Una serie de puntos para unir
Capítulo 19 – Draco: Maltrecho
La primera vez que recobré la consciencia fue sólo momentáneamente. Estaba muy oscuro, lo único que me indicó que no dormía fueron los varios pares de ojos que me estaban mirando. No sabía quién me había lanzado el hechizo pero lo cierto era que eran varios los complotados contra mí. No me sorprendió demasiado. Mis compañeros de Casa no suelen animarse a actuar por su cuenta, prefieren hacerlo siempre en grupo.
A medida que mis ojos se acomodaron a la poca luz, pude hacer un rápido reconocimiento, estaba en uno de los cuartos en las profundidades de los subsuelos. Paredes de grandes piedras, ausencia de ventanas, el suelo polvoriento. Mi cuerpo estaba mágicamente paralizado. Pansy fue la primera que reconocí, tenía los ojos muy abiertos con una mirada demencial en ellos y en los labios una retorcida sonrisa. Había por lo menos una docena más de personas y me habían llevado a lo que debía de ser una vieja aula en desuso.
—Está despierto. —anunció Blaise y me pasó una mano por la mejilla. Empezó como una caricia tierna, pero se transformó en una cachetada. Brotaron gritos burlones entre los conjurados. —Nuestro Príncipe resultó un traidor. —dijo y neutralizó el hechizo que me había puesto. Me puse de pie para enfrentar a mis acusadores. Me habían quitado la varita y con los puños no tenía la menor posibilidad contra tantos— ¿Cuál ha de ser su castigo?
—¡Muerte! —gritaron todos a coro.
—¡Idiotas! —siseé— El Señor Oscuro les cortará la cabeza por esto.
—Cerrá la jeta, Malfoy, ¡basta de mentiras! Todos los vimos, a Potter y a vos juntos. Y ni los encantamientos de silencio alcanzaron para tapar los gritos de placer cuando te encerraste con él en el dormitorio. Era evidente que lo motivaban los celos y que nada de lo que dijera lo haría cambiar de parecer, pero a los otros podía convencerlos de que seguía de su lado.
—Estoy haciendo esto por órdenes de Voldemort. Fue él quien me encargó que lo sedujera para poder llevárselo. Los va a matar a todos si arruinan el asunto ahora que estoy tan próximo de alcanzar mi propósito.
—¿Cómo tenés el descaro de llamarlo por su nombre! —clamó alguien desde atrás, era una chica que no alcancé a identificar.
—¡Es mi amo como lo es de ustedes! —aullé y refrendé las palabras alzando el brazo y bajando la manga para dejar expuesta la Marca Oscura— ¿Se atreven a dudar acaso del voto que le juré?
Hubo algunos murmullos apagados, me estaba ganando a algunos. —Para Navidad tengo que llevárselo a Lord Voldemort para que se deshaga del imbécil de Potter de una vez por todas. No tengo que hacerle daño alguno, sólo convencerlo de que me acompañe cuando vuelva a la Mansión Malfoy, el lugar en el que actualmente reside el Señor Oscuro.
—¿El Señor Oscuro está viviendo en tu casa? —preguntó alguien con tono de reverencia. Asentí.
—Reside en la Mansión. Y seguramente querrá vengarse de cualquiera que interfiera en mi misión para cumplir sus deseos. —advertí.
—¡Puras mentiras! —refutó Blaise— Tenés mucha labia, Draco, pero a mí no me convencés. Bebés los vientos por el boludo de Potter. Cambiaste de lado y probablemente ya le confiaste el lugar donde se oculta el Señor Oscuro.
—No he traicionado mis deberes como Malfoy, Slytherin y mortífago. —dije con resolución, en ese momento vi que Pansy salía de la habitación. Sin más aviso una maldición me impactó en el pecho. El Cruciatus me hizo caer de rodillas y me dejó sin aire. Millones de hojas filosas parecieron horadarme la piel.
No sé cuánto se prolongó pero de pronto cesó, yacía otra vez sobre el suelo. Blaise se arrodilló a mi lado y me dio un beso en la boca. Traté de morderlo, de arrancarle los ojos pero él retrocedió enseguida y negó moviendo el índice extendido.
—Una prueba más de que sos aliado de Potter.
—¿Por qué? ¿Por qué me rehúso a que me cojas? Lamento decirte que no alcanzás a cubrir ni una mínima parte de los requerimientos. —alcancé a articular. El Cruciatus me impactó una vez más, con redoblada potencia. Tuve la sensación de que me sumergían en ácido. Sabía que tenían la intención de torturarme hasta que perdiera la razón.
Segundos o una eternidad más tarde la maldición volvió a cesar. Mi mente trataba de desconectarse de la realidad como una forma de escape. Blaise se inclinó y me susurró al oído: —Podés dormirte Draco, yo voy a aprovechar para cogerte… voy a romperte el ojete virginal, Draco, y lo voy a disfrutar al máximo.
Mis labios dibujaron una sonrisa, el muy boludo iba a pensar que estaba deseoso de que me violara, pero era mi forma de decirle: "demasiado tarde, Harry se te adelantó". Me hubiera gustado verle la expresión si llegaba a decirle algo así. Pero mis cuerdas vocales se negaban a funcionar. El Cruciatus volvió a morderme pero mi mente decidió que era demasiado el suplicio y escapó de la consciencia.
oOo
Me sentí muy sorprendido cuando me desperté, seguía vivo y al parecer, también cuerdo. Y mi padre estaba frente a mí. —Padre. —saludé con voz ronca, creo que vi pasar algo de preocupación por sus ojos antes de que se entrecerraran desapasionados.
—Has sido descuidado, Draco. —empezó a sermonearme, como si no fuera suficiente que hubiese terminado de cama, él tenía que remarcar mi falta.
—Pido disculpas, Padre. —y había mucho que lamentar. Lamentaba haber dejado que me capturaran. Lamentaba no haber podido darles su merecido a los Slytherins complotados contra mí. Lamentaba que me hubiesen sacado la varita y no haber podido emascular a Blaise. Pero no lamentaba mi amor por Harry.
—Me alegra que te encuentres bien. Cuando Severus me avisó, llegué a imaginar lo peor. A tu madre le dio un ataque cuando se enteró, le dije que no viniera. Temía que vos pudieras… no quería que ella te viera… —una decisión sensata, mi madre no hubiese soportado verme muerto— Presumí que algo así podría llegar a pasar desde que me llegaron rumores de tus… correrías. Tu propósito de capturar a Potter para el Señor Oscuro me parece encomiable… pero esperaba que fueras más cuidadoso.
—No te falta razón, Padre. —concedí, un Malfoy no debe discutir con sus mayores.
Sus ojos me escrutaron desconfiados. Luego sacudió levemente la cabeza y suspiró, probablemente también sentía deseos de masajearse las sienes, pero eso no hubiese sido apropiado de un Malfoy. —Sucumbiste víctima de sus encantos…
—No sé de qué estás hablando, Padre. —traté de parecer confundido por sus palabras, aunque no creo haber resultado convincente.
—Esto no es un juego. —dijo enfatizando cada una de las palabras. Se puso de pie y empezó a caminar ida y vuelta— Estás poniéndonos a todos en riesgo, Draco. A tu madre, a mí y a vos mismo. ¿Y todo para qué?
La tomé como una pregunta retórica y no contesté. Tampoco agregué nada.
—¿Vas a poder entregarlo? ¿Vas a usar el anillo siguiendo tus planes originales?
Bajé los ojos al anillo en mi dedo. Repasé en la mente todos mis planes del principio, toda la gloria y el reconocimiento que me hubiesen significado. —No puedo. —fue todo lo que dije. Sabía cuánto lo decepcionarían mis palabras.
Siguió horadándome con la mirada esperando que me explicara pero no agregué nada más. Alcancé a percibir un breve gesto de resignación. —En ese caso… tendrás que interrumpir todo. Ya me encargaré de elaborar alguna excusa que pueda conformar al Señor Oscuro. Y cuando te gradúes te mandaremos a esconderte a algún lugar apropiado. Pero esta locura con Potter debe terminar de inmediato. Dos naturalezas tan distintas como las de ustedes no pueden combinarse. Él no puede engendrarte un heredero y jamás podrá aceptarte tal como sos. Incluso si estás decidido a desertar de las filas del señor Oscuro, seguís siendo un Malfoy. Malfoys y Potters no se mezclan. ¿He sido lo suficientemente claro?
—Sí, Padre. —respondí obediente.
—Él no podría amarte si supiera qué sos realmente. Creeme que esto es sólo para mejor. —no dijo nada más, salió de la habitación unos segundos después. Suspiré aliviado.
La mirara como la mirase, nuestra relación parecía condenada al fracaso, era imposible confiar en un futuro juntos. Me rendí a las lágrimas que hacía rato pugnaban por brotar. No sabía qué hacer. Una parte de mí siempre había sabido que llegaría el momento en el que debería elegir entre Harry o el resto de mi mundo. Pero había tenido esperanza de que pudiéramos estar juntos por un tiempo más largo.
Fijé la vista en la Marca del antebrazo. ¿Realmente podía enfrentármele? ¿Desafiar al mago más poderoso de la época? Sentí una mano que se apoyaba sobre mi hombro. Snape se alzaba junto a mí como una estatua negra, sus rasgos alterados por la tristeza. —Él te salvó. —dijo con un tono de compasión en la voz que no recordaba haberle oído nunca antes.
—¿Padre? —pregunté confundido.
—Potter. —me corrigió— Fue él… y los otros dos idiotas de sus amigos Gryffindors, ellos fueron a rescatarte.
—Oh… —no se me había ocurrido preguntar cómo era que me había salvado.
—Zabini fue enviado a St. Mungo debido a las heridas que le infligió Potter cuando te encontramos. —puede que me equivocara, pero me pareció adivinar un dejo de satisfacción en el tono.
—¿Y los otros?
—Todos los que estaban en la habitación fueron llevados al despacho del director. Dumbledore decidirá qué hacer con ellos.
—Pansy estuvo allí también. Salió poco antes de que empezaran a torturarme. —le informé, quería que a ella también la castigaran. Snape asintió, probablemente él se encargaría personalmente de esa cuestión— ¿Dónde está Harry?
—Afuera. Seguramente tratando de escuchar junto a la puerta como el mocosito impertinente que es… No ha salido del hospital desde que te trajimos.
El pensamiento me reconfortó. Pero también me preocupó. ¿Cómo íbamos a poder llevar adelante una relación con tanta oposición? —¿Qué piensa de lo que dijo mi padre?
—Lucius es un hombre sagaz, pero ha cometido muchos errores en su vida. Uno de ellos, la lealtad que muy tempranamente le juró al Señor Oscuro. Sos vos el que decide Draco, vos sos el artífice de tu destino. —suspiré y cerré los ojos, creo que siempre me he sentido más próximo de Severus que de mi padre, me conoce mejor— ¿Hago entrar a Potter?
—No. —abrí los ojos y me encontré con un ceño fruncido— Estoy exhausto… y él también, seguramente.
—Y necesitás tiempo para pensar. —dijo. Asentí.
—Sí, eso también. Creo que quizá me precipité, que no hice caso de las advertencias. Tengo que decidir si seguir como hasta ahora o… —suspiré y no concluí la idea. Ahora que sabía lo que era estar enamorado, la posibilidad de una ruptura con Harry me estrujaba el corazón… ¿pero acaso no era mejor romper en ese momento? Más tarde sería peor… Y lo que había dicho mi padre… quizá tenía razón… si Harry supiera de la Marca Oscura en mi brazo, ¿me amaría igual? Y mis planes originales habían sido seducirlo, engañarlo y entregarlo… ¿me amaría igual si le contara todo?
Quizá si rompiéramos ahora, evitaríamos corazones destrozados al final.
En algún momento debo de haberme quedado dormido. De repente estaba en el estadio de quidditch y el aire estaba cargado del olor a pasto recién cortado. Parecía ser de mañana, la hierba estaba húmeda de rocío. Abrí los ojos, Harry estaba a cierta distancia sosteniendo la escoba en una mano y sonriéndome de oreja a oreja. —Esta vez te voy a ganar, —dijo— y después reclamaré mi premio.
Le sonreí a mi vez, ni en sueños puedo resistírmele; y luego él emprendió vuelo desplazándose con la gracia de un fénix. Me quedé observándolo durante un largo rato, no podía quitarle los ojos a su silueta tan seductora. Pero de pronto todo se tornó en tragedia.
El cielo se oscureció y la Marca Oscura campeó en lo alto, verde y brillante. Me estremecí. Harry siguió volando como si no notara los cambios que se producían a su alrededor. Noté movimientos a mi lado, el Señor Oscuro se había hecho presente, flaqueado por mi padre y mi tía y varios mortífagos más. Las vestiduras negras de todos ellos flameaban en el aire por el viento borrascoso. Habían descubierto mi secreto. Venían a matarme.
Sin decir palabra, el Señor Oscuro alzó la varita y le disparó un hechizo a Harry. Mi Harry. Lo derribó. Quería correr hasta él, ayudarlo, sostenerlo para amortiguar la caída, pero parecía que mis pies estaban clavados al piso. Se me escapó un grito mudo cuando su cuerpo se estrelló contra el suelo. Suponía que no se iba a levantar, pero se incorporó… y fue peor. Varios huesos quebrados le protruían la carne. Se aproximó a nosotros. Con la mirada muerta… ojos opacos y ciegos… las esmeraldas brillantes perdidas para siempre.
—Puedo matarlo cuando quiera, Draco —me siseó Voldemort— Puedo meterme en su mente y volverlo loco, puedo volverlo contra vos… eso podría ser muy entretenido.
Unió acción a la palabra, movió una mano y Harry empezó a atacarme con un hechizo tras otro. Yo tenía la varita en la mano pero no me defendí, no podía hacerle daño… aunque supiera que Harry ya no estaba en ese cuerpo.
Uno de los hechizos me produjo un intenso dolor ardiente, lo sentía tan real. Harry me estaba lastimando, quizá no fuera sino un sueño pero algún día me atacaría de verdad. Me sentía cubierto de sudor… y grité… mi garganta dejó oír el estruendo de mi corazón haciéndose añicos.
—¡Basta! —aullé, pero Harry no se detuvo. Los mortífagos reían. —¡Déjennos tranquilos! —sollocé cayendo de rodillas. Todo lo que deseaba era que estuviéramos Harry y yo, solos y felices. Harry pronunció entonces la Maldición Mortal. Pude ver el brillante haz de luz verde viniendo hacia mí. Cerré los ojos y me preparé para el impacto… pero nunca me alcanzó. Sentí en cambió una agradable calidez que me recorría el cuerpo… Abrí los ojos, madame Pomfrey estaba a mi lado moviendo la varita por encima de mí.
—Tenía una pesadilla, señor Malfoy. —explicó— Cuando entré para controlarlo lo encontré retorciéndose de dolor. Bébase esto… lo ayudará. —tragué la poción para dormir sin sueños que me ofrecía. Poco después me hundí de nuevo en la inconsciencia… pero sin pesadillas.
oOo
Cuando volví a despertarme estaba solo en la habitación. El sol entraba a raudales por la ventana. Nada mejor que la luz intensa para espantar los últimos resabios del horror y los pesares de la noche anterior. Respiré hondo tratando de absorber la mayor cantidad posible de claridad, como un remedio para la angustia de mi alma.
Harry estaba del otro lado de la puerta, podía sentirlo, podía percibir el latir de su corazón. Tenía que ser fuerte, decidirme a hacer lo que era mejor para Harry, lo que era mejor para los dos… debía ponerle fin, entre nosotros todo debía terminar. Sería duro al principio pero logaríamos superarlo… Harry podría rearmar su relación con Corner… sería mejor así, aunque la sola idea me helaba la sangre.
Tenía que buscar una forma de ruptura que no ofreciera posibilidad alguna de arreglo. ¿Cómo conseguirlo? Quizá tendría que acostarme con el Weasel… deseché la idea, no podría sobrevivir a tal martirio… Granger podía ser una alternativa más tolerable, pero no mucho mejor. Sonreí ante lo disparatado de mis pensamientos. Quizá tendría que levantarme la manga y enrostrarle la Marca Oscura, saldría corriendo espantado al instante… me estremecí, no tenía nada de gracioso, el efecto del ungüento cosmético se había desvanecido, la Marca se destacaba ominosa sobre mi piel.
—Sí, señor Potter… veré si ya está despierto. —me llegó la voz de madame Pomfrey, segundos después entró en la habitación y cerró la puerta. —Ah, señor Malfoy… se lo ve mucho mejor esta mañana.
—Me siento mucho mejor. —declaré, si bien no era del todo cierto; de todos modos ella hablaba de mi condición física y por ese lado no estaba tan mal.
—El señor Potter está esperando afuera y quiere verlo. ¿Lo hago pasar?
Estuve tentado a decirle que no, pero la negación no era una solución. Para plantearle la ruptura tenía que hablar con él.
—Sí, por favor, hágalo entrar.
Harry entró unos segundos después y vino corriendo hasta la cama. —¡Oh Draco, gracias a Dios que estás bien! —exclamó sonriendo y me tomó mano.
Los adorables ojos verdes buscaron los míos, los tenía enrojecidos de llanto. Me quedé sin palabras, no pude soltarle todo el veneno que me había propuesto hacerle oír, tuve que tragármelo. Había en su rostro una expresión de gran alivio al mirarme. Merlín, lo amaba tanto que cualquier cosa que le llegara a decir sobre una ruptura no sonaría para nada convincente en mis labios. Tendría que esperar un poco más. ¿Qué mal podría haber en eso? Lo acerqué a mí y le di un beso profundo. No podía ponerle freno a la relación, me había vuelto adicto él… lo necesitaba aunque terminara haciéndonos mal.
Se acostó a mi lado y me abrazó. Traté de contener una mueca de dolor. Mi cuerpo vapuleado se quejaba, pero su abrazo era tan gratificante que compensaba la molestia física. Estuvimos así durante un largo rato, luego él se separó un poco y me golpeó un brazo.
—¡Ay! ¡Y eso por qué, che?
—Me habías prometido que ibas a tener cuidado y que nada te iba a pasar. Dijiste que sabías como controlarlos. —me recriminó indignado.
—Al parecer estaba equivocado.
Volvió a acurrucarse a mi lado, su repentino enojo se desvaneció por completo. —Hubiera querido venir antes, pero tu padre le prohibió a madame Pomfrey que me permitiera verte.
Suspiré. —Me dijo que rompiera nuestra relación.
—Y supongo que le dijiste que no… —dijo mirándome con preocupación.
—Eso hubiera sido poco sensato. —repliqué serio— Me mostré de acuerdo con él y le dije que así lo haría. Para dejarlo tranquilo y que se fuera… pero después me quedé pensando y… empecé a preguntarme si no tendría razón. Estamos más seguros separados que juntos, Harry.
Se quedó mirándome como si esperara una risa que confirmara la broma. Él suponía que no podía estar hablando en serio.
—Voldemort te quiere muerto y Dumbledore quiere que nos separemos. Los Slytherin estuvieron a punto de matarme porque estoy enamorado del enemigo. Y no te engañes tratando de convencerte de que no somos enemigos, aunque al mismo tiempo seamos amantes. Tenemos perspectivas distintas, principios morales distintos, somos diferentes en todo. Yo sigo siendo sangrepura, sigo siendo un Malfoy, sigo siendo un Slytherin. Nada de eso cambió porque me haya enamorado de vos. Nacimos enemigos.
—¿Cómo podés decir algo así? —protestó, pero no lo dejé seguir.
—Nos guste o no estamos en bandos opuestos de esta guerra, Harry. ¿Podrías pelear contra mí si llegara a presentarse la situación?
—¿Y vos podrías? —preguntó sin contestar la pregunta.
—No. —contesté con sinceridad. Ni siquiera había podido atacar a un Harry bajo Imperius en mi sueño. No había ninguna posibilidad de que le pudiera hacer daño al Harry real. —No podría. Dejaría que me atacaras sin levantar mi varita.
—No puedo creer que pienses que yo podría atacarte. —volvía a indignarse— No puedo creer que después de todo lo que…
—Harry… sigo siendo un Malfoy, aunque sea tu Malfoy. Sigo siendo Slytherin, aunque sea tu Slytherin.¿Vos creés que yo tiraría a la basura todo y adoptaría tu forma de pensar? Te amo, Harry… nunca antes había amado a nadie… pero hay ciertas cosas que tienen que quedarte claras. Si seguimos juntos, tenemos que estar bien conscientes de lo que nos espera. Quizá vos puedas convencerme alguna vez de que los muggles son tan buenos como los magos, pero lo dudo. Quizá yo pueda llegar a convencerte de que mi padre sangrepura es mejor de lo que fue tu madre nacida de muggles… pero mucho lo dudo.
Me hizo callar poniéndome un dedo sobre los labios y cerró los ojos. —¡Basta! —dijo con un suspiro— Ya te oí… necesito un minuto para pensar.
Esperé con paciencia. Seguramente Harry ya había pensado antes en la cuestión. Él también debía de haberse planteado los inconvenientes que podían derivar de nuestra relación. Yo lo amaba, nada iba a cambiar eso… pero a mi lado la vida de Harry corría peligro… a mí ya me habían atacado… Harry podía ser el siguiente. Y era posible que no tuviera la misma suerte que yo.
Me quitó el dedo de los labios y abrió los ojos. Me miró directo a los ojos un largo instante, luego se inclinó y me dio una serie de tiernos besos en las húmedas mejillas. Recién entonces me di cuenta de que me corrían lágrimas.
—Shhh… —siseó consolador. Luego me acarició apenas la boca con sus labios salados. —Podemos soportar y superar todo… si estamos juntos.
Inspiré profundamente, ¡cuán ingenuo y cuán conmovedor a un mismo tiempo! ¡Como lo amaba! ¡Mi precioso y sentimentaloide Gryffindor! Le abracé la cintura y lo atraje bien cerca de mí. Furtivamente metí una mano por debajo de su remera para acariciarle la piel.
Sus labios me recorrieron calientes la línea de la mandíbula y luego bajaron al cuello. Contuve una exclamación, le hundí los dedos en la espalda apretándolo aun más contra mí, los dos la teníamos parada y las erecciones entraron en febril contacto, me olvidé por completo de que todavía me dolía todo el cuerpo. Gemí en el hueco de su oreja mientras nos frotábamos incontrolados el uno contra el otro como dos adolescentes inexperimentados… que no otra cosa éramos, ya puestos. A veces me sentía mayor que mis dieciséis años… porque ya había experimentado tantas cosas: amor, odio, miedo, éxtasis… y en un futuro cercano quizá también muerte. La fricción entre ambos era sublime, le mordí el hombro para amortiguar mi grito en el momento en el que alcancé el clímax y me buscó la boca con la suya y ahogó un gemido en el beso cuando segundos después él también llegó al orgasmo. Había terminado demasiado rápido para mi gusto; quería más de él, quería sentirle la piel desnuda contra la mía, quería más tiempo para poder explorarlo y encontrar los puntos que le exacerbaban la excitación y lo hacían gritar. Desafortunadamente, el hospital no era el lugar para eso.
—Creo que Ron y Hermione están todavía afuera. —susurró mientras seguía duchándome la cara de besos.
—La puerta está sólo entornada, Harry. —le avisé.
—¡Ay, Merlín! Espero que no hayan oído nada
Sonreí malicioso y le guiñé un ojo. —Espero que Weasley haya oído cada uno de los gemidos. —me dio un golpe en el brazo a modo de castigo. Pero ya pasada la excitación, mi cuerpo se acordó de que seguía bastante maltrecho y lo sentí dolorosísimo.
—¡Oh, Draco! ¡Perdón! —se disculpó.
—No te preocupes. Estoy seguro de que se me va a pasar enseguida. En realidad creo que la saqué bastante barata, sólo algunos dolores residuales después de tantos Crucios.
Harry cerró los ojos y sepultó la cara en mi hombro. —¡Es tan horrible! ¿Cómo pudieron hacerte algo así! ¡Tus propios compañeros de Casa!
—Por suerte me desmayé enseguida. Pero creo que podrían haber llegado a matarme. Yo presentía que algo así podía pasar, algo te había dicho incluso.
—¿Cómo fue que pudieron sorprenderte? Vos habías dicho que ibas a tener cuidado.
—Admito que me distraje, salía de hablar con Snape y tenía un montón de cosas dándome vueltas en la cabeza.
—¿Snape te dijo que rompieras conmigo? —preguntó desconfiado.
—No… me aconsejó que les dijera a todos en Slytherin que estaba con vos porque así me lo había ordenado el Señor Oscuro. En ningún momento me dijo que rompiera con vos, aunque no se ahorró el sarcasmo cuando hizo referencia al "deplorable comportamiento propio de Hufflepuffs durante las comidas".
—¿Es cierto?
Lo miré algo confundido. —Sí, fueron sus propias palabras.
—No me refería a lo que dijo Snape, sino a que Vold…
—¿Está todo en orden? —preguntó Ron desde la puerta, tenía la vista clavada en el suelo— Había tanto silencio… quería asegurarme de que no se hubiesen estrangulado mutuamente.
—Todo está bien. —lo tranquilizó Harry.
—Ah, bueno… —vaciló unos segundos— Hermione y yo pensábamos bajar a desayunar, Harry. Malfoy, ¿ya te dieron el alta?
—Me temo que no, conociéndola a Pomfrey seguro que va a darme unas cuantas pociones más y querrá que me quede hasta que haya descansado un poco más. Pero vos andá, Harry. Estuviste esperando toda la noche, es mejor que vayas a comer algo.
—Pero yo no quiero… —lo interrumpí frotándole los cabellos y dándole un beso en los labios.
—Insisto. Las dos próximas horas voy a estar de pésimo humor. Andá; si me da el alta antes de que vuelvas voy a buscarte, ¿te parece bien? —en realidad quería que se fuera, no me gustaba para nada el punto en el que había quedado interrumpida la conversación.
Aceptó a regañadientes y con pasos renuentes salió de la habitación acompañando a Weasley. Poco después entró madame Pomfrey me hizo tomar unas pociones que me revolvieron el estómago. Después me trasladó a una de las camas del pabellón. Me quedé dormitando un rato hasta que hubo un ruido que volvió a ponerme alerta.
Pansy acababa de entrar, enfiló derecho hasta mi cama, se apoyó en el borde y se inclinó para darme un beso en los labios; le di vuelta la cara y terminó plantándomelo en la mejilla. Me hizo un puchero decepcionado.
—Esperaba que a estas alturas ya te hubiesen expulsado, Parkinson. —la increpé con brusquedad, el mohín disgustado se le transformó en una sonrisa maligna.
—Me extraña que pensaras algo así, amor. —dijo con tono de arrullo— Me dieron un chirlo en la manita… y eso fue todo. Yo ni siquiera estaba ahí…
—¿Snape no te mandó a llamar todavía?
—No, ¿Por qué tendría que mandarme llamar?
—Tenía pensado aplicarles castigos a los que hubiesen evadido los de Dumbledore. Y seguramente van a ser bastante más severos. Vos ya sabés lo duro que puede ser a veces.
Trató de restarle importancia al asunto revoleando los ojos, pero algo en su actitud la delató, tenía miedo. —Bueno, dejemos de lado las cosas aburridas. Vine para comunicarte un mensaje.
—¿De qué mensaje se trata? —pregunté con tono poco interesado.
—Vas a morir, Draco. —dijo con tono agudo— Quizá no esta noche… quizá mañana tampoco… pero pronto. Los Slytherins que aún quedan en Hogwarts quieren tu cabeza… aunque quizá esperen unos días antes de hacer nada. A veces conviene esperar. —concluyó con un guiño.
—No fueron muy eficientes que digamos en el primer intento. —comenté.
—Pero se alcanza mayor destreza con la práctica… y sabemos donde dormís. —no le di el gusto de demostrar ni la más mínima inquietud. En ese momento mis ojos derivaron hacia la puerta del pabellón.
—¡Ah, Harry! Llegaste justo, Parkinson vino a amenazarme de muerte, ¿Cuál es tu opinión al respecto, Vida?
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