Una serie de puntos para unir
Capítulo 24 – Harry: Sin anillo
Vacilaba.
Creo que yo hasta ese instante no había alcanzado a abarcar en toda su dimensión lo que implicaba mi solicitud. Acababa de pedirle a mi novio que pasara el resto de su vida conmigo. Sentí una constricción en la garganta y el corazón empezó a latirme desenfrenado. No me había dado cuenta de cuánto ansiaba eso hasta que estuve allí de rodillas con Draco mirándome desde arriba… vacilante.
¡Oh Dios! Decí que sí. Por favor, decí que sí.
—¿Y el anillo…? —fue lo que dijo después una pausa que se me antojó una eternidad.
Me invadió el pánico. Yo estaba seguro de que él ansiaba lo mismo que yo. Me parecía una presunción más que razonable… ¡ya que él me lo había pedido primero! ¿O acaso había cambiado de parecer en tan corto tiempo? —Creo recordar que vos tampoco tenías un anillo cuando me hiciste una propuesta similar hace dos días. — le hice notar.
—Por favor, ponete de pie. —me dijo con voz muy suave casi suplicando. Temía que a él le hubiese disgustado que le hubiese hecho la propuesta públicamente, a mí no me importaba pero a lo mejor a él sí.
Me puse de pie de inmediato, muy inquieto. Me agarró la mano y me arrastró lejos de los que nos circundaban. Caminamos bastante y subimos varias escaleras, en realidad no iba prestando atención hacia dónde me llevaba, mi mente estaba ocupada en un torbellino de pensamientos confusos.
Finalmente nos detuvimos frente a un tapiz de aspecto bastante extraño, un árbol solitario sobre una colina. Sin decir palabra arrancó dos flores del árbol, me puso una en la toga y él se colocó la otra… y luego atravesamos el tapiz.
Todavía estaba tratando de ubicarme en el ambiente desconocido cuando me preguntó: —¿Por qué estás haciendo esto?
Miré un poco alrededor antes de contestar. —Quiero casarme con vos. —dije finalmente con determinación y mirándolo directo a los ojos, nunca había estado tan seguro de algo— Te amo.
Lo dejé boquiabierto, quizá porque era la primera vez que se lo decía con seguridad y explícitamente, pero a esas alturas él ya debía de saber que lo amaba.
—Harry… yo… —vacilaba una vez más, lo sentí como una puñalada en el pecho.
—¿Cambiaste de opinión? —pregunté, siempre mirándolo a los evasivos ojos.
—¡No! —se apresuró a exclamar, las rodillas se me aflojaron de alivio— Yo creí que vos me odiabas. —agregó con voz muy suave.
Sentí sus palabras como una violenta bofetada. No pude replicar enseguida. —¿Qué! —exclamé— ¡Yo jamás podría odiarte!
—Pero, Harry, ¡yo soy todo lo que vos odiás! —insistió como si estuviera tratando de convencerme de que yo no podía querer pasar toda mi vida con él.
—¡Nada podría estar más alejado de la verdad! —le espeté enojado.
—Soy un mortífago, Harry. —dijo y bajó una vez más la mirada al suelo.
—Vos sos mi novio. —dije cortante— Y ese psicópata va a pagar con su vida por haberte deshonrado con su Marca.
Levantó la mirada, los ojos grises se le habían encendido de pasión tormentosa, y la chispa en ellos repercutió directa y ardiente en mi entrepierna.
—Te amo. —dijo con tono ronco. Me le tiré encima en la misma fracción de segundo.
No habían pasado ni dos días, pero me parecía que había transcurrido toda una vida desde la última vez que lo había acariciado. Le ataqué la boca con violencia como si sus besos fueran mi aliento vital y hubiera estado privado de aire desde la última vez que nos habíamos besado. Mis manos le recorrían el cuerpo y si hubiera podido treparme a él lo hubiese hecho, necesitaba de una proximidad total. Comenzó a tironearme las ropas como si quisiera arrancármelas. Podía sentir su erección frotándose contra la mía.
Fue empujándome hasta el dormitorio y hasta la cama. Al instante siguiente me encontré de espaldas sobre el colchón y Draco a horcajadas encima de mí, friccionándome con las caderas y chupándome el cuello. Jadeé de placer, ¡cómo deseaba que tuviéramos tiempos para coger como se debe! Ansiaba sentirlo dentro de mí… algo que todavía no habíamos hecho. —Ahh… Draco… —exclamé con grito ahogado de deseo, me aferré a él estrechamente y arqueé la espalda para frotar las caderas contra él con mayor fervor. Segundos después me sentí al borde el clímax, el placer me recorrió enardeciendo cada fibra de mi cuerpo, me estremecí en espasmos gloriosos debajo de él y él no tardó en alcanzarme y su gozo reverberó como un zumbido de deleite en mi carne encendida, finalmente suspiré de satisfacción y de aliviada dicha cuando se desplomó sobre mí.
A medida que la excitación fue amainando recordé la conversación que habíamos tenido y me sentí culpable por lo que le había hecho pasar el día anterior. Nos quedamos así como estábamos, quietos, durante un largo rato, su peso se sentía tan confortable sobre mi cuerpo. Era consciente de que deberíamos haber estado en clase DCAO… pero no me importaba, igual íbamos a llegar tarde… y teníamos mucho de qué hablar.
—Fue mucho… todo junto… me tomó tiempo poder procesarlo. —susurré finalmente, lo sentí ponerse algo tenso— Lamento haberte evitado todo el día de ayer… necesitaba algo de espacio para pensar.
—Entiendo. —murmuró en mi cuello, pero era claro que seguía sintiéndose herido.
—Es necesario que sepas que al principio yo también tenía pensado usarte. —confesé— Como un medio para poder llegar a Voldemort… para matarlo.
Alzó la cabeza y me miró con ojos llenos de incredulidad. —¿Ésa fue la razón por la que te hiciste amigo mío?
—Sí, pero no fue por eso que me enamoré de vos. —susurré, volvió a bajar la cabeza, suspirando.
—¿Lo dijiste en serio? —preguntó en voz muy baja— ¿Cuando dijiste que querías unirte a mí…?
Sonreí. No podía creer que hubiese dudado durante un día de lo que quería con él. Amaba a Draco más que a la vida, más de lo que nunca pudiera haber imaginado… y si él todavía tenía sus dudas al respecto… hacía falta que se lo dijera claramente. —Todos los días pienso que no podría amarte más de lo que ya te amo… y cada día que pasa me doy cuenta de que no es así… que con cada hora que pasa mi amor se hace más intenso. Cada vez que te veo sos más bello, más increíble, más perfecto. No sé cómo es que puede pasar algo así… pero es lo que pasa. No podría vivir con ningún otro que no fueras vos… sé que no tengo encima el anillo de rigor… pero tenía tantos de deseos de decírtelo, vas a tener que tener un poco de paciencia…
Se sonrojó levemente. —No hace falta el anillo… en ese momento me había quedado sin palabras y buscaba desesperadamente algo que decir… y lo único que se me ocurrió fue esa boludez.
Sonreí. —Bueno… ya no importa, decime que te vas a casar conmigo y voy a conseguirte el mejor anillo que pueda encontrar.
—Así fuera un cordel que ataras alrededor de mi dedo… si vale como anillo de nuestro compromiso será el mejor del mundo. —me aseguró y selló la promesa besándome en los labios.
—¿Es un sí, entonces? —pregunté sonriendo nervioso.
—Sí, es un sí.
oOo
Draco me estaba esperando junto a la puerta del Gran Salón cuando llegué a almorzar. Mi mirada bajó hacia las piedras del suelo, ese espacio se había vuelto sagrado para mí. Horas antes había estado de rodillas en ese preciso lugar, con la determinación de cambiar mi vida para siempre.
Me acerqué a mi prometido y le di un rápido beso. Mi prometido… ¡me encantaba como sonaba! —Hola. —le ronroneé suavemente.
—Hola. —respondió sonriendo— Yo también estaba mirando el suelo… todavía no me convenzo de que sea cierto… ¿te pusieron penitencia?
La usina de rumores de Hogwarts había trabajado como siempre con magistral eficiencia. Todos y cada uno de los alumnos y profesores ya sabían que le había hecho una propuesta de matrimonio pública a Draco Malfoy; la dramática escapada y nuestra ausencia durante la primera hora de clases no había hecho sino intensificar las murmuraciones. Cuando reaparecimos, la profesora McGonagall me llamó de inmediato a su oficina, Snape había hecho otro tanto con Draco.
—Nah… —respondí encogiéndome de hombros— Me sacó puntos… pero más que nada quería hablarme… asegurarse de que no hubiera perdido la razón.
La charla con McGonagall se me había hecho eterna. Apreciaba que se preocupara por mí y que quisiera asegurarse de que no estaba cometiendo un error al tomar una decisión como ésa. Pero no se convencía cuando yo le insistía que Draco era lo mejor que me había pasado nunca y que estaba plenamente seguro de lo que hacía. Sutilmente me recordó que los Malfoys eran partidarios de Voldemort, que Draco y yo nos habíamos detestado mutuamente hasta pocos meses antes y agregó además que sólo teníamos dieciséis años y que el matrimonio era en principio un compromiso de por vida. Finalmente la corté con una réplica de la que me arrepentí enseguida, porque la hirió sin dudas, aunque ésa no había sido mi intención. Le recordé que mi tiempo de vida difícilmente fuera a prolongarse demasiado.
—Sí, ya me imaginaba que haría lo imposible para disuadirte. —dijo Draco con tono amargo. —deslicé mi mano a lo largo de su brazo y finalmente entrelacé sus dedos con los míos.
—Le dije que tenía razón, que estaba loco… loco de amor por vos… —le susurré provocándolo— …y que nada me haría cambiar de parecer.
Rió y la felicidad le brilló en los ojos. —Pero que edulcorada cursilería, Harry. —comentó burlón.
—Y a vos te encantó. —le ronroneé en la oreja, lo hice estremecer. Me separé un poco y lo miré a los ojos— ¿Y a vos cómo te fue? ¿Te salvaste también de una penitencia?
Se encogió de hombros. —Sí y no. Oficialmente es una penitencia... pero va a ser más como clases avanzadas de Pociones. No me va a poner a fregar calderos como a vos.
Reí. —No me hagas acordar. —le rodeé la cintura y entramos al Gran Salón; el estómago me gruñía, esa mañana no había desayunado nada. —Eso es completamente injusto, siempre supe que vos eras su predilecto.
Cuando nos acercamos a la mesa de Gryffindor, todos los ojos se clavaron en nosotros. Apreté a Draco más contra mí como para protegerlo de las miradas curiosas, yo ya estaba acostumbrado a ese tipo de cosas, pero Draco siempre había conservado un perfil más bajo.
Nos sentamos enfrente de Hermione y Ron. —Parece que han arreglado sus asuntos. —comentó ella. Intercambié una breve mirada con Draco, levantó apenas una comisura como diciéndome: "son tus amigos, adelante". —Así, es. —respondí, pero no agregué nada más. Hermione no quería urgirme pero se mordía el labio y se frotaba nerviosa las manos, se moría porque le contara más.
—Entonces… ¿voy a tener que ir a comprarme ropas de gala nuevas? —preguntó Ron tratando de no sonreír. Sabía que todos los oídos de la mesa estaban pendientes de lo que iba a decir. Le apreté suavemente la mano a Draco.
—Más te vale. —dije como al descuido— Y que no sean como esas espantosas que usaste pare el Baile de Yule en cuarto año.
—Sí, ya me acuerdo. —exclamó Draco— No lo vamos a invitar si no se consigue unas mejores.
Todo el Salón explotó en risas y en cotorreos excitados. Bueno… era de esperar, después de mi declaración pública, mal podía pretender pasar inadvertidos. —Te amo tanto. —le susurré al oído a mi futuro marido, él me contestó con un casto beso en la mejilla. Luego todos procedimos a atacar la comida.
oOo
La tarde transcurrió sin mayores incidentes. Asistimos a clase como correspondía. Me resultó muy difícil concentrarme porque Draco se empeñaba en acariciarme constantemente el muslo. Tuve que llamarlo al orden varias veces, él se limitaba a reír sin decir nada, sabía perfectamente que yo estaba encantado con sus acariciantes atenciones.
Pero después de la cena tenía que ir donde Snape. —¿Es imprescindible que entres? —gimoteé frente a la puerta del aula de Pociones— Si dijiste que no era realmente una penitencia… ¿por qué tenés que entrar?
—Me está esperando, Harry. —me recordó— Y además es mi padrino. Tengo que presentarme.
Hice un puchero. —Bueno, entrá entonces y decile que vas a dejar la clase para otro día porque hoy tenés que hacerle el amor a tu prometido. —argumenté deslizándole un sugestivo dedo por el pecho.
—Te voy a hacer el amor… —susurró, sus labios rozando los míos como a punto de robarme un beso— …más de una vez. —cerré los ojos, su aliento en mi boca me llenaba de deseo. Separé apenas los labios esperando sus besos embriagadores— Pero no esta noche. —dijo finalmente echando por tierra todas mis expectativas. Me soltó, dio media vuelta y enfiló hacia la puerta.
¡Qué cruel decepción! —¡Pérfido, rastrero! —me quejé con dramática indignación— ¡No sos sino un calientabraguetas, Draco Malfoy!
Giró a medias y me guiñó un ojo. —Soy un Slytherin, Harry. Que no se te olvide nunca. —replicó abriendo la puerta.
Solté una corta risa luego de que hubo entrado. Di media vuelta y marché hacia la torre de Gryffindor. Bueno… iba a tener toda la velada para charlar con Ron y Hermione.
Iba por los corredores pensando en lo que había dicho Draco. Era cierto… era un Slytherin, era un Malfoy… y había sido un mortífago. Todo eso era parte de él, pero ninguna de esas cosas lo definía. Él era una persona valiosa por sí mismo… eso era algo que él no debería olvidar.
oOo
Había llegado un par de minutos antes a la puerta de la habitación de Draco, había arrancado un pimpollo y me lo había puesto en la ropa… pero el muro se negaba a darme acceso.
Muy irritado empecé a golpear el suelo con un pie, quizá alcanzó a oír el ruido de las coces puesto que emergió unos instantes después. —Buen día, —saludó con un murmullo— ¿qué estabas esperando, no te había dicho que entraras directamente?
—¡Eso hubiera hecho si el condenado tapiz me hubiera dejado! —bufé. Me abrazó y aplacó mi descontento con un ardiente beso matinal. Me había rodeado la cintura y me había atraído estrechamente contra sí. Quedé en puntas de pie y tuve que sostenerme de sus hombros con las manos para equilibrarme. Me chupó suavemente el labio y sentí que me derretía por completo en su abrazo. Abrí la boca ávida para darle paso a la lengua que me invadía acariciadora. Metafóricas mariposas me aleteaban frenéticas en el estómago y la cabeza parecía darme vueltas, me sometí fascinado… encantado a su envolvente dominancia.
Tambaleé un poco cuando me soltó, las rodillas se me habían aflojado, él tuvo que estabilizarme otra vez. —¡Cómo me gusta el modo como reaccionás a mí! —ronroneó. Me sonrojé de vergüenza.
—¡Oh callate! —lo reconvine haciéndole un puchero— Yo te hago reaccionar igual, admitilo.
—Eso es cierto. —dijo con voz profunda y algo ronca— Vayamos al dormitorio y te muestro exactamente como me hacés sentir. —levantó varias veces las cejas en rápida sucesión. Me eché a reír.
—Ya sabés que no podemos. — le recordé— Ya tuvimos problemas ayer por faltar a una clase. Esta noche voy a poder quedarme con vos toda la noche… vamos a tener todo el tiempo que necesitemos.
—¿Toda la noche? —preguntó burlón, me tomó de la mano y nos pusimos en marcha hacia el Gran Salón— Voy a tener que juntar y ahorrar mucha energía durante el día, entonces.
Todas las cabezas se volvieron para mirarnos cuando entramos a desayunar y hubo murmullos a nuestro paso. Pude distinguir por primera vez después de muchos días a Mike en su mesa, tenía a su lado a un chico de quinto que lo agarraba posesivamente de la mano.
—Veo que tu ex se consiguió un nuevo novio. —comentó Draco con lo que me pareció una nota de inseguridad en el tono.
—Sí, así parece. Me alegro por él. Ojalá su nuevo novio pueda hacerlo feliz.
—Parece que nosotros seguimos siendo el tema del día.
—Sí, yo pensaba que para hoy las murmuraciones iban a ceder un poco pero parece que no es así.
Nos sentamos enfrente de Ron y Hermione.
—Mal van a ponerle freno a los chismes si no se preocupan por ser más discretos, Harry —me recriminó Hermione con mirada severa.
—¿Qué querés decir? —pregunté disimulando una sonrisa, me puso enfrente un ejemplar de El Profeta y estuve a punto de caerme de espaldas —¡Por la barba de Merlín! —exclamé abrumado. Draco a mi lado tomó el diario y contuvo a medias un juramento: —¡Mierda!
La foto en primera plana me mostraba de rodillas frente a un Draco de mirada insegura. El titular gritaba: Potter: gay y comprometido con un adinerado heredero sangrepura. El artículo especulaba sobre las motivaciones de un casamiento a edad tan temprana e insinuaba que mis padres me habían dejado sin recursos y que me casaba con Draco por su fortuna. Al parecer algunos alumnos le habían comentado a la periodista —otra Rita Skeeter en ciernes— que sólo habíamos estado saliendo unos pocos días —lo cual era tristemente cierto— y que antes de eso siempre nos habíamos odiado. Basándose en eso, la reportera sugería que el dinero y el estatus social de Draco eran mis motivaciones para casarme. El párrafo final le aconsejaba al heredero de los Malfoy que recapacitara y se alejara de mí.
—¡Voy a matarla! —siseó furioso— ¡La muy hija de puta! ¡Está resentida! Fue ella la que siempre estuvo atrás de mi dinero.
—¿Cómo? —exclamé escandalizado— ¿Vos la conocés?
—Sí, su familia desde hace años ha estado tratando de congraciarse con mi padre para concertar un matrimonio entre su hija —esta Rosette que firma el artículo— y yo. Tiene cuatro años más que yo y hermanos menores que todavía asisten a Hogwarts, —echó una furiosa mirada alrededor del salón como si estuviera tratando de ubicarlos— estoy seguro de que fue uno ellos el que le proporcionó la foto.
—No te inquietes, Vida. —le dije acariciándole el muslo tratando de calmarlo— De todos modos no hubiésemos podido guardarlo en secreto por siempre. Yo metí la pata, sin embargo, no me importó que todo el mundo estuviera mirando. Pero es que estaba desesperado, vos querías irte y yo tenía que hacer algo para detenerte y que me escucharas. Perdón, debí haber esperado hasta que estuviéramos solos… o debería haberte dicho que sí directamente cuando me lo pediste en el hospital.
—Tenés razón, hiciéramos lo que hiciéramos hubiese terminado sabiéndose igual. —replicó— No es algo que me importe. ¡No me importa que todos lo sepan! Pero me da mucha rabia que ésta sugiera que te casás conmigo por mi dinero.
Sonreí y le di un beso rápido. —En realidad… yo también soy bastante rico.
—¿En serio?
—Tengo dos legados a mi nombre. —dije escuetamente y me volví para empezar a comer.
—Bueno… en ese caso espero que el anillo sea de excelencia. —dijo con tono muy serio, giré la cabeza para mirarlo, me observaba con una medio sonrisa divertida.
—¿Qué te parecería uno de esos anillos de caramelo de Honeydukes que cambian de color según el humor del que lo lleva puesto?
Hermione y Ron explotaron en risas y Draco masculló algo por lo bajo sobre divorciarse si llegaba a atreverme a algo así. Luego todos nos dedicamos a comer durante un rato hasta que Draco preguntó: —Harry, ¿qué pasó con Pansy?
—¿Cómo? —farfullé con la boca llena de porotos. Me di vuelta para controlar la mesa de Slytherin, Parkinson brillaba por su ausencia. Tragué el bocado. —No sé. —me volví hacia Hermione quien lucía en el rostro una expresión de angélica inocencia— ¿Hermione?
—¿Humm…? —fue todo lo que contestó ella con gesto distraído.
—¿Sabés algo de Pansy Parkinson? —pregunté, los tres teníamos los ojos clavados en ella.
—¿Quién…? ¡Ah! Esa chica Slytherin… hum… no estoy segura… pero ayer oí como al pasar un chisme en un baño. Aparentemente sufrió un ataque de una enfermedad desfigurante muy rara, la mandaron a la casa… va a completar su educación con maestros privados. Según dicen tenía un aspecto horroroso, ojalá no sea algo permanente, y comentaban que podía haber sido por una poción que había preparado mal, a veces se desprenden vapores tóxicos cuando uno no sabe bien lo que está haciendo. Por eso yo siempre insisto en que hay que estudiar mucho para evitar que ocurran accidentes lamentables como éste.
—Sí, Hermione, —asentí— vos siempre nos lo decís.
Draco, muy pálido, se había quedado mirándola como hipnotizado. Al igual que Ron y yo, él también empezaba a avizorar una faceta peligrosa de Hermione, que hasta ese momento le desconocíamos.
Cuando nos pusimos en marcha hacia las clases, Draco me agarró del brazo y me retuvo para demorarnos un poco más atrás. —Por favor, nunca me permitas que haga o diga algo que la pueda hacer enojar.
Me reí y traté de tranquilizarlo con unas palmaditas en la espalda.
oOo
—¿Viste la cara que puso Ron cuando les dije que me iba a quedar con vos toda la noche? ¡De antología! Creo que debe de haberse hecho una imagen mental.
Habíamos pasado un día de clases dichoso… sin mayores inconvenientes. Con Draco a mi lado me sentía capaz de todo… y conseguiría todo… Voldemort ya no me atemorizaba… me sentía capaz de destruirlo con un simple estornudo.
Entramos en sus habitaciones y me abrazó. —Por favor, Harry… —dijo acariciándome la mejilla con los labios— ¿hacía falta un comentario así? ¿Weasley imaginándonos retozando en la cama?
—Bueno… pero es que pasó tanto desde la última vez… permitime al menos que yo sí pueda deleitarme con una imagen de nosotros retozando en la cama.
Aulló como un dragón hambriento y me arrastró a la fuerza hasta el dormitorio, prácticamente me arrojó sobre la cama. Luego se echó posesivo encima de mí. —¿Qué tal te parece esta imagen? —ronroneó y me reclamó la boca besándome con pasión.
La piel me hormigueaba de anticipación pensando en todo lo que quería que Draco me hiciera esa noche. Se me antojaba que era el acto perfecto para sellar nuestro compromiso. Draco estaba arrodillado entre mis muslos, le rodeé las nalgas con las piernas y lo atraje contra mi entrepierna. Me soltó la boca sorprendido y se incorporó un poco soportándose con ambos puños apoyados sobre el colchón. —Quiero que me hagas el amor, Draco. ¡Por favor! —no creía que fuera a negarse pero me pareció que había algo que lo hacía hesitar.
—¿Estás seguro?
—Estuve toda la semana pensando en eso… que me hicieras el amor… sólo hay una cosa de lo que estoy más seguro… y es que quiero pasar toda mi vida con vos.
Cerró los ojos y dibujó una tenue sonrisa. —Te amo. —dijo con voz suave.
—Demostrame en qué medida entonces…
Se inclinó para un nuevo beso ardiente. Le desenganché las piernas. Él trasladó la mayor parte de su peso sobre las rodillas y sus manos comenzaron a derivar por mi pecho explorándome y desvistiéndome al mismo tiempo.
Luego los dos nos sentamos para desnudarnos por completo. Eran tantas las ansias que tenía de él… parecía que cuanto más tenía más necesitaba.
Me hizo acostar de lado y se tendió a mis espaldas en cucharita besándome y mordisqueándome el cuello. Me acurruqué contra él.
Me rendí por completo, cerré los ojos para poder concentrarme en todas las deleitables sensaciones que me provocaba el contacto con él. Sus piernas enredadas con las mías, su pecho contra mi espalda y su verga anidada en el canal de mis nalgas… como una promesa. La intensidad y la intimidad del momento me inflamaron por entero de deseo, necesitaba sentirlo en cada parte de mí… nunca parecía demasiado… nunca parecía suficiente…
—Draco, ¡no puedo esperar más! — gemí, sus dedos se habían cerrado alrededor de mi miembro— Te quiero dentro de mí.
Rió suavemente en mi oreja, me provocó un estremecimiento —Bienaventurados los pacientes, Harry, de ellos será la heredad. —susurró irónico pero afectuoso.
—¡Estuve esperando toda la semana! —protesté, se volvió a reír.
—Si esperaste tanto, unos minutos más no te van a matar. —replicó jocoso.
Se separó un poco e hice un cuarto de giro, me puse de espaldas para poder verlo mejor. Se incorporó un poco a mi lado y me recorrió el pecho con los dedos, admirándome con ojos amorosos. Parecía que le gustaba lo que veía y palpaba, como si mi cuerpo fuera angélico, celestial… o comestible quizá.
Se deslizó hacia abajo y se tendió cómodamente entre mis piernas, la cara entre las ingles muy próxima a mis genitales, verlo así desde arriba me hizo temblar. Me besó, chupó y mordisqueó la cara interna de los muslos… se demoraba demasiado, gimoteé de frustración, ¡quería que hiciera algo! Me miró y volvió a reírse de mí pero se compadeció y elevó la boca hasta la sensible piel de la bolsa de los testículos. Luego de entretenerse allí un rato, uno o dos minutos quizá… pero a mí me parecieron eternos, se decidió finalmente a prestarle atenciones a la verga. La besó, la lamió y la martirizó delicadamente con los dientes, era obvio que lo estaba disfrutando a mares.
—¡Draco, por favor! —me quejé desamparado. Sin decir ¡agua va! se la tragó completa en una fracción de segundo. Me sacudí entero por lo repentino del ataque.
El placer fue desplegándose sobre mí como una manta cálida, las sensaciones agradables me recorrían como ondas acompasadas con sus movimientos regulares, su cabeza subía y bajaba a lo largo de mi verga. Bajé la vista y el espectáculo me disparó el placer de repente a cimas elevadísimas. Gemí y giré la cabeza a un lado, de lo contrario iba a acabar demasiado pronto y yo quería que durara. Sus manos entraron también a participar, primero pellizcándome los muslos y luego fueron a colaborar a la base de la verga, masajeando y estimulando rítmicamente coordinadas con la boca que se ocupaba de la punta.
Sentía la presión acumulándose en mi interior hasta límites casi insoportables, los gemidos se transformaron en gritos que yo trataba de apagar sin ningún éxito, ¡qué oprobio! Yo sabía que a él le encantaba oírme, como a mí me encantaba oírlo a él… pero también sabía que más tarde me lo iba a refregar burlón en la cara.
—¡Pará! —articulé ahogado, por suerte me hizo caso. —¡No así… te necesito ahora! —era consciente de que mis palabras no tenían mucho sentido, eran fragmentos de frases más largas que no estaba en condiciones de pronunciar, pero creo que alcanzaron para expresar lo que quería.
Se sentó y agarró la varita. —Puede que sientas esto un poco raro. —me previno con voz gruesa de deseo. Raro, era un término que se quedaba corto, me arrancó un aullido cuando sentí los músculos relajárseme y la sensación tibia de la lubricación. Los reflejos instintivos pedían a gritos contraer el esfínter pero el encantamiento no lo permitía. —Relajate, Vida. —me apaciguó afectuoso, acariciándome tiernamente el vientre con lentos movimientos circulares— Elevá un poco las caderas. —hice como me pedía.
Se reubicó posicionándose ante mi entrada. Con una mano me acariciaba un muslo, con la otra fue guiándose para el ingreso. Tenía los ojos fijos en mi cara atentos al menor de mis gestos. Traté de no hacer ni la más mínima mueca, puesto que él se detendría y tendríamos que volver al principio. Cerré por tanto los ojos y me esforcé para que mi expresión se mostrara imperturbable. La distensión forzada que iba provocando la penetración la percibía como una incomodidad, pero racionalicé para convencerme de que era natural, dado que se trataba de la primera vez… con más práctica ya aprendería a disfrutarla.
—¿Vamos bien? —preguntó. Abrí los ojos. Tenía el ceño fruncido, preocupado… no quería hacerme doler.
—Todo va bien, Vida. —intercalé entre dos jadeos— Es una sensación nueva, distinta… pero me encanta esta unión tan íntima con vos.
—Bueno… no va ser mucho más íntima que esto… ya entré hasta el tope… pero voy a esperar unos momentos hasta que te acostumbres y te acomodes.
—¡No, no…! —le rogué— ¡Movete, por favor! ¡Quiero sentirte! No me duele, de verdad, el encantamiento que usaste es muy efectivo.
—¿Estás seguro? —cuestionó dubitativo, se lo reafirmé asintiendo— Bien entonces, voy a empujarte las piernas un poco para arriba. —volví a asentir. No las elevó demasiado, sólo lo suficiente para darse un poco de espacio.
Cuando comenzó el vaivén la sensación fue mucho más intensa de lo que había imaginado, sentí que perdía por completo el control, me sacudía espasmódicamente sin poder evitarlo… era increíble… y entonces fue cuando me rozó ese punto particularmente sensible… dejé escapar un grito desgarrado… creí que iba a acabar en ese mismo segundo… pero no.
—Merlin… —lo oí susurrar reverentemente. E incrementó la fuerza y la frecuencia con entusiasmo estimulando el mismo punto una y otra vez. La sensación de clímax inminente parecía prolongarse indefinidamente… era al mismo tiempo un suplicio y un placer indescriptible… me sacudía casi convulsivo debajo de él como la más barata de las putas, y gritaba su nombre una y otra vez.
Cuando finalmente llegué al orgasmo fue como un sismo que me tensó todos los músculos al máximo, por un segundo creí que me iba descoyuntar por entero. Jamás había experimentado nada que se le pudiera comparar. Me dejó totalmente consumido. Segundos después Draco se dejó caer sobre mi pecho laxo, irradiando masivamente calor y bañado en sudor. Él también había acabado.
Permanecimos un largo rato así recuperando el control de los sentidos. Luego Draco salió de mí y rodó hacia un costado. —Alucinante… —susurré girando la cabeza para mirarlo, jadeaba. Lanzó un tenue gemido agotado y me envolvió satisfecho en un abrazo. Me acurruqué muy próximo, gozando del calor de su aliento en mi rostro. Cerró los ojos que de golpe se le iban llenando de sueño. Sonreí.
—Draco, —murmuré— ¿Cuándo es el próximo fin de semana de Hogsmeade?
—¿Eh…? —gruñó— No sé… éste, seguro que no… quizá el próximo. ¿Por qué? —preguntó bostezando, pero yo no estaba dispuesto a permitirle que se durmiera todavía.
—Quiero comprarte un anillo.
—Pará con eso… ojalá no te hubiera dicho nada…
—No, en serio, quiero ir a comprarte un anillo. —insistí— Los dos podríamos comprar uno.
—Oh bueno… está bien… —accedió suspirando.
Le observé el rostro con detenimiento. Varios mechones platinados le caían rebeldes sobre los ojos. Cada una de las sedosas hebras era cautivante, como todas y cada una de las partes de su cuerpo. Me pregunté si siempre me haría sentir de esa forma… no encontré razón alguna para que no fuera así. Cuán bello se vería vistiendo una toga plateada... que hiciera juego con sus ojos… ya podía verlo parado a mi lado intercambiando los votos matrimoniales conmigo. —¿Seguís despierto? —murmuré, obtuve un gruñido como respuesta. Lo tomé como un sí. —Draco… no quiero esperar… casémonos ya mismo.
La modorra postcoito se le esfumó por completo. —¿Cómo! —preguntó como si no pudiera creer lo que había oído— Harry… nosotros… vos tenés que… no podemos hasta no haber alcanzado la mayoría de edad.
—Cumplo diecisiete a fines julio… podríamos casarnos en agosto. —razoné. Faltaban todavía ocho meses… parecía demasiado tiempo. Frunció el ceño y se mordió el labio, daba la impresión de que quería decirme algo… pero estaba indeciso. —Mirá, yo sé que tu mamá quiere que mate a Voldemort antes… y bueno… y si resulta que…
—¡Vos no te vas a morir! —exclamó y me apretó con fuerza como si quisiera expulsarme esas ideas de la cabeza.
—Está bien. —dije suspirando— Pero lo cierto es que no sabemos qué puede llegar a pasar.
—Nada va a pasar… al menos no por ahora. ¿Qué te parece si mejor nos dormimos?
Asentí y me dediqué a acariciarle suavemente el flanco para calmarlo y para calmarme yo también. —Te amo, Draco. —susurré y cerré los ojos.
Poco después me sumergí en un sueño profundo y apacible.
oOo
No sé si me desperté espontáneamente o si hubo algo que me despertó. Quizá mi cuerpo había adivinado la ausencia de Draco a mi lado y había decidido ponerse en alerta. Noté varias cosas cuando abrí los ojos, no era sólo que Draco no estuviera en la cama. Estaba de pie, completamente vestido y me dio la impresión de que estaba a punto de aparicionar… vaya uno a saber adónde. Tenía la vista fija en el anillo que siempre llevaba puesto y estaba formulando un encantamiento.
—¡Draco! —grité. Salté de la cama de inmediato y me le aferré de un brazo justo en el momento en que empezaba desvanecerse. Sentí la ya conocida sensación de presión en el ombligo. Draco aterrizó firmemente sobre sus pies, yo en cambio llegué con torpeza, tambaleé y él tuvo que ayudarme a estabilizarme. —¿Qué estás haciendo! —siseó con una mezcla de fastidio y de espanto.
—¿Qué es lo vos estás haciendo? —le espeté enojado. Miré alrededor, me pareció que estábamos en una especie de estudio, pero no reconocí el lugar. —¿Dónde carajo estamos?
—No deberías estar acá, Harry. —murmuró aprensivo— Tendrías que volver… ¡Oh Merlín, Harry, estás desnudo!
Tenía razón… aunque recién me daba cuenta. —Bueno… vos también deberías estar desnudo. —repliqué confundido— Vos tendrías que estar conmigo en tu cama de Hogwarts ¿Qué viniste a hacer acá? ¡Y dónde puta estamos?
Abrió la boca para contestar pero se interrumpió puesto que en ese momento oímos un ruido. —¡Salazar nos asista! —masculló con los ojos desorbitados de terror.
Alguien estaba a punto de entrar.
oOo
