Una serie de puntos para unir

Capítulo 21 – Draco: Cesión y confesión

—¡Ah, Harry! Llegaste justo, Parkinson vino a amenazarme de muerte, ¿Cuál es tu opinión al respecto, Vida? —pregunté sin quitarle los ojos de encima a la muy yegua. No sabía de qué forma podía llegar a reaccionar Pansy al verse acorralada, de lo que no tenía dudas era de que no iba a permitir que me agarrara desprevenido nunca más.

Hubo unos instantes de silencio pero finalmente oí una respuesta… si bien no del todo coherente. —Eh… yo… Draco, tu m…

Mi madre entró como un tornado. Bueno… eso sí que no me lo había esperado.

—¡Draco, tesoro! —exclamó mi madre caminando hasta la cama. Fue evidente el alivio que se dibujó en la cara de Harry. Yo sé lo intimidante que puede llegar a ser mi madre, me pregunté cuál habría sido el diálogo que habían mantenido de camino al hospital—¿Cómo estás, querido? ¡No sabés cómo me puse cuando recibimos la llamada de Severus! ¡Y tu padre no me dejó venir! ¡Estaba tan consternada!

—Estoy bien, mamá… —dije sin poder evitar que me saliera un tono de chiquilín de diez años, Harry se sonrió entre encantado y burlón— …en serio, quedate tranquila, no me pasa nada.

—Harry venía a verte y tuvo la amabilidad de acompañarme. —explicó, debía de saber muy bien lo que yo estaba pensando. Harry por su parte había clavado una mirada feroz sobre Pansy, quién lucía una expresión aterrada. Razones no le faltaban con Harry y mi madre ahí. Ella sabía muy bien lo terrible que podía ser lady Malfoy cuando la seguridad de su familia estaba en juego.

—Venía para acompañarte un rato, pero puedo volver más tarde. —dijo Harry con manifiesta preocupación en los ojos. ¿Sería por Pansy o por la presencia de mi madre? ¿O por las dos cosas?

—Después de clase, si te parece bien. —contesté con una sonrisa que esperaba sirviera para aplacarle los miedos cualesquiera que fuesen. No era preciso que se preocupara, me sentía muy seguro de poder manejar a las dos mujeres que estaban junto a mi lecho de enfermo.

—Fue encantador volver a verte, Harry. —dijo mi madre con su habitual tono indiferente, pero a continuación hizo algo sorprendente, se inclinó y le dio un beso en la mejilla. —Quizá deberías escoltar a Pansy hasta el Gran Salón. —sugirió. Sabía que algo le había dicho a Harry al besarlo… y que probablemente no sería nada bueno para Pansy.

Casi se me escapó una risa. Se me había presentado una imagen de mi madre y Harry tomando el té y discutiendo distintas maneras de asesinar a alguien sin que pudieran culparlos.

—Eso no será necesario, lady Malfoy. —dijo Pansy con tono respetuoso pero inseguro.

—Tonterías, insisto. —dijo mi madre desestimando la excusa— Hay obviamente sociópatas sueltos en la escuela y bajo ninguna circunstancia quisiera que salieras lastimada.

La satisfacción inundó el rostro de Harry cuando la observó ponerse lívida. Y de inmediato le ofreció el brazo para escoltarla… hacia la muerte. Aunque Harry no lo supiera, más temprano que tarde Pansy iba a morir por lo que me había hecho. Narcissa no iba a aceptar menos. Se dio vuelta antes de salir para mirarme con expresión divertida. No pude evitar sentirme un poco celoso de verlo escoltándola del brazo. ¿Se puede uno sentir celoso de alguien que pronto no será sino un cadáver?

Apenas estuvimos solos cambió de inmediato su actitud de estudiado decoro. Se sentó en el borde de la cama y me tomó la cara con ambas manos. —Lucius y Severus me dijeron que quedaste en condición terrible anoche. Quiero que me cuentes exactamente qué fue lo que pasó.

Sabía que de nada valía tratar de convencerla de que no había sido para tanto y de que estaba bien. Así que me embarqué en el relato de lo ocurrido tratando de quitarle dramatismo. Le dije de mi noviazgo con Harry, relaté el ataque y luego el momento en que me había despertado en el hospital con Lucius junto a mi cama. En algún momento, mientras le contaba, me soltó la cara y me tomó una mano en las suyas. Me las apretaba suavemente mientras le decía de las torturas que había sufrido. —Pomfrey me dijo que me puedo ir después de la cena, pero teniendo a toda la Casa de Slytherin en mi contra… no creo que sea conveniente volver a mi dormitorio. —concluí.

—Hizo un trabajo bastante aceptable curándote. —comentó. Ahora que ya estaba segura de que su hijo traidor se encontraba relativamente bien, había vuelto a su habitual tono de voz altanero. Yo sabía que me era leal, pero mucho me temía que llevadas las cosas al extremo, el instinto de autopreservación de los Malfoy prevalecería y mi padre y ella me dejarían librado a mi suerte si ésa era la única forma de evitar que el Señor Oscuro los matara. Ella me amaba… y mi padre también. Pero, ¿sería el amor que me tenían suficiente? Y ya puestos, ¿el amor que Harry me tenía sería suficiente? ¿cómo reaccionaría si se enteraba de la Marca en mi brazo?

—No seas desagradecida, madre. —la amonesté, me hizo un mohín apretando los labios.

—¿Y qué esperabas? ¿Que le mandara un regalo por cumplir con trabajo? —me espetó, le sonreí con calidez.

—Ése sería un gesto encantador. —me miró escandalizada primero y luego con ojos fulminantes.

—Creo que este chico Potter te está influenciando de manera muy poco conveniente. Pero parece que te ama sinceramente. —era una forma indirecta de aprobación. Sonreí.

—Yo también lo amo. —declaré con determinación. Suspiró.

—Así me lo dijo él. Pero esto no hace sino complicar aun más la situación. —lo había dicho con un tono de voz exhausto, inusitado en ella— Finite incantatem. —susurré. Ella me miró con desaprobación, los encantamientos cosméticos que llevaba puestos se desvanecieron. Los cabellos habían perdido el brillo y tersura habituales. Tenía ojeras grandes y muy marcadas. Los labios lucían resecos y agrietados. La ropa estaba muy arrugada.

—Madre, ¿que ha pasado? —pregunté, por primera vez desde la llegada de mi madre una nota de miedo se me coló en el tono. No era posible que su aspecto terrible se debiera a lo que me había pasado la noche anterior. Tenía el aspecto de haber estado durmiendo mal durante semanas. Se apresuró a restaurar los encantamientos cosméticos y me miró muy seria y con los labios apretados.

—Preferiría no tener que hablar del asunto hasta que no estés completamente recuperado. —dijo e hizo ademán de ponerse de pie pero yo la retuve de la mano.

—Ya estoy bien, madre. Quiero que hablemos al respecto ahora mismo. —insistí incorporándome un poco en la cama. Dudó un instante más pero terminó cediendo.

—Las cosas han estado muy… tensas en la Mansión últimamente. Y tu padre y yo tenemos opiniones diferentes sobre cómo debería manejarse el problema. —esa última frase me dejó perplejo, Lucius y Narcissa Malfoy siempre presentaban un frente unido, incluso conmigo. Supongo que mis padres tendrían ocasionalmente discusiones, pero si las tenían eran siempre en privado, nunca delante de mí ni de nadie.

—¿Es por mi causa o por causa del Señor Oscuro? —pregunté en voz muy baja, nunca se sabe quién podría estar escuchando.

Sacó la varita y puso un encantamiento de silencio alrededor de la cama. Luego se inclinó hacia mí y susurró: —Ambas. Lo quiero fuera de mi casa y fuera de nuestras vidas. Tu padre se empeña en seguir ignorando el caos que esa creatura ha provocado en nuestro hogar. —siseó con tono acerbo.

—Te puedo asegurar que no lo ignora, madre. Me ordenó que rompiera con Harry.

—¡Que ni se te ocurra! —graznó entrecerrando los ojos; cuando comprendió por mi expresión que ésa no era mi intención, prosiguió— Harry Potter es el único vínculo con el otro lado de esta guerra con el que podemos contar. Tu padre está ciego, la propaganda de este enajenado le nubla el entendimiento. Las posibilidades de que nuestro lado gane son muy pocas… un líder desequilibrado sólo puede conducirnos a la perdición.

—¿Cuál es la razón de los ataques? ¿Qué hay de tan terrible en el hecho de que los sangresucias sean admitidos en Hogwarts? ¿Qué peligro pueden representar si son tan débiles como se afirma? ¿Y a quién le importan los muggles? Hemos vivido siglos sin meternos con ellos y sin que ellos se metan con nosotros. ¿Qué fin se persigue exterminándolos?

Por unos segundos me miró totalmente perpleja, pero de inmediato recuperó su habitual máscara de frialdad. —Es obvio que has estado escuchando a Potter mucho más de lo que yo me temía. No es mi propósito que desertes para unirte a la Orden, Draco, sino simplemente que averigües lo que puedas sobre el otro bando… y que busques refugio con ellos si es posible.

Revoleé los ojos e inmediatamente ella me dio vuelta la cara de una cachetada. —Más te vale no olvidarte de que soy tu madre, Draco. —siseó. Asentí apenas masajeándome la mejilla dolorida.

—No voy a usar a Harry más de lo que ya lo he usado hasta ahora. Y no puedo buscar seguridad en la Orden, no voy a poder ocultarle a Dumbledore la Marca Oscura. —expliqué— Pero eso no cambia mis opiniones, madre, me siento como perdido a mitad de camino entre un lado y el otro. Ya no estoy totalmente de acuerdo con lo que el Señor Oscuro dice o hace, por lo tanto no puedo volver con los de tu lado, y estoy envuelto en muchas mentiras y años de oscuridad como para que me den la bienvenida del lado de Harry.

Mi madre suspiró y asintió, algo de calidez se le coló en la expresión gélida. —Entiendo. —dijo, mi alivio debió de ser notable puesto que me sonrió con ternura y me acarició la mejilla que me había castigado un minuto antes. —Vos y yo no somos tan diferentes, Draco. Nos dejamos llevar por los que amamos.

—Yo no me dejo llevar. —protesté irritado por su tono condescendiente.

—¿Alguna vez te conté que estuve a punto de irme con Andrómeda cuando la echaron de la familia Black? —negué con la cabeza y se me desorbitaron los ojos de asombro. Cuando era chico, si llegaba siquiera a pronunciar el nombre de la tía repudiada, me castigaban con una semana de encierro en mi cuarto. —Pues es cierto, ella casi me convenció de que los muggles no son tan malos y que las familias sangrepura no eran sino elitistas discriminadores.

Hice una cara como diciéndole: ¿Y acaso no es cierto? Pero ella ni siquiera lo notó.

—La noche que Andrómeda escapó, tu abuela me hizo sentar y me dijo claramente la verdad de las cosas. En principio uno podría pensar que no hay nada de malo con los muggles. Esencialmente son iguales a nosotros excepto por la falta de magia. Pero Draco, ¿qué sería de nosotros sin magia? ¿Sabés cuántas familias mágicas había apenas hace un siglo?

Me encogí de hombros; me miró con desaprobación. Consideré un instante la pregunta. —Quizá cincuenta familias sangrepura, y muchas más mezcladas. —aventuré.

—Hace doscientos años no había familias mezcladas. —la miré perplejo— Estaba prohibido por el Ministerio casarse con muggles… incluso la fornicación con muggles estaba vedada. En aquella época había alrededor de trescientas familias sangrepura. Luego las leyes cambiaron, se volvieron más tolerantes, las penas para los que engendraban hijos con muggles fueron atemperándose hasta anularse. Y más adelante incluso se derogó la ley que prohibía los casamientos con muggles. Fue una época en que los políticos consideraban que la brecha entre los dos mundos debía ir desapareciendo. Hace un siglo había menos de cincuenta familias sangrepura, ¿sabés cuántas quedan hoy en día?

—¿Quizá la mitad? —volví a aventurar, iba comprendiendo hacia dónde apuntaba.

—Nos estamos muriendo, hijo. Lenta pero inexorablemente. Al punto que incluso tus propios hijos alcancen a ver la desaparición de las estirpes mágicas puras. Esta guerra trata de preservar nuestra clase.

—Esta guerra está matando a todos, sin importar la clase a la que pertenezcan. —repliqué— Si los Slytherin hubiesen logrado lo que se proponían anoche, otra familia sangrepura hubiese quedado sin heredero.

—Dijiste Slytherin como si ya no te consideraras parte de ellos. —me hizo notar con vehemencia— ¿Ahora querés ser un Gryffindor, Draco? ¿Es ése tu deseo?

—No. —le espeté— Pero tendrás que disculparme puesto que he perdido toda confianza en la Casa en la que me asignaron. Estuvieron a punto de matarme, madre.

—Y por ello habrán de pagar. Tuve ocasión de observar el excelente trabajo que hizo tu novio con la cara de Zabini. Bien podría haber muerto a causa de los golpes.

—¿Qué le hizo a Blaise? — pregunté, Severus ya había hecho una alusión similar. ¿Lo había dejado fatalmente herido? ¿Estaba acaso mi puro e inocente Gryffindor más contaminado de lo que yo había pensado? Y si fuera así… ¿era por mi culpa?

—Al parecer concentró toda la agresión en él. Un poco más y le hubiera dejado el cerebro hecho papilla. ¡Bien merecido que se lo tenía el muy rastrero!

¿Qué diría Harry si escuchara las palabras de mi madre? ¿Se mostraría de acuerdo? ¿Se sentiría por el contrario repugnado y lleno de culpa? ¿Sabía hasta qué punto le había hecho daño a Blaise? ¿Era mi influencia lo que lo había llevado a reaccionar así? Todo indicaba que la relación nos estaba afectando a ambos. Yo me estaba volviendo considerado y compasivo y Harry, más calculador y cruel. No estaba seguro de que eso fuera lo que yo quería. Prefería pensar que habían sido las emociones extremas del momento las que lo habían llevado a actuar con implacable violencia.

—¿Y vos le encargaste de que hiciera lo mismo con Pansy? —me miró con gran orgullo.

—¿Así que te diste cuenta? Es cierto… no le dije cómo, pero lo urgí a que la hiciera pagar por lo que te había hecho. —hablaba de tortura y dolor con un tono totalmente despreocupado. Parecía tan fuera de lugar en una mujer tan refinada y hermosa como ella. Pero siempre había sido así, yo la había oído hablar de Imperdonables con el mismo tono que usaba para las proporciones de los ingredientes de un coctel.

—¿Y si él no la mata?

—Dudo mucho que llegue a tal extremo. Pero si se atreviera… diría que podría ser una excelente pareja para un Malfoy.

—¿A qué viene ese comentario? No creo que puedas estar contenta de que Harry y yo estemos en pareja… ¿qué de un heredero?... y Harry ni siquiera es sangrepura.

—Su madre era una bruja, si bien nacida de muggles… pero los Potter son de la más pura estirpe mágica… diría que alcanza para compensar. Si llegara a derrotar al Señor Oscuro, algo que muchos dan por seguro, les daría mi bendición… Convencer a tu padre va a ser un trabajo duro, eso sí, pero no imposible.

—Vos y yo sabemos que podrías llegar a convencer a mi padre de cualquier cosa. —me sonrió ampliamente tomando mis palabras como el más amable de los cumplidos— Pero sigue estando la cuestión del heredero…

—Yo no me preocuparía demasiado por ese detalle, hijo. —dijo con tono misterioso— ¿Creés acaso que sos el primer sangrepura al que le interesan más los hombres que las mujeres?

—No, pero… —me interrumpió con un apretón de mano.

—No hablemos de esos detalles por ahora. Todo lo que es necesario que decidas ahora es si deseás toda una vida junto a Potter. Y si él nos presta un buen servicio… yo estoy dispuesta a aceptarlo.

—Así que si él mata al Señor Oscuro…

—Le entregaré mi único hijo. —declaró muy seria.

—¿Así como así? —pregunté asombrado.

—En esta guerra no hay nada seguro, Draco. Incluso si Potter llegara a matar al Señor Oscuro, existe una buena posibilidad de que muera en el proceso. —me di cuenta por el tono de que era eso lo que ella realmente deseaba, librarse de los dos.

—Lo sé. —susurré. Una imagen de Harry sucumbiendo ante el Avada Kedavra del Señor Oscuro cruzó por mi mente. Me estremecí.

—¿Tenés frío? —preguntó y sin esperar respuesta pronunció un encantamiento para calentarme.

—Estoy bien. —mentí, de todos modos ella no podía hacer nada para solucionar lo que me angustiaba. No era algo que se pudiera arreglar con encantamientos o pociones. Necesitaba a Harry. Necesitaba abrazarlo… necesitaba besarlo… y tenía que decirle todo… y tenía que lograr que me perdonara— Te quiero, mamá. —dije, no sé de donde me salieron las palabras… hacía tantos años que no las pronunciaba.

—Yo también te quiero, Draco. —respondió automáticamente e hizo una pausa… —Es cierto, hijo… sin importar lo que pueda llegar a pasar en esta guerra, tu padre y yo te queremos mucho.

Asentí. En realidad no sabía cómo responder. Sabía que me querían. Sabía también que se querían más a si mismos que a mí… y que llegado el caso… se pondrían en mi contra para salvar sus vidas.

Se puso de pie. —Si quisieras comunicarte conmigo ya sabés cómo hacerlo. —dijo

Asentí.

—Y no le hagas mucho caso a lo que dice tu padre, le gusta hacer de tirano. Cualquier aliado que podamos conseguir nos hace más fuertes, sin importar de qué lado venga. Ahora sería conveniente que durmieras un poco. —y antes de que yo pudiera protestar, llamó a madame Pomfrey para que me administrara una poción sedante.

oOo

Me desperté y estaba solo. Ya era de tarde. Me había perdido la visita de Harry de después del almuerzo. Maldije a mi madre y a Pomfrey por la poción que me habían obligado a beber. De todos modos, me sentía mejor que a la mañana, el sueño me había hecho bien. Y estando solo tenía la oportunidad de pensar en lo que había dicho mi madre, antes de tener que hablar con Harry.

La sola idea de una vida sin Harry me provocaba una profunda angustia, así que ésa no era una opción por más riesgos que significara para ambos. Mi padre, lógicamente, se había opuesto terminantemente a que siguiéramos juntos. Mi madre, en cambio, había dejado una puerta abierta… con una condición… estaba dispuesta no sólo a permitir sino incluso a bendecir nuestra unión… una recompensa así, bien justificaba los riesgos que deberíamos correr para vencer a Voldemort.

Nunca me había imaginado en el campo de batalla, siempre había pensado que cuando me tocara participar lo haría desde atrás de la escena, en la elaboración de los planes y colaborando preparando pociones. Mi idea era que era demasiado joven para que me mandaran a pelear directamente en batalla. Una ingenuidad, lo sé. Pero ahora empezaba a ver las cosas desde otro ángulo… y era muy probable que terminara en el lugar de mayor fragor del enfrentamiento.

Si Harry iba a pelear, no podía dejarlo solo, necesariamente iría con él. Si el destino de Harry era morir… yo moriría a su lado. ¿Tenía miedo? Sólo un tonto no lo tendría… pero mi amor por Harry superaba todos mis miedos. Y poco me importaba que no pensáramos igual… lo que realmente importaba era que lo amaba con todo mi ser y que le brindaría mi ayuda… pelearía codo a codo junto a él.

Yo era de Harry y no podía vivir lejos de él. Y así tuviera que luchar contra mi propio padre… por Harry lo haría.

oOo

Mi tonto Gryffindor entró al hospital con pasos decididos y el ceño encantadoramente fruncido.

—Tenemos que hablar de todo. —demandó sin preámbulos.

—Ah, hola Vida. —dije con tono divertido, si bien era más un recurso para enmascarar mis nervios que otra cosa— Yo también te extrañé. Sí, he pasado un buen día. ¿Qué tal estuvo el tuyo?

—Lo digo en serio, ya no podemos posponerlo más. —declaró plantándose con resolución al lado de la cama— Tenemos que hacer planes para mantenerte seguro. No puedo permitir que vuelvan a hacerte daño… porque estás conmigo.

Le tomé la mano. Extrañaba sus manos, sus labios, su cuerpo. Todos los problemas parecían esfumarse cuando estaba cerca de mí. Pero tenía razón, teníamos que hablar. Había muchas cosas que tenía derecho a saber… aunque no le iban a gustar. —No te sulfures tanto, Harry. Ya encontraremos el modo de solucionar eso. Pero ahora quiero contarte lo que vino a decirme mi madre.

Pestañeó un par de veces y respiró hondo, aparentemente dispuesto a posponer por un momento sus exigencias. Le sonreí cálidamente y sin más aviso lo agarré de los hombros y lo atraje hacia mí para devorarle la boca. Tenía que aprovechar, después de hablar era posible que Harry no quisiera volver a verme nunca más. Traté de absorber al máximo todos los sabores y todas las texturas… podía ser la última vez.

Harry interrumpió el beso segundos después, demasiado pronto para mi gusto. —No más distracciones. —insistió— Hablá.

Reí y apoyé la cabeza sobre la almohada. —Te amo, Harry. Lo sabés, ¿verdad?

Frunció los labios y asintió. —Por supuesto. Yo también te amo. —se apresuró a agregar— Pero me parece que estás tratando de distraerme una vez más.

—No es así. —dije levantando los brazos en gesto de rendición— Pero quiero que lo tengas presente.

—Está bien. —dijo, pero me pareció ver una sombra de inquietud cruzándole la mirada.

—Mi madre me dijo que no le hiciera caso a la demanda de mi padre de que rompiera con vos. Aunque es algo que yo ya había decidido hacer. Pero es bueno saber que la tengo a ella de mi lado.

—Pero eso es una buena noticia… ¿o no? —preguntó con desconcierto. Paciencia Harry, la parte complicada viene después.

—Así es… en su mayor parte. —su desconcierto creció, me hubiese gustado en ese momento que me pudiera leer la mente— Lo cierto es que mi madre no da puntada sin nudo… así que su actitud responde a ciertos propósitos y objetivos… pero por el momento está de nuestro lado.

—¿Por qué los Slytherins son siempre tan intrigantes? ¿Por qué no dicen claramente lo que piensan? ¿Por qué sus palabras sólo reflejan a medias lo que piensan?

—¿Vos querés decir como los Gryffindors? —pregunté con una sonrisa de lado.

—¡Exactamente!

Me encogí de hombros, no era el momento para discutir la psicología Slytherin. —Lo importante es que ella quiere la derrota del Señor Oscuro. Y confía en que vos puedas lograrla.

Fue el turno de Harry de encogerse de hombros, exasperado. —No es ninguna novedad. Es probablemente lo mismo que quiere la gran mayoría de los magos y brujas de Gran Bretaña. Incluso los mortífagos esperan que me enfrente con ellos… para ser vencido por ellos claro.

—Es cierto… pero mi madre además nos está ofreciendo un contrato de matrimonio. —esperé un momento conteniendo la risa a que procesara las palabras, los ojos se le desorbitaron segundos después, llenos de preguntas.

—¿Un qué? —susurró.

—Me oíste bien. —dije sonriendo— Mi madre vino a decirme que, si matabas al Señor Oscuro, que estaba dispuesta a cederme a vos.

—¿Cederte a mí? Pero… yo… —empezó a farfullar y se pasó las manos por los cabellos— ¡Explicate!

—Soy el único heredero de una familia de la más pura estirpe mágica, Harry. —era necesario que entendiera lo importante que era la cuestión— Como tal, tengo una obligación, por el bien de la familia estoy atado a los deseos de mis padres. Lo que quiere decir que estoy obligado a casarme con quien ellos dispongan y tengo el deber de engendrar un heredero que asegure la continuidad del linaje.

—¿Y entonces cómo son las cosas? ¿Me vas a echar de una patada cuando te hayan encontrado esposa? —ladró. Suspiré negando con la cabeza.

—No. En el mismo momento en que decidí estar con vos, Harry, me preparé para hacer mi apellido a un lado. Me preparé a que me repudiaran, a perder todo… la Mansión, la fortuna, todo lo que me corresponde como herencia… incluso a mis padres. —me pregunté si Harry alcanzaba a abarcar la enormidad de mi renuncia, de mi sacrificio… para ser de él. Pero no me importaba que llegara a entenderlo en su total dimensión. Que lo entendiera o no, no iba a cambiar mi decisión. Era una decisión que sólo a mí me correspondía tomar.

—Yo no te hubiese permitido que… si lo hubiese sabido… —era de esperar, su naturaleza heroica de Gryffindor tenía que mostrarse.

—Lo sé y fue precisamente por eso que no te lo dije. Soy yo quien elige lo que es importante para mí. Y vos sos más importante que todo. He tenido todo eso durante toda mi vida y nada me ha hecho sentir tan feliz como el tenerte a vos, Harry. Te amo más que a la fortuna, más que a mi familia… te amo más que a nada en el mundo.

Sentí que me ahogaba con las últimas palabras. Y las lágrimas me inundaban los ojos. Una parte de mí temía que a pesar de mi amor lo iba a perder igual. Había secretos que no habían sido revelados aún. Todo había empezado como una mentira y cuando se enterara de que yo no era mejor que mi padre… quizá ya no querría estar conmigo.

—Draco… —susurró con ternura entrelazando sus dedos con los míos, pero no iba dejarlo que dijera lo que fuera que tenía pensado decirme… tenía que decirle todo, tenía que saber cómo era realmente la situación.

—Mi madre me entrega a vos a cambio de la muerte del Señor Oscuro… eso implica que no me veré obligado a renunciar a nada para estar con vos. Te conozco, sé que tus planes son enfrentarte a él… y sé que tenés el poder para derrotarlo.

—¿Y entonces qué…? —preguntó burlón, aunque la voz le temblaba un poco— ¿Me estás proponiendo matrimonio?

—Todavía no. —susurré— Hay ciertas cosas que tenés que saber primero… y que podrían hacerte cambiar de parecer.

Pude ver claramente el miedo en sus ojos. Las mandíbulas se le pusieron tensas. No obstante me hizo un breve gesto instándome a que continuara. No había forma de dorarle la píldora… cualquier intento al respecto poco duraría y sería inútil… la única alternativa posible era ser directo.

Me levanté la manga y extendí el antebrazo. Se bajó de la cama de inmediato y retrocedió un par de pasos, pero lo repentino del movimiento lo hizo trastabillar y cayó al suelo. La expresión se le había trocado en una de total horror. El corazón se me partía… era yo el que le inspiraba ese sentimiento horrible.

—Harry, por favor, escuchame… —rogué, quería que al menos me dejara explicar antes de tomar una decisión.

—Sos… vos sos…

—Un mortífago. —confirmé con un gesto avergonzado— Me marcó el día que cumplí dieciséis años.

—Pero si yo te vi el brazo, lo toqué… yo… ¡ay Dios! —gimió y ocultó la cara entre las rodillas. Era desgarrante verlo… ese gesto mostraba pesar y rechazo… rechazo de todo lo que habíamos compartido.

—Estuve ocultándotela desde el principio porque sabía que no habrías querido tener nada conmigo si sabías que era un mortífago. Lo siento… realmente lo lamento.

No hubo ninguna reacción ni en un sentido ni en otro, no tenía la menor idea de lo que estaría pensando. Seguí hablando, con algunos lloriqueos, hundiéndome cada vez más en el pozo de mentiras que había creado. —Cuando empecé a hablar con vos… mis intenciones eran las peores… quería que te enamoraras de mí para poder entregarte al Señor Oscuro… eso me hubiera ganado gran prestigio y recompensas… pero las cosas no salieron del modo planeado… me enamoré de vos mucho antes de haberme ganado tu confianza.

Alzó la mirada, seguía sentado en el suelo. Tenía el rostro oculto en parte por las piernas, en parte por el flequillo. Podía, no obstante, verle los ojos. Los ojos… que contrariamente a lo habitual, en ese instante carecían de expresión.

—Lo que siento ahora es sincero, Harry. Aunque no haya sido así como empezó. Te juro por mi vida que ahora… no podría siquiera pensar en traicionarte. E incluso si decidieras irte y no volver a mirarme nunca más… igual no podría deliberadamente hacer nada que pudiera dañarte. Te amo demasiado… Estoy dispuesto a unirme a la Orden… si vos decidís quedarte conmigo, estoy dispuesto a jurarle fidelidad a Dumbledore y jurarte fidelidad a vos… y jurarle fidelidad a cualquier otra persona que vos me indiques. Estoy dispuesto a pelear a tu lado contra V…Voldemort. Estoy dispuesto a pelear contra mi propio padre si fuera necesario… Porque soy tuyo por entero… porque te pertenezco… y aunque vos no me quieras, yo te quiero y siempre voy a quererte.

Lo vi abrir y cerrar los puños varias veces. Yo tenía los dedos clavados en el borde del colchón, esperaba que en cualquier momento se pusiera de pie y me fusilara a hechizos… o que simplemente diera la vuelta y se fuera sin decirme una palabra. Pero no hizo ni una cosa ni la otra, se quedó contemplándome con esas gemas penetrantes, en silencio…

—¿Cuál es tu decisión entonces? —pregunté finalmente tras un largo momento— ¿Te casarías conmigo, Harry?

oOo