Han pasado años, muchos y largos años en los cuales aquella habitación sigue intacta, sus paredes pintadas en celeste y aquellos estantes con muchos juguetes, al lado de la cuna una cama, la misma que el azabache utilizaba hace tiempo para dormir al lado de su pequeño y que ahora ambas permanecen vacías.

Tiempo

Aquel en el que el jamás ha desistido de encontrar a su hijo, cada cumpleaños el compra un regalo acorde a la edad que debería cumplir y lo deja en aquel armario donde los recuerdos de su pequeño aun se conservan como si él estuviera allí.

Su vida a parte de buscarle, es el trabajo, se niega a estar con otra mujer por temor a nuevamente perderlo todo.

Aquella mañana seria un día común para todos, menos para el destino el cual tenía preparada la primera de sus bromas. Eran apenas las ocho de la mañana, mucho trabajo como todos los días, estaba muy tranquilo y absorto en sus labores hasta que algo interrumpió aquel apacible omento. Unos ojos azules con cabellera rubia interrumpieron, como siempre, su mente no de la mejor manera.

- ¡Sasuke! –Escucho gritar a cierto personaje que conocía muy bien mientras este entraba por la puerta, una de las pocas personas en las que confiaba y que aun así le sacaban de quicio-

- ¡Naruto deja de gritar tan temprano! –se quejo el azabache tomándose la cabeza con molestia, inclusive una venita en su frente apareció en ella-

- ¡deja eso mismo ahora! ¡Tienes que venir conmigo! –casi ordeno el rubio mirando con un semblante de semiseriedad y un rastro de alegría en sus ojos, un brillo que él consideraba muy característico de ese rubio, sin embargo esta vez estaba tan extrañado que levanto una ceja- ¡encontramos a la persona a la que Karin le dio al pequeño Yusuke hace años! ¡Sabemos a dónde lo fue a dejar! –Grito con emoción haciendo al azabache pararse de golpe y colocarse frente a él tomándole de los hombros-

- ¡estas completamente seguro de lo que estás diciendo! ¡Si no es así te romperé la cara Naruto! –Reclamo con esperanza en sus ojos el azabache mirando la sonrisa de alegría que esta tenía en el rostro-

- ¡si teme! ¡Nos enfocamos mal todo este tiempo pensando en que se había ido al extranjero! Según nos conto un tipo llamado Suigetzu, que fue quien se llevo al pequeño Yusuke, lo entrego a un hogar de Osaka –informo con alegría el rubio, al fin estaban viendo resultados de tan ardua espera y esfuerzo por parte no solo del azabache, si no de el mismo-

- Naruto… cancela todas mis reuniones, ¡voy a Osaka ahora mismo! –ordeno el azabache con prisa al momento de salir corriendo de su oficina y dejando al rubio tirado en el suelo por el empujón que le dio-

- maldito teme, ni las gracias da, bueno, ¿Qué puedo esperar?, digo, al fin va a ir a ver a su hijo después de tanto, quien diría que iría a Osa… un segundo… -murmuro solo el rubio aun tirado en el suelo luego colocando ojos de platos parándose a la velocidad de la luz- ¡espérame teme! ¡Yo también quiero ir! –grito a todo pulmón el rubio corriendo por donde se había ido su amigo, el también quería conocer a ese pequeño-

OoOoOoO

Pasado el medio día, en otro lugar del mundo, más específicamente un aeropuerto, vemos a otra persona. Figura esbelta, ojos alegres tan verdes como la joya más hermosa y cabellos rosas largos de color cerezo eran lo que lucía con tanto orgullo aquella mujer junto a una falda negra de tabillas con una blusa color blanca y zapatos de tacón.

Pero ella no iba sola

Un pequeño niño iba a su lado tomado de la mano. Cabellos rojos vivos y ojos negros despiertos, aquellos que todos consideraban como una mirada penetrante y fría, pero que a la pelirrosa le miraban con la mayor alegría y calidez del mundo.

- ¿a qué hora sale el avión a Tokio? –Pregunto aquel muchacho de mirada oscura posada en aquella pelirrosa quien le miro con tranquilidad-

- cerca de la una de la tarde Satoshi, no apresures, teníamos que venir con tiempo para registrarnos –explico sonriente la pelirrosa mirando a aquel pequeño que llevaba de la mano, porque en la otra llevaba un gran bolso y el mismo niño llevaba otro-

- ¿y porque a Tokio mamá?, es bastante lejos –expreso su duda aquel niño que para tener la corta edad que tenía ya sabía expresar sus molestias como todo un adulto-

- ¿Recuerdas todo el dinero que ahorre durante estos cinco años? –pregunto la mujer mirando al pequeño quien asintió sin entender mucho- digamos que valió la pena, porque postule a un crédito para una casa y me lo dieron, pero tengo que comenzar a pagar mensualmente y la cuota no es algo que pueda cumplir con trabajos de medio tiempo o esporádicos como los que tenía en Osaka, así que decidí trasladarme a Tokio que es la capital para encontrar un trabajo mejor –explico de forma fácil tratando de ser lo más simple posible para que el pelirrojo entendiera, por muy inteligente que fuese, aun seguía teniendo apenas nueve años-

- claro, y se olvidan de preguntar qué pasa con uno, tuve que dejar la escuela a medio año –expreso el pelirrojo con algo de fastidio en el rostro, rostro que cambio al ver la mirada fulminante de su madre sobre el-

- no me hables así, ¡sabes que lo detesto! –Expreso molesta la mujer de cabello rosa haciendo suspirar al pelirrojo quien trago grueso al momento de volver a abrir la boca-

- ¿Qué va a pasar con mi escuela mami? –pregunto con las mejillas rojas y ojitos de triangulo el pequeño quien sonreía nerviosamente mirando a su madre-

- no sé de qué te preocupas hijo, con tu promedio puedes ir a cualquier escuela, veras que en Tokio están las mejores escuelas del país, además de que ahora que viviremos en una casa podrás tener tu propia habitación –expreso sonriente la pelirrosa haciendo que al pequeño le brillaran los ojitos de emoción, cosa que a ella siempre le causaba gracia-

- ¡¿Pues que esperamos? ¡Allá voy Tokio! –Grito emocionado el muchacho soltando la mano de su madre y comenzando a correr con todo y su bolso a rastras-

- ¡Satoshi Haruno ven aquí! –Grito aquella mujer comenzando a correr por entre la gente tras su hijo-

La gente, una de las horas de más congestión dentro de aeropuerto al parecer. El lugar era enorme, perderle la pista era perder el vuelo. No sabía de nada de las preocupaciones de su madre, solo corría alegre esperando ver el avión en donde viajarían, realmente le emocionaba la idea de una nueva escuela y una habitación propia, con tan poco ese niño era muy feliz. Sin previo aviso choco con cierta persona al no poder detenerse a tiempo por ir corriendo inmerso en su mundo. Aquel golpe hizo que no solo el pequeño cayera, sino que también aquel contra el que choco. En ese instante, unos ojos negros se quedaron viendo al niño de cabello rojo y ojos negros sobarse donde se había pegado. Abrió mucho los ojos tomando por los hombros al niño quien se asusto por esto, su reacción era la más normal, después de todo…

El destino es muy travieso…

- siento haberle golpeado –expreso con algo de miedo el niño pensando en que le regañarían o algo peor, después de todo, aquel hombre le tomo desprevenido por los hombros y era un hombre bastante fuerte a su vista, sus ojos de penetrante mirada lo demostraban-

- acaso… acaso será… -pensó el azabache sin en ningún momento despegar la vista de ese pequeño de asustadizos ojos negros y cabellos tan rojos como el fuego-

- ¡Satoshi te dije que no corrieras! –Grito la voz de la mujer quien por fin alcanzaba a su hijo el cual era tomado de los hombros por aquel hombre de mirada penetrante-

- lo… lo siento –expreso con algo de miedo el muchacho sin aun zafarse del agarre de ese hombre quien le seguía tomando por los hombros-

- ¿no crees que sería mejor soltarle Sasuke? –pregunto algo burlón el sujeto que le acompañaba, al cual pudieron reconocer por su cabello rubio y ojos azules los cuales miraban al azabache quien solo respondió con su monosílabo colocándose de pie-

- ¿le conoce? –Pregunto el azabache mirando directamente a la pelirrosa quien como acto involuntario se le sonrojaron las mejillas con nerviosismo por la situación-

- lamento mucho el accidente, espero que Satoshi no les haya causado problemas –expreso la pelirrosa con algo de pena y las mejillas levemente sonrojadas mientras tomaba la mano del pequeño- te dije que no corrieras niñito desobediente, pídele disculpas a este señor –ordeno la pelirrosa con autoridad frente al niño-

- lo siento, deje que la emoción me dominara –expreso algo apenado el pelirrojo sonriendo nervioso ya sintiéndose más seguro de la mano de su madre-

- por un momento pensé que podría haber sido Yusuke –pensó con algo de decepción el Uchiha quien suspiro con paciencia- no es problema, descuiden –expreso mirando a aquella mujer de cabellos rosas-

Poca atención había prestado a la madre del pequeño. Sus ojos se concentraron muy disimuladamente en ella. A pesar de que el niño parecía no tener más de 10 años, ella era joven, demasiado. Su rostro perfectamente arreglado, sin mucho maquillaje, pero con su delineador puesto y sus pestañas encrespadas haciendo que aquellos ojos jades miraran con inocente seducción involuntaria a sus ojos. Aquella falda corta y blusa le daban un toque muy sensual y femenino junto a los tacones, mas sin embargo sus ojos y su cabello fueron lo que atraparon su atención, rosa y verde, no era una combinación muy usual pero a ella le iba bien.

- hey teme ya despierta –expreso burlón el Uzumaki mirando al azabache quien le golpeo sin siquiera mirarlo, estaba tan acostumbrado que podía darle sin siquiera mirarle-

- te he dicho que no me llames teme maldito usurantokashi –reclamo el azabache mirando con fastidio al rubio quien solo se sobaba la cabeza y susurraba unas cuantas maldiciones-

- mamá, ¿Qué significa usurantokashi? –Pregunto el pequeño que aunque supiera mucho, habían "cosas" que él no sabía, entre esas cosas, insultos-

- te lo diré cuando seas grande hijo –expreso con una nerviosa sonrisa la mujer de cabello rosas quien aun sujetaba la mano de su hijo- después, cuando tengas unos 20 años –pensó con voz desalentadora, quería mucho a su pequeño como para que creciera tan rápido, aunque ya encontraba que esos nueve años habían pasado rápido-

- así que es su hijo, lastima –pensó con algo de resignación aquel azabache mirando a la pelirrosa y al pelirrojo con algo de envidia, el desearía estar así con su pequeño en aquel momento-

- llamado a los pasajeros del vuelo 401 destino a Tokio, se les solicita pasar a registrarse y dejar sus equipajes con los encargados –se escucho hablar en el altavoz el llamado que para la pelirrosa no paso desapercibido-

- ese es nuestro llamado Satoshi, pero esta vez no te me escapes –le hablo en tono severo al pequeño pelirrojo la madre peligrosa sin en ningún momento soltar la mano de su hijo-

- no lo volveré a hacer, lo prometo –expreso con algo de fastidio el pequeño, él consideraba que su madre le trataba como un bebito a pesar de que él se consideraba bastante grande para que le hablaran así-

- si nos disculpan, ya debemos irnos, de verdad lamento lo ocurrido –se disculpo finalmente la Haruno sonriendo de tal forma que a ambos hombres le llamo la atención, claro que se calmaron enseguida al ver el aura oscura y sonrisa maniaca del pequeño que les miraba con el ceño fruncido, era la primera vez que veían a un niño actuando así-

- sí que es posesivo –pensó el rubio con una gota anime en la cabeza mirando al pelirrojo-

- tranquilo, ya vete con tu madre, cuídate y hazle caso, sino seguirás chocando con la gente –expreso con una tenue sonrisa el azabache, sonrisa que contagio al pequeño quien sonrió asintiendo con la cabeza, esa mirada dulce era muy diferente a la mirada fría que primeramente sintió sobre su pequeño cuerpo-

- señor… huele bien –expreso sonriendo el pelirrojo dejando con el signo de interrogación en la cabeza a ambos hombres-

- ya vamos Satoshi, con su permiso –aviso su andar la pelirrosa quien llevaba nuevamente de la mano al pequeño, mas esta vez caminando, y dejando a los dos hombres mirándole la espalda a ambos-

- oye teme, jamás te vi sonreír así, el golpe te afecto o esa chica te gusto –sonrió de forma picara el rubio mirando acusadoramente al azabache quien le salió una gota en la cabeza por la inmadura actitud de su amigo-

- no es eso dobe, es que… ese chico… se me imagino Yusuke –comento al aire el azabache mientras observaba la figura de la pelirrosa y el pequeño pelirrojo perderse entre la gente, en realidad hablando mas para sí mismo que para el rubio-

- ¿Yusuke? –pregunto asombrado el rubio, jamás el Uchiha había comentado algo así, ni siquiera cuando veía a niños parecidos al suyo mientras buscaron esos nueve años casi de orfanato en orfanato-

- si… por un segundo creí que sería el, tiene cabello rojo y ojos negros, además parecía tener más o menos nueve años, la edad que tendría Yusuke, de verdad que era igual a él –comento casi como un lamento el Uchiha al ver perderse a aquellas dos personas y luego mirar a los ojos a su amigo ojiazul quien le miraba con seriedad-

- sácate esa idea de la cabeza teme, ya viste, el tiene a su madre al lado, esa chica era preciosa –comento el rubio sonriendo de oreja a oreja recordando la amplia sonrisa que ella les había regalado anteriormente como disculpa-

- Hmp, tu sabes que eso no me interesa, pero si, era bonita –afirmo el azabache como que no quiere la cosa recordando cada detalle de aquella chica- mejor que eso, esa pelirrosa era preciosa, y esos ojos verdes y sonrisa son hipnotizantes, ese niño sí que tiene suerte, no me extraña nada que encele tanto a su madre, debe tener a muchos tras de ella –pensaba con algo de diversión el azabache recordando ahora la sádica expresión del pequeño pelirrojo dirigida a ellos cuando se habían sonrojado levemente-

- lastima, ese niño tenía como nueve años y ella no aparentaba más de 23 años, debió ser madre soltera –comento el Uzumaki mientras negaba con la cabeza con algo de decepción, las chicas mas lindas siempre "metían la pata" según su percepción-

- deja de hablar estupideces y camina dobe –ordeno con prisa el azabache, por aquel incidente casi olvidaba para que había viajado hasta Osaka, aquello lo tomaría como una buena señal, quizá estaba en buen camino-

- ¡Que no me digas dobe! ¡Y espérame teme! –grito el rubio al verse solo y luego salir tras del azabache quien se le había adelantado-

- esa chica era muy linda… si tan solo Karin hubiera sido así de cariñosa y preocupada con Yusuke –pensaba cabizbajo el Uchiha recordando lo que pudo ser su vida, a su hijo y teniendo miles de cosas en la cabeza todo al mismo tiempo-

OoOoOoO

Ya eran las 12:30 del medio día, el recorrido fue muy breve ya que sabían exactamente dónde ir. Aquella oficina lo desesperaba, no aguantaba más, necesitaba saber bien las cosas.

Papeleo y papeleo, mucho papeleo, más de lo que estaba dispuesto a aguantar. Se paro golpeando el escritorio con las palmas abiertas y su ceño fruncido, eso era el colmo, y su paciencia había llegado al límite.

- ¿Cuánto mas tendré que esperar? –Pregunto con el ceño fruncido al máximo el azabache mirando a aquel sujeto que se encontraba buscando entre un montón de archivos-

- ¿sabe cuántos niños llegan aquí cada mes de cada año? –pregunto con molestia el director de aquel lugar, si bien tenia paciencia ese sujeto de cabello negro le estaba desesperando como pocas personas lo habían logrado-

- tranquilízate Sasuke, con apresurarte nada logras, esperaste nueve años, esperar unos minutos no es nada –expreso con cierta seriedad el Uzumaki, el no era así, pero podía ponerse en ese plano cuando de calmar a su amigo del alma se trataba-

- no tengo registros de un bebe apellidado Uchiha o con el nombre de Yusuke, realmente estoy desconcertado –expreso el director con sorpresa, nunca le había pasado algo así, era una completa sorpresa aquello que estaba pasando-

- hace nueve años, un pequeño de cabello rojo y ojos negros, un bebe de seis meses, ¡tiene que haber algo en sus expedientes! –Expreso colmado el Uchiha, su desesperación bordeaba el límite que podía aguantar su cordura-

- solo me queda ver en los expedientes anónimos –suspiro con derrota el director de aquel hogar buscando un libro en su estante- sucede que aquí también llegan personas con bebes recién nacidos o pequeños a los cuales se encuentran en la calle, muchas veces no se saben los nombres de ellos y llegan como anónimos, luego aquí se les registra un nombre –explico aquel hombre sacando por fin uno de sus libros y dejándolo en el escritorio- este es el libro de los niños registrados como anónimos de hace nueve años, no tienen sus nombres de registro aquí, la única forma de que puedan identificarlo es por medio de la foto que tenemos, ¿podrán? –pregunto algo dudoso aquel hombre quien seguía con la mirada fija en el azabache para luego verlo asentir-

Abrió el libro, era enorme, mas de 200 niños, cada uno con su respectiva foto y la fecha de ingreso. Foto por foto, ninguno se acercaba a lo que el recordaba como su hijo. Habían pasado nueve años, pero sabía que en su memoria aquel pequeño bebe no podía haber sido olvidado.

Percibieron los ojos del azabache agrandarse de par en par. Las fotos de un pequeño bebe, en una salía dormido arropado con aquellas mantas que el reconoció tan bien, ¿Cómo no si el mismo se las había dado?, y en la segunda sus ojitos negros mirando a la carama con inocencia mientras lucia su cabello rojo. No podía estar equivocado, el era, allí estaba su niño.

- Yusuke –susurro apenas el azabache tomando la foto en que el pequeño salía con sus ojos negros abiertos- él es, este es, Yusuke, no puedo equivocarme –volvió a hablar el Uchiha con una mueca de felicidad, aquella foto le había devuelto la esperanza de ver a su pequeño con vida, sano y salvo-

- este niño… -susurro, intentaba hacer memoria el hombre quien había tomado la otra foto mirando a ese niño, de entre tantos, aun así le reconocía de alguna parte-

- ¿están seguros del paso que están dando? –pregunto aquel hombre mirando a aquella persona en frente del con una mochila y con varios bolsos en sus manos-

- lo estamos director iruka –respondieron cuatro jóvenes y acompañándoles, un pequeño niño-

Eran seis personas en total, dos jóvenes de 20 años, una joven de 19 y dos chicas de 18 años, tomada de la mano de una de ellas, el pequeño pelirrojo de ojos negros al cual el director recordaba.

La característica de este grupo era que todos estaban heridos, algunos con vendas y otros con moretones visibles. Detrás de aquel hombre que mandaba ese hogar habían muchos más niños y adolecentes, tras todos ellos estaba la casa donde habían crecido, lamentablemente de esa casa solo se podían ver ruinas ya que tenia rastros de un gran incendio.

- ¿estás segura de poder cargar con él?, sabes que puedes dejarle –recomendó el recién director de aquel hogar mirando a una de las chicas, la que tenia tomado de la mano a el pequeño que en ese entonces tendría solo cuatro años de edad, haciendo alusión a él-

- no se preocupe director Iruka, no me separare de él, le voy a cuidar yo misma –aseguro sonriente aquella muchacha de 18 años la cual apretó mas la mano del pequeño quien también apretaba la mano de esta, era pequeño, pero sabia donde y con quien quería y debía estar-

- siendo así chicos, les deseo suerte a todos y saben que pueden volver cuando gusten –expreso sus deseos más sinceros aquel director que aunque no llevaba mucho en aquel hogar sentía el deber de velar por aquellos chicos los cuales asintieron y se dieron vuelta separándose en dos grupos-

- ya lo recuerdo –comento el director dejando la foto en el escritorio- no recuerdo el nombre de este pequeño, el ya no está en este orfanato

- ¿lo adoptaron? –pregunto el Uchiha con un hilo de voz en la garganta, el tan solo hecho de pensar en esa posibilidad le apretaba el estomago como nunca nadie se podría imaginar-

- no –respondió el director haciendo que el Uchiha pudiera respirar un poco más tranquilo, más aun así no estaba tranquilo-

- ¿entonces qué fue lo que sucedió con él? –pregunto el rubio viendo que su amigo no estaba en condiciones optimas para hablar, mas aquel sujeto solo suspiro levantándose de su escritorio y asomándose por la ventana que curiosamente daba al patio de recreo de los niños de aquel hogar-

- hace cinco años yo tome el mandato de este hogar y lamentablemente tan solo dos meses después… este lugar se incendio, no quedo nada de él más que sus cimientos, en ese entonces muchos murieron, tuvimos a varios heridos y después de eso, muchos más salieron del orfanato –explicaba el director haciendo que el estomago de ambos hombres, el rubio y el azabache se apretara- no se preocupen, el no murió –acoto el sujeto mirando con una tenue sonrisa a ambos sujetos que aunque estaban más tranquilos aun tenían el estomago apretado-

- sin rodeos, dígame porque mi hijo no está aquí –casi ordeno el azabache, sus nervios estaban de punta, realmente necesitaba saberlo o explotaría allí mismo-

- la edad mínima para salir del orfanato es a los 18 y la máxima a los 20, en ese entonces varios se fueron, pero a este niño en especial se lo llevo una de las chicas que salió en aquel entonces, se podría decir que lo adopto, pero realmente se lo llevo por el mucho cariño que le había agarrado a este pequeño, no recuerdo sus nombres, apenas los conocí y nunca más les he visto, es todo lo que les puedo decir –expreso con su más sincero pésame el director mirando a los niños que jugaban a través de ese ventanal y luego dirigiendo su vista hasta aquellos hombres que por fin parecían poder respirar tranquilos-

- gracias por la información director Iruka –expreso el rubio con una tenue sonrisa, por fin habían dado con algún indicio de aquel niño por el que el azabache había sufrido tanto esos últimos años-

- si se algo se los hare saber –expreso con una sonrisa el director sentándose nuevamente en el escritorio, si bien no pudo ayudar mucho, sentía que en algo alivio la carga de ese hombre de cabello negro quien aun no expresaba palabra al respecto-

- tranquilo Sasuke, lo encontraremos, al menos sabemos que esta con alguien que le ha estado cuidando bien –encontró el lado positivo el rubio tratando de animar un poco a su amigo quien de todas formas mantenía la cabeza gacha-

- si, al menos se que está vivo, Naruto… ¿crees que…? –dejo incompleta la pregunta al momento de que el rubio le interrumpió como solía hacerlo, mas esta vez, sin gritar-

- no pierdas la esperanza teme, estoy seguro que le volveremos a ver, lo encontraras teme ya falta lo menos –sonrió el rubio haciendo sonreír aunque quedadamente al Uchiha quien se coloco de pie-

- Hmp, vamos a Tokio, no tenemos nada más que hacer aquí –afirmo el azabache luego dirigiendo su mirada al director de aquel lugar- de todas formas gracias por la información, me ha quitado un peso de encima el saber que está bien hasta donde usted sabe –agradeció de forma fría pero sincera mirando a aquel hombre que negó con la cabeza dándole a entender que no había sido nada-

- vamos a Tokio Sasuke, allá le seguiremos buscando –apoyo el rubio al Uchiha quien solo asintió-

OoOoOoO

Una en punto, era el momento del despegue de cierto avión. Todos estaban muy tranquilos y acomodándose calmadamente. Aquella tenía una gotita estilo anime y una sonrisa muy nerviosa por la situación, sus ojos verdes no perdían de vista al pequeño pelirrojo mientras que este cantaba alegremente mirando por la ventana del avión que aun no partía, cosa que el daba risa, el siempre era frio a la vista de todos mas solo ella conocía esa faceta tan infantil e inocente de aquel niño, le daba gracia, pero jamás dejaría de asombrarse de sus cambios de actitud, al parecer lo llevaba en la sangre.

- ¡Jamás había subido a un avión! ¡Un avión! ¡Un avión! ¡Un avión! ¡Vamos en avión! ¡Un avión! ¡Un avión! ¡Un avión! ¡Qué emoción! –Cantaba alegremente el pequeño, sus ojitos negros brillaban de emoción por la nueva experiencia-

- jejejeje –reía nerviosa aquella pelirrosa con gotita estilo anime en su frente mirando al pelirrojo al momento de que se paro frente a él- quédate quieto solo un momento para que te ponga cinturón de seguridad –expreso la madre del pequeño con una enorme sonrisa-

- ¡pero mamá no quiero! –Reclamo el pequeño pelirrojo cruzándose de brazos e inflando las mejillas haciendo berroche de lo más infantil que la pelirrosa se pudo haber imaginado jamás-

- ¡Satoshi Haruno te quedaras quieto por las buenas o por las malas! –Expreso de forma golpeada la mujer cambiando su sonrisa a una cara que realmente asustaba, es más, todos en aquel avión habían escuchado la reprimenda y realmente se habían asustado del repentino cambio de aquella mujer-

- está bien, por la buenas –se dejo inmediatamente sin dudarlo ni un segundo el pequeño quedándose quieto, era niño pero no tonto, sabía que si contradecía a su madre era peor que contradecir al demonio-

- mejor, ¿de verdad era necesario que tuviera que regañarte para esto? –pregunto divertida la pelirrosa colocándole el cinturón a su pequeño mientras este solo se quejaba cruzándose de brazos de nuevo, mas su vista no dejaba de verle aun-

- ¿Qué sucede mamá?, ¿Por qué te me quedas viendo así? –Pregunto extrañado el pequeño de que aquella mujer se quedara pegada en él como la cosa más interesante del mundo-

- ¿te puedo preguntar algo? –Pregunto la pelirrosa sentándose al lado del pequeño y colocándose su propio cinturón de seguridad al momento de que el pequeño asentía con intriga- ¿Por qué le dijiste antes a ese sujeto que tenía buen aroma? –volvió a preguntar un tanto desconcertada la ojijade mirando al pequeño que quedo con la misma cara confusa de ella-

- no es algo que yo mismo entienda, es solo que… su aroma y su sonrisa se me hicieron familiar, no me refiero a Sasori, fue diferente, me hizo sentir un tanto tranquilo y seguro por un leve momento, como te digo no es algo que entienda mucho, solo me salió del alma –expreso pensativo el muchacho, no se había hecho esa pregunta el mismo y realmente no estaba seguro de poder contestarla tampoco-

- ¿su aroma y su sonrisa? –pregunto de forma quedada la pelirrosa mirando a su hijo- Satoshi… ¿no crees que acaso te recordó aunque sea muy levemente a…? –Comenzó a preguntar la pelirrosa sin poder completar su pregunta-

- señores pasajeros… anunciamos el despegue, esperamos que todos tengan puestos sus cinturones de seguridad –informo el altavoz quien interrumpió a la ojijade para luego comenzar a moverse sin previo aviso de forma un tanto brusca-

- ¡me quiero bajar! ¡No me gustan los aviones! –Comenzó a gritar el pequeño aferrándose el cinturón de seguridad como si fuera en una montaña rusa-

- tranquilo Satoshi, ya paso la turbulencia, ya puedes quitarte tu cinturón –expreso un tanto divertida la pelirrosa quitándose su propio cinturón sin dejar de ver divertida al pequeño que negaba fuertemente no la cabeza-

- ¡no quiero! Me arrepentí de querer quitármelo –expreso nervioso el muchacho sin en ningún momento abrir los ojos de miedo-

- cálmate hijo ya paso, no querrás perderte esto –hablo nuevamente la madre del pequeño quitándole ella el cinturón tal y como se lo había puesto apuntando con la vista hasta la ventana que estaba al lado del pelirrojo-

- ¡Que chiquito se ve todo! –sonrió fascinado el pequeño mirando a través de la ventana con mucho interés, jamás había pensado en siquiera ver aquella vista desde un avión, realmente era una experiencia totalmente nueva para el-

- así es Satoshi –sonrió algo cabizbaja la pelirrosa mirando a su pequeño fascinado en la ventana-

- todo se ve muy, pero muy pequeño desde aquí –sonrió la pequeña pelirrosa mirando por una ventana de avión el cual sobrevolaba la gran ciudad de Osaka-

- así es Sakura, se ve pequeño –expreso sin mucho interés una mujer mayor de cabello rojo y ojos cafés la cual iba entretenida en su revista-

- abuela, ¿aquí están mamá y papá? –Pregunto con inocencia la pequeña de unos cinco años mientras miraba a aquella mujer mayor que en ningún momento miro a su propia nieta-

- solo te diré Sakura que de aquí en adelante vivirás en esta ciudad, en Osaka esta tu nueva casa –expreso fría aquella mujer la cual seguía leyendo su revista como lo más interesante del mundo-

- ¡Si! ¡Por fin iré a casa!¡Ya no puedo esperar! –sonreía feliz la pequeña emocionada pues ya hacía más o menos uno o dos meses que no veía a sus padres y realmente les extrañaba mucho, sobre todo por el hecho de que tendría un hogar-

- ya quisieras –escucho susurrar fríamente a la mujer pelirroja, mas esa niña no hizo caso a sus palabras por estar muy concentrada en su emoción de ver a sus padres-

- aun recuerdo ese maldito momento en el que me abandonaron –pensaba un tanto triste la pelirrosa recordando el instante en que vio la ventana de un avión por primera vez como su pequeño pelirrojo quien también sonreía emocionado- algún día conocerás a tus padres Satoshi, se que lo harás, y hasta ese momento yo te cuidare –sonrió de forma tristona la pelirrosa mirando a ese pequeño, después de todo, ese pequeño pelirrojo, su hijo, era su vida completa-