Una serie de puntos para unir
Capítulo 16 – Harry: El hombre que necesito
Draco me condujo a las profundidades de los subsuelos de Slytherin; en condiciones normales me hubiera sentido muy nervioso de internarme en lo hondo de la guarida del enemigo, pero estaba con él, nada hubiera podido hacerme sentir más seguro. En Slytherin lo respetaban y lo temían. Me dejé llevar con toda confianza a su dormitorio.
Era muy parecido al mío excepto que no tenía ventanas y los colores predominantes eran los de Slytherin, verde y plata. —Creo que corresponden algunas explicaciones. —dijo apretándome suavemente la mano, sus ojos me escrutaban buscando respuestas, igual que antes del beso. Quería besarlo otra vez. Quería besarlo por siempre y nunca interrumpir el beso.
Pero no podía, él quería que le explicara por qué estaba ahí, por qué lo había besado, cuando se suponía que debía estar con mi novio. Yo no quería hablar de eso, quería olvidarme de todo lo que había ocurrido. No era que lo lamentara, no era que no quisiera que él supiera lo que había pasado entre Mike y yo, simplemente quería que de alguna forma él supiera todo sin que yo me viera obligado a decirlo en voz alta. Lamentablemente, las cosas nunca son como nos gustaría. —Dejé a Mike. —dije y las imágenes de lo ocurrido en la torre de Ravenclaw volvieron a reproducirse en mi mente. Habían pasado escasas dos horas, pero después del beso… parecían tan lejanas en el tiempo.
—¿Lo dejaste? —preguntó— ¿Hoy?
Me hizo sentir muy culpable. Me sentía un casquivano cambiando de un hombre a otro como quien se cambia de ropa. Lo cual se aproximaba bastante a la verdad. Pero ahora estaba seguro de que quería estar con Draco. —Hace ya un rato. —asentí— Hubiera venido antes pero… —dejé la frase sin terminar y me señalé la cara… eso era otra cosa que no quería explicar y en la que no quería pensar. Recordaba la mirada de Ron cuando me había pegado y me había dolido confirmar que me odiaba. No era algo sobre lo que quisiera hablar con Draco, no en ese momento. No era importante, teníamos otras cosas sobre las que hablar.
Draco me acarició la cara lastimada y con una ternura que no me hubiera esperado, pronunció un encantamiento y me la curó. Me sonrió y yo le devolví una sonrisa agradecida.
Luego se puso serio de nuevo, quería respuestas. —¿Rompieron antes o después? —preguntó temeroso, me condujo a la cama y me hizo sentar.
—¿Acaso importa? ¿Me echarías si ya no fuese virgen? —pregunté con sinceridad.
—Sólo importa en el sentido de que no quiero ser tu segunda elección… un premio consuelo. ¿Qué fue lo que pasó?
—No llegamos propiamente a tener sexo… estuvimos muy cerca… —hizo una pausa— …pero me di cuenta de que no podía…
—¿Por qué no? Creí que eso era lo que querías.
—Mike me ama. Pero yo no lo amo. Creo que yo podría estar enamorado de otra persona.
—¿Alguien que yo conozca?
Quizá lo lógico hubiese sido que me sintiera nervioso o vulnerable de confesarle la profundidad de mis sentimientos por él, pero no me sentía así. Me sentía más que contento en su compañía, sentía como si ya le hubiese dicho que lo amaba cientos de veces, sentía como si lleváramos ya muchos años juntos. —Bueno… es un Slytherin… diría que existe una buena posibilidad…
—¿Acaso nadie te ha advertido que no es conveniente enredarse con Slytherins, Harry? ¿Y qué tal está éste que al parecer se ha ganado tu predilección?
—Bastante bien. —dije como al descuido.
—¿Sólo bastante bien? —preguntó con dramática incredulidad. Me reí y asentí.
—Sí… quizá un poco mejor… a ver… tiene cabellos rubios perfectos… brillantes ojos grises… maravillosa piel, pálida y tersa… En realidad, ahora que lo pienso… se parece bastante a vos.
—Ah claro, eso explica el beso. Ha sido un caso de confusión, de identidad equivocada. Creo que conozco al tal sujeto. Te puedo llevar a su dormitorio si es lo que querés. —sugirió poniéndose de pie siguiéndome el juego, pero yo ya no quería seguir jugando, lo deseaba y no quería esperar más.
Lo agarré de la corbata y lo atraje hacia mí con brusquedad. Me encantaba que fuera tan formal como para ponerse corbata incluso los sábados. Lo besé con pasión arrasadora, con toda el ansia contenida durante semanas, lo besé como hubiera querido besarlo esa noche en el aula vacía, de la forma en que lo besaba en mis sueños. Dejó oír un gemido gutural áspero y mi deseo se redobló, quería sentirlo más próximo e íntimo, quería sentirlo dentro de mí.
Nos acostamos de lado sobre el colchón, mirándonos. Sofrené mi deseo y procedí a adorarle la boca en lugar de devorársela. Lo besé lenta y tiernamente sin quitarle la vista de encima, asombrado de poder estar allí con él… pero no sorprendido… parecía tan correcto. —¿Así que decidiste elegirme a mí? —susurró.
—Te elegí a vos. —le aseguré sonriendo, este Draco era muy distinto del Malfoy tan seguro de si mismo que le mostraba al mundo. Conmigo había bajado sus defensas, se dejaba ver vulnerable, me encantaba. Lo amaba. Le solté la mano y le acaricié el bello rostro. Era tan adorable, casi no podía creerlo, casi no podía creer que ese rostro fuera mío para besarlo y acariciarlo cuando quisiera.
Cerró los ojos y susurró. —No quiero perderte.
—No me pierdas, entonces. —respondí apretando el abrazo, ¿qué le había suscitado un pensamiento tan triste?
Abrió los ojos, sentí alivio al ver reflejados en ellos los mismos sentimientos míos. Cerré los míos. Él se inclinó y me besó la odiada cicatriz. Y lo hizo poniendo tanto afecto en los labios. Yo siempre la había despreciado, detestaba lo que significaba… la muerte de mis padres, la conexión con Voldemort, la profecía.
—¡Perdón! —exclamó como arrepentido de la osadía— ¿Te hice doler?
—No. —me apresuré a aclarar para calmar su inquietud, no fuera que se trastornara y aflojara el abrazo— Es sólo que… nunca nadie la toca… la miran asombrados… y pensarán un montón de cosas supongo… pero nadie la había tocado hasta ahora… creo que les inspira temor.
Se distendió de inmediato y me sonrió. Recorrió la cicatriz con los dedos y volvió a besarla. . —Yo la amo. —afirmó con sinceridad, arrugué la frente incrédulo. — Es cierto. —insistió— Es el símbolo de tu fortaleza y poderío. Es una parte importante de vos y yo amo todas y cada una de tus partes.
Cerré los ojos, la reverencia de sus palabras me inundó completamente. Nunca había considerado a la cicatriz desde esa perspectiva, como un símbolo de supervivencia y de fortaleza. Me empezó a dar suaves besos por toda la cara y me acarició los cabellos, el exquisito tacto me hizo estremecer y por primera vez ante él pronuncié su nombre. —Draco…
—Decilo otra vez. —me pidió.
—Draco… —susurré, y luego una vez más en pársel.
Contuvo una exclamación y jadeó ronco de deseo. —¿Qué fue eso?
—Tu nombre en parseltongue. —respondí abriendo los ojos. Sonreí, me hacía sentir feliz como no recordaba haberlo sido en mucho tiempo. En él encontraba una nueva forma de alegría. —Parece que te gustó, ¿no? —comenté festivo, mi talento le resultaba erótico… me satisfacía que así fuera.
—Quizá. —admitió, me agarró del culo y me atrajo hacia sí. Pude sentir su erección… ansiaba tocarla, degustarla, cabalgarla… y más… nunca sería demasiado. Le agarré la verga a través del pantalón y le arranqué un grito contenido.
Sos tan sexy. Quiero acariciarte por entero… quiero ser el único que pueda acariciarte… y quiero que sean sólo tus manos las que toquen mi cuerpo, le dije siseando en pársel, era delicioso ver el efecto que le provocaban los ásperos sonidos.
—¿Qué dijiste? —preguntó entrecortadamente entre jadeos.
—Nada. —repliqué con mi mejor cara de inocencia. Aunque poco de inocencia tenían mis pensamientos en ese momento, estaban cargados de lujuria en realidad. Quería que me poseyera ahí mismo sobre las sábanas verde Slytherin. Estaba decidido y decidido a tomar la iniciativa, para que él no tuviera duda alguna de lo que yo quería. Empecé a desabotonarle el pantalón, pero él me detuvo con una pregunta inesperada.
—¿Para qué viniste a buscarme, Harry? —preguntó, gran parte de mi confianza se esfumó. Quizá yo quería eso pero él no. ¡Oh, Dios…! ¡quizá me creía un donjuán licencioso! Y algo de eso había… había estado con otro un rato antes.
—Para decirte que soy tuyo si vos me querés. —susurré temeroso— ¿Me equivoco al presumir que era eso lo que vos querías?
—¡Por Merlín, claro que no te equivocás! —me aseguró, casi lo había gritado en su afán de disipar todas mis preocupaciones— Es solo que… vos estuviste con Corner hasta esta mañana… ¿no te parece que quizá necesites algo de tiempo para ajustarte a la nueva situación?
Sentí alivio y agregué con afecto y en tono de broma: —¿Me estás rechazando después de todo lo que te costó ponerme acá donde estoy?
—No estoy rechazándote. —me aseguró—Planteaba una postergación… de vos quiero mucho más que sexo… y no quisiera precipitar nada. —selló su proclamación con un beso.
Sus labios habían dicho una cosa pero sus manos —que estaban desvistiéndome— decían otra completamente distinta, me apreté contra él. Yo quería entregármele y traté de animarlo a que sus manos me exploraran meticulosamente. Seguimos besándonos y finalmente él alcanzó a tocar piel desnuda debajo de la remera, decidió que era mejor sacármela y así lo hizo.
Me recosté de espaldas para que él pudiera observarme bien, con la esperanza de que le gustara lo que veía. Sus dedos fueron dibujando ardientes huellas sobre mi pecho y luego se detuvieron un instante a pellizcarme una tetilla, el estímulo se propagó directo a mi verga, que se tensó aun más, y a los músculos, el cuerpo se me arqueó. Hizo una mueca burlona y alzó una ceja, luego atacó la otra tetilla con la boca. ¡Ay carajo, Draco! gemí siseando de deleite.
Quería más, le saqué la camisa, quería sentirle la piel… y más. Arrojé la camisa a un rincón y procedí de inmediato con la hebilla del pantalón… estaba ávido, hambriento… y Draco era la comida. Quería devorarlo de todas las maneras posibles y cuanto más obtenía, menos me saciaba… más quería. Terminamos de desvestirnos rápidamente… ¿Cómo había hecho para contenerme durante tanto tiempo? ¿Cómo le había puesto rienda a ese monstruo hambriento de Draco que llevaba adentro… todas esas veces que había tenido esa maravilla de cuerpo tan cerca?
Pronto las pieles pudieron ganar contacto directo, para una persona que supuestamente era fría, Draco era de lo más caliente al tacto. Su piel era inmaculada, tanto por la palidez como por la inexistencia de tacha alguna, a la luz de la velas reflejaba un tono levemente anaranjado espectacular a los ojos. Todo él era perfecto, el rostro, el cuello, el pecho, el vientre… y el penacho de vellos rubios coronándole la verga.
Él también me estaba admirando. Y segundos después empezó a lamerme todas las espantosas cicatrices del pecho… y lo hacía con tal devoción, tan amorosamente… que me hacía sentir hermoso como él. —Harry, —susurró— sos perfecto.
Luego fue bajando lentamente sin dejar de lamerme. ¡Oh Draco, por favor! ¡Seguí… no pares, no pares…! siseé, sin reparar que había vuelto a hablar en pársel. Su excitación se exacerbó aun más y un instante después se metió la verga en la boca. Me incorporé sobre los codos para mirarlo, sentir la cálida humedad envolviéndome era glorioso, me dejé caer nuevamente sobre la almohada gimiendo, las sensaciones que me suscitaba su lengua habilidosa eran increíbles, celestiales…
Me encantaba lo que me estaba haciendo pero detestaba que estuviera tan lejos. Para aplacarme un poco bajé la mano y se la enredé en la melena rubia. Mi deseo iba creciendo a pasos agigantados hacia el máximo.
No me preocupé de contener los gemidos y a esa altura difícilmente hubiera podido. Cuando ya me había llevado prácticamente al borde, con crueldad de Slytherin, me soltó de repente. Me provocó tal frustración que casi me pongo a llorar. Reptó hacia arriba y se me pasó un poco porque una vez más lo tenía en mis brazos. —No quiero que acabes todavía. —me dijo y por un momento lo miré confundido, si bien yo estaba más que dispuesto, él me había dicho antes que no quería precipitarse con el sexo. Me hizo girar de repente y para cuando quise acordar estaba encima de él. Me sorprendí un poco por el movimiento inesperado pero mucho más con lo que dijo a continuación. —Quiero que me hagas el amor, Harry. —expresó con determinación.
—¿Cómo? —exclamé perplejo—no se me escapaba la enorme significación de la decisión— Pero si vos dijiste que siempre sos el activo…
—Quiero que seas mi primero. —susurró con serenidad. Me sentí honrado por su gesto. Era una prueba del amor y de la confianza que me tenía. Él, un Malfoy, un Slytherin… se sometía completamente a mi arbitrio…
Me sonrojé un poco porque de golpe se me presentó una imagen de la mecánica… pero al mismo tiempo se reavivó mi excitación y volví a buscarle la boca para otro beso apasionado. Le recorrí el pecho con las manos y traté de que mi beso le transmitiera toda la intensidad de mis profundos sentimientos por él. De improviso me rodeó con las piernas y las vergas entraron en delicioso contacto. Me produjo una descarga de placer tan intensa que por un momento temí que mi sistema nervioso sufriera daños irreparables como consecuencia de estímulos tan violentos. Pero poco me importaba, ¡qué mejor que volverse loco de gozo y felicidad!
Tomó la varita y pronunció un encantamiento. Y se me escapó una especie de vergonzoso ladrido cuando sentí algo frío y resbaladizo que me cubrió la verga. Al parecer no quería esperar, lo quería ya mismo. Me hizo entrar en combustión, yo tampoco podía esperar más. Mi mano derecha se deslizó por su flanco hasta el ansiado acceso, pude entrar deslizando dos dedos sin dificultad. El encantamiento pronunciado había servido también para prepararlo. —Por favor…—gimió, no podía negarme y tampoco hubiese podido contenerme.
Fui penetrándolo lentamente y con sumo cuidado, haciendo un esfuerzo titánico para contener el ímpetu de mi deseo. Lo sentía rodeándome tan apretado y caliente, no podía creer que pudieran experimentarse sensaciones así de sublimes. Y más sabiendo que estábamos compartiendo por primera vez un acto de amor puro, prístino… la emoción era tal… al punto de arrancarme lágrimas. —Draco… —murmuré en pársel. Lo sentí relajarse enteramente, mi verga terminó de deslizarse sin dificultad por completo dentro de él. Comencé los movimientos de vaivén con mayor decisión.
—Más rápido… —pidió gimiendo al tiempo que me hundía las uñas en los brazos, me sentí más que feliz de complacer su solicitud había llegado a un extremo en el que ya no podía retenerme más.
—Te amo tanto… —siseé en pársel— …tan próximo, tan íntimo, Vida. —dejó oír algunos sonidos extáticos y lo sentí abandonarse por completo a mis acometidas. El sudor oscurecía y hacía brillar los cabellos de mi amante rubio… mi Vida… y mi propio sudor iba bañándome…
—¡Ay… Harry! —gritó explotando en chorros y apretando en espasmos el anillo muscular alrededor de mi verga, el estímulo repentino fue dolorosamente placentero. Era demasiado… segundos después acabé en la cálida hondura gritando su nombre en pársel. ¿Cómo puede ser que puedan alcanzarse tales cimas de delicia!
Ya sin fuerzas, me desplomé sobre él, me recorría una onda persistente de completa satisfacción. Su olor era tan exquisito, quería que me impregnara por completo… quería que ese momento se prolongara eternamente.
Momentos después recuperé la energía suficiente como para poder alzar la cabeza. Me sonrió. —Te amo, Harry. —me susurró con los labios y lo corroboró con los ojos.
—Yo también te amo. —contesté, nunca antes había estado tan seguro de mis sentimientos. Era consciente de que estaba sonriendo como el peor de los estúpidos… pero no me importaba. Posé mi cabeza sobre su pecho y me dejé llevar, ronroneando, por el deleite de sus dedos acariciándome los cabellos.
—Vas a tener que enseñarme parseltongue. —dijo tras unos segundos de silencio.
—Nunca en la vida. —repliqué riendo— Es de lo más divertido saber que no podés entenderme. —alcé lo ojos, me hizo un puchero que partía el alma.
—Boludo. —me recriminó riendo.
—Pajero. —si de insultos se trataba yo no pensaba quedarme corto.
—Gryffindor.
—Amante de Gryffindor. —dije alzando una comisura Slytherin.
—Touché. —concedió declarándose vencido.
Había tanto que quería preguntarle, tantas inquietudes que me había planteado en mi mente durante las últimas semanas, inquietudes sobre Voldemort… y sobre su familia, sobre su seguridad y sobre las consecuencias que iba a tener que enfrentar si todos se enteraban de nuestra relación… y se iban a enterar puesto que nuestro primer beso había tenido por testigos a un montón de Slytherins. ¿Había sido sensato seguir el consejo del chico Ravenclaw de "no pensar tanto"? ¿Qué consecuencias le causaría esto a Draco? Su padre no se mostraría nada contento, eso por descontado.
Quizá Draco pudiera convencerlos de que cambiaran de lado… Sí, había muchas cosas sobre las que era preciso que habláramos, sobre el futuro de Draco… o sobre cualquier información que Draco pudiera aportarme sobre los planes de Voldemort… pero todo eso podía esperar porque en ese momento tenía cosas más importantes de las que ocuparme… por ejemplo, acababa de descubrir que Draco tenía muchas cosquillas, particularmente en los flancos.
De las demás cosas me preocuparía más tarde. Mucho más tarde.
oOo
Bajé a desayunar al día siguiente muy ansioso de volver a ver a Draco, pero él todavía no había llegado. Me serví huevos y tostadas y empecé a comer despacio mirando con atención la puerta del Gran Salón por la que esperaba verlo entrar. Me pregunté qué sería lo que haría cuando llegara, ¿iría a sentarse con los Slytherins o vendría a sentarse conmigo? No estaba seguro de qué era lo que yo quería que hiciera. Parte de mí quería que mantuviéramos nuestra relación en secreto durante un tiempo, aunque más no fuera por respeto a Mike, —quien, por cierto, todavía no había aparecido para el desayuno— pero otra parte de mí se preguntaba si me iba a ser posible mantener el secreto… si iba a poder aguantarme las ganas de acariciarlo cada vez que lo viera.
El embarazo de Ginny era el tema principal de las conversaciones y quizá por eso sobre nuestro beso se hablaba poco. Observé que Ron y los mellizos trataban de controlar los chismes con miradas hostiles a diestra y siniestra, pero nada de lo que hicieran iba a poder detener el rumor que ya había explotado.
Un minuto después entró Draco. Glorioso como siempre, y mis vacilaciones desaparecieron al instante, quería que se sentara a mi lado. Draco hizo un paneo de reconocimiento y pareció dudar durante unos segundos, luego tomó una decisión y vino hacia mí. —¿Está ocupado este lugar? —me preguntó, ¡como si hubiera siquiera una mínima posibilidad de que lo rechazara!
Le sonreí y lo invité con un gesto a sentarse. Me pregunté si se serviría su propio plato o si optaría por comer del mío. Secretamente ansiaba poder darle de comer en la boca y que me chupara los dedos… y quizá yo podría lamerle algo que le hubiese quedado en una de las comisuras… pero Draco no parecía tener hambre. Suspiró. —¿Y ahora qué? —preguntó mirándome fijamente, el pobre estaba igual que yo, ¿cómo teníamos que actuar a continuación? Estaba por decirle que no nos preocupáramos de eso por el momento y que nos pusiéramos a comer… pero fue entonces que noté que Ron se nos acercaba.
—Ron. —dije fríamente a modo de saludo. Draco se dio vuelta de inmediato para enfrentarlo furioso. Lo calmé poniéndole una mano sobre el hombro; pareció entender que yo quería que no interviniera, que quería manejar el asunto a mi modo y por mi cuenta.
—¿Puedo hablarte un minuto? —pidió Ron, me pareció raro oírlo dirigiéndose a mí, hacía tanto que no teníamos una charla normal— A solas. —agregó.
Draco se incorporó en el asiento adoptando una actitud de dominancia pero por suerte permaneció callado. —No estoy seguro. —respondí con desconfianza. Mi corazón ya le había perdonado todo pero mi mente se mostraba cautelosa no quería arriesgarme a que me hiriera una vez más… y no era daño físico lo que temía. Convenía manejar el asunto con prudencia… y tenía que preocuparme además de que Draco no se descontrolara.
—Por favor… —me rogó con voz muy suave. Todas las miradas en la mesa de Gryffindor estaban pendientes de nosotros.
Miré a Draco tratando de decirle con los ojos que estaba todo bien, que no se preocupara. Me puse de pie… y Draco hizo lo mismo. Intercambié un diálogo sin palabras con Ron, entre nosotros no era algo inusual. —Quiero hablar con vos a solas, Harry. —Si Draco quiere venir conmigo no voy a impedírselo.
—¿Te crees que te voy a dejar a solas con él! —siseó Draco airado, había comprendido nuestro intercambio de miradas y estaba decidido a no dejarme solo— ¿Después de los golpes que le diste ayer!
—Harry sabe que no voy a hacerle daño. —dijo Ron a la defensiva, inseguro.
—Solía pensar que sabía mucho o todo sobre vos. —repliqué con acritud. Ron se encogió ante el reproche y expresó sin palabras, y con renuencia evidente, su acuerdo de que Draco nos acompañara. Hizo un breve gesto hacia la puerta que daba al exterior.
Salimos al aire helado de la mañana, al parecer Ron quería terminar con el asunto lo más pronto posible así que la conversación se desarrolló con los tres de pie en el patio. —Este… eh… —empezó muy nervioso y la mirada furibunda que Draco tenía clavada sobre él no servía precisamente para animarlo— …supongo que lo que tengo que decirte es… perdón… por haberte pegado… y por todo… —bueno, al menos había logrado empezar, pero iba tener que esforzarse bastante más, a mí no me parecía suficiente y a Draco mucho menos— Yo… este… yo sé que no fuiste vos el responsable de… este… —Ron no sabía bien como concluir la idea, las palabras se negaban a salirle.
—Bueno, como ya te había dicho: soy gay. —le recordé a propósito sabiendo que sonaría como un nuevo reproche y que lo irritaría mucho, mis preferencias sexuales debían de enojarlo tanto como la idea de que hubiese dejado embarazada a su hermana.
—Bueno… sí… este… —me estudió la cara con atención— …eh… parece que los golpes no fueron para tanto… este… no se te nota nada…
—¡Porque yo lo curé, imbécil! —aulló Draco y se le hubiera ido encima si yo no lo hubiese retenido— ¡Y tendrías que darle gracias a Harry! ¡Si no fuera por él usaría un hechizo para dejarte eunuco!
—Vida… —le susurré al oído abrazándolo, creo que sirvió para calmarlo porque lo sentí distenderse un poco.
—Pero es que él te hizo daño. —protestó, aunque ya no gritaba.
—Ya sé… —le dije besándole la mejilla— Quizá sería mejor que entraras… yo voy a estar bien… no tenés que preocuparte.
—No. —dijo con determinación— Prometo no decir nada pero no voy a dejarte solo con él.
—Está bien. Ron… ¿había alguna otra cosas que quisieras decirme? —lo insté.
—Eh… sí… aparte de pedirte disculpas… este… es que… ahora que Ginny no va a poder jugar en el equipo durante unos meses… y ella había ocupado tu lugar como buscadora…
¡Otra gran desilusión! Probablemente lo de la disculpa no había sido más que una excusa. —… y ahora me necesitan porque no tienen a quién poner. —completé por él.
—Este… sí… —dijo con torpeza y sonrojándose— No hubiese querido pedírtelo… sólo que…
—No. —dije simplemente y me volví hacia Draco para que nos fuéramos.
—¡Harry, por favor…! —suplicó.
—No. —repetí sin siquiera molestarme en darme vuelta.
—¡Por favor! ¡Estamos desesperados…! —obviamente, de lo contrario no se hubiese animado a venir a pedírmelo— … el partido contra Slytherin está muy próximo y así como tenemos el equipo… nos van a aplastar.
¡El muy descarado! Había usado un tono como si yo estuviera obligado, como si yo se lo debiera. —Vos renegaste de nuestra amistad. —le escupí con aspereza— Puedo entender que quisieras darle apoyo a tu hermana, que te sintieras responsable por ella… pero creo también que yo, como tu mejor amigo, merecía tu comprensión. Ni siquiera viniste a hablarme, le creíste todo lo que ella te dijo… y ya sabemos lo que vale su palabra. ¡Y está embarazada vaya a saber uno de quién! —le estaba gritando con todo el dolor y toda la frustración que había estado acumulando durante tantas semanas— Decime Ron, ¿realmente pensás que una roñosa disculpa va a servir para arreglar todo en un segundo como si nada hubiese pasado? ¿Un chirlo en la mano y ya… todo perdonado y aquí no ha pasado nada? —Ron permaneció en silencio, sentí la mano consoladora de Draco dibujándome círculos en la espalda.
—No sé que más decirte… —admitió Ron con la vista gacha— No sé qué hacer para cambiar lo que pasó… debería haber hablado con vos… pero… —se encogió de hombros con torpeza deplorable.
—No te estoy pidiendo que cambies lo que pasó. —dije suspirando, el día recién empezaba y ya me sentía exhausto— Me gustaría que me contestaras algo con sinceridad, ¿vos me odiás?
—¡No, claro que no! —exclamó como si la mera pregunta lo hubiera ofendido, sentí unos deseos violentos de pegarle— A vos nunca te odié… no podría… es sólo que… odié lo que le hiciste a Ginny… y a mí…
—¡A vos no te hice nada! —protesté.
—¡Engañaste a mi hermana! Yo te la había confiado… y vos… vos… ¡vos deberías habérmelo dicho! —barboteó.
—¿Tendría que haberte dicho que estaba engañando a Ginny! —repetí perplejo sin poder creer lo que oía.
—Sí. —replicó con firmeza— Y también tendrías que haberme dicho que eras gay.
Lo último me sorprendió aun más, si cabe, particularmente por la seguridad del tono que había usado. —¿Y vos que hubieses hecho? —pregunté muy serio.
—Me hubiera enojado mucho… probablemente te hubiera gritado… —había dejado de mirar al suelo, tenía los ojos celestes fijos en los míos—… pero se me hubiera pasado… después de unos días… vos sos mi mejor amigo.
—No sabía cómo decírtelo… ¿cómo se confiesa algo así? Tolerancia no es precisamente algo te sobre… —sentía que las rodillas me flaqueaban, yo lo seguía queriendo como mi mejor amigo y sus palabras… no podía negarlo, me habían conmovido.
—No sé… —dijo encogiendo los hombros… y luego ensayó una sonrisa tímida— Quizá algo así como: "Che, Ron, soy gay… ah… y además estoy engañando a Ginny, me estoy clavando a un ex novio de ella".
No pude evitar sonreír. —Sí, claro… estoy seguro de que habrías quedado encantado de oír algo así.
—Bueno… no sé… —agregó soltando un sonido que mezclaba una risa con un gruñido— Pero convengamos que deberías haberme dicho algo… de golpe yo sentí que no te conocía para nada. Es una cosa importantísima sobre vos… que no me habías dicho… a tu mejor amigo… —tenía que reconocer que algo de razón tenía, y para sentir culpa nadie mejor que yo. Ron prosiguió: —Reconozco que yo estuve pésimo… debería haberme acercado para hablar con vos… pero estaba tan furioso… y después ya era tarde.
Pestañeé varias veces. —Lástima… no hubiese sido tarde Ron… incluso semanas después… y me hubiese hecho tanto bien… Creo que los dos somos unos pelotudos… yo por no habértelo contado y vos…
—Sí, yo también… no debería haber caído en los embustes de Ginny… debería haberte hablado… ¿es ya muy tarde para que podamos arreglarlo?
—Depende… ¿por qué querés arreglarlo? ¿Es porque querés que volvamos a ser amigos o porque querés que vuelva al equipo?
—El equipo me importa, Harry… no quiero mentirte… pero vos me importás más.
Asentí. Quería creerle… pero en ese momento no podía darle una respuesta. Sabía que las cosas no iban a volver a lo que eran antes… ni por arte de magia… reconstruir iba a tomar mucho tiempo y esfuerzo… pero valía la pena hacer un intento. Me pareció que una buena forma de empezar era hablarle sinceramente. —Mike y yo rompimos. Ahora estoy con Draco. —si me quería de vuelta iba a tener que aceptar todo el paquete, nuevo novio incluido y todo.
—Sí… ya me lo imaginaba… —hizo un gesto muy cauteloso en dirección a Draco— ¿Para vos es algo bueno…?
—Mucho mejor que bueno. —Draco me abrazó más estrechamente— Me hace feliz como nunca antes lo había sido.
—Entiendo… —sonrió inseguro— Creo que es mejor que vuelva a entrar… Hermione debe de estar inquieta.
—Seguramente… y ansiosa de saber qué resultó de la charla…
Ron asintió y se alejó de vuelta al castillo, pero se detuvo unos pasos más allá y se dio vuelta. —Ella te extraña, Harry.
Los ojos parecieron llenárseme de lágrimas, me vino a la mente esa noche en la biblioteca. —Lo sé. —dije— Más tarde voy a hablar con ella. —asintió, giró y enfiló hacia la entrada.
Siguió un instante de apacible silencio, Draco abrazándome apretadamente y besándome los cabellos una y otra vez. —Fue bastante intenso. —dijo finalmente.
—Un poco. —dije, me soltó y caminamos de la mano hacia el castillo— Lamento que tuvieras que presenciarlo.
—No tenés que disculparte. Quiero estar siempre a tu lado cuando me necesites. Y no quería que hablaras con él a solas. —sonreí, realmente él era el hombre que necesitaba— ¿Y qué es lo que pensás de lo que te dijo? —me preguntó al tiempo que me desviaba en otra dirección de la escalera que yo iba a tomar.
—La verdad es que todavía no lo sé. Diría que fue mucho todo junto… ¡podés creer la desfachatez que tuvo de pedirme que volviera al equipo?
—Y por supuesto vos no querés en absoluto volver a jugar… —dijo alzando apenas una comisura, me habría gustado borrársela de un puñetazo. ¿Cómo era que me conocía tanto? Claro que me hubiera encantado mandarlo a Ron a que se metiera el quidditch por el culo… pero el buscador que llevaba adentro se moría por volver a jugar… y el Gryffindor que llevaba adentro se negaba a concederle a Slytherin la Copa sin ofrecerle pelea.
—¿Y vos, cómo lo ves? Vamos a tener que jugar enfrentados otra vez… —le recordé así que él era el buscador de Slytherin. Se detuvo de repente, sonrió malicioso y tocó con los dedos una pera en una pintura que me resultaba más que conocida.
—Creo que me voy a divertir la mar distrayéndote. —me dijo burlón y me metió en las cocinas, y en una vorágine de elfos afanosos. —Podríamos incrementar las apuestas para hacerlo más interesante… no sólo se trataría de vencer al otro… el que pierda le tendría que pagar con una mamada al que gane….
—Para mí es un excelente incentivo para ganar… vos sos prodigioso para esos menesteres… me consta. —dije riendo. Uno de los elfos me hizo una reverencia, invitándome a que me sentara en uno de los bancos junto a una mesa.
—Debo admitir que has demostrado ser muy bueno para todo hasta ahora… pero todavía me falta saber qué tan bueno sos chupándola.
—¡Draco! —lo amonesté sonrojándome, Dobby se me había acercado y me moría de vergüenza de que oyera a su antiguo amo hablándome sucio de esa forma.
—Está bien, está bien… ¿qué te parece si tomamos un desayuno como se debe? —sugirió cambiando abruptamente de tema.
—Me parece una excelente idea. Y creo que voy a comerme unas cuantas medialunas. Voy a necesitar la energía. Podríamos tener una práctica intensa en el estadio esta tarde. Buscador contra buscador… ¿te enganchás con la idea?
Se volvió hacia mí y alzó una ceja. —¿Lo estás diciendo en serio?
—El que gane dos de tres… y si ponés buen empeño quizá no tengas que esperar tanto para saber cuán bueno soy chupando vergas. —declaré con un guiño. Lo dejé boquiabierto, y aproveché para plantarle un beso y saborearle una vez más la boca.
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