Una serie de puntos para unir

Capítulo 18 – Harry: Consecuencias

El quidditch resultó mucho mejor de lo que recordaba y perder contra Draco para nada tan malo. Hasta diría que perder fue una experiencia placentera… muy placentera. ¿Quién hubiera pensado que ducharse podía ser tan divertido?

Todo en mi vida parecía brillar desde que había admitido a Draco en mi corazón. Me hacía sentir que podía lograr todo y me había devuelto la esperanza. Su presencia me hacía feliz, era como si no necesitara nada más para vivir, como si pudiera comer, dormir y respirar Draco Malfoy.

La historia esa de "llevar el peso del mundo sobre los hombros" era para mí algo muy conocido, incluso antes de haberme enterado de la profecía. Había sentido ese peso aplastándome durante mucho tiempo. Pero Draco parecía haberme quitado todas las cargas, me sentía tan ligero como el aire. Mis espaldas doloridas podían finalmente distenderse, me sentía seguro y amado por primera vez en la vida.

Entramos al Gran Salón tomados de la mano, llevábamos varios días juntos y ya todos en la escuela lo sabían. No sabía todavía cómo lo habrían tomado mis compañeros de Casa, no había hablado mucho más con Ron desde la charla del domingo. No era que no me importara recuperar a mis amigos, en realidad era algo que me hubiera gustado mucho; pero ahora que tenía a Draco sentía que todo estaba bien, con amigos o sin ellos.

Lo miré considerando la nueva faceta de su carácter que se me había manifestado plenamente en los últimos días. Seguía siendo exaltado, impulsivo y de lengua filosa… pero también decidido, posesivo y exigente… y empezaba a descubrir vetas que nunca hubiera imaginado en él… ternura, vulnerabilidad, abnegación…

Y en ese momento parecía abrumado. —¿Te pasa algo, Vida? —pregunté, aparentemente no estaba tan libre de inquietudes como yo.

—Nada. —respondió, le hice una cara para dejarle en claro que ni remotamente me había convencido; tuvo que agregar: — Me preocupa un poco la posibilidad de que algunos puedan querer vengarse… porque estamos juntos, quiero decir. —yo me dejaba llevar por las fantasías, Draco seguía más conectado con la realidad. —¿Te referís a Mike? —pregunté—No creo que tengamos que preocuparnos por él… supongo que tratará de evitarnos… —dije para tranquilizarlo.

—Mañana tenés Encantamientos con él. —me recordó, hice una mueca.

—Ya sé… —dije. Mike y yo nos sentábamos siempre juntos, no estaba seguro de poder encontrar otro lugar libre que no fuera al lado de él.

—Si vos querés… yo podría encontrar la manera de que pudieras faltar a la clase. —lo miré con atención, parecía estar hablando en serio.

—¿Cómo podrías?—pregunté escéptico.

—Tengo algo de influencia sobre Severus. —encogió apenas los hombros restándole importancia.

Me confundió incluso más, la noción de que hubiera quien pudiera estar en buenos términos con alguien tan odioso como Snape me hizo reír. —Sólo había oído a Dumbledore y a McGonagall llamarlo así, generalmente lo usan cuando están enfadados con él.

Rió y ensayó una explicación. —Es mi padrino. — para mí seguía siendo un enigma.

—Nunca lo hubiera imaginado. ¿Cómo…?

—Es amigo de mis padres… más o menos… del tipo de amistad entre m… entre Slytherins… si me entendés lo que quiero decir… —estaba tartamudeando prácticamente, algo muy raro en Draco que sabe expresarse siempre muy bien. Y me di cuenta de cuál era la razón… pero no quise ahondar en la cuestión… no me pareció el momento conveniente, ya habría otra oportunidad.

—Pero en algún momento voy a tener que ir a clase de Encantamientos… ni siquiera Snape puede librarme de esa obligación permanentemente. —dije desviando el tema.

—¿Qué pensás que pueda pasar cuando lo veas de nuevo? —me preguntó.

—No sé. Me siento una basura por lo que le hice… pero me sentiría mucho peor si hubiese seguido con él. —pensar en el asunto realmente me ponía muy mal.

—Así que no estás arrepentido… —dijo, era claro que tenía dudas. ¿Cuándo iba a empezar a tenerme fe? Yo ya le había entregado mi corazón y seguiría siendo suyo en tanto él lo quisiera.

—¿Y me hacés una pregunta así después de lo del vestuario? —pregunté supuestamente muy ofendido.

—En general no suelo ser inseguro. —usó un tono fingidamente engreído, como siguiendo la broma, pero no le salió del todo bien. Dudaba de mis sentimientos por él.

—¿Querés decir que nunca te mostraste inseguro en todas tus relaciones anteriores? —me pasó lo mismo que a él, había querido que sonara jocoso pero no me había salido bien, yo también estaba inseguro. Quizá sea algo normal en las relaciones que son tan recientes.

—Hablaba en sentido más general… pero incluyendo también las relaciones que tuve… siempre tuve todo muy controlado. —sentí un nudo en el estómago.

—Y tuviste muchas. —se lo estaba diciendo a él pero también a mí mismo. Era algo que iba a tener que aceptar, así como él tendría que aceptar mi pasado con Ginny y Mike.

—Tuve algunas. —respondió evasivo. ¿Había alguna razón por la que no quería hablar al respecto?

No pude contener el impulso, aunque no estaba seguro de que estuviera bien lo que hacía. Lo saqué del pasillo hasta un rincón y lo urgí. —¿Cuántas?

—Harry… —gimoteó. Se resistía a hablar de eso… lo cual no hizo sino aumentar mi ansiedad.

—Presumo que fueron muchas. —dije con voz tensa.

—No muchas… —se había dado por vencido, iba a contarme— Sólo con un chico… intercambiamos besos y me dio algunas mamadas… y me acosté con un par de chicas.

—¿Quiénes? —lo presioné, se puso más incómodo aun.

—Pansy y Daphne. El chico es Blaise… que por cierto está muy celoso de vos. — el último comentario se suponía que era jocoso para distender la atmósfera, sonreí como formalidad.

—Es mejor de lo que había esperado. —para ser sincero… me sentía muy aliviado.

Sonrió y me besó. —¿Que acaso me creías un Casanova?

—Bueno… basta mirarte… —argüí con torpeza. Draco es bellísimo… divino… hubiese podido tener a quienquiera que se le antojase… lo natural era pensar que había sabido sacarle provecho.

Me besó intensa y profundamente… como la primera vez…

—Nunca nadie me había hecho sentir así, Harry. —susurró— Nunca hubiera estado dispuesto a arriesgarlo todo por otra persona. Y creeme cuando te digo que es mucho lo que arriesgo. El Malfoy que mi padre quiere que sea nunca hubiese entablado una relación con vos.

Sabía que hablaba con sinceridad. Lo que sentía por mí no era un experimento, ni una broma, era real. Y probablemente yo ya lo sabía pero me hacía tanto bien oírlo de sus labios. La siguiente pregunta era algo que quería saber desde hacía bastante.

—¿Y qué fue lo que te llevó a decidirte?

Consideró la pregunta durante un largo rato y luego se descolgó con: —Tu culo obviamente, que es el más lindo de todo Hogwarts. —no pude evitar reírme pero era claro que había recurrido a la broma para no tener que contestar la verdad.

Lo besé tiernamente. No iba a presionarlo más, no en ese momento. Ya tendríamos oportunidad de volver sobre el tema en alguna otra ocasión.

oOo

Draco se sentó conmigo en el extremo de la mesa de Gryffindor, mi lugar de exilio durante las últimas semanas. Estábamos solos, pero no me importaba, me encantaba estar solo con él. De tanto en tanto levantaba la vista para mirar a Ron y Hermione que estaban sentados a cierta distancia. Me pregunté si debería ir a sentarme al lado de ellos, pero no quería separarme de Draco… y Draco ya me había advertido que no me acompañaría… que el asunto teníamos que arreglarlo entre los tres… que él se mantendría al margen.

En ese momento me estaba diciendo que despedazaría a cualquiera que quisiera hacerme daño. Sus ojos ardían protectores. —Te amo. —le dije con toda sinceridad. A Mike nunca se lo había dicho —probablemente porque a él no lo amaba— pero desde la primera vez que se lo había dicho a Draco, al parecer se había roto dentro de mí una especie de dique de "te amos" porque se lo decía muy seguido. Y lo pensaba constantemente cada vez que lo miraba.

—¿Qué vamos a hacer esta noche? —le pregunté.

—Estoy seguro de que puedo encontrar algo que podamos hacer para que no estés pensando tanto en Granger y Weasley. —me susurró seductor. Siempre que me hablaba así me recorrían estremecimientos, ondas que tendían a ir a acumulárseme en la entrepierna.

—De eso no me cabe la menor duda. ¿Y qué de tus amigos? ¿Podríamos alternar un rato con ellos? —propuse con tono casual.

—Yo no tengo amigos, Harry. —arrugué la frente confundido.

—¿Y Crabbe y Goyle?

—Lacayos. —dijo sin pensarlo un segundo. Como si tener lacayos fuera lo más natural del mundo. ¡Es tan Slytherin! No era de extrañar que todos en su Casa lo consideraran su Rey o su Príncipe. Mencioné algunos nombres que vinieron a la cabeza— No son mis amigos, me tienen miedo, hacen lo que les ordeno, pero ninguno buscaría voluntariamente mi compañía.

No podía creer que no tuviera amigos. ¿Nadie en quien confiarse? ¿Nadie con quien pasarla bien? Yo había sufrido como si me faltara un brazo todo el último tiempo que no había tenido a mis amigos. ¿Cómo se las arreglaba Draco todo el tiempo sin amigos?

Le pregunté incluso por sus exes. Pero me aseguró que tampoco era amigo de ellos. Se permitió incluso bromear sobre Parkinson.

—¡Oh, sí sería estupendo! Pansy, aquí te presento a Harry, es mi novio, la experiencia que tuve con vos fue tan espantosa que terminé volviéndome gay.

—¡Pará! —dije entre risas y le golpeé el brazo— Sos tan boludo.

—Lo que explica la carencia de amigos. —en realidad le importaba más de lo que quería transparentar.

—Perdón… —empecé a disculparme pero él no me dejó continuar.

—No es algo que me importe, Harry. Todos esos Slytherin son el pasado. Te harían daño si pudieran… incluso te matarían si se les presentara la oportunidad. Es más, tal como están las cosas no me extrañaría que trataran de hacerme daño a mí. Pero yo no se lo voy a permitir. Es una bendición que no los cuente como amigos. Todos ellos no son sino perritos falderos del Señor Oscuro.

—¿Y vos? —pregunté. No pude contenerme. No era una cuestión que quisiera abordar en ese momento. Yo confiaba en él… pero precisaba oírlo de sus labios.

—Ciertamente, no. —sus palabras me tranquilizaron, pero aunque él no fuera uno de ellos… estaba entre ellos… y toda su vida estaba influenciada… o infectada por Voldemort. Me tomó de la barbilla—Yo no soy uno de los suyos, Harry. Nunca te voy a traicionar. Que no te importe lo que puedas llegar a ver u oír de mí. Mi lealtad es para con vos, no para el Señor Oscuro.

Había sonado sincero, pero también me pareció advertir una nota de resignación en el tono. —¿Es posible que…? ¿Podría hacerte daño?

—Sí. —dijo sin dudar. Sentí náuseas.

—¿Lo hará? —sabía que era una pregunta estúpida, Voldemort mataría hasta a su abuela si lo disgustara… ¡eso era lo que había hecho por cierto! Pero no podía aceptar la idea de que Draco estuviera en peligro.

—Si se entera de lo nuestro probablemente me mataría. —evidentemente había estado pensando en eso. Sabía que para él significaba una condena a muerte el estar conmigo… ¡y todos sabían! ¡Dios! ¿Cómo había permitido que pasara algo así?

—¡Draco! —siseé, interiormente me estaba recriminando mi necedad, yo tendría que haber anticipado que lo estaba poniendo en peligro — ¡Tendrías que habérmelo dicho! Tendríamos que haber sido más discretos.

—Pero yo no quiero que tengamos que escondernos. —dijo con decisión—Te quiero y al que no le guste… ¡que se vaya a la puta que lo parió!

—Pero es que no puedo permitir que te hagan daño por mi culpa. —susurré, sentía ganas de llorar.

—Shh… no te inquietes. Lo hecho, ya está hecho. Yo sabré mantenerme seguro, vos tenés que hacer lo mismo. —aprovechó para desviar la cuestión hacía tópicos menos sombríos— ¿que te parece si nos escabullimos para estar solos en algún lado? —me propuso con un mordisco de oreja.

—De acuerdo. —acepté enseguida, quería estar solo con él. Necesitaba de su compañía íntima, lejos de todos, porque la conversación de segundos antes me había trastornado mucho.

Apenas salimos del Gran Salón, nos detuvo la voz de Dumbledore. —Señor Malfoy, señor Potter, qué gusto de verlos, ¿cómo les va?

—Bien, señor. —respondimos a coro.

—¡Excelente! —dijo Dumbledore y agregó— Harry, me preguntaba si podríamos tener un pequeña charla en mi despacho, en… digamos… veinte minutos.

—Eh… sí, claro, señor… —dije frotándome las manos con preocupación— ¿Sobre qué? —hablar con Dumbledore era lo último que quería hacer en ese momento.

—Oh, sólo de un par de cosas. —dijo sin decir nada concreto, irritante como siempre, y entró en Gran Salón dejándonos solos.

oOo

Un rato después me dirigí al despacho del director. Draco "me había preparado" para la reunión, todavía podía sentirlo apretándome contra la pared, besándome con toda pasión.

No sabía la contraseña pero las gárgolas me abrieron paso apenas llegué al pie de la escalera.

—Harry, adelante… —me saludó y me invitó a sentarme— Gracias por venir. ¿Te apetecería una cucaracha de chocolate?

—No, gracias señor. —dije sentándome, no había vuelto a entrar en el despacho desde la vez que había destrozado todo tras la muerte de Sirius.

—¿Cómo está yendo todo? Lamento admitir que este año no he podido prestarte la debida atención. Tengo entendido que has tenido algunos problemas con tus compañeros de Casa.

—Así es, señor. Algunos problemas. —no quería entrar en detalles, que por otra parte no hacían falta porque Dumbledore ya los conocía. Toda la escuela los conocía— Pero, por suerte, creo que las cosas han empezado a reencaminarse.

—Bien, bien… me alegra oírlo… ¿y tu amigo Ravenclaw?

—¿Se refiere Ud. a Michael Corner, señor? —asintió— Era mi novio, a decir verdad, estuvimos saliendo durante algunos meses. Pero ya hemos dejado de vernos.

—¡Oh que lástima! Siento que se haya terminado.

—No se inquiete, profesor, fue mi decisión.

—Pero las rupturas siempre son algo traumáticas… Me preguntaba también sobre tu nueva relación con el señor Malfoy… siempre tuve la impresión de que no se llevaban bien.

—Lo cierto es que nos llevamos muy bien. —lo amo, pensé.

—¿Acaso imaginé todas esas penitencias por peleas, bromas crueles y violentas, insultos? —preguntó desafiante.

—Lo cierto es que tuvimos muchos… malentendidos durante años, pero ahora nos llevamos excelentemente bien. —no me gustaba el rumbo que tomaba la charla, Draco había estado en lo cierto, la intención de Dumbledore era separarnos.

—Me preocupa tu amistad con él, Harry. —dijo poniéndose muy serio—Vos sabés muy bien de las fuertes conexiones que su familia tiene con Voldemort. ¿Sabés con certeza en lo que te estás metiendo?

—Con respecto a él estoy totalmente seguro de lo que hago. —dije cortante, me empezaban a subir los colores a la cara a medida que me iba enojando, trataba de controlarme para no gritarle en la cara que mi relación con Draco no era asunto suyo.

—No puedo prohibirte que lo veas…

—Eso es, ¡Ud no puede prohibírmelo! ¡Y aunque pudiera…! —le estaba gritando, me obligué a callarme, le debía respeto incluso ahora que se estaba metiendo en cuestiones que no le concernían.

—Sé lo que se siente cuando uno está enamorado… y también sé lo terrible que es cuando el amor nos traiciona. —probablemente era cierto si podía creer la tristeza que le nubló los ojos en ese instante.

—Él no va a traicionarme. —dije en voz baja pero con seguridad— Me ama. Lo sé. Y es mucho lo que está arriesgando… todo. Podrían incluso matarlo por esto… ¿lo sabe Ud.? Se está arriesgando incluso a morir para poder estar conmigo. —se me quebró la voz, había sentido mis propias palabras como una daga que se me clavara en el corazón.

—¿Cómo podés estar seguro de que no se trata de algo planeado? —me sentí otra vez hervir de enojo, le acababa de decir que Draco se había puesto en peligro de muerte y a él parecía no importarle— ¿Cómo podés estar seguro de que no te está seduciendo para atraerte a una trampa? Tenés que tener mucho cuidado con él, Harry.

—¡No es una trampa! —chillé. Remus me había advertido lo mismo unas semanas antes, pero entonces yo no estaba seguro como ahora, las cosas habían cambiado. —¡Ud. no es quién para decirme lo que puedo o no puedo hacer! Dejaría que Draco me llevara dondequiera, ¡iría con él con los ojos vendados! ¡Porque lo amo y confío en él!

—¡Harry, no seas necio! —había alzado la voz por primera vez desde el comienzo de la conversación— ¡No arrojes tu vida a la basura por un capricho de tu corazón!

—¡No soy necio! ¡Draco me es leal! —me puse de pie para irme, no le iba a permitir que tratara de ensuciar nuestra relación— Y él va a probar su lealtad, ¡y cuando lo haga el que quedará como un necio será Ud.! —dicho lo cual salí del despacho sin hacer casos de sus llamados para que regresara.

oOo

Cuanto más me alejaba del despacho del director tanto más me crecía la furia. Recordaba la conversación una y otra vez y las palabras sonaban peores y peores. Dumbledore no sabía nada de mí y yo no le importaba en absoluto. Sabía que los Gryffindors me habían hecho a un lado pero no se había acercado para brindarme una palabra de consuelo. Pero claro, ahora que su preciada estrategia de guerra se veía supuestamente amenazada se mostraba muy preocupado por mí. ¡Que se vaya a la concha de su madre! Que no viniera a meter las narices en mi vida.

Me detuve unos momentos para respirar hondo varias veces tratando de calmarme. Iba a ir a los subsuelos a buscar a Draco y no quería que me viera así, si me veía tan trastornado era capaz de ir a la dirección a atacar a Dumbledore. Ya era pasada la hora del toque de queda pero no me importaba, tenía que ver a Draco.

Minutos más tarde golpeé con violencia a la puerta de los cuarteles de Slytherin. Atendió uno de quinto, lo conocía vagamente, un pelotudo abusador como todos los Slytherins. —Draco Malfoy. —dije directamente sin formalidades de ningún tipo.

—¿Venís en busca del culito del maricón de tu novio, Potter? —le devolví una mirada asesina que le arrancó una mueca de miedo.

—Rajá de acá, Potter. —era Parkinson la que había hablado y que se acercó en ese momento— Draco no quiere verte.

—Tengo completa certeza de que eso no es verdad, Parkinson. —repliqué con aspereza— Por favor, andá a avisarle que estoy acá.

—No.

—Te convendría ir a llamarlo. No se va a poner precisamente contento cuando le cuente mañana que vine a verlo y que no quisieron avisarle de mi visita.

—¿Qué te hace pensar que vas a verlo mañana? —dijo con una mueca de desdén y una risita. Se me congeló la sangre en las venas, supe de repente que algo muy malo estaba pasando.

—¡Qué le hiciste, conchuda de mierda? —vociferé yéndomele encima, pero el chico de quinto me empujó violentamente y cerró la puerta dejándome afuera caído en el suelo.

Sentía que no podía respirar. No podía pensar con claridad. ¡Y Draco estaba en peligro! Me puse de pie con torpeza y corrí a la torre de Gryffindor. Parecía que no iba a llegar nunca, las escaleras parecían haberse multiplicado. ¿Qué le habrían hecho? ¿Dónde estaba? ¿Quién lo había atacado? El pánico me dominaba por completo.

Después de lo que me pareció una eternidad logré llegar hasta mi dormitorio. Ron estaba leyendo en su cama, pero apenas si noté su presencia. Fui derecho a mi baúl y empecé a revolver desesperado.

—¡Eh, Harry! ¡Calmate! ¿Qué te pasa?

—Er… hum… —no podía hablar. Alcé la mirada hacia Ron que estaba parado a mi lado… y me desmoroné. Me volvió la conversación con Draco, diciéndome que podrían matarlo… y yo mismo admitiendo ante Dumbledore el riesgo que corría Draco. Era demasiado para soportarlo. Rompí a llorar desconsolado. Todo se volvió turbio a mi alrededor. ¡Draco podía estar muerto!

—¡Merlín, Harry! ¿Qué pasó? —Ron me tomó de los hombros, me hizo poner de pie y me sacudió un poco. Los sollozos me ahogaban.

—Draco… no está… se lo llevaron… —no podía coordinar las palabras, no podía pensar, me decía que tenía que ser fuerte… pero me dominaba la angustia y volví a caer al suelo… necesitaba el mapa y el manto… ¡tenía que ser el héroe para mi amado! Héroe, ¡cómo odiaba esa palabra! Todos estaban convencidos de que era un héroe… y ahora que el hombre que amaba me necesitaba… ¡ahí estaba gimoteando como Myrtle!

Ron me dejó llorando, fue hasta el baúl y sacó el manto y el mapa, lo estudió durante varios segundos y luego me hizo poner de pie. —Está en los subsuelos rodeado por otros veinte Slytherins, o están en una fiesta o tu galán está en serios problemas. ¡Vamos!

Yo sabía que no estaban en una fiesta. Draco estaba en serios problemas. Me entraron ganas de vomitar, quizá si vomitaba mi cerebro iba a recuperaría el funcionamiento normal. Ron me llevó prácticamente a la rastra escaleras abajo, Hermione se nos unió en la sala común, los tres enfilamos con un trotecito corto rumbo a los subsuelos, era tardísimo pero ni nos molestamos en cubrirnos con el manto. Durante la marcha Ron le informó a Hermione lo que pasaba y hacia dónde íbamos.

El aire frío de los corredores me hizo bien, las lágrimas se me secaron y se me despejó un poco la mente. Ron se dio vuelta y me preguntó cómo la iba llevando. —Bien. —le respondí. No era cierto, y Ron lo sabía.

Entramos corriendo en los subsuelos y al doblar en el primer recodo nos topamos con Snape y tuvimos que detenernos.

—¡Vaya sorpresa! Y yo que pensaba que el Trío Dorado se había disuelto.

—Profesor, ¡déjenos pasar! —lo urgí.

—¿A qué se debe esta estampida de Gryffindors a horas tan poco venidas?

—Profesor, ¡es Draco! ¡Está en problemas! Tiene que dejarme pasar. —rogué. La expresión le cambió de repente a una emoción que muy raramente dejaba ver: preocupación. —Por favor, tiene que ayudarme. Fui a buscarlo a los dormitorios de Slytherin… Parkinson prácticamente me dijo que lo tenían… ¡y que no esperara verlo aparecer mañana para desayunar!

—¿Y qué le hace pensar que sabe dónde lo tienen, Potter? —preguntó con tono desafiante. Pero no había dicho "si lo tienen", había dicho "dónde lo tienen". Él también sabía que era posible que Draco estuviera en grave peligro. Mi amante me necesitaba, no podía quedarme ahí parado sin poder hacer nada.

—Yo lo sé. ¡Por favor! —supliqué— ¡Tenemos que darnos prisa!

—Está bien, Potter. Adelante, lo sigo.

Fue Ron el que tomó la delantera, era él el que sabía el lugar, yo no había mirado el mapa. Tuvimos que andar un largo rato por los pasillos. En un momento Ron tuvo que detenerse para consultar el mapa una vez más. Tanto Snape como yo espiamos por encima de sus hombros, estábamos cerca. Draco estaba detrás de la puerta que teníamos al frente a unos cuantos metros.

Corrí y la alcancé en segundos, no estaba cerrada con llave, entré sin tomar ningún tipo de precaución. Draco me necesitaba.

Había una multitud de alumnos en la habitación, a algunos los conocía, a otros no. Empecé a abrirme camino con violencia sin importarme si lastimaba a alguien o no, mi único objetivo era Draco, tenía que llegar a él como fuera. Hubo gritos y chillidos y manos que querían retenerme, pero me los saqué de encima. El corazón parecía que me fuera a explotar en el pecho, el pánico me cegaba.

Lo primero que distinguí fue el pelo, sus maravillosos cabellos platinados. Y luego pude verlo entero, yaciente, inerte, más pálido que nunca, la boca abierta, el rostro sin expresión. Blaise, estaba arrodillado a su lado… ¡y estaba manoseándolo! Como un cazador orgulloso de la presa que había cobrado. Lo toqueteaba como si fuera de él. ¡Pero Draco era mío!

Y parecía más que contento de tener a Draco así, herido, indefenso, vulnerable. —¡Te voy a matar hijo de puta! —aullé y le salté encima y lo aplasté contra el suelo. Y le pegué una y otra vez, con toda saña, nadie le hacía eso a Draco y podía escapar impune. Pronto la tez negra del rostro quedó roja de sangre. Poco me importaba, más aún, la vista de la sangre me llenaba de satisfacción. Finalmente Hermione me agarró de los hombros y me retuvo los brazos.

Me obligó a dejarlo y me ayudó a ponerme de pie. La habitación había quedado casi vacía. Snape había levitado a Draco y se lo estaba llevando. Se movía rápido, el rostro tenso, serio y apesadumbrado. Me apuré para alcanzarlo. —¿Está bien? ¿Se va aponer bien? ¡Dígame! —pero Snape no me contestó.

Empezamos a subir unas escaleras. Draco seguía inconsciente y los brazos se le balanceaban con el movimiento. Me hubiera gustado tomarle una mano pero no quería provocar una demora, era necesario que lo lleváramos al ala hospitalaria lo más pronto posible. ¿Y si le pasaba algo… irremediable? ¿Cómo iba a poder seguir viviendo sin él?

—¡Dígame, hábleme! ¿Se va a poner bien? —le pregunté una vez más— ¡Snape!

—¡Cállese, mocoso necio! —siseó Snape— Esto es todo culpa suya. Ustedes los Potter siempre interfiriendo en la vida de los otros. ¡Se roban corazones que nunca debieron ser suyos! Si no se hubiera metido con él, mi ahijado ahora no estaría luchando para sobrevivir.

Habíamos llegado al hospital. Snape llamó con gritos urgentes a madame Pomfrey. Pero yo no entré, me había quedado paralizado en la puerta. Draco podía morirse… ¡y era por mi culpa! ¡Mi culpa… mi culpa…!

Ron y Hermione se me habían acercado y me flanqueaban. Me hizo sentir bien que estuvieran conmigo. De pronto empecé a sentir mucho calor, y empecé a marearme, el piso parecía moverse y las paredes… daban vueltas… todo perdía nitidez… —¿Por qué hace tanto calor? —pregunté, y de repente todo se volvió negro.

oOo

Cuando recobré la consciencia me sentía muy mal, me dolía la cabeza y todo el cuerpo. Estaba sobre el suelo, todavía a la puerta del hospital.

—Te desmayaste. —me informó Hermione, ella y Ron me ayudaron a sentarme— Vamos, te llevaremos dentro.

—Draco. —susurré.

Me llevaron hasta una cama para que me sentara. El pabellón estaba vacío. Draco debía de estar en una de las habitaciones individuales del fondo. Snape daba pasos de un lado al otro frente a una puerta cerrada.

Snape tenía razón. Era todo mi culpa. Tendría que haberme quedado con Mike. La relación de Draco conmigo sólo le había causado problemas. Me recosté en la cama y me cubrí la cara con las manos. Existía la posibilidad de que Draco se muriera. Iba verme obligado a vivir sin sus caricias y sin su dulce sonrisa, mis peores miedos parecían hacerse realidad. Probablemente su muerte me mataría, pero sería mucho peor si no me mataba. Incluso la posibilidad de su muerte ya me hacía sufrir un dolor espantoso.

Hermione se me sentó al lado y se puso a acariciarme los cabellos. Recordé las caricias de Draco y me empezaron a brotar las lágrimas. Me acurruqué contra su cuerpo consolador. Ron se sentó al pie de la cama.

Debo de haber llorado mucho porque llegó el momento en que me quedé sin lágrimas, había entrado en una especie de sopor, los músculos parecían habérseme dormido, pero seguía oyendo los sonidos de alrededor, si bien amortiguados.

—¿Se quedó dormido? —preguntó Ron.

—Creo que sí. Hace rato que no se mueve.

—¿Podés creer lo que está pasando? ¿Cómo llegamos a esto?

—¿A qué te referís? —preguntó ella.

—Todo esto. —susurró Ron— Si hace un año alguien nos hubiera dicho que Harry iba a salir con Ginny, que la iba a engañar, que se iba a volver gay, que dejaríamos de ser amigos y que terminaría enamorado y de novio con Malfoy… ¿vos que hubieras pensado?

—Que era una sarta de disparates.

—Igual hubiera dicho yo. Jamás habría creído que llegaría a tratarlo lo mal que lo traté. Y nunca habría imaginado que era gay… y mucho menos que acabaría prendado del hurón.

—¡Ron! —lo amonestó Hermione con un siseo.

—¿Creés que alguna vez vaya a perdonarnos?

—No sé. —respondió ella con un suspiro. Me hubiera gustado decirle que sí pero seguramente no iba a ser capaz de articular sonido… y todavía no estaba seguro de que pudiera llegar a perdonarlos. Creo que después debo de haberme dormido durante un rato.

Lo siguiente que recuerdo fueron los dedos de Hermione apretándome dolorosamente los cabellos y la voz de Snape pronunciando el nombre del padre de Draco.

—¡Lucius! —me senté de golpe y el movimiento repentino me produjo un mareo, lo vi pasar por delante de la cama en dirección a la habitación del fondo.

Era natural que hubiera venido, Snape le había avisado seguramente. Draco no sólo me pertenecía a mí. Tenía su familia… y responsabilidades para con ellos. Me pregunté si luego de ver a su padre nuestra relación seguiría igual.

Si era que sobrevivía. Sentí un nuevo nudo en el estómago.

Cerré los ojos y reviví imágenes de Draco. Imágenes hermosas de los momentos felices; riendo, bromeando, estudiando, ansiando… haciendo el amor. Me calmaron un poco, volví a acostarme y a adormecerme.

Mucho después se me acercó madame Pomfrey. El pabellón estaba casi a oscuras, Lucius y Snape se habían ido. Hermione estaba dormida junto a mí y Ron en la cama de lado.

Madame Pomfrey me revisó con algunos encantamientos y aprovechó para informarme: —Lamentablemente no puedo dejar que lo veas, Lucius Malfoy lo prohibió expresamente y hasta que el propio joven Draco no contradiga la orden, tengo que hacerle caso a su padre. Técnicamente estoy obligada además a no decirte nada, pero creo que tenés derecho a saber que Draco se va a poner bien, posiblemente ya estará despierto por la mañana. Si él da su permiso vas a poder verlo.

—Gracias. —susurré, cerré los ojos y otra vez me puse a llorar… pero eran lágrimas de alivio esta vez.

—Ahora tenés que tomarte esta poción. —la reconocí de inmediato, una poción para dormir sin sueños.

Draco iba a ponerse bien. Todo iba a estar bien.

Fue lo último que alcancé a pensar antes de hundirme en los ahora acogedores brazos de la inconsciencia.

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