Una serie de puntos para unir
Capítulo 9 – Draco: Retirada estratégica
Caminaba de un lado al otro en la sala común, incapaz de concentrarme a pesar de la resolución que había tomado antes, la de atenerme férreamente a los conceptos rectores de mi estirpe. Miraba constantemente el reloj, los minutos parecían no pasar nunca, quería tener mi confrontación con Potter cuanto antes pero no era todavía ni siquiera la hora de la cena. No tenía idea de lo que iría a decirme, pero dado su comportamiento en Pociones lo más probable era que quisiera ponerle fin definitivo a todo.
Una vez más mis emociones serían la causa de que se malograra un muy buen plan. Podría haber jugado la carta del amigo desde el principio, quizá hubiese llegado más lejos de esa forma… aunque no lo creo, porque una vez embarcado no me hubiese podido aguantar mucho tiempo… más temprano que tarde hubiera terminado abalanzándome sobre el Gryffindor de rebeldes y despeinados cabellos negros, el objeto de mis más ardientes deseos.
Es tan rústico, de emociones tan turbulentas, tan perfectamente ético… diametralmente opuesto a mí en todos los sentidos e inexplicablemente me siento atraído a él como una polilla a la llama.
Siempre me ha arruinado todos los planes, ya no debería sorprenderme.
Desde primer año y casi siempre sin proponérselo Potter no ha hecho sino causarme penurias. Ya desde el vamos esgrimió su lealtad para con el Weasel, ¡al que acababa de conocer!, y me rechazó la mano que le tendía. Cuando lo pesqué a deshora en la cabaña de Hagrid y lo denuncié ante la jefa de su Casa, la delación se volvió en mi contra. Cuando logré admisión en el equipo de quidditch, él me superó siempre. Incluso en el duelo de segundo año frente a toda la escuela encontró la forma de transformarse en el centro de atención. Solía odiarlo con cada fibra de mi cuerpo por eso. Pero ahora me doy cuenta de que casi siempre fueron coincidencias o simple cuestión de suerte. Me pasaba todo el tiempo pensando en lo mucho que Potter codiciaba la fama y nunca me detuve a preguntarme si su popularidad era realmente algo merecido.
Sea como haya sido, ahora me rehúso a permitir que continúe su racha de suerte, merecida o no: no voy a permitir que me arruine los planes una vez más. Después de cenar me voy a reunir con él y lo voy a hacer mío. Cuanto más se resiste a que lo toque tanto más crecen mis ansias de tocarlo. Mi deseo está consumiéndome y debo darle satisfacción cuanto antes, si esto se prolonga corro el peligro de que se transforme en algo más. Lo único que me faltaría es que me nazcan sentimientos genuinos por el preclaro Gryffindor paladín del Bien y que termine yo mismo arruinando todos mis denodados esfuerzos para conseguir gloria y poder. Ninguna alianza con Potter podría proporcionarme ni una mínima parte de los beneficios que obtendría entregándoselo al Señor Oscuro.
Ya he pensado en el lugar donde voy a esperarlo, pero tengo curiosidad de saber cómo va a hacer para encontrarme. En la nota expresaba total confianza de que no iba a tener problemas para ubicarme. ¿Me habrá puesto algún encantamiento de rastreo? ¿O quizá en la nota que me mandó? Pero de nada valdría que le pregunte, de ningún modo me proveería la información… es en parte Slytherin después de todo. Todo lo que tengo que hacer ahora es ir a cenar y luego al lugar que he elegido para el encuentro.
Camino al Gran Salón iba pensando que quizá me hubiese convenido no saltearme el almuerzo. Si faltaba muy seguido a las comidas se multiplicarían las especulaciones sobre mi ausencia entre mis compañeros de Casa. Lo último que quería era que Pansy le fuera con chismes a su madre quejándose de que yo ya no le prestaba la debida atención porque la tenía concentrada toda en Harry Potter. Los chismes parecían expandirse entre los adultos casi con la misma velocidad que en la escuela.
Noté que Potter brillaba por su ausencia en la mesa de Gryffindor, me pregunté si cabría la posibilidad de que me dejara plantado más tarde esa noche. Había estado anticipando el encuentro desde el momento en que había recibido la nota, sería muy frustrante que Potter no se presentara.
En ese momento Pansy me tomó del brazo y me condujo hasta nuestros lugares habituales. —Veamos un poco, Potter llegó muy tarde hoy para el almuerzo y vos ni apareciste. —dijo directamente y sin preámbulos.
—¿Y…? —pregunté, aunque sabía perfectamente a que lúbrica conclusión apuntaba el comentario.
—Oh… me preguntaba si sería bueno en la cama. Quizá sea demasiado rápido para ser bueno.
Revoleé los ojos y agarré un pancito de la panera. Pansy es bastante putilla y una imbécil, a veces me divierte jugar con su mente de intelecto muy limitado. —Es fantástico, le encanta que sea rudo con él… ¡y los gritos que pega!, es una de las cosas de él que más me calienta. —la dejé boquiabierta, no podía creer lo que oía— ¡Y tiene el agujero tan estrecho! —agregué, la cara estaba poniéndosele verde como el estandarte de Slytherin.
—Pero… Draco… ¡vos no podés…! —tartamudeó, yo curvé los labios con una sonrisa libidinosa.
—Pans, te está tomando el pelo. —intervino Blaise tratando de calmarla.
—¿Cómo podés estar tan seguro, Zabini? Por todo lo que sabés, bien pude haber estado culeándome a Potter en un armario mientras ustedes degustaban el sabroso guiso del almuerzo. —repliqué exasperado, Blaise estaba aguándome la diversión.
—Para empezar, siempre me doy cuenta cuando estás mintiendo, macho. Además, lucías de muy malhumor durante la clase de Runas por la tarde, difícilmente habrías tenido esa cara de culo si habías echado un polvo un par de horas antes.
—Pero, ¿no viste la cara de Potter cuando Corner lo recriminó por haber llegado tan tarde al Salón? ¡Potter lucía culpable! —recordó Pansy.
—¿Ah sí…? —musité por lo bajo. Potter venía de escribir y mandar la nota, no era algo por lo que tuviera que sentirse particularmente culpable… a menos que… estuviera planeando algo que lo hiciera sentir culpable. Sonreí con malicia, le di unas palmaditas en la espalda a Pansy, me puse de pie y salí del Gran Salón comiendo el pancito.
Volví a la sala común de Slytherin a esperar, no podía quitarme la sonrisa de los labios. Así que Potter tenía "inapropiados" propósitos para nuestra cita de esa noche. Fui a mi dormitorio y encontré una nota cuidadosamente plegada sobre la almohada, por la letra me di cuenta de inmediato de quién la mandaba. Se me borró la sonrisa.
¿Tenía ganas de abrirla? Podía arruinarme el placer que sentía en ese momento anticipando el encuentro con Potter. Pero se trataba de una nota de mi padre, no podía ignorarla. Con un suspiro la abrí y la leí rápidamente. Era muy lacónica, las notas de mi padre solían serlo; esta vez, había algo de ominoso en el tono de las frases que había elegido.
Draco:
Me han llegado rumores de ciertos acontecimientos que se están desarrollando en nuestra ilustre Hogwarts. Espero que no estés haciendo nada desatinado.
Lucius
Pansy. Esa tía es una amenaza. Revoleé los ojos y dejé la nota a un lado. No la iba a contestar de inmediato. No hubiera sabido qué poner más allá de decirle que no se preocupara. Y era posible que el panorama cambiara después de la reunión con Potter.
Estaba sentado sobre un escritorio esperando cuando Potter apareció en la puerta. El juego de luz y sombra dibujaba en su rostro claroscuros asombrosos. La anticipación me estaba ahogando, ¿qué sería lo que sentiría cuando los labios de Potter tomaran contacto con los míos?
—Muy chistoso, Malfoy. —comentó sarcástico, yo sonreí ampliamente; sabía que iba a apreciar mi elección del punto de reunión —¿De todos los lugares del castillo justo tenías que elegir éste?
—¿Qué podría decirte? —dije con un despreocupado encogimiento de hombros, me bajé del escritorio y me le acerqué— No quería elegir algo muy al azar, quería que me encontraras. ¿Para qué tenerte deambulando por todo el castillo? Filch anda siempre al acecho.
—¡Qué considerado! —apuntó con sarcasmo.
—¿Preferirías que fuéramos a otro lado? —sugerí con una sonrisa intencionada e irónica.
—No, en esta aula está bien. —contestó de inmediato— Ya la tengo estudiada en cuanto a privacidad y aislamiento acústico. —agregó con una sonrisa. Siempre es una delicia cuando Harry me sonríe.
—Si mal no recuerdo en ese último rubro no califica muy bien. —mis ojos se desviaron automáticamente a la mesa en la que un Potter desenfrenado había disfrutado de orales y lujuriosos placeres.
—Degenerado. —bromeó ruborizándose adorablemente. Me pregunté si estaría pensando en Corner, no quería que tuviera la mente ocupada en su novio mientras estaba conmigo.
Fui hasta el escritorio del profesor y revolví unas hojas de pergamino antediluvianas y cubiertas de polvo que había encima. Esperaba que fuera él el que hablara primero, pero como no decía nada, tomé la iniciativa. —¿Cuál es el propósito de este rendez-vous?
Demoró todavía unos segundos para empezar. —Hoy, en clase, no pudimos hablar apropiadamente. —murmuró finalmente.
—¿Viniste para gritarme apropiadamente? Con Snape delante debe de habérsete hecho difícil.
—¡No! Creo que estuve más duro de lo necesario. Estaba nervioso y me la agarré con vos.
Me permití alzar fugazmente una comisura ante la admisión de culpa. —¿Se supone que eso sea una disculpa? Porque si es así… —empecé a decir pero me interrumpió gritando.
—¡Te querés callar por un momento! Me juego a que vos sos peor que yo para las disculpas. Me juego a que la palabra…
—¿Perdón? —lo corté de golpe, era divertido ver lo incómodo que se había puesto y lo sorprendido de oír esa palabra de mis labios— Si no viniste a gritarme, ¿qué es lo que tenés que decirme? —lucía tan encantador, pero por como iba desarrollándose el intercambio empezaba a temerme que el encuentro no venía por el lado de "vamos finalmente a echar un polvo" sino que más bien apuntaba a "ni siquiera vamos a poder ser amigos".
—Quería pedirte perdón por el asunto de "amigos en secreto", pero creo que si se hiciera público… sería el final para mí.
Se confirmaban mis sospechas. Se trataba de la ruptura. Había abrigado demasiadas expectativas sin fundamento. Me tomó desprevenido y no pude evitar que se me notara lo contrariado que me sentía. —El final para el Weasel querrás decir, se caería redondo del ataque. Un espectáculo que no quisiera perderme.
—¿No te parece que ya le he hecho demasiado daño a Ron? —me reconvino severo.
Desestimé el regaño con un bufido desdeñoso —No soy la persona más adecuada para contestar a eso. ¿Y qué del daño que el te hizo a vos?
—Dejémoslo ahí, —replicó— estoy seguro de que tu padre no aprobaría nuestra amistad, no querrás que se entere, ¡me odia!
No estaba de humor para discutir sobre mi padre, mucho menos después de la nota que había recibido. —No has oído los rumores que circulan. Después de la escenita de tu novio en el pasillo el otro día, todos saben o sospechan mis intenciones para con vos. —contesté, en ese momento poco me importaba lo que pudiera pensar mi padre, quería que el asunto con Harry se concretara, ya fuera que mi padre aprobara o no.
—A propósito de Mike, —dijo cambiando el tema otra vez y para hacer referencia a la persona de la que yo menos quería hablar— ¿Vos le dijiste que me deseabas y que ibas a conseguirme porque los Malfoy siempre consiguen lo que quieren? —su sonrisa me dijo que no tenía que preocuparme demasiado de ese frente en particular; pero yo quería que Harry me viera como algo más, no tan sólo como una mera amenaza para su relación con ese novio de cuarta que tenía; pero parecía que siempre volvíamos a esa cuestión.
—Así que me delató… —suspiré melodramáticamente como si se tratara del fin del mundo— tiene suerte de tenerte a vos para que lo defiendas, parece que él solo no puede.
—Dejá de provocarlo. —volvió a retarme pero con ojos divertidos. Él sabía que su novio era débil y yo quería obligarlo a que lo admitiera. Quizá de esa forma podría sacarlo del medio.
—¿Por qué? —pregunté y fui acercándome. Enseguida se puso serio.
—Porque es una maldad.
—Yo te provoco todo el tiempo, ¿también es una maldad? —susurré ya casi a su lado. Sabía que obtendría la respuesta que yo quería. Nosotros nos provocábamos constantemente. Pero era justo porque a sus ojos nosotros éramos iguales, contábamos con un bagaje de recursos similares.
—No. —respondió en voz muy baja, podía sentir que el pulso se le había acelerado, casi podía oír el palpitar desbocado.
—¿Y por qué es diferente con Corner? —pregunté con sequedad.
Prácticamente me perdí en el estanque verde de su mirada, me olvidé incluso de lo que le había preguntado—Porque yo sé cómo manejarte y puedo ponerte freno cuando hace falta.
—Y él no… —dije expresando mi acuerdo. Estábamos de acuerdo en que yo era más poderoso y más adecuado como pareja… y sin embargo algo me decía que eso no iba a ser suficiente… al menos no todavía— Y ésa es la razón por la que vos y yo… juntos… combinamos tan bien. —era claro que se sentía muy incómodo, igual estaba decidido a desafiarlo más aun —…pero nosotros somos sólo amigos y eso es todo lo que vos querés, ¿no es así?
—No podemos estar juntos. No puedo estar con vos, Malfoy. —susurró, pude darme cuenta por su mirada que deseaba que no fuera así.
—¿Por qué no? —insistí, acercándome aun más. No se resistió cuando le posé las manos en las caderas y cuando hice descansar mi frente sobre la suya y nuestras narices se tocaron. No quería espantarlo así que no seguí más allá. Pero estaba respondiendo, jadeante, como invitándome… ¡para poder negarse una vez más! ¡No le iba a dar el gusto!
Me hubiera gustado separarme en ese momento, eso me hubiera dado ventaja, pero no podía, estaba amarrado por su encanto. Fue entonces que sus labios rozaron apenas los míos, un instante y nada más un toque… un beso casto pero cargado de deseo intenso tanto de su parte como de la mía. Y luego hundió el rostro en mi hombro.
Lo sentí como un gesto aun más íntimo que sus labios. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no apretarlo en un abrazo. De pronto parecía tan triste y tan quebrado…estaba solo y no porque así lo hubiese elegido. Se recostaba sobre mí como si yo fuera todo lo que tenía en el mundo. Y en ese instante yo quería ser eso… todo su mundo.
—Tengo novio. —murmuró en mi hombro rompiendo el dulce silencio y eso me recordó que yo no estaba ahí para sucumbir al encanto de Potter. Sino para hacerlo sucumbir ante el mío.
—Vos sos el que elegís. —declaré si bien con voz algo temblorosa por la emoción, para que se diera cuenta de que delante de él tenía otra opción. Alto, esbelto y apuesto.
Negó con la cabeza, se separó y se alejó de mí. Se mentía a sí mismo, él ansiaba mi contacto tanto como yo ansiaba el suyo.
—Como novio no soy buen candidato. —dije, fastidiado de que me desechara así.
—No puedo… —susurró y parecía incluso más quebrado que antes, si cabe.
—¿Por qué? —demandé tratando de no gritar mi frustración, mis gritos hubiesen empeorado todo.
—Vamos, Malfoy. Vos no sos estúpido… ¡vos sabés lo que me hacés sentir…!
—¡Claro que lo sé! Y vos me hacés sentir igual. Me encendés en llamas al punto que no puedo pensar con claridad. —la confesión me había brotado espontáneamente y era verdad. Lo que me hacía sentir era indescriptible con palabras. Y a pesar de que era basto, desliñado y terco… tenía al mismo tiempo una grandeza de espíritu inconmensurable. Era tan irritante. —¿Podés imaginar siquiera lo grandiosa que podría ser la pasión si nos animáramos a explorarla?
—Creo que es mejor que me vaya. —murmuró desplazándose hacia la puerta, fui tras él y lo retuve de los hombros tratando sin mucho éxito de mantenerme controlado.
—¿Por qué te oponés a esto con tanta obstinación? —grité
—¡Porque no puedo confiar en mí mismo cuando estoy con vos! —gritó a su vez, se desprendió de mis manos y se fue casi corriendo por el pasillo. Sus palabras me dejaron como paralizado. ¿Realmente había dicho eso? ¿Harry Potter había confesado inadvertidamente una debilidad por mí? No podía creer lo que había oído. El sentimiento de otro fracaso inminente se esfumó de inmediato y fue reemplazado por la dulce fragancia de la victoria, muy parecida al perfume natural de Harry… dulce y especiado.
En esencia el problema se reducía a uno solo, sería una baja no muy importante que podría eliminarse sin mayores complicaciones. Iba tener que librarme de Corner, de manera definitiva sería lo ideal, pero bastaría que fuera durante el tiempo suficiente para que pudiera insertarme en la vida de Harry… y en vía directa a su corazón. Íbamos a resultar una pareja poco convencional, sin lugar a dudas… pero él lo deseaba, deseaba más, me deseaba a mí… de la misma forma que yo lo deseaba a él.
Se me despertó un impulso repentino de ir tras él, alcanzarlo y aplastarlo contra una pared para partirle la boca con un beso candente. Eso le probaría que iba en serio en lo que a nuestra relación se refería, pero luego bajé la vista y noté que la Marca Oscura comenzaba a aparecer y a hacerse evidente una vez más. Di gracias a Merlín que se hubiese escapado antes. El relumbrar verde de la Marca se reflejaba en la gema oscura del anillo… suspiré. —El deber primero, Draco. —me susurré y reemprendí el camino de regreso a los subsuelos.
La primera parte de mi plan era muy simple y lo mejor de todo era que no había forma de que resultara mal. Cuando terminó de desayunar a la mañana siguiente, Harry le dirigió una sonrisa a su novio y partió para la clase de DCAO. Yo seguí a Corner. Cuando llegó a uno de los pasillos poco frecuentados inicié la movida.
—Mike. —lo llamé. Se dio vuelta y al verme la expresión le cambió a una de pésimo humor.
—Malfoy, ¿qué carajo querés ahora? —me espetó grosero.
Suspiré y sacudí tristemente la cabeza. —Creo que empezamos con el pie equivocado, Mike… ¿puedo llamarte Mike?
—No. —resolló desdeñoso.
—Está bien. Corner, entonces… perdón. —proseguí con cautela— Mirá, esto es lo que te propongo. Harry me gusta, de verdad, pero él anoche me dejó muy en claro que vos sos la persona indicada para él… así que yo abandono, de nada me serviría seguir.
—Vos… anoche… ¿cómo? —farfulló, se iba poniendo cada vez más colorado de la furia.
—Sí… ¿él no te contó nada? Oh bueno… probablemente no te lo dijo porque él no le dio ninguna importancia. Yo traté de persuadirlo para que rompiera con vos y se arreglara conmigo. Pero él me rechazó de plano… así que aquí estoy… —le confié mostrando pena y frustración.
—¿Por qué me estás diciendo esto? —bufó. Estaba confundido y probablemente enojado porque Harry no le había dicho nada, pero poner en evidencia la mentira de omisión de Harry no era mi objetivo.
—Te estoy diciendo esto para que sepas que ganaste. Me inclino ante la solidez de la relación entre Harry y vos… pero quisiera pedirte permiso para poder seguir siendo amigo de él. —solicité. No importaba la respuesta que me diera. Yo había dado el paso e iba a tener problemas con Harry cuando se enterara, pero mayores problemas iba a tener Harry cuando Corner lo confrontara por la mentira. Si el Ravenclaw me negaba el pedido ya sabría cómo sacarle ventaja, si aceptaba iba a poder pasar más tiempo con Harry.
—¡Andá a cagar, Malfoy! —aulló— No quiero verte ni cerca de Harry.
—Sé que es algo poco convencional. Pero pensá en Harry… en este momento no tiene a nadie, ¿serías tan egoísta de negarte a que tenga un amigo?
—Puede ser amigo de quien sea, siempre que no seas vos.
—¿Y no te importa para nada lo que Harry pueda querer? —pregunté tratando de mostrarme diplomático— Vine a hablar con vos porque no quiero causar ningún problema entre vos y Harry, pero nosotros estamos trabajando juntos en Pociones y compartimos la mayoría de las otras clases… los Gryffindors lo hicieron a un lado. Vos y yo somos los únicos que le quedamos. —traté de hacerle ver.
Corner respiró hondo y pensó por unos instantes, finalmente negó con la cabeza. —No. no me gusta. No te quiero cerca de él.
—Ya veo. —gruñí— Está bien. Tenés derecho a opinar así.
—¿Vas a guardar distancia, entonces? —me preguntó escéptico.
—Tanto como pueda. —respondí encogiendo elegantemente los hombros— Vos ya sabés que somos compañeros en Pociones. Por lo demás… procuraré mantener distancia.
—Más te vale que así sea.
Alcé las manos como signo de capitulación. Retrocedí un paso, di media vuelta y partí para la clase de DCAO. Cuando entré en el aula Harry ya estaba instalado en nuestro banco habitual, me miró al mismo tiempo hesitante y expectante, como si quisiera que me sentara con él pero no quisiera querer que me sentara con él. Gryffindors.
Lo miré con la más triste de mis sonrisas y luego fui a ubicarme en un banco del otro extremo del aula. Con el rabillo del ojo alcancé a distinguir la mirada sorprendida de sus ojos.
Me partía el corazón, estuvo toda la clase como ausente, era su materia preferida pero no prestó atención en ningún momento. ¿Para qué me estaba tomando tanto trabajo? ¿Valía realmente la pena? ¿Porque no usar el anillo para llevárselo en ese mismo momento al señor Oscuro?... Me quedaría sin premio, eso sí.
Suspiré y me removí inquieto en el asiento. Nunca y por nadie me había encontrado en una situación tan conflictiva como en ese momento. ¿Por qué de pronto me sentía como el más vil de los traidores al considerar entregar a Harry? ¿Acaso mi lealtad no le correspondía a mi familia? ¿Por qué debería sentirme obligado hacia un Gryffindor astroso?
Cuando terminó la clase me apresuré a salir pero no pude llegar muy lejos, alguien me retuvo de una manga. —¿Harry? —pregunté con voz queda procurando evitarle la mirada.
—¿Me querés decir qué carajo está pasando? —demandó.
—Dejaste muy en claro tu posición anoche. No estoy acá para perseguirte. —le dije con firmeza.
Entrecerró los ojos. —Anoche me dijiste que querías que siguiéramos siendo amigos, ¿cambiaste de parecer?
—¡No! —exclamé… vociferé casi, luego me recompuse y suspiré— Creo que es mejor que lo confiese… —gruñí— De todos modos Corner te lo va a decir.
Me miró amenazante y me arrastró hasta un corredor lateral. —¿Qué fue lo que hiciste?
Respiré hondo y fui dejando escapar el aire de a poco. —Creo que metí la pata. —admití— Pensé que era lo que correspondía hacer pero me parece que terminé metiéndote en problemas.
—Malfoy… —no dejé que terminara la frase, continué como si no me hubiese interrumpido.
—Le dije de nuestro encuentro de anoche… pero fue más bien por accidente. —me apresuré a agregar.
—¿Un accidente? ¿Cómo es que accidentalmente le dijiste a mi novio que…? —pero no completó la oración, gruñó, se despeinó aun más los cabellos pasando la mano varias veces entre las mechas negras, finalmente me hizo una seña para que prosiguiera. —Seguí… ¿cuán grave es?
Hice una mueca y me encogí un poco. —Le fui a decir… le hice saber que él había ganado y que… en realidad creo que va a ser más fácil si vos lo ves directamente. —le sugerí— Seguramente no me creerías lo que te contara… —murmuré con amargura.
—¿Cómo? —preguntó, confundido por mi sugerencia.
—Dame una mano. —con reticencia posó una mano en la mía, lo miré a los ojos y luego me llevé la varita a la sien y extraje la memoria, la dejé flotando entre nosotros— Esto es más rápido que tratar de conseguir un pensieve. —le informé y a continuación susurré una fórmula en latín, la voluta de memoria se le introdujo por la sien.
Harry cerró los ojos apretándolos, el proceso implicaba casi siempre una leve molestia. La memoria pasó a la parte frontal de su consciencia. Su expresión fue cambiando, primero preocupación, luego alivio y finalmente fastidio. Abrió los ojos y mi miró con furia. —¿Cómo pudo hacer algo así! —suspiró, parecía herido.
—¿Qué? —pregunté con mi mejor cara y mi mejor tono de candidez.
—Vos se lo pediste con buenos modos y él te dijo que no. Él sabe que no me quedan amigos. —gruñó, parecía que tenía ganas de ir ya mismo a recriminar a Corner.
—Lo sé, pero no podés culparlo Harry. Él vela por tus intereses y está convencido de que te puedo acarrear problemas… y seamos sinceros, razón no le falta. —concluí con un suspiro.
—Pero entonces… ¿por qué fuiste a pedírselo?
—Yo creí que iba a poder… ser amigos y nada más… pero no puedo —otro suspiro— Recién en clase… te veías tan triste… lo único que quería era ir corriendo y abrazarte. —admití.
Abrió grandes los ojos y se me aproximó un paso. —¿Por qué sos tan bueno conmigo? — susurró con un dejo de incredulidad en el tono.
—No es que sea bueno. Si fuera bueno te dejaría en paz con tu novio y ya. Si fuera bueno no estaría pensando en vos todo el tiempo, si fuera bueno desaparecería de tu vida por completo para que pudieras ser feliz con el hombre que querés.
Se apoyó contra la pared y se deslizó hacia abajo hasta quedar sentado sobre el suelo, golpeó un par de veces la cabeza contra las piedras del muro. —Ya no sé lo que quiero. —dijo finalmente y tuve que contener un fuerte impulso para no ponerme a bailar triunfante ahí mismo.
Volví a suspirar y le pasé la mano por lo cabellos. —Bueno, vos ya sabés lo que siento por vos. Cuando decidas lo que vos querés, ya sabés donde encontrarme.
Alzó la vista, las esmeraldas de sus ojos parecían a punto de estallar en lágrimas. Hubo una época en la que nada me hubiese hecho más feliz que ver llorar a Harry Potter. En ese momento no hubiese podido soportarlo. —Adiós, Harry. —susurré y me marché presuroso.
Iba pensando mientras me dirigía a los subsuelos. El conflicto se ponía cada vez peor. Quizá fuera mejor abortar todo como me había aconsejado Snape. Que Potter viviera sus últimos meses feliz con Corner antes de que la guerra lo enfrentara con su inevitable destino. Nadie se enteraría de nada de lo que había planeado, Snape era el único que lo sabía.
Pero el problema era que Potter ya se había metido dentro de mí. Una parte de mí estaba completamente cautivada por esos ojos verdes, por esas mechas negras desordenadas, por esa sonrisa torcida con la que me miraba a veces. Lo deseaba… deseaba todo eso… y era demasiado egoísta como para abandonar todo.
La decisión no era fácil pero ya había tomado una cuando llegué a la puerta de Snape y golpeé insistentemente. Abrió y me miró con hosquedad. —Espero que tengas una muy buena razón para venir a interrumpirme durante la única hora desocupada que tengo en el día.
—Necesito un favor. —dije con calma, revoleó los ojos y me hizo pasar.
—¿Tenés un mensaje que quieras hacerle llegar a tu padre?
—No. Se trata de un favor más grande.
—Seguí. —me instruyó con ojos ávidos. Le encantaba que le debieran favores, especialmente si era alguien tan influyente como un Malfoy.
—Necesito más tiempo a solas con Potter. Quiero que organice algo relacionado con la clase de Pociones y que nos obligue a pasar más tiempo juntos.
—¿Ya pensaste en alguna idea en particular?
—Cualquier cosa… asígnenos deberes difíciles, dígale a Potter que su rendimiento es pésimo y oblíguelo a que yo le enseñe, o pónganos a trabajar juntos en un proyecto largo y complicado. Lo que sea que le parezca mejor.
—¿Y por qué debería hacer algo así por vos?
Pestañeé varias veces coquetamente. —¿Por qué me tiene cariño?
—Mal te veo si eso te parece razón suficiente. Sos mi ahijado, Draco, pero el amor tiene muy poco que ver con eso, vos lo sabés muy bien.
—Oh, está bien, —dije suspirando— ¿Qué es lo que quiere, pérfido codicioso?
Soltó una corta risa ronca. —Prefiero mantener el favor en reserva por ahora, pero tenés que jurarme que lo vas hacer, cualquier cosa que te pida.
—De acuerdo. —prometí.
—Decilo. —demandó.
—Juro que haré lo que me pida cuando me lo demande. ¿Tenemos un acuerdo, entonces?
—Creo que puedo arreglarlo. ¿Cuánto tiempo necesitás?
—Todo el que pueda conseguirme. —dije y enfilé hacia la puerta. Ya con la mano en el picaporte me llegó la pregunta de Snape.
—¿Ya te atrapó?
—¿Qué me quiere decir? —pregunté a mi vez sin darme vuelta. ¿Sabía de mis sentimientos crecientes por Harry? Snape era un experto en Legilimancia y lo creía muy capaz de hurgar en mi cabeza sin mi autorización.
—Sus ojos son sabios y cautivadores. Como los de su madre. —agregó con voz distante, era como si ya no hablara conmigo.
—¿Cómo? —pregunté volviéndome. Me taladró con la mirada negra, me corrió un escalofrío, Snape podía ser muy intimidante cuando se lo proponía.
—Pareciera que estás tomándote muchas molestias para profundizar tu relación con Potter. —comentó con una nota de curiosidad.
—Necesito que él confíe en mí para… —empecé a decir pero Snape me cortó.
—Sí, ya, ya… conozco la trama que has urdido, una de intriga y engaño. Pero te prevengo, Draco, —y esta advertencia es por el cariño que te tengo— tené mucho cuidado con lo que deseás, uno a veces lo consigue… la venganza puede ser dulce pero es también mezquina… y una vez lograda ya no puede deshacerse.
—Sé… sé lo que estoy haciendo —las palabras cargadas de emoción de mi padrino me habían tomado desprevenido, era totalmente inusitado, nunca me había dado ningún consejo que no tuviera que ver con la preparación de pociones. Me pregunté que memorias se le habrían despertado, de repente parecía tan melancólico.
—Siendo así, no tengo nada más que decirte. —me despidió con un gesto displicente. Partí a pasos apresurados por el corredor. ¿Por qué me había dejado ver esa faceta desprovista de dureza? Snape era el más puro Slytherin; y para un Slytherin las emociones no eran sino una debilidad… ¡y ni hablar de amor o de arrepentimiento! Sentí de pronto una gran curiosidad por conocer su pasado, lo conocía desde chico pero en realidad era muy poco lo que sabía de él.
Había mucha razón en algo que había dicho, los ojos de Harry me acosaban cautivadores dondequiera que fuera… incluso en mis sueños.
De algo tenía que asegurarme, de que no hubiera lugar para arrepentimientos o lamentaciones por mis acciones. No quería terminar como la imagen que me había dejado ver Snape esa noche.
oOo
