Una serie de puntos para unir
Capítulo 17 – Draco: No habrá paz para los malvados
La snitch se había hecho desear revoloteando y zigzagueando por todo el estadio, pero finalmente ya la tenía a mi alcance… o casi… Harry apareció acelerando con todo y con una elegancia que debería estarle prohibida a un Gryffindor. Solté un gruñido que me reverberó por todo el cuerpo y estiré los dedos para cubrir la mínima brecha de un centímetro que me faltaba para apoderarme de la esfera dorada… ¡y sólo atrapé aire! La maldita snitch había caído en picada en la última milésima de segundo… ¡parecía que quería que fuera Harry el que ganara!
Murmuré una retahíla de maldiciones y cambié la dirección de vuelo para reiniciar la persecución. Harry me alcanzó enseguida y tuvo el descaro de sonreírme maligno cuando se me adelantó sin dificultad. Y encima se permitió hacer un par de rizos en el aire con la sola intención de alardear y de refregarme en la cara su superioridad. Aborrezco ser el segundo en cualquier cosa que sea. Y como buscador, mal que me pese, Harry es mejor.
Pero no iba a darme por vencido. Tracé un gran arco en el aire para cambiar el ángulo de aproximación a la esquiva snitch. Con el rabillo del ojo pude ver que Harry estaba peligrosamente cerca. Era el momento de la verdad, actuar o morir, ganar o perder, dar o recibir. Levanté una comisura recordando la apuesta negociada para la práctica, una movida astuta podía proveerme la ventaja que necesitaba para hacerme con el premio. —¡Ya puedo sentirte los labios alrededor de mi verga, Potter! —grité.
Fue suficiente, la distracción le hizo perder un segundo crítico y le arrebaté el trofeo. —¡Ja! —aullé triunfante y comencé a descender en círculos despreocupadamente hasta el suelo.
—¡Hiciste trampa! —gritó Harry aterrizando a mi lado unos segundos después.
—No violé ninguna regla. —repliqué sacudiéndole la snitch delante de la cara.
Hizo un puchero adorable que era imposible de resistir… tenía que besarlo. Dejé caer la escoba y lo rodeé con mis brazos. Nunca podría cansarme de abrazar a Harry. En mis brazos era el lugar que le correspondía. Parecía mentira que alguna vez lo hubiese considerado mi enemigo. Ahora sólo éramos adversarios en el campo de juego.
—Supongo que ahora querrás reclamar tu recompensa. —dijo suspirando en mis labios y desviando los ojos hacia los vestuarios.
Respondí con un ronroneo y los ojos se le encendieron brillantes. Estoy seguro de que él sabía el efecto que siempre tenía sobre mí, puesto que yo se lo recordaba con mis actos constantemente. Pero no podía evitarlo. Quería acariciarlo siempre y era un martirio cuando estaba lejos y no podía tocarlo.
Levanté las dos escobas y él me condujo de la mano a los vestuarios. Cuando entramos empezó sin demora a desatarse uno de los protectores de antebrazo. —Dejame a mí. —dije con determinación agarrándole el brazo. Desaté el protector y lo dejé caer al suelo, luego me llevé la muñeca a los labios. Recorrí con la lengua la vena que se destacaba sobre la piel, el sabor y el olor a cuero y sudor me produjeron un estremecimiento placentero. Harry había cerrado los ojos, las pestañas le temblaban apenas. Repetí el procedimiento con el otro brazo. La toga fue lo siguiente, fue fácil desprenderlo de ella, me ocupé entonces de degustarle el cuello sudoroso. Harry por su parte me enredó los dedos en los cabellos y respondió a mis atenciones dejando oír sonidos guturales de satisfacción que lograron hacérmela parar de inmediato. Proseguí con el pulóver y él a continuación también fue desvistiéndome. La tarea era más que dificultosa porque ninguno de los dos queríamos dejar de besarnos y de tocarnos.
—Condenados uniformes… —maldije por lo bajo— La próxima vez tenemos que practicar desnudos.
Harry rió y luego echó la cabeza hacia atrás cuando le mordí una tetilla. —Me parece que sería demasiada distracción… —alcanzó a articular entre gemidos.
Me reí haciéndome la imagen de los dos volando en bolas y enseguida hice una mueca. —Creo que no sería una buena idea, sería espantoso clavarse una astilla…
Me agarró la erección a través del pantalón. —No quisiera que le pasara nada a ésta. —ronroneó. Terminamos de desprendernos del resto de la ropa y me condujo hasta una de las duchas. Apenas el chorro de agua tomó la temperatura apropiada Harry se arrodilló delante de mí.
Las piernas se me aflojaron cuando se la metió en la boca y tuve que apoyarme contra los azulejos para sostenerme. Como era de esperar, Harry resultó también un experto para chuparla. Y no tardé en estar al borde del clímax. —Harry, —le avisé con voz ronca— estoy a punto…
No se detuvo, por el contrario, puso más ahínco. Acabé segundos después gritando su nombre e inundándole la boca. Las piernas me flaquearon y la pared ya no alcanzó para sostenerme me fui deslizando irremediablemente hasta el suelo. Le busqué la boca con avidez y alcancé a degustarme en su lengua, al mismo tiempo le agarré la erección y procedí a frotársela con decisión. Harry me clavó las uñas en las nalgas y me mordió el labio cuando alcanzó el orgasmo. Los ojos se le desorbitaron horrorizados momentos después, los dientes agresivos me habían hecho brotar sangre. Lo calmé asegurándole que no era nada y cuando salimos de la ducha bastó un simple encantamiento para curar el corte.
Volvimos a besarnos. —Resultaste mejor de lo que me había imaginado. —lo elogié entre beso y beso.
—Quizá tendríamos que elevar las apuestas para el partido Gryffindor-Slytherin. —propuso con una sonrisa atrevida.
—¿Y tenés algo en mente? —pregunté sonriendo de igual modo.
—El que gane obtiene todo lo que quiera, donde quiera y todas las veces que quiera… durante una semana.
Fingí profunda reflexión como sopesando la propuesta. —Podría ser interesante… sí, creo que es un trato. —dije y estiré la mano. Pero él prefirió que lo selláramos con un beso.
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A partir de ese domingo pasamos a estar juntos la mayor cantidad posible de tiempo. La posibilidad de mantener la relación en secreto se esfumó completo desde el vamos, en Hogwarts ese tipo de secretos no se puede mantener y además nosotros no queríamos estar separados nunca, necesitábamos estar constantemente tocándonos.
La novedad de que yo estaba de novio con el enemigo no tardaría en llegar a oídos de mi padre y a los del Señor Oscuro. Y las vacaciones de Navidad iban acercándose cada vez más. Esperaba que no me convocaran antes, si tenían la intención de matarme cuando regresara a la Mansión, quería por lo menos disfrutar de Harry el mayor tiempo posible.
—¿Te pasa algo, Vida? —preguntó Harry arrancándome de mis oscuros pensamientos. Me apresuré a sonreír y sacudí levemente la cabeza. —Nada. —mentí, no me creyó ni por un segundo— Me preocupa un poco la posibilidad de que algunos puedan querer vengarse… porque estamos juntos, quiero decir. —no dejaba de ser cierto, si bien no era lo que había estado pensando.
—¿Te referís a Mike? —me preguntó, me encogí de hombros, en realidad no había sido en él en el que estaba pensando, pero ahora que Harry lo mencionaba, el Ravenclaw bien podía representar una amenaza. Cuando Harry me había contado cómo había sido la ruptura, casi había sentido lástima por Corner… casi. El que te planten en mitad del sexo debe de ser la forma más humillante de ruptura. —No creo que tengamos que preocuparnos por él… supongo que tratará de evitarnos… —opinó Harry, me pareció más una expresión de deseos que una conjetura basada en algo sólido.
—Mañana tenés Encantamientos con él. —le recordé.
—Ya sé… —dijo con un gruñido, la cuestión evidentemente no dejaba de preocuparlo.
—Si vos querés… yo podría encontrar la manera de que pudieras faltar a la clase.
Frunció el ceño confundido, me tuve que controlar para no besarle las encantadoras arrugas en la frente. —¿Cómo podrías?
—Tengo algo de influencia sobre Severus. —le informé.
Por un momento pareció aun más confundido, luego se echó a reír. —Sólo había oído a Dumbledore y a McGonagall llamarlo así, generalmente lo usan cuando están enfadados con él.
Yo también me reí, se me presentó una imagen de Snape con expresión entre exasperada y aburrida soportando un sermón de McGonagall. —Es mi padrino. —le confié, dudaba que conociera ese dato.
Pestañeó desconcertado. —Nunca lo hubiera imaginado. ¿Cómo…?
—Es amigo de mis padres… más o menos… del tipo de amistad entre m… entre Slytherins… si me entendés lo que quiero decir…
—Pero en algún momento voy a tener que ir a clase de Encantamientos… ni siquiera Snape puede librarme de esa obligación permanentemente.
—¿Qué pensás que pueda pasar cuando lo veas de nuevo?
—No sé. Me siento una basura por lo que le hice… pero me sentiría mucho peor si hubiese seguido con él.
—Así que no estás arrepentido… —dije, él revoleó los ojos.
—¿Y me hacés una pregunta así después de lo del vestuario? —preguntó burlón.
—En general no suelo ser inseguro. —le informé tratando de adoptar un aire altivo.
—¿Querés decir que nunca te mostraste inseguro en todas tus relaciones anteriores?
—Hablaba en sentido más general… pero incluyendo las relaciones que tuve… siempre tuve todo muy controlado.
—Y tuviste muchas. —me presionó, no había sido una pregunta. Preferí contestar con vaguedad.
—Tuve algunas.
Pareció considerar mis palabras y luego me sacó del corredor por el que íbamos y me llevó hasta un nicho en el costado, detrás de una armadura.
—¿Cuántas?
—Harry… —susurré, en realidad me parecía que era demasiado pronto para una conversación de ese tipo.
—Presumo que fueron muchas. —era la conclusión a la que había llegado debido a mi renuencia a hablar.
—No muchas… —lo corregí suspirando— Sólo con un chico… intercambiamos besos y me dio algunas mamadas… y me acosté con un par de chicas.
—¿Quiénes?
—Pansy y Daphne. El chico es Blaise… que por cierto está muy celoso de vos. —agregué sonriendo. Él sonrió también… con los labios pero no con los ojos.
—Es mejor de lo que había esperado. —dijo haciendo un mohín y sonrojándose un poco.
Le besé los labios encantadores y revoleé los ojos. —¿Que acaso me creías un Casanova?
—Bueno… basta mirarte… —murmuró como avergonzado. Le di un beso intenso como para probarle lo importante que él era para mí.
—Nunca nadie me había hecho sentir así, Harry. —le susurré— Nunca hubiera estado dispuesto a arriesgarlo todo por otra persona. Y creeme cuando te digo que es mucho lo que arriesgo. El Malfoy que mi padre quiere que sea nunca hubiese entablado una relación con vos.
—¿Y qué fue lo que te llevó a decidirte? —me preguntó con mirada seria y penetrante. No podía decírselo. No podía confesarle que todo había comenzado como una falsedad, que al principio mi propósito era traicionarlo y entregarlo a un destino de muerte. No podía arriesgarme a perderlo. Y las cosas eran totalmente distintas ahora. —Tu culo obviamente, que es el más lindo de todo Hogwarts.
Cambió de inmediato la cara seria, revoleó los ojos y me besó. Un beso suave, dulce y largo. De todos modos, tuve la impresión de que no había quedado del todo convencido y que lo único que había obtenido era una postergación, que el tema volvería a plantearse más adelante.
oOo
—Podés ir a sentarte con ellos, si es lo que querés. —le dije, se había pasado toda la cena dirigiéndoles miradas a sus amigos y casi no había comido.
—¿Y vos no vendrías conmigo?
—No, a menos que recibiera una invitación específica.
—Vos siempre estás invitado a venir conmigo.
—Los Malfoys no hacemos presunciones. —señalé, me dirigió una mirada como diciéndome: "Dejate de pavadas, ¿querés?" — Bueno… al menos sobre esta cuestión específica no estoy dispuesto a hacer presunciones. Por ahora es mejor que hablen entre los tres… yo voy a meterme sólo si te hacen daño.
—Yo puedo cuidarme solo. —me aclaró.
Asentí. —Ya sé… igual si alguien se atreviera a lastimarte lo reviento a hechizos.
—Te amo. —me dijo de improviso con la mejor de sus sonrisas.
—Naturalmente, si que soy irresistible. —me castigó por el engreimiento con un golpe en el brazo, se la devolví con un beso en la nariz.
—No debería ser yo el que me les acerque. —dijo con decisión— Ellos deberían venir a mí si quieren que volvamos a ser amigos.
—Estoy de acuerdo.
—¿Te parece? —ya no parecía tan seguro como un segundo antes.
—Claro. —ratifiqué— Ellos arruinaron la amistad, deben ser los que se encarguen de arreglarla.
—Puede ser… ¿Qué vamos a hacer esta noche? —me preguntó.
—Estoy seguro de que puedo encontrar algo que podamos hacer para que no estés pensando tanto en Granger y Weasley. —le ronroneé en la oreja.
—De eso no me cabe la menor duda. —dijo entrelazando su pie con el mío por debajo de la mesa— ¿Y qué de tus amigos? ¿Podríamos alternar un rato con ellos? —propuso, tuve que hacer un esfuerzo para no reírme.
—Yo no tengo amigos, Harry. —declaré.
Frunció el ceño y giró para mirar la mesa de Slytherin. —¿Y Crabbe y Goyle?
—Lacayos. —dije directamente. Rió. Empezó a mencionar una serie de apellidos de Slytherins, negué en todos los casos— No son mis amigos, me tienen miedo, hacen lo que les ordeno, pero ninguno buscaría voluntariamente mi compañía.
—¿Y Blaise? —propuso con tono insinuante.
—¿Ya estás barajando posibilidades para expandir tus horizontes sexuales, Harry? —lo provoqué— Había pensado que yo podría durarte por lo menos una semana.
Revoleó los ojos y me dio un apretón en un muslo. —Con vos tengo más que suficiente. —me aseguró— Pero… podría ser interesante hablar con tu ex.
—No es mi ex. —aclaré— Lo dejé que me la chupara un par de veces… eso no justifica llamarlo relación.
Se sonrojó y rió. —¿Pansy?
—¡Oh, sí sería estupendo! —murmuré— Pansy, aquí te presento a Harry, es mi novio, la experiencia que tuve con vos fue tan espantosa que terminé volviéndome gay.
—¡Pará! —dijo riendo y me dio otro golpe en el brazo— Sos tan boludo.
—Lo que explica la carencia de amigos. —dije. Hizo una mueca.
—Perdón… —pero yo no estaba de humor como para que me tuviera lástima, le resté importancia al asunto con un gesto.
—No es algo que me importe, Harry. Todos esos Slytherin son el pasado. Te harían daño si pudieran… incluso te matarían si se les presentara la oportunidad. Es más, tal como están las cosas no me extrañaría que trataran de hacerme daño a mí. Pero yo no se lo voy a permitir. Es una bendición que no los cuente como amigos. Todos ellos no son sino perritos falderos del Señor Oscuro.
—¿Y vos? —susurró. Una simple pregunta de dos palabras, pero era tanto lo que implicaba.
—Ciertamente, no. —respondí con sinceridad. Suspiró aliviado y bajó la mirada. Sentí que se estrujaba el corazón porque había habido duda en sus ojos. Y tenía todo el derecho de dudar de mí, pero no por eso me dolía menos. Le acomodé una mecha negra detrás de la oreja y le tomé la mandíbula con una mano, le hice levantar un poco la cabeza para que me mirara. —Yo no soy uno de los suyos, Harry. Nunca te voy a traicionar. Que no te importe lo que puedas llegar a ver u oír de mí. Mi lealtad es para con vos, no para el Señor Oscuro.
Tragó ostensiblemente y asintió. —¿Es posible que…? ¿Podría hacerte daño?
—Sí. —respondí si vacilar.
—¿Lo hará?
—Si se entera de lo nuestro probablemente me mataría.
—¡Draco! —siseó— ¡Tendrías que habérmelo dicho! Tendríamos que haber sido más discretos.
—Pero yo no quiero que tengamos que escondernos. —dije con firmeza—Te quiero y al que no le guste… ¡que se vaya a la puta que lo parió!
—Pero es que no puedo permitir que te hagan daño por mi culpa. —susurró, los ojos se le estaban llenando de lágrimas.
—Shh… no te inquietes. Lo hecho, ya está hecho. Yo sabré mantenerme seguro, vos tenés que hacer lo mismo. —me pareció conveniente cambiar el tema de inmediato— ¿que te parece si nos escabullimos para estar solos en algún lado? —propuse mordisqueándole una oreja.
—De acuerdo. —concedió. Y sin demorar un segundo más, nos pusimos de pie y marchamos hacia la puerta. Fueron muchas las miradas que nos siguieron atentas, de alumnos y de profesores.
Apenas hubimos salido, nos topamos con Dumbledore en el corredor. —Señor Malfoy, señor Potter, qué gusto de verlos, ¿cómo les va?—saludó cordial y despreocupado como si no tuviera ninguna intención oculta.
—Bien, señor. —respondimos los dos al unísono, nos miramos intercambiando sonrisas.
—¡Excelente! —dijo Dumbledore para completar las formalidades— Harry, me preguntaba si podríamos tener un pequeña charla en mi despacho, en… digamos… veinte minutos.
—Eh… sí, claro, señor… —respondió Harry inquieto removiéndose un poco a mi lado— ¿Sobre qué?
—Oh, sólo de un par de cosas. —dijo el director vagamente y tras saludar con un gesto entró en el Gran Salón.
—Te va a hablar de mí. —dije con preocupación.
—Es posible. —dijo Harry. ¿Qué iba a hacer yo si le prohibía a Harry que alternara conmigo? ¿Qué haría Harry? Tampoco era que simplemente pudiéramos decirle al director que se dejara de joder y se metiera en sus propios asuntos… por mucho que me hubiera gustado.
—Es curioso que no haya tratado de separarnos antes. —comenté gruñendo.
—¿Qué querés decir? ¿Vos crees que eso es lo que va a hacer? —lo miré entrecerrando los ojos.
—Harry, a veces sos tan ingenuo. Excepto nosotros dos, no hay nadie en la escuela que quiera que estemos juntos. Todos quieren que las cosas vuelvan a lo que eran, que volviéramos a ser enemigos.
—Bueno, supongo entonces que es una buena cosa que seamos nosotros los únicos que tenemos voz y voto en el asunto, ¿no te parece? —dijo desafiante. No pude contenerme, lo aplasté contra la pared y le invadí la boca. Gimió y me abrazó con tal fuerza, como si quisiera que nos fundiéramos en uno ahí mismo. —¡Eso fue increíble! —exclamó cuando nos separamos segundos después.
—Recordalo cuando Dumbledore te diga que me dejes. Acordate del beso… y acordate de que te amo.
—Eso es algo que me va a resultar muy fácil. —dijo con un guiño y partió hacia la dirección. No lo acompañé, si bien hubiese querido. Me dirigí a los subsuelos pensando en lo que había pasado los últimos días. Éramos una pareja, Harry y yo, unidos de una forma que yo nunca habría podido imaginar. Nos divertíamos juntos, éramos fogosos y apasionados… no quería perderlo. Pero quizá… quizá Dumbledore y el resto de la escuela tenían razón. Quizá… era por egoísmo que lo quería para mí… quizá no era lo más sensato…
Revoleé los ojos ante mis propios pensamientos. Si fuera tan inteligente como siempre me había considerado ése era el momento de aprovechar la ventaja y de entregar a Harry al Señor Oscuro, ya había obtenido lo que quería al principio… casi todo. Pero ya no podía hacer algo así, la sola idea me provocaba repugnancia y un horrible dolor en las entrañas. Parte de mí seguía deseando poder hacer gala de la frialdad de corazón de mi padre, seguramente viviría durante mucho más tiempo… pero yo había heredado también mucho de la blandura de mi madre. Soy débil, descuidado e indigno del nombre de Malfoy. Pero Harry me ama. Lo único que me importa es ser digno de él.
Fui hasta los aposentos de mi padrino. —Piel de culebra. —susurré y la puerta me abrió entrada.
—No recuerdo haberte autorizado a que entres en mi habitación sin solicitar permiso. —salmodió Snape desde su sillón junto al fuego. Tenía una copa de cristal en la mano, llena a medias con un líquido ámbar, bebía con la vista fija en las llamas, no se molestó en desviarla hacia mí para hablarme.
—Lo voy recordar para la próxima vez, lo prometo. —dije sarcástico y me senté en otro sillón frente a él. —Necesito conocer su opinión.
La formulación de la frase había sido deliberada. No quería su opinión, la necesitaba. Necesitaba saber que había siquiera una persona en la escuela, aparte de Harry, que estaba de mi lado. Alguien a quien pudiera recurrir cuando los demás Slytherins se pusieran en mi contra, algo que iba a ocurrir probablemente más temprano que tarde. No le había mentido a Harry cuando le había dicho que lo matarían si tuvieran la oportunidad. La mayoría era lo suficientemente sensata para no intentarlo en Hogwarts, pero siempre puede haber un inconsciente. Además, Voldemort quería matar a Harry él mismo.
—Te escucho. —respondió Snape.
—Harry y yo estamos juntos.
—Ya lo había deducido por el deplorable comportamiento propio de Hufflepuffs que han desplegado abiertamente durante las comidas. —apuntó desdeñoso.
Revoleé los ojos y proseguí. —Creo que en este mismo momento el director está tratando de convencer a Harry de que interrumpa su relación conmigo.
—Tus palabras parecen sugerir que el director es un entrometido.
—¿Ud. no cree que sea posible?
—Todo lo contrario. Creo que Entrometido es uno de los tantos nombres del medio que tiene Albus.
—Todos los Slytherins saben.
—Así es. Ya desde hace algún tiempo. Han estado murmurando con frecuencia sobre lo que correspondería hacer al respecto. Están convencidos de que estás traicionándolos… lo que, en rigor, no se aleja demasiado de la verdad. —alzó los ojos y me miró directamente— ¿Viniste a pedirme ayuda para llevar a Potter a la Mansión?
—¡No! —grité espantado y furioso. Me puse de pie de inmediato, haber venido a hablar con Snape había sido un error.
Suspiró y sacudió levemente la cabeza. —¡Oh, cómo se han desplomado los poderosos! —seguí observándolo con desconfianza— Sentate y dejá de comportante como un tonto. —ordenó— No tengo ninguna intención de acelerar la captura de Potter.
—¿Dónde asientan sus lealtades, padrino?
Entrecerró los ojos y me estudió largamente. —Con Dumbledore y la Orden. —dijo finalmente.
Me había dejado boquiabierto. —¿La Orden del Fénix existe realmente? —eso era lo que me había sorprendido, yo ya sospechaba que no era leal al Señor Oscuro. El problema era que si yo lo sospechaba, seguramente habría otros que también.
Hizo un gesto levemente exasperado y depositó la copa sobre una mesita lateral. —¿Tengo que entender que tu amante de frente marcada no te ha contado nada al respecto? Estaba convencido de que vos eras la debilidad de Potter.
—Nunca le pedí información sobre la guerra. —dije. Y no me gustaba que Snape hiciera esos comentarios denigratorios sobre nuestra relación.
—Estás perdida e irremediablemente enamorado de él. —declaró, al parecer recién en ese momento alcanzaba a darse cuenta de la profundidad de mis sentimientos por Harry.
—Lo amo. —dije directamente, no quería que sonara a cursilería sino a un hecho concreto e innegable— Quiero que esté seguro, protegido… incluso si eso implicara protegerlo de mí mismo. ¿Es una insensatez que esté con él? —pregunté, tenía miedo de lo que pudiera responderme
—Sí. —respondió directamente— Pero el amor nunca es sensato. En el mejor de los casos te hace sufrir, en el peor… puede llegar a aniquilarte… pero todos somos masoquistas cuando de amor se trata… volvemos a buscarlo una y otra vez. Vos y Potter constituyen una pareja por demás de singular. Los dos ocupan posiciones menores de poder en bandos opuestos de esta guerra. Vos podrías usarlo… estuviste dispuesto a ello si no me equivoco… y él también podría usarte contra Voldemort y contra tu padre.
La idea de que Harry pudiera haber estado usándome desde el principio no se me había ocurrido, me daba cuenta de que la renuencia durante el largo cortejo podía muy bien haber sido una táctica. ¿Los sentimientos de Harry hacia mí eran autenticos? ¿Dumbledore lo había llamado a su despacho para que le pasara el parte informativo? ¿Cuando dejara de serle útil como fuente e instrumento me haría a un lado?
—¿Harry forma parte de la Orden?
—No oficialmente, pero son muchas las esperanzas que asientan sobre sus hombros. Si me preguntaras te diría que es una crueldad abrumar a un adolescente con tanta responsabilidad, pero creo que tu propia situación se asemeja bastante. Todos presumen que Potter debe matar a Voldemort… y que probablemente ha a morir en el proceso.
—¡No! —exclamé furioso— ¡No voy a permitir que eso pase!
—Poco vas a poder hacer para impedirlo si te haces matar prematuramente. —dijo Snape incisivo— Concentrá tus esfuerzos para convencer a tus compañeros de Casa de que no estás del lado de Potter, de que estás desplegando una estrategia siguiendo indicaciones expresas del Señor Oscuro.
—¿Y Ud.?
—Haré todo a mi alcance para mantener mi posición de espía y para protegerte. La mayoría de los Slytherin sigue confiando en mí, me creerán si les digo que sos agente de Voldemort cumpliendo con una misión. —dijo, poniendo énfasis en que iba a tomarse muchas molestias por mi causa.
—Gracias. —dije tratando de que no sonara a sarcasmo.
—Vas a estar debiéndome otro favor, ahijado. —agregó burlón.
Me cuidé de replicarle nada y salí lo más pronto que pude. Me empezaba a doler la cabeza, innumerables preguntas me bullían en la mente. Quizá por eso no advertí el peligro. Un hechizo me impactó de lleno en la espada y perdí la consciencia.
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