Una serie de puntos para unir

Capítulo 20 – Harry: Una visita

Cuando me desperté, Hermione ya no estaba a mi lado. Dormía abrazada a Ron en la otra cama. No había tenido oportunidad de ver a mis dos amigos juntos como pareja, la escena dejaba ver tanto afecto. Me produjo una sensación agridulce. Me sentía muy feliz por ellos y triste de que hubiésemos estado distanciados tantas semanas.

Me senté en la cama. Mis ojos derivaron a la habitación del fondo. Miré con hostilidad a la puerta, como si fuera un enemigo. Parecía tan insignificante, tan poco sólida para una barrera… no me resultaría difícil franquearla. Y sin embargo se interponía entre mi amante y yo.

El pabellón estaba en silencio, excepto por los suaves ronquidos de Ron. No había señales de Pomfrey. Era una oportunidad excelente para colarme a hurtadillas a ver a Draco. Bajé de la cama y enfilé con cautela hacia el fondo, sabía que la sanadora tenía un oído muy agudo y no quería alertarla. La intrusión furtiva tenía además un atractivo adicional, el sabor de la aventura.

En el momento en que llevé la mano al pomo de la puerta…

—¿Señor Potter? —me llegó la voz de madame Pomfrey desde la puerta de otra habitación. ¡Maldición! ¿Acaso nunca duerme?— ¿Qué intentaba Ud. hacer? —preguntó mientras se me acercaba.

—Sólo quería ver cómo seguía Draco. —ensayé a modo de excusa y explicación.

—Ah… ya veo. Pero esa tarea me corresponde a mí. —me amonestó— Ud. debería volver a su cama, voy a ir enseguida a revisarle la mano.

—¿La mano? —pregunté confundido.

—Sí, su mano derecha, señor Potter. —aclaró con un bufido— Se la dañó cuando atacó al señor Zabini. Le curé varias falanges quebradas mientras dormía, pero quiero controlar la evolución y le voy a pedir que haga algunos ejercicios de movimiento para comprobar que todo esté bien. —la miré perplejo, ¿me había quebrado la mano? ¿Cómo no me había dado cuenta? Me miré la mano en cuestión y empecé a cerrar y abrir los dedos, la sentía un poco dura. —A la cama, señor Potter… yo me ocuparé de ver cómo sigue el señor Malfoy.

Obedecí renuente, ni siquiera pude captar un breve vistazo de Draco cuando ella entró a la habitación. Volví a la cama, Ron y Hermione se habían despertado, quizá mi conversación con la sanadora no había sido en tono lo suficientemente bajo.

—¿Cómo te sentís? —me preguntó Hermione con voz muy suave.

—No sé… bien… quizá todavía un poco mareado…

—¿Querés que te traiga un poco de agua?

—Sí, por favor. —de pronto se me antojó que tomar un poco de agua era justamente lo que necesitaba.

Ella se levantó y marchó algo tambaleante hacia el fondo del pabellón.

—¿Adónde creés que fue? —le pregunté a Ron.

Se encogió de hombros y dejó entrever un atisbo de sonrisa. —¿A buscar agua?

—¿Y por qué se molestó? ¿Por qué no la conjuró simplemente? —pregunté sonriendo a mi vez.

—No sé. —encogió los hombros otra vez— Quizá estaba medio dormida y se olvidó de que es una bruja. —rió.

Yo también me reí y volví a subir a la cama. Un momento después madame Pomfrey salió de la habitación de Draco. Salté de la cama y corrí hasta ella.

—Está profundamente dormido. —me informó con una sonrisa— Y está evolucionando muy bien, considerando el estado en que estaba cuando lo trajeron. —aunque no podía entrar a verlo sus palabras me tranquilizaron— Ahora venga que quiero revisarle la mano.

Dejé caer los hombros y caminé de regreso a la cama. Hermione ya había vuelto y me esperaba con un vaso de agua. Tomé un largo sorbo y me retrepé en la cama una vez más. Me quedé recostado golpeteándome las yemas de los dedos unas contra otras. Ron aprovechó para ponerme al día sobre la marcha del equipo de quidditch.

Básicamente se estaba hundiendo desde que me habían echado, como una canoa sin remos que estuviera haciendo agua. Ginny era diestra, había puesto todo de su parte y había colaborado para mantenerlos a flote, pero ahora que no iba a poder volar por un tiempo… Yo estaba dispuesto a reintegrarme, así se lo había dicho, pero ahora todo dependía de que Draco se mejorara, si era necesario que me quedara a su lado para cuidarlo no pensaba dedicarle ni un minuto al quidditch.

oOo

Dos horas más tarde, madame Pomfrey se decidía una vez más a entrar a ver Draco, corrí otra vez hacia ella. —Sí, señor Potter, lo voy a revisar y veré si ya está despierto. —dijo tratando de conservar la paciencia y entró en la habitación. Pude escuchar voces a través de la puerta cerrada.

—Ah, señor Malfoy… se lo ve mucho mejor esta mañana.

La respuesta de él me llegó amortiguada, fruncí el ceño, no había alcanzado a entender las palabras. Quería oír su voz, para que alejara los pensamientos oscuros que me atormentaban. Me hubiera gustado apoyar la oreja contra la puerta… hubiese sido demasiado para mi dignidad… me quedé donde estaba removiéndome inquieto.

Por suerte no tuve que esperar mucho, madame Pomfrey me dejó entrar unos minutos después. Sentí una gran emoción al verlo, la alegría me inundó el pecho. Los colores le habían vuelto al semblante.

—¡Oh Draco, gracias a Dios que estás bien! —exclamé y le tomé la mano, necesitaba tocarlo.

Los ojos grises me estudiaron atentos. Tuve la impresión de que algo lo preocupaba… como si se sintiera inseguro… ¿tendría que ver conmigo? Pero me había extrañado, tanto como yo a él. Mi inquietud se desvaneció cuando me atrajo hacia sí y me besó intensamente.

Me trepé a la cama y me acosté a su lado. Lo abracé con vehemencia —en ese momento no se me ocurrió pensar en lo maltrecho que había quedado y en los dolores que debía de estar despertándole— necesitaba olerlo, gustarlo, tocarlo, acariciarlo. Los dos lo necesitábamos, él tenía tanta hambre de mí como yo de él.

Luego de un largo momento me separé un poco. Lo miré con avidez, estaba más hermoso que nunca… ¡y había estado a punto de perderlo! ¡Slytherin estúpido! Le golpeé un brazo.

—¡Ay! ¡Y eso por qué, che? —se quejó haciendo un puchero adorable.

—Me habías prometido que ibas a tener cuidado y que nada te iba a pasar. Dijiste que sabías como controlarlos. —frunciendo el ceño lo reté como si fuera un chico… pero con esa boca adorable que clamaba besos me iba a resultar difícil mantener la comedia.

—Al parecer estaba equivocado. —replicó restándole importancia. Tuve que contenerme para no decirle que en cuestiones tan serias como ésa no había lugar para errores. No pude… Esos ojos tan intensos, la agudeza distinguida del ángulo de la nariz, los labios apenas separados… quería besarlo una y otra vez… estaba tan agradecido de tenerlo conmigo… y había sufrido una situación tan traumática y dolorosa… no tenía derecho a hacerlo sentir peor reconviniéndolo.

Me distendí en su abrazo y suspiré. —Hubiera querido venir antes, pero tu padre le prohibió a madame Pomfrey que me permitiera verte.

—Me dijo que rompiera nuestra relación. —susurró. Me volvió la inquietud. ¿Por qué le había dicho su padre algo así? No es que yo hubiese esperado que Lucius Malfoy se pusiera a saltar de alegría por nuestra relación, pero yo creía que no estaba enterado. Sentí miedo, yo sabía la poderosa influencia que tenía Lucius sobre Draco… y si estaba determinado a lograr que nos separáramos…

—Y supongo que le dijiste que no… —temía lo que pudiera responderme.

—Eso hubiera sido poco sensato. —dijo con tristeza. Las palabras que había elegido eran las que se esperarían de un sangrepura de alcurnia, miembro de una familia adinerada y de la alta sociedad, el heredero de los Malfoy— Me mostré de acuerdo con él y le dije que así lo haría. Para dejarlo tranquilo y que se fuera… pero después me quedé pensando y… empecé a preguntarme si no tendría razón. Estamos más seguros separados que juntos, Harry.

No podía pronunciar palabra… no podía respirar. ¿Era consciente de lo que implicaba lo que me estaba diciendo? Separados… no podríamos hablar… no podría tocarlo… ¡Tenía que tratarse de una broma!

—Voldemort te quiere muerto y Dumbledore quiere que nos separemos. Los Slytherin estuvieron a punto de matarme porque estoy enamorado del enemigo. Y no te engañes tratando de convencerte de que no somos enemigos, aunque al mismo tiempo seamos amantes. —me dolió mucho oírselo decir, yo no quería pensar nunca más en él como un enemigo. Éramos compañeros y amantes… el uno para el otro… almas gemelas; al menos así era como lo sentía yo. Teníamos tanto entre nosotros… y sin embargo él sonaba como si se hubiera rendido— Tenemos perspectivas distintas, principios morales distintos, somos diferentes en todo. Yo sigo siendo sangrepura, sigo siendo un Malfoy, sigo siendo un Slytherin. Nada de eso cambió porque me haya enamorado de vos. Nacimos enemigos.

—¿Cómo podés decir algo así? —intervine con brusquedad. Quería decirle que lo que éramos uno para el otro era algo que a nosotros nos tocaba decidir. Que si no nos veíamos como enemigos no había razón alguna para que lo fuéramos. Pero se me adelantó.

—Nos guste o no estamos en bandos opuestos de esta guerra, Harry. ¿Podrías pelear contra mí si llegara a presentarse la situación? —preguntó.

¡Pelear contra él! ¡Qué disparates decía? Sabía que se refería a la guerra, pero cuando me tocara pelear a lo sumo cruzaría varitas con su padre, no contra él. —¿Y vos podrías? —no podía creer que estuviéramos teniendo esa conversación, no era éste tipo de intercambio el que quería con él después de haber estado a punto de perderlo.

—No. —contestó con un suspiro exhausto— No podría. Dejaría que me atacaras sin levantar la varita.

—No puedo creer que pienses que yo podría atacarte. —le espeté acusador, una insinuación así me hería profundamente— No puedo creer que después de todo lo que…

—Harry… sigo siendo un Malfoy, aunque sea tu Malfoy. Sigo siendo Slytherin, aunque sea tu Slytherin.¿Vos creés que yo tiraría a la basura todo y adoptaría tu forma de pensar? Te amo, Harry… nunca antes había amado a nadie… pero hay ciertas cosas que tienen que quedarte claras. Si seguimos juntos, tenemos que estar bien conscientes de lo que nos espera. Quizá vos puedas convencerme alguna vez de que los muggles son tan buenos como los magos, pero lo dudo. Quizá yo pueda llegar a convencerte de que mi padre sangrepura es mejor de lo que fue tu madre nacida de muggles… pero mucho lo dudo.

Lo iba viendo más claro, pero era muy doloroso. Mi mente se resistía a procesarlo. Lo amaba más que a la vida y no podía siquiera concebir que eso pudiera llegar a cambiar. No era mi intención imponerle mis creencias y principios… aunque en los casos en que difieren diametralmente… ¿es imposible en esos casos constituir una pareja? ¿Me estaba diciendo que aunque me amaba seguiría luchando a favor de Voldemort?

—¡Basta! —suspiré, no quería que siguiera dando razones en la misma nota— Ya te oí… necesito un minuto para pensar.

No iba a tratar de convencerlo de que Voldemort sólo actuaba guiado por sus ansias de poder, que en su mente enajenada nada tenía importancia sino sus propios deseos, que los principios que supuestamente enarbolaba eran nada más que excusas para ganarse a un sector muy influyente de la sociedad mágica.

Eso tendría que quedar para más adelante, ahora sólo quería basarme en afectos. El amor real que nos teníamos. Le posé una mano en la mejilla y cerré los ojos. Trataba de pensar… empecé a sentir los dedos húmedos… ¿Draco estaba llorando?

Abrí los ojos, eran lágrimas sin lugar a dudas. Sufría… tenía incertidumbres y miedos… los mismos que tenía yo…

Le di muchos besos en las mejillas húmedas y en la mandíbula. Finalmente lo besé en los labios. —Shhh… —dije apaciguador —Podemos soportar y superar todo… si estamos juntos.

Mis palabras parecieron causarle gran efecto. Me abrazó la cintura y me atrajo hacia sí. Introdujo una mano por debajo de la remera y me acarició la espalda. El contacto me hizo estremecer, el deseo se impuso enseguida sobre cualquier razonamiento, quería más… comencé a besarlo con avidez para animarlo… quería que me tocara más, cuanto quisiera… necesitaba sentirlo.

Cuando mi erección se apretó desesperada contra la de él, me olvidé otra vez de que seguía probablemente dolorido y lo apreté más aún. Arqueó todo el cuerpo, él también ansiaba el contacto tanto como yo. Me clavó las uñas y me apretó a su vez. Me froté contra él. Le atisbé el rostro, su expresión era celestial. Todo el control que se esforzaba siempre en ejercer se había esfumado, se me entregaba por completo. Me arañó la espalda cuando acabó y me mordió el hombro, probablemente para ahogar un grito. Las vibraciones de su gemido contenido reverberaron en mi piel y se potenciaron diseminándoseme por todo el cuerpo y me empujaron a mí también al clímax. Draco amortiguó mis propios gemidos de placer con un beso, segundos después me sentía laxo de cansancio y de satisfacción; me hubiera gustado quedarme a dormir allí junto a él pero sabía que eso no era posible.

—Creo que Ron y Hermione están todavía afuera. —susurré

—La puerta está sólo entornada, Harry. —me hizo notar. ¡Dios! Cualquiera podría haber entrado y nos hubiera sorprendido en pleno retozo.

—¡Ay, Merlín! Espero que no hayan oído nada.

Me sonrió con descaro. —Espero que Weasley haya oído cada uno de los gemidos. —volví a golpearle el brazo a modo de reprimenda. Se contrajo de dolor.

—¡Oh, Draco! ¡Perdón! —quería quitarle todo el dolor, absorberlo para mí. El dolor debía ser mi carga, no la de él. Era a mí al que tenían que haber torturado, no a él. Todo había sido culpa mía.

—No te preocupes. Estoy seguro de que se me va a pasar enseguida. En realidad creo que la saqué bastante barata, sólo algunos dolores residuales después de tantos Crucios. —respondió tratando de tranquilizarme.

No lo logró. Me acurruqué junto él. —¡Es tan horrible! ¿Cómo pudieron hacerte algo así! ¡Tus propios compañeros de Casa!

—Por suerte me desmayé enseguida. —lo dijo como para restarle importancia, no obstante me hizo sentir peor— Pero creo que podrían haber llegado a matarme. Yo presentía que algo así podía pasar, algo te había dicho incluso.

—¿Cómo fue que pudieron sorprenderte? Vos habías dicho que ibas a tener cuidado.

—Admito que me distraje, salía de hablar con Snape y tenía un montón de cosas dándome vueltas en la cabeza. —respondió.

—¿Snape te dijo que rompieras conmigo? —pregunté con tono acusador. El día anterior me había dejado muy en claro que no le gustaba para nada que estuviera en pareja son su ahijado.

—No… —se apresuró a replicar— me aconsejó que les dijera a todos en Slytherin que estaba con vos porque así me lo había ordenado el Señor Oscuro. En ningún momento me dijo que rompiera con vos, aunque no se ahorró el sarcasmo cuando hizo referencia al "deplorable comportamiento propio de Hufflepuffs durante las comidas".

—¿Es cierto? —pregunté sorprendido por la idea… pero al mismo tiempo no tan sorprendido. Todo encajaba. El repentino interés por mí. El paso sin solución de continuidad del odio a la seducción… su persistencia. ¿Y si Voldemort estaba detrás de todo? El plan le había resultado perfecto si ese fuera el caso. Amaba a Draco más que a mi vida, lo hubiera seguido con los ojos cerrados a las profundidades del infierno. Draco podría llevarme a la guarida misma de Voldemort y yo lo seguiría sin reparos.

—Sí, fueron sus propias palabras. —dijo con desconcierto.

—No me refería a lo que dijo Snape, sino a que Vold…

—¿Está todo en orden? —Ron se había asomado en la puerta, pero evitaba mirarnos directamente— Había tanto silencio… quería asegurarme de que no se hubiesen estrangulado mutuamente.

—Todo está bien. —le dije.

—Ah, bueno… —dijo y luego agregó medio tartamudeando— Hermione y yo pensábamos bajar a desayunar, Harry. Malfoy, ¿ya te dieron el alta?

—Me temo que no, conociéndola a Pomfrey seguro que va a darme unas cuantas pociones más y querrá que me quede hasta que haya descansado un poco más. Pero vos andá, Harry. Estuviste esperando toda la noche, es mejor que vayas a comer algo.

—Pero yo no quiero… —empecé a protestar, pero él me hizo callar con un beso.

—Insisto. Las dos próximas horas voy a estar de pésimo humor. —me susurró en los labios— Andá; si me da el alta antes de que vuelvas voy a buscarte, ¿te parece bien? —asentí aunque la idea no me satisfacía del todo, quería quedarme con él, pero Pomfrey me echaría apenas regresara… y también tenía hambre…

Renuente, me bajé de la cama y marché hacia la puerta. Di vuelta la cabeza para mirarlo una vez más por encima del hombro antes de salir.

oOo

El desayuno resultó bastante incómodo. Habían pasado un par de meses desde la última vez que nos habíamos sentado juntos… pero parecían años. Todavía sentía amargura de que pudiéramos haber llegado a un punto tal en nuestra amistad… era algo que no debería haber pasado. Tenía mis dudas de que pudiéramos volver a ser amigos íntimos como antes. La confianza incondicional que yo les había tenido, se había ido. Por otro lado, me sentía contento de estar otra vez con ellos. Y me habían ayudado mucho durante la noche, si no hubiera sido por ellos… bueno, mejor era no ponerme a pensar. Draco estaba vivo y bien, ¿para qué angustiarme con lo que podría haber pasado?

—Creo que cuando termine de desayunar, voy a volver a subir para ver cómo sigue Draco.

—Estoy segura de que Draco sigue bien, igual que hace media hora. —dijo Hermione con un suspiro, como si fuera una causa perdida— Acordate de que tenés clases dentro de un cuarto de hora.

—Una visita relámpago, nada más. —dije poniéndome de pie— No voy a demorar.

Ron se mordió la lengua y le contuvo la mano a Hermione, luego me sonrió y asintió. No me gustaba… me estaban dejando hacer tal como yo quisiera, sin animarse a mostrarse en desacuerdo. Igual no iba a ponerme a discutir sobre eso… con tal de que pudiera ver a Draco unos minutos antes de ir a clase.

Salí por la puerta que da al hall de entrada… y me quedé helado. En el hall estaba lady Narcissa Malfoy, la madre de Draco. Vestía una toga de color rojo muy oscuro y una chalina azul que le rodeaba el cuello y la cabeza, pero dejaba entrever algunos rizos rubios.

Apenas me vio, vino directo hasta mí. —Señor Potter, —me saludó con tono neutro— vine a ver a mi hijo, presumo que Ud. podrá informarme donde se encuentra.

—Eh… este… sí señora. —tartamudeé— Está en el ala hospitalaria… justamente iba para allá a verlo.

—Muy bien, entonces podrá Ud. conducirme. —dijo con toda naturalidad, extendió ligeramente el codo para que yo pudiera guiarla como se debe. Con suavidad la tomé del brazo y empezamos a subir las escaleras. Luego de unos momentos me preguntó: —¿Cuánto hace que está saliendo con mi hijo? —el corazón se me aceleró, ¡por qué no me había quedado desayunando con Ron y Hermione?

—No mucho… —dije con voz nerviosa; era la madre de Draco, yo quería caerle bien—… un poco más de una semana.

—¿Sólo una semana? —preguntó sorprendida— Por lo que había oído me había hecho la idea de que hacía más tiempo.

—Hemos sido amigos durante un par de meses y hemos estudiado juntos casi a diario. —expliqué.

—Me refería a los afectos que mi hijo tiene por Ud., señor Potter. —replicó— Según he oído, él ha desarrollado un marcado… apego… presumí que ya llevarían más tiempo juntos si es que él estaba tan enamorado. Aunque son ustedes muy jóvenes… todo parece amor a los dieciséis.

—Jóvenes o no, Lady Malfoy, lo que Draco y yo sentimos el uno por el otro es real. —dije medio a la defensiva, pero yo me sentía muy seguro de mis sentimientos por Draco… con dieciséis años o con sesenta.

—Claro, no lo dudo en absoluto. —me tranquilizó, si bien con un tono condescendiente— Pero están ustedes corriendo riesgos muy grandes… con esta relación… riesgos que no sólo podrían afectar las vidas de ustedes… nuestros destinos también se ponen en peligro… y es muy incierto hacía qué derroteros podrían conducirnos.

—Serán los derroteros que yo elija, lady Malfoy. —declaré con decisión— Eso se lo puedo asegurar.

Necesitaba que la madre de Draco tuviera en mí una confianza que incluso yo no sentía. Yo tenía que derrotar a Voldemort… simplemente porque era preciso, no había otra alternativa. Aparte de eso me preguntaba si Draco y yo podríamos seguir juntos, para una respuesta afirmativa yo tenía que sobrevivir… No todos lograrían sobrevivir a la guerra y mis posibilidades… eran más bien pocas.

Afortunadamente llegamos justo en ese momento a la puerta del hospital y pude hacer a un lado esos pensamientos tan deprimentes… y por otra parte las preguntas de lady Malfoy se estaban tornando embarazosas, no quería hablar de más… no sabía si Draco querría que le dijera más…

Me quedé helado cuando abrí la puerta y entré para hacerla pasar, Draco había sido trasladado a la cama más cercana a la entrada… ¡y Pansy Parkinson estaba parada junto a la cama!

—¡Ah, Harry! —dijo él con tono despreocupado y casi sonriente— Llegaste justo, Parkinson vino a amenazarme de muerte, ¿Cuál es tu opinión al respecto, Vida?

Sentí un nudo en la garganta. Narcissa estaba parada detrás de mí y él todavía no la había visto… Parkinson era una amiga de la familia, supuestamente… —Eh… yo… Draco, tu m…

—¡Draco, tesoro! —lady Malfoy entró y me hizo a un lado, y fue directo hacia la cama— ¿Cómo estás, querido? ¡No sabés cómo me puse cuando recibimos la llamada de Severus! ¡Y tu padre no me dejó venir! ¡Estaba tan consternada!

—Estoy bien, mamá… —dijo Draco… ¡ay que tierno que sonó!— …en serio, quedate tranquila, no me pasa nada.

—Harry venía a verte y tuvo la amabilidad de acompañarme. —dijo girando un poco para mirarme. Observé a Parkinson, que lucía asustada como un conejo, buscando una posibilidad de escapar cuanto antes.

—Venía para acompañarte un rato, pero puedo volver más tarde. —dije tentativamente mirando a Draco, quería que pudiera hablar a solas con su madre. Aunque me mataba tener que dejarlo, sobre todo después de lo que había dicho Parkinson.

—Después de clase, si te parece bien. —me respondió con una sonrisa. Asentí.

—Fue encantador volver a verte, Harry. —me dijo Narcissa con altiva indiferencia, pero cuando se inclinó para despedirme con un beso en la mejilla, su expresión cambió— Hacéselo pagar. —me susurró— Quizá deberías escoltar a Pansy hasta el Gran Salón. —sugirió en voz alta; Parkinson me miró con extrema desconfianza.

—Eso no será necesario, lady Malfoy. —dijo Parkinson con helada amabilidad.

—Tonterías, insisto. —presionó Narcissa— Hay obviamente sociópatas sueltos en la escuela y bajo ninguna circunstancia quisiera que salieras lastimada.

Le dirigí una media sonrisa maligna a Parkinson; mi respeto por la madre de Draco creció exponencialmente. Estiré ligeramente el codo, ofreciéndole el brazo. Parkinson vaciló un segundo pero terminó aceptándolo con una mueca de desdén. Antes de salir giré la cabeza, Draco tenía una expresión escandalizada de ver a su novio acompañando, tomada del brazo, a su ex novia.

Apenas cerré la puerta, Parkinson trató de soltarse. —Tchut, tchut, tchut… —chisté sarcástico— Prometí que te iba a cuidar hasta el Gran Salón. Acordate que hay gente peligrosa suelta.

—No peligrosa para mí, Potter. —siseó tratando de intimidarme. No le dio resultado— No puedo decir lo mismo de vos o del puto de tu novio. —eso último me fastidió sobremanera.

Lady Malfoy me había pedido que "se la hiciera pagar", mi mente pasó a barajar las posibilidades… Pansy Parkinson con aspecto de troll, sin que le quedara ni rastro de aspecto humano, Pansy Parkinson desaparecida misteriosamente del predio de Hogwarts, Pansy Parkinson, pulpa sangrienta igual que como terminó Zabini. El problema es que soy un Gryffindor y que no podía hacer nada de esas cosas. Sobre caliente había sido distinto, a Zabini lo había encontrado torturando a Draco… pero algo tenía que hacer para que Parkinson pagara. Aunque más no fuera meterle miedo.

—¿Amenazas Parkinson? —dije con dulzura y volví a chistar— Muy impropio de una dama.

—¡Andate a la mierda, Potter! —casi me eché a reír, el insulto había sonado deplorable.

—¿Tu amigo Blaise ya volvió de St. Mungo? —pregunté como al pasar y le apreté el brazo con toda mi fuerza, seguro que le iba a quedar un moretón. Se puso pálida y trató una vez más de soltarse— Creo que se me fue un poco la mano con él, pero es que estaba tan enojado… pensar en que le puedan hacer daño a Draco me vuelve loco… pierdo por completo el control. —hice una pausa esperando que reaccionara, pero no dijo ni hizo nada. Lucía aterrada de tenerme al lado—Sé que vos también estuviste metida en el asunto, Parkinson. —siseé, ella tembló— Te voy a hacer pagar por lo que hiciste, no vas a saber cómo ni cuándo, pero te aseguro que te voy a hacer lamentar haber participado.

Giró la cabeza para mirarme con una mueca de desprecio en los labios, pero los ojos delataban el tremendo miedo que sentía. —Hermosas palabras en boca de un Gryffindor. —dijo con voz temblorosa— ¿Qué podrías hacer? ¿Matarme bajo las propias narices de tu venerado Dumbledore? —trataba de sonar despreocupada pero no le salía nada bien porque estaba aterrada.

Ya estábamos llegando al Gran Salón. —Por supuesto que no, Parkinson. — respondí con candorosa inocencia— Pero si hay alguien en la escuela que puede cometer una fechoría y salirse con la suya… ¿quién creés que puede ser?

Me miró horrorizada como si yo fuera un demente. Le solté el brazo y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

Por el momento me pareció suficiente, la había dejado cagada de miedo. Pero ya me ocuparía de pensar en algo más. La venganza no es algo que me guste, no por nada soy un Gryffindor. Pero por Draco y por la promesa tácita que le había hecho a su madre… algo más iba pergeñar.

No pude pensar mucho más, en ese momento salieron Ron y Hermione y me llevaron a Transfiguración casi a la rastra.

oOo

En el almuerzo sirvieron tarta de pollo y verduras que es uno de mis platos predilectos, pero no estaba con ánimo para comer, parecía que no tenía gusto a nada.

—Harry, lo vas a ver después de clase. —me recordó Hermione— Y es mejor que duerma, para que se recupere más rápido.

Encogí los hombros y suspiré afligido. Hermione tenía razón, había subido a verlo y estaba dormido. ¡Es tan lindo cuando duerme! El siguiente bocado me supo mucho mejor.

—Betts es probablemente nuestro jugador más débil, —empezó a decir Ron y Hermione se desconectó al instante de la conversación; desde que había aceptado reintegrarme al equipo, casi no me hablaba de otra cosa que no fuera quidditch— pero si nos aseguramos de que Dean se le quede cerca para apoyarlo creo que va a resultar bien. —me entraron ganas de desconectarme yo también, ya me aburría. Ron había quedado como capitán cuando yo dejé de jugar, pero era obvio que no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo, me consultaba todas las decisiones.

Mis ojos derivaron a la mesa de Slytherin, Parkinson estaba sentada rodeada de los más grandotes, a modo de protección. Seguía asustada y con razón, porque yo algo le iba a hacer aunque todavía no supiera qué.

—Tabbart juega bastante bien, pero quizá sea demasiado chico para incorporarlo… —Ron seguía con su perorata— …¿no te parece, Harry?

—¿Perdón? Me había distraído.

—Harry tiene cosas importantes en las que pensar, Ron. No deberías abrumarlo con asuntos triviales. —intervino Hermione.

—¡Asuntos triviales? —exclamó Ron escandalizado.

—Sí, Harry tiene mucho que pensar en Draco. Y podría también mencionar la prueba de Transfiguración de la semana que viene y el deber de por lo menos tres carillas que hay que entregarle a Binns el lunes.

—¡Mierda…! —susurré— …no tenía en cuenta todo eso. ¿Tres carillas?

—No me invento las cosas para divertirme. —dijo Hermione con fastidio, Ron refunfuñó algo por lo bajo— ¿Dijiste algo, Ronald? —le espetó ella con una mirada negra.

—Nada, dulce. —respondió Ron dándole unas palmaditas en la rodilla, luego me miró —Harry, otra vez estás mirando la mesa de Slytherin, por si acaso te recuerdo que Draco sigue en el ala hospitalaria.

—Sí, ya sé… Es sólo que…

—¿Es por Pansy Parkinson? —preguntó Hermione— ¿Seguís pensando que ella tuvo algo que ver?

—Me consta que tuvo que ver. Lo que no sé todavía es lo que voy a hacer al respecto.

—Sí, tenemos que hacer algo. Si volvió a amenazar a Draco, es un peligro que no podemos tener dando vuelta por Hogwarts.

Ya les había contado lo que había pasado esa mañana en el hospital. —Sí… ¿pero qué podríamos hacer? ¿Matarla nosotros antes de que mate a Draco? —dije exagerando… pero hasta por ahí nomás… si la vida de Draco estaba en peligro…

—No, claro que no… no creo que haga falta llegar a tal extremo. —dijo ella— Vos dejámelo a mí.

—¿Cómo! ¿qué pensás hacer?

—Vos no te preocupes. Yo me voy a encargar de todo. Vos concentrate en Draco para que se mejore pronto.

La miré frunciendo el ceño. No estaba seguro de que me gustara que ella se ocupara de satisfacer mis deseos de venganza. Aunque conociéndola, era probable que ella encontrara alguna forma que actuara de manera preventiva y no tanto vengativa. Seguramente sabría salirse con la suya mucho mejor que yo. En la escuela no nadie tan inteligente como ella.

Igual no pude prestar atención en las clases siguientes, ya no pensaba en Parkinson pero pasé a concentrarme en Draco. Estaba el serio problema de nuestra relación y los peligros que para Draco podía significar. Pero estaba tan enamorado que no podía siquiera plantearme la posibilidad de romper con él. Quizá la solución sería que él se fuera del país durante un tiempo hasta que yo me ocupara de Voldemort… pero Draco con toda seguridad se negaría a irse.

Suspiré. Después de clase iba a ir a verlo y tendríamos que hablar de muchas cosas que habíamos ido dejando para más tarde. Pero después de lo que había pasado, ya no podíamos posponerlas más. La vida de Draco estaba en riesgo. Teníamos que hablar abiertamente y no iba dejar que me distrajera con besos o caricias.

—Terminamos por hoy. —anunció el profesor Hobble, salté inmediatamente de mi asiento y enfilé hacia la puerta— Lean las páginas…

No alcancé a oír el deber asignado para la clase siguiente. Hermione me informaría después.

Iba a medias corriendo por los pasillos y en una esquina me choqué con otro alumno y le hice caer los libros que llevaba. Me agaché de inmediato para ayudarlo a recogerlos al tiempo que mascullaba una disculpa. Recién entonces me di cuenta de quién se trataba. —¡Mike! —exclamé, ahogándome con el nombre, se me había reavivado la culpa.

—¡Maldición, Harry! —me ladró— ¿Por qué no tenés más cuidado!

—Perdón, lo siento muchísimo. —musité contrito— No te he visto últimamente…

—Porque estuve evitándote adrede. —replicó como si fuera lo más natural.

—Ah… ya veo… —en realidad podía entenderlo si me ponía en su lugar… pero tampoco bajaba nunca al Gran Salón para las comidas… ¿estaría comiendo bien?

—¿Me vas a devolver mi libro? —demandó, fue entonces que me di cuenta de que lo tenía firmemente agarrado en la mano.

—Me gustaría que las cosas no hubiesen resultado así. —dije con voz suave, sabía que estaba muy dolido y me hubiera gustado poder hacer algo para remediarlo, pero no podía… cualquier cosa que quisiera hacer empeoraría aun más la situación…

—Bueno, quedátelo… —dijo con un bufido, se puso la correa de la cartera al hombro y se dispuso a marcharse.

—¡No! Esperá… tomá. —dije presentándole el libro, me lo sacó de la mano con brusquedad y se fue sin agregar nada más.

Me quedé mirándolo alejarse… era claro que la estaba pasando muy mal… y era por mi culpa… si me hubiese quedado con él, no sería así… y Draco no estaría en una cama del hospital tampoco.

Me hizo sentir muy mal, no podía mitigar el dolor de Mike… pero por Draco sí que podía hacer algo, era preciso que Draco sobreviviera a la guerra.

—Tenemos que hablar de todo. —anuncié apenas entré en el pabellón.

—Ah, hola Vida. —replicó burlón— Yo también te extrañé. Sí, he pasado un buen día. ¿Qué tal estuvo el tuyo?

—Lo digo en serio, ya no podemos posponerlo más. —insistí sentándome en el borde de la cama— Tenemos que hacer planes para mantenerte seguro. No puedo permitir que vuelvan a hacerte daño… porque estás conmigo.

Draco me tomó la mano y me dio un apretón. —No te sulfures tanto, Harry. Ya encontraremos el modo de solucionar eso. Pero ahora quiero contarte lo que vino a decirme mi madre.

Se le borró la sonrisa y frunció la frente muy serio. De pronto me entró un tremenda curiosidad de saber lo que había dicho lady Malfoy.

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