Una serie de puntos para unir

Capítulo 22 – Harry: Con todos sus defectos

Duro se sentía el suelo debajo de mí. Y frío… muy frío. Se me dormían las manos y el trasero, sentado allí mirándolo. Me había quedado sin palabras. ¿Qué hubiera podido responder? Me había confesado tantas cosas que yo ni siquiera podía empezar a creer… y ni hablar de poder elaborar una réplica.

—Sé que es mucho… —continuó con su lamento, yo ya no podía soportarlo.

—¡Dejá de hablar, Draco! —demandé abrumado y presa del pánico— Por favor, ya no agregues más.

Cerró la boca al instante, era evidente que se sentía herido, pero en ese momento yo no podía hacer nada para consolarlo. Tras un largo rato de silencio anuncié finalmente. —Necesito pensar. —me puse de pie y salí. Teniéndolo delante de mí expectante y ansioso me iba a ser imposible procesar la información y aclarar las ideas.

Mientras caminaba hacia la torre de Gryffindor me sentía como si no fuera yo mismo. Como si alguien más se hubiese apoderado de mi cuerpo

Mortífago. Mortífago. Mortífago.

Se me presentaba la imagen de Draco en el círculo de mortífagos que me rodeaba en el cementerio, al lado de Lucius. Sus rasgos afilados ocultos detrás de la máscara. Podía verlo apuntándome con la varita. Podía oírlo burlándose de mí por haberme enamorado tan profundamente de él. Podía oírlo reír al revelarme que todo había sido una mentira.

Quería morirme.

Si él quería matarme… dejaría que lo hiciera.

Una mezcla de amor y dolor me rasgaba el corazón, volvía a recordar nuestro primer beso y nuestras primeras horas juntos…

No… era imposible… Draco nunca podría ponerse esa máscara, nunca podría haber estado en ese círculo, Draco me amaba… se había entregado por entero a mí.

Seguramente lo habían obligado a aceptar la Marca… o de alguna forma lo habían presionado… o lo habían persuadido.

Cuando llegué a la sala común de Gryffindor seguía tanto o más que confundido que cuando había salido corriendo del hospital.

¡Oh Dios! ¡Me propuso matrimonio!

Agarré a Ron de un brazo con una mano y a Hermione con la otra y me los llevé a un rincón. —Hermione, —dije en voz baja— ¿podemos ir a hablar a algún lugar privado?

Me miró con preocupación. —Por supuesto. —respondió asintiendo. Ron me preguntó con la mirada si él también tenía que ir; negué con la cabeza. —Más tarde te cuento todo, ahora necesito hablar con Hermione a solas.

Hermione me tomó del brazo y salimos juntos por la puerta retrato. Me condujo a lo largo de un corredor hasta un aula en desuso.

—Harry, ¿que pasó? ¿le pasó algo a Draco?

Volví a ver la Marca en mi mente, apreté los dientes hirviendo de ira. —¡Voy a matarlo! —siseé— ¡Así sea lo último que haga voy a matarlo!

—¡Oh Harry! —exclamó ella— ¿Qué fue lo que pasó? Yo creía que todo iba tan bien entre ustedes…

—¡Lo marcó! —vociferé y pateé un escritorio que tenía al lado— ¡Lo manoseó!

Hermione hizo una mueca de disgusto. —¿Cómo te enteraste?

—Él me lo dijo. —suspiré, seguía sintiéndome muy enojado, pero ahora el dolor se me iba intensificando en el pecho.

—¡Ay Harry, lo siento tanto! —hizo un ademán como para abrazarme pero se contuvo, quizá fue mejor así… las cosas todavía no habían vuelto a ser como antes— ¿Rompieron?

—No… —dije sacudiendo la cabeza— …no lo creo. En realidad me pidió que me casara con él.

—¡Que qué? —casi había sido un grito— ¿Que te pidió que te casaras con él? ¿Te confesó que te engañaba y después te propuso matrimonio?

—¡Cómo? —ladré— ¡Draco no me engaña! —¡cómo se le ocurría decir un disparate como ése!

—¿Pero no dijiste que había otro que lo había manoseado? ¿Que querías matarlo? —preguntó desconcertada con el ceño fruncido.

—Draco fue marcado… ¡por Voldemort! —le espeté con frustración— ¡Y voy a matar Voldemort por haberlo deshonrado con su Marca…! ¡Y por tantas otras razones! Me quitó mi familia, destruyó mi vida… ¡y marcó a mi novio! ¡Voy a destruirlo al muy hijo de puta! ¿Y si esto termina destrozando nuestra relación? ¿Cómo voy a hacer si tengo que ver ese horrible tatuaje todos los días por el resto de mi vida?

—¿Está marcado! —los ojos de Hermione se abrieron grandes del shock— ¿Querés decir que Draco es un…?

—…un mortífago. Sí, así es.

—¡Mierda! —la miré muy sorprendido, Hermione nunca dice malas palabras— ¡Pero si todavía no alcanzó la mayoría de edad!

—Sí… yo también pensaba que recién los admitían de mayores… pero no me extraña tanto, Voldemort no es precisamente un ejemplo de rectitud moral.

—¿Y él te lo confesó así de golpe? ¿Por qué?

Me encogí ligeramente de hombros. —No sé… —dije suspirando— aparentemente su madre le dio la aprobación para que nos casáramos…y él quería proponerme matrimonio sin demorar más… pero quería que yo supiera antes toda la verdad.

—Si parece mentira… —dijo ella tapándose la boca— ¿Y vos le contestaste?

Sacudí la cabeza.

—¿Y ya pensaste lo que le vas a contestar?

Volví a sacudir la cabeza. —No, no estoy seguro… tengo mucho que pensar primero… pero quería poder contárselo a alguien.

—Entiendo… para serte sincera, me alegra que me lo hayas contado. Yo quiero ayudarte siempre que pueda.

—Lo sé. —la miré directo a los ojos— No le digas nada a nadie. Ni siquiera a Ron. Yo se lo voy a contar… pero una vez que haya decidido qué contestarle a Draco.

Asintió en silencio.

oOo

Estaba en un calabozo. Frío y húmedo. Y vacío. No había cama, ni mesa, ni inodoro. Sabía donde estaba, Voldemort me había capturado. Pero no podía acordarme cómo había sido.

La puerta se abrió. Entró Draco y caminó hasta mí.

—Harry. —saludó y se arrodilló a mi lado. ¡Estaba tan contento de verlo! Le tiré los brazos al cuello y lo atraje contra mí. Se rió. —Sos tan tonto, Harry. —me dijo.

Y fue como una revelación, supe que había sido él el que me había traicionado. No había sido Voldemort. Había sido Draco. Mi Draco. Lo solté de inmediato. Se separó un poco y me contempló con una de esas medio sonrisas retorcidas tan propias de él.

—Te amo, Harry. —dijo con sarcasmo— Vos vas a ser mi primero, Harry. Quiero que me hagas el amor, Harry. —repetía mi nombre, una y otra vez rebosante de burla.

Me aparté de él gateando por el suelo. —El Señor Oscuro está tan complacido conmigo, Harry. —dijo riendo con satisfacción— Y va a recompensarme magníficamente por esto. Voy a obtener un lugar privilegiado en sus filas. Confía totalmente en mí.

Sus palabras fueron como una puñalada que me hizo añicos el alma.

—Te va a matar, lo sabés, ¿no? —me dijo sonriendo— Y lo mejor es que voy a poder mirar. Realmente estoy progresando, Harry. Y es todo gracias a vos y a tu débil… muy débil corazón. —rió estruendosamente, pude sentir a mi débil corazón haciéndose pedazos— No puedo creer que pudieras enamorarte de mí, imbécil. ¡Ahora voy a poder verte morir!

oOo

Me desperté sobresaltado. La habitación estaba helada pero yo me sentía hervir. Estaba bañado en sudor y las mantas parecían estar sofocándome. Me las saqué de encima con una patada furiosa. Quería olvidarme del sueño. Quería gritar de rabia y de frustración… la imagen de Draco riéndose de mi muerte inminente era desgarradora… y el gozo rebosante en su rostro de poder ser testigo presencial.

Me bajé de la cama y fui de puntillas hasta el baño. Por lo menos el aire frío resultaba tonificante. Me apoyé sobre el lavabo y traté de contener las arcadas. Levanté la mirada y me contemplé en el espejo. Tenía un aspecto terrible, lo cual no era de extrañar puesto que así de mal me sentía.

—¿Cómo pudo suceder esto? —susurré.

En ese momento supe que podía perdonar a Draco por ser un mortífago y por haber sido marcado. Podía perdonarlo por haberse entregado a los designios de Voldemort y a su cruzada devastadora. Era todavía muy joven y las presiones de su padre debían de haber sido difíciles de desoír. Había sido un error, si bien uno que podía comprenderse. Lo que me iba a resultar mucho más duro de pasar por alto era la traición.

Unos meses antes Draco me quería muerto y había estado más que dispuesto a engañarme, a traicionarme y a entregarme en bandeja de plata a Voldemort.

¿Cómo podía seguir con él sabiendo eso?

Una vocecita en el fondo de mi mente me recordó que yo también había tenido intenciones de usarlo. Yo pensaba aprovecharme de él para obtener información… y para poder llegar a Voldemort. Yo tampoco había sido honesto.

Pero así y todo era un trago muy difícil de pasar, Draco había querido sacar provecho de mi muerte… ¿era ése el hombre que amaba? Suspiré.

Hubo golpes a la puerta. —¿Está todo bien, cumpa? —me llegó la voz de Ron desde el otro lado.

—Sí… todo bien, Ron. Enseguida salgo.

—Ah… bueno. — respondió y oí sus pasos alejándose. Él sabía que me pasaba algo, había intentado sonsacarle información a Hermione pero ella se había negado a soltar prenda.

No sabía qué decirle, no quería mentirle, pero tenía miedo de que pudiera tomar muy mal la novedad, estábamos tratando de reconstruir la amistad y no quería arruinar los avances que ya habíamos logrado. Y Ron podía enojarse mucho… podía incluso llegar a atacar a Draco por haberme engañado… y yo no estaba seguro de querer que hiciera algo así.

oOo

Esperaba que dejaran a Draco otro día en el hospital, de esa forma no tendría que reencontrarme con él tan pronto. Necesitaba espacio, tiempo lejos de él para poder pensar y decidir lo que quería hacer.

Seguía amándolo con todo mi corazón… quizá era una necedad amarlo tanto. ¿Era acaso más sensato tratar de expulsarlo de mi corazón? ¿O debía buscar alguna forma de superar la desagradable y terrible revelación y conservarlo a mi lado? ¿Podía confiar en él?

Una vez más el destino decidió en mi contra, no me extrañé demasiado cuando lo vi entrar en el Gran Salón para el desayuno. Nuestras miradas se cruzaron, de golpe me pareció que éramos, él y yo, los únicos en el recinto. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no ir corriendo a su encuentro.

Desvié la mirada y traté de concentrarme en la conversación de mis amigos. Cuando terminé de desayunar, me puse de pie y me animé a mirar furtivamente hacia la mesa de Slytherin… pero él ya no estaba.

oOo

Ese día tenía dos clases con él, no sabía cómo iba a hacer para poder soportarlas. Siempre nos sentábamos juntos… pero no podía sentarme a su lado, hubiera sido intolerable. Si me ignoraba y no me dirigía la palabra me mataría… pero si me hablaba… yo no iba a saber qué responderle… y eso nos mataría a los dos.

Él estaba sufriendo mucho. Había podido verlo en su rostro. Quizá los demás no se daban cuenta pero yo sabía adivinar las señales que para los otros pasaban inadvertidas. En ese corto instante en el Gran Salón cuando nuestro ojos se habían encontrado… pude ver lo dolido que se sentía y algo más… su ansia y su nostalgia… su verdad… lo mucho que me amaba.

Me estaba comportando como un tonto. Él me amaba y yo lo amaba. Teníamos que estar juntos… ¡si tan sólo fuera tan simple!

Draco había llegado antes al aula para la clase de Historia. Estaba sentado en nuestro banco habitual. ¡Cómo me hubiese gustado ir a su lado! ¡Decirle que lo amaba y que nada me haría más feliz que casarme con él! Y era cierto… ¿pero qué si el pasado venía mordernos y terminaba desgarrando nuestra felicidad?

Me senté al lado de Hermione un poco más atrás. El profesor Binns entró flotando poco después y empezó con su monótona perorata habitual. Estuve mirando la nuca de Draco durante toda la clase.

Adivinación no fue distinto, me senté con Ron y estuve mirando a Draco todo el tiempo. ¡Lo amaba tanto! ¡Tenía tantos deseos de decirle que sí! Pero me faltaba valor… triste Gryffindor estaba resultando.

oOo

No tengo idea de cómo pude sobrevivir a ese día, pero de alguna forma pude. Las horas fueron deslizándose unas detrás de las otras. Y el corazón se resquebrajaba cada vez más…Draco se me escapaba deslizándoseme entre los dedos. Hasta el día anterior había estado tan seguro de nuestra relación. Hasta el día anterior había estado seguro de que nada podía separarnos… que podíamos superar todo, que podía amarlo sin importar lo que hubiera hecho. Pero ahora ya no estaba tan seguro. ¿Acaso lady Malfoy tenía razón? ¿Todo parece amor cuando se tienen dieciséis años?

Suspiré y elevé los ojos a las estrellas. Sabía que una de esas constelaciones tenía el nombre de mi amado. ¿Cuál sería? ¿Se podría ver desde donde estaba?

Me había escapado después de la cena al estadio de quidditch. No me importaba el frío, ni la oscuridad. Quería estar solo.

Tenía que decidir qué hacer con Draco esa misma noche. No iba a poder soportar otro día como el que había pasado. Respiré hondo y traté de encarar todo lógicamente.

Las faltas que Draco había cometido contra mí eran muchas. Había sido un matón abusador durante años, años de mentiras, de manipulación, de intrigas en mi contra… y ahora también mortífago. Pero todo eso anterior ya se lo había perdonado… lo de ahora era distinto… mortífago, un plan maligno para matarme… siquiera pensarlo era demasiado doloroso.

—¡Hace un frío de cagarse, macho! —la exclamación de Ron me provocó un sobresalto— ¿Qué carajo estás haciendo acá?

—Pensando. —dije encogiendo los hombros. No me había esperado que viniera, pero en ese momento me di cuenta de que me alegraba que se hubiese acercado— Sentate, voy a poner un encantamiento para entibiar el aire.

Se sentó a mi lado, su presencia me hacía sentir menos perdido, no tan desamparado.

—No es preciso que me cuentes lo que está pasando. —dijo con voz muy suave— Hermione me dijo que no tenía que preguntarte… y no voy a preguntarte. Lo que quisiera saber es por qué vos podés hablar con ella pero no conmigo… sé que debés de estar teniendo problemas con Malfoy… pero no tenés que creer que yo no vaya a entender… sea lo que sea yo voy a entender… y voy a ayudarte… quiero ayudarte.

Asentí, me sentía un poco culpable. Lo había subestimado… porque pensaba que no iba a entender… por eso tampoco le había contado nunca que era gay. —Necesito tu ayuda… no puedo pensar con claridad…

—¿Qué es lo que está pasando? La última vez que los vi estaban en un delirio de felicidad el uno con el otro.

—Me pidió que me casara con él.

Ron pareció ahogarse al oírlo. —¿Le permiten hacer algo así? —preguntó, él debía de saber mucho más que yo sobre las reglas que regían el matrimonio en las familias sangrepura.

—Su madre le dio su consentimiento… o se lo va a dar si yo derroto a Voldemort. Draco piensa que no habría que descartar propósitos ocultos de ella. Probablemente desee librarse de Voldemort y de mí con una sola movida… en el caso de que ninguno de los dos sobreviviera al enfrentamiento.

—Ya veo. —Ron trataba de procesar la información— ¿Ése es el problema entonces? ¿Él te propuso matrimonio y vos te espantaste porque llevan muy poco tiempo juntos?

—Bueno… no precisamente. Aparte de la propuesta hay mucho más. —dije con imprecisión— Si sólo hubiese sido la propuesta le hubiese dicho que sí inmediatamente porque yo quiero casarme con él. Lo amo tanto así. Pero él me confesó además otras cosas… antes de la propuesta… y… no sé…

—Está bien… no es necesario que me lo cuentes. —dijo con un suspiro decepcionado.

Se recostó en el suelo con la cabeza apoyada sobre las manos y la vista fija en el cielo. Hubo unos momentos de silencio. Tenía que pensar… si contárselo o no. Finalmente decidí era mejor que se lo contara.

—Draco es un mortífago. —noté que se ponía tenso, pero no dijo nada— Voldemort lo marcó hace unos meses cuando cumplió dieciséis años. Hasta ahora había estado ocultándome la Marca… pero anoche me la mostró.

—¿Un mortífago? —repitió, el tono indicaba que le parecía algo difícil de creer.

—Sí, pero aunque te parezca extraño, no es eso lo que más me preocupa. Puedo entender que haya tenido que aceptarlo por su educación y las presiones de su padre.

—Sí, supongo. —dijo Ron no muy convencido.

—Sé que él ahora está arrepentido. Y sé que ya no es leal a Voldemort. Sé que es leal a mí y sé que nunca me haría daño.

—Y entonces… ¿cuál es el problema?

—El problema es que… hasta no hace mucho él quería hacerme daño. Había planeado traicionarme y fue por eso que empezó todo. Su propósito era que me enamorara de él para después entregarme a Voldemort.

Ron soltó el aire de golpe en una sonora mezcla de bufido y suspiro. —Harry… a mí Malfoy no me cae bien que digamos… tampoco estoy seguro de que nunca vaya a hacerte daño… pero considerando objetivamente las cosas y tratando de interpretarlas correctamente… creo que lo que vos tenés que recordar siempre es que Malfoy en esencia… es un idiota. —fruncí el ceño confundido y tuve que contenerme para no reírme por la seriedad del tono que había usado— Malfoy parece ser uno de esos idiotas que deciden sobre las cosas antes de saber cómo son realmente, y probablemente yo soy el más indicado para decirlo puesto que soy igual que él; pero lo bueno de los idiotas como Malfoy o como yo es que cuando comprendemos cómo son realmente las cosas… nos damos cuenta de lo idiota que somos y de lo idiota que actuamos. Hermione sabe muy bien lo estúpido que puedo llegar a ser… y me ha perdonado tantas cosas, tantas veces… creo que soy un tipo con suerte, otra ya me hubiese mandado a la mierda hace rato de una buena patada en el culo.

La lógica de Ron me dejaba perplejo y si bien para su razonamiento no había apelado a términos muy académicos, lo que había dicho… ¡era exactamente lo que necesitaba oír! —Entonces… ¿lo que vos estás diciendo es que…?

—Que Malfoy no sabía nada sobre vos cuando con toda su infinita sabiduría, o falta de ella más bien, urdió ese plan de seducirte para después entregarte atado y envuelto en papel de regalo a Voldemort.

Sonreí, empecé a sentir una agradable sensación cálida en el pecho. —Él me dijo que se había enamorado de mí durante el proceso de su plan y antes que yo de él.

—Lo que quiere decir que vos no caíste en su trampa. —razonó Ron— Al menos no hasta que sus sentimientos fueron sinceros y no sólo ganas de meterse en tus pantalones.

Me reí a carcajadas y me dio también un poco de vergüenza de que Ron lo dijera así con tanta seguridad y como si tal cosa. Pero algo me quedaba claro, Draco no había llegado a engañarme. Había tratado y no le había salido bien… es más, en cierta forma el tiro le había salido por la culata.

De pronto me sentía liviano, libre de toda la deprimente y abrumadora carga de ese día. Y me encontré sonriendo como un idiota.

—Entonces, ¿puedo concluir que tengo que comprarme ropas de gala nuevas? —me preguntó. Le sonreí pero no tenía la menor idea de lo que me estaba hablando.

—¿Qué querés decir?

—Quiero decir que supongo que no le vas a pedir a otro que sea tu padrino.

Me eché a reír y sin pensarlo lo envolví en un apretado abrazo. Él también me abrazó.

oOo

Estaba tan ansioso que esa noche no podía dormirme. Ron me gruñía cada tanto que dejara de hacer ruidos y de dar vueltas en la cama. Pero no podía evitarlo. Finalmente pude conciliar el sueño pero después de varias horas.

El resultado fue que a la mañana nos quedamos dormidos más de lo debido y llegábamos tarde para el desayuno. Nos vestimos a la rápida y salimos corriendo de la torre para bajar a desayunar. Yo había empezado a entrar en pánico, ¿y si llegaba demasiado tarde y Draco ya no estaba en el Gran Salón?

Corría sin poner demasiada atención y pasó lo que tenía que pasar, terminé chocándome con alguien. —¡Draco! —exclamé, era justo a él al que había atropellado.

Me miró con ojos sorprendidos, masculló una disculpa, dio media vuelta y de inmediato se perdió en el mar de alumnos que ya salían de desayunar para ir a clase. —¡Draco! —lo llamé tratando de abrirme paso entre la multitud— ¡Draco, tengo que hablar con vos! —le dije cuando finalmente pude alcanzarlo.

—No hace falta, Harry. —me respondió— Entiendo. —dijo e hizo ademán de irse.

Pero no entendía nada, o peor, entendía mal. —¡Draco, esperá! —seguíamos inmersos en la ola de alumnos.

—No, todo está bien, Harry. No es preciso que me expliques nada. En tu lugar, yo tampoco querría estar conmigo.

—¡Draco, por favor, pará un poco!

Mis gritos de súplica habían llamado la atención de varios de los que estaban alrededor, que se detuvieron de inmediato donde estaban dispuestos a presenciar un nuevo episodio de la saga Potter-Malfoy. En ese momento, poco me importaba quién nos estuvieran viendo.

—¡No tenés que hacerme favores, Harry! —me gritó, pero lucía más herido que enojado.

—¡Entonces haceme un favor, vos a mí! Por favor, escuchame un momento.

Para mi alivio, finalmente se avino a mis deseos. Me olvidé por completo de los que estaban alrededor, mis ojos y mi corazón eran sólo para Draco.

Él había fijado la mirada en el suelo. Le tomé una mano para asegurarme de tener su atención, porque lo que le iba a hacer no era algo que quisiera tener que repetir.

—Por favor, Draco, haceme un favor… —dije con voz muy suave hincándome de rodillas— …casate conmigo.

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