Una serie de puntos para unir
Capítulo 26 – Harry: No estoy preparado
Cerré los ojos y me apoyé en la pared helada y dura. Iba a tomarme un momento… sabía que no podía prolongarlo demasiado, a pesar de las cosas que me había ocultado, Draco me necesitaba y era mi intención ayudarlo.
Traté de razonar… me costaba hilvanar las ideas; había habido indicios los últimos días, momentos en que parecía distante… por los secretos que guardaba… y este traslado repentino a la Mansión… donde habitaba Voldemort… parecían a apuntar a alguna forma de traición. Me amaba, de eso no tenía dudas… pero si algo había aprendido ese año era que incluso los que te quieren pueden traicionarte. Nadie es perfecto… lo sé. Me había mentido… ¿cuán hondo calaban esas mentiras?
—¿Estás herido? —pregunté quebrando el silencio. Levantó la cabeza bruscamente y empezó girar la cabeza recorriendo el espacio fuera de la celda con ojos frenéticos. —¡Harry! ¡Oh, gracias a Merlín que estás bien! ¿Dónde estás? Dame la mano. —estiró el brazo entre los barrotes pero en otra dirección. Me llamaba… me partía el corazón… tenía que ayudarlo… pero, ¿podía confiar en él?
Primero había sido la sorpresa de verme invisible… mejor dicho, de no verme… estaba tan confundido que no atiné a hacer nada cuando su padre lo había torturado… pero no había sido sólo la confusión… también el temor, por la traición… ¿cuáles habían sido sus motivos? ¿Y si Lucius se apercibía de mi presencia? Mi varita había quedado en la cama… en Hogwarts.
Me acerqué a él, me apretó lo más que pudo contra sí, pero los barrotes se interponían entre los dos. —¿Cómo hago para salir de acá? —susurré. En ese instante quería, al mismo tiempo, estar muy cerca de él… y lo más alejado posible de él.
—Por eso no te preocupes. —susurró en respuesta— Acabo de darme cuenta de que tenés que ser vos… —agregó con tono… reverencial.
—¿Y quién otro pensabas que podía ser? —pregunté más confundido que antes.
—No… no entendés… —llegó casi a reírse— Quiero decir que tenés que ser vos el que lo mate. Por eso no resultó anoche… por eso anoche cuando vine… no estaba acá.
—¿Qué estás diciendo? Anoche estuviste con Snape… —¿acaso había más mentiras?
—Estuve con Snape, pero no toda la noche. —me informó. Era asombroso… me estaba diciendo que me había mentido y parecía no darle ninguna importancia… y sonaba incluso entusiasmado— Vine acá a matarlo… —explicó— …tomé un poco de la poción para hacerme invisible… la idea era entrar a escondidas en su habitación y matarlo. Invisible e indetectable… era invencible. Era la ocasión perfecta, pero él se había ido. Y mirá lo que pasó esta noche… vos tomaste la poción y Voldemort está durmiendo… ¡Es tu oportunidad!
Era eso… había ideado un plan para matar a Voldemort, pero no le había dado resultado… porque El Elegido soy yo… ¿sabría Draco de la profecía? No le había contado nada para no preocuparlo… pero Snape podría habérselo dicho… —¿Vos querés que te deje acá y que vaya a matar a Voldemort? —pregunté perplejo, ¿cómo esperaba él que lo matara…? ¿con las manos?
—Nunca vas a tener una oportunidad mejor que ésta. —insistió.
—No. —repliqué, mi confusión se iba tornando en enojo— Tengo que sacarte de acá, tenemos que irnos.
—Por mi no tenés que preocuparte. ¡Y estás perdiendo tiempo! —me urgió— Tenés que ir al ala este y…
—Draco…
—Es donde duerme… tenés que seguir por el pasillo con la estatua de tía Greselda, una bruja horrible con un águila sobre el hombro…
—Draco…
—Finalmente vas a llegar a una gran puerta con serpientes labradas…
—¡DRACO! —grité, mucho más fuerte de lo conveniente en circunstancia como ésa— No puedo dejarte acá… no podés esperar que…
—¡Silencio! —siseó— O van a venir a ver qué pasa y va a ser peor para los dos. Nadie tiene que saber que estás acá. Padre no me quitó la varita… —metió la mano en un bolsillo y la sacó— …tomala. Andá y matalo.
—Pero de que estás… —empecé a decir, pero tuve que interrumpirme porque oímos ruidos, alguien venía. Eran más de uno, se oían diferentes voces. Me deshice del abrazo de inmediato y me fui a ubicar en un rincón alejado, Draco sacudía la varita en el aire para que la agarrara… pero no me atreví, estaba demasiado asustado de lo que pudiera pasarle.
—…enojarte conmigo. Sabés que no me quedaba alternativa. Quería verlo de inmediato. —era el inconfundible cacareo de Bellatrix Lestrange.
—Podrías haberme avisado primero… es tu sobrino… —la voz de la madre de Draco.
—No me extraña tu actitud. Nos has dado la espalda… a él y a mí. ¡Todos nos dimos cuenta! —había una nota amenazante en el tono de Bellatrix.
—Bella…
—Igual no te correspondía. —la voz de Lucius, ¿cuántos más venían a ver… o a llevarse a mi novio?— Yo mismo iba a informárselo al Señor Oscuro, no tenías por qué interferir. Me hiciste quedar mal… renuente a servirlo.
—Vos sabés mostrarte débil y renuente por mérito propio, Luchito. —replicó Bellatrix burlona.
—¡Mi nombre es Lucius! Más te valdría…
—¡Lucius! —lo cortó lady Malfoy con tono de advertencia.
—Volvé a tu habitación, Cissa. Yo puedo encargarme de esto…
—De ninguna manera…
—Tchut, Tchut. —intercaló Bellatrix y prosiguió con un sonsonete jocoso que me hizo estremecer— No se griten chicos, ¡qué van a pensar los vecinos! —en ese mismo momento ingresó a la habitación frente a la celda— ¡Oh Dreiquín! ¡En qué lío te has metido! —Draco le clavó una mirada negra y altanera.
—Draco, —se impuso la voz de Lucius por encima de la de su cuñada, al parecer quería dejarles en claro que era él el que estaba a cargo de la situación— el Señor Oscuro requiere tu presencia. Las poco razonables decisiones que tomaste tendrán sus consecuencias. Te sugiero que hagas todo lo que te demande… o podrías terminar pagándolo muy caro.
Draco agachó la cabeza, los sedosos mechones rubios le cubrieron el rostro, lo vi temblar… se me estrujaba el corazón, pero nada podía hacer por él en ese momento, si revelaba mi presencia iba a ser peor.
Narcissa se acercó a los barrotes. —¿Estás bien? —le susurró.
—Sí, Madre. —replicó él sonriéndole con dulzura.
—Perdón… —empezó a decir ella, pero Draco la interrumpió.
—No… no te disculpes…—dijo tomándole una mano— Vos no sabías.
—¿Sabe alguien que estás acá? —susurró lady Malfoy, Bellatrix se les acercó con cara de suspicacia.
—No, Madre, no se lo dije a nadie. —respondió Draco enfático— Ni siquiera a Harry. Él nunca me hubiese dejado venir solo si hubiese sabido lo que estaba planeando.
Ella asintió y se separó de la reja, disimuladamente recorrió con la vista la habitación delante de la celda como si buscara algo… o a alguien. Se me erizaron los pelos de la nuca.
Lucius se adelantó, abrió la reja, tomó fuertemente a Draco del brazo y enfiló hacia la salida, Bellatrix los siguió… pero lady Malfoy se demoró un poco. Volvió a examinar detenidamente todos los rincones y el suelo. Luego sacó de la manga de su toga una daga con mango incrustado de gemas.
—Forjada por los goblins… —susurró—…muy poderosa. —se agachó y la depositó cuidadosamente sobre el suelo. Se incorporó y partió rauda para alcanzar a los demás.
Alcé la daga y la guardé en la manga de la toga… de Draco… y la seguí. Llegué hasta lo que parecía ser un gran salón de baile. El recinto era gigantesco, iluminado con una inmensa e impresionante araña de intrincado diseño de metal y caireles, colgando del techo, pero no había muebles. Todas las cabezas se volvieron cuando Narcissa entró, sus pasos resonaron muy audibles cuando se les acercó. Me estremecí de pánico, los ecos del salón amplificaban los sonidos… ¿y si me descubrían?
Voldemort estaba de pie sobre una plataforma ligeramente elevada. Lo rodeaban en semicírculo unos… quince mortífagos. Lucius estaba en un costado, seguía sosteniendo firmemente a Draco del brazo.
—Acercate. —ordenó Voldemort con un gesto distraído— Vení, arrodillate a mi lado. —agregó como quien dispensa un gran honor.
Se me tensaron todos los músculos del cuerpo, temía por mi amado, me preparé para correr en su auxilio de inmediato si llegaba a ser necesario. Lucius lo soltó, Draco vaciló un segundo, me pareció notar que le daba un ligero, casi imperceptible codazo a su padre… y luego se adelantó aproximándose a Voldemort. Se estaba alejando de mí y se acercaba peligrosamente al enajenado… no podía quedarme donde estaba, me animé a dar un par de pasos con el mayor de los cuidados tratando de no hacer ni el menor ruido… nada, mis pasos habían sido completamente silenciosos, ni el más mínimo roce se dejó oír.
Silencio.
Me desplacé con mucha menos cautela.
Silencio.
La poción que me había dado Draco era fabulosa. Le iba a tener que preguntar más tarde de dónde la había sacado.
—Me presento ante Ud. de pie según me lo demanda pero no puedo arrodillarme. —anunció Draco altanero; me hinché de orgullo por la valentía de la que hacía gala, pero me dieron ganas de pegarle también, ¿cómo se arriesgaba a dirigírsele de esa forma, con tal descaro…?, empeoraba su situación sin necesidad— Mi lealtad ahora es hacia otra persona.
—¿Sos leal a otro? —preguntó Voldemort, parecía desconcertado por la flagrante impertinencia. Seguramente ya estaría ideando un colosal castigo ejemplar para ese ex adepto insolente que encima se acostaba con el enemigo.
—Mi corazón le pertenece a Harry Potter. —declaró con osada audacia. Lucius hizo una mueca, su hijo estaba tirando su vida a la basura.
—Juraste entregar tu vida a mi servicio. —le recordó Voldemort, lo tomó del brazo, le levantó la manga y pulsó con un dedo la Marca Oscura— Vos me pertenecés.
Draco se sacudió de dolor y soltó un aullido espantoso. Las piernas le temblaban y estaba a punto de caer, pero con pura determinación logró mantenerse en pie. Yo estaba convulsivo de ira, no obstante me obligué a contenerme.
Traté de representarme en la mente la mejor forma de llegar hasta el monstruo que estaba torturando a mi amado; traté de imaginar dónde iba a clavarle el cuchillo y lo que sentiría cuando finalmente matara al ser vil que había atormentado mi vida durante tantos años.
—¿Ya te habías olvidado? —le preguntó a Draco con tono burlón.
—No. —respondió Draco sin aliento y con voz ahogada, ya libre de la mano escamosa que lo había tenido aferrado— Pero no podría importarme menos. Siempre supe que el tiempo que pasara junto a Harry terminaría costándome la vida y es un precio que estoy más que dispuesto a pagar de buen grado… sólo me hubiese gustado que fuese un poco más prolongado.
Sentí como si me ahogara. Quería gritarle que dejara de actuar como un estúpido. ¡Dejá de decirle que estás dispuesto a morir! ¡Yo no estoy dispuesto! ¡No voy a permitirte que me abandones! ¡No voy a permitir que te me mueras!
Voldemort se había quedado mirándolo fijo… inclinó apenas la cabeza a un lado, se hubiera dicho que estaba desconcertado. —¿Morirías por él? —preguntó finalmente sin disimular la repugnancia que le causaba la mera idea de que alguien pudiera hacer algo así.
—Harry es todo lo que siempre quise… aunque yo mismo no lo supiera. —respondió, una leve sonrisa le jugueteaba en los labios. Yo tenía los ojos clavados en él… ¡qué palabras más dulces! ¡Pero con cada una ellas agregaba un clavo más en su ataúd!
Voldemort lo seguía mirando totalmente perplejo.
—Ud. no puede entenderlo, ¿verdad? —sus palabras hubiesen sonado desafiantes si la voz no le hubiese temblado— Eso es lo que lo hace un monstruo. —como un verdadero monstruo, Voldemort no reaccionó— Ud. no entiende el amor. Yo sólo tengo dieciséis años y ya he podido sentir… ya poseo el más grande poder sobre la Tierra; ¡una magia que Ud. jamás habrá de conocer, porque no es más que un detestable, pérfido hijo de puta que nunca podrá…!
Le dio una violenta y sonora bofetada, Draco cayó al suelo. Apreté el mango de la daga en mi mano, pero no me moví… no podía, estaba anonadado por la escena que se desarrollaba ante mis ojos.
—¡Mocoso insolente! —siseó Voldemort, toda la furia que había estado acumulando le afloró de repente— Es evidente que carecés de la sagacidad de la que tu padre siempre ha alardeado. Podrías haber tenido todo. Y arrojás todo a la basura por un chico insignificante que no puede ofrecerte nada.
—¿Insignificante? — repitió Draco desde el suelo con una breve risa desdeñosa— ¿Cuántas veces logró superarlo a Ud en los últimos años?
Voldemort no replicó. Alzó la varita y le disparó la maldición. —¡Crucio! —aulló, Draco entró a contorsionarse espasmódico sobre el piso de piedra.
Ya no pude contenerme, quizá todavía no había llegado el momento apropiado, pero no podía quedarme parado sin hacer nada mientras torturaba a mi amante. Conocía la maldición, sabía lo terrible que era el dolor… no podía soportarlo, no podía soportar verlo sufriendo de esa forma. Corrí hacia Voldemort dispuesto a desgarrarlo con la daga delante de todos… pero algo se interpuso a mi paso y me hizo tambalear, estuve a punto de caerme… ¡Wormtail!, que en su forma de rata correteaba alrededor del grupo.
Voldemort levantó la maldición y se quedó observando a Draco que trataba de recuperar el aliento, todavía sacudiéndose en el suelo. Quería envolverlo en mis brazos y llevármelo lejos de ese show de horrores. —Tendrías que aprender algo de respeto, chaval. —declaró Voldemort, hubo algunos gruñidos de asentimiento entre los presentes. Se inclinó y lo tomó de la barbilla, lo alzó obligándolo a ponerse de pie. —¿Te gustaría transformarte en un ejemplo de lo que les pasa a los irrespetuosos, joven Malfoy? —le preguntó con la entonación que se usa para ofrecerle caramelos a un chico. Le acercó la cara, muy próxima, por un segundo se me ocurrió que iba a besarlo.
Draco hizo una mueca de asco y trató de separarse, pero Voldemort se lo impidió redoblando la fuerza con que lo sujetaba. Yo me introduje en ese momento en el semicírculo y me aproximé a Draco, ya lo tenía al alcance del brazo.
—Harry Potter ha sido una espina clavada en mi costado desde el día que nació. —musitó Voldemort como para si mismo, y luego dirigiéndose a Draco agregó: —Había atesorado grandes expectativas con respecto a vos, Draco, sos muy listo. Tenía esperanzas de que llegaras a ser uno de mis más valiosos seguidores… pero ahora no me has dejado opción… ¡tengo que matarte!
El corazón pareció detenérseme, oí un grito que dejó escapar lady Malfoy, pero ninguno de los otros mostró ningún tipo de reacción. La daga se sentía segura en mi mano, concentré mi atención en Voldemort y en cómo iba a proceder. ¿Dónde debía clavar la hoja? ¿Cuál sería el lugar ideal para cortarlo y matarlo lo más rápido posible? ¿Cuál sería la mejor forma de minimizar los riesgos? No podía fallar, no iba a tener una segunda oportunidad.
—Sin embargo, me resta un dilema aún… el cuando… —prosiguió Voldemort— ¿He de matarte ahora, tal como te lo merecés por tu comportamiento vergonzante delante de tu Señor y de tu padre? ¿O debo esperar para atraer a Potter? ¿Usarte de carnada para que venga galantemente en tu socorro? Ese chico es repugnantemente predecible. —agregó, yo fruncí el ceño; en parte por el fastidio que me provocaba el insulto, en parte porque era innegablemente cierto— Vendrá precipitadamente, alocado y sin estar preparado… igual que cuando fue al rescate de su padrino… y cuando llegue los mataré a los dos.
Voldemort lo soltó, Draco agachó la cabeza y los mechones rubios le cubrieron el rostro. ¡Tengo que matarlo antes de que le toque un solo pelo! —pensé acercándomele, midiendo a mi enemigo, todavía no había decidido cuál era la mejor manera de ataque.
—Mi Señor, —intervino la voz de Lucius a mi espalda, me volví para mirarlo— creo que sería más provechosa la segunda alternativa… mantenerlo con vida para atraer a Potter.
—¿Eso es lo que creés? —preguntó Voldemort burlón.
—Sí, mi Señor. —respondió Lucius con voz temerosa, se hubiese dicho que Voldemort estaba a punto de matarlo a él y no a Draco.
—Malfoy, cuando considere necesaria tu opinión habré de pedírtela. Es mejor que lo recuerdes.
—Sí, mi Señor. —dijo Lucius y retrocedió obediente con la cabeza gacha.
Draco pareció indignado y decepcionado por el intercambio, pero al mismo tiempo muy sorprendido. Probablemente le había desagradado sobremanera que se padre se hubiese mostrado tan débil y sumiso… yo había visto la escena con otros ojos, yo había visto a un padre que trataba de interceder por su hijo.
Voldemort tornó a dirigirse a Draco. —Deplorable, ¿no es cierto? —Draco alzó la vista— No precisamente un ejemplo a seguir, si me lo preguntaran. Yo abrigaba esperanzas de que vos llegaras a tomarme a mí como ejemplo, pero… ¡oh cruel desilusión!, eso no va a poder ser. —hizo una pausa como esperando que Draco dijera algo, pero como callara, continuó— ¿Cuál es tu opinión, jovencito? ¿Debería matarte ahora o esperamos a que venga tu Gryffindor Salvador para que empiece el show?
Esas palabras me recordaron que debía actuar y sin demora. ¿Cuál era la mejor forma de matarlo? Muy poco, prácticamente nada, era lo que yo sabía sobre matar de manera efectiva. ¿El corazón? Podía ubicarlo más o menos… pero estaba protegido por las costillas… podía terminar pinchando en hueso… muy riesgoso… si la muerte no era instantánea podría contraatacar…
Mis pensamientos fueron interrumpidos por una suave risa de Draco, Voldemort lo miró muy sorprendido. —Yo creía que Ud. era mucho más sagaz, pero al parecer no ha entendido nada. —Draco dejó oír una carcajada— Ya no le tengo miedo porque ahora puedo ver claramente lo insignificante que es. Ud. no es nada… y Harry es todo… él va a matarlo, es su destino… y esta vez Ud no va sobrevivir. —me acerqué a Voldemort para atacar, ya había tomado una decisión— Puedo asegurarle que la última cosa que va a ver de este mundo será el par de ojos verdes más espectacular que existe.
Voldemort alzó la varita. —Veo que ya has tomado una decisión por mí… Potter no va a venir a rescatarte… ¡vendrá a vengarte! ¡Avada…! —empezó a pronunciar, pero no pudo completar la maldición puesto que en ese instante le rebané el cuello con la daga y el resto de la fórmula no fue sino un borboteo ininteligible.
La sangre brotó en un chorro que alcanzó y bañó a Draco y en ese mismo instante pude oír la fórmula completa pronunciada por otra voz; al mismo tiempo hubo gritos ahogados de sorpresa de entre el grupo de mortífagos que no entendían cómo era posible que la garganta de su señor se hubiera abierto al parecer espontáneamente. Había sido la voz de Lucius la que había siseado la Maldición Mortal, que nunca alcanzó a Voldemort… porque yo me interponía… si bien invisible.
Sentí como si el Expreso de Hogwarts moviéndose a toda velocidad me hubiera impactado en la espalda, el golpe me dejó sin aire. Voldemort yacía a mis pies en un charco de sangre y yo también empecé a desplomarme.
No podía respirar, no podía ver… sólo alcancé a oír el aullido desesperado de Draco gritando mi nombre.
Y yo que pensaba que se suponía que la muerte fuera algo apacible.
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