Situados junto a Harry a la luz que proyectaba la ventana, Ginny, Ron y Hermione observaron con curiosidad la carta. Ginny no reconocía la estilizada caligrafía, y al parecer por los rostros de Ron y Hermione ellos tampoco. Harry por el contrario, observaba aquellos trazos en tinta esmeralda como si fuese la imagen de un viejo amigo al que hacía mucho que no veía. Tras unos segundos de espera, finalmente desdobló el pergamino y comenzó a leer en voz alta.
"Querido Harry.
Sé que han pasado varios días desde que tuvimos nuestra primera reunión, pero no se ha dado la oportunidad hasta ahora, de poder proseguir nuestra charla por donde tuvimos que dejarla. Me gustaría que vinieseis tú y tus amigos, el señor Weasley y la señorita Granger a mi despacho mañana después del desayuno. Así dispondremos de suficiente tiempo para debatir ciertas cuestiones y proseguir con esa estimulante charla que no pudimos acabar el día de tu llegada.
P.D. Me encantan las ranas de chocolate"
Después de que la voz de Harry se apagara, permanecieron en silencio varios segundos digiriendo aquellas palabras.
"Bueno, ya tenemos plan para mañana entonces" .Dijo Ron releyendo la carta asomándose sobre el hombro de Harry. "Tendremos que dejar el primer entrenamiento de quidditch para otro día. ¿Y por que nos dice que le gustan las ranas de chocolate? A todo el mundo le gustan ¿no?""
"¿Es que solo puedes pensar en el quidditch?" .Bufó Hermione exasperada. "Y está más que claro que esa es la contraseña para entrar al despacho"
Ron abrió la boca para contestar, pero en aquel momento Harry dobló de nuevo la carta y se la guardó en un bolsillo de la túnica. Permaneció quieto, con la mirada perdida en los terrenos que en aquel momento habían desaparecido por completo, tragados por la oscuridad de la noche. Tan solo podía verse a lo lejos la luz de la cabaña de Hagrid, que no era mas que un diminuto alfiler en un inmenso mar de negrura. A la tenue luz de la ventana sus ojos parecían haberse oscurecido de nuevo. Sin pronunciar ni una sola palabra, el muchacho dio media vuelta y se dirigió hacia las enormes puertas de roble de la entrada. Ginny y los otros dos compartieron una mirada preocupada y se apresuraron a seguir a Harry al interior del castillo. Colándose a empujones entre algunos alumnos, consiguieron llegar a su lado. Éste no les dijo nada, al parecer seguía absorto en sus pensamientos. Se mezclaron con un pequeño grupo de Hufflepuff y se deslizaron al interior del gran comedor.
Como de costumbre, el oscuro cielo salpicado de estrellas se abría sobre sus cabezas, como si realmente no existiese un techo entre medias. Miles y miles de velas flotaban sobre ellos, iluminando las cuatro enormes mesas y arrancando destellos dorados de los platos, vasos y cubiertos que ya estaban dispuestos para la cena.
Aún en completo silencio, pero intercambiando algunas miradas a espaldas del muchacho, siguieron a Harry hasta la mesa de Gryffindor. Desde que habían leído aquella carta su humor había cambiado por completo. No parecía ser consciente de lo que lo rodeaba, parecía estar ausente, en un lugar donde nadie más que él tenía acceso. Jugueteaba distraídamente con la comida, con la mirada perdida en su plato, pero sin llevarse el tenedor a la boca en ningún momento.
Ginny había ido conociendo poco a poco a aquel Harry durante toda la semana. Como bien le había dicho Hermione, la diferencia con el Harry que ellos conocían radicaba en que éste era mucho más maduro. Era agradable ver en que podría convertirse el Harry de su mundo, una vez que dejase atrás la edad del pavo. Si esto ocurría en breve, no dudaba que como bien solía decir, al final caería rendidita a sus pies. Claro que esto no iba a admitirlo en voz alta, así la torturaran con un cruciatus.
Miró de reojo al joven. Distraído como estaba, no se percataba de nada de lo que sucedía a su alrededor. Siguió con la vista la línea del pelo de su frente hasta ver la pequeña cicatriz en forma de rayo que casi se ocultaba por completo tras el flequillo.
Hermione le había contado brevemente la reunión que habían tenido con Dumbledore y le había explicado lo mejor que supo el significado que tenía aquella marca. Ginny no había comprendido quizá del todo la magnitud de todo aquello, pero en su mente resonaban las palabras que le había dicho aquel primer día en el baño de las chicas, y por lo que había visto ya no en toda la semana, sino en aquella misma tarde, Ginny no podía más que estar de acuerdo con su amiga. No sabía que le había sucedido a aquel Harry en su mundo, pero comenzaba a darle miedo enterarse.
Continuó observando el rostro del muchacho que ajeno a su escrutinio, continuaba jugueteando distraídamente con la comida. Olvidándose de aquella extraña cicatriz, posó su mirada en sus ausentes ojos verdes.
No comprendía como unos mismos ojos, podían cambiar tanto en tan poco tiempo. En la misma tarde, habían expresado multitud de facetas.
Primero la ilusión por hacer las pruebas de quidditch, como cualquier otro estudiante. Pero durante aquel pequeño conflicto con los Slytherin, su mirada había cambiado por completo. Sus ojos se habían oscurecido y daban la sensación de poder ver a través de las personas. La posterior conversación durante el camino por los terrenos le había hecho descubrir otra faceta del joven que no esperaba. La suspicacia de la que había hecho gala la había sorprendido notablemente. Miró de soslayo hacia el otro extremo del gran comedor y observó al rubio Slytherin sentado entre aquel par de estúpidos guardaespaldas que siempre lo flanqueaban. Al igual que Harry, Malfoy no parecía estar comiendo, pero sus fríos ojos grises miraban fijamente la nuca del muchacho.
Ginny se estremeció sin darse cuenta. Quizá Harry tenía razón y Malfoy estaba tramando alguna cosa.
Desvió la vista del rubio Slytherin y volvió a fijarla en Harry. Con el rostro tan serio y pensativo realmente parecía mucho mayor de lo que era en realidad. No tenía nada que ver con el joven que había estado volando horas atrás en el campo de quidditch.
Ginny sonrió levemente al recordarlo. Cuando se había montado en la escoba, su postura se había relajado y su rostro se había iluminado con una luz especial que tan solo había visto en el Harry de su mundo, en las ocasiones en las que sonreía de felicidad, sin pizca de arrogancia. Era en esas ocasiones en las que Ginny se daba cuenta de lo que había hecho que Lily Potter hubiese aguantado la inmadurez de James hasta que cambió, y sabía que ella esperaría lo mismo. Durante aquel rato que habían volado juntos, se había olvidado que aquel Harry no era el de su mundo.
Pero aquella felicidad no había durado gran cosa. En cuanto Ron había comenzado a despotricar sobre Malfoy en la cabaña de Hagrid, el ánimo de Harry había vuelto a oscurecerse.
Miró sin disimulo al joven. ¿Qué podía haber hecho que un muchacho de tan solo veintiún años alcanzase ese nivel de madurez y melancolía? Le intrigaba de sobremanera, necesitaba saber más de él y compartir ese pesar que parecía llevar constantemente sobre los hombros. No dudaba que si la Ginny de su mundo se asemejaba a si misma cumpliese esa función, y ya que el Harry de su mundo se encontraba con ella, sentía que tendría que ayudar a éste Harry a que volviese a su mundo de una pieza y sin que sus ojos se hubiesen oscurecido aún más.
Lo tenía decidido y tan solo distaba encontrar el momento oportuno para planteárselo.
Terminaron de cenar y aún en completo silencio salieron del gran comedor y sin detenerse a charlar con nadie, enfilaron el camino hasta la sala común.
Ron y Hermione continuaban comunicándose en silencio a través de sus miradas, pero ninguno de los dos se atrevió a quebrar el silencio que inconscientemente Harry había instaurado entre ellos.
Cuando llegaron a la sala común caldeada por el fuego de la chimenea, los alumnos de la casa Gryffindor se dispersaron entre los sillones y las mesas, ya fuese para charlar o jugar a algunos juegos. Colin, que estaba a punto de sentarse en una mesa cercana pareció a punto de decirle algo, pero al ver que estaba con Harry, Ron y Hermione, cambió de opinión y se fue hacia donde se encontraba Demelza.
El cuarteto se sentó cerca del fuego, algo aislados del resto de compañeros, pero no les importó lo más mínimo. Hermione miró dubitativa a Harry y tras respirar un par de veces, se atrevió a romper el silencio que se había impuesto entre ellos desde que leyesen la carta de Dumbledore.
"Harry ¿En que estás pensando?" .Preguntó en voz baja, inclinándose levemente hacia él. "¿Podemos ayudarte en algo?"
El muchacho la miró, pero tardó varios segundos en contestar, en los que la muchacha se removió algo nerviosa. "Perdón por preocuparos" .Se disculpó acomodándose en el sillón. "No he dejado de darle vueltas a lo de la reunión con Dumbledore"
"¿Qué te preocupa?" .Preguntó Ron.
"No estoy seguro" .Admitió Harry. "Se suponía que habíamos dejado para ésta reunión la información sobre Voldemort que no pude darle el día que vine" .Para sorpresa de Ginny, ni Ron ni Hermione temblaron como de costumbre ante el nombre. "Y sin embargo, siendo una información tan crucial, ha dejado pasar toda una semana"
"Quizá no ha tenido tiempo" .Musitó Hermione, aunque no parecía muy convencida.
"¿Qué puede ser más importante que derrotar a Voldemort?" .Preguntó Harry exasperado, mostrando por primera vez parte del temperamento del muchacho que Ginny conocía desde niña. "Dumbledore ni si quiera da clases ya. ¿Qué ha estado haciendo para no poder reunirse conmigo?"
"No tengo ni idea" .Dijo Hermione. "Pero bueno, independientemente de lo que haga o deje de hacer el director. ¿Has estado pensando en lo que vas a contarnos?"
El muchacho asintió, pero antes de contestar se giró para mirarla, al igual que Ron y Hermione. Hasta aquel momento no parecían haberse dado cuenta que Ginny seguía allí con ellos. Ron abrió la boca para echarla de allí, pero Ginny se le adelantó.
"No pienso marcharme" .Sentenció mirando directamente a Harry. "He pasado toda la semana con vosotros y no pienso hacerme a un lado ahora. Lo que vayas a mostrarles a ellos, a mí también me interesa. Yo también quiero saber"
Durante varios segundos tan solo el crepitar del fuego se escuchó entre ellos. Ginny había tomado su decisión y no pensaba hacerse a un lado. Conocería a ese Harry y lo ayudaría como se había prometido, le costara lo que le costara. Lo fulminó con la mirada, sin desviar ni un instante sus ojos castaños de los verdes de Harry.
Tras unos momentos en los que la tensión se volvió espesa como gelatina, el rostro de Harry se suavizó y su mirada brilló por un instante con un sentimiento que la hizo estremecer de pies a cabeza.
"Me has convencido" .Musitó dedicándole una sonrisa. Se volvió hacia Ron y Hermione y se encogió levemente de hombros ante sus miradas interrogantes. "Yo no le veo ningún inconveniente a que se entere"
Ron intentó decir algo, pero Hermione lo calló con una mirada y le dedicó una sonrisa a Ginny. "¿Entonces que has pensado para la reunión de mañana?" .Preguntó dirigiéndose nuevamente a Harry.
El muchacho se acomodó en el sillón y sonrió. "He estado dándole vueltas, y tan solo se me ocurre una forma para enseñaros todo lo que creo que es importante" .Dijo mirando alternativamente a cada uno de los tres rostros que lo observaban con avidez. "Si me da permiso, quiero enseñaros mis recuerdos" .Explicó ante sus incomprensivas caras.
"¿Con un pensadero?" .Preguntó ansiosa Hermione. "He leído que son objetos muy raros, pero nunca había visto ninguno. No tenía ni idea que Dumbledore pudiera tener uno propio, será muy interesante ver como funciona"
Harry sonreía divertido ante la emocionada cháchara de Hermione. Ron la miraba de reojo, con una leve sonrisa en los labios, pero no parecía tener intenciones de picarla con algún comentario. Ginny se recostó en su sofá, ignorando a Hermione y su hermano, y se centró en Harry. La idea del pensadero le parecía mucho mejor que una simple charla. Se sentía a la vez satisfecha y emocionada por que el joven la hubiese tratado de aquel modo y permitido que se uniese al pequeño grupo. El nerviosismo y la emoción le recorría el cuerpo en oleadas haciéndole hormiguear el estómago por las ansias de que llegase el día siguiente. Quería saber más del mundo de ese Harry, ver como fue su infancia y cualquier cosa que el muchacho quisiera enseñarles.
Harry y Ron se despertaron a la mañana siguiente un poco mas tarde de lo acostumbrado. Ambos habían tardado más de lo normal en poder dormirse debido a los nervios que les causaba la próxima reunión con Dumbledore. Las camas de Seamus, Dean y Neville ya estaban vacías, así que él y Ron eran los únicos que quedaban en el dormitorio. Después de una rápida ducha, bajaron a la sala común donde ya los esperaban Hermione y Ginny.
Las muchachas esperaban sentadas en mullidos sillones junto al fuego. Ginny jugueteaba distraídamente con Crookshanks, mientras Hermione leía inclinada sobre un libro que tenía apoyado en el regazo.
"Ya estaba a punto de subir a despertaros" .Se quejó Ginny al verlos aparecer.
"Y ya lo hubiese hecho si no la hubiese detenido" .Añadió Hermione cerrando el libro de golpe y dejándolo sobre una mesa cercana.
"¿Hace mucho que esperáis?" .Preguntó Harry mientras Ron bostezaba ruidosamente dando a pensar que él hubiese seguido durmiendo de haber podido elegir.
"No demasiado" .Contestó Ginny mientras Hermione fruncía el entrecejo ante los modales de Ron. "Pero no suelo tener mucha paciencia"
"Bueno, vamos a desayunar, que tengo hambre" .Dijo Ron dirigiéndose hacia el hueco del retrato.
El resto se apresuró a seguirlo.
A aquella hora del sábado, los corredores se encontraban desiertos. Los alumnos que habían madrugado, hacía rato que habían desayunado y o bien disfrutaban en los terrenos del excelente día que se veía a través de las ventanas, o bien habían aprovechado para ir a la biblioteca y adelantar al máximo los trabajos.
El cuarteto entró al gran comedor y se sentaron en la mesa de Gryffindor. Las mesas de las distintas casas estaban parcialmente ocupadas. Aquí y allí podían verse espacios vacíos en los bancos. Harry miró hacia la mesa de profesores que también estaba casi desocupada. Tanto la silla de respaldo alto del director, como la silla que solía ocupar Snape estaban vacías. El profesor de pociones los miró un instante y los saludó con una inclinación de cabeza, al contrario de Hagrid que los saludó efusivamente con la mano, ganándose una mirada ceñuda de la profesora McGonagall.
"Parece que Snape y el profesor Dumbledore ya nos esperan en el despacho" .Comentó Ginny siguiendo la mirada de Harry.
"No tenemos prisa" .Dijo Harry sirviéndose unas salchichas. "Desayunad con tranquilidad, que no sé cuanto durará la reunión"
"¿Ya sabes lo que nos vas a mostrar?" .Preguntó Ginny inclinándose hacia él.
Harry se encogió de hombros. "Tengo varias ideas, pero os enseñaré lo que al profesor Dumbledore le parezca mejor"
En aquel momento varias lechuzas entraron a través de las ventanas y volaron hasta dejar los paquetes y cartas que portaban frente a sus destinatarios. Hermione observó con el entrecejo fruncido a las lechuzas hasta que todas y cada una de ellas había vuelto a desaparecer. La muchacha había hecho aquello casi toda la semana, y no dejaba de seguir a cada una de las aves hasta que todas y cada una de ellas hubiese desaparecido, aunque ella hubiese recibido ya su correspondencia.
"¿Te pasa algo?" .Preguntó Ron.
Hermione pestañeó varias veces y negó con la cabeza. "No te preocupes, no es nada"
Ron se encogió de Hombros y se sirvió más huevos en su plato. Dando ejemplo, Harry desayunó a su ritmo, pero ansiosos por llegar cuanto antes a la reunión, los otros tres habían casi devorado la comida, incluida Hermione, que casi había rozado el nivel de glotonería de Ron.
Cuando Harry quedó servido, los otros tres hacía rato que habían terminado y lo observaban con los ojos abiertos como lechuzas, casi sin pestañear.
"La próxima vez iré a las cocinas" .Murmuró después de beber el último sorbo de zumo de calabaza. "Es muy incómodo comer mientras te observan de esa manera, ¿sabéis?"
Los tres rostros desviaron la mirada y se sonrojaron.
Salieron del gran comedor y se dirigieron por la escalera de mármol en dirección al despacho de Dumbledore. Los tres jóvenes caminaban tan rápido que casi parecían a punto de echar a correr, y Harry tuvo que frenarlos en más de una ocasión.
En una de estas ocasiones, su mirada se cruzó con la de Ginny. De inmediato la muchacha adoptó un porte altivo y alzó la barbilla, retándolo a que se desdijera de las palabras que había dicho la noche anterior. Sus ojos lo fulminaban con aquella mirada firme y determinada que tantas veces había visto en la Ginny de su mundo. Como le sucedió la noche anterior, su cuerpo reaccionó como lo hacía siempre que notaba aquella mirada en Ginny, y tuvo que contenerse para no estrecharla entre sus brazos y besarla hasta quedarse sin aliento. Desvió la mirada incomodado por aquella reacción y continuó caminando en silencio hasta que llegaron por fin a la gárgola de piedra que custodiaba el despacho del director.
"Ranas de chocolate" .Dijo en voz alta, y la gárgola se apartó dejando ver a su espalda la escalinata giratoria.
Los cuatro amigos se subieron algo apretados, giraron una y otra vez mientras ascendían lentamente y por fin se detuvieron frente a la puerta del despacho.
Harry tomó aire y golpeó un par de veces. No tuvieron que esperar más que unos pocos segundos antes de que Dumbledore les hiciese pasar.
La luz de la mañana que entraba a través de las ventanas iluminaba gran parte del despacho, arrancando pequeños destellos dorados de los extraños objetos del director, que zumbaban desde las pequeñas mesas y estanterías repartidas por la habitación. Desde las paredes, los cientos y cientos de retratos de antiguos directores los miraban sin disimulo al entrar en la estancia. Desde su percha, el fénix del director los escrutaba sin pestañear con sus oscuros y brillantes ojos puestos en Harry. De pie junto a la chimenea, el profesor Snape los observó entrar con el entrecejo fruncido y los labios apretados en una fina línea. Sentado tras su escritorio, el profesor Dumbledore alzó un instante las cejas al ver que Ginny los acompañaba, pero de inmediato le dedicó una plácida sonrisa.
"Buenos días Harry" .Saludó el director afablemente. "Veo que la señorita Weasley ha querido acompañarte hoy, al igual que ha hecho el resto de la semana"
"Buenos días profesor" .Saludó el muchacho. "Espero que no le importe que Ginny haya venido también"
El director sonrió ampliamente y negó con la cabeza. "En absoluto, mi muchacho. Ya que eres tu el que nos vas a enseñar, creo acertado que también puedas decidir a quien mostrar lo que sabes. Y si me permites añadir, creo que ha sido una excelente decisión" .Dijo dirigiéndose a la joven que sonrió azorada y agachó la cabeza. "Creo, que para daros tiempo a que disfrutéis del día tan espléndido que tenemos hoy, si os parece bien, podríamos comenzar ya, hablando de algunos temas y continuar después con la charla que dejamos a medias la última vez"
Dicho esto, sacudió su varita e hizo aparecer cuatro sillas frente a su escritorio. Los cuatro jóvenes se apresuraron a sentarse, mientras el profesor Snape esperaba aún junto a la chimenea.
"Antes de que continúes relatándonos como ha sido la vida en tu mundo, Harry, me gustaría comentarte un par de cosas" .Comenzó a decir el director. "Te preguntarás, por qué he tardado tanto en volver a quedar contigo. Tengo varias razones" .Dijo con una sonrisa y los ojos chispeantes. "La primera y principal, es que he estado investigando el extraño caso de tu aparición en nuestro mundo, aunque lamento decir que no he podido averiguar nada. Mantuve una pequeña charla con algunos habitantes del lago, por si acaso ellos hubiesen notado alguna perturbación mágica o de otra clase, pero me temo que no sintieron nada. Estuve investigando en los libros de la biblioteca, pero de nuevo he de admitir a mi pesar que sigo sin encontrar nada que explique tu extraño viaje" .Entrelazó sus largos dedos sobre la mesa y miró a Harry por encima de sus gafas de medialuna. "De todos modos, la biblioteca de Hogwarts es muy completa y no he terminado de revisar todos los volúmenes. Por supuesto, continuaré investigando por si encuentro alguna solución a tu problema. Hasta ese momento, me gustaría que continuases como hasta ahora"
"Profesor" .Intervino Hermione con voz tímida. "¿Habría algún problema si nosotros investigásemos en la biblioteca por nuestra cuenta?"
Los ojos de dumbledore le sonrieron. "En absoluto señorita Granger. Creo que es una magnífica idea" .Hizo una pequeña pausa y se giró de nuevo hacia Harry. "Otro de los motivos por los que he tardado tanto en reunirme contigo, Harry, es por que lord Voldemort ha estado haciendo de las suyas y nos ha mantenido algo ocupados en la orden. Y esto me lleva a querer entrar cuanto antes en la materia que nos ocupa. La información que tú posees es de vital importancia para derrotar a Voldemort y me gustaría que fuésemos avanzando poco a poco, para no cometer errores"
Harry asintió en silencio.
"Profesor, antes de comenzar me gustaría aclarar algo que lleva rondándome la mente hace días" .Intervino Hermione por segunda vez.
La muchacha parecía pensativa. Fruncía levemente el entrecejo y miraba al director de una forma algo extraña.
"Por supuesto, dígame, señorita Granger"
"¿Por qué no hemos sabido nada todavía de James y Lily?" .Preguntó la muchacha. "En toda la semana no han aparecido por aquí para ver lo que ha pasado con su hijo y ni si quiera hemos recibido una lechuza preguntando por que Harry no les había escrito"
Harry la miró asombrado al igual que sus compañeros. El profesor Dumbledore sonreía abiertamente en aprobación y el profesor Snape mostraba una fría indiferencia sin haber movido ni un músculo en todo aquel rato.
Aquello lo había pillado totalmente por sorpresa. Con las clases y su preocupación por aquella reunión y lo que deseaba mostrarles, no se había acordado de que en aquel mundo James y Lily Potter continuaban vivos, al igual que Sirius y Remus.
Miró de nuevo al director y frunció el entrecejo. ¿Iba a tener que lidiar de nuevo con la tendencia a ocultar información del anciano? Si en aquel mundo iba a ser igual, tenía intención de ponerle las cosas claras desde un principio. No pensaba cometer errores como los que había cometido en su mundo por no tener toda la información de la que disponía.
"Me alegro de que se haya dado cuenta señorita Granger" .Dijo con voz alegre. "No esperaba menos de usted y antes de que me digas nada, Harry" .Lo cortó con un gesto de la mano cuando Harry había abierto la boca para protestar. "Déjame que me explique por favor" .Tras unos segundos asintió secamente con el entrecejo fruncido. "No he avisado a James y Lily, por que tenía la esperanza de poder revertir lo que quiera que te haya sucedido y que esto no quedase más que en una extraña anécdota. Lamentablemente no he conseguido hacer progresos, así que por supuesto tendré que avisarlos y contarles lo que ha sucedido" .Hizo una pausa y clavó sus azules ojos en Harry, dándole nuevamente la sensación de que podía leer todos sus pensamientos. "También he supuesto de que una vez lo sepan, querrán verte y conocerte. Y he pensado que primero debería hablarlo contigo. Soy consciente de que en tu mundo has crecido sin tus padres y que llegar un día a desayunar al gran comedor y encontrártelos allí en carne y hueso, puede ser algo perturbador. Quería esperar a reunirme contigo para contártelo, por que así puedes hacerte a la idea y podemos organizar una reunión para explicárselo todo"
El joven asintió sintiéndose mal por haber pensado así del director. Quizá y después del tiempo que había pasado, aún le quedaba algo de resquemor por las cosas que el anciano le había ocultado durante tanto tiempo. En aquella ocasión, sin embargo, no podía más que darle toda la razón. No podía imaginarse que sucedería en el caso de haber llegado algún día y encontrárselos allí, desayunando tan tranquilamente en la mesa de Gryffindor. Más que perturbador, habría sido algo como para volverlo a uno medio majara.
"Lo comprendo profesor" .Dijo sonriendo al anciano. "Cuando acabemos la reunión, podemos hablar de esto para quedar con ellos algún día"
El director asintió sonriente. "Tras esto y si no tenéis nada más que preguntarme o contarme, yo sugeriría comenzar cuanto antes el tema que nos ha reunido aquí, para avanzar lo máximo posible"
"Profesor, en cuanto a eso" .Interrumpió Harry alzando una mano para silenciar al director. Junto a la chimenea, el profesor Snape soltó un tenue gruñido de desaprobación, pero no dijo nada. "Quisiera proponerle algo que se me ha ocurrido, si le parece bien"
"Por supuesto" .Accedió. "¿De que se trata?"
"Me gustaría utilizar su pensadero para mostrarle directamente mis recuerdos. Así podrá ver exactamente cualquier cosa que quiera que le muestre y sacar sus propias conjeturas"
El rostro del anciano se iluminó como si la navidad se hubiese adelantado. "Que gran idea, Harry. Por supuesto que te prestaré mi pensadero. Será mucho mejor que una conversación" .Se puso en pie, rodeó el escritorio y se dirigió hacia el pequeño armario donde Harry sabía que se guardaba el pensadero. "Será casi como irnos de excursión" .Les dijo al resto de jóvenes sonriéndoles ilusionado, mientras sacaba la extraña vasija de piedra decorada con runas y extraños símbolos. "Deduzco que sabes como utilizarlo" .Se dirigió de nuevo a Harry una vez que dejó el extraño objeto sobre su escritorio.
El muchacho asintió poniéndose en pie, siendo imitado de inmediato por los tres jóvenes que lo acompañaban. Hermione se inclinaba disimuladamente hacia el pensadero, intentando abarcar con la vista cada centímetro de la superficie de la extraña vasija. El profesor Snape, con el rostro completamente inexpresivo se acercó varios pasos, hasta colocarse junto al director.
"Profesor, ¿con que cree que deberíamos comenzar?" .Preguntó Harry sacando su varita.
"Desde el principio" .Dijo el anciano simplemente. "Me refiero por supuesto, a continuar la historia por donde lo dejamos la última vez" .Aclaró ante la cara de extrañeza tanto de Harry como del resto de personas del despacho. "Yo sugeriría que nos mostraras algunos de los recuerdos que tengas de tu vida antes de llegar a Hogwarts"
Harry titubeó. No había esperado aquello. Desde un principio había tenido intención de comenzar con su primer año en el colegio e ir mostrando a continuación año tras año hasta culminar con la batalla de Hogwarts. En ningún momento había tenido intención de mostrar su vida con los Dursley.
"¿Hay algún problema con eso, Harry?" .Preguntó Dumbledore, que no había pasado por alto la vacilación del muchacho.
"Bueno, profesor, es algo incómodo" .Murmuró. "En mi mundo, Pettigrew era un traidor" .Comenzó a explicar ignorando el respingo de Ginny, que no sabía los detalles que había explicado en la primera reunión. "Como el único que sabía que Pettigrew era el guardián secreto del Fidelio era Sirius, en mi mundo fue tras él. Lamentablemente Pettigrew fue más listo. Sirius lo acorraló en una calle muggle, pero Pettigrew lo acusó en voz alta de haber vendido a Lily y James a Voldemort, y antes de poder hacer nada, hizo explotar la calle a su espalda matando a los muggles, se cortó un dedo y se transformó en rata para esconderse, dejando a Sirius a merced de los aurores que lo tomaron por un asesino y un traidor"
"Entonces, en tu mundo Sirius estuvo en Azkaban" .Afirmó más que preguntó el profesor Dumbledore.
Harry asintió.
"¿Entonces te cuidó Remus?" .Preguntó Hermione esperanzada.
Harry rió amargamente. "No se como serán las cosas aquí, pero en mi mundo jamás habrían dejado a Remus cuidar a un niño"
"Mucho me temo que aquí es igual" .Dijo apesadumbrado el director. "Pero si no te criaste con Sirius o Remus por razones obvias, ¿Quién se hizo cargo de ti?"
Harry miró al director a los ojos y por un instante le pareció que el profesor ya sabía aquella respuesta. "Me cuidaron los Dursley" .Dijo en voz baja.
Todos salvo dumbledore y Harry dieron un respingo, incluido el profesor Snape. Hasta aquel momento, no le había explicado a nadie nada de aquel tema.
"¿Con los Dursley?" .Preguntaron los tres jóvenes indignados.
"Eso no puede ser nada bueno" .Murmuró Hermione mordiéndose el labio inferior.
"¿Profesor, ¿Usted no pudo hacer nada para evitar eso?" .Preguntó Ginny acercándose a Harry. "Yo no los he tratado mucho, pero esos muggles son…"
"Detestables" .Murmuró para sorpresa de todos el profesor Snape. "Albus, ¿Cómo puede ser que permitieras que el muchacho acabase con Petunia?"
"Me temo, Severus, que fue un mal necesario" .Respondió mirando a Harry.
El muchacho asintió a desgana. "El profesor tiene razón. Aunque desagradable, fue necesario. Al dejarme con mi tía, cerró el escudo de magia antigua que mi madre me había otorgado con su sacrificio. Esa magia estaba en mi sangre y para estar a salvo, tenía que vivir con la única persona que aún tenía la sangre de mi madre. Osease mi tía petunia" .Explicó.
"Pero crecer con Dudley" .Repuso Ron con cara de asco.
Aquel comentario les hizo soltar pequeñas risitas.
"Bueno, Harry" .Dijo el profesor Dumbledore. "No creo que haga falta que nos enseñes muchos recuerdos de tu vida con los Dursley, pero me gustaría que viésemos algunos que resumieran un poco tu vida hasta que recibiste la carta de Hogwarts"
El muchacho asintió y se llevó la varita hasta su sien derecha. Tras pensar en algunos momentos de su infancia, separó la varita con lentitud y una delgada hebra dorada se desprendió hasta quedar colgando de la punta de su varita. Depositó el recuerdo en el pensadero y de inmediato la extraña substancia se arremolinó girando en el fondo, emitiendo pequeños destellos. Golpeó suavemente el pensadero con la varita y de inmediato los recuerdos que había depositado comenzaron a girar con más rapidez, hasta difuminarse y mostrar claramente lo que parecía una calle de un barrio muggle vista desde arriba, como si el pensadero fuese una especie de ventana situada en un techo invisible.
"Perfecto" .Musitó el director observando la solitaria calle de Privet Drive. "Vamos adentro"
Los tres jóvenes se removieron nerviosos junto a Harry.
"¡OH! Disculpad, que no os hemos explicado" .Se disculpó sonriente el director. "Para ver los recuerdos de Harry, tenemos que hundir el rostro en el pensadero" .Explicó.
Algo nerviosos, los tres jóvenes se colocaron alrededor del escritorio junto a Harry y los dos profesores.
"A la de tres" .Informó el director. "1, 2, 3…"
Todos se inclinaron hacia la vasija y nada mas rozar la superficie con la nariz, Harry se vio impulsado hacia el fondo, cayendo de cabeza hasta que su cuerpo dio la vuelta y aterrizó suavemente sobre la calzada que cruzaba privet Drive. A su lado, Ron, Hermione y Ginny miraban asombrados en derredor.
"¡Esto ha sido un pasote!" .Exclamó Ron sonriendo de oreja a oreja.
"Gracias por su entusiasmo, señor Weasley" .Repuso sonriente el director. "Harry, si no me equivoco, aquí es donde vive tu tía"
El muchacho asintió. La calle de Privet Drive estaba tal como siempre la había visto. Los pulcros jardines con sus setos perfectamente recortados, los flamantes coches aparcados frente a los garajes y los números de latón de las puertas brillando a la luz del sol.
"Este recuerdo es de cuando yo tenía aproximadamente seis años" .Informó a los presentes, dirigiéndose calle abajo. "No tardaré en aparecer por aquí" .Señaló hacia la esquina.
No habían hecho más que situarse a su altura, cuando un pequeño Harry de seis años apareció ante ellos. Vestía ropa vieja y demasiado grande para él, y sus gafas estaban rotas, sostenidas tan solo por un poco de cinta aislante que evitaba que se le cayeran. A su espalda, llevaba una mochila algo deshilachada, ya que supuestamente volvía del colegio. Caminaba cabizbajo y algo encorvado, dando la sensación junto con su ropa, de que era mucho más bajo y enclenque de lo que parecía.
"Merlín, Harry" .Murmuró Ginny tapándose la boca con la mano. "¿Te hacían vestirte así?"
Harry no contestó. Le daba vergüenza que lo vieran de aquella forma. Ni si quiera la Ginny de su mundo sabía del todo lo que él había pasado en su infancia.
Siguieron con la mirada al niño que caminaba solo por la calle desierta en dirección a casa de sus tíos.
"Harry, ¿Qué nos quieres enseñar con esto?" .Preguntó Ron en voz baja.
"Ahora lo veréis" .Murmuró sin quitar la vista de su yo mas joven.
De pronto y sorprendiendo a todos los observantes menos a Harry, de detrás de unos setos aparecieron unos niños que obviamente lo habían estado esperando. El pequeño Harry alzó la cabeza y el pánico se reflejó en sus ojos verde brillante, ocultos parcialmente por las gafas remendadas.
El grupo de cuatro niños, capitaneados por un Dudley mucho más pequeño del que Harry recordaba, se abalanzó riendo hacia el pequeño Harry que dio media vuelta y salió corriendo para evitar que lo atraparan. El niño saltó varios setos, seguido muy de cerca por la banda de Dudley que casi le había dado alcance.
"Vamos a seguirlos" .Dijo Harry comenzando a caminar hacia la esquina.
Todos se apresuraron tras él. Llegaron a tiempo de ver como le tendían una trampa entre el grupito de niños y lo capturaban, dejándolo a merced del mas grandote que daba la casualidad de ser su propio primo. Durante varios minutos, Dudley se rió de él, mientras le golpeaba repetidamente hasta hacerle sangrar la nariz, mientras los otros tres niños lo sujetaban para que no se moviese.
El grupo de niños se marchó riéndose, dejando al pequeño Harry llorando en el suelo, con las gafas nuevamente rotas y la camiseta manchada por la sangre que le brotaba aún de la nariz.
"Merlín" .Murmuró Hermione al borde de las lágrimas. "¿Cómo pueden ser así?"
El muchacho no contestó. Aún tendrían que ver muchas cosas más. Aquel recuerdo acabó y una espesa niebla los envolvió hasta difuminarse y dejarlos en un nuevo recuerdo.
En aquella ocasión se encontraban dentro de la casa de sus tíos, en el número cuatro de Privet Drive, más concretamente en el salón de la casa de los Dursley.
El mismo pequeño Harry se encontraba sentado en la alfombra, jugando con lo que parecían soldaditos de plástico rotos. A alguno le faltaba la cabeza, otro sostenía un fusil inexistente y muchos otros carecían de alguna extremidad.
Parecía ser otro día distinto del que habían visitado, ya que las gafas del niño volvían a estar arregladas y la ropa que usaba era distinta a la del recuerdo anterior, aunque igualmente vieja y holgada.
El niño parecía estar divirtiéndose, tras las gafas, sus ojos esmeralda brillaban con intensidad y una suave sonrisa curvaba sus labios.
"Harry, estás monísimo ahí" .Musitó Ginny con sonrisa angelical observando al niño.
"Harry, no veo fotos tuyas" .Musitó Ron mirando a su alrededor.
En efecto y como Harry ya sabía, las fotos que decoraban los muebles y estantes del salón, así como las fotos de toda la casa, mostraban imágenes de Dudley ya fuese de bebé con distintos gorritos ridículos, o ya de más mayor jugando con sus padres, en parques de atracciones o simplemente posando en el decorado de algún fotógrafo profesional.
"Y ni las verás" .Dijo en voz baja mirando hacia la puerta, esperando lo que sabía que sucedería a continuación.
Todos lo miraron asombrados, pero al ver lo que el muchacho observaba evitaron comentarios y esperaron.
Al instante, el rollizo Dudley apareció en el umbral de la puerta del salón y quedó unos segundos observando al pequeño Harry, que ajeno al escrutinio de su primo, continuaba jugando feliz.
El niño sonrió perversamente y se acercó hasta la alfombra, se inclinó sobre el pequeño Harry y le arrancó de las manos las pequeñas y maltrechas figuras de plástico.
"¡Esto es mío!" .Gritó, y de un empujón tumbó al niño que rápidamente se incorporó y empujó a su vez a Dudley.
"¡Devuélvemelo, Dudley!" .Gritó el pequeño Harry. "¡Tu no los estabas usando!"
El rollizo niño volvió a empujar al pequeño Harry que cayó de bruces al suelo. "Me da igual, son míos y no te los dejo" .Declaró con perversidad.
El Harry del recuerdo dio media vuelta aún en el suelo y fulminó a su primo con la mirada. Se le veía furioso, sus ojos verdes brillaban intensamente por la ira. "¡Yo también quiero jugar!" .Chilló, y para sorpresa de todos, pero sobretodo de Dudley, un jarrón cercano estalló, lanzando esquirlas de porcelana por todo el salón.
"¡Mamá!" .Gritó el pequeño Dudley aterrorizado.
Se escucharon unos rápidos pasos y la alta figura de tía Petunia entró en el salón.
"¿Qué ha pasado, peoncita mía?" .Murmuró pasando de largo por el lado de Harry que continuaba tirado en la alfombra y abrazó al rollizo Dudley que comenzó a sollozar.
"Me ha cogido los juguetes y ha roto tu jarrón" .Gimoteó el niño señalando los pedazos esparcidos por todo el salón.
Tía Petunia observó con el entrecejo fruncido el jarrón roto, los juguetes viejos y estropeados que su hijo tenía en sus regordetas manos y a continuación fijó su mirada en el pequeño Harry que continuaba tirado en la alfombra, a una buena distancia de donde el jarrón había estado colocado. La realidad de lo que había sucedido la hizo palidecer de golpe. Clavó sus brillantes ojos como pequeñas cuentas en el niño y su rostro se comenzó a teñir de rojo por la ira.
"Otra vez no" .Musitó de modo casi inaudible. "Eres un pequeño monstruo" .Gruñó dirigiéndose al pequeño Harry que había dejado de estar furioso para estar aterrado.
"Tía Petunia, yo no he sido, no he roto el jarrón" .Gimoteó retrocediendo torpemente arrastrándose por la alfombra.
"¡No seas mentiroso!" .Chilló su tía aferrándolo con una nudosa mano y levantándolo de un brusco tirón. "No pienso aguantar eso en mi casa. ¡Castigado en tu alacena hasta que vuelva tu tío y entonces verás!"
"¡No, yo no he sido!" .Chillaba el pequeño Harry entre lágrimas mientras su tía lo arrastraba fuera del salón. "¡No volveré a hacerlo!" .Suplicaba intentando soltarse del agarre de su tía.
Pálidos por lo que estaban viendo, el Harry adulto y sus acompañantes siguieron a su tía y al Harry del recuerdo.
"Ni una palabra más, cuando venga tu tío hablaremos" .Sentenció cuando alcanzaron la alacena que había debajo de las escaleras.
La abrió y antes de que metiese de un empujón al niño y volviera a cerrar la puerta dejándolo allí encerrado, pudieron ver en el interior un delgado y maltrecho camastro junto a unas pocas ropas viejas y holgadas que sin duda, eran pertenencias de Harry.
Permanecieron varios minutos escuchando los ahogados sollozos del niño a través de la puerta de la alacena. A sus espaldas, Dudley salió del salón y se dirigió a la cocina, dejando olvidados sobre la alfombra los muñecos con los que había estado jugando el pequeño Harry pocos minutos atrás.
La niebla volvió a envolverlos una vez más, para transportarlos a otro recuerdo.
"¿Te encerraban mucho en esa alacena?" .Preguntó Ginny con los ojos llorosos. Al parecer era la única que se había atrevido a pronunciar palabra en el tenso silencio que los había envuelto.
"Ese fue mi dormitorio hasta que recibí la carta de Hogwarts" .Contestó con voz ronca.
Revivir aquellos recuerdos le hacía sentirse extraño. Aunque en aquellos momentos no se llevaba mal con su primo, e incluso podría decirse que mantenía una relación cordial con su tía, aquellos recuerdos le hacían aflorar pensamientos que hacía mucho tiempo que no tenía.
La niebla volvió a aclararse y se encontraron en lo que bien parecía el patio del colegio. Había muchos niños de distintas edades. Algunos charlaban, otros se columpiaban, algunos otros jugaban y reían pasándose una pelota. Todos parecían divertirse mucho, todos salvo uno.
El pequeño Harry, ahora quizá un año después, caminaba solo, apartado del resto de los niños. Vestía como de costumbre la vieja ropa de Dudley que le venía al menos cuatro tallas más grande. Casi nadie parecía hacerle caso y los pocos que lo observaban, o bien lo hacían con desprecio, o lo hacían con lástima. Y si a alguno parecía pasársele por la mente acercarse, desviaban la vista hacia el grupo de Dudley y con un gesto de temor cambiaban de opinión y se alejaban presurosamente por si alguno de los amigos de Dudley se daba cuenta de que habían estado a punto de hablarle.
"¿Siempre era así?" .Preguntó Ron.
Harry asintió. "No tuve ningún amigo hasta llegar a Hogwarts. Siempre que alguien intentó acercarse a mí, la banda de Dudley los amenazaba. Al cabo de un tiempo, nadie tuvo valor para ni si quiera hablar conmigo"
Hermione se limpiaba las lágrimas sin parar de observar al pequeño Harry que parecía distraído, mirando a través de una Berja como paseaban los transeúntes.
"Será mejor que vengamos hacia aquí" .Les llamó Harry la atención. "Si no recuerdo mal, la acción sucederá por esta parte de aquí"
Todos lo siguieron sin pronunciar palabra. Los ojos de Dumbledore hacía rato que habían dejado de brillar como de costumbre y el profesor Snape mantenía la mandíbula apretada, y murmuraba cosas para sí mismo con voz tan baja que Harry no escuchaba más que un leve zumbido.
"¿A que esperamos?" .Preguntó Ginny aferrándose al brazo de Harry.
"Ahora lo verás" .Musitó señalando con un gesto de la cabeza al grupito de Dudley que cuchicheaban entre sí, echando miradas hacia donde se encontraba el pequeño Harry aún distraído y se reían.
"Merlín, ¿es que no pueden quedarse quietos sin molestar a nadie?" .Preguntó Ron apretando los puños con las orejas mas rojas que Harry le había visto en mucho tiempo. "No comprendo como pueden ser tan odiosos"
Hermione asintió en conformidad apoyándose contra su hombro y observando sin querer perderse detalle de lo que iba a suceder.
El grupito de Dudley cuchicheó unos pocos segundos más y a continuación se fueron dispersando cada uno en una dirección.
"¿Se marchan?" .Preguntó Hermione esperanzada.
"No, se dispersan para evitar que se escape" .La corrigió Ron observando con el entrecejo fruncido el lugar donde se habían apostado los amiguitos de Dudley.
El pequeño Harry continuaba ajeno a lo que lo esperaba, pero por poco tiempo. Dudley se le acercaba sonriendo como un idiota y balanceando su rechoncho cuerpo al caminar.
"¡Ey primo!" .Lo llamó el niño.
El pequeño Harry dio un respingo, giró la cabeza en su dirección y al verlo tan cerca, solo pudo salir corriendo.
De inmediato Dudley comenzó a perseguirlo corriendo desmañadamente tras él, pero Harry era mucho más rápido. Lamentablemente Dudley y su pandilla ya habían contado con eso. Interceptando al pequeño en su dirección, apareció uno de los compinches de su primo y se vio obligado a girar hacia otro lado para huir de sus dos perseguidores.
Fuese por suerte o por que había visto a los demás, Harry corrió en la única dirección donde no había apostado ningún amigo de Dudley. Por otra parte, el resto de los niños que jugaban en el patio, se habían apartado sin obstaculizar ni a Harry en su huida, ni a Dudley y su pandilla en la persecución. A ninguno de ellos les gustaba involucrarse en aquella actividad, pero tampoco deseaban ser el blanco del grupo de Dudley.
Los niños persiguieron al pequeño Harry hasta un recodo en el patio que daba a un callejón. Al fondo de éste, junto al muro del colegio, se amontonaban varios cubos de basura. Sin detenerse, el pequeño Harry corrió hacia allí a toda velocidad con la evidente intención de saltarlos. En el momento en el que dio el salto, su cuerpo se elevó cada vez más y más, hasta que acabó abrazado a la chimenea que sobresalía por encima del tejado.
"¡A eso lo llamo yo un salto!" .Exclamó Ron riéndose a carcajadas de las caras de asombro de Dudley y su pandilla.
"No te rías Ron" .Lo regañó Hermione. "Mira a Harry, está asustado"
En efecto así era. El pequeño Harry, ignorante de cómo había hecho aquella proeza, lloriqueaba aterrado, mientras se aferraba con todas sus fuerzas a la chimenea de piedra.
La niebla volvió a envolverlos para mostrarles un nuevo recuerdo.
"He de decir que esa prueba de magia accidental ha sido realmente prodigiosa, Harry" .Le dijo el profesor Dumbledore con sus ojos titilando por primera vez desde que habían entrado al pensadero.
"Gracias profesor" .Dijo sonriendo tímidamente.
"¿Qué te hicieron por eso?" .Preguntó Ginny aún aferrada a su brazo.
"No lo recuerdo" .Repuso Harry evadiendo la respuesta. "Me castigaron demasiadas veces por magia accidental como para recordar una en específico"
Ante estas palabras, Ginny aferró con más fuerza su brazo.
Durante un buen rato pasaron de recuerdo en recuerdo, mostrando más etapas de la vida de Harry con los Dursley, y de los efectos que producían sus estallidos de magia accidental. En algunas ocasiones se echaron a reír a carcajadas, como en la ocasión en la que Harry volvió de color azul la peluca de un maestro, para volver a enfurecerse minutos después al ver que ese percance significaba un nuevo castigo en la alacena y días sin comer prácticamente nada.
La niebla volvió a aclararse una vez más y se encontraron en lo que parecía un zoológico muggle. Se encontraban allí por el cumpleaños número once de Dudley. Junto a tío Vernon y tía Petunia, se encontraban Dudley y uno de sus amigos, ahora más crecidos. Tras ellos y un poco apartado, caminaba Harry, un poco mas alto, pero aún vistiendo de aquella forma tan extraña, con la ropa vieja de su primo.
"Harry, aquí pareces ya como te conocí" .Señaló Hermione. "Tiene que faltar bien poco para que te llegara la carta ¿verdad?"
Harry le sonrió. "Exacto. Éste es el día del cumpleaños de Dudley así que para el mío faltaba bien poco"
"¿Por qué te trajeron a este cumpleaños?" .Preguntó Ginny observando a los Dursley que parecían ignorar mayormente al pequeño Harry que los seguía.
"Resulta que para esa fecha, la señora Figg había sufrido un pequeño percance y no podía cuidarme" .Respondió Harry con una sonrisa. "Así que no tuvieron mas remedio que llevarme con ellos"
Sin decir nada más, siguieron al extraño grupo por todo el zoológico, hasta que llegaron al serpentario. Decenas y decenas de vitrinas guardaban multitud de reptiles entre los que abundaban en su mayoría las serpientes de todos los colores y tamaños. Dudley y su amigo Piers encontraron rápidamente la más grande, que dormitaba tranquilamente en una enorme vitrina con sus escamas brillando intensamente.
"¡Haz que se mueva!" .Exigió Dudley a su padre.
El tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente ni si quiera se inmutó. Parecía completamente dormida.
"Hazlo de nuevo" .Ordenó el niño.
"¡Que niño mas odioso y maleducado!" .Exclamó Ginny. "No se como pudiste aguantar sin ahogarlo por la noche con su propia almohada" .Murmuró aferrada con fuerza a su brazo.
En el recuerdo, tío Vernon golpeó nuevamente el vidrio, pero la serpiente continuó sin moverse.
"Esto es aburrido" .Musitó Dudley alejándose de allí.
En aquel momento y aprovechándose de que su primo se había alejado, el pequeño Harry se acercó al vidrio y contempló a la serpiente, como su primo había estado haciendo segundos atrás. Tras unos momentos de estar allí parado, la serpiente abrió los pequeños ojos y alzó la cabeza para mirar al pequeño Harry, que la miraba fijamente y visiblemente asombrado. De pronto y para asombro de todos los presentes excepto Harry, la serpiente le guiñó un ojo al niño. Rápidamente miró a su alrededor, por si alguien más lo había visto. Tras comprobar que nadie le prestaba atención, volvió a fijar sus verdes ojos en la serpiente y le devolvió el guiño. A continuación, la serpiente giró la cabeza en dirección a los Dursley, volvió a mirar a Harry y alzó la mirada al cielo como exasperada.
A continuación, el niño comenzó a sisear suavemente. En aquel momento, Harry no había sido consciente de que hablaba Parsel, pero por la fuerza con la que Ginny le apretaba el brazo, supo que el resto no habían dudado ni un solo instante de lo que ocurría.
"¿Hablas Parsel?" .Preguntó Ron con voz ronca.
Todas las miradas se habían vuelto hacia él. Las de Ron, Hermione y Ginny con temor, la de Dumbledore serena, tan solo esperando la respuesta de Harry y la de Snape fría y calculadora como aquella ocasión en el club de Duelo de su segundo año.
"No, ya no hablo Parsel" .Aclaró Harry, mientras en el recuerdo su yo mas joven continuaba emitiendo silbidos ahora incomprensibles para él.
Los ojos de Dumbledore brillaron con lo que a Harry le pareció comprensión, pero las preguntas que podía haberle hecho fueron acalladas por el grito de Piers del recuerdo.
"¡Dudley! ¡Señor Dursley! ¿vengan a ver a la serpiente! ¿no van a creer lo que está haciendo!"
Todos se giraron al unísono a ver lo que sucedía en el recuerdo.
Dudley corría contoneándose, lo más rápido que sus rechonchas piernas le permitían hasta situarse junto al pequeño Harry.
"Quita del medio" .Gruñó dándole un empujón y lanzando al niño de golpe al suelo de cemento.
"Maldito mocoso" .Gruñó Ginny echando mano a su túnica para coger la varita.
Pero lo que fuese a hacer Ginny a parte de que en el recuerdo sería inútil, no hubiese hecho falta. El pequeño Harry miró con furia a su primo que se había situado en el lugar que él había ocupado antes de que lo apartara con un empujón. De pronto y sin saber como, el vidrio que guardaba a la enorme serpiente se desvaneció como si no hubiese existido, y de inmediato la descomunal criatura se desenrolló pasando entre los dos niños que chillaban aterrados, se deslizó reptando cerca de donde se encontraba el pequeño Harry aún sentado en el suelo y con leves siseos se alejó, provocando el caos en todo el serpentario.
"Eso ha sido buenísimo" .Exclamó Ron entre carcajadas.
Los tres jóvenes se desternillaban de risa. Ginny, en vez de estar aferrada a su brazo, ahora reía a carcajadas como los otros dos, apoyándose en el hombro de Harry. Los ojos del profesor Dumbledore brillaban intensamente por la diversión, e incluso el profesor Snape tenía los labios tensos, como si hiciese esfuerzos por no sucumbir también a la risa.
A su alrededor la niebla los cubrió de nuevo, pero en esa ocasión, no mostró más recuerdos.
"Profesor, este es el último recuerdo antes de recibir la carta de Hogwarts" .Dijo Harry una vez que todos se hubieron calmado.
"De acuerdo, salgamos de aquí y continuaremos viendo tus recuerdos del primer curso" .Indicó el anciano director aferrando el brazo de Ron y Hermione.
Harry asintió y rodeando a Ginny por la cintura, hizo que salieran del recuerdo, directamente hacia el despacho de Dumbledore.
N/A: Hola a todos.
lamento mucho haber tardado tanto en actualizar, pero han surgido algunos problemas. entre las fiestas navideñas y que se me ha estropeado el pc, no he podido hacer nada.
ahora me he comprado un mac, y aún estoy aprendiendo a utilizarlo. como muchos sabéis, y si no lo sabéis aún os lo digo yo, soy ciego y usar un pc nuevo a veces nos cuesta mucho. más aún cuando es un sistema operativo totalmente distinto.
Por suerte, conseguí sacar del pc el tic antes de que se estropeara el pc definitivamente. así que no he perdido absolutamente nada de la historia. intentaré publicar y volver a escribir lo antes posible, pero pido paciencia, que aún me estoy acostumbrando a utilizar mi nuevo mac. aunque en breve tendré de nuevo el pc que se me estropeó. así que… poco a poco.
espero que hayáis disfrutado de este capítulo.
un saludo muy grande a todos. y espero que hayáis tenido un buen inicio de año.
