Ginny ahora se sentía mucho mas tranquila. Harry la iba a utilizar para el bienestar de su madre, y ella le iba sacar provecho a eso. Ahora estaba segura que Harry no diría nada sobre la paternidad de su hijo con su familia.

Pero por otro lado estaba un poco nerviosa, iba a conocer a los señores Potter. Desde que había regresado a Londres, conocía más la historia de Harry. Lily y James Potter eran unos héroes en la lucha contra Voldemort. Habían, prácticamente, entregado a su único hijo para que luchara por la paz en Europa, lo habían entrenado y jamás se apartaron de su lado.

No sabía como la iban a recibir después utilizar a su hijo para ella poderse embarazar. Tal vez lo tomarían a mal y por eso querían conocerla para reclamarle, o bien, estarían felices porque les iba a dar a su primer nieto.

Durante la jornada de trabajo, Ginny trató de pensar en otra cosa que no fuera en los Potter. Aunque se le hizo sumamente extraño ver a Harry en el cuartel junto con el ministro y su jefe, Wood. No le dio mucha importancia, ya que Harry solo la saludo con un movimiento de cabeza y el resto de la mañana, simplemente, la ignoró.

Para la hora acordada, Harry esperaba en la sala de la casa de Ginny. Caminaba de un lado a otro impaciente. Ginny se veía en el espejo ya lista para irse, después de probarse un sin fin de ropa de maternidad que se había comprado desde que supo que estaba embarazada. Estaba nerviosa, jamás había hecho esto ¿Qué le iban a preguntar los Potter? ¿Serán amables?

- ¡Ginny! – gritó Harry desde la planta baja. Era la cuarta vez que lo hacía desde que había llegado.

- ¡Ya voy!

- Eso me has estado diciendo…

- Ya, ya – le decía bajando las escaleras.

Harry se le quedó viendo, se veía preciosa. Recordó aquella noche en que fue a recogerla a su casa en Estados Unidos para ir a la cena para el festejo del segundo aniversario de la victoria. A pesar de su gran vientre, no había mucha diferencia. Ginny seguía siendo aquella chica sexy que había conocido.

- La puntualidad es una…

- Ya estoy lista ¿nos vamos?

- Desde hace diez minutos teníamos que habernos ido – caminaba Harry hacia la puerta.

- Espera.

- ¿Ahora que?

- Quiero hacer pipi.

Silencio, eso era lo único que se respiraba en el auto. Ninguno de los dos tenia mucho animo de hablar. Pero Ginny no podía más con su curiosidad.

- ¿Cómo tomaron la noticia tus padres?

- Se sorprendieron – le contesto Harry sin voltear a verla.

- ¿Por el bebe o porque te utilice? – Harry ahora volteo a verla con una mirada ácida.

- No me gusta que uses ese término.

- Es la verdad.

- No les dije nada de eso – regreso su mirada a la carretera.

- ¿Qué quieres decir? – Ginny lo veía con el ceño fruncido.

- No les dije nada a mis padres sobre la inseminación artificial. Les dije que tuvimos una aventura y que te deje embarazada porque pasamos una noche juntos.

- ¡¿Qué? – Gritó Ginny - Pero… ¿Por qué?

- No les iba a dar un disgusto a mis padres al decirles que había sido...- Harry hizo una mueca y Ginny bufó molesta – además, estoy seguro que no te verían con muy buenos ojos después de lo que hiciste.

- ¿Qué fue exactamente lo que les dijiste?

- Que tuvimos una aventura y que solo estuvimos juntos una noche. Después que ya no supe de ti hasta que llegue a Londres. Tú no me quisiste decir nada del embarazo para no presionarme, así que decidiste venir con tu familia a Londres. Como ves, para mi familia, eres la buena de la historia.

- Gracias – dijo con sarcasmo – Hubiera sido mejor que les dijeras que nos emborrachamos y despertamos juntos al día siguiente sin recordar nada.

- Eso no lo creerían – Harry volteó a verla – yo jamás me he emborrachado.

- Siempre hay una primera vez.

- Mira, mis padres solo quieren conocerte y nada mas. Seguro te harán algunas preguntas, contesta lo mas cortante posible.

- ¿Y si quieren saber mas?

- Yo les dije que lo nuestro era complicado. Vamos a decirles que salimos un par de veces para conocernos y simplemente no funcionó. Eso bastará para que dejen de insistir en verte.

Ahora si que estaba nerviosa. Actuar en una farsa ¿Harry y ella saliendo juntos para conocerse? Por Merlín, sus padres jamás lo creerían. Harry y ella no tenían nada en común, excepto que ambos eran aurores y, bueno, un hijo.

Harry estacionó el auto frente a casa de sus padres. Dio un gran suspiro agarrando fuertemente el volante. Ginny se acarició el vientre con las dos manos. Ninguno hizo el más mínimo esfuerzo por salir del auto.

- Al mal paso, darle prisa – le dijo Harry.

Ginny se peinó el cabello con sus dedos justo antes de entrar a la casa. Cuando Harry le abrió la puerta, se quedó asombrada por la hermosa que era la casa por dentro. Por fuera era una simple casa sin nada extravagante, pero por dentro, estaba decorada con exquisito gusto.

- Papá, mamá, les presento a Ginny Weasley.

Ginny no se había dado cuenta que los señores Potter ya los esperaban en la sala, y todo por quedarse viendo los cuadros de magos famosos que la saludaban con respeto. Se acercó a ellos con una pequeña sonrisa para darles la mano.

- Ginny, ellos son mis padres.

- Es un gusto, señores Potter.

- Pelirroja – sonrió Lily dándole la mano a Ginny – no sabía que eras pelirroja.

- Si, toda mi familia es pelirroja.

- Un gusto, Ginny – le sonrió James.

- ¿Acaso era ella quien te acompañaba a una cena aquella vez que hablé contigo por teléfono? Me dijiste que era pelirroja.

- Si, es ella mamá. Ginny y yo salimos un par de veces para conocernos.

- Pero tomen asiento, por favor.

- Harry nos dijo que tenias siete meses de embarazo – le dijo Lily sentándose a un lado de ella.

- Si, los cumplí la semana pasada.

- ¿Y como te ha ido en el embarazo?

- Bien, todo normal – le contesto Ginny viendo de reojo a Harry.

- ¿Puedo tocar tu vientre?

- Si, claro.

- Patalea – sonrió Lily acariciando el vientre de Ginny – ven James, siente como patalea.

- Se mueve mucho – les decía Ginny dejándose acariciar el vientre por Lily y James, quienes sonreían felices.

- Así era Harry ¿recuerdas, James? Y más cuando escuchaba tu voz.

- Si, le encantaba que le contara historias de los merodeadores.

- Y yo que le cantara: duerme mi niño… – empezaba a cantar Lily hasta que Harry carraspeó fuertemente recibiendo una mala mirada por parte de su madre.

- ¿Y para cuando nace? – preguntó James.

- El sanador me ha dicho que para mediados de septiembre.

- Bueno tengo tiempo suficiente para recuperarme de la operación.

- ¿Qué te ha dicho el sanador, mamá?

- Mañana tengo que hacerme otros estudios del corazón, y de ahí me darán la fecha para mi operación. Pero no quiero preocuparme desde ahora, aquí esta Ginny y mi nieto, así que hay que celebrar. James, abre la botella de vino y pasemos al comedor a cenar.

Estaban los cuatro sentados en la mesa del comedor, Harry a un lado de Ginny frente a sus padres. Habían cenado mientras platicaban de cosas triviales: la familia, el colegio, la academia de aurores, etc.

- ¿Y con vivías en Estados Unidos? – le preguntó Lily sirviéndole más ensalada.

- Cuando estaba en el colegio, con mi tía Muriel, bueno si se puede decir que vivía con ella.

- ¿Por qué?

- Ella viaja mucho, le gusta visitar a toda la familia y meterse en sus vidas. Para ella es muy importante que los Weasley seamos de las mejores familias de sangre limpia que haya en el mundo mágico. Así que viaja a todas partes del mundo donde tengo familiares que yo ni siquiera conozco. Tiene un árbol genealógico grandísimo en la pared de su casa aquí en Londres.

- Como los Black – dijo James.

- Que tontería – murmuro Lily.

- Así que yo vivía prácticamente con los elfos domésticos. Cuando ingresé al cuartel, compartí un departamento con una amiga – concluyó Ginny para después darle una mordida a su pan.

- Y dime, Ginny ¿practicas algún deporte? – le preguntó James.

- Si, me encanta el Quidditch, de hecho fui la capitana del equipo en el colegio, ganando la copa dos años seguidos – James sonrió de oreja a oreja, mientras que Harry volteo a verla asombrado, dato que no paso desapercibido por Lily – me encanta volar, lo hago desde los seis años.

- ¿Quién te enseño? – volvió a preguntar James.

- Nadie. Mis hermanos no me querían enseñar para que no me pasara nada malo, pero yo veía como lo hacían ellos y por las noches me salía a practicar yo sola.

- Eres como Lily, cuando se propone algo, no para hasta conseguirlo.

- A Harry también le encanta el Quidditch, pero supongo que eso ya lo sabías – dijo Lily observándolos muy detenidamente – con eso de que salieron un tiempo para conocerse.

- Eh…si…una vez me lo comentó.

- ¿Y que opinas con la idea que tuvo antes de querer ser auror?

- Eh – Ginny se puso nerviosa – bueno…

- Eso quedó atrás, mamá.

- Solo quiero saber la opinión de Ginny. Me supongo que se lo platicaste.

- No – le contesto Harry muy serio.

- Harry quería entrar a un equipo de Quidditch antes de ser auror. Ama ese deporte, tanto como a ti - sonrió Lily - y ahora ambos son aurores. Ustedes tienen tantas cosas en común.

- No lo creo, mamá – contestó Harry con voz grave.

- Lily, amor ¿Qué hay de postre? – dijo James al ver que su esposa y su hijo se veían seriamente, chocando sus idénticos ojos esmeralda y eso no era buena señal, ambos tenían el mismo carácter.

- No pude terminar el pastel de melaza porque me sentía algo cansada, así que comeremos gelatina.

- Yo puedo ayudarle a terminarlo – se ofreció Ginny al ver la tensión del ambiente.

- ¿Sabes cocinar? – volvió a sonreír Lily.

- Claro, me encanta cocinar y el pastel de melaza es mi especialidad.

Lily se levantó de la mesa sin dejar de observar a Harry, levantó la ceja y se fue a la cocina detrás de Ginny. Se hizo un silencio incómodo para Harry porque James lo observaba detenidamente.

- ¿Qué? – soltó Harry.

- Nada.

- Voy al baño.

Pero al momento de levantarse escucharon una fuerte carcajada desde la cocina. Harry volteo a ver a James sorprendido.

- Hace tantos años que no reía así – le dijo James asombrado - desde que supimos la profecía, Lily cambió, ya no era la misma mujer alegre que había conocido en Hogwarts – se escuchó otra carcajada – Harry, esa chica…

- Papá, Ginny y yo solo estamos juntos por el bebe, por nada mas. La traje esta noche para que la conocieran, pero ya nunca más va a volver a esta casa.

- El pastel estará listo en unos minutos, no cabe duda que el pastel de melaza es la especialidad de Ginny – les dijo Lily saliendo de la cocina – que casualidad que sea exactamente tu postre favorito. Y dinos, Harry ¿le queda rico?

- Si. Voy al baño.

Harry se echó agua en la cara y se quedó viéndose en el espejo ¿Hasta donde iba a llegar todo? Su madre feliz, su padre presionándolo, un hijo, Ginny volando en escoba, su cabello pelirrojo ondeando…sacudió la cabeza y volvió a echarse mas agua en la cara.

Para cuando regresó de nuevo al comedor, sus padres seguían platicando muy amenamente con Ginny. Volteó a verla mientras ella hablaba sobre los cambios que había tenido con su cuerpo durante el embarazo. Platicaba moviendo las manos y haciendo gestos, como inflar los cachetes, sonrió sin querer al recordar que eso hizo cuando él la suspendió una semana en el cuartel.

- Ya no tengo cintura – se quejó Ginny.

- Aun recuerdo que podía rodear tu cintura con mi brazo – soltó Harry sin querer. Ginny volteó a verlo sorprendida – cuando bailábamos.

- Ah…si.

Lily y James pudieron notar el sonrojo de ambos.

- Bueno, ahora puedes bailar con Ginny, solo que también estarás bailando con tu hijo, Harry.

- Mamá, papá, quiero dejarles muy claro que Ginny y yo no vamos a estar juntos. Ya salimos un tiempo para conocernos y simplemente no funcionó, somos muy diferentes. Ella y yo solo vamos a convivir lo necesario por nuestro hijo, nada más.

- ¿Y porque no funcionó? – se acomodó Lily en la mesa frunciendo el ceño.

- Porque…bueno, Ginny es muy gritona, berrinchuda, enojona, caprichosa, desobediente, impuntual, terca – Ginny abrió la boca indignada – todo lo contrario de lo que yo busco en una mujer.

- Harry, no seas irrespetuoso – lo regaño James.

Ginny quería golpearlo en ese momento, lanzarle todos, absolutamente todos, los hechizos que había aprendido en la academia, pero las hormonas la estaban traicionando. Respiraba rápidamente concentrada en una pequeña migaja que había quedado en la mesa, hasta que ya no pudo más y se soltó a llorar, corriendo hacia el baño.

- A todas las mujeres se les debe de respetar – le dijo James sumamente serio – y mas a la madre de tu hijo.

- Pero…Ginny…ella jamás ha llorado.

- Todas las mujeres lloramos, Harry, aunque finjamos ser fuertes frente a los demás.

- Ve a pedirle perdón – le ordeno James.

Harry se levantó de su silla completamente sorprendido por la actitud de Ginny. Nunca se imaginó que reaccionaría así. Durante el tiempo que trabajaron juntos, discutían y él le decía una y otra vez lo insoportable que llegaba a ser cuando se lo proponía, siempre recibiendo una contestación igual o peor por parte de ella.

- Ginny – tocaba la puerta del baño escuchando los sollozos de ella – Ginny, por favor, perdóname.

- Quiero irme a mi casa – le abrió la puerta. Ginny tenia la cara roja y bañada en lagrimas, como una niña pequeña – no quiero que tus padres me vean, han de pensar lo peor de mi, después de que…de que les…dijiste – y se soltó a llorar de nuevo tapándose la cara con las dos manos.

- De acuerdo, haremos lo que tú quieras – sin saber porque, la abrazo para consolarla.

- Sé que me odias por lo que hice – se separó de él - de que sea yo quien te vaya a dar a tu primer hijo. Yo que soy terca, caprichuda – hacia pucheros con la boca - enojona…

- No te odio. Ven – la sentó en la taza del baño y él se sentó en el piso – no te voy a negar que no me gustó la idea de tener un hijo así. Yo siempre he querido formar una familia, así es como me educaron mis padres. Tener una esposa con quien compartir mis cosas, tener hijos, una mascota. Pero…

- Yo lo arruiné – Harry suspiró sin saber que contestar – Harry, así como tu quieres una familia, yo quiero un hijo sin ningún hombre a mi lado. Crecí estando en la mira de ocho personas cuidándome día y noche, que al momento de sentarme a comer, primero probaban ellos la sopa para saber si no estaba muy caliente para que yo no me quemara; que mi ropa la lavaban con jabón especial para que no maltratara mi piel. Me asfixiaban.

- Te entiendo, yo también crecí así, rodeado de magos que podrían ser mis abuelos, dándome clases de magia oscura – bajo la mirada – mis padres, mi padrino y mi tío Remus trataban de hacerme la vida mas fácil. De niño me compraban carritos y jugaban conmigo para hacerme sentir un niño normal. Ginny – levantó la mirada para verla - ya no hay marcha atrás, estas embarazada y yo soy el padre de tu hijo.

- Perdóname por escogerte a ti.

- No te culpo – suspiró – después de pelear contra Voldemort, muchas mujeres me buscaron – negó con la cabeza – quería conocer al héroe. Supongo que tú también lo hiciste por eso.

- No – bajo la mirada apenada, Harry frunció el ceño – yo quería que mi hijo fuera especial. Cuando te conocí no me pareciste nada del otro mundo, pero poco a poco me fui dando cuenta que eras un mago diferente. Tienes un gran poder, eres respetuoso, educado, correcto, además…me gustan tus ojos.

- ¿En serio? – sonrió Harry.

- Me gustaría que mi hijo tuviera tus ojos.

- Nuestro.

- Así que cuando me dijiste que te pidiera lo que yo quisiera.

- No debí haber dicho eso ¿verdad?

- Creo que no, en ese mismo momento lo pensé. No debí cobrarte así el pacto, fue muy egoísta de mi parte.

- Tú no me obligaste a firmar ese pacto, al contrario, me dijiste que no lo hiciera. Además, salvaste mi vida.

- Tú también has salvado la mía.

Se hizo un silencio, Ginny se limpiaba la cara con un pañuelo desechable y Harry, sentado aun en el piso, se veía sus zapatos.

- Tus padres han de estar pensando lo peor de mí.

- No creo. Realmente los veo muy entusiasmados con su nieto – le sonrió.

Para cuando regresaron al comedor, Lily ya estaba sirviendo el pastel de melaza que Ginny había hecho. Cuando la vio con las mejillas rojas y los ojos un poco hinchados, la abrazó acariciando su cabello.

- No le hagas caso, ignóralo – le dijo a Ginny frente a Harry - Vamos a comer el postre.

- Gracias, señora Potter.

- Llámame Lily.

- Ginny, esta delicioso, mejor que el que hace Lily – le decía James.

- Gracias – Ginny vio apenada a Lily.

- Me tienes que enseñar tu secreto.

- Claro, a mi me enseño a cocinar mi mamá.

- Ginny, es el mejor pastel de melaza que he probado en mi vida – le dijo Harry.

- Pensé que tú ya habías probado el pastel que hace Ginny – Lily veía con los ojos entrecerrados a Harry.

- Eh…si, pero este le quedo mas rico.

- ¿Y que es lo que mas te gusta de lo que cocina Ginny, Harry?

- Bueno…

- Porque me imagino que le habrás cocinado algo a Harry durante el tiempo que salieron juntos – se dirigió a Ginny.

- Si, te gustó el pavo…

- Ah, si. Delicioso. Único.

Lily y James voltearon a verse.

- El sábado es el cumpleaños de Harry, me supongo que vendrás a la fiesta – le dijo James a Ginny.

- No – contesto Harry.

- ¿Por qué no? – Pregunto Lily - ¿Acaso no quieres que todos nuestros amigos conozcan a la madre de tu hijo?

- Van a conocer a mi hijo cuando nazca. No quiero que involucren a Ginny. Entiendan: Ginny y yo no vamos a estar juntos.

- Da igual. Ginny, te invito a una fiesta el sábado de mi hijo.

- Mamá.

- Ella va a venir conmigo.

- Señora Potter – Ginny se sentía entre la espada y la pared.

- Lily, querida, para ti soy Lily.

- No quiero ser…

- Tú eres mi invitada. No me vas a decir que no ¿verdad?

Ginny volteó a ver a Harry quien tenía su mirada fija en su madre. No sabía que hacer, por una parte quería alejarse definitivamente de los Potter, tal y como siempre lo había planeado, pero por la otra, Lily había sido muy amable con ella.

- Aquí estaré.

- Excelente – sonrió Lily viendo a Harry – por cierto, Ginny ¿tienes celular?

- No. Cuando estuve en algunas misiones con muggles involucrados lo usaba, pero por ahora no.

- Bueno, ten el mío – le entrego el celular sacándolo de su bolso.

- ¿Para que quieres que tenga Ginny celular? – le pregunto Harry igual de serio con la mirada fija en su madre.

- Pues para hablarle ¿para que más? – Harry resopló – Ginny me encantaría que me acompañaras mañana para hacerme los estudios del corazón.

- Te puede acompañar papá.

- Algo que tenemos en común Ginny y yo, es que siempre hemos estado rodeadas de hombres, me encantaría que ahora una amiga lo hiciera.

- Si, claro – le contesto Ginny.

Después de ponerse de acuerdo para ir al hospital Lily y Ginny, bajo los constantes bufidos de Harry, se despidieron. James le dio un abrazo y un beso a Ginny antes de subir al auto de Harry.

Lily hacia hechizos en la cocina para que se lavaran los platos y se secaran, acomodándolos ella misma en sus respectivos lugares.

- ¿Por qué no los acomodas con magia? – le pregunto James.

- ¿Notaste algo raro?

- Muchas cosas. Hay algo que Harry no nos quiere decir.

- Exactamente – Lily acomodaba los cubiertos muy pensativa – nos dijo que salieron por un tiempo ¿Qué tanto tiempo? ¿Uno, dos días? Porque era obvio que Harry ni siquiera sabía que a Ginny le gustaba el Quidditch y lo bien que cocina.

- Y Ginny no sabía que Harry quería ser jugador profesional antes de ser auror.

- Algo tan simple ¿Cómo es que no lo sabían?

- No lo sé. Tal vez Harry se dio cuenta que Ginny era todo eso que dijo de ella.

- James, Harry dijo todo eso de Ginny porque le gusta.

- ¿Qué? – se burló James – Amor, decir que Ginny es caprichosa, enojona, berrinchuda, gritona ¿es porque le gusta? No lo creo.

- ¿Recuerdas todo lo que yo decía de ti desde que entre a Hogwarts hasta sexto año?

- Si, que era un presumido, egocéntrico, patán, sin vergüenza, vago…

- Y lo decía porque en el fondo me gustabas.

- Eso jamás me lo habías dicho ¿entonces te traía loquita por mi desde que entramos a Hogwarts? – la abrazaba por la cintura atrayéndola hacia él.

- Claro que no, pero cada vez que me decías algo para llamar mi atención, me encantaba esa sonrisa coqueta que ponías.

- ¿Esta? – le sonreía de lado.

- Si, pero no por eso dejaba de pensar que eras un presumido.

- Un presumido que te traía loca.

- Harry y yo tenemos el mismo carácter y es por eso que te aseguro que le gusta esa chica, pero lo que no entiendo ¿Por qué la dejó ir? Y ahora que le va a dar un hijo no quiere conquistarla. Hay algo muy extraño, James, y voy a averiguarlo.

- ¿Es por eso que quieres que te acompañe al hospital?

- Si, pero también porque…James, si hubiéramos tenido una hija después de Harry…

- Sería como Ginny.

- ¿Tu también lo pensaste?

- Pelirroja como tú, ojos cafés como yo, le gusta cocinar como tú, le gusta el Quidditch como yo – ambos sonrieron con nostalgia – tú perseverancia…

- Tu alegría.

- Ginny sería toda una Potter – aseguró James.

- Si, sería Ginny Potter.

- Suena bien.

- Suena perfecto – dijo Lily convencida.


¿Que les parecieron los Potter? Ven a Ginny como la hija que nunca tuvieron, que tiernos. Ahora Ginny acompañará a Lily al hospital ¿Lily podrá sacarle información a Ginny o tal vez le dará ella información a Ginny? Les dejé una pequeña pista de lo que pasará en los siguientes capitulos.

Mil gracias por sus reviews.

Saludos.