Ese día empezaba casi como cualquier otro, con la única diferencia de su absoluta preocupación por lo que le pasaba a su pequeño.
Durante el desayuno lo veía distraído, su mirada otra vez bloqueaba sus sentimientos para que nadie pudiera verlos, cosa que ella sabía que el pequeño solo hacía en dos ocasiones, cuando este tenía miedo, o cuando estaba triste.
Al preguntarle el motivo no le fue mucho mejor, el no respondió, solo soltó un pequeño suspiro y le extendió la mano pasándole un pequeño papel a su madre, era una circular de la escuela, un anuncio que se les entrego a todos.
Entendía perfectamente el motivo del cambio de ánimo de su hijo, ya que a pesar de que este igualmente sonreía, no mostraba toda esa energía que usualmente tenia, si, ese pequeño estaba triste.
¿Qué podía hacer ella para remediar la situación?, no mucho, de hecho no podía hacer nada, no es que no quisiese, simplemente no podía.
Pero… Destino si…
Llego a su trabajo con aquel pequeño de la mano, como usualmente el rubio les saludaba al llegar, pronto ella dejaba sus cosas en su puesto, donde Sasuke siempre les saludaba y después iba a dejar a su pequeño, fue aquí donde el transcurso del día se torno diferente.
- ¿Qué pasa Satoshi? –pregunto el azabache mirando que el pequeño a pesar de sonreír como siempre, hablaba de forma casi automatizada, monótona, claro que escondiéndolo muy bien, era capaz de reconocer el estado anormal del pequeño por una sola razón, el también actuaba igual cuando algo lo perturbaba-
Algo que se lleva en la sangre…
- nada tío Sasuke –respondió nervioso el pequeño temiendo que le descubrieran, no hacía nada malo, ya estaba acostumbrado a la situación de tener que comportarse de esa forma-
- tú no me engañas –pensó para sí el azabache quien miro a la pelirrosa, esta negó con la cabeza en son de que no insistiera, si hacía caso, quizá ella le explicaría todo-
- mami, voy con Tía Ino, nos vemos después de la escuela –sonrió casi perfectamente el pequeño quien tomo su mochila y salió solo de la oficina en dirección a la guardería donde usualmente se quedaba antes de ir a la escuela bajo la mirada atenta de ambos adultos-
- Satoshi… -susurro algo triste la madre del pequeño, quería hacer todo para alegrarle la vida a ese niño así como él de la alegraba a ella, pero como personas de diferentes edades, querían cosas diferentes, ella sabía perfectamente por lo que pasaba el pequeño-
- ¿Qué le pasa?, mirada vacía, respuestas automáticas, movimientos lentos, nerviosismo al contestar, sonrisa forzada, ¿me falto algún detalle? –Pregunto el azabache alzándole una ceja a la pelirrosa quien volvió a suspirar sacando algo de su bolso, el mismo papel que su pequeño le había entregado en el desayuno de esa mañana-
- este es el motivo del porque anda con el ánimo bajo –enseguida respondió ella pasándole el trozo de papel algo arrugado al azabache-
Señores padres…
Es un placer y un agrado el avisarles que la escuela celebrara otro de sus aniversarios y como cada año, se realizaran alianzas por este motivo. Este sábado serán los juegos deportivos de padres e hijos, ellos separados por salones, los niños jugaran un mini torneo de futbol y las niñas de vóleibol, así mismo, los padres, tanto madre como padre, seguirán la misma dinámica en son de relacionarlos mejor con sus pequeños.
Si algún padre no puede asistir al evento o participar en el deberá avisar con anticipación. Los equipos ganadores de cada categoría recibirán un premio.
Gracias por su comprensión
Se despide Tsunade Senju, Directora.
¡Claro!
Ahora lo entendía completamente todo, desde el bajo animo de ese pequeño hasta la expresión de impotencia de su madre.
- jugare voleibol –le respondió ella una vez dirigió su mirada a la pelirrosa, esta sonrió ampliamente por la información dada, pero aun así no era una sonrisa completa-
OoOoOoO
Otra costumbre de todos los días, era que llegara con "Tía Ino" como él le llamaba, saludara a todos, pues eran muchos niños, jugaran un rato, se ayudaran con las tareas que no habían hecho o les costaba y claro, ¿Cómo olvidarlo? Golpear al rubio por siempre tener la habilidad de sacarlo de sus casillas, pero a diferencia de otros días, este día lo saco de ellas más rápido aun.
- ¡eres un bruto Satoshi! –reclamo cierto rubio en miniatura sobándose la cabeza por el golpe que su amiguito pelirrojo le dio, el muy simpáticamente le pidió ayuda con unos ejercicios de matemáticas y él le golpeo-
- Minato… estamos en tercer grado, ¡¿Cómo me respondes que tres por tres son seis? –pregunto casi no creyendo lo que preguntaba, es decir, aquellos problemas eran básicos, se supone que hasta un niño de primer grado los podía hacer bien, pero ya veía que se equivocaba-
- odio matemáticas –se quejo el pequeño rubio mirando con ojos entrecerrados al pelirrojo quien le miro de la misma manera-
- I hate english, but even thus I have to learn it [Traducción: yo odio ingles, pero aun así tengo que aprenderlo] –se quejo el pequeño Haruno haciendo que su compañero rubio primero lo mirara asesinamente y luego fuera rodeado por un aura oscura-
- a mi no me sale tan bien, yo odio matemáticas y ellas a mí, es un odio mutuo, en cambio tu odias ingles pero el ingles te adora a ti –se defendió depresivo el rubio haciendo que el pelirrojo cayera de su silla casi como si dibujos animados fueran-
- Satoshi –llamo una voz, todos miraron de quien se trataba pues no era la de la rubia a cargo de ellos, sino que del mismo dueño de todo ese edificio, el azabache al que muchos de ellos respetaban y de cierta forma temían por su mirada tan fría-
- ¿Qué paso tío Sasuke? –pregunto el pequeño colocándose de pie pues aun estaba en el suelo por la tremenda estupidez que su amigo le dijo-
- ven conmigo un momento –fue entre una orden y algo que se pedía el tono que uso para hablarle al niño, enseguida los pequeños susurraban, de todos, el pelirrojo no era del tipo de niños que parecían meterse en grandes problemas-
- ¿ahora qué hiciste? –Le pregunto el rubio susurrándole en el oído a su amigo pelirrojo quien negó con la cabeza rodando los ojos-
- yo no he hecho nada –enseguida se defendió con otro susurro mirando de mala manera al rubio, se ganaría otro golpe de su parte si no se quedaba callado en los siguientes cinco segundos-
- vamos Satoshi, estoy esperando –endureció un poco su mirada al ver como el pelirrojo solo estaba hablando con el pequeño rubio hijo de su mejor amigo, aunque al parecer eso asusto en cierta medida a los pequeños, incluyendo al pelirrojo-
- ¡Yo no hice nada lo juro! ¡Lo de la tinta en las jaboneras del baño de los hombres del tercer piso es culpa de Minato! –levanto la manos apresurado como quien las levanta por una orden policial, y claro, el rostro de color azul por el miedo que le dio aquella fría mirada sobre su ser no paso desapercibida por nadie-
- ¡Gracias por delatarme teme! –grito el rubio quien coloco sus manos en el cuello del pelirrojo y lo estrangulaba, el pequeño ojinegro solo seguía con las manos arriba, la escena se presenciaba en modo chibi sacándole una gota en la cabeza a todos y más de unas risas a algunos-
- ¡Minato así que fuiste tú! –Grito la rubia Yamanaka separando a los dos niños y golpeando en la cabeza al pequeño rubio, ese monstruo la casaba de sus casillas con mucha facilidad, en realidad sacaba de sus casillas a cualquiera, igual a su padre-
- en realidad no venia por algo como esto, pero ya que se quien fue el culpable hablare con Naruto, gracias Satoshi, y gracias Minato por confesar sin negar nada –sonrió de medio lado el Uchiha haciendo al pequeño deprimirse, seguro y una semana sin ramen como castigo le esperaba-
- eso sí estuvo cerca –suspiro con alivio el pelirrojo, al menos no se metió en problemas, eso era lo que menos quería hacer, causar problemas a su madre, desde que tenía cinco años que intentaba no ser un problema o una carga y aunque pudiera cumplir la primera, la segunda muchas veces no podía-
OoOoOoO
La azotea de ese edificio era un lugar que no conocía, siempre llegaba hasta el quinto piso que es donde trabajaba su madre y luego bajaba al segundo que era donde estaba la guardería. Aquel era un decimo piso, aunque realmente estaban en el techo del decimo piso, podía ver mucho a su alrededor, otros edificios más grandes entre ellos.
- ¿te gusta la vista? –Pregunto el azabache quien caminaba a paso lento tras el pelirrojo que abrió los ojos con inocente asombro ante tal espectáculo-
- jamás había estado tan alto, exceptuando cuando viaje en avión con mi mamá –explico el pequeño quien se paro justo al frente del azabache con una gran sonrisa, hasta ese momento sus problemas se habían desvanecido como por arte de magia-
- siempre vengo aquí cuando estoy deprimido o distraído, lo cual, no pasa con poca frecuencia –explico el sentándose luego en el suelo del lugar, y claro, enseguida el pequeño imito su acto sentándose a su lado-
- aquí la brisa es muy fresca –escucho el susurro del pequeño quien sentía como sus cabellos se mecían, igual a los de él, de hecho, el "peinado" si es que se puede llamar así ya que en realidad ambos usaban los cabellos despeinados y rebeldes, eran muy parecidos-
- no tienes que fingir todo el tiempo que todo está bien, aunque no lo creas, preocupas más a las personas cuando lo haces –le comento al pequeño quien enseguida abrió los ojos con asombro ante su afirmación-
- de todas formas preocupo a mi mamá aunque lo haga o no, así que prefiero ahorrarle mis problemas –explico el pequeño quien llevo sus rodillas hasta su pecho y bajo la mirada-
Reconocía demasiado bien esa mirada, gélida y fría, inexpresiva, aquellos ojos negros eran iguales a los suyos, por no decir completamente iguales. La mirada vacía de ese pequeño le recordaba así mismo en algunas ocasiones, cuando sufría en silencio, el no tenia que esconderle nada a nadie porque él no tenía a nadie, solo su amigo rubio era a quien le escondía cosas y claro, él como buen despistado nunca lo notaba, pero gracias a eso el adquirió la habilidad de reconocer los ojos de ese tipo de personas, como bien ahora el pelirrojo.
- creo que no entiendes que tus problemas siempre serán de incumbencia de tu madre, por eso es tu madre, si le ocultas cosas realmente será un problema mayor para ella al no saber cómo actuar contigo –explico el azabache haciendo que el pelirrojo sonriera de forma casi sarcástica, cosa que le dejo más que nada asombrado por el tipo de mueca que un pequeño de apenas nueve años hacia-
- de todas formas los niños siempre somos problemas para los padres –confeso el pequeño apretando aun más a su cuerpo sus piernas, bajando aun más la mirada, pero torciendo aun más su sonrisa-
- ¿Por qué dices eso?, tu madre te ama, que no tengas padre no es el fin del mundo, no eres ni seras el unico niño sobre la faz de la tierra que no tiene a su padre al lado suyo –intento explicar, pero razono que era un caso inútil, después de todo a pesar de que ese niño era muy inteligente y maduro para su edad, el apenas tenía nueve años-
- siempre somos un problema para nuestros padres, si ellos quieren estudiar no pueden porque tienen que vernos, si quieren trabajar tampoco porque tienen que vernos, si no trabajan apenas tienen dinero para mantenernos, no podemos ayudarles en casi nada, si quieren salir tienen que hacerlo con nosotros, jamás tranquilos, si quieren comprarse un regalo muchas veces tienen que optar por no hacerlo para comprar medicinas, si quieren seguir adelante, muchas veces estamos nosotros allí estorbando a sus planes –relato su punto de vista el pequeño, los ojos del azabache se asombraban con cada palabra que el pequeño parecía decir casi con experiencia, pero en realidad los ojos de ese niño se perdieron el mundo a su alrededor cuando comenzó a hablar, parecía perdido en sus recuerdos-
En ese momento sentía que la cabeza le ardía, recordaba muy bien esa sensación, ¿Cuántos años tendría?, no creyó que fuese hace tanto tiempo, de los nueve a los cinco años no hay tanta diferencia de tiempo.
Se levanto a duras penas de la cama, solo lo tenía permitido para ir al baño, todo el resto de las cosas, si tenía hambre o sed, si quería cambiarse la ropa transpirada, si quería un juguete, un lápiz y papel para dibujar, o simplemente un libro para leer, todo se lo tenía que pedir a su madre.
Aquel departamento era pequeño, apenas si tenía dos cuartos, uno para los de ese entonces, sus padres, y otro para él, un baño, una pequeña cocina que tenía el comedor incluido y una pequeña sala. Estaba mucho mas cómodo claro, en el orfanato compartían pieza como seis niños, todos en camarotes, pero allí tenía su propio cuarto, el que recordó que a fines de sus seis años perdió.
Era feliz con poco, no necesitaba lo material, amaba a sus padres, o al menos a esos que llamaba padres hasta ese momento.
La voz de su padre se escucho en la sala, se asomo, sabía que no podía ir a saludar porque su madre se lo tenía prohibido, levantarse de la cama y que le viera merodear por la casa era un regaño seguro.
- hola Sakura –saludo ese pelirrojo de ojos castaños con una dulce sonrisa, como siempre, la pelirrosa de su madre le recibió con un beso y una hermosa sonrisa-
- ¿Cómo te fue Sasori? –Pregunto la pelirrosa animada, tenía esperanzas en el futuro, en aquel momento ese futuro los incluía a los tres-
- pues la paga demorara un poco, pero mi jefe me dio un pequeño adelanto, no fue mucho pero te traje esto –enseguida el pelirrojo mayor saco una caja en forma de corazón con unos chocolates, parecía no ser muy barata, pero el pequeño se alegro de ver como su padre le hacia un regalo así de dulce a su madre-
Pero al siguiente momento, comenzó a ver medio difuso, la fiebre que le había bajado durante la tarde, con mucho esfuerzo de su madre y varios paños mojados, nuevamente apareció.
Pudo ver la expresión de su madre, aunque algo alegre, cabizbaja, algo no iba bien con esa expresión, lo noto de inmediato.
- ¿no te gusto Sakura?, te prometo que cuando me paguen te traeré algo mejor –sonrió el pelirrojo queriendo abrazar a su chica, cosa que ella no negó, pero no cambio de expresión-
- no, me encanta, de verdad Sasori, pero… -se separo de él, intentando hablar, no hallaba las palabras correctas para poder rechazar un gesto tan dulce del hasta entonces, su novio- sabes que… el dinero que podamos conseguir en este momento tenemos que destinarlo para comprar las medicinas de Satoshi, le aumento la fiebre esta mañana, me preocupa que pase la semana sin las medicinas que el médico le receto –la expresión de la pelirrosa cambio por un semblante más triste, en cambio el pelirrojo frunció el ceño ante su comentario-
- deja de preocuparte por él un momento, ¿Qué hay de nosotros?, también tenemos derecho a darnos estos gestos Sakura –el tono que uso si bien no era agresivo si fue algo golpeado para la pelirrosa, quien bajo aun más la mirada al escuchar eso-
- Satoshi es primero Sasori, luego nosotros, el no está bien, necesita la medicina –escucho como su madre le pedía algo que no era tan descabellado, pero para que se lo dieran, tendría que renunciar a ese hermoso y dulce regalo, solo por él-
- Sakura, apenas tienes diecinueve, yo veintiuno, yo quiero estudiar, yo se que tu también, yo trabajo ganando el mínimo porque no tengo más que mi diploma de preparatoria y tu apenas saliste de la escuela el año pasado, podemos optar a mas cosas de esta vida –afirmo el pelirrojo, cierto, estaban en su derecho pensó el pequeño quien estaba aun tras la puerta, ¿pero porque no lo hacían?, en ese entonces no sabía de nada de la vida, pero no tardaría mucho en averiguarlo-
- Sasori, tenemos que cuidar a Satoshi, estudia y trabaja si quieres, pero yo tengo que cuidarle, al igual que lo que tengamos es para su cuidado, Sasori, Satoshi necesita las medicinas, tenia cuarenta de fiebre en la mañana, empeora a medida que la semana avanza –tenía razón, el se sentía peor cada día, al punto que le costaba hasta respirar, pero fue en ese momento que quizá abrió los ojos pasando de la inocencia mas blanca a ver la más cruda de las realidades-
Ellos estaban así por su culpa…
- Sakura, ni siquiera es nuestro hijo, ya oíste al director Iruka hace un año, el sabia que cuidar de un niño era trabajo, yo también quiero algún día tener mi propia familia… contigo Sakura –afirmo el pelirrojo quien enseguida miro de forma seria a su chica, ella cuando quería realmente exasperante-
- ¿Qué me estas queriendo decir?, ¿Qué vaya y deje a Satoshi nuevamente en el orfanato? –la pregunta de su madre le aterro-
Él era apenas un niño, lo reconocía, había vivido desde que recordaba con la pelirrosa, a la cual siempre llamo madre aun cuando le explicaron que no lo era. Sentía miedo de separarse de ella, esa mujer de cabello rosa era todo lo que el tenia, todo lo que más quería en su pequeño y nuevo mundo.
Si quieres, deja ir…
- si Sakura, ya comprobamos que nosotros aun no podemos hacernos cargo de Satoshi como deseábamos, con nosotros solo va a sufrir necesidades, al igual que nosotros, en cambio en el orfanato el tendrá medicinas, mas cuidados, mas atenciones de las que nosotros podamos darle –enseguida después de hablar, el pelirrojo sintió como aquella caja de chocolates era devuelta a sus brazos de forma inesperada-
- no tengo ganas de dulces, iré a ver como sigue Satoshi –le reclamo la pelirrosa una vez le devolvió aquel regalo-
Ella amaba a ese pequeño, ese niño era su vida, desde que esta tenia catorce vacios años llenos de soledad y pena, cuando recibió a ese pequeño bebe sus ojos se iluminaron. ¿Cómo no podía el entender que no abandonaría a su pequeño? El mismo les había juntado a ellos luego de una travesura, de no ser por él, ella ni siquiera se habría fijado en el.
- piénsalo al menos un momento, ¿de verdad quieres retener a Satoshi en estas condiciones cuando apenas nosotros podemos vivir al día a día?, razona un segundo –pidió el pelirrojo con tono serio, tenía que hacer recapacitar a su novia, en su momento el la apoyo cuando quiso llevarse al pequeño con ellos, pero no en ese momento cuando siquiera sabían si tendrían para comer-
Pudo ver la duda en el cuerpo de su madre. Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos haciendo aun más difusa su visión. Sabía que ese hombre amaba a su madre, y que su madre amaba también a ese hombre que él se acostumbro cuando apenas tenía tres años a llamar [i]"papá"
- Sakura, yo te amo, por eso te lo digo, no te amarres aun a un niño que siquiera lleva tu sangre, algún día tu querrás ser madre de un niño que si lleve tu sangre, querremos casarnos, tener lo propio –volvió a hablar, en ese momento todo estaba muy claro para el pequeño ojinegro-
El era quien sobraba de los tres
Se limpio un poco las lagrimitas, intentando colocar una sonrisa como las que siempre tenía para su madre, aun cuando la verdad lo único que quería era irse a la cama o caer desmayado en ese mismo momento, se sentía terrible. Empujo un poco la puerta a la cual ambos adultos voltearon cuando sonó. Ambos miraron al pequeño con su pijama toda desarreglada, una pequeña sonrisa en el rostro, ojos dormilones, y el rostro rojo.
- Satoshi no debes estar en pie –expreso preocupada su madre quien se agacho enseguida tocándole la frente- la fiebre te aumento –hablo mas para sí que para él, al instante ella se dio vuelta al pelirrojo quien tenía una mano en la cara por la situación-
- ¿ves a lo que me refiero Sakura? –expreso casi como un quejido Sasori, no miro nunca mal al pequeño Satoshi, pero si sus ojos hace ya un tiempo dejaron de verle con esa ternura de hace un año cuando aun estaban en el orfanato y paso a verlo de forma más analítica, por no decir fría-
- no se preocupen –hablo él, intentando sonar lo más convincente posible, cosa que llamo la atención de ambos adultos- ya estoy mejor… mami… papi…
Apenas si pudo hablar, el borde de sus energías llegó, al igual que allí termino su recuerdo, ya que lo que sucedió después fue que sintió su cuerpo débil, cayendo, siendo sujetado por su madre y que todo se volvió negro.
- nosotros muchas veces somos el problema –suspiro con pesar el pequeño una vez terminado el recuerdo, seguía con su mueca de sonrisa, seguía en la misma posición, con sus rodillas apegadas al pecho, sus ojos negros vacios eran los mismos, pero una pequeña lagrima bajo por uno de sus ojos, cosa que no paso desapercibida por el azabache-
Al igual que en el recuerdo, detrás de la puerta que daba a la azotea, los papeles se intercambiaban, era ahora la pelirrosa quien escuchaba a escondidas. Estaba sentada en la misma posición que el pequeño, pero a diferencia de él, ella lloraba en silencio, jamás pudo ser como ese niño y aguantar el llanto, le envidiaba en ese aspecto.
Sabia cada uno de los sentimientos de ese niños, sabia el aprecio y la preocupación que tenia por ella, le daba una ternura culpable por él, ya que ella se decía que debía ser fuerte por él, pero finalmente siempre era ese pequeño quien le daba la fuerza y la alegría para seguir, sin saber dónde estaría sin ese niño.
- sabes Satoshi, te contare un secreto, solo Naruto sabe de esto –la voz del Uchiha saco de sus pensamientos tanto al pelirrojo como a su madre, claro que la diferencia era que el pelirrojo le miro directamente- ¿lo guardaras? –pregunto con una sonrisa divertida el pelinegro despertando la intriga del pelirrojo-
- claro –afirmo el pequeño quien no entendía nada de la expresión de ese hombre-
- hace tiempo, cuando yo tenía dieciocho, me obligaron a casarme con una mujer de una familia con mucho dinero, al poco tiempo mi propia familia murió en un accidente, y mi vida se convirtió en un infierno, esa mujer me hacia la vida imposible, pero había algo, una pequeña luz en mi vida, mi hijo –confeso el azabache haciendo que tanto los ojos del pequeño como los de su madre se abrieran de par en par-
"Yo tuve un hijo"
Era cierto, el ya se lo había mencionado en una ocasión, cuando estuvieron en el cumpleaños de la hija de Naruto, pero en ese momento no quiso seguir con el tema, cambio radicalmente sin haber sabido ningún detalle de la situación.
- cuando el tenia unos pocos meses de vida, mi esposa me lo quito, se lo llevo y alejo de mi lado por venganza, desde entonces no le he visto, el se parece mucho a ti Satoshi, tendría tu edad –afirmo el mirando al niño quien quedaba asombrado por el relato del Uchiha, no perdía una sola palabra de aquel hombre- por eso te digo por experiencia, que los padres aman a sus hijos, aun hasta hoy en día yo sigo amando al mío, aun cuando no le vea, cuando siquiera lo conozca, tal vez ni siquiera sabe de mi existencia o siquiera sabe que tiene un padre, pero allí esta, es el sentimiento que uno siente por su pequeño, así como tu madre también te ama a ti, odia verte triste sobre todo por pequeñeces que no tienen significado alguno, no tener padre no es de las cosas más trágicas, al menos tienes a tu madre, están juntos, como yo soñaría estar con el mío –revelo lo ultimo con un gran suspiro, dejándose caer de espalda en el suelo y usando sus manos como almohada para ver el cielo-
- ese niño si es un afortunado, a pesar de que él no lo sepa, usted le ama –sonrió el pequeño pelirrojo con total sinceridad imitando el acto del Uchiha y tirándose al suelo, a diferencia de él, con los brazos y las manos extendidas- confieso que siempre tuve miedo de alejarme de mamá, quizá de Sasori no tanto, pero si me hubiera separado de ella, no sabría que habría hecho –suspiro de igual forma, para él tampoco era fácil reconocer las cosas, mucho menos con un adulto-
- sabes, tengo una idea –afirmo el azabache quien se sentó de un solo movimiento, el pelirrojo solo le miro desde el suelo esperando a que este confesara su idea- ya que tú no tienes papá, y yo no tengo a mi hijo, ¿te gustaría que yo jugara futbol en representación tuya en las alianzas de la escuela? –Pregunto el azabache sonriendo de medio lado-
Los ojos del pequeño se abrieron de par en par. Se sentó mirando la divertida mueca de ese hombre de ojos tan negros como los suyos, los cuales brillaron con total felicidad. Se lanzo sobre el Uchiha dándole un fuerte abrazo mientras reía, jamás se le paso por la mente ese ofrecimiento.
- ¡claro que me gustaría! ¡Gracias tío Sasuke! –Dijo en tono elevado el pequeño mirando con completa felicidad a su tío quien solo le revolvió el cabello a forma de caricia-
- pero con la condición de que ya no le preocupes con este tema a tu mamá, cuando vuelvas de la escuela la abrazaras y le darás un beso diciéndole que todo está bien, ¿de acuerdo? –supo enseguida que sus palabras fueron aceptadas por el pequeño cuando este asintió rápidamente con la cabeza, si, se le notaba feliz-
- gracias Sasuke –pensó aun llorando la pelirrosa, claro, en ese momento sonreía-
OoOoOoO
Digitaba unos papeles en ese momento, se sentía mucho más tranquila, debido al trabajo no había podido despedirse de su pequeño antes de irse a la escuela o tener un momento de calma. Suspiro refregándose los ojos, le dolía la vista estar tan pegada al computador.
Cuando abrió los ojos vio a Sasuke entrando a la oficina con dos vasos de café, uno lo bebía él y el otro lo traía en la mano. Dejo ese vaso frente a ella y luego se coloco tras de sí comenzando a ver todo lo que llevaba, lo cual, no era poco.-
- faltan los códigos de las bodegas tres y cuatro –comento desviando su negra visión de la computadora hasta la pelirrosa-
- Naruto aun no me trae los papeles de la bodega tres, creo que Neji se demoro en enviarlos y por eso no ha podido revisarlos, así que avance con el trabajo que Shikamaru me envió, termine las planillas de las bodegas uno, dos, cinco, seis, y diez –explico la pelirrosa de la forma más neutra que pudo, como toda una profesional- si termino hoy con la siete, ocho y nueve, puedo planificar y hacer los traslados al extranjero –canto victoria sonriente, su aura de fuego se emocionaba por adelantar de esa forma el trabajo, todo lo que ella se proponía terminar lo terminaba, lo había decidido, le agradecería a ese hombre colocando todo de su parte para ser una buena trabajadora-
- cuando te contactes con del extranjero quiero que agendes una reunión con una empresa asociada, quiero cerrar cuanto antes mi trato con los Seidou –murmuro lo ultimo hastiado, odiaba completamente a esa familia, sobre todo con la que se tendría que reunir-
- Seidou –susurro levemente la Haruno, tan leve que el azabache pudo escucharle pero no entenderle-
Seidou
Ese era el mismo apellido que sus padres, el mismo apellido que Kakashi Hatake le conto junto a su propia historia. Ella había pensado en hacerles la guerra, pero se rindió instantáneamente, ellos eran empresarios de generaciones, según su tío, ella pesar de nacer en esa cuna de oro, ¿Qué tenía ahora?, ninguna prueba que les uniera a ellos, solo sus recuerdos los cuales por cierto serian negados al instante por ellos y una prueba de ADN podría ser fácilmente refutada si era ella quien la pedía, por obviedad los Seidou no la pedirían para ella.
Pensó en seguir su vida con normalidad, con su hijo, una vida tranquila, pero ahora destino le daba una vez más una señal de que su futuro era joderles a ellos, si el azabache quería hacerlo ella sabía que el si podía lograrlo y si quería su ayuda, por kami que le ayudaría.
- ¿Qué dijiste? –Pregunto el azabache con una ceja alzada mirando a la pensativa pelirrosa-
- dije… ¿Por qué? –pregunto con una nerviosa sonrisa, lo admitía, era curiosa, demasiado curiosa, pecaba de ello pero si el mismo azabache se lo decía no había problema-
- es la familia de mi ex esposa, el contrato que teníamos era por diez años, los cuales vencieron hace unos meses, me llamaron para renovar pero no pienso darles el gusto, soy vengativo, lo admito, los jodere el resto de su vida si es necesario –se cruzo de brazos frunciendo el ceño, el tan solo recordar a esa… ¿Cómo llamarla?, ya ni los adjetivos de "zanahoria", "escoba con patas", "perra", "zorra" o "ramera barata" le bastaban, así que el mismo decidió llamarla simplemente, "bastarda"-
- que tonta debió haber sido al no cuidarte, después de todo eres el sueño de toda chica encarnado –expreso divertida la pelirrosa, el aire estaba muy denso, el Uchiha estaba muy tenso, tenía que relajar un poco ese ambiente-
- ¿me estás diciendo que también soy un sueño para ti? –pregunto él con el ego inflado hasta las nubes, a pesar de que todas las chicas siempre le dijeran cumplidos y cosas así, sin saber porque lo que la pelirrosa le decía le importaba demasiado-
- solo diré que no quiero despertar aun –sonrió de manera coqueta, se llevaba muy bien con el azabache, una amistad muy buena de hecho, bromear de esa forma jamás lo había hecho con el pero sentía la confianza de poder hacerlo-
- así que… no quieres que te despierte… Sa-ku-ra –dijo cada palabra acercándose peligrosamente a la pelirrosa, a donde se desvió hasta su oído pronunciando su nombre de la forma más suavemente excitante que pudo, poniendo en práctica todo su aprendizaje de galantería en ello-
- no –susurro ella también, la sonrisa coqueta pasó a ser una mirada algo insinuante y divertida al mismo tiempo, el rostro de ambos estaba cerca, muy cerca-
- ¡Sakura termine con los papeles! –Escucharon la emocionada voz del rubio quien entro de golpe en la oficina con una carpeta en la mano-
Enseguida ambos miraron al rubio aun en su posición. Los tres, al mismo tiempo, parpadearon muchas veces. El rostro de ellos se sonrojo levemente, sin moverse de su posición, pero la sonrisa zorruna del rubio apareció inmediatamente.
- una vez intente en mi oficina tener sexo con Hinata y descubrimos que el ruido traspasa las paredes, pero si quieren seguir jugando a la oficina erótica puedo esperar afuera a que terminen para que Sakura ingrese lo que traje –menciono pervertido el rubio subiendo y bajando la cejas acusadoramente haciendo que el rostro de sus amigos se sonrojada aun mas-
- dobe… -susurro asesino el azabache cuando sus ojos rojos de maniaco asesino aparecieron-
- er-er-erwartet... war nicht in Ernst… [Traducción: es-es-espera… no era en serio…] –Hablo sin pensar el rubio, le salió del alma mientras retrocedía hasta quedar pegado a la puerta-
- ¡Sie verlassen von hier nutzlos! [Traducción: ¡sal de aquí inútil!] –le grito irritado al rubio, de por sí ya estaba irritado por su comentario anterior y ahora se le ocurre cambiarle el idioma, aunque fue tal su cara de terror que su amigo inmediatamente salió de la oficina corriendo espantado con el rostro azul-
- no sé porque dices que odias los idiomas si los hablas tan bien –acoto la pelirrosa haciendo al azabache colocar una de sus manos en su cara, no lo entendía en lo absoluto-
- se escucharlos y hablarlos, con este maldito dobe tengo mucha practica, pero no sé leerlos ni escribirlos, mi fuerte siempre fueron los números, es un verdadero caos –confeso hastiado el azabache, recordó lo mucho que le costó los idiomas y lo mucho que los odiaba de pequeño-
Sus recuerdos fueron interrumpidos cuando sintió el abrazo de esa mujer de cabellos rosas, sus brazos le rodearon completamente mientras esta le sonreía agradecida, no sabía porque, sin duda pensó que jamás entendería a las mujeres.
- gracias, por lo de Satoshi –confeso ella con una gran sonrisa, de primero él se asombro al punto que no sabía qué hacer o decir, después simplemente desvió la mirada algo sonrojado, tenía que evitar ver esos brillantes y hermosos ojos verdes o juraría que se terminaría enamorando de ellos-
Muy tarde Sasuke… muy tarde
- no es de buena educación escuchar la conversaciones ajenas –se quejo enseguida como si un escudo fuera ya que realmente tener el cuerpo de la pelirrosa apegado al suyo le hacía extraños efectos, sobre todo en el estomago-
Malditas mariposas
- lo sé, pero de todas formas igual necesitaba agradecerte, así que… dank [Traducción: gracias] –sonrió divertida la pelirrosa quien se acerco a él y le dio un pequeño beso en la mejilla haciendo que no solo sus mejillas se sonrojaran, sino que el azabache sonriera de medio lado con el ego completamente inflado-
- no me dijiste que hablabas alemán –se volvió a quejar, aunque más que una queja fue un comentario de diversión-
- nunca dije que lo hablara –confeso, sintió de inmediato la incrédula mirada del joven de ojos negros sobre ella quien sonrió inocentemente- lo busque en el traductor de internet –volvió a confesar haciendo que al Uchiha le saliera no solo una gota en la cabeza de primera instancia, sino que luego los dos comenzaron a reírse-
Desde ese momento… adoraría al pequeño pelirrojo, a aquella pelirrosa, ¿y porque no?, el alemán también le comenzaba a gustar
