Una serie de puntos para unir

Capítulo 13 – Draco: Merecedor

El martes después de nuestra primera sesión de estudio estuve esperando pacientemente durante el desayuno para ver si Harry había perdonado, una vez más, a su Ravenclaw de actitudes tan pueriles. Existía la posibilidad de que Harry se hubiese hartado y de que hubiese roto con Corner de manera definitiva… poco me duró la ilusión. Entraron al Gran Salón tomados de la mano y parecían más contentos que nunca el uno con el otro.

Sentía curiosidad de saber por qué Harry había tenido que mentirle sobre la sesión de estudio. Parecía ridículo que hubiera alguien que le pudiera imponer reglas tan estrictas a Harry Potter nada menos… y que el Gryffindor se aviniera a aceptarlas; si Harry Potter se ponía firme, su novio tendría que aceptar todo sin chistar. Pero quizá Harry amaba a su Ravenclaw.

Cuando alcé la vista, Harry se estaba masajeando la mandíbula. Apreté los dientes y me puse de pie decidido a ir a confrontar a Corner, seguramente había lastimado a Harry durante la discusión de la noche anterior. ¿Había cometido un error al dejarlo solo con él? ¿Corner se había atrevido a pegarle a mi precioso Gryffindor? Pero cuando estaba a mitad de camino, a la altura de la mesa de Hufflepuff, noté que la cara de Harry no presentaba magulladuras ni moretones sino que ostentaba una sonrisa auténtica… que no estaba dirigida a mí. Fue entonces que me di cuenta de lo que realmente había pasado.

No sólo se habían reconciliado… también habían celebrado la reconciliación. Me atacaron náuseas y desvié mi camino hasta el baño más cercano, vomité lo que había desayunado. Haber visto a Corner brindándole atenciones a Harry había sido una cosa, pero mis sentimientos habían crecido desde entonces e imaginar a Harry de rodillas atendiendo a Corner… bueno, eso era algo totalmente distinto.

Estaba perdiendo la razón y el buen juicio. Harry le pertenecía a Corner, no a mí… tenía que metérmelo en la cabeza. ¿Por qué me destrozaba de tal manera verlos juntos… pensar en ellos juntos…? Me atacó un estremecimiento al cruzárseme una imagen intrusa de Harry chupándosela al Ravenclaw acaparador.

¿Por qué era tan injusta la vida? ¿Por qué no podía tener a mi precioso Gryffindor? Y Corner no era el único obstáculo. El destino caprichoso guardaba otro triunfo para quitármelo, la larga y oscura historia de mi familia… que podía otorgar muchas ventajas pero que demandaba su precio… una vida carente de amor como la de mi padre. Yo no estaba destinado al amor… y el amor no estaba destinado para mí.

Recordé la nota de mi padre. El destino volvía por sus fueros. El Señor Oscuro requerirá tu presencia en breve. Estate preparado. Me estremecí y me volvieron las arcadas, por suerte ya no me quedaba en el estómago nada que devolver.

Salí del baño y marché hacia la clase de Runas, una de las pocas que no compartía con Harry, no dejaba de ser una suerte. Ese día sólo lo vería en Transfiguración más tarde, ya buscaría la forma de poder evitarlo.

oOo

Poco nos vimos o hablamos durante esos dos días hasta la sesión de estudio del miércoles a la noche en la biblioteca. Quizá Harry ya tenía otros planes para después puesto que su mirada derivaba constantemente hacia la puerta. Mi irritación había ido creciendo durante la última hora por la poca atención que prestaba, finalmente perdí la paciencia.

—¿Te vas a concentrar de una buena vez? —lo recriminé bruscamente— Ésta es la poción que vamos a preparar mañana. Tiene que salirte perfecta.

—¿Por qué en cambio no te ponés de pareja conmigo mañana en clase? De esa forma seguro que me sale perfecta. —dijo con altanería. Parecía empeñado en ignorar mi presencia al máximo, era frustrante. ¿Qué era lo que veía en ese novio mediocre que tenía? ¿Por qué no lo había plantado después de la escena del lunes ahí mismo en la biblioteca? ¿Por qué parecía tan dispuesto a satisfacerle todas sus demandas y sus mínimos caprichos? ¡La vida es tan injusta!

—Sí, es cierto. Pero de esa forma no aprenderías nada. Ahora poné atención. ¿Cuál es el componente activo de esta poción? —lo amonesté; si no me iba a prestar atención por lo menos debía tratar de hacerlo concentrar en el tema de estudio.

—El veneno de doxy. —dijo y yo aprobé con un gesto; prosiguió cambiando el tema— Malfoy… lamento que las cosas no hayan salido como vos querías.

—Sí, no todo lo que yo esperaba… —mascullé sarcástico. En un mundo ideal Corner no habría nacido, en un mundo ideal Harry no tendría que enfrentarse con el Señor Oscuro, en un mundo ideal yo no tendría que decidir a quién traicionar, si a Harry o a mi propia carne y sangre. Pero yo no vivía en un mundo ideal y Harry tampoco. No era sensato forjarme esperanzas de que Harry eligiera de otra forma. Siendo sincero conmigo mismo —algo que generalmente trataba de evitar— no podía culpar a Harry por elegir la seguridad. Era consciente de que yo le iba a causar problemas, aunque ése ya no era mi propósito, pero también era lo suficientemente egoísta como para querer retenerlo para mí.

—Mike no quiere, pero yo puedo hablarle y convencerlo… para que podamos seguir siendo amigos. —dijo vacilante— Es que no soporto que dejemos de ser amigos.

—Lo que yo no soporto es que necesites pedirle permiso a tu novio. —repliqué impaciente—Además, ¿quién dice que ya no somos amigos?

—Vos me ignorás por completo. —me dijo, lo cual era cierto.

Yo esperaba que él no lo hubiese notado, pero al parecer yo no había sido lo suficientemente sutil.

Estaba la cuestión de la nota de mi padre. ¿El Señor Oscuro demandaría la cabeza de Harry? Si me la exigía, ¿podía negarme? Todavía deseaba a Harry más que a nada, pero si consiguiera hacerlo mío, ¿se me pasaría? ¿o se intensificarían mis deseos? —Bueno sí… eh… es que… no sé… —tartamudeé, era una vergüenza que no pudiera pensar con claridad cuando Harry estaba cerca. Yo también lo extrañaba, pero no me resignaba a ocupar el segundo lugar, y se trataba de algo mucho más importante que un partido de quidditch— Ya se me va a pasar.

—Me gustaría que pudiera ser diferente. —dijo suspirando, sonaba sincero— Vos y yo…

—Puede ser diferente… basta sólo que vos lo quieras. —susurré sin poder mirarlo a los ojos, me sentía culpable. Harry no podía ser mío, aunque dejara a Corner por mí, el Señor Oscuro se iba a ocupar de eso. Pero era cierto que las cosas podían ser diferentes, las cosas ya eran muy diferentes de lo que habían sido semanas antes.

—No, no puede ser… —dijo afligido— Es que hubo demasiadas cosas entre nosotros… nos odiamos durante tanto tiempo.

—¿Vos me odiás ahora? —pregunté alzando los ojos.

—No. —respondió, no supe discernir si eso lo ponía contento o triste. ¿Acaso yo le había empeorado la vida al entrar a formar parte de ella?

—Ves, ya es diferente. —dije sonriendo apenas. Apartó los ojos. Yo bajé los míos para estudiar con atención una muesca alargada sobre la superficie de la mesa.

—No se supone que las relaciones tengan problemas incluso antes de haber empezado. No duraríamos nada. —lo declaró como si fuese una especie de lema, un mantra.

—¿Quién dice que tiene que ser así? —dije jocoso— Romeo y Julieta ya tenían un montón de problemas incluso antes de conocerse. —me arrepentí de la comparación apenas la hube pronunciado… pero las grandes historias de amor suelen terminar en tragedia… quizá ése sería nuestro destino también si lograba ganármelo. ¿Y si conseguía adueñarme de su corazón y luego terminaba traicionándolo de la peor manera? ¿Tendría la fuerza de voluntad suficiente para decirle "No" al Señor Oscuro? La sola idea me descomponía de miedo. Sólo Merlín sabía cómo terminaría yo reaccionando cuando las demandas del Señor Oscuro se volvieran perentorias.

—Si… y así les fue…—dijo poniendo en evidencia mi "faux pas" con una sonrisa.

Reí, Merlín, Harry era increíble cuando me sonreía así. —Está bien. No es un buen ejemplo. Pero eso no podría pasarnos a nosotros. Problemas de comunicación quiero decir. Tengo una lechuza confiable y vos también. —fue un momento muy corto de risas, pero durante un par de segundos el mundo pareció perfecto. Luego Harry me retrotrajo una vez más a la realidad.

—Familias enfrentadas… —murmuró— Una coincidencia más que curiosa… demasiados parecidos…

Me removí incómodo en la silla y estuve a punto de comentar: "Bien podés decirlo…", pero me contuve.

—Quizá sea mejor que me vaya ya. —dijo y comenzó a reunir sus útiles.

—Harry… esperá un poco… —había decidido antes no hacer ningún tipo de referencia a lo del sábado, pero en ese momento no pude contenerme… de todos modos no sabía qué decir, me salió un balbuceo poco claro— Eh… es mejor que estés seguro… no quisiera que hicieras nada de lo que después podrías arrepentirte…

Naturalmente quedó confundido, deseé no haber abierto la boca. —No sé de qué me estás hablando. ¿Seguro de qué?

—Nada… Sólo que pienso que se supone que ciertas cosas deben ocurrir de una manera determinada, por la razones apropiadas y con la persona adecuada. —¡conmigo! ¡Merlín, que sea conmigo!

—¿Cómo es que…? — comenzó a preguntar dándose cuenta y sorprendido de que yo estuviera al tanto.

—Sólo decía… —me apresuré a agregar; en ese momento tuve que hacer un esfuerzo colosal para no ponerme de rodillas rogándole que no se acostara con Corner.

—Debo irme. —repitió. Asentí, era lo mejor. Se cargó la cartera al hombro y salió de la biblioteca. Recién entonces me di cuenta de que se había dejado el libro. Dudé un instante si correr tras él para llevárselo, decidí que no, devolvérselo me daría una excusa para hablar con él. De todos modos no hubiera podido abandonar la biblioteca puesto que unos segundos después Granger me encaró con el aspecto de una de las Furias.

—¿Qué es exactamente lo que pensás que estás haciendo con Harry? —ladró sentándose frente a mí.

—Yo también me alegro mucho de verte, Granger. Y el tiempo ha estado tan agradable últimamente. Quizá deberías salir a disfrutarlo. —sugerí.

Revoleó los ojos y se inclinó hacia delante. —Hablo en serio, Malfoy. ¿Qué creés que estás haciendo!

—Le estoy enseñando Pociones. No sabía que para tal fin necesitara de la aprobación de la Casa de Gryffindor.

—No esperes que caiga rendido ante tus encantos, Malfoy. Harry es demasiado inteligente como para dejarse embaucar.

—Me parece que sería justo decir que vos no conocés a Harry como creés conocerlo. Sé muy bien que Harry es inteligente, es una de las cosas de él que más me gustan.

—Sos repugnante. —siseó—Más te vale que pares con esto antes de…

La interrumpí cerrando el libro de golpe. —¿Desde cuándo te importa una mierda lo que le pase a Harry? Harry está mucho mejor sin ustedes, caterva veleidosa de supuestos amigos, ¡hipócritas! Si se rasgaron las vestiduras escandalizados, abandonándolo por un beso, —más allá de que haya habido engaño o no— probablemente nunca fueron merecedores de que él los llamara amigos. Traté de advertirle ya en primer año que había un grupo de brujas y magos que no eran dignos de él, ahora lo ha comprobado por experiencia, del modo más doloroso lamentablemente.

—¡Sos un sucio, despreciable mortífago, Malfoy! —bramó furiosa— Si hay una persona que no sea digna de Harry, ¡ése sos vos! —mis ojos bajaron automáticamente a la manga, el tatuaje no estaba a la vista; se trataban sólo de suposiciones de ella, más que fundamentadas la verdad sea dicha. De todos modos no estaba dispuesto a seguir aguantándole la andanada.

—Mirá, Granger… no sé cómo hacer para ponértelo más claro. ¡Andá… a… cagar! Harry ya no es asunto tuyo.

—¡Quiero saber lo te proponés con él! —insistió, sagacidad no es algo que le falte, debía de haberse formado ideas y no sin razón— Te estuve observando, Malfoy. ¡Sé que algo estás tramando!

—¿Querés que te lo ponga por escrito? Y a lo mejor así lo terminás entendiendo. —saqué una hoja de pergamino que tenía el dibujo móvil de una chica —que podía o no ser Granger, que quizá había dibujado yo o quizá no— practicándole felatio a una verga descomunal.

Las facciones se le torcieron de asco y desprecio, pobre Weasel si era que también reaccionaba así cuando le veía el pito. Le tomó unos segundos recuperar la compostura. —¡Si llegaras a hacerle daño, yo…! —rugió amenazante.

—¿Vos qué, Hermione! —era la voz de Harry la que la había interrumpido, ¿desde cuándo había estado ahí? ¿cuánto había oído? ¿cuánto había visto? Esperaba que no se hubiera dado cuenta del dibujo. Ella farfulló algo que no alcancé a entender bien.

—¿Qué es lo que querés? —la cortó él, parecía más cansado que enojado.

—Estoy preocupada de que te puedas estar metiendo en algo… que puede ser peligroso… —explicó.

—Y si estabas preocupada ¿por qué no viniste a preguntarme directamente? ¿Por qué importunar a Malfoy? Yo estuve acá hasta hace unos minutos.

—Yo… —masculló pero no terminó la idea, probablemente no sabía qué decir.

—Vos no tenés derecho a inquirir sobre mí a mis espaldas. —le reprochó, me llenó de orgullo que se hiciera valer así ante ella— Si no tenés la valentía de hablarme a la cara, entonces no tenés ningún derecho. O me querés o no me querés… decidite… y después atenete a tu decisión y a las consecuencias.

—Por supuesto que te quiero… yo nunca dejé de… —protestó ella, yo bufé burlón y con desprecio pero en ese momento ninguno de los dos me prestaba atención.

—¿Te vas a sentar a mi lado mañana durante el desayuno? ¿Me vas hablar cuando estemos en la sala común? ¿Vas a ser mi compañera de trabajo en la clase Pociones de mañana? —la desafió Harry y yo temblé de miedo, si los amigos de Harry se disculpaban yo iba a terminar borrado del cuadro.

—No puedo… —gimoteó ella.

—Lo siento, Hermione. Es todo o nada. —le aclaró y los ojos verdes derivaron hacia mí— Es posible que Malfoy y yo hayamos sido rivales… en cierto modo seguimos siéndolo… pero él nunca me abandonó. —y su mirada me llenó de gozo, quería que me mirara así siempre— No vuelvas a hacer preguntas sobre mí a menos que estés dispuesta a ser la amiga que yo necesito y quiero tener. Buenas noches, Hermione —le dijo con determinación y luego a mí— Malfoy, si ella volviera a preguntarte, lo que fuera sobre mí, no le digas nada. Nos vemos mañana en clase de Pociones.

Hice un breve gesto de asentimiento, pero él ya estaba a mitad de camino de la puerta. Noté que Granger tenía los ojos clavados en mí. Me escrutaba con curiosidad y sorpresa. —¿Qué pasa? —le escupí… pero a la defensiva. No me gusta que me miren de esa forma… y seguramente había dejado trasparentar en mi expresión, al menos en parte, mis sentimientos por Harry, mis facciones me habían traicionado y eso no se le había escapado al agudo ojo avizor de Granger.

—Vos lo qu… a vos realmente te gusta… —estaba perpleja al haber descubierto que yo quizá tenía un corazón y no un bloque de hielo.

—No te parece que ya causaste demasiados inconvenientes, Granger. —gruñí con aspereza; si en algún momento llegaba a admitir las emociones irracionales que me despertaba Harry, sería ante Harry mismo… no estaba dispuesto a reconocerlas ante la ex amiga.

Ella se puso de pie pero no hizo ademán de irse. No me había quitado los ojos de encima ni por un segundo. Se cruzó de brazos. La mirada era severa pero menos hosca que antes y la furia se había desvanecido. Un instante después, se inclinó hacia mí muy próxima, llegué a percibir el perfume a limón del champú. —Espero que sepas lo que estás haciendo, Malfoy. No es fácil obtener su perdón. —hablaba con conocimiento de causa.

Suspiré y la despedí con un gesto distraído de la mano. Se incorporó, se acomodó la cartera sobre el hombro y marchó hacia la salida.

Tenía razón en algo que había dicho, si me ganaba a Harry y lo traicionaba… podía perder toda esperanza de recuperarlo alguna vez.

oOo

Mis sueños esa noche fueron atormentadores, habitados por un Harry de rostro decepcionado ante quien trataba repetidamente de justificarme, sin ningún resultado. Me acusaba una y otra vez: "¡Me traicionaste! ¿Cómo pudiste! Me desperté sudoroso y jadeante.

Cuando subí a desayunar lo alcancé cuando estaba por entrar al Gran Salón.

—Buen día, Harry. —lo saludé al oído. Giró y me sonrió ampliamente.

—Buen día. —respondió, luego hizo un encantador mohín de disgusto— Siento lo que pasó con Hermione anoche.

—No te hagas problema. Puedo manejarla. —dije encogiéndome de hombros— Pero sí que fue algo inesperado, ¿no te parece?

—En el caso de ella no me sorprende tanto. Ron, en cambio, si hubiese sido él… eso sí que me hubiera dejado perplejo.

La imagen del Weasel acosándome en la biblioteca me resultó muy graciosa pero me controlé para no reírme. —¿Creés que volverá a intentarlo? —no me asustaba Granger, pero había sido lo que me había dicho lo que me había provocado las pesadillas.

—Es posible… pero quizá lo piense dos veces antes de animarse, después de mi advertencia. Supongo que ella desearía que todo volviera a ser como antes… pero para eso tiene que convencer a Ron primero… y Ron es demasiado obstinado… no le va resultar fácil la tarea.

—Mirá, yo sé que vos los querés y todo eso. Pero no los necesitas. Amigos así mejor perderlos que encontrarlos. ¿Y, cómo estamos para la clase de Pociones de hoy?

—No tan mal, supongo. Hay algunas cosas que todavía no sé por qué hay que hacerlas, pero al menos sé que hay que hacerlas.

Me dieron ganas de reír, pero no hubiese sido una buena forma de alentarlo. Harry era muy inteligente, pero cuando se trataba de Pociones siempre optaba por el menor esfuerzo posible que le permitiera aprobar. —Creo eso va a bastar por ahora, ya repasaremos algunos puntos esta noche.

—Hola. —era la voz de Corner, me di vuelta preparándome para otra escena pública. Medio en pánico, Harry tartamudeó una explicación de por qué estaba hablando con el pérfido y malicioso Draco Malfoy a la puerta del Gran Salón.

—Ya sé, oí que estaban hablando de Pociones… —replicó Corner con una sonrisa triste, pero no parecía enojado— ¿te sentás conmigo para desayunar?

—Eh… sí claro… —dijo Harry y se despidió de mí con un breve gesto — Nos vemos más tarde, Malfoy. —los observé alejarse, fueron a sentarse en un extremo vacío de la mesa de Gryffindor.

Me fui a sentar a mi lugar y los observé desde lejos. Vi la cara de Potter iluminarse por alguna brillante noticia que Corner le había comunicado. Y luego se besaron dulce y tiernamente. Sentí como si al mismo tiempo me hubieran estrujado el corazón con unas tenazas y me lo hubieran atravesado con un estilete candente.

Perdí todo el apetito al verlos desplegar y prodigarse su afecto, preludiando sin lugar a dudas el tan ansiado fin de semana. De hecho, últimamente no había estado comiendo bien, lo cual era pésimo considerando lo flaco que ya estaba. Si seguía así iba a terminar en los huesos como un indigente. Por suerte la ropa ocultaba casi todo, pero en la cara empezaba a notarse se me iba tornando cada vez más angulosa. Por mi salud más que nada me obligué a comer y aparté la mirada del dichoso casal.

Aunque tratara de convencerme de que a Harry le convenía estar lo más lejos posible de mí, igual me carcomía la idea de que pudiera ser feliz con otro que no fuera yo.

Más tarde cuando ya marchaba para la clase de Pociones, mis pensamientos estaban divididos, mis ojos estaban fijos en la feliz pareja que caminaba un poco más adelante pero además iba considerando cuándo podría reunirme con Snape para hablar sobre la última nota de mi padre. Necesitaba una vía de escape y si alguien podía ayudarme, ése era mi padrino. A más tardar el Señor Oscuro me mandaría a llamar durante las vacaciones de Navidad y no faltaba tanto para que llegaran.

Quizá me conviniera decirle al Señor Oscuro que había fracasado, que Potter era demasiado inteligente y no había caído en mi trampa. Quizá de esa forma me mataría directamente sin hacerme pasar por una prolongada y dolorosa sesión de tortura.

oOo

—Noto una leve mejora gracias a las lecciones de apoyo con el señor Malfoy. —declaró Snape al controlar el contenido del caldero de Harry. En realidad la poción le había salido muy bien, tenía el color amarillo limón brillante requerido. Snape me dirigió una rápida mirada y debe de haber visto orgullo en mi cara pues tras revolear los ojos y torcer la boca en una mueca agregó: —Creo que lo más conveniente es aumentar la frecuencia de la lecciones, todas las noches hasta el receso de Navidad.

—Pero profesor, ¿acaso no dijo que había mejorado? —protestó Harry como si el que le asignaran más horas conmigo lo descorazonara.

—Ciertamente, y para que continúe así debemos incrementar el número de sesiones de estudio. —le replicó incisivo.

—Pero sepa que yo también tengo otras clases. —masculló Harry con amargura.

—Quizá debería hablar con los otros profesores para que también le asignen clases de estudio con el señor Malfoy. —acotó Snape.

—No creo que eso sea necesario, señor. —intervine yo desde mi lugar— Yo ya alcancé el límite de tiempo disponible que puedo dedicarle a Potter.

—Muy bien. —dijo Snape y volvió a su escritorio. Harry me lanzó una mirada ofendida. Bajé los ojos. ¡Y encima tenía la audacia de ofenderse! ¡Pero si él había protestado porque tenía que pasar más horas conmigo! ¿Por qué lo que estaba bien para él, no lo estaba para mí?

Cuando terminó la clase salí lo más rápido que pude pero él me alcanzó camino a Adivinación. —Malfoy, ¿qué carajo te pasa? —siseó agarrándome la manga y sacándome del corredor hasta un nicho en uno de los lados— Esta mañana estuviste de lo más cordial y ahora en la clase volviste a insultarme como antes.

—No te insulté. Creo que hice lo que correspondía para mantener esta especie de juego de "amigos en secreto" que ideamos.

—¿Cómo? —preguntó confundido.

—Mejor dejémoslo ahí, Harry. Ya me has dejado en claro que la "amistad" debe ser secreta, a vos te puede resultar más fácil porque podés "esconderte" con facilidad y de manera efectiva detrás de tu novio; para cumplir con mi parte creo que lo mejor es que mantenga la mayor distancia posible, la mayor cantidad de tiempo posible. —me liberé del agarre y enfilé por las escaleras hacia la clase de Trelawney.

Harry se quedó un momento sin moverse en el mismo lugar, indeciso. Luego vino tras de mí. —Te estás comportando como un tonto. Justamente esta mañana Mike me dio permiso para que hable con vos no sólo cuando tenga que hacerlo sino también cuando quiera. ¿Y vos justo decidís que no valgo la pena?

—¡Pero qué maravilla! —exclamé con sarcasmo— Ahora que tu novio dio el visto bueno, vamos a poder ser realmente buenos amigos.

—¡No es así! —gruñó Harry.

—Y que te quede bien claro. —presioné aun más ignorando su protesta— Yo siempre pensé que vos valías la pena.

Harry se detuvo, yo no, apreté el paso. Mi idea era sentarme en un rincón apartado del aula adonde él no pudiera seguirme. —¡Malfoy, esperá! —me ordenó, pero yo no le hice caso. Corrió y me alcanzó, me empujó contra la pared, agarrándome fuertemente de una muñeca. —¿Por qué me estás apartando de esta forma!

—Me estás lastimando. —susurré y el aflojó la presión sobre mi brazo, sacudí la cabeza— No… son tus acciones las que me están lastimando. Vas a verte en la obligación de elegir entre los dos y no vas a elegirme a mí.

¿Por qué tenía que elegirlo a él en lugar de mi familia si él no estaba dispuesto a elegirme en lugar de Corner? Pero era cierto también que entregarlo a Voldemort me mataría…aparte de mi familia, Harry era la única persona en el mundo a la que quería. Harry ya había hecho su elección, había elegido a Corner… en cambio yo, seguía con mi dilema.

—No estoy obligado a elegir. —dijo con altanera determinación.

—Lo cierto es que ya elegiste. —hizo una mueca disgustada— Mirá, puedo hablar con Snape… para que te asigne otra persona que te enseñe…

—¡Vos no querés ser mi amigo…! —protestó interrumpiéndome.

—Claro que quiero… quisiera pasar todo el tiempo con vos, quiero que me tengas confianza, quiero ser la persona a la que recurras primero cuando necesites ayuda… —volvió a apretarme el brazo como instándome a que prosiguiera— Quiero apoyarte… pero también quiero abrazarte y amarte y más… quiero más de lo que podés darme. Y sé que estás comprometido con Corner y sé que lo amás… y que no vas a poder darme lo que necesito.

—No puedo darte más que amistad. —admitió con tono ronco y en voz muy baja.

—Lo sé. —admití solemne— Pero ni siquiera eso obtengo.

Arrugó la frente, dejó de mirarme a los ojos y pasó a estudiarme las otras facciones, se le dibujó una expresión de culpabilidad en la cara. —Voy a ser un mejor amigo. —prometió soltándome el brazo— Pero vos no me abandones.

Ya casi no me quedaba corazón por la cantidad de veces que se había quebrado y caído a pedazos en presencia de Harry, otra vez había encontrado la forma para que no pudiera negarme, ¿por qué no podía decirle que no al precioso huerfanito? ¿Por qué terminaba siempre ofreciéndole la luna y las estrellas y muchas otras cosas imposibles? Si decía que sí iba a tener que conformarme con un triste y miserable segundo lugar… e inexplicablemente dije: —Está bien… de acuerdo.

Me tomó la mano y me arrastró escaleras arriba. —¡Apurate que llegamos tarde! — lo seguí; iba a terminar con el corazón destrozado una vez más… pero no parecía importarme en tanto los dedos de Harry estuvieran en contacto con mi piel como en ese momento.

oOo

Nos sentamos juntos durante las clases ese jueves y el viernes. Y el día siguiente sería el sábado, el gran día. ¿Qué pasaría después que hubiese sellado su relación con Corner? Podía tratar de pensar que eso no cambiaría nada entre Harry y yo, pero sabía que era una ingenuidad.

Casi llegando a la biblioteca esa noche, oí las voces.

—Mirá, perdón… pero Snape me está obligando… —dijo Harry con tono apaciguador.

—Ya sé… ¿pero por qué todas las noches? —gimoteó Corner.

—Es sólo hasta el receso…

—Pero para eso faltan todavía semanas… —protestó Corner, pero después pareció calmarse—Está bien… pero te voy a extrañar.

—Yo también. —dijo Harry y por los sonidos que oí era evidente que estaban abrazándose.

—Seguro que Malfoy está encantado con el arreglo. —gruñó Corner sin disimular lo contrariado que estaba.

—En realidad fue Malfoy el que le puso freno a Snape, que quería asignarme más horas todavía. No creo que Malfoy esté fascinado, obligado todas las noches a hacerme estudiar.

—Será como vos decís. —concedió Corner a desgano. Ingresé en el corredor donde ellos estaban, Corner lo tenía contra la pared, dispuesto a robarle otro beso; yo no estaba con ánimo para ese tipo de show, carraspeé sonoramente. —¿Estás listo? —ladré— Quiero terminar con esto cuanto antes.

—Sí, claro… —se apresuró a responder Harry, le dio un piquito en la mejilla y se agachó para escurrírsele por abajo— Te veo en el desayuno, Mike. —saludó en despedida poniéndose a mi lado. Marchamos juntos y entramos en la biblioteca.

—¿Estuve bien en mi papel de ex amigo fastidiado? —le pregunté cuando nos sentamos.

Suspiró aliviado. —Ah, se trataba de eso. Por un momento creí que estabas de nuevo enojado conmigo.

—¿Debería? —dije alzando una ceja jocosa.

—Probablemente. —contestó con un encogimiento de hombros— Pero prefiero que hablemos de otra cosa. —dijo abriendo el libro.

—¿No era que él no tenía problemas en que fuéramos amigos?, ¿Por qué tenemos que seguir con semisecretos y comportamientos furtivos?

—Porque él no está del todo conforme y no quiero presionarlo más de lo imprescindible.

—¿Y si revocara su autorización? ¿Si te planteara la disyuntiva de elegir entre los dos? —pregunté, aunque mucho me temía cuál sería la respuesta.

—No voy a ponerme a pensar en eso ahora. —declaró Harry con firmeza— Y vos tampoco deberías.

—Si vos lo decís.

La hora siguiente estuvimos absorbidos por completo por la poción que íbamos a preparar el lunes. Cuando terminamos, Harry cerró el libro y bostezó ampliamente.

—Te ves muy cansado. —comenté.

—Gracias. —replicó sarcástico— Y vos te ves como si te hiciera falta comer más. —agregó en tren de chanza.

—Últimamente no he tenido mucho apetito. —admití— ¿No has estado durmiendo bien?

—No es una novedad, —se encogió de hombros— te diría que para mí es lo normal.

—¿Muchas fantasías con Corner que te quitan el sueño? —apunté siempre en tono de chacota.

—Algo así… —respondió sonrojándose— Oíme, Malfoy, no es necesario que hablemos de él… si te pone incómodo.

—No me incomoda. —mentí, estaba sinceramente decidido a ser amigo de Harry y no quería que ningún tema importante para él estuviera prohibido entre nosotros.

—Pero creo que a mí si me pone incómodo. —admitió— No me parece bien que hablemos de él.

—Está bien. —concedí y agregué jovial: —Pero es una lástima, porque tenía muchas ganas de discutir detalladamente tu vida amorosa con otro chico.

—¡Muy gracioso! —exclamó con una media sonrisa— Creo que deberíamos irnos… o Pince nos va a echar a patadas dentro de unos minutos.

—Tenés razón. ¿Te voy a ver durante el fin de semana? —pregunté juntando mis cosas.

—No sé… —susurró Harry, su ojos se fijaron en los míos. ¿Qué estaría pensando en ese momento? ¿Se estaba imaginado a su novio mirándome a mí? ¿Lo extrañaría tanto?

Suspiré, tenía que dejar de hacerme tanto el bocho. ¿Desde cuándo me había vuelto tan emocional? ¡Me lo había contagiado del Gryffindor sin lugar a dudas! —Sólo… sólo… andá con cuidado…

—Sé lo que estoy haciendo. —declaró determinado. Tenía razón, ni siquiera como amigo tenía yo el derecho de dictarle con quién podía acostarse.

—Bien. —le acaricié los cabellos y le posé una mano en la mejilla— Como tu amigo… no quiero que sufras ningún daño.

—Mike, nunca me haría daño. —dijo él apartando la cara.

—Más le vale… ¡porque yo lo mataría! —dije con más vehemencia de la que hubiera querido.

Sonrió. —No tenés nada de qué preocuparte. —dijo y repitió mis gestos, me acarició los cabellos y posó una palma callosa en mi mejilla. Sentí un estremecimiento, él lo notó y amplió la sonrisa.

Nos despedimos en el corredor. Lo observé alejarse durante unos instantes, se dio vuelta en un momento y me saludó con la mano. Yo trataba todavía de recuperarme de la deliciosa sensación de su mano en mi cara. Tenía que tratar de hacer a un lado esos sentimientos. Quería ser para Harry el mejor de los amigos. Un amigo con el que pudiera contar siempre, mucho mejor amigo que Granger y el Weasel. E incluso si tenía que conformarme con un segundo lugar detrás de Corner… no se lo reprocharía. Estaría a su lado cuando él lo quisiera y me alejaría cuando así fuera su deseo. Porque Harry lo merecía, merecía eso de mí.

Voldemort nunca tendría la cabeza de Harry. Así tuviera que morir… entregar mi vida para salvar la suya. Porque eso es lo que se debe hacer cuando se ama a alguien.

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