Una serie de puntos para unir

Epílogo – Harry: 18 meses después

No podía creerlo… y volvía a leer las palabras una y otra vez: Aceptado. Felicitaciones señor Potter, ha sido aceptado en el Programa de entrenamiento de aurores. Lo leí en voz alta y poco a poco se me fue haciendo real. Estaba fascinado. Otra cereza más sobre la torta.

Y hablando de la torta. Tenía que encontrarme con él en la tienda de madame Malkin ¡y ya llevaba cinco minutos de atraso! Saqué el abrigo del armario. Draco y yo nos habíamos mudado a un nuevo departamento tres semanas antes tras habernos graduado en Hogwarts. Alojarme en la Mansión era estupendo, pero tener a los padres de Draco tan cerca me ponía algo incómodo. Habían aceptado nuestra relación y habían bendecido nuestra futura unión, pero yo sabía que en su fuero interno, ellos hubiesen preferido que Draco hubiese terminado con una bruja sangrepura atractiva que pudiera proveerle un heredero de la forma usual. Lucius le había encargado a Snape que investigara y creara una poción que permitiera la fusión del ADN de Draco con el mío, de forma de lograr obtener un legítimo heredero Malfoy que se habría de gestar en un vientre subrogante. Yo hubiese preferido que no interfirieran, era una cuestión que me hubiese gustado discutir solamente con Draco para llegar a nuestra propia decisión… pero bueh…

Supongo que es como dice la señora Weasley: No sólo te casás con tu pareja, Harry, sino también con su familia.

Aunque los dos teníamos ganas de casarnos lo más pronto posible después de matar a Voldemort, lo discutimos largamente y al final habíamos decidido esperar. Hubiese sido difícil para los dos mientras estuviéramos en Hogwarts.

Sonreí recordando todos esos meses pasados, cada segundo junto a Draco había valido la pena. Apuré el resto de mi jugo de calabaza y aparicioné directamente al patio trasero de El caldero que pierde.

Apenas llegué me atraparon. Usaron un hechizo para silenciarme y me vendaron los ojos. Y lo completaron amarrándome de manos y pies con otro hechizo. ¡Mierda!

Me habían capturado. Había todavía algunos mortífagos que seguían prófugos… y todos estaban tras mi cabeza. Todos esos meses me habían tenido bajo estricta vigilancia, lo que de por sí ya era muy frustrante, nunca tenía privacidad. Por mi parte yo me sentía seguro. Tenía a Draco, a Ron y Hermione, al clan Weasley en pleno, a Remus y a Tonks —que esperaban su primer hijo—, todos para protegerme, no tenía nada de qué preocuparme.

O quizá me había formado una idea equivocada… traté de forcejear para liberarme de las cuerdas, traté de gritar… todo inútil. Segundos después alguien me aparicionó adosado.

La música rugía a mi alrededor, quedé más sorprendido y confundido que antes, si cabe. ¿Adónde me habían traído? ¿Me iban a matar en una discoteca?

Sin ningún tipo de consideración ni ceremonia me arrojaron al suelo; alguien dejó escapar un gruñido, pero no creo que fuera debido al tratamiento del que me estaban haciendo objeto. Comencé a forcejear una vez más, retorciéndome lastimosamente en el suelo y entonces… unas manos fuertes, pero tiernas, comenzaron a acariciarme… la espalda, los muslos…

—Así que éste es uno… —comentó una voz desconocida, alguien más debe de habérselo confirmado con un gesto— ¡Excelente! —las manos comenzaron a manosearme el culo. ¡Merlín, me van a coger antes de matarme! ¡Por favor, no!

—¿Dónde está el otro? —preguntó otra voz— Espero que esté tan bueno como éste.

¡Tenían también a Draco! ¡No iba permitir que le hicieran daño! ¡No mientras me quedara un ápice de fuerzas! Redoblé la violencia de mis sacudidas y logré golpear con las rodillas al que tenía al lado.

—¡So! Calmate, cosita linda. —exclamó con una nota dolorida en el tono— No voy a hacerte daño… y Bobby tampoco le va a hacer nada a tu novio… a menos que eso sea lo que tu novio quiere…

¡Hijo de una gran puta!, entré a revolverme con más ímpetu, quería volver a golpearlo.

Fue entonces que oí un chillido… casi me puse a llorar. ¡Conocía muy bien esa voz!

Un segundo después la venda y las sogas se desvanecieron y me encontré de frente a los ojos castaños de Hermione Granger.

—¡Hermione! —exclamé, me agarré a ella y me puse de pie buscando protección y tratando de ubicarme en el entorno desconocido.

Hermione. Un hombre desnudo… corrección, dos hombres desnudos, musculosos… destilando sex-appeal. Ron, con cara preocupada y culpable, estaba de pie detrás de Hermione. Todos los otros hermanos Weasley… y muchos chicos de Hogwarts… y mujeres desnudas o apenas con algo de ropa encima…

—¡Pero qué carajo…?

—Fue idea de los mellizos, hicieron algo parecido hace unos meses para Lee cuando se casó, dijeron que había estado genial. —explicó Ron con voz ahogada— Lo secuestraron y lo trajeron a este depósito, es el del negocio. —hizo un gesto señalando alrededor— Una parte la tienen acondicionada, con bar y todo, para strip shows. Me dijeron que Lee había quedado encantado… yo pensé que a vos también te iba a gustar.

—¿Qué! —grité espantado… y entonces me di cuenta… —¡Ah…! La despedida de soltero.

—Remus se enteró de lo que estaban planeando y apenas me avisó vine para acá. —intervino Hermione—¡Ron sos un imbécil! Harry podría haberte matado a vos o a alguno de los otros pensando que eran mortífagos que los habían capturado, a él y a Draco.

—¿Draco? —pregunté azorado y paneé alrededor buscándolo. Lo ubiqué finalmente, un poco más allá, lo tenían todavía atado y con los ojos vendados y… ¡un stripper desnudo muy sexy estaba toqueteándolo! —¡Sacale tus sucias manos de encima! —lo increpé y lo hice retroceder con una mirada asesina.

Liberé a Draco de inmediato. Él se echó en mis brazos. —¡Odio a tus amigos! —gruñó en mi cuello. Sonreí y le acaricié tiernamente los cabellos.

—Yo también. —suspiré y le besé el cuello.

—Cumpa, perdón… —dijo Ron que se nos había acercado con expresión culpable— Cuando Fred y George me contaron todo lo de la fiesta de Lee me pareció una idea brillante… se me ocurrió que sería muy divertido… no era mi intención que te asustaras tanto… perdón…

—¡Ser secuestrado no tiene nada de divertido! —vociferé— Traeme un whisky de fuego… —Draco gruñó algo— …que sean dos whiskies, mejor… y en tanto tus strippers no vuelvan a ponerle la mano encima a mi prometido… creo que puedo hacer de cuenta que no pasó nada.

Tomé a Draco de la mano y sonaron vítores, silbidos y aclamaciones de entre los presentes que hasta ese momento habían permanecido en silencio.

—¡Hola, Harry! —gritó Oliver Wood, sobándole indelicadamente los pechos a una mujer desnuda que tenía abrazada— ¿Te decidiste a renunciar a tu libertad? —según recordaba Oliver estaba casado desde hacía años y su esposa estaba esperando su tercer hijo. Hice una mueca de disgusto porque a continuación el ex capitán de Gryffindor se inclinó y le mordió un pezón a la mujer que tenía en brazos.

—¡Harry! ¡Malfoy! —Seamus nos separó metiéndose en el medio y nos pasó un brazo sobre los hombros a cada uno— Ya venía siendo hora. Entonces… ¿cuándo vas a hacer de Malfoy un hombre honesto?

Dean, que estaba al lado, soltó una carcajada. Lo fusilé con la mirada. —La boda será dentro de seis semanas. —contesté— En este momento tendríamos que estar en la tienda de madame Malkin para la última prueba de los trajes… pero supongo que va a tener que quedar para mañana.

—Lo dudo… tengo otros planes y pienso salirme con la mía —dijo Seamus y llamó a una chica que llevaba una bandeja con tragos— ¡Mañana vas a tener la madre de todas las resacas… y poco va a ser lo que puedas hacer!

Todos tomamos un vaso y comenzamos a beber; siguieron muchos otros saludos y conversaciones fragmentadas durante un largo rato hasta que finalmente pude escabullirme con Draco a una mesa privada.

—¿Estás bien? —le pregunté— Podríamos fugarnos si no te querés quedar.

—No, está bien… es agradable. Corresponde que tengamos una despedida de soltero. Es tradicional.

—¿Te parece agradable? —dije soltando una risa. Él también se rió.

—No, en realidad tenés razón… es espantosa. Pero sigue siendo una tradición. Mejor quedémonos un rato más.

Ron y Hermione se reunieron unos minutos más tarde. Seguían muy enamorados una del otro y viceversa. Nuestra amistad había ido fortaleciéndose cada vez más durante los últimos meses, si bien todavía no habían curado del todo las heridas de la traición.

—Realmente lo lamento mucho, chicos. —repitió Ron con un gemido contrito.

—Sos un idiota, Weasley. —intervino Draco sorbiendo un trago de whisky, y le restó importancia al asunto agregando despreocupado— Pero ya estamos acostumbrados.

Ron se puso más colorado aun pero no agregó nada más. Me pareció que era conveniente cambiar de tema. —¿Cómo está Tuck? —pregunté. Ginny había dado a luz a un varoncito muy saludable al que habían llamado Tucker. Había cumplido su primer año la semana anterior, acontecimiento que había sido festejado con una fiesta familiar.

El asunto de Ginny para mí era agua pasada, ya le había perdonado todas sus intrigas, en realidad si uno se ponía a pensar, de no haber sido por ella no me hubiese enamorado de Draco. Pero ella seguía sin hablarme. Al principio me había fastidiado que siguiera comportándose como si yo le hubiese arruinado la vida, después se me pasó, ahora sólo me inspiraba lástima. Al pequeñín Tuck lo había conocido un día que Nott había venido a la Mansión para visitar a Draco. El bebé es amoroso.

Nott y Draco no habían sido demasiado amigos en Hogwarts, pero eso había cambiado en los últimos meses. Nott había seguido estudiando en Hogwarts, los fines de semana le habían permitido que fuera a La Madriguera para visitar a su esposa y a su hijo. Ginny había dejado la escuela a mitad del embarazo. Se habían casado apenas hubo cumplido dieciséis. La boda se había realizado muy en privado, sólo los familiares muy cercanos habían asistido.

La amistad de Nott con Draco no se hacía extensiva a mí. Nos tratábamos con amabilidad, pero si venía a visitarnos y Draco no estaba, Nott nunca se quedaba. Cuando, con la muerte de Voldemort, la guerra terminó, muchos que —como Nott— estaban destinados a unirse a las filas del Señor Oscuro, simplemente habían vuelto a vivir normalmente sus vidas. Sin embargo, yo tenía la impresión de que—para Nott— hacerse amigo mío seguía teniendo sabor como a traición. No era algo que me importara, Nott no era mala persona, amaba a su hijo y era un padre excelente.

—Está estupendo. —dijo Ron con orgulloso entusiasmo— Le encantó la fiesta… fue una lástima que vos no pudieras ir.

Yo había preferido no estar presente, seguramente Ginny hubiese hecho una escena y el fausto acontecimiento hubiese terminado entre lágrimas.

—¡Si vieras lo activo que es! —comentó Hermione eufórica. Sonreí, iba a ser una excelente madre algún día, quizá más pronto que tarde. Dos semanas antes, Ron me había pedido mi opinión sobre el anillo que le había comprado, tenía intenciones de proponerle matrimonio, para el cumpleaños de ella en septiembre— Toca todo, —prosiguió Hermione— hay que estarle encima constantemente.

—Theo dijo que iba a venir esta noche. —intercaló Ron— Pero va a llegar tarde porque dice que él es único que sabe cómo poner a dormir a Tuck, que si no le lee un cuento antes de que se duerma no descansa bien. Tuck lo tiene totalmente comprado.

—¡Como a todos en la casa! —dijo Hermione— Están todos que se babean por el enanito. —todos nos reímos.

Para cuando a Ron le tocó hacer el discurso, Theo ya había llegado y Seamus y Fred ya se habían fugado con dos de las mujeres desnudistas. Y casi todos los que quedaban estaban ya muy pasados de copas.

—Les solicito su atención por un momento. —pidió Ron alzando la voz. La intensidad de la música bajó y los que bailaban se detuvieron— Me toca hacer el discurso, también en nombre de Theo que apadrinará a Draco cuando se case con mi mejor amigo, gracias hermano. —Ron hizo un gesto hacia Nott, quien se lo devolvió alzando la copa, hubo algunos vítores de los reunidos— Si alguien me hubiese dicho en primer año que habría de llegar el día en que Harry se casaría con Draco Malfoy… probablemente lo hubiese sacado volando a hechizos. Pero en primer año yo también estaba convencido de que algún día me casaría con Gabriella Harvey, la capitana de los Chudley Cannons… y nunca hubiese concebido que terminaría encontrando una alternativa muchísimo mejor por lejos… y que ella se enamoraría de mí. —Ron le hizo un guiño a Hermione, quien se ruborizó primero y luego fusiló con la mirada a unos que hicieron por lo bajo comentarios sobre ella no del todo encomiásticos.

—Harry es el mejor hombre que conozco y mejor de lo que nunca voy a llegar a ser. Es una bendición tenerlo como amigo, que me quiera y que disculpe todos mis errores. Draco Malfoy es un hombre afortunado, pero por lo que he podido ver, merecedor de tal fortuna y sé que cuidará de mi cumpa de la mejor manera. —Ron alzó la copa— ¡Por Harry y Draco!

Hubo una respuesta generalizada de la audiencia. —¡Por Harry y Draco! —y todos bebieron.

Ron volvió a reunírsenos. No sabía qué decirle. Su discurso me había parecido hermoso y sincero. —¡Gracias, macho! —le dije abrazándolo— Lo que pasó en sexto hace rato que está perdonado y cuando estés de pie a mi lado como mi padrino no quiero que traigas arrastrando errores pasados. Dejalos atrás, en el olvido, que es allí adonde pertenecen. —Ron asintió con la cabeza, un poco achispado por el alcohol, un poco emocionado— ¿De acuerdo?

—De acuerdo. —respondió y volvimos a abrazarnos.

—¿Qué es toda esta prodigalidad de abrazos? —intervino Draco y me pellizcó el culo— ¿Y para mí no hay nada?

—Te lo devuelvo, queda todo para vos. —se apresuró a decir Ron e hizo un precipitado mutis.

—Finalmente un momento a solas con vos. —suspiré y le robé un beso— Tengo algo importante que decirte, quiero que seas el primero que lo sepa… antes que nadie.

—Merlín, —susurró con reverencia— ¿estás embarazado? —preguntó abriendo grandes los ojos, luego sonrió divertido. Le di un puñetazo en el brazo, no muy suave.

—¡Callate, boludo! Esto es algo muy importante y quiero contártelo.

—¡Contá entonces! —me instó.

—¡Me admitieron en el programa de aurores! —le informé dando un saltito de entusiasmo. El rostro se le iluminó.

—Voy a tener mi propio guardián de la ley. —exclamó efusivo, me abrazó por la cintura y me salpicó la cara de besos— ¡Felicitaciones! Yo sabía que iban a aceptarte… ¿cómo iban a decirte que no a vos justamente?

—Sí, ya sé pero igual…

—Yo también tengo novedades. —dijo sonriendo— Fui a hablar con Snape esta mañana y se mostró de acuerdo en tomarme como aprendiz. Va a seguir dando clases pero me va a enseñar durante los fines de semana. Además me consiguió un puesto en lo de un apotecario, dos días a la semana mientras sigo estudiando.

El pecho se me hinchó de alegría y de orgullo. Eso era exactamente lo que Draco quería, Snape ya le había tramitado el ingreso en Graides, la universidad mágica de mayor prestigio en Gran Bretaña y unos días antes había llegado la carta de aceptación.

—¡Mi propio experto en Pociones! —susurré, me incliné y junté la punta de mi nariz con la de él— Mi bello e inteligente futuro esposo. —dije. Rió y luego nos dimos un largo y amoroso beso. Nunca me cansaba de sus tiernos labios, siempre era un deleite el sabor y el modo en que me mordisqueaba el labio inferior.

—Bueno chicos, ya es suficiente. —exclamó Nott; nos separamos— Ya basta de arrumacos, ¡es hora de divertirse!

Nos arrastró hasta el centro del círculo que había formado los presentes y nos hizo sentar en unas sillas que habían colocado ahí para nosotros. Sentí un vacío en el estómago, miré a Draco que se había puesto lívido; los dos nos imaginábamos lo que vendría a continuación.

Volvieron a vendarnos los ojos. La música cambió a una melodía típica ondulante, de ésas que invitan al contoneo. Me sentí aterrado.

Alguien se me acercó y me tomó de las muñecas, ya sabía de quién se trataba, era el hombre muy desnudo que me había recibido cuando llegamos; me hizo ponerle las manos sobre las caderas que se meneaban acompasadas con el ritmo. Sabía que la verga del stripper debía de estar oscilando seductora delante de mi cara, sentía que me descomponía. Hubo aullidos y profusión de risas de los concurrentes, pude oír gimoteos incómodos de Draco, a él debían de estar sometiéndolo a un tratamiento similar. Traté de inclinarme hacia atrás para alejarme lo más posible, pero el hombre se me acercó más. Me llevó las manos hasta su culo y me instó con sus movimientos a acariciárselo, luego me las soltó esperando que siguiera sobándolo por mi cuenta. Lo solté de inmediato. Volvió a agarrarme las muñecas e insistió. El juego siguió durante un rato, hasta que Draco se hartó y se arrancó la venda.

Theo protestó. —Estás arruinando el show, Draco.

—Quiero un show que pueda disfrutar con Harry. —replicó y me quitó la venda.

Acercó su silla a la mía y le ordenó a los dos strippers que se alejaran un poco. —Dennos un show, bailen juntos.

Lo que siguió fue más de mi gusto, era un regalo para los ojos verlos provocarse entre ellos, y cuando sus vergas se aproximaban más de lo conveniente a nosotros al menos podía abrazarme a Draco. Siguieron bailando seductoramente y procedieron a ir a provocar a los otros, en un momento Dean quedó hecho un sándwich entre los dos, que se le frotaban a ambos lados.

Mi propia verga estaba encantada con el espectáculo, la tenía parada casi desde el principio. Llegó un momento en que le estaba apretando el muslo a Draco con tal fuerza que probablemente le estaba cortando la circulación, era mi modo de decirle sin palabras, ¡tenemos que irnos, YA! Aparentemente captó el mensaje.

—Gracias por la gran fiesta, Weasley. —le dijo Draco a Ron alzando la voz— Y la próxima vez mandá una invitación, no hace falta que nos secuestren.

—¿Ya se van? —preguntó sorprendido— Les están trayendo otros tragos.

—Creo que ya es hora. —dije yo, Draco ya estaba arrastrándome hacia la puerta.

—Pero… teníamos preparados otros juegos… y todavía no es medianoche. —intervino George.

—Vean chicos… quiero irme a casa para cogérmelo a Harry hasta partirlo al medio, así que o nos dejan ir por las buenas, o van a terminar saliendo lastimados. —les replicó Draco con toda naturalidad, yo estaba colorado hasta los cabellos.

—Vayan nomás. —concedió George, Ron estaba escandalizado.

Considerando todo en su conjunto había sido una buena fiesta. La llegada no había sido divertida… y los strippers, bueh… cumplieron con su misión, humillar a los novios. Pero las despedidas de soltero son siempre así, no para entretener al novio sino para satisfacer las tendencias sádicas de los amigos. Mejor que nos fuéramos cuanto antes, de lo contrario terminaríamos los dos desnudos, borrachos y maltratados en el patio de Hogwarts.

En cambio, era mucho más tentadora la perspectiva de que mi prometido me arrojara sobre la cama, desnudo y algo pasado de copas, dispuesto a abusar de mí.

Las manos y la boca de Draco estaban encima de mí. Frenético. Mi piel ardía y la de él también. Con tanto ímpetu no íbamos a durar mucho. Sus manos presionaban mis caderas hundiéndolas en el colchón, tenía la cara sepultada en mi cuello, mordisqueándome. Yo tenía la verga parada al máximo, gritaba pidiendo satisfacción.

—Merlín, Draco. —susurré y lo insté a que me la agarrara. Así lo hizo y me la acarició con los dedos sin urgencia, me provocó un estremecimiento. Luego la rodeó y me la apretó con todas sus fuerzas. Ahogué una exclamación. Siguió estimulándomela con frotamientos rítmicos hacía arriba y abajo. Un alfilerazo de placer me recorrió la columna, arqueé la espalda y lancé un gemido. Draco sabía bien que quería más.

—Hablame, Harry. —susurró. Sonreí, le encantaba incitarme a hablarle sucio, cuando yo estaba tan preso de lujuria llegaba a decir prácticamente cualquier cosa— Decime qué es lo que querés.

Lo miré directo a los ojos, a veces me parecía que con sólo mirarlo a los ojos era suficiente para llevarme a la cumbre del placer. —Quiero que me cojas. —sonrió.

—Te cogí anoche. —me recordó pellizcándome una tetilla— ¿No es acaso mi turno de ser cogido?

Gimoteé. Me fascinaba sentir la estrechez de Draco apretándome la verga, pero lo disfrutaba mucho más cuando él me penetraba. Había algo en la forma que tenía de hundirse en mi interior… que casi me hacía explotar todas las veces. Y él lo sabía, pero las dos posiciones le venían perfectamente. —Mañana a la mañana. —le prometí, pero había sonado como un ruego— Mañana te voy a coger hasta que no puedas caminar, pero ahora te necesito dentro de mí.

Vi una sombra de vacilación en sus ojos, me quería activo… ¿cómo podía negarme?

Enganché una pierna con la de él y giré para ubicármele encima, la movida lo sorprendió. Me escurrí rápidamente hacia abajo y antes de que pudiera decir nada le lamí la verga marcando una estría húmeda desde la base hasta la punta. Sólo pudo gemir. Me la metí lenta y provocadoramente en la boca, lamiendo, chupando y besando la punta. Cuando lo tuve temblando, con los músculos tensos para contener el clímax, interrumpí las atenciones.

—Vida… —jadeó cuando volví a ascender para reclamarle un beso— Ahora poco voy a poder durar. —todavía pensaba que le tocaría el rol activo.

—Preferiría que puedas aguantarte, no sabés lo bueno que es verte acabar mientras te estoy cogiendo y lo delicioso que es cuando me la apretás con los espasmos del gozo. —susurré, creo que fue entonces que entendió como iba a ser la cosa.

—Creo que sé perfectamente lo que se siente. —respondió y me pasó la varita para que lo preparara.

Pronuncié el encantamiento para dilatarlo, relajarlo y para lubricar la entrada y mi verga. No jugueteé con los dedos como otras veces, los dos estábamos demasiado embalados. Él levantó un poco las caderas, me acomodé en posición y acometí.

Dejó escapar un gemido gutural, realmente me necesitaba. Yo me sentía penetrando en mi hogar. Mi bellísimo amante, mi alma gemela, mi futuro esposo yacía debajo de mí, gimiendo por mí, gritando por más… en ese instante mi vida era perfecta. Sabía que en tanto lo tuviera conmigo, mi vida sería siempre perfecta, porque no podía haber nada mejor que esto, y no había nadie mejor para mí que él.

Ante su súplica insistente empecé a moverme, traté de no concentrarme en mí sino en los sonidos que dejaba oír y en los movimientos de sus caderas que se acompasaron con los míos. Una bruma de placer me iba invadiendo cada fibra, cada célula. Mis huevos golpeaban eróticamente contra él en cada embestida, yo también dejé oír gruñidos roncos de deleite en cada ciclo. Pero aun así, no era suficiente, lo necesitaba más cerca, quería besarlo y sentir su aliento jadeante en mi cuello.

Cuando salí de él casi lanzó un juramento. —Te necesito más cerca. —me senté contra el respaldo de la cama para tener más apoyo— Montame. —le pedí y él se me trepó a horcajadas y luego fue descendiendo lentamente hasta empalarse por completo.

Lo sostuve de las caderas para estabilizarlo y a continuación empezó a moverse. Ahora sí estábamos cerca, sus labios a mi alcance. Draco siguió ascendiendo y bajando bombeando en vaivén acelerando el ritmo constantemente. Pronto los dos estábamos sacudiéndonos y prácticamente al límite. Se me acercó aun más y hundió la cara en mi cuello, gritando y mordiéndome hasta que alcanzó el clímax. La combinación de los músculos estrechándose alrededor de mi verga y el erótico aguijón de los dientes lacerándome la piel me proyectaron a la cima y vacié mi orgasmo en su interior apretado y cálido.

Nos dejamos caer sobre el colchón exhaustos y satisfechos y nos acurrucamos muy juntos. —¿Podemos hacer lo mismo mañana? —pregunté, masculló algo ininteligible que supuse fue un asentimiento.

Reí y los dos nos hundimos segundos después en un sueño apacible.

oOo

—Weasley, no deberías estar acá sino junto al altar. —rugió Lucius que acaba de entrar como una tromba en la pequeña habitación donde estaba terminando de vestirme.

Ron lo miró con hostilidad pero prefirió no discutir. —Nos vemos allá, cumpa. —me dijo y salió.

Remus frunció el ceño, seguía sin confiar en Lucius, y se me acercó para arreglarme, por enésima vez, la corbata. Traté de espantarlo. —¿Acaso no querés lucir bien? —con renuencia lo dejé hacer.

—¿Y Draco? —le pregunté a Lucius. Me miró con disgusto los cabellos desordenados.

—Ya hace rato que está listo. —dijo y flameó la varita para alisarme una arruga de la toga.

—Señor, yo hace más de un año que estoy listo. —dije sonriendo; me guardé la varita en la manga. —Ya podemos ir.

Remus se había mostrado muy suspicaz con Draco al principio pero finalmente había llegado a aceptar nuestra relación. Pero Lucius… nunca iba a confiar en él. Para Remus, Lucius era uno de los que habían estado a punto de matarme… y nada iba a hacerle cambiar de opinión sobre el padre de Draco. Cuando la guerra terminó, Remus volvió y pasó a ser una figura constante en mi vida, se sentía en la obligación de ocupar en cierta medida el rol de padre. Él iba a ser quien me escoltaría hasta Draco.

La música resonó en la gran carpa que estaba atestada de invitados. El corazón se me inundó de ansiedad. Remus me acompañó por el corredor central. Draco y su padre vinieron en dirección contraria a nuestro encuentro. Nos juntamos en el centro.

Draco me sonrió ampliamente y yo hice lo mismo. Nos tomamos de la mano y seguidos por Remus y Lucius proseguimos hasta el altar donde Dumbledore nos esperaba para casarnos. Ron estaba al lado de Nott, que sostenía en brazos a Tuck, de cuya muñeca colgaba una bolsita con los anillos. Tuck sólo tenía ojos para su mamá que estaba en la primera fila. También estaban en primera fila Hermione, todos los Weasleys, mi primo Dudley, que se había animado a venir —mis tíos habían declinado la invitación— Y también estaban lady Malfoy y su hermana Andrómeda… y Tonks, muy embarazada de Remus.

Estaba muy contento de que todos estuvieran allí. Pero lo que más me hacía feliz era la mano de Draco en la mía. En ese mismo instante me la apretó suavemente trasmitiéndome con ese gesto su entusiasmo, sus ansias… pero por sobre todo… su amor.

Le devolví el suave apretón. Yo también te amo.

FIN