Una serie de puntos para unir
Capítulo 7 – Draco: Cosas aprendidas
Finalizadas las clases del día volví a mi dormitorio y encontré a Snape de pie junto a mi cama. Era algo muy extraño, lo miré con inquisitiva curiosidad, se limitó a devolverme una mueca desdeñosa. —Tengo otra carta de tu padre. —me informó y me tendió una hoja de pergamino esmeradamente enrollada.
—¿Por qué no la dejó en el lugar habitual? —pregunté, ¿qué había estado haciendo en nuestros aposentos? ¿había venido a husmear?
—Me pidió específicamente que te la entregara personalmente. —humm… sí quizá… pero igual había algo que no me cerraba del todo.
Tomé la carta, rompí el sello y la leí rápidamente al tiempo que le hacía una seña con la mano indicándole que ya podía retirarse. Bufó contrariado por la insolencia del gesto displicente pero yo estaba demasiado abstraído por lo que leía y no le presté ninguna atención a su reacción disgustada. Salió y me dejó a solas.
Leí la carta una vez más tratando de descubrir cualquier significado o matiz oculto que se me hubiese pasado por alto.
Draco:
El objeto es un recordatorio, nunca debés olvidar quién sos.
Me alegra saber que el paquete te llegó sin inconvenientes y que has tomado un interés particular por este legado. Para ser franco, no puedo contestar a tu pregunta con certeza, puesto que nunca lo he usado sino para transportarme a mí mismo de regreso a la Mansión. Podría presumir que actúa como cualquier otro encantamiento de transporte y que te permitiría trasladar simultáneamente cualquier objeto o persona que esté en contacto con vos. Pero un Malfoy nunca hace presunciones cuando de magia se trata.
Lo que quiero saber es ¿qué fue lo que te suscitó una pregunta como ésa?
Lucius
Enrollé la carta y la guardé en mi baúl. Me puse a caminar de un lado al otro del dormitorio compartido. Mi padre había elegido muy bien las palabras, como siempre, pero había algo que me desconcertaba. Nunca antes había recibido de él un "no sé" por respuesta. Y sin embargo, ése era el núcleo de la misiva.
Y quería saber por qué se lo había preguntado. Su curiosidad era algo que ya había previsto, pero por el momento no quería darle demasiada información. Información que él le comunicaría sin demora al Señor Oscuro. Difícilmente mi padre estaría dispuesto a ofrecerme como carnada porque sí, pero presionado por el Señor Oscuro, su propia seguridad siempre tendría precedencia sobre la mía. Con mi madre hubiera sido distinto, la relación con mi madre era diferente.
Ella había sido la que me cuidaba cuando estaba enfermo, la que me defendía ante mi padre; fue ella la que me consoló cuando se murió mi dragón mascota. Si había alguien en el mundo a quien yo amara, ésa era mi madre.
Pero poco era lo que ella podría hacer ante Voldemort. Si Voldemort estuviera al tanto de mis planes y finalmente yo fracasaba, poco podría hacer ella para librarme del correspondiente castigo. Y mi plan podía fracasar debido a Corner. Iba a tener que hacer algo para sacarlo del medio. Por el momento me aboqué a redactar una breve respuesta a mi padre.
Padre:
Sólo pregunté por mera curiosidad, lamento mucho haberte hecho perder el tiempo. Dale mis cariños a mi madre.
Draco
Mi padre se iba a dar cuenta de que le estaba mintiendo, pero era mejor que se fastidiara por no decirle la verdad antes que tener al Señor Oscuro con la varita apuntándome al pecho. En su momento, cuando se enterara de cómo había sido todo, mi padre entendería… o al menos eso era lo que yo esperaba.
Bajé a cenar, tenía que tratar de ver mis empeños desde una óptica más optimista. Iba a tener éxito. Me ganaría a Potter, le sacaría a su delicioso culito todo el provecho para mí y luego se lo pasaría al Señor Oscuro y obtendría la recompensa correspondiente. Corner representaba un obstáculo, pero terminaría superándolo. Potter estaba resultando ser más fácil de lo que había pensado en un primer momento, con un poco de aplicación y un poco más de oportuno cortejo, lo tendría en breve rendido a mis pies.
Era sólo cuestión de tiempo.
Con renovada confianza estuve observando a Potter durante la comida, ignoré por completo las miradas envenenadas de Corner y más tarde me fui a dormir muy satisfecho; soñé toda la noche con mi premio.
Pero a la mañana siguiente todo pareció irse al carajo.
Observar a Potter removiéndose incómodo en su asiento se había vuelto mi pasatiempo preferido. Pero no había dejado de notar que Corner no parecía para nada dispuesto a cederme su dominancia sobre las atenciones de Potter, iba a presentar batalla. Como Ravenclaw —se supone que son inteligentes— debería haberse dado cuenta ya, que yo tengo mucha más capacidad para atraer la atención de cualquiera, mucha más de la que él llegaría a tener nunca. Igual me resultaba fastidioso que ese Ravenclaw aburrido y no muy atractivo estuviera todavía en carrera compitiendo conmigo. Las prioridades de Potter siempre se desvían de lo común y sensato.
Era claro que Potter veía algo en el imbécil, ¿qué podía ser?, no tenía la menor idea. ¿Sería que ya se había bajado los pantalones para Corner? ¿o tendría que ver más con la boludez que me había dicho el día anterior, "él es muy buen tipo"?
Buen tipo o no, el Ravenclaw pareció cansarse de la competencia de miradas y tomó la iniciativa. Se puso de pie y marchó en dirección a Potter dispuesto a levantar la apuesta. No fueron sus intenciones lo que más me molestó, si bien eran claras para mí y para todos los que estaban alrededor observándolo, cientos de testigos para la demostración abierta y pública de afecto. No, lo que más me molestó no fue que Corner planeara besar a Harry delante de cientos de pares de ojos curiosos, —una movida muy atrevida por cierto, considerando lo reservado que es Harry— lo que más me molestó fue la mirada de Harry y la expresión de su rostro.
Podría haberlo atribuido a un intento de hacerme sentir celoso… y tratar de conformarme de ese modo, pero ni siquiera eso logré. La expresión de Harry era propiamente la de un romance de cuento de hadas, sus ojos verdes brillaban embelesados… ¡y no estaban dirigidos a mí!
Por lo que había aprendido sobre Harry Potter últimamente, sabía que no le gustaba atraer la atención y mucho menos si eso le iba a ganar un mayor desprecio de parte de sus ex amigos. Y sin embargo allí estaba, sonriéndole de oreja a oreja a Corner, dándole la bienvenida con entusiasmo. Fue la primera vez que consideré seriamente la posibilidad de que podía llegar a perder, que quizá la relación entre ellos no era algo trivial como yo lo había supuesto. Quizá me había adelantado demasiado en mis presunciones —recordé lo que había mencionado mi padre en su carta— hay cosas que se aprenden equivocándose.
El tiempo y mis entrañas parecieron congelarse cuando Harry se le acercó y lo besó delicadamente. Y no digo delicado como sinónimo de casto, sino de tierno… mucho más tierno de lo que yo hubiese imaginado nunca de Potter y que no se correspondía con mis fantasías… en mis sueños siempre eran besos ardientes de pasión, mucho más apropiados para temperamentos como los nuestros.
El beso pareció prolongarse por una eternidad, tuve que respirar hondo y contenerme para no levantarme y correr a destrozar a Corner a hechizos. Y esperé… me quedé esperando lo que sabía que pasaría a continuación.
Y pasó.
La sonrisa de Harry se trocó en un ceño fruncido cuando se dio cuenta. La audiencia no era yo solo sino muchos más. Hubo un chillido y un estruendo que abrieron paso al nuevo nivel de caos, la reacción de la Weasel hembra al verlos besándose; desvié la mirada hacia el Weasel, humeaba de furia. A su lado, Granger, con la vista clavada en el suelo y una expresión mortificada por demás exagerada, no era para tanto, ¡tampoco era que se habían arrancado las ropas y estaban cogiendo desaforados sobre la mesa entre la manteca y las medialunas!
Corner se había quedado momentáneamente sin habla y Harry le sepultó la cara en el hombro. Ya no alcanzaba a verle la expresión, quizá lo más sensato hubiera sido preocuparme de mantener una máscara impasible en mi rostro. Pero era demasiado esfuerzo contenerme para no destripar a Corner y además fingir indiferencia. Me sentía herido, como si me hubiesen dado una cachetada, pero aparte de eso también sentía lástima por Harry, quien en ese momento me sorprendió cuando tomó al Ravenclaw del brazo y lo hizo sentar a su lado. Yo había supuesto que se irían.
Con tantos ojos mirándolo, los míos deberían haber pasado a un segundo plano, sin embargo los iris verdes buscaron el gris de los míos, para refregarme su victoria. ¡Oh, está bien, ganaste!… ¿pero a qué costo? Pírrico triunfo… si los hay.
Hice tronar los nudillos —una costumbre que mi madre siempre me reprochaba— mientras aguardaba en las proximidades de la puerta del aula de Encantamientos hasta que Potter saliera. Por suerte tenía dos horas libres ese día.
Potter emergió seguido de su Ravenclaw. Tenía los hombros más caídos que lo habitual pero no se lo veía tan mal. La fortuna me sonreía, Corner partió hacia el baño, dejándome una perfecta oportunidad para abordarlo.
—¡Qué show más adorable montaron durante el desayuno! —comenté burlón.
—Gracias. —fue su única respuesta.
Revoleé los ojos y mantuve el paso a su lado.
—Seguramente hasta vos sos capaz de reconocer un tono de sarcasmo. —agregué desdeñoso, pero el insufrible Gryffindor no mordió el anzuelo.
—Sí, por cierto. —replicó con una enfermante sonrisa de cachorrito.
Bueno… yo podía seguirle el juego, si Potter quería un Malfoy edulcorado y romántico, se lo iba a dar. Le sonreí dulcemente a mi vez y estoy seguro de que no se lo esperaba, pareció desconcertarse.
—Él no es suficiente, ni bueno para vos, Harry. —dije con sinceridad y le puse un brazo por encima de los hombros. El contacto me produjo una especie de corriente eléctrica.
—¿Y en cambio vos sí? —replicó, la audacia de la movida le había hecho gracia al parecer, pero se agachó y con elegancia se deshizo de mi brazo.
Yo era bueno para él en el sentido de que podía llevarlo hasta cimas insospechadas de éxtasis… antes de entregarlo para morir en manos de su enemigo. Pero no, yo no era bueno para nadie excepto para mí mismo.
—Quizá. —fue lo que sugerí— ¿No te parece que valdría la pena averiguarlo? —yo estaba convencido de que Potter y yo juntos seríamos explosivos, podía adivinarlo cada vez que me taladraba con sus ojos verdes, era el tipo de persona con quien yo podría perderme.
Su mirada se desvió un segundo por encima de mi hombro y empezó a hablar rápidamente, quise volverme pero sus ojos me mantenían cautivo. —Sinceramente, creo que tendríamos que trabajar más por el lado de la amistad antes de… —se interrumpió debido a la llegada de un intruso.
—Tenés que aprender a mantener las manos quietas, Malfoy. —me dijo Corner entrecerrando los ojos.
—Lo que haga con mis manos es asunto mío, no tuyo, Corner. —repliqué, no podía importarme menos lo que pensara esa pobre excusa de persona pero por el momento él era el que ostentaba oficialmente el derecho sobre Harry.
—Es asunto mío porque las tenías encima de mi novio. —me increpó, yo me limité a revolear los ojos.
Con un guiño y una comisura en alto me aproximé un poco más a Harry. —Oh, pero si a él no lo incomoda. ¿No es así, Harry?
Harry me miró con mala cara y dio un paso alejándose. El imbécil de Corner se envalentonó. —No… Vuelvas… A acercarte… A mi… Novio. —chilló, lo hubiera atacado ahí mismo, pero estaba empezando a congregarse mucha gente alrededor. Preferí no ser el primero, con tanto testigo después no hubiese podido mentir excusas.
—¿Y qué es lo que pensás hacer para impedírmelo, Corner? —lo incité para que perdiera el control.
El muy necio sacó la varita y la mía estuvo en alto un segundo después apuntando directo al pecho de mi atacante. Pude percibir de inmediato, rodeándome, el cosquilleo protector del anillo. Pero antes de que pudiésemos pronunciar palabra, Potter se interpuso, pero no para recriminarme o advertirme, se volcó de lleno sobre Corner. Una nueva forma de mostrarme su rechazo, estuvo a punto de escapárseme una exclamación contenida.
—¡Sooo…! ¡Ya basta! —gritó y se abrazó al Ravenclaw. El resto de lo que dijo no alcancé a oírlo, fueron arrullos y susurros para su novio. Corner terminó guardando la varita y los dos se alejaron juntos por el corredor tomados de la mano.
Ni una palabra más, ni una amenaza… ¡me habían dejado pagando! Los curiosos se dispersaron rápidamente en vista de que el espectáculo se había cancelado. Alcancé a divisar a lo lejos que Potter y Corner doblaban en un recodo del pasillo. Decidí seguirlos. No tuve problemas en ubicar el aula en desuso en la que habían entrado.
Podía verlos por el pequeño panel de vidrio de la puerta, lástima que estuviera tan sucio. Me sentía como un predador, vigilando a Harry como si fuera algo mío… y como si fuera yo el que tuviera que protegerlo de Corner y no al revés. Era disparatado, lo sabía… pero yo deseaba a Harry, lo necesitaba para mí… no podía permitir que ese Ravenclaw pajero se interpusiera.
Al principio parecían estar discutiendo, lo que me alegró inmensamente, no podía entender bien las palabras pero Harry gritaba. Sin embargo, la cosa cambió enseguida y pasaron a abrazarse y a besarse. Sentí náuseas cuando Corner le entró a manosear la entrepierna. Y luego se le arrodilló delante y Harry echó la cabeza hacia atrás, tenía las mejillas encendidas y los labios entreabiertos y gemía de placer por las atenciones de las que era objeto. Cuando Potter le llevó una mano a los cabellos para guiarlo en los movimientos… fue a un mismo tiempo la imagen más excitante… y la más abyecta de la que tuviera memoria.
Los sonidos que me llegaban del interior iban creciendo en intensidad, estaba a punto de irme, no quería mirar a Potter llegar al orgasmo por los estímulos que le prodigaba otro. Fue entonces que dirigió la mirada hacia la puerta y me vio. Me quedé paralizado por un segundo antes de poder escapar de allí lo más rápido posible.
Pude oír el grito del clímax resonando por el pasillo. Quizá no había sido tan intenso, pero a mí me sonó estruendoso y me fue persiguiendo como un eco en los oídos. Sabía que era irracional, pero me sentía traicionado. Apreté el paso hacia los subsuelos y los dormitorios de Slytherin. Llevaba las manos apretadas en puños. No fue sino hasta que oí la exclamación de Pansy cuando me vio entrar, que me di cuenta del aspecto crispado que debía de estar ofreciendo, noté incluso que llevaba todavía la varita en la mano, no la había guardado desde el abortado cruce con Corner.
Corrí a mi dormitorio y me encerré tras las cortinas de mi cama. La cabeza me latía, tenía un grito atragantado en el cuello, las uñas habían hecho brotar sangre de mis palmas. Cerré los ojos y de mala gana traté de repasar todo lo ocurrido. Y terminé arribando a una conclusión sorprendente.
Había cometido un error.
Un grave error. Por estar pensado en otras cosas y no prestar la debida atención, había puesto a Potter en bandeja de plata y se lo había entregado a Corner. Lo que se me había pasado por alto puede parecer trivial pero encerraba significativa importancia. … creo que tendríamos que trabajar más por el lado de la amistad antes de… había dicho cuando Corner nos interrumpió. Y ese "antes de…" le estaba abriendo paso a algo más que amigos. Por lo menos en parte él no quería quedarse en "sólo amigos". Tenía la certeza de que era así.
Me tembló el cuerpo ante la revelación repentina. Luego alcé una comisura… me había enterado de algo más.
Potter es de los que gritan.
Tenía que ser cuidadoso, más que cuidadoso, como un ninja avanzado en las sombras… tenía que planear minuciosamente mis siguientes movidas.
Sabía muy bien cómo dominar mis emociones, me lo habían enseñado desde mi tierna infancia. El enemigo puede usarlas contra uno si uno las demuestra. Y yo había estado gritándole mis celos a Potter con un Sonorus y eso le otorgaba poder sobre mí. Tenía que reconocer ante mí mismo que yo me sentía más que atraído por Potter pero era algo que de ningún modo debía dejar traslucir. Demostrar afecto no estaba mal —me ayudaría a parecer más sincero— pero los celos debían desaparecer.
Dos días más tarde cuando Potter se sentó a mi lado en clase de Pociones, tenía todo bajo control, me mostré muy calmo y compuesto. Pero Potter no.
—¡Tenemos que hablar! —demandó con un siseo incisivo que no auguraba buenos aires.
—¿Sobre qué? —dije con tono distraído haciéndome el que repasaba las notas de la clase anterior. Si quería mostrarse enojado, allá él.
Potter entrecerró los ojos furioso. —¡No te hagas el desentendido! ¡Yo te vi!
—Vas a tener que ser un poco más específico, Harry. Nosotros nos vemos seguido. —sabía perfectamente a qué se refería —no había pensado más que en eso desde entonces— pero quería que fuera él el que lo dijera.
—¿Querés que sea más específico? De acuerdo. ¿Qué te parece hace dos días en un pasillo poco frecuentado, frente a la puerta de un aula en desuso, más o menos a las cuatro?
—¡Ah! —dije suspirando como si de pronto me acordara— ¿Vos te referís a esa oportunidad en la que Corner te estaba dando una mamada? —pregunté— Sí, ¿qué hay con eso?
Harry hizo una mueca y se puso adorablemente colorado pero logró mantenerse compuesto. —Vos me estabas espiando… —empezó a decir pero yo lo corté con una risa.
—¿Ésa es la forma que tenés de hacerlo callar? ¡Grande, Potter! —dije burlón, pero a él no le pareció para nada gracioso.
Me miró hostil y malevolente y prácticamente gruñó las siguientes palabras. —¿Qué carajo estabas haciendo ahí?
—Saliste corriendo con un chico que estaba muy alterado. Hice lo que todo buen amigo haría, ir a controlar que no te pasara nada malo. —y hasta era cierto en parte, hubiera matado a Corner si le llegaba a tocar siquiera uno de los cabellos negros, si se le hubiera ocurrido volcar su ira sobre Harry. Harry era mío, aunque él todavía no lo supiera. Yo había ido a defenderlo en caso de que fuera necesario. Obviamente era claro que el Ravenclaw no le iba a hacer nada, pero eso era irrelevante.
Revoleó los ojos. —¿Realmente pensás que voy a creerte eso?
Me encogí apenas de hombros y empecé a alinear los ingredientes. —Pensá lo que quieras Harry, pero vos me dijiste que querías que fuéramos amigos, yo trato de comportarme como tal, sólo eso. Corner es sin dudas el dueño de tu corazón, yo retrocedo y le doy su lugar, y ocupo el mío como amigo.
—¿Ahora resulta que ibas en pos de mi corazón? —resopló, yo puse mi mejor expresión dolorida pero permanecí en silencio— ¡Estoy hablando en serio, Malfoy! —insistió— ¡Creo que habías dejado bien en claro que lo único que querías era cogerme!
Respiré hondo y fui soltando lentamente el aire con mi mirada fijamente clavada en él. Le dejé ver cuán decepcionado me sentía, aunque él presumiría que era por otra causa. Pero decepción es decepción cualquiera sea la razón que la origine. Harry interpretaría que yo me sentía decepcionado por el rechazo, porque él había preferido a Corner. Eso para mí era decepcionante sólo a medias, había perdido una batalla sí, pero seguía decidido a ganar la guerra. Mi mayor decepción era porque me iba a llevar mucho más tiempo y yo quería llevármelo a la cama ya, e iba a tener que resignarme a esperar.
—He aprendido a valorarte, Potter. —no era una mentira— Al principio pensé que podías ser una conquista divertida y que incluso podías llegar a ser una aventura fogosa y algo más prolongada. Ahora me doy cuenta que vos estás para mucho más que eso, que vos te merecés mucho más que eso. En tanto Corner te haga feliz… yo me conformo con el segundo lugar, ser tu amigo… si es que la oferta sigue en pie. —agregué con expresión contrita y acongojada. Era una expresión totalmente fuera de lugar en el rostro de un Malfoy, realmente lo desconcertó. Era claro que también le despertaba sospechas, pero eso era de esperar.
—Así es… digo… la oferta sigue en pie… —tartamudeó y otra vez el rubor encantador le coloreó las mejillas, sentí unas ansias violentas de besarlo ahí mismo en frente de toda la clase, pero eso hubiera significado arruinar todo, aparte de que lo pondría furioso. Tuve que contenerme.
Hubo unos instantes de silencio que yo interrumpí: —¿Nos ponemos a trabajar si te parece? —propuse señalando el caldero.
Asintió dócil, pero su frente seguía arrugada y sus ojos me escrutaban por momentos. Seguimos trabajando en silencio hasta que terminó la clase y Snape nos autorizó a que nos retiráramos. Junté mis cosas sin mirarlo pero sabía que tenía los ojos clavados en mí. Di un par de pasos hacia la salida y entonces me di vuelta sobre el hombro. —¿Vamos a almorzar? —propuse con una seña hacia la puerta.
—Ehh… —vaciló unos segundos, luego negó con la cabeza.
—Entiendo. A Corner no le caería bien. —murmuré encogiéndome de hombros y sin ocultarle mi decepción— Amigos en secreto… supongo que así habrá de ser. —agregué afligido. Harry no dijo nada. —Nos vemos más tarde.
Tuve la impresión de que quería decirme algo, algo que tenía atragantado… pero no esperé a que se decidiera, le di la espalda y marché hacia la puerta.
No fui a almorzar, el día anterior tampoco había ido. Me fui a comer algo a la orilla del lago. Allí todas las cosas parecían mejor —pacíficas— y no tenía que aguantar las miradas negras de Corner.
Me parecía que, dentro de todo, las cosas no habían resultado del todo mal en Pociones. Pero no podía estar del todo seguro… no todavía.
Observé que desde lejos un pájaro blanco venía volando hacia mí, la reconocí de inmediato, era la lechuza de Potter. Me alcanzó y se posó sobre mi hombro clavándome las uñas. Hice una mueca. Luego alzó una pata, desaté la nota que me ofrecía.
Le acaricié la cabeza, despeinó apenas las plumas y ululó cálida en mi oreja. Era un animal sagaz, apacible y orgulloso… debía complementarse bien con el natural precipitado de Potter. Esperé hasta que hubo retomado vuelo, desplegué la nota, la leí y sonreí.
Malfoy:
Reunite conmigo esta noche. Yo te voy a encontrar.
HJP
Curioso. Siempre lograba sorprenderme. Yo había estado esperando una especie de disculpa velada o una promesa de ser más amable en el futuro. Pero esto superaba incluso mis expectativas de máxima… ¿o quizá no? Quizá estaba metiéndome en una trampa Gryffindor, ¿se preparaban Corner y Potter a emboscarme? Bueno, no me costaría vencerlos si fuera así, y estoy bien protegido por el anillo. Quizá Potter sólo quería decirme que incluso ser amigos era imposible. Su nobleza lo obligaría a comunicarme algo así personalmente y durante la clase de Pociones primero estaba muy enojado y después casi no había hablado. Quizá mi supuesta capitulación había sido demasiado apresurada, quizá desconfiaba, quizá lo había espantado.
No tenía que seguir enredándome con tantas suposiciones. ¿Por qué lo estaba haciendo? No era algo propio de un Malfoy. Y ciertamente no se justificaba tanto devaneo sobre un Gryffindor, sobre el corazón de un mocoso Gryffindor. Lo que Potter tenía planeado para esa noche era algo que desconocía y que no podía cambiar, pero no iba a hacerle el juego —intencional o no de su parte—, no iba a seguir estrujándome la cabeza tratando de discernir sus propósitos. Bajé la vista al anillo y me volvieron a la mente las palabras de mi padre en la nota: El objeto es un recordatorio, nunca debés olvidar quién sos. No lo iba a olvidar. La sangre por encima de la carne. El deber por encima del amor. La obediencia por encima de la razón. El poder por encima de la debilidad. Y la sabiduría que nace de la grandeza y de la pureza de sangre para sojuzgar a todos los demás.
Yo soy un Malfoy.
oOo
