos y yo podríamos llegar a ser amigos. Pero eso es todo.

—Eso no alcanza. —dijo casi con altanería.

¡Oh Malfoy! El niño rico malcriado y consentido. Genio y figura… —Es eso o nada en absoluto. —dije muy serio. Lo siento, está vez no vas a obtener todo lo que deseás.

Me sonrió y me hizo una especie de caricia en el rostro, pero en los ojos podía verle la rabia por el rechazo. Supongo que era algo totalmente inusitado para el joven Lord Malfoy, Príncipe de Slytherin y niñito caprichoso de tiempo completo. Si él pudiera mirar más allá de sus propios deseos y necesidades… quizá yo podría llegar a considerar la posibilidad… —Si es eso lo que vos querés… —dijo, había sonado realmente herido, lo cual, debo admitir, no dejó de sorprenderme.

Seguimos trabajando en la poción casi sin intercambiar palabras más allá de "pasame eso" o "¿en qué sentido hay que revolver?". Cuando la clase terminó se despidió con un "nos vemos más tarde" y se fue antes de que pudiera responderle.

Probablemente yo no le hubiera respondido nada.

Me ignoró durante el almuerzo. Supongo que seguiría enojado por el parate que le había interpuesto a sus avances. Yo no soy una persona mala y en parte me sentía mal por haberlo fastidiado pero decirle no a Malfoy era algo a lo que estaba obligado por respeto a Mike. Cuando estaba simultáneamente con Ginny y Mike me sentía muy mal todo el tiempo, no quería volver a eso. Además, estaba seguro de que a Malfoy se le iba a pasar rápido apenas encontrara un nuevo objetivo para conquistar. O eso era lo que yo creía, esa noche durante la cena no me sacó los ojos de encima ni por un segundo. Hubiera sido sólo un poco irritante si Mike no nos hubiese estado mirando todo el tiempo, pero estaba ahí también y eso me hacía sentir sumamente incómodo, mis ojos iban del uno al otro y me removía inquieto en el asiento.

Era seguro que la situación iba a terminar mal.

El desayuno al día siguiente fue igual, una nueva competencia de miradas hostiles entre ellos y muy preocupadas de mi parte. La tensión crecía y amenazaba con explotar en cualquier instante. Creo que hasta los profesores se habían dado cuenta porque parecían estar controlándolos con atención. Y quizá fue por eso que ninguno de los dos sacó la varita. Yo tenía la mía junto al plato por si tenía que intervenir… aunque no sabía bien lo que haría si me tocaba intervenir… ¿a cuál de los dos haría retroceder? ¿a Malfoy o a Mike?

Pero Mike eligió una manera distinta de imponerse, se levantó de su sitio y vino hacia mí; yo sospechaba lo que estaba por hacer, no por nada era un brillante Ravenclaw mi apuesto novio.

—Hola, Cielo. —me dijo sonriendo cuando llegó a mi lado. Yo ya había tragado lo que tenía en la boca anticipando el beso. Le sonreí a mi vez y traté de aguantar la risa, la cara de Malfoy debía de estar pasando por todos los colores del arcoíris de la furia.

—Hola. —dije y me paré para recibir su abrazo— Si serás ladino… —ronroneé. Él sonrió y me besó suave y tiernamente en los labios.

Le tomé la cintura con las manos, el beso era para dejarle en claro a Malfoy que yo ya tenía dueño. En realidad no me gusta pensar de esa manera, yo no pertenezco a nadie más que a mí mismo, y sé que Mike tampoco lo ve de ese modo, pero en ese momento era necesario demostrárselo a Malfoy así, para que interrumpiera sus flirteos. También era posible que me dejara de dirigir la palabra para siempre, si resultaba así, iba a tener que buscar otra forma para poder llegar a Voldemort.

Mike se mostró muy caballeroso para nuestro primer beso en público, no usó la lengua ni me agarró el trasero, ni nada por el estilo. Me fue dando besos tiernos en los labios, uno tras otro, haciéndome estremecer. No sé bien cuanto duró, quizá unos segundos… quizá una eternidad… pero nos separamos inmediatamente cuando oímos un aullido bestial y el estrépito de una copa metálica estrellándose contra el suelo.

Alcancé a ver a Ginny saliendo del Gran Salón roja de rabia y echando humo. Su jugo de calabaza, derramado y la copa que había azotado contra el suelo rodaba hacia la mesa de los Hufflepuffs. Nuestra escena había sido para Malfoy pero todos nos estaban mirando, se había hecho de golpe un gran silencio. Me puse colorado hasta los cabellos y sepulté la cara en el hombro de Mike murmurando¡Ay, Dios… ay, Dios!

Era claro que no me había detenido a prever las consecuencias.

No me pareció sensato que nos fuéramos juntos en ese momento, lo hice sentar a mi lado mientras yo terminaba de desayunar. Ya me imaginaba el titular de El Profeta al día siguiente: Harry Potter escandalizó a Hogwarts con un beso gay en público.

Fantástico.

Por el lado positivo, Malfoy parecía que se hubiera tragado un limón. No miré en ningún momento a los Gryffindors de la mesa, no hubiera podido soportar miradas agresivas y llenas de odio.

Cuando terminé de desayunar, tomé a Mike de la mano y salimos juntos, teníamos clase de Encantamientos, en ese momento no hubiera podido sentirme más contento de su compañía.

La clase de Encantamientos transcurrió serena. Nos sentamos juntos. Hubo murmullos y miradas, nada intolerable, sin embargo. Pero después de la clase… ¡eso ya fue diferente!

Mike partió para el baño y me dejó solo. Malfoy, que seguramente había estado acechando, se me acercó.

—¡Qué show más adorable montaron durante el desayuno! —dijo con tono melodramático. Sabía que yo me sentía muy mortificado por lo que había pasado y me lo estaba refregando.

—Gracias. —repliqué ignorando por completo la ironía y empecé a caminar para alejarme de él.

—Seguramente hasta vos sos capaz de reconocer un tono de sarcasmo. —dijo con una expresión de desdén que trataba de ocultar los celos que sin dudas sentía.

—Sí, por cierto. —dije sonriendo.

Para mi sorpresa, él sonrió a su vez. Y fue agradable ver que le cambiaba la expresión, enojado lucía feo. —Él no es suficiente, ni bueno para vos, Harry. —me pasó un brazo por sobre los hombros, me ponía nervioso cada vez que me llamaba Harry, para mí seguía siendo Malfoy incluso cuando pensaba en él.

—¿Y en cambio vos sí? —dije escéptico agachándome para liberarme. Mike había salido del baño y venía hacia nosotros; Malfoy me soltó pero permaneció a mi lado.

—Quizá. —me dijo sonriendo— ¿No te parece que valdría la pena averiguarlo? —no había notado todavía a Mike que se acercaba con los ojos peligrosamente entrecerrados.

—Sinceramente, —dije hablando lo más rápido posible, antes de que Mike estuviera demasiado próximo— creo que tendríamos que trabajar más por el lado de la amistad antes de… —me interrumpí, Mike llegó hasta nosotros, recién entonces Malfoy notó su presencia.

—Tenés que aprender a mantener las manos quietas, Malfoy. —lo increpó Mike con brusquedad.

—Lo que haga con mis manos es asunto mío, no tuyo, Corner. —le replicó altanero.

—Es asunto mío porque las tenías encima de mi novio. —rebatió Mike.

Me pregunté si tener a dos hombres gallardos y apuestos peleándose por uno se sentiría siempre así… tan bien… quizá sólo se trataba de mi vanidad. Pero empecé también a temblar de miedo al verlos mostrándose los dientes por mi causa. Y también me sentía algo fastidiado porque a ninguno de los dos parecía importarle lo que yo pudiera opinar sobre la cuestión.

—Oh, pero si a él no lo incomoda. ¿No es así, Harry? —dijo Malfoy alzando una comisura y guiñándome un ojo.

Eso era un golpe bajo. Sabía que estaba haciendo alusión al episodio del baño y a los manoseos en la clase de Pociones. Levanté la vista, noté que se empezaba a congregar mucha gente a nuestro alrededor. Era preciso que le pusiera freno a la situación sin demora.

—No… Vuelvas… A acercarte… A mi… Novio. —aulló Mike. La cosa se ponía peor a cada segundo.

—¿Y qué es lo que pensás hacer para impedírmelo, Corner? —replicó Malfoy con displicencia. Sabía muy bien qué palabras elegir para hacerle perder el control.

Supe que tenía que interponerme cuando Mike sacó la varita y Malfoy hizo otro tanto. Ya me lo estaba esperando y estaba preparado para saltarles en medio. El intercambio de palabras podía pasar… el cruce de varitas iba demasiado lejos.

—¡Sooo…! ¡Ya basta! —dije con firmeza, centré la coerción en Mike, estaba seguro de que Malfoy sabría contenerse si yo le ponía fin a la "provocación" de Mike. Malfoy se cuidaba siempre de tener una excusa en caso de que algún profesor interviniera y empezara a repartir penitencias. —Calmate, Cielo. —le dije con tono suplicante tomándole la cintura con ambas manos— No conviene que nos metamos en problemas… mejor vayámonos a otro lado… ¿te parece? —Mike me miró con renuencia— Vamos, Corazón… —arrullé—… vos y yo solos… ¿sí?

Cedió finalmente, lo sentí distenderse bajo mis manos. Me abrí camino entre los curiosos y lo conduje por un largo trecho de corredores hasta un aula en desuso apartada, entramos, cerré la puerta tras de mí y le puse cerrojo.

Me invadían en ese momento emociones conflictivas, por un lado me sentía halagado, pero no me había gustado haber dado un espectáculo delante de tanta gente y me dolía que Mike no confiara en mí cuando Malfoy andaba rondándome y que recurriera a marcarme públicamente como su territorio igual que un perro que mea un árbol. Debo reconocer, no obstante, que yo tampoco confiaba en mí mismo cuando Malfoy estaba cerca… ¡pero no confiar en uno mismo y que tu novio no te tenga confianza son dos cosas distintas!

—¿Qué carajo estabas por hacer? —le reproché enojado.

—Nada. —bajó la cabeza avergonzado.

¿Nada? ¿Cómo que nada? Eso no había sido "nada".

—¡Mike, estuviste a punto de atacarlo! —le recriminé.

—¿Y qué? ¿Acaso vos pensás que no puedo vencerlo?

—¡Claro que podrías! —dije con un suspiro, en realidad no sabía si era algo cierto o no¡Pero es Malfoy! Él sólo juega sucio y vos sos demasiado bueno para usar el mismo tipo de recursos.

—Con lo cual me lo confirmás, vos no creés que yo pueda vencerlo. —dijo frunciendo el ceño y haciendo un puchero.

—¡Eso no fue lo que dije! —resoplé— ¿Pero qué fue lo que te agarró de golpe! Yo creía que me tenías más confianza. Yo puedo manejar a Malfoy, sé como manejarlo… ¡no hacía falta que hicieras una escena!

—¡Él ya me había provocado! —me espetó¡Fue él el que empezó!

—¿Qué es lo que me querés decir? —pregunté con cautela, evidentemente había pasado algo antes de lo que yo no tenía conocimiento.

—Ese Slytherin pelotudo me dijo que te deseaba. —replicó Mike con voz cargada de emoción— Me dijo que te iba a conseguir "porque los Malfoy siempre obtienen lo que desean¡Maldito hijo de puta! ¡se cree que vos sos algo que pueda quitarme y que yo lo voy a dejar?

—¡Y a ninguno de ustedes dos se les ocurre que soy yo quien decide con quien quiere estar! —estaba furioso, ¡me trataban como a una cosa! ¡saldría ganando si me deshiciera de los dos dándoles una patada en el culo!

—No fue eso lo que yo… —empezó a decir con tono cargado de vergüenza, estiró las manos para alcanzarme pero yo esquivé el contacto.

—¡Pero fue así como sonó! —proseguí despotricando, no haciendo caso alguno a sus intentos de disculpas— Te propongo lo siguiente, ¿por qué Malfoy y vos no se ponen de acuerdo en un juego de ajedrez? Yo sería el premio y el que gane tiene vía libre para cogerme hasta hacerme olvidar de cómo me llamo. ¿Qué te parece?

—¡Está bien, perdón! —rogó, corrió hasta mí y me abrazó desde atrás apretándome con fuerza contra sí, su pecho en íntimo contacto con mi espalda— Ya entendí, soy un pelotudo… —me ronroneó al oído.

Me derretí entero, mi determinación flaqueó y me di vuelta para mirarlo —No sos un pelotudo. —le di un piquito en la nariz— Es preciso que confíes en mí. Malfoy está lleno de mentiras, podría llegar a decirte que le crecieron alas rojas con lunares negros y que se transformó en una mariquita… pero eso no quiere decir que sea cierto.

Soltó una risa. Debía de haberse dibujado la misma imagen mental que yo: Malfoy, la Mariquita. —Perdón. —me susurró— Ya sé que Malfoy es un pajero, pero tengo que reconocer que es sexy… y cuando me dijo que te deseaba… me volví loco. No podría soportar perderte… y puestos Malfoy y yo juntos… ¿quién no lo elegiría a él?

El corazón se me rebeló en el pecho, por un momento pensé que Mike iba a decirme que me amaba… yo todavía no podía decirle que me inspiraba ese sentimiento. Pero no lo dijo. Y me dio vergüenza… porque de alguna forma me sentí aliviado.

—No hace sino hablar todo el tiempo presumiendo, para mí eso no es sexy. —dije en tono de broma.

Él se sumó a la chacota de inmediato. —Pero siempre podrías hacerlo callar metiéndole una media en la boca mientras te lo estás cogiendo.

—¡Callate! —dije, siempre jocoso, dándole una palmada en el pecho¡Las cosas que se te ocurren! —pero ante la imagen de Malfoy gimiendo con una media en la boca ya se me empezaba a parar, me inundó otra ola de culpabilidad— Vení, —dije con tono imperativo— aunque me fastidió tu arranque de hace un rato, al verte así, actuar tan protector… medio que me calentó. —lo cual era verdad, pero hubiera podido aplicarse a cualquiera de los dos, lo que me calentaba era verlos peleando por mis favores… si es que he resultado toda una doncella… ¿quién lo hubiera dicho!

—¿Ah sí…? —me ronroneó.

—¿Por qué no explorás un poco debajo de la toga para comprobar en qué medida? —susurré seductor.

La verga se me estaba parando rápidamente por el recuerdo de la pelea, la imagen de Malfoy gimiendo amordazado con una media roja de Gryffindor y la mirada lujuriosa de Mike. Por un momento se me presentó un cuadro de Malfoy, Mike y yo, los tres juntos en una cama de tres plazas… y eso fue lo más, ya no necesitaba más estímulo.

—¡Sí que la tenés dura! —confirmó Mike jubiloso apretándome la verga por encima de la toga.

Se arrodilló y se abrió camino rápidamente entre el género para reclamar su premio. La tomó de inmediato en la cálida humedad de su boca. Gemí de placer, la lengua me aplacaba el dolor pero al mismo tiempo me inflamaba de sensaciones que se distribuían como corrientes extáticas por mis miembros. Si bien por naturaleza tiendo a gritar durante el sexo, incluso cuando me masturbo, he aprendido a controlarme mordiéndome la lengua por miedo de que me descubran. Pero en esa oportunidad no, estábamos solos y el aula se hallaba muy alejada del paso. Eché la cabeza hacia atrás y gemí sonoramente y sin restricciones como respuesta a cada uno de los deleitables estremecimientos placenteros.

Justo había una mesa detrás de mí, usé la mano izquierda para soportarme, en tanto que con la derecha iba guiando la cabeza de Mike en acompasado vaivén, hacia delante y hacia atrás, a lo largo de mi verga. ¡Dios!, lo sentía mucho mejor que de costumbre y eso que Mike siempre ha sido muy bueno con ese tipo de atenciones. No iba a poder aguantar mucho más.

Justo cuando estaba por alcanzar el clímax alcé los ojos hacía la puerta, tenía un pequeño panel con un vidrio bastante sucio, pero dejaba ver lo suficiente.

Alguien nos estaba observando del otro lado. Era Malfoy. El rubio platinado de los cabellos era inconfundible. Se apartó de inmediato apenas se dio cuenta de que lo estaba mirando. Pero ése fue el estímulo final que me llevó al orgasmo. Saber que Malfoy me estaba observando mientras me daban una mamada… me volvió loco. Solté un alarido de placer estridente, deseando con toda mi alma que Malfoy hubiera alcanzado a oírlo.

oOo