Una serie de puntos para unir

Capítulo 23 – Draco: La decisión correcta

El silencio se me hacía difícil de soportar. Acababa de darme cuenta de lo mucho que quería que me dijera que sí. ¿Le había hecho la sorpresiva proposición para que no le diera tanta importancia a mi vergonzoso secreto? Mi intención no había sido ésa. Amaba a Harry, eso era innegable. Y casarme con Harry era exactamente lo que quería. Y verlo ahí caído sobre el suelo, con una expresión en la cara como si fuera a vomitar de un momento al otro… era demasiado doloroso.

Quizá convenía que me explicara un poco más… para convencerlo de mis sentimientos por él. —Sé que es mucho… —empecé a balbucear, pero Harry no estaba dispuesto a oír más.

—¡Dejá de hablar, Draco! —exigió casi con un grito— Por favor, ya no agregues más.

La brusquedad de sus palabras no daba lugar para más, me interrumpí de inmediato y bajé la mirada. Había lágrimas en mis ojos que querían escapar, pero iba a hacer todos los esfuerzos posibles para contenerlas. No debería haberme sorprendido tanto que reaccionara así, ¿cómo podría él amar a un mortífago? Era seguro que terminaría conmigo y era por mi culpa. Hubo un largo silencio, yo seguí con la mirada gacha, no quería verle la decepción dibujada en los ojos, no quería ver la duda que seguramente los habría invadido… podía entenderlo, en su lugar yo hubiese reaccionado así también.

Quería que dijera algo, la espera, la incertidumbre me estaban matando. No me animaba a decir nada con la esperanza de que tras una reflexión silenciosa me dijera que todo estaba bien y que si nos amábamos podíamos superar todo… que era lo que me había dicho esa misma mañana.

Cuando habló, mi ilusión perdió todos los pétalos como una flor marchita. —Necesito pensar. —dijo directamente y se puso de pie y un segundo después había salido precipitadamente por la puerta. No pude ni siquiera llorar, me sentía como una cáscara vacía, despojado de sus ojos y de su amor. Todo iba a terminar. Harry ya no me amaba.

oOo

Dumbledore vino a verme poco después de la cena, aparentemente no estaba todavía informado de la ruptura.

—Entiendo que ha tenido una semana muy ajetreada, señor Malfoy. —acercó una silla y se sentó junta a la cama.

—Bien puede decirlo, señor. —quizá sí sabía, Harry podía habérselo contado. Todos tienden a mostrarse más comprensivos cuando las cosas salen como querían.

—Poppy me ha informado que ya está en condiciones de abandonar el hospital. —una corriente helada me invadió las venas, no quería volver a los dormitorios de Slytherin, ni siquiera después de que muchos de ellos hubiesen sido expulsados. Aún quedaban muchos que me odiaban y querían verme muerto. Pansy me lo había dicho claramente.

—Todavía no me siento del todo recuperado. ¿No le parece que sería mejor que me quedara internado un tiempo más?

—Tonterías. —dijo con una risa breve y cálida. Me dio una palmada en el brazo, justo encima de la Marca Oscura oculta bajo la manga. Sus ojos celestes le titilaban como nunca, llenos de comprensión— Naturalmente no lo voy a mandar de vuelta a los dormitorios de Slytherin, eso sería demasiado riesgoso. Voy a asignarle otros aposentos para el resto del período.

Suspiré aliviado, el director me miró divertido. Me ayudó a juntar mis cosas y luego me condujo por los corredores del castillo, permaneciendo en todo momento muy próximo a mí. No sabía adónde me llevaba y no le presté demasiada atención al camino… algo poco sensato, si uno se pone a pensar… dado que me llevaba a la que sería mi residencia durante los meses siguientes. Estábamos en alguna parte del cuarto piso cuando finalmente se detuvo frente a un tapiz de la pared. Representaba una colina con un árbol en flor en la cima.

Tomó una flor del tapiz y la insertó en un ojal de sus vestiduras y a continuación desapareció cruzando el tapiz y la pared. Fue algo inesperado pero no me sorprendí demasiado. Copié sus acciones, arranqué una flor rosada y la clavé en mi toga y accedí a una suite amueblada con buen gusto.

Tenía mucho más que mi dormitorio. Una salita con chimenea y las paredes cubiertas por estantes llenos de libros, un dormitorio muy acogedor para mí solo y un baño por supuesto. Quedé encantado, lástima que hubiese sido necesario que casi me mataran para obtener el privilegio de aposentos privados. Y lo conveniente que nos habrían resultado a Harry y a mí si me los hubiesen dado antes… ahora ya todo había terminado… no tenía que ponerme a pensar… la vida debía continuar.

—Espero que no lo incomode demasiado la decoración. —dijo Dumbledore con una sonrisa pícara, fue entonces que noté que los colores predominantes del dormitorio eran rojo y oro… otro detalle más que me recordaría a Harry…

—Es mucho más de lo que habría esperado, señor. —dije con voz muy suave depositando mi bolso sobre el suelo. Ya habían trasladado mis cosas, mi baúl estaba al pie de la cama y mis libros en los estantes. Fui a sentarme a una silla, suspiré y escondí la cara en las manos. —Gracias, señor. —murmuré.

Se me acercó y me posó una mano sobre el hombro.

—Señor Malfoy… —por alguna razón el apelativo me produjo un estremecimiento.

—Por favor, señor, el señor Malfoy es mi padre… en privado al menos, llámeme Draco.

—Bien entonces, Draco. —tomó asiento en una silla frente a mí— ¿Hay algo que te esté preocupando?

Solté una corta risa. Había tantas cosas… y estaba mucho más que preocupado. —Todo es un lío, director… mejor dicho, yo hice todo un lío. No quiero ser un mortífago, no quiero ser un Malfoy… ni siquiera quiero ser un Slytherin si eso significa que pierdo a Harry.

—¿Perdiste a Harry? —preguntó alzando una ceja gris.

—Quizá nunca llegué a tenerlo realmente. —murmuré. Me sentía tan perdido. No me sentía yo sin Harry. ¿Cuándo se había producido ese cambio? ¿Cuándo "yo" se había transformado en "nosotros"? ¿Volvería alguna vez a ser como antes? ¿O quedaría para siempre partido por la mitad?— Había muchos secretos que le ocultaba… y hoy le dije todo, señor.

—¿Todo? —inquirió alzando aun más la ceja.

—Sí, todo. —respondí y me levanté la manga para mostrarle la Marca en mi antebrazo.

—Y puedo presumir que Harry huyó espantado cuando la vio… —razonó. Asentí. —Harry es de los que necesitan tiempo para pensar y procesar las cuestiones… por su cuenta… o con aquellos en lo que más confía —me explicó— Siempre ha sido muy independiente. Nunca viene a mí cuando está en peligro… y cuando le pregunto si tiene problemas… difícilmente me contesta con verdad. Busca el apoyo de la señorita Granger y del señor Weasley generalmente… e incluso con ellos tiene sus reservas. Harry no es de otorgar su confianza con facilidad.

—Lo sé. Y lo arruiné todo… ahora… ya no confía en mí.

—Bueno… no puedo anticipar lo que vaya a decidir el corazón de Harry… pero si te ama, Draco… estoy seguro de que te dará una segunda oportunidad. Harry es incapaz de abandonar a los que ama. Su naturaleza misma le impide mezquinar su corazón… yo en tu lugar no me abrumaría tanto. Es muy probable que vuelva a acercarse a vos mañana mismo. — me aseguró; sus palabras me reconfortaron. Dumbledore estaba resultando muy distinto… yo tenía una imagen muy distinta de él.

Me sonrió y se puso de pie para marcharse. —Profesor… —dije de repente, tragué ostensiblemente antes de proseguir— ¿Qué tendría que hacer para cambiar de lado, señor?

Sus ojos chispearon más de lo habitual y me dijo con una sonrisa críptica: —Todo parece indicar que ya has cambiado de lado, Draco. — giró y marchó hacía el tapiz de la salida, era la imagen del mismo árbol, pero con las ramas desnudas.

Me dejó solo en mi habitación. ¡Cuánto me hubiese gustado tener a Harry en mis brazos! ¡Qué dicha poder dormir acurrucado junto a él! Elevé una muda oración a cualquier deidad que quisiera oír mi súplica… ¡que Harry vuelva a mí mañana!

oOo

Me desorienté unos segundos al día siguiente cuando me desperté. Hasta que los acontecimientos del día anterior me volvieron a la mente. Deseaba tanto que Dumbledore tuviera razón y que Harry me concediera otra oportunidad.

Me apresuré a bajar a desayunar, quizá tendría posibilidad de hablarle antes de las clases. Tenía miedo de que, ya reconciliado con Granger y Weasley, yo quedara total y definitivamente desplazado de sus afectos.

Traté de parecer de lo más normal cuando entré al Gran Salón. Todavía podía sentir algunas leves secuelas de las torturas pero me esforcé en disimularlas.

Era de capital importancia no mostrar una imagen de debilidad. Y debía ir muy precavido, algún Slytherin podía sorprenderme con un ataque en algún corredor poco frecuentado.

Cuando entró a desayunar nuestras miradas se cruzaron durante un instante y hasta llegó a dar un paso en mi dirección… luego se detuvo, me dio la espalda y se sentó en su lugar concentrándose por completo en la comida y en la conversación con sus amigos. Hubiese querido correr hasta él y pedirle perdón de rodillas. Pero no logré reunir el valor.

Me levanté y salí del Gran Salón, estuve recorriendo los pasillos, pensando qué podía hacer para recuperar a Harry… si acaso lo recuperaba alguna vez. Quizá la separación era lo mejor para los dos. Sería menos peligroso para él y para mí. Harry terminaría encontrando a alguien más que fuera merecedor de su amor. Quizá era mejor así… quizá así tendría la oportunidad de obtener méritos propios ante la Orden… no solamente por ser el novio de Harry… quizá pudiera mostrarles que podía pelear para el lado de ellos sin necesidad de contar con la guía de Harry.

Era curioso que se me hubiese ocurrido una idea así de golpe… de repente me veía como un villano reformado… por su amor, aunque sin su amor… su arma más poderosa, la que lo hacía superior a Voldemort… que había dejado una marca en mí… otra marca tan distinta… invisible pero innegable.

oOo

En las clases sólo recibí fría indiferencia del chico al que tanto amaba y deseaba. Al final del día me había convencido de que no iba a tener otra oportunidad. Ni siquiera se había dignado a mirarme, había sido un martirio insoportable. Por momentos había tenido la impresión de que sus ojos verdes estaban mirándome, pero al darme vuelta lo había visto todas las veces concentrado en alguna otra cosa. Traté de distraer la mente tomando apuntes en la monótona clase de Historia.

Había sido tan tonto. ¿Realmente había llegado a pensar que Harry Potter, justamente él de entre todas las personas, querría pasar toda una vida conmigo? No había nada que yo pudiera ofrecerle que justificara un compromiso así. Él tenía dinero, fama y poder… ésas eran las razones que justificaban la concertación de un matrimonio en mi familia. Él ya tenía un apellido sangrepura y amigos que lo querían y los Weasleys lo consideraban parte de la familia. Lo único que yo podía ofrecerle era mi corazón… y no era lo suficientemente puro para alguien de la grandeza de Harry James Potter.

oOo

No fui a cenar esa noche. El estómago se me quejaba gruñendo, traté de no hacerle caso… y traté de no hacerle caso a la voz en mi cabeza que me gritaba que estaba actuando mal. Estaba de pie en el centro de mis nuevas habitaciones contemplando fijamente el anillo en mi dedo. Hacía mucho tiempo que no había pensado en el anillo. El escudo de los Malfoy me recordaba a la gente que había traicionado por causa de un amor que no había sabido conservar. Mi corazón tenía mucho en común con esa ágata engarzada… negro, duro… pero con refulgente brillo superficial para disimular.

Ahora que me ponía a pensarlo, debía de haber sido el anillo el que me había mantenido con vida a pesar de las torturas. La magia entramada en el artefacto era realmente muy poderosa, pero no eran sus cualidades de protección las que estaba considerando en ese momento… no, era la otra propiedad… la de transportación con una simple fórmula.

Llegar a la Mansión iba a ser fácil, pero lograrlo sin que nadie lo advirtiera ya era otra historia. Tenía que saber exactamente a qué lugar me transportaría el anillo para poder trazar un plan que fuera efectivo. Que me permitiera colarme sin ser notado para despachar de una vez y para siempre al monstruo que había destruido mi vida. Quería que la Marca Oscura desapareciera de mi brazo… aunque fuera que terminara desapareciendo de la pálida piel de mi cadáver.

Illic est haud locus amo domus, susurré e hice girar el anillo tres veces. Se trataba de un viaje de reconocimiento solamente pero igual iba preparado para atacar apenas llegara puesto que no sabía a qué lugar de la Mansión me transportaría.

Aterricé sobre la alfombra del estudio de mi padre. Era incluso posible que el Señor Oscuro ni siquiera conociera la existencia de la habitación. La entrada estaba oculta por un tapiz de las planicies élficas y protegida por poderosos encantamientos y por una contraseña que yo desconocía. Pero todas las precauciones eran para prevenir la entrada, nada me impediría salir. Desde allí podría desplazarme sin ser visto hasta los aposentos del Señor Oscuro, mi madre tendría que decirme cuáles eran. No creo que fuera a tener problemas con eso. ¿Acaso no le convenía? Su enemigo perecería y ella ni siquiera iba a estar obligada a cumplir su parte del trato.

Yo sabía que era muy probable que no sobreviviera a la misión, pero no era algo que me inquietara. Hasta podría haber dicho que así lo deseaba. Un futuro sin Harry parecía tener muy poco sentido… una vida sin Harry perdía todo su atractivo…

Todos los ideales que alguna vez me había inculcado mi padre se habían desmoronado como deidades de pies de barro. No había nada glorioso en matar muggles, por muy diferentes de nosotros que fueran. Desde el momento en que había comprendido que estaba enamorado de Harry me había apartado para siempre del derrotero trazado por mi padre. Yo ya no era un Malfoy… incluso ahora que había sido abandonado por mi amado. Ya no sabía quien era… ya no sabía si había algún lugar en el mundo que me correspondiera. Mucho mejor sería que esta misión que me había autoasignado… matar a Voldemort… fuera lo último que hiciera.

Asentí con resolución y elaboré mi plan. Primero tenía que hablar con mi madre, luego esperaría hasta el momento oportuno y vendría a la Mansión para matar al que había destruido todas mis posibilidades de una vida feliz. Eso era el plan básico. Había algunos detalles más de los que me ocuparía durante los días siguientes. Mi decisión estaba tomada, cerré los ojos y aparicioné ante los portones de Hogwarts. Pude colarme en el predio de la escuela sin que nadie me viera. Mientras avanzaba con precaución de vuelta al castillo, pude observar a un par muy conocido que abandonaba el campo de quidditch también en dirección al castillo.

Harry y Ron cruzaban ya el patio, una gran sonrisa jugueteaba en el rostro de mi amor. Si todavía me quedaba alguna duda sobre mi plan, se desvaneció por completo en ese instante, al ver a mi Gryffindor sonreír. Harry podría llegar a ser feliz, tenía amigos y seguramente terminaría encontrando a alguien más que lo amaría y satisfaría los deseos de su corazón. Lo menos que podía hacer por él era eliminar la sombra que había nublado siempre su vida. Yo podía liberarlo de esa carga y lo haría para que pudiera ser feliz.

Lo haría por Harry. Haría cualquier cosa por Harry.

oOo

Me levanté muy tarde a la mañana siguiente, había dormido mal en la fría cama vacía. Si me daba prisa podía llegar a desayunar siquiera algo. Ya no podía seguir ignorando las protestas de mi estómago vacío.

Crucé rápidamente los corredores atraído por el aroma de la panceta y los bollos recién horneados. Era en realidad una bendición que Harry me hubiese ignorado el día anterior, si se me hubiese acercado para plantearme la ruptura definitiva en la cara… hubiera sido más de lo que hubiese podido soportar. Si las cosas terminaban saliendo de acuerdo a mis planes tendría que evitarlo sólo por unos días más y luego… el destino se encargaría de decidir.

Esos eran los pensamiento que distraían mi atención cuando me choqué con… ¡mi torpe Gryffindor!

—¡Draco! —gritó, los ojos se le dilataron al reconocerme.

Yo también debía de parecer muy sorprendido, porque realmente lo estaba, el encuentro repentino había sido totalmente inesperado. Farfullé una disculpa y me abrí camino entre un grupo de cuarto año que salía del Gran Salón, tenía que escapar de mi ex.

Pero él no estaba dispuesto a dejar que me escabullera. Gritó mi nombre y enfiló en mi dirección. — ¡Draco, tengo que hablar con vos! —aulló, casi me había alcanzado. Los gritos habían llamado la atención del mundo de gente que había alrededor. Me vi en la obligación de contestar.

—No hace falta, Harry. —le respondí con determinación— Entiendo. —me dispuse a alejarme una vez más, no quería que me lo dijera mirándome a los ojos… que todo había terminado entre nosotros.

—¡Draco, esperá! —volvió a gritar y una vez más lo tuve a mi lado. ¿Por qué seguía tan empeñado en decírmelo a la cara?, yo ya sabía que todo había terminado. ¿Por qué no me dejaba en paz?

—No, todo está bien, Harry. No es preciso que me expliques nada. En tu lugar, yo tampoco querría estar conmigo. ¡No tenés que hacerme favores, Harry! —grité sin poder mirarlo. Me sentía tan miserable por haberlo perdido… ¡e igual lo seguía amando tanto!

—¡Entonces haceme un favor, vos a mí! Por favor, escuchame un momento.

Realmente no podía negarle nada que él me pidiera. Tampoco en ese momento… que ya no era mío. En la multitud que nos rodeaba crecían los murmullos de anticipación. No pude creerlo cuando me tomó la mano en las suyas y cayó de rodillas delante de mí, ya no pude evitar mirarlo.

—Por favor, Draco, haceme un favor… —dijo con voz muy suave— …casate conmigo.

Sólo atiné a parpadear varias veces… me había quedado como paralizado y sin palabras.

Era el hombre de mi vida, el hombre de mis sueños, mi amado Gryffindor, de rodillas, proponiéndome matrimonio frente a la escuela toda, sin que le importara lo que los demás pudieran pensar. Tragué con dificultad, sentía la boca seca.

—¿Y el anillo…? —fue todo lo que se me ocurrió decir. Hubo risitas entre los curiosos, pero fue poca la atención que les presté, era como si sólo estuviéramos él y yo en el pasillo.

—Creo recordar que vos tampoco tenías un anillo cuando me hiciste una propuesta similar hace dos días. —replicó y por un segundo me pareció distinguir una veta de miedo en los ojos verdes.

—Por favor, ponete de pie. —le rogué. Así lo hizo, pero con una expresión de gran preocupación en el rostro. Le apreté la mano para espantar todas sus inquietudes y prácticamente lo arrastré del lugar. Quería llevarlo lejos de la caterva de buitres que nos observaban. Sin soltarlo en ningún momento lo conduje hasta la puerta de mi nueva habitación. Arranqué dos flores, le puse una a él y la otra en mi ropa y entramos. —¿Por qué estás haciendo esto? —demandé una vez solos.

No contestó de inmediato, en realidad estaba mirando alrededor bastante confundido. Después de unos segundos volvió a mirarme. —Quiero casarme con vos. —dijo decidido— Te amo.

Las palabras fluyeron por mi cuerpo, ardientes en algunos lugares y cálidas en otros… hasta que finalmente me llegaron al corazón. Ya me había hecho a la idea de que nunca más volvería a oír de él esas palabras. Pero ya había tomado una decisión que no podía cambiar ahora. Iba a librar a Harry de la amenaza del Señor Oscuro… ¿o acaso podía recurrir al egoísmo una vez más olvidándome del plan? Nada quería más en ese momento que abrazarlo estrechamente y olvidarme de todo lo demás. ¿Debía acaso decirle no por el momento y tratar de sobrevivir a mi misión, esperando que estuviera dispuesto a aceptarme cuando volviera? Quizá lo más sensato… lo más Slytherin sería mejor decir… era responder que sí… pasar con él unos días gloriosos y luego actuar según lo planeado sin confesarle nada de mis propósitos de matar a Voldemort…

Pero yo no quería mentirle, yo quería se merecedor de él… a las actitudes de Slytherin debía hacerlas a un lado. Mi mente se debatía confundida entre las diferentes opciones. Abrí la boca para responder sin saber lo que iba a decirle. —Harry… yo…

oOo