Una serie de puntos para unir

Capítulo 15 – Draco: Preferiría…

Sábado. Virginidad. Sexo. Amor. Harry Potter. Michael Corner. Eran cosas en las que no quería pensar, pero que al parecer no podía sacarme de la cabeza. Unas pocas horas antes había estado disfrutando de la compañía de Harry durante la sesión de estudio, ya entonces había empezado a hundirme en la autoconmiseración. Ahora estaba hundido por completo y bien en el fondo.

¿Cómo podía entregarse a otro siendo consciente de lo que había entre él y yo? ¿Cómo podía yo pretender que no lo hiciera? Me encontraba en una situación tan conflictiva… no por mis sentimientos por Harry, no… esos eran reales y sólidos, si bien al principio se habían basado en una falsedad. El conflicto se me presentaba para decidir qué hacer respecto de esos sentimientos. El mero hecho de que tuviera sentimientos por Harry entraba en directa oposición con mi condición de Malfoy; ser hijo de Lucius Malfoy y amar a Harry Potter eran dos cosas mutuamente excluyentes.

Mal que me pesara y por mucho que lo intentara, mi amor por Harry no era algo que pudiera encerrar en una caja para arrojarlo a la oscuridad y al olvido. Una parte de mí odiaba eso, la forma en que mi amor por él se me colaba en las venas como una toxina extraña… y otra parte de mí quería más… codiciaba la calidez con la que me llenaba, a pesar de ser un amor no correspondido. ¿Cómo era posible que hubiese quienes se pasaban años o toda una vida penando de amor? Yo llevaba apenas un par de semanas y ya quería tirarme de lo alto de la torre de Astronomía… la muerte parecía una mejor ventura que permitir que mi amor por Harry destrozara todo los pilares fundamentales de lo que había sido mi vida.

Cuando entré en el Gran Salón busqué la hermosa cara de Harry, pero no estaba en su apartado lugar habitual en el extremo de la mesa de Gryffindor. ¿Ya estaría seduciendo a Corner en la torre de Ravenclaw?

Al parecer no, Corner estaba sentado en su mesa… sin Harry… la cita debía ser para más tarde… sentí a un tiempo alivio y repugnancia. Corner también pareció aliviado al verme. Cualquier sospecha que tuviera era, lamentablemente para mí, infundada. Yo había dormido solo, me había levantado solo, me había duchado solo y había venido hasta el Gran Salón caminando solo. Lo saludé con un muy breve gesto, quería mantener la paz en la mayor medida posible. Corner no me gustaba pero no quería que se fastidiara y volviera a prohibirle a Harry que fuera mi amigo. Porque por sobre todas las cosas yo quería que Harry fuera feliz, y eso hubiera sido imposible si Corner y yo nos odiábamos abiertamente. Lo menos que podía hacer era fingir algo de cordialidad.

Cuando me senté a la mesa, Nott estaba cuchicheando con otro de los alumnos de Slytherin, uno de cuarto año. No alcancé a entender lo que hablaban, pero parecía bastante escandaloso. Dado que Pansy estaba escuchándolos con atención sin perder palabra, lo que fuera sobre lo que conversaban privadamente iba a terminar siendo de conocimiento público muy poco después.

—¿Qué es lo que vas a hacer? —le preguntó el Slytherin de cuarto año.

Theo alzó la vista para ver quiénes estaban escuchando. Luego suspiró y dejó caer los hombros resignado, igual todos se iban a enterar. —Mi padre me dijo que voy a tener que casarme con ella y que debo dar las gracias de que se trate de una sangrepura… si bien de los traidores a la sangre. Por lo menos el crío va a ser sangrepura y no un vástago espurio.

—¡Eso es terrible, Theo! —exclamó el otro chico.

—¡Decímelo a mí! —suspiró Theo una vez más— Y ni siquiera me gusta mucho… apenas si fue un polvo pasable… ¡y voy a estar clavado con ella el resto de mi vida!

Desintonicé los oídos de la conversación. ¿Estaban hablando de la pelirroja que yo suponía? Los últimos días ya circulaban rumores de que Ginevra estaba embarazada, pero nunca hubiese pensado que fuera de Theo. Se lo tendría merecido la muy yegua si se viera obligada a casarse con alguien que no la quería… después de lo que le había hecho a Harry. A Harry no le había mencionado nada, por supuesto, eso lo hubiera herido emocionalmente, y herir a Harry era lo último que quería. Pero no pude evitar una sonrisa al imaginar la reacción del Weasel cuando se enterara de que su idolatrada hermanita era una furcia, amante de Slytherins.

Corner se levantó y se fue un rato después. Seguramente ya estaba preparándose para posar sus sucias pezuñas sobre mi Harry. Harry se merecía mucho más que ese Ravenclaw insignificante… aunque fuera otro y no yo. Harry merecía un igual, y Corner, si bien lo quería, no le llegaba ni a los talones. Pero por otro lado, quizá yo tampoco estaba a su altura. Sabe Merlín que tengo muchos defectos… aunque quizá últimamente había ido corrigiendo algunos. Así y todo, la Marca Oscura seguía en mi brazo, oculta por los ungüentos.

Tal como lo había anticipado, cuando regresé a la sala común de Slytherin, el pequeño desliz —o más bien gran desliz de Theo— era un secreto a voces que estaba en boca de todos, no se hablaba de otra cosa. Por un instante consideré la posibilidad de refugiarme en mi dormitorio, la deseché, los chismorreos del momento podían proporcionarme el tipo de distracción que estaba necesitando… y me ayudaría a vencer la tentación de ir corriendo a la torre de Ravenclaw para arrancar a Harry de los brazos de Corner.

La distracción, sin embargo, no me sirvió de mucho. Me invadían imágenes un Harry de piel bronceada retorciéndose desnudo sobre sábanas azul Francia, gritando el nombre de Corner con labios suculentos, congestivos de besos. Empezaba a experimentar estremecimientos revulsivos al imaginar a Harry con otro, pero no podía expulsar esos pensamientos de mi cabeza.

En ese momento se oyeron golpes violentos y persistentes en la puerta de la sala común. Norman Scuttlebaum, un chico de segundo año a quien yo le inspiro siempre un miedo cerval, fue a ver quién era. Normalmente a un incidente como ése no le hubiese prestado la menor atención, pero cuando oí a Norman decir mi nombre, crucé corriendo la sala común hasta la puerta. Era Harry, con los cabellos más desordenados que lo habitual, pero con la mejor de las sonrisas que jamás le hubiese visto iluminándole el precioso rostro.

¿Ya había ocurrido? ¿Venía a refregármelo en la cara con crueldad? No, ése no era el estilo de Harry, Harry no era malo. Harry era adorable y puro… y demasiado bueno para mí. Era obviamente otra la razón que lo había traído hasta ahí. Jadeaba como si hubiera cruzado corriendo todo el castillo.

—Potter, ¿qué estás haciendo acosando a mis compañeros de Casa? —pregunté con humor en el tono, al tiempo que le estudiaba las facciones con atención… ¡fue entonces que noté los magullones! —¡Te pegó! —vociferé, quería ya mismo atacar a Corner a Cruciatus hasta deshacerlo en pedazos. Nadie le hace daño a mi Harry y vive para contarlo. Nadie.

—Ron. —informó Harry restándole toda importancia al asunto. En mi mente cambió de inmediato el objetivo de mi furor, ¡el Weasel quedaría reducido a un montón informe de pulpa pelirroja!

—¿Estás bien? —le pregunté con voz muy suave, mis dedos se movieron automáticamente para ir a acariciarle la cara lastimada, como si pudieran curarla con el simple contacto. Sentía ganas desesperadas de ayudarlo, pero todavía no sabía por qué estaba ahí y no con su novio. No entendía el repentino cambio de los eventos. Harry nunca antes había venido a buscarme al búnker de Slytherin— ¿Qué pasó?

No obtuve respuesta, sólo un par de ojos esmeralda brillantes mirándome, invadiéndome la mente tratando de hacer brotar de allí la respuesta. Y de pronto las piezas parecieron encajar. La pelea, que tenía que ver con el chisme novedoso del que todos hablaban, la cara lastimada, el Weasel había saltado a conclusiones apresuradas respecto de la paternidad del bebé agarrándoselas con Harry.

Mi primer impulso fue llevarlo donde madame Pomfrey, pero lucía tan vulnerable y feliz ahí en el umbral de Slytherin, mirándome… con esa chispa en los ojos que no le había visto antes. Algo había cambiado desde la noche anterior, quizá en la última media hora. Y había venido a mí… pero no quería hacer presunciones si más fundamento… si llegaban a estar equivocadas no iba a poder soportarlo… ya había tenido que pasar por demasiadas cosas. Harry parecía rebosar decisión, audacia… parecía ávido incluso.

No sabía qué decir o hacer, una esperanza iba creciendo en mi interior, Harry había venido por mí y no buscando a alguien que lo defendiera. Y entonces pronunció mi nombre…

—Draco… —era la primera vez que lo oía brotando de sus hermosos labios. Ya no pude contenerme, lo abracé con violencia y lo besé. Era una jugada atrevida de mi parte, pero él respondió besándome a su vez. Y de repente toda mi vida se cargó de significación y en un segundo el mundo había dejado de ser un lugar horrible lleno de imbéciles y mentirosos. El mundo de Harry pasaba a ser el mío y el mío de él.

Era mucho mejor de lo que había imaginado en las más salvajes de mis fantasías. Lo apreté aun más tratando de absorber… de empaparme de ese placer que me transmitía. Gimió en mi boca y me elevó incluso más… a alturas siderales de dicha… a cimas gloriosas.

Una voz chillona interrumpió el regocijo del momento. —¡Andate de acá! —Pansy le siseó a Norman— Sos muy chico para estar mirando estas cosas.

—¡Pero si todos están mirando! —se quejó Scuttlebaum.

Interrumpir el beso fue un martirio, me volví furioso para increparlos, la mano de Harry sosteniendo la mía fue lo único que me impidió sacar la varita en ese momento para sacudirles una andanada de hechizos. —¡Rajen todos de acá! —vociferé— ¡Manga de degenerados! —tomé a Harry del brazo y lo conduje alejándolo de la cáfila de buitres hacia mi dormitorio. Entramos, cerré la puerta y la acerrojé con un movimiento de varita.

Todo mi cuerpo clamaba y me impulsaba a atacarle una vez más los labios. Pero la parte lógica de mi cerebro me contuvo, exigía respuestas. Necesitaba estar seguro antes de que mis emociones se desbocaran por completo y ya no pudiera apaciguarlas. —Creo que corresponden algunas explicaciones. —dije apretándole la mano. Su sonrisa desapareció, se mordió encantadoramente el labio y fijó los ojos verdes en los míos.

—Dejé a Mike. —replicó simplemente y como con culpa.

Las palabras parecieron rebotar, mi mente se había negado a admitirlas de entrada. Lo insté a que repitiera. —¿Lo dejaste? ¿Hoy?

Asintió. —Hace ya un rato. Hubiera venido antes pero… —no concluyó la frase alzó la mano indicando la cara lastimada. Mis ansias por besarlo y por respuestas me habían hecho olvidar por completo las lesiones. Usé entonces un encantamiento muy efectivo que se las curó de inmediato. Se masajeó la mandíbula y abrió y cerró la boca varias veces ensayando distintos movimientos, luego me sonrió ampliamente agradeciéndomelo.

—¿Rompieron antes o después? —pregunté con cautela, no quería ser demasiado directo. Lo llevé hasta mi cama y lo invité a sentarse. Percibí su pulso acelerarse, tiró de mi mano y me hizo sentar a su lado. Parecía que él tampoco quería que nuestras manos se soltaran ni por un instante.

—¿Acaso importa? ¿Me echarías si ya no fuese virgen? —inquirió vacilante; no me había esperado la pregunta… aunque pensándolo racionalmente era natural que la formulara. Arrebatarle la "pureza" al Niño Dorado de Gryffindor había sido un motor importante de mis mezquinas intenciones al principio. Las cosas habían cambiado. Amaba a Harry y ya no me importaba si seguía siendo virgen o no… mas… antes de entregarme por entero tenía que saber cómo y por qué había terminado la relación entre él y Corner.

—Sólo importa en el sentido de que no quiero ser tu segunda elección… un premio consuelo. ¿Qué fue lo que pasó?

Hizo una mueca, quizá reviviendo el momento de la ruptura. Una de las cosas más fascinantes de Harry es su grandeza de corazón. Ruptura o no, Mike había significado algo importante para él y no iba a borrarlo de un momento al otro. —No llegamos propiamente a tener sexo… estuvimos muy cerca… —hizo una pausa— …pero me di cuenta de que no podía…

—¿Por qué no? Creí que eso era lo que querías.

—Mike me ama. Pero yo no lo amo. Creo que yo podría estar enamorado de otra persona.

—¿Alguien que yo conozca?

—Bueno… es un Slytherin… diría que existe una buena posibilidad…

—¿Acaso nadie te ha advertido que no es conveniente enredarse con Slytherins, Harry? ¿Y qué tal está éste que al parecer se ha ganado tu predilección?

—Bastante bien. —replicó curvando apenas el labio en una media sonrisa.

—¿Sólo bastante bien? —lo urgí con fingida censura.

—Sí… quizá un poco mejor… a ver… tiene cabellos rubios perfectos… brillantes ojos grises… maravillosa piel, pálida y tersa… En realidad, ahora que lo pienso… se parece bastante a vos.

—Ah claro, eso explica el beso. Ha sido un caso de confusión, de identidad equivocada. Creo que conozco al tal sujeto. Te puedo llevar a su dormitorio si es lo que querés. —ofrecí. Me puse de pie y sin soltarle la mano di un paso hacia la puerta. No pude avanzar más que eso, me agarró de la corbata y me atrajo hacía sí con violencia.

Sus labios buscaron los míos y me rendí de inmediato al deleite de su boca, a la textura de su lengua en la mía. Gimió e intensificó el beso. Volvimos a sentarnos en la cama sin interrumpirlo y caímos de costado sobre el colchón. Finalmente nos separamos. Nos miramos fijamente unos instantes. —¿Así que decidiste elegirme a mí? —susurré, mi aliento sobre su piel.

—Te elegí a vos. —confirmó sonriendo. ¡Merlín, cómo lo amo!

Me soltó la mano y alzó la suya para acariciarme la cara. —No quiero perderte. —le confesé sinceramente.

—No me pierdas, entonces.

Me incliné y le posé un delicado beso en la frente, sobre la cicatriz. Contuvo una exclamación y se llevó los dedos a la famosa marca con forma de rayo. —¡Perdón! —supliqué contrito— ¿Te hice doler?

—No. —me tranquilizó, su mano me retuvo del brazo para que no me separara— Es sólo que… nunca nadie la toca… la miran asombrados… y pensarán un montón de cosas supongo… pero nadie la había tocado hasta ahora… creo que les inspira temor.

Sonreí aliviado, recorrí la línea quebrada con la yema de los dedos y luego volví a besarla. —Yo la amo. —frunció el ceño y la nariz como si no me creyera— Es cierto. —ratifiqué— Es el símbolo de tu fortaleza y poderío. Es una parte importante de vos y yo amo todas y cada una de tus partes.

Cerró los ojos y se sonrojó un poco. Aproveché para plantarle un beso en la nariz, otro en la mejilla y otro muy suave en la sien. Por la posición en que estábamos sólo tenía acceso a la mitad de su cara. Me incorporé un poco sobre un codo y le acaricié los cabellos desordenados… susurró mi nombre, siempre con los ojos cerrados.

—Decilo otra vez. —lo insté deslizándole los dedos por el brazo.

—Draco. —pronunció una vez más respondiendo a mi pedido. El sonido y la cadencia de su voz me hubieran excitado instantáneamente, pero yo ya la tenía parada desde hacía rato. Agregó algo más entonces, una especie de siseo silbado que combinaba notas dulces y ásperas, la lengua se le arrastró de manera curiosa en la boca… ¡un sonido tan erótico! ¡Estuve a punto de acabar en los pantalones!... Me hizo acordar de una vez en segundo año.

—¿Qué fue eso? —pregunté. Mi voz traicionaba el deseo que me poseía.

—Tu nombre en Parseltongue. —respondió distraídamente. Había abierto los ojos y le fulguraban con chispas divertidas. Se había dado cuenta de lo mucho que me calentaban esos sonidos.

—Parece que te gustó, ¿no? —arrulló engreído.

—Quizá. —concedí y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir en qué medida me había gustado. Solté una exclamación cuando me la agarró a través del pantalón. No había esperado que fuera tan atrevido. Lo prefería así. No quería un mojigato que se sintiera incómodo con su persona o que no supiera lo que era y lo que quería. Harry parecía más que cómodo, en realidad se mostraba incluso más confiado que yo en ese momento. Pronunció en ese instante otra ristra de silbidos vibrantes y siseos entrecortados que me hicieron pestañear involuntariamente varias veces. No entendí lo que decía pero estaba dispuesto a decirle que sí a lo que fuera que me estuviera invitando. —¿Qué dijiste? —pregunté cuando pude controlar los jadeos.

—Nada. —replicó con una semisonrisa maliciosa, debía de haber sido bastante más que nada, en realidad se me ocurría que debía de haber sido algo bien obsceno. Me arrancó de mis conjeturas cuando con dedos hábiles me desabotonó el pantalón.

—¿Para qué viniste a buscarme, Harry? —de repente se me había suscitado cierta preocupación, lo deseaba con todo mi ser, pero quizá no así, no minutos después de haber estado en la cama con su novio. Internamente desestimé el pensamiento. ¿De dónde me salían esos pruritos morales? Harry Potter prácticamente se me ofrecía en bandeja oro y escarlata ¿y tenía reparos para cogérmelo? Era lo que había ansiado durante semanas. No sabía si se trataba de necedad o de madurez, pero no podía tomarlo así… de esa forma.

Después de tantas intrigas y prolongados acosos me daba cuenta de que no era así como quería acostarme con él. Quería una relación. Quería sentarme a su lado en clase y durante las comidas y quería dormirme junto a su cuerpo desnudo… y por supuesto, también quería sexo, ¡a espuertas!... pero en ese momento quería fundirme con él… estar juntos.

—Para decirte que soy tuyo si vos me querés. —susurró— ¿Me equivoco al presumir que era eso lo que vos querías?

—¡Por Merlín, claro que no te equivocás! —exclamé con más vehemencia de la necesaria. No quería que se formara una idea equivocada, ¿pero por qué seguía sintiéndome tan vacilante? —Es solo que… vos estuviste con Corner hasta esta mañana… ¿no te parece que quizá necesites algo de tiempo para ajustarte a la nueva situación?

Sonrió y sacudió la cabeza con dramática desesperación. —¿Me estás rechazando después de todo lo que te costó ponerme acá donde estoy?

—No estoy rechazándote. —insistí—Planteaba una postergación… de vos quiero mucho más que sexo… y no quisiera precipitar nada. —lo besé con la esperanza de que entendiera cuánto más quería de él. Soy un Slytherin codicioso y le demandaría mucho a cambio de mi amor quería que estuviera preparado para satisfacer mis exigencias. Le iba a requerir confianza, respeto y amor… y su cuerpo… oh sí… de ningún modo podía olvidarme de ese cuerpo glorioso que ocultaba bajo la remera y los pantalones.

Me enredó en su cuerpo y apaciguó el beso haciéndolo más tierno al tiempo que yo lo acariciaba y exploraba. Se retorció un poco acomodándose para que nuestros cuerpos se alinearan de modo de obtener la mayor superficie de contacto. Podía sentirle la sangre corriéndole por las venas… y su respiración jadeante… y todo mi cuerpo respondía a él aunque lo único que hacíamos era estar tendidos abrazados, completamente vestidos, besándonos "inocentemente". Mis dedos encontraron el dobladillo de la remera, y la levantaron hasta sacársela por la cabeza eliminando la barrera de algodón. De esa forma pude estudiarlo mejor.

Era magnífico. Perfectamente esculpido y ligeramente bronceado. Su pecho se movía acompasado con sus jadeos deseosos. Lo recorrí por entero con la yema de los dedos haciendo una pausa para pellizcarle una tetilla, lo que le arrancó una exclamación y le hizo arquear el torso. Levanté una ceja ante su reacción, me estaba tomando una revancha por la andanada de parseltongue con la que me había sacudido antes. Pero cuando le ataqué la otra tetilla con la boca soltó un sonido que se trasmitió directo a mi erección potenciándola hasta límites dolorosos. Había sido una mezcla de siseo viperino y de gemido hondo y ronco… se desvanecían a pasos agigantados mis previas intenciones de castidad temporaria.

Instantes después me sacó la camisa y los pantalones. Tomé la varita, que había quedado a un costado, y pronuncié un encantamiento para cerrar las cortinas y otro para crear una burbuja que aislara acústicamente la cama. Terminamos de desvestirnos y finalmente quedé de frente a la imagen que había poblado repetidamente mis sueños durante semanas… sólo que era real y superaba a las que mi imaginación había creado.

Su piel parecía mucho más oscura en apretado contraste con la mía. Éramos opuestos desde los cabellos hasta los pies. La luz enlazada con la oscuridad, el sol fundiéndose con la luna, el yin abrazando al yang. No podíamos ser más diametralmente opuestos ni a propósito, pero la diferencia no hacía sino intensificar mis sentimientos por él. Era parte del misterio de la relación que nos unía.

Su cuerpo parecía sin tacha a primera vista, pero de cerca era posible distinguir algunas cicatrices tenues. Amorosamente las fui recorriendo con la lengua, el contacto lo hizo retorcerse y le arrancó una sucesión de gemidos. —Harry, —susurré contra la piel, el tono de mi voz vibrando sobre la carne ardiente— sos perfecto.

Otro rasgueo de pársel llegó a mis oídos y se me diseminó por todo el cuerpo como una lasciva onda expansiva colmándome de deseo. Fui bajando por la línea media del torso dejando con la lengua una huella húmeda a mi paso, Harry dejó oír una sarta de gruñidos de deleite, sonreí. Y procedí a tragarme la verga. Alcé la mirada, la movida lo había tomado por sorpresa, se había incorporado un poco sobre los codos y me miraba con los iris verdes desorbitados. Deslicé la lengua con trayectoria de hélice hacia la punta y rematé la operación hundiéndole delicadamente el ápice en la ranura del extremo. Se sacudió entero y se dejó caer sobre la almohada con un gemido vibrante.

Proseguí devorándolo, sabía a miel tibia, a sal y a deseo. Una de sus manos vino a enredarse en mis cabellos. No para forzarme la cabeza sino para urgirme a seguir… no que yo necesitara que me animara. Era lo que había soñado hacer a lo largo de las últimas semanas. Una de mis manos le apretaba un muslo, hundiéndole las yemas de los dedos en la carne, con la otra mano le frotaba la base de la verga en tanto que trabajaba con la boca en la punta. Pero cuando lo sentí ponerse tenso interrumpí toda actividad. Oí un agudo y prolongado gimoteo de queja.

Alcé la vista, me estaba mirando haciendo pucheros. Sonreí. Me deslicé rápidamente hacia arriba y le mordí ese suculento labio inferior. —No quiero que acabes todavía. —me apresuré a calmarlo, que no creyera que ya se había terminado. Su expresión pasó de consternada a confundida. Sonreí malicioso. Con un movimiento lo hice rotar, yo quedé de espaldas y él encima mirándome con ojos abiertos como platos. —Quiero que me hagas el amor, Harry. —dije remarcando las palabras, mi verga fue repiqueteando contra su muslo a modo de contrapunto con cada sílaba.

—¿Cómo? —exclamó escandalizado— Pero si vos dijiste que siempre sos el activo…

—Quiero que seas mi primero. —susurré con calma, hasta a mí me asombró lo despreocupado de mi tono. Pero era lo que parecía correcto… para los dos. Íbamos a tener una primera vez juntos. Y era también una forma de probarle que yo no quería solamente cogerme al gran Harry Potter, que yo quería entregármele en cuerpo y alma.

Se sonrojó un poco y luego sus labios dibujaron una tenue sonrisa y luego me atacó la boca con un beso violento. Sus manos me acariciaban suscitando chispazos eléctricos que me explotaban en la entrepierna. Ansiaba desesperadamente que me poseyera, nunca antes me había sentido tan vivo como en ese momento, completamente vulnerable, desnudo y a disposición de Harry. Sabía, no obstante, que no habría podido estar en mejores manos, levanté las piernas y se las crucé sobre la espalda a la altura de la cintura. Luego tomé la varita y murmuré un encantamiento. Harry exclamó de asombro y yo solté una breve carcajada.

Era un encantamiento muy útil. Le había lubricado la verga y al mismo tiempo había preparado la vía de ingreso. Algo que pudo comprobar segundos después cuando me sondeó la entrada con dos dedos. Retiró los dedos y se alineó convenientemente para el acceso. —Por favor…—supliqué; en ese momento, pertenecerle era lo que más quería en el mundo.

Me fue penetrando con una lentitud agónica, cada centímetro me empujaba a límites de suplicio, pero justo cuando empezaba que ya no podría soportarlo, pronunció mi nombre en pársel y automáticamente mi cuerpo se distendió y se ajustó al vaivén con que me acometía. —Más rápido… —rogué y él accedió de inmediato mi pedido y otra serie de siseos de serpiente llenó mis oídos. Iba a tener que pedirle que me enseñara, seguramente podría aprenderlo… yo soy un Slytherin.

No pasó mucho tiempo y la combinación de los sonidos y de las arremetidas me llevó al borde del éxtasis, tenía la verga a punto de explotar. Segundos después el gozo me brotó en chorros gloriosos al tiempo que gritaba el nombre de Harry con garganta ronca. Pude sentir el momento exacto en que se derramó dentro de mí, en ese instante cerró los ojos apretados, echó la cabeza hacia atrás y entonó mi nombre en pársel, una y otra vez, como una letanía hasta que finalmente se dejó caer encima de mí. Se quedó envolviéndome sin retirarse de mi interior hasta que los dos perdimos la erección abrigados en un abrazo cálido y pegajoso. Le di un beso en la frente sudorosa y sus ojos me miraron brillantes… y con un amor tal, que me pareció que el corazón me iba a explotar de dicha.

¡Merlín! ¡Cómo lo adoro! El pelo desordenado, el mohín de sus labios, los penetrantes ojos verdes… todo era un encanto para los ojos… pero sobre todo su corazón… me hacía derretir por completo… —Te amo, Harry. —susurré, lo amaba más que a mí mismo, más que a mi propia sangre.

Los ojos se le agrandaron de asombro, luego me apoyó la barbilla sobre el pecho y sonrió. —Yo también te amo.

Fue como alcanzar la meta, tuve la sensación de que toda mi vida había sido un largo camino hasta ese sublime y preciso momento en los brazos de Harry. Lo miré a los ojos, seguía enlazándolo con las piernas alrededor de su cuerpo exhausto, y deslicé mis dedos por entre sus mechas negras y húmedas. Me invadió una gran sensación de paz… que lamentablemente fue muy fugaz. Porque en ese momento Harry deslizó su mano por mi brazo y sus dedos fueron a detenerse justo sobre la Marca Oscura.

Me puse tenso y mis ojos se desviaron hacia el antebrazo. Pero no había nada que ver, nada que le indicase a Harry que se había acostado con un mortífago. Me sentí avergonzado e indigno de sus afectos. No quería mentirle, pero teniéndolo ahí con la cara apoyada confortablemente sobre mi pecho… no podía decírselo. No podía… no tenía el valor para decirle lo que realmente era. No podía arriesgarme a perderlo… ahora que era mi todo. Lo peor de todo era que la memoria del momento quedaría impresa en mi mente y si el Señor Oscuro rebuscaba allí no podría ocultarle el hecho de hasta qué punto habíamos llegado. Podía haber sellado mi propia perdición al haberme entregado al enemigo de mi padre.

—Vas a tener que enseñarme parseltongue. —comenté para apartar todos esos pensamientos negativos.

—Nunca en la vida. —respondió con una sonrisa burlona— Es de lo más divertido saber que no podés entenderme. —le hice un puchero Malfoy, muy estudiado, del tipo que usaba cuando era chico con mi madre para obtener lo que fuera que quisiera. Rió a carcajadas pero negó agitando la cabeza con resolución.

—Boludo.

—Pajero.

—Gryffindor.

—Amante de Gryffindor.

Me había ganado. ¿Cómo podía replicar a eso? —Touché.

Nos reímos y seguimos hablando de muchas otras cosas sin importancia. Me sentía tan feliz en su estrecho abrazo. Me parecía que todo el mundo había desaparecido y que sólo habíamos quedado él y yo, juntos… y era perfecto. Lamentablemente llegó el momento, poco antes del toque de queda, en que tuve que dejarlo ir, pero no fue tan duro porque sabía que todo había cambiado entre nosotros. Esos bellísimos ojos verdes me habían revolucionado por completo la vida.

oOo

La hora del desayuno, al día siguiente, constituyó un incómodo momento de la verdad. No había venido tanto por la comida sino para ver otra vez a Harry. Cuando llegué, la mesa de Slytherin estaba en silencio, todos atentos y a la espera de lo que yo fuera a hacer. Después del beso en público y de varias horas encerrados en mi dormitorio era inevitable que Harry y yo pasáramos a ser el tema de los chismorreos. Sin embargo, sospechaba que el rumor no se había expandido mucho más allá del entorno de Slytherin, mis compañeros de casa sabían muy bien que no les convenía andar desparramando habladurías sobre Draco Malfoy.

En las otras mesas zumbaban los cotorreos habituales de los domingos, el tema de la Gryffindor embarazada era el principal y estaba en boca de todos. Tenía que tomar una decisión. ¿Quería que mi nueva relación con Harry se hiciera pública o era más conveniente mantenerla en secreto? No habíamos hablado al respecto con Harry. Pero yo me inclinaba por mantener todo lo más oculto posible. A Harry no le gustaba la notoriedad y a mí no me convenía que mi padre se enterara… las consecuencias podrían ser fatales.

Así y todo, no me senté en mi mesa, me dirigí al lugar de la mesa de Gryffindor donde Harry estaba sentado solo. Harry me observó acercármele y no me hizo ninguna señal negativa. Cuando llegué a su lado pregunté con cierta torpeza: —¿Está ocupado este lugar? —me sonrió y negó con la cabeza. Me senté junto a él. ¿Y ahora…? ¿Qué correspondía hacer?

Nunca antes había tenido un novio… ni novia tampoco si uno iba al caso. Algunos creían que Pansy era o había sido mi novia… pero eso era porque ella siempre se me colgaba. Ni siquiera sabía si correspondía ponerle a Harry el apelativo de novio. Todavía no sabía lo que él pensaba al respecto. Sabía que para Harry yo no había sido sólo un polvo. Pero, ¿qué más quería él de mí? ¿qué hacen las parejas normales? ¿y por qué de pronto me parecía que me estaba comportando como una adolescente histérica?

Respiré hondo y miré fijamente a Harry. —¿Y ahora qué? —pregunté, tratando de no sonar nervioso. No había razón para que me sintiera nervioso, se trataba de Harry, adorable y perfecto… y todo mío… y sin embargo… ¿y si terminaba embarrándola? ¿Y si Harry había cambiado de opinión después de haber abandonado mi dormitorio? ¿Y qué iba a hacer yo si los rumores de nuestra relación llegaban a oídos de mi padre… y a los del Señor Oscuro?

Montones de preguntas para las que no tenía respuesta. Y Harry tampoco me contestó. En ese momento su mirada se elevó hacia una figura que se había aproximado detrás de mí. —Ron. —saludó Harry con sequedad. Me di vuelta para enfrentar al que había atacado a mi precioso Gryffindor el día anterior.

Harry se apresuró a calmarme, me puso una mano sobre el hombro y presionó suavemente, diciéndome sin palabras con ese sólo gesto que me abstuviera de intervenir. Obedecí, si bien con renuencia. Quería destrozarle la cara pecosa al Weasel que había osado pegarle a mi Gryffindor. Pero Harry quería manejar la situación a su manera y yo estaba dispuesto a complacerlo. Por el momento iba a escuchar guardando silencio y sin interferir.

oOo